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Miguel Fierro Garcia: Recuerdos de un Paracaidista 
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Miguel Fierro Garcia

BUENAS TARDES COMPAÑEROS,
COMO SÉ QUE ME SEGUÍS EN ESTAS PÁGINAS, HE DECIDIDO PEDIR PERMISO, EL CUAL SE ME HA CONCEDIDO,
PARA PLASMAR EN ESTA NUESTRA CASA, FUERZAS DE ÉLITE MIS MEMORIAS.
ESPERO QUE OS ENTRETENGA LA LECTURA DE LAS MISMAS

HASTA LLEGAR A SER PARACAIDISTA


En el año 1955, quise ser paracaidista. Era toda mi ilusión.
Recuerdo que con 16 años, presencié mi primer desfile y me dí cuenta que me entraba un hormiguillo por todo mi cuerpo y se me saltaban las lágrimas al sentir el orgullo con el que desfilaban aquellos paracaidistas, aquellos defensores de la patria, los cuales se cuadraban y desfilaban como si les fuese la vida en ello.
Cuando terminó el desfile, repartieron entre las tropas participantes unos bocadillos, yo estaba al lado, admirando aquellos primeros militares de élite a los que yo veía tan cerca. Como vieron que los miraba, con esa mezcla de admiración y envidia, me preguntaron que si tenía hambre, yo, por no faltar, les dije que no, pero siendo la época que corría, y viendo que no me apartaba de ellos, el Cabo de la escuadra me entregó su medio bocadillo diciendo "toma medio bocadillo, chaval". Yo me lo comí de dos bocados. Entonces, algunos más me siguieron entregando parte de sus bocadillos y yo seguí comiéndolos con un hambre que no se calmaba.
Mientra comía, me preguntaron que por qué me había acerquado a ellos, yo les dije que también quería ser paracaidista, y que me iba en su camión al cuartel.
En ese momento apareció un sargento, que al ver que había un grupo excesivo de paracaidistas haciendo círculo, fue a ver qué ocurría. Le preguntó al Cabo que qué pasaba y entonces éste le dijo, "nada mi sargento, el chaval este que dice que quiere ser paracaidista y que se viene con nosotros al cuartel". Le contó tambien el hambre que tenía, y que por más que me daban no dejaba de comer. Entonces el sargento mandó a un gastador al camión a por algún bocadillo para darme. Al poco rato, volvió con una bolsa llena de comida. Otra vez se me saltaron las lágrimas, ya que esos desconocidos y admirados caballeros, me habían dado en esa mañana más cariño y atención de la que había recibido en mi vida.
Allí estuve con ellos hasta que se marcharon. Tanto la tropa como el cabo y el sargento me abrazaron y me besaron.
Recuerdo que el sargento me dijo "bueno chaval, ¿me prometes que te vas a venir a paracaidistas?". yo le contesté "le doy mi palabra de honor" y él me contestó "pues entonces allí nos veremos".
se alejaron y yo me quedé como si algo de mí se hubieran llevado. Dicen que los viejos y los niños donde encuentran cariño... es cierto, yo lo encontré con aquellos legionarios paracaidistas que tanto calor y cariño me dieron.
Al día siguiente fuí al cuartel de la Guardia Civil de mi pueblo para apuntarme y me dijo el comandante del puesto, que era un sargento, cuales eran los papeles que necesitaba, entre otros, necesitaba el consentimiento firmado de mi padre. Fui a mi casa con la ilusión de que me firmasen ese documento, pero mi padre me dijo que no, que lo que yo tenía que hacer era trabajar en el campo, que él lo que necesitaba era dinero.
Pasaban los días y yo no dejaba de pensar en el cariño que me dieron mis paracaidistas.
Como trabajaba en el campo noche y día y estaba casi siempre solo, una mañana que fue el jefe y me pagó la paga del mes, que ascendía a cuarenta duros, cogí cinco y le dije "estos treinta y cinco se los da usted a mi madre".
( Mi situacion en aquellos tiempos era complicada, ya que mis padres estaban separados, mi madre trabajaba donde podía y mi padre hacía otro tanto. Yo, en teoría vivía con mis abuelos, en realidad vivía sólo en el campo, en una finca donde guardaba el ganado, tan sólo algún domingo bajaba al pueblo a ver sobre todo a mi madre, el dinero que ganaba se lo daba a los dos).
Me despedí de aquel buen hombre y me marché a Madrid. Salí de mi pueblo que es Peñarroya Pueblo Nuevo hasta Córdoba en los topes de la máquina del tren, que por entonces era de vapor. En Córdoba me monté en un vagón de carbón y pensé "hasta donde Dios quiera llevarme".
Fue una noche de frío y hambre, pero lo soportaba y estaba contento, pues al fin ya estaba libre, estaba acostumbrado a pasar penurias.
Preguntando y preguntando fui a varios sitios para apuntarme a paracaidista y siempre me pedían lo mismo, el dichoso permiso paterno.
Pasé en Madrid un tiempo, hasta agotar aquellos cinco duros que llevaba y al no tener donde dormir, dormía en los portales o en los bancos de la estación de Atocha. Para poder comer me ponía en las paradas de los taxis y abría las puertas y bajaba las maletas a los viajeros hasta que la policía me intervino, llamaron a mi padre y él les dijo que yo me había escapado de mi casa sin consentimiento. Automáticamente me enviaron de nuevo para mi pueblo.
Llegué y el recibimiento de mi padre fue una paliza y me mandó de nuevo al campo a trabajar.


2012 09 18, 2:15
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Miguel Fierro Garcia

Por fin llegó el esperado día de mi alistamiento, dejé atrás el pozo minero y el duro trabajo allá en la mina pensando que era una parte de mi vida que se terminaba, ingenuo de mí... El dinero que tenía ahorrado hasta ese momento, se lo envié a mi madre, para que en ese tiempo que yo iba a hacer mi carrera militar no pasase miserias, ya que al estar enferma no podía trabajar. me quedé con lo justo para el viaje.
Me destinaron al Regimiento mixto de Artillería nº 5, en Algeciras. Allí hice el periodo de instrucción, en un campamento llamado La Almoraima, juramos bandera y me destinaron a una batería que estaba enclavada en el Estrecho de Gibraltar, en un paraje llamado Punta Acebuche, donde estaban enclavadas las baterías.
Iba de mal en peor, pues allí no había nada más que monte y palmitos. En cuanto llegamos a aquel recóndito lugar, nos pusieron a hacer carreteras a pico y pala, aquello parecía, en vez de un regimiento militar, un campo de concentración.
No había espíritu militar ni respeto por los mandos, yo me sentía más un peon caminero que un orgulloso soldado como aquellos a los que yo llevaba admirando tantos años. Mis paracaidistas...
lo que había era un capitán que se hacía obedecer a base de castigos.
Cuando llovía y no podíamos trabajar en la carretera, nos ponían a sacar brillo a las piezas de artillería, cuyo calibre era 152,450. Como veis por el calibre, casi nos podíamos meter por dentro del tubo. Como no podíamos estar ociosos, nos hacían sacar brillo incluso a los proyectiles.
Teníamos unos cuantos cerdos, los cuales campaban a sus anchas por entre los palmitos y cuatro yerbajos que allí se criaban. Compartían cuadra con una vaca, la cual al menos nos permitía beber leche fresca, siempre que el capitán no se la llevaba o se le antojaba unos quesos.
Cuando de uvas a peras figuraba en la orden del día que había matanza, nos poníamos tan contentos, pensando que por fin había llegado el momento de dejar de pasar penurias. preparábamos todos los artilugios, las sartenes, las orzas y nos poníamos manos a la obra.
No sé lo que pasaba, pero cuando por fin habíamos terminado de descuartizar y procesar todas la viandas, llegaba el capitán y decía que eso parecía una boda, que era una verguenza que, con el hambre que había en los pueblos de alrededor, que mejor lo guardábamos y lo íbamos sacando poco a poco.
Le mandó al cocinero que los jamones los salara, los lomos que los adobase para freirlos y que las costillas y las paletillas las picase para chorizos. Así que ese día no comimos mucho, pues los huesos y el menudillo del cerdo lo repartían para varios días para el puchero.
Me fui por mi quinta a la mili, al Regimiento de Artilleria nº5 en Algeciras, me encontre con un Capitan muy duro, pero yo debi de caerle bién, me asignó la peluquería y la cantina, yo le dije que no sabía de esos negocios, pues no había cortado el pelo nunca a nadie ni entendía de bares.
Llamó al peluquero, que era un veterano al cual le faltaban cinco días para licenciarse y le dijo que hasta que no me enseñase el oficio, que no se podía licenciar, que no podía estar la batería sin peluquero.
El veterano, conociendo cómo las gastaba el capitán, no le dijo nada más que -!a sus órdenes mi capitán!-. En cuanto se marchó el capitán, puso en fila el veterano a todos los soldados diciendo que había una oferta y que ese día los cortes eran gratis, ya que por entonces el corte de pelo lo cobraba a 50 céntimos. Estuve dos días sin descanso cortando el pelo a toda la batería, ya que al tercero me quedé sin clientela, pues entre trasquilones y pellizcos en las orejas y en la nuca los tenía a todos marcados con mi firma.
Al tercer día llegó el capitán y viendo la peluquería vacía, preguntó que porqué no estaba practicando, le dijimos que no venía nadie, éste se dió la vuelta y a los diez minutos comenzaron a llegar veteranos de los que se licenciaban con mi maestro, los cuales se estaban ya dejando el pelo largo para no desentonar en su vida civil, pues bien con ellos sí que hice una escabechina, ya que al llevar el pelo largo, se atascaba la máquina y entre tirones y cortes, los levantaba de la silla.
Al final se licenciaron todos menos el peluquero, pues yo todavía no sabía cortar el pelo de acuerdo a los gustos del
capitan.
volvimos a cortar el pelo a todo el que pasaba por allí, los dejé a todos con las ideas al descubierto. llegó un momento en que daban unos rodeos enormes para no pasar por la puerta o las inmediaciones de mi territorio.
El veterano estaba desesperado, pues no había tenido nunca un alumno tan negado, llegó de nuevo el capitán, preguntó que cómo iba el alumno y el veterano le dijo !-perfecto mi capitán, ya es un profesional!-
entonces le dijo _pues que te corte el pelo y te presentas en mi despacho para darte la cartilla, y despues te preparas para marcharte-
El veterano se cortó él mismo el pelo, mientras yo vigilaba la puerta, en ese momento bajó el capitán de nuevo, lo vió tan bien arreglado que me dijo - muy bien, ya era hora, anda, afeitame en un momento que tengo que bajar al regimiento a Algeciras. Teníamos unas navajas llamadas "leona y pantera", pues tenían muchas cicatrices, pegaban pellizcos y mordían.
A mí me entraron sudores fríos, temblores y nauseas. comencé a enjabonarlo, de los nervios no paraba de darle jabón, por si la navaja se escurría y así no le cortaba. Me pidió que me diese prisa, que tenía una reunión, yo, más nervioso, el veterano firme y con la cara blanca, nada más comenzar, !un corte bajo la oreja!, le puse el dedo, el veterano le puso enseguida una piedrecita para cortar la sangre, no recuerdo como se llamaba, continué y al final, despues de dos cortes más, lo tuvo que terminar el veterano, diciendole que esas navajas yo no las entendía bien, que de lo que entendía era de cortes de pelo, que era en definitiva lo que iba a desempeñar allí. Aquel gran compañero se licenció por fin, era una gran persona.
compromiso que me fuese a donde quisiera. yo le dije - mi capitán, yo quiero ser un profesional en el ejército- a lo que él me contestó - ¿ y tú qué te crees, que esto es una "ONG"?-
-Bueno mi Capitán, entonces quiero hacer el curso de cabo
su contestación fue que estudiase en mis horas libres, que por cierto no tenía ninguna. me cogía todas las imaginarias que podía para en esas noches poder estudiar.
Viendo que no me convocaban para examinarme, le pregunté al capitán por los exámenes y cual fue mi sorpresa cuando éste me dijo que no hacía falta, que ya estaba aprobado.
almes aproximadamente, salen las listas de los cabos aprobados de otras baterías y claro, mi nombre no estaba en esa lista. Al preguntarle de nuevo, me dice que me ponga los galones, que como yo había varios, así que nos pusimos los galones cinco artilleros.
Yo tan contento, y a la vez estudiando para cabo 1º.
Un día, por casualidad, me enteré que era el día del examen. El teniente me mandó con el chofer a por unos mosquetones para la batería, estando cargando el armamento en el camión, me dice un cabo -Fierro, tú no examinas para cabo 1º?, te tienes que presentar hoy.
Salí corriendo para el aula, se lo digo al jefe de studios y me dice, al ver la lista que yo no estoy en ella.
Bueno, el caso fue que éste me dijo con un poco de sorna que para ser cabo 1º, antes debía ser cabo.
así que mi "querido capitán " nos hizo a todos cabos interinos, pero sólo para esa batería.
Una noche, recorriendo los refuerzos de los Artilleros que prestaban sus servicios en aquellos montes donde estaban emplazadas las piezas de artilleria, recuerdo que sobre las cinco de la mañana, había una niebla muy intensa, yo, calado hasta los huesos, pues llovio toda la noche, llevaba puesto uno de aquellos capotes de paño, pero con aquel clima dejaba tanto peso en mi cuerpo que casi no podia con el, pero era lo único que teniamos para soportar ese frio y humedad que pasabamos por la noche en esos montes.
Teniamos prohibido refujiarnos en los polvorines, ni donde se encontraban las piezas de artilleria, el Capitan decia que era para que no nos quedasemos dormidos y si alguna vez encontraba a alguno, lo mandaba automaticamente a la prisión militar, osea, de día a picar y limpiar carriles y de noche refuerzo.
Esa noche, no se veia a medio metro de mi, de pronto, me topé con un moro de frente, mi primera reación fué sacar la pistola y apuntarle, se tiró al suelo, con las manos en la cabeza, repetia una y otra vez "paisa, yo, Franco, Franco, yo, querer mucho a Franco", yo, con mucho miedo y escuchando un tiroteo en la playa, la Guardia Civil estaba en primera linea vigilando a los contrabandistas.
Me lo lleve a la Bateria apuntandole con mi pistola todo el camino, lo meti en la oficina, el moro hiba empapado y le dije que se quitara la ropa, el no queria, le apunte de nuevo con la pistola, y cual fué mi impresion, cuando empezo a sacar cinturones que tenia embolviendo su cuerpo rrepletos de tacos de dolares, yo no habia visto en toda mi vida tanto dinero junto, bueno, nial día de hoy tampoco.

Me decia que si le dejaba marchar me daba uno de esos fajines, lo ate con unas esposas, lo ate a la pata de la mesa y llame al Capitan, cuando este vió los billetes, empezó a darme abrazos y felicitaciones.
Al poco rato, se presentaron dos señores en un Renaut 4x4 diciendo ser Policias Secretas, se llevaron al moro y todo ese dinero.

Yo veía deseperado que cada día que pasaba me iba alejando de mi objetivo, y estaba faltando a mi palabra dada a ese Sargento del cual cada vez me acordaba más. De acercarme y ser parte de ese cuerpo de élite que era mi sueño : formar parte de una estirpe de Caballeros Legionarios Paracaidistas.
tenía que irme de allí...


2012 09 18, 2:29
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Miguel Fierro Garcia

Una noche, recorriendo los refuerzos de los Artilleros que prestaban sus servicios en aquellos montes donde estaban emplazadas las piezas de artilleria, recuerdo que sobre las cinco de la mañana, había una niebla muy intensa, yo, calado hasta los huesos, pues llovio toda la noche, llevaba puesto uno de aquellos capotes de paño, pero con aquel clima dejaba tanto peso en mi cuerpo que casi no podia con el, pero era lo único que teniamos para soportar ese frio y humedad que pasabamos por la noche en esos montes.

Teniamos prohibido refujiarnos en los polvorines, ni donde se encontraban las piezas de artilleria, el Capitan decia que era para que no nos quedasemos dormidos y si alguna vez encontraba a alguno, lo mandaba automaticamente a la prisión militar, osea, de día a picar y limpiar carriles y de noche refuerzo.

Esa noche, no se veia a medio metro de mi, de pronto, me topé con un moro de frente, mi primera reación fué sacar la pistola y apuntarle, se tiró al suelo y con las manos en la cabeza, repetia una y otra vez "paisa, yo, Franco, Franco, yo, querer mucho a Franco", yo, con mucho miedo y escuchando un tiroteo en la playa, la Guardia Civil estaba en primera linea vigilando a los contrabandistas, me lo lleve a la Bateria apuntandole con mi pistola todo el camino, lo meti en la oficina, el moro hiba empapado y le dije que se quitara la ropa, el no queria, le apunte de nuevo con la pistola, y cual fué mi impresion, cuando empezo a sacar cinturones que tenia embolviendo su cuerpo rrepletos de tacos de dolares, yo no habia visto en toda mi vida tanto dinero junto, bueno, ni
al día de hoy tampoco.

Me decia que si le dejaba marchar me daba uno de esos fajines, lo ate con unas esposas a la pata de la mesa y llame al Capitan, cuando este vió los billetes, empezó a darme abrazos y felicitaciones.

Al poco rato, se presentaron dos señores en un Renaut 4x4 diciendo ser Policias Secretas, se llevaron al moro y todo ese dinero.
Yo no se si eran policias o no, ni se que fué del moro, pero
mi capitan inmediatamente queria darme un mes de permiso, que yo rechace, pues no tenia ni dinero, ni donde ir.

Esto que ha ocurrido Fierro, todo lo que has visto y escuchado es secreto militar. Te corto los huevos si abres la boca. ¿entendido? eso me dijo mi Capitan. Y hasta la fecha de hoy.

Un día le dije al capitán que me quería ir a Paracaidistas, me dijo que cuando terminara mi compromiso que me fuese a donde quisiera. yo le dije - mi capitán, yo quiero ser un profesional en el ejército- a lo que él me contestó - ¿ y tú qué te crees, que esto es una "ONG"?, Bueno mi Capitán, entonces quiero hacer el curso de cabo, su contestación fue que estudiase en mis horas libres, que por cierto no tenía ninguna. me cogía todas las imaginarias que podía para en esas noches poder estudiar.

Viendo que no me convocaban para examinarme, le pregunté al capitán y cual fue mi sorpresa cuando éste me dijo que no hacía falta, que ya estaba aprobado.

Paso un mes aproximadamente y salieron las listas de los cabos aprobados de otras baterías y claro, mi nombre no estaba en esa lista. Al preguntarle de nuevo, me dice que me ponga los galones, que como yo había varios, así que nos pusimos los galones cinco artilleros.

Yo tan contento, y a la vez estudiando para cabo 1º.

Un día, por casualidad, me enteré que era el día del examen. El teniente me mandó con el chofer a por unos mosquetones para la batería, estando cargando el armamento en el camión, me dice un cabo -Fierro, tú no examinas para cabo 1º?, te tienes que presentar hoy.

Salí corriendo para el aula, se lo digo al jefe de studios y me dice al ver la lista, que yo no estoy en ella.
Bueno, el caso fue que éste me dijo con un poco de sorna que para ser cabo 1º, antes debía ser cabo.

Así que, mi "querido capitán " nos hizo a todos cabos interinos, pero sólo para esa batería.

Yo veía deseperado que cada día que pasaba me iba alejando de mi objetivo, y estaba faltando a mi palabra dada a ese Sargento del cual cada vez me acordaba más. De acercarme y ser parte de ese cuerpo de élite que era mi sueño : formar parte de una estirpe de Caballeros Legionarios Paracaidistas.

Tenía que irme de allí..


2012 09 18, 2:32
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Me dijo el capitán que por mi buen comportamiento, y ya que no había disfrutado de ningún permiso anteriormente, que me podía coger ese mes. Yo le dije que no, que lo que quería era estudiar y que además no tenía ni un duro y fuera del cuartel se necesitaba mucho. Entonces me volvió a decir que cuidado con los comentarios, que ese secreto militar que yo conocía, si se enteraba alguien más, me podía costar prisión militar de por vida.
Al poco tiempo salieron plazas vacantes para la Policía Armada y Solicité examinarme.
Fuí al examen junto a otro compañero a Córdoba, con la mala suerte de que yo aprobé y él no. Regresamos al regimiento y se lo dije al capitán. . Me faltaba un mes para licenciarme, por lo que le pedí que me diese ese mes de permiso para a continuación ingresar en dicho Cuerpo. Mi disgusto fué que "el buen hombre", me dijo que aquel permiso que me ofrecía, que ya había caducado y que tenía que cumplir allí hasta el último día.
Por fin salí licenciado de aquel infierno, no volví la vista atrás ni quería tener recuerdos de aquel desdichado lugar.
Para ingresar a la academia, que estaba enclabada en Madrid, en el barrio de Canillejas me informaron que tenía que esperar a los de mi convocatoria, esto eran dos meses.
Al no tener recursos ni dinero, ni más ropa que la puesta, y puesto que lo que sabía que me reportaba bastante dinero era el trabajo en la mina, volví a Asturias, esta vez haciendo auto-stop.
Me recogió un camionero en la carretera de Burgos a primera hora de la mañana. Al poco rato paramos a desayunar. Me dijo que me bajase del camión pero yo le dije que no tenía hambre, él seguía insistiendo y yo también en mis trece, que no tenía hambre y que aguantaría mejor el viaje con el estómago vacío. (Lo que tenía vacío era el bolsillo).
Como el camión iba cargado de chatarra y hierros para los altos hornos de Bilbao, iba bastante lento por lo que tuvimos que parar a comer. De nuevo se repitió la misma conversación de la mañana. le dije que estaba malo y que prefería no comer para no ensuciarle el camión, sólo bajé para ir al servicio y le esperé en la cabina mientras él comía.
De nuevo proseguimos el viaje y de nuevo paramos, ésta vez a cenar. Allí yo me separaba de él. Otra vez que si cenábamos, y yo, ya no sabía qué decir... me sinceré con él. Le dije que no tenía dinero y que me daba mucha verguenza no poder ni siquiera poder invitarle a un café por el favor que me había hecho y lo bien que me había tratado. él me dijo:
entretenido que hemos llevado, charlando y no me dices que no tienes dinero ! -
A todo esto, ya estábamos sentados en una mesa del restaurante. Se acercó el camarero y nos preguntó que qué queríamos cenar. él pidió una sopa y medio pollo, el camarero me preguntó entonces y él le dijo que dos de lo mismo. cuando él se terminó la sopa, yo ya había terminado con la sopa, el medio pollo y la bandeja del pan. cuando regresó el camarero para tomar nota de los postres, el camionero pidió un plátano, y le dijo que a mí me trajese otro medio pollo y tres plátanos.
Terminamos de cenar, me explicó dónde tenía que coger el tren para Asturias, yo le dije que no, que me dijese cual era la carretera para seguir haciendo Auto.stop que no tenía dinero para el tren . Al despedirse de mí me entregó un billete de quinientas pesetas y me dijo:
- Bueno, espero que algún día pueda volverte a ver como policía .
yo no quería aceptarlo de ninguna manera, me metió el dinero en el bolsillo sin darme cuenta al abrazarme.
Cuando ya estaba subido al camión, me voceó que me mirase en el bolsillo.
Yo le dije, con bastante congoja, que le buscaría para devolverle con creces todo lo que había hecho ese día por mí .
Cuando llegué a Asturias, al mismo pozo minero donde tiempo atrás estuve trabajando, el Ingeniero, nada más verme me saludo y antes de que yo le pidiese de nuevo trabajo me dijo que mi puesto siempre estaba libre para mí, que a la mañana siguiente ya podía comenzar.
Esta vez fué bastante más facil, pues la gente del pueblo ya me conocía, los compañeros y las mujeres de las tiendas, volví a la misma pensión, por lo que no tuve problemas para afrontar ese primer mes.


2012 09 18, 2:35
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Miguel Fierro Garcia

De nuevo en Asturias, comenze a trabajar en el pozo minero, como tenia por delante dos meses, que asi se lo hice saber al Ingeniero, los aproveche todo lo que pude trabajando a dos relevos, entraba a las seis de la mañana y salia a las ocho de la tarde, para poder asi ganar mas dinero, ya que hacia mucho tiempo que a mi madre no habia podido mandarle nada y como estaba enferma sabia que estaba pasando necesidades.
En esos dos meses y parando de trabajar, casi solo para comer y dormir, gane treinta y cinco mil pesetas, que en aquellos tiempos, casi te podias comprar una casa.
Paso el tiempo previsto, cobre, le mande a mi madre treinta mil pesetas y me marche para Madrid para incorporarme en la Academia de la Policia Armada.
Despues de dos meses, me titularon y me ingresaron en la tercera , decima compañia, situada en Vallecas, hice tres meses mas de practicas, pedi traslado al Escuadron de Caballeria, que estaba enclavado en Santa Maria de la Cabeza, al lado del Puente Praga, donde preste mis servicios nueve meses.
Como tenia mas tiempo libre del que nunca habia tenido, pude hacer amistad, con un Señor mayor que tenia un taxi, y que lo tenia casi siempre parado porque por su enfermedad ya no podia trabajarlo, me ofrecio que por que no en mis tardes libres me ganaba algun dinerillo extra conduciendolo, yo en un primer momento le respondi, que no conocia Madrid y ademas necesitaba la autorización del Ayuntamiento, al final me lie la manta a la cabeza y accedi.
Mis días en Madrid trancurrian de una manera tranquila, por la mañana, hacia las labores que me correspondian en la Policia y por las tardes me andaba todo Madrid, hasta las tres de la mañana buscando clientes.
Yo, a pesar de que mal no estaba, seguia incum pliendo la promesa que en su día le hice a aquel Sargento y a aquellos mis añorados paracaidistas, hacia ocho años, encontrarnos algún día siendo yo también Caballero Legionario Paracaidista.
Por aquel entonces tenia yo un amigo, que queria irse a la legión yo, le dije que me iba a Paracaidistas, el trataba de quitarme la idea de la cabeza, diciendome que era una tonteria salir de la Policia Armada para empezar de cero en los paracas, pero yo seguia en las mias, queria a toda costa ser paracaidista.
Un dia mi amigo y yo nos fuimos al banderin de enganche, en la Calle Picos de Europa en Vallecas, para apuntarse el a la Legión. En ese mismo momento, el brigada habiéndo terminado de tomar los datos de mi amigo y como yo iba de paisano, me pregunto los mios, tuve un impulso y se los di, quedando listo para presentarme en Leganes ese mismo día, pero claro yo tenia mi compromiso en la Policia, asi se lo hice saber al Brigada, el extrañado de yo querer dejar mi vida de policia para ingresar en tan duro cuerpo, me dijo que me lo pensara bién, no dejandome firmar el enganche. Marche a mi compañia y espere al día siguiente y le solicite a mi Capitan tres años de escedencia, sin decirle que me habia apuntado a la Legion y que mi marcha era por motivos familiares.
Pasaron quince días y mi solicitud vino aprobada, deje la pistola y la carabina que tenia asignada, me despedi de mi Capitan y compañeros y me fui.
Me presente en Leganes, esperando que se reuniera un grupo de ciento cincuenta reclutas.
Nos trasladaron a Sevilla, em barcamos en un viejo barco y rumbo al Aahun. Alli no habia puerto ni habia nada, andando entre las dunas llegamos hasta el acuartelamiento del Tercer Tercio Sahariano Don Juan de Austria Tercero de la Legión.
Al día siguiente temprano empezamos el periodo de instruucción, que duro cuatro meses para poder ser Legionarios de segunda.
La disciplina era muy dura, pero comprendia que al ser un cuerpo de Elite, tenia que ser asi, me entregue en cuerpo y alma porque ya estaba mas cerca de parecerme a mis paracaidistas.....
Despues de ese periodo, me destinaron a la Plana Mayor de Mando, a la diecinueve compañia, estando un tiempo en la escuadra de Gastadores y haciéndo servicios de comboy a Esmara y Echera, alli si que ya entrabamos en combate con los moros, pues querian a toda costa hacerse con el comboy, pero nunca lo lograron.
Un día me llamo mi Capitan, Don Jose Campaña Fuentes y por fin me comunico que ya me podia ir a Paracaidistas, que mi deseo ese día se cumplia, ¡¡¡Que alegria me dió!!! Pense de nuevo en ellos, ese niño ya cumplia su sueño y su promesa, ¡¡cuanto habia tenido que pasar para conseguirlo!! pero ya era un hombre y soñaba con ese esperado encuentro con aquel Sargento y saludarle con un energico saludo militar ya que me despedi de el llorando como lo que era, un chaval, descalzo, muerto de hambre y con el único cariño recibido, el que ellos me dieron.
No pude irme con ellos en su camión con dieciseis años, pero ahora si, me marchaba para la Escuela de Alcantarilla en Murcia.....


2012 09 18, 2:36
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Salimos del Ahuum con destino a Murcia treinta y dos Legionarios, me nombraron no se por que, porque podríamos haber sido cualquiera, Jefe de la expedición.
Me dieron la lista de embarque de todos y marchamos para Alcantarilla, llegamos el día uno de Octubre, fuimos desde la estación al cuartel en formación.
Nadie nos esperaba, pero al vernos formados y vestidos de legionarios, el Centinela de puerta, dio la voz y nos formaron la Guardia, yo, delante de mis compañeros y en posición de firme, le di las novedades al Oficial de Guardia y le entregue la documentación que mi Capitán en el Sahara me entrego.
El Oficial mandó al suboficial del cuartel que formara la guardia, yo a los míos ya los tenia formados y firmes, el Sargento, le dio la novedad al Capitán, a mi me ordeno que pasáramos dentro del acuartelamiento.
Una vez en el interior, pare la formación, mande: ¡¡a cubrirse, firme, izquierda!!............. Había que ver a aquellos Legionarios firmes, sin moverse ni siquiera la bola del Chapiri..... se cortaba el aire, se hizo un silencio sepulcral..... Cuando nos dimos cuenta, estábamos rodeados de Oficiales y Suboficiales mirándonos sin decir ni una palabra, Tuvo que ser el Capitán, y a su orden de ¡Descansen! el que rompió ese maravilloso momento.
Ya se había pasado la hora de Fagina, el Capitán me preguntó si teníamos hambre, le respondí que si y mando al Sargento de cocina que nos dieran de comer. Así, sucedió, seguí con mi formación hasta la puerta del comedor y allí nos quedamos formados hasta que salió el Sargento y me dijo que rompiera la formación, admirado por el orden y la dicciplina.
Recuerdo perfectamente el menú de ese día: filetes de ternera, huevos fritos, patatas fritas y de postre, melocotón en almibar.
Antes de terminar de comer, ya teníamos a un Sargento esperando para adjudicarnos nuestros aposentos, nosotros estábamos impactados por el interés que causábamos, pues tanto reclutas como
veteranos no paraban de hacernos preguntas referentes a nuestra vida Legionaria en el Sahara.
Al día siguiente, guardamos nuestra vieja ropa de Legionarios en los petates y nos pusimos una de pistolos que alli nos entregaron.
Un Teniente nos dio la bienvenida y nos dijo que solo teníamos que hacer medio curso, ya que el curso de Legionario, lo teniamos hecho.
Formamos con los reclutas, en total éramos mas de 250, hicimos una tabla de gimnasia durante mas de una hora y luego instrucción.
Aquello a nosotros nos parecia un desastre, ni los Cabos 1º ni los Cabos 2º ni los C.L.P de primera que estaban como instructores sabían mandar la formación.
Pasamos unos días amargados, pues después de haber estado cuatro meses de periodo de reclutas en el Sahara, haciendo todos los días en aquellas Sajias, tragando arena y haciendo instrucción en orden abierto y cerrado, marcando el paso a ciento ochenta, para que ahora nos quisieran enseñar los movimientos por tiempos.....
Yo por mi estatura, estaba de los primeros de la formación, se me acerco un Cabo 1º y antes de pedirme una explicación me dio tres ostias que me reventaron el oído izquierdo, en ese momento apareció un Capitán y el Cabo 1º le dió las novedades, al tenerme a mi fuera de la formación, le pregunto que habia pasado, el le respondió que yo no quería hacer los movimientos de armas, se dirigió hacia mi, preguntándome si eso era cierto, yo le dije: mi Capitán, este Cabo 1º, no sabe mandar una formación, ni sabe lo que es la voz preventiva ni la ejecutiva. Este Cabo se llamaba Landete y el Capitán, Don Mariano Capaz, buen Capitan y mejor persona.
Mis compañeros del Tercio cuando me pegaron quisieron salirse de la formación y yo con un gesto les dije que no lo hicieran.
Ante aquellas injusticias y abusos de autoridad me sentía impotente... Eso no era lo que yo me imaginaba de la Brigada Paracaidista y de aquellos mis queridos y recordados Sargento y escuadra de gastadores que conocí en mi niñez.
Como el grupo de Legionarios que veníamos del Tercio, podíamos regresar antes de lo seis meses sin perder nuestros derechos, decidieron algunos marcharse, yo intente convencerles, pidiéndoles que aguantaran quince días mas para ver lo que pasaba.
Duró poco la calma, ese mismo día otro Cabo, les pego a varios compañeros míos y al día siguiente de nuevo me toco a mi, recibí tres fustazos en la espalda, la causa fue que ponian los bocadillos en una manta y teniamos que salir corriendo desde la formación, cogias el bocadillo y volvias otra vez corriendo al mismo puesto, a mi se me callo y al pararme a recogerlo, el 1º Landete me propino esos tres varazos en el lomo. y alli se quedó en el suelo mi bocadillo.
Cuando rompimos filas, me dirigi a la oficina del Capitán, para comunicarle, que los Legionarios se volvían al Sahara, el me pregunto el motivo, y yo le respondí, que nosotros sabíamos hacer los treinta y seis movimientos de armas sin parar, me dijo que si podía demostrárseo, yo sin dudar un segundo le dije que si, a lo que el me respondió que fuese en ese mismo momento.
Me fui al barracón, les dije a mis compañeros Legionarios que formaran con el armamento y empecé a mandar la formación ante la presencia del Capitan.
Yo, a cuatro pasos del Capitan, dándole la espalda y de pie firme mirando al pelotón, mis compañeros formados en posición de firme, deseando demostrar de una vez todo aquello que aprendimos a base de sacrificio en aquel desierto. Me ordenaron comenzar.
¡¡Derecha, de frente, Hay, media vuelta, izquierda, izquierda, media vuelta, izquierda, izquierda, media vuelta!! una vez parada la formacion en frente del Capitán, me ordeno que prosiguiera con los movimientos de armas, ¡¡Derecha, abrir dos pasos sobre la fila del centro, todo esto con el armamento en prevenga, media vuelta, Hair!!.... ejecutando los treinta y seis movimientos de armas a una sola voz, ccuando me di cuenta había un montón de mandos, presenciando aquel pelotón, que le echaron ese día mas coraje que nunca, el Capitán me ordeno que parara la formación, así lo hice, y el mismo, mando: ¡¡Descanso, Hair!! e inmediatamente empezaron todos ellos a felicitarnos.
Me pregunto que si los demás sabían también mandar una formación, a lo que le respondí, ¡mi Capitán igual o mejor que yo!.
¡Rompan filas!, yo me fui con mis compañeros al barracón y el se quedo hablando con los Oficiales.
Aquella misma tarde mis compañeros se vistieron con sus trajes Legionarios, yo les pregunte que estaban haciendo, y ellos me respondieron que se iban al Sahara y que me fuese con ellos, pero les dije que no, que yo quería ser Paracaidista.
En ese momento vino un Cabo de la oficina del Capitán, que por cierto era sobrino suyo, y me dijo que me presentara en su oficina, fui a verlo, me cuadre ante el, me ordeno que me sentara y me pregunto que si yo no me iba con los demás legionarios, le dije: mi Capitán, yo, no me voy, me quedo, mi puesto es este. Me ordeno que formara a los Legionarios en el patio, acate sus ordenes y en menos de cinco minutos ya estabamos alli.
Mi capitán delante de todos nosotros y con las mejores palabras que pudo, nos dijo que el no era quien para retenernos, que nos lo pensáramos bién, que si accedíamos a quedarnos, a partir de ese momento eramos instructores.
De los treinta y dos Legionarios solo se fueron ocho, los demás nos quedamos y cuando terminamos el curso de Paracaidistas nos destinaron y nos repartieron por todas las compañías, algunos ya de Paracaidistas volvieron al Sahara, otros a Canarias y Jerez y un servidor de ustedes a Alcalá de Henares, al Cuartel de Lepanto dieciséis compañía, donde nada mas llegar me nombraron instructor, de ayudante con el Cabo 1º Aguirre.
Tuve el honor de instruir militarmente a mis queridos hermanos José y Francisco Puente y otros muchos compañeros que mi memoria ha borrado sus nombres, pero no su imagen, pues los recuerdo como si fuera ayer.
Seguro que el compañero Francisco Puente, si lee este relato, podrá daros los nombres de aquellos que mi memoria olvido.
Paco y yo éramos mas que compañeros, hermanos, aunque cuando estábamos en formación era como si no nos conociésemos de nada, pues acataba mis ordenes, como yo acataba y obedecía, las de mi inmediato superior, que era el Cabo 1º Aguirre, pero una vez que se rompían filas, nos abrazabamos y nos ibamos a tomar unos vinos a la cantina.
Me apunte para hacer el curso de Cabo e intente animar a mi buen compañero Puente a que lo hiciese conmigo y así fue, los dos aprobamos.
Yo quería seguir y hacer el de Cabo 1º, pero el amigo Puente ya me dejó solo, a pesar de que toda la cultura que a el le sobraba, a mi me faltaba y si se hubiese quedado, hubiese llegado lejos en la vida militar, porque en aquellos tiempos si eras Sargento antes de los treinta años, tenias acceso a la academia militar de Zaragoza .
Aprobé el curso de Cabo 1º, estando siempre en la dieciséis compañía , también hice el tercer curso de Plegados, con el Brigada Miguel, el Sargento Somoza, el Cabo 1º Balaguer, el Cabo 1º Camarena y algunos otros que no recuerdo y como mi Capitán, el extraordinario militar que fué, Don José Sáez de Sagaseta y Lurdoz..


2012 09 18, 12:39
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Mensaje sin leer Re: Miguel Fierro Garcia: Recuerdos de un Paracaidista
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Miguel Fierro Garcia

En el Cuartel de Lepanto, perteneciendo a la dieciseis compañía, y prestando mis servicios en la sala de plegagos, disponiamos de algunos días libres, ya que cuando había que trabajar, respondiamos bastante bién, el Capitán Sagaseta nos gratificaba con algunos días libres, algunos compañeros los aprbechaban para ir a visitar a sus novias y familia, yo como tenía que ganar dinero para mi enferma madre, no podía hacerlo, y dicidí irme a Madrid a buscar trabajo.
Fui, a casa de aquel amigo mío, que hacia unos años me dejaba su taxi para pedirle trabajo, este pobre hombre estaba muy enfermo y su taxi, lo tenia guardado en el garaje, volvió a ofrecerme su coche para trabajarlo y yo por supuesto acepte la oferta, pues ya conocia la ciudad.
Al poco tiempo, este hombre murió por su larga y grave enfermedad y su viuda me dijo que me quedar con el taxi, yo, no tenia dinero para comprarlo y asi se lo dije,ella me respondió que era deseo de su marido y que se lo pagara cuando yo pudiera.
Me hice cargo de esa deuda, pero para poder ganar el dinero suficiente, unos antiguos compañeros de la Policia Armada, lo trabajaban por turnos, excepto los fines de semana que ma hacia yo cargo de el y asi podia ponerlo a punto.
Yo tenia una cuenta pendiente con la Policia Armada, porque la proroga que tenia con ellos se me cumplia, me fuí al Escuadron de Caballeria donde yo pertenecia, al verme mi Capitán, que en ese momento ya había ascendido a Comandante se alegro mucho dandome la bienvenida, pensando que volvia, y sin dejarme hablar, me mando a saludar a los compañeros y echar un vistazo a los caballos, yo sin rechistar fui, pero no tarde mucho en volver, porque me dolia que al anunciar mi baja como Policia, despues tendrian que llegar las despedidas, quise hacerlo rapido.
El Comandante me pregunto por esos años fuera y yo no pude mentirle, le conteste que ma habia ido a la Legión y despues a la Brigada Paracaidista, que había sido siempre mi sueño, el me dijo, que si hubiese sido mas sincero con el, podria haberme ayudado y hacer el curso paracaidista siendo Policia, a lo que yo le explique, que desde aquel desfile y aquella promesa no solo me conformaba con el titulo paracaidista, si no vestir y dedicar mi vida a esa estirpe de hombres, grandes militares de Elite, forjados en la dureza, disciplina y valentia.
Ya había cumplido mi sueño, ya era hora de buscar a aquel Sargento y comence a preguntar a mis mandos por el.
Fué dura la noticia que recibia... Mi añorado y buscado Sargento, había fallecido en la guerra de Ifni, segun algunos mandos entre ellos mi capitan Sagaseta este sargento si mal no recuerdo se llamaba osorio,, o asorio una cosa asi, segun me decian como era su fisico, era el mismo que aquel dia le prometi verlo en la brigada. Para mi fueron unos momentos muy duros pues desde entonces, le recuerdo amenudo y rezo por su alma y alla donde este me ceda un rincon para estar al lado de esa persona que para mi fue un gran caballero legionario paracaidista, siempre a sus ordenes mi sargento, alla dode este descanse en paz.
Un día que estaba de permiso trabajando con el taxi, me solicito el servicio una señora en el Hospital Clinico de Madrid, para llevar a ella y a su marido a la estacion de Atocha para coger un tren, este señor, habia tenido un accidente y le habían amputado las dos piernas, por el camino les pregunte que le había pasado, este hombre me conto que fué, en un accidente, conduciendo su camión, los dos lloraban desconsoladamente, recordando como fue todo y me explicaron, la ruina que les había quedado porque el camión era nuevo y lo tenían sin pagar, les pregunte hacia donde iba su tren, para Barcelona.... ¡¡Que casualidad, yo también tengo que ir hoy a Barcelona!!, les dije yo......
Me dijeron que no tenian dinero para pagarme, pero yo, sin tener que ir a Barcelona, les dije que así me hacían compañia y no iba solo.
Nos pusimos en marcha, el hombre estaba adormilado en el asiento de atras y lleno de dolores, pasaron unas horas y pare el coche diciendoles que ibamos a comer, ellos no querian ni siquiera bajar del coche, pero yo insisti, tome a ese hombre en brazos, le lleve al baño y le sente en una mesa, pedi la comida y comimos los tres.
Pague en la barra, para no hacerles pasar un mal rato y retomamos la marcha.
Antes de entrar en Barcelona paramos de nuevo y la misma situación de antes, esta pobre gente habían gastado lo poco que les quedo despues del accidente, en Pensiones y comida en Madrid, durante los meses que estuvo el, ingresado en el hospital, yo me había dado cuenta de ello y no podia permitir que gastaran una peseta en ese viaja.
Llegamos a Hospitalet de LLobregat, a la Calle Ave Maria número 19, vivian en un cuarto piso, por supuesto sin ascensor, la señora quiso llamar a alguien para que subieran a su marido, yo no le di tiempo, lo cogi en mis brazos y lo subi asta la casa.
Por el camino me había contado que había encargado una silla de ruedas, en una ortopedia de unos vecinos, justo en el bloque de al lado.
Maria, me insistió en que me quedase a cenar y durmiese esa noche en su casa, les dije que si, que aceptaba la invitación, pero que antes tenia que aparcar bién el coche.
Me dirigi a la ortopedia, compre la silla encargada por ella y me la lleve a su casa, alli apareci con ella, y también se la regale.
Maria al verme no daba credito, Rafael, lloraba con un llanto desconsolado, emocionado, mientras me preguntaba como podria pagarme todo lo que ese día habia echo por ellos, yo le conteste que ya estaba pagado, que lo habia echo hacia años....
¿Se acuerda usted, señor Rafael de aquel chaval que iba a Asturias y usted recogió en la carretera de Burgos, que no tenia donde caerse muerto y le metió en el bolsillo un billete de quinientas pesetas?...
Claro que me acuerdo, ¿que habra sido de el?...
Pues ese chaval, señor Rafael... era yo.
Me abaze a el, fundiendonos en un largo abrazo, llorando los dos como niños.....
Tenia que irme, pero antes le puse debajo de la silla de ruedas todoel dinero que yo llevaba, menos trescientas para mi regreso a Madrid....


2012 09 18, 12:40
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Mensaje sin leer Re: Miguel Fierro Garcia: Recuerdos de un Paracaidista
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2012 09 21, 6:48
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