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La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo 
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Mensaje sin leer La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo
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2012 02 27, 6:59
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Mensaje sin leer Re: Fotos de la Guerra de Melilla 1909
He encotrado este video, que realmente es una sucesion de imagenes, del ejercito en Melilla en al año 1909.
Si el soldado de reemplazo es el precursor del turismo en Melilla, esta gente que se ve en el video, sin lugar a dudas son los precursores de nuestro servicio militar en la Ciudad Autonoma.

Ignoro si en 1909, el servicio era obligatorio profesional. En cualquier caso aqui esta. una serie de imagenes desconocidas, tanto del entorno, como de los uniformes. Debe haber Artilleros por que se ven cañones. Regulares, y caballeria. Lo que es seguro que no hay, son Legionarios, ya que este cuerpo no se creo hasta 1920. Que lo


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Estampas de Melilla: La Campaña de África

http://www.elvigiatv.es/estampas-de-mel ... de-africa/


2013 05 04, 7:37
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Mensaje sin leer Re: Fotos de la Guerra de Melilla 1909
Allá por esos años 1909 más o menos estaba mi abuelo por esas tierras haciendo la mili y la guerra se llamaba leandro y murió hace bastantes años con 96 años en el año 1986.
Siempre me contaba alguna batallita de aquella guerra que el libro como soldado de Regulares por aquellas tierras.
Teníamos una foto de él vestido de soldado pero seguramente cuando murió y vendieron sus hijos la casa tirarian todo. Uno de los hijos era mi padre claro.


2013 05 04, 7:37
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Mensaje sin leer La Campaña de África - 1909

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2013 06 26, 8:50
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Mensaje sin leer Re: Fotos de la Guerra de Melilla 1909

Víctimas del Barranco del Lobo

Lista de bajas de los combates del 27 de julio de 1909 ( I )

Cuartel General del general D. José Marina Vega

Comandante Sr. Moreno Izquierdo. Herido.
Comandante del Segundo Mixto de Ingenieros. D. José Montero. Herido.
Capitán D. Alberto Morris, ayudante del general Marina. Herido, falleció a los pocos días en el Hospital de Melilla.
Capitán de Infantería en prácticas de Estado Mayor D. José Fernández Villa-Abrille. Herido.
Teniente de la Guardia Civil D. Gerardo Alemán. Herido.
( Algún tiempo después ejerció de jefe de la Policía en Melilla )

Batallón de Cazadores de Madrid

General de Brigada D. Guillermo Pintos Ledesma. Muerto
Capitán D. Juan Ormaechea. Herido.
Capitán D. Francisco Pujol. Herido.
Teniente D.Carlos González Simeoni
Teniente D. Mariano Barbasán.
Teniente D. Ricardo Monet.
Teniente D. Adolfo Torres.
Sargento D. Vicente Blanco Alonso. Herido. Evacuado a Cartagena.
Sargento D. Asensio Mozos, natural de Puertollano (Ciudad Real), herido el 27 de julio en la pierna derecha. Hospital de La Alcazaba.
Cabo. D. Santiago Balva Arrogui. Herido. Evacuado a Granada.
Cabo D. Alfredo López Pérez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Cabo D. Maximiniano Flores Alonso. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado, D. Cándido Mazón Rueda. Herido. Evacuado a Granada..
Soldado, D. Manuel Solo Vidal. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Francisco Álvarez Díez. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Santiago Martín Zarza. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. León Novoa Gordo. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Andrés Martín Correa. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. José Mecheu Ramírez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. saturnino Marqués Martín. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Ginés Santos Dorado. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Manuel Rubio Quijo. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Maximino Marcial. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Mariano Martín. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Antonio Lastre Fernández. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Francisco Martín. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Sebastián González. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Ramón Cubero Jiménez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Esteban Rodríguez Sánchez, natural de Ávila, herido el 27 de julio en la pierna derecha con fractura de hueso. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Antonio Fernández Fernández, natural de Cimanes (León). Herido el 27 de julio en la espina dorsal. Ha quedado paralítico. Muy grave. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Hermenegildo Isla García, natural de Patones (Madrid), herido en la espina dorsal, también tiene parálisis en una pierna, pero su estado general es bueno. Hospital de La Alcazaba.

Batallón de Cazadores de Las Navas.

Teniente Coronel D. Tomás Palacio Rodríguez. Muerto.
Comandante D. José Capapé. Muerto.
Comandante D. Eduardo López Nuño. Muerto.
Capitán D. Pedro Plaza. Muerto.
Capitán D. Luís de Eugenio. Herido. Evacuado a Cartagena.
Teniente D. Guillermo García Ruíz. Herido.
Teniente D. Joaquín Tourné. Muerto.
Teniente D. José Beigbeder. Muerto.
Teniente D. Antonio Pellón. Muerto.
Teniente D. Juan Urbina. Herido.
Teniente D. Isidoro Sánchez Gómez. Herido, falleció a los pocos días en el hospital de Melilla.
Primer Teniente D. Antonio Carpena. Sánchez Herido. Evacuado a Cartagena.
Teniente Abanderado D. Erelio Fernández Quintero. Herido.
Teniente D. Guillermo García Díaz. Herido.
Sargento D. Manuel Girarte Mezquida. Herido. Evacuado a Granada.
Cabo. D. José Párraga Whit. Herido. Evacuado a Granada.
Cabo D. Enrique Domingo Calvo. Herido. Evacuado a Cartagena.
Cabo D. Mariano González Sánchez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Cabo D. José Puerta Ortigado. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado,D. José María Uceda del Olmo. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Ramón Sánchez Robles. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Manuel Sánchez Arribas. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Jacinto Delgado Román. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Cipriano Ríos Torres. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Félix Fernández Arenas. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Manuel Rodríguez Jiménez. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Ángel Rezo Martín. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Gregorio Mayor Bravo. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Saturnino González Rodríguez. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Santos Díaz Sánchez. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Albasano Montes Sánchez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Guzmán Sánchez González. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Gumersindo González Fernández. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Donato Megía González. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Rodrigo Gutíerrez Sánchez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado d. Celestino Cid Lagonea. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Pedro Torres González. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. León Sánchez Blazquez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Francisco Núñez Huesta. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Claudio Moreno. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Pedro Tomás Domínguez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Saturnino Rodríguez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Ángel Martín Méndez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Leoncio san Miguel. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Saturnino Velasco Moreno. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Francisco Carmona Torrejón. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Maximino Rodríguez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Eulalio García Sánchez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. José Blanco Montero. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Timoteo Calzón Clérigo. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Martín Franco. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Juan Martínez Alcolea. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Antonio Esteban. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Cipriano Collado. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Matías Vicente. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Fernando Dorado Fernández. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Salustiano Gómez García, herido en ambas piernas. El día 27 luchó sólo contra varios moros, logrando hacerlos huir. En el Hospital le llaman el cabo Hierro porque, a pesar de la gravedad de las heridas, sufrió la cura con gran entereza, e inmediatamente se puso a prestar ayuda en las curas que se hacían a los demás compañeros. Es muy conocido en la barriada del rastro. Hospital de san Fernando de Melilla.
Soldado D. Juan Valero García, casado, habitante de Madrid c/Olivar 19. Dicho soldado en la acción del 27 se vio muy comprometido. Durante aquella, el coronel Sr. Páez Jaramillo le ordenó que atravesar una loma llevando la orden de retirada al batallón de Llerena. En el camino le sorprendieron tres moros, que arrojaron sobre el y le arrebataron el fusil. Valero se defendió heroicamente; pero hubieran dado fin de él los moros sin la oportuna llegada de seis soldados de Cazadores de Madrid, que mataron a dichos moros. Cuando Valero regresó al batallón, el coronel Sr. Páez Jaramillo le dio un abrazo. Ingresado posteriormente a los combates por paludismo aunque ya fuera de peligro. Hospital de San Fernando de Melilla.
Soldado D. Esteban calzas Moreno, natural de Riolobos, herido el 27 de julio en la pierna izquierda. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Jaime Naranjo Mayor, natural de Romángordo (Cáceres), herido el 27 de julio en la rodilla derecha. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Epifanio Muñoz, natural de Villar de Plasencia (Cáceres), herido el 27 de julio en la cabeza, con salida de masa encefálica. Ha mejorado mucho aunque ha perdido la memória y tartamudea. La curación de este herido es prodigiosa y de ella se habla mucho.

Batallón de Cazadores de Los Arapiles.

Coronel D. Federico Páez Jaramillo, herido leva.
Capitán D. Ángel Melgar. Muerto.
Capitán D. Eusebio Gorbea. Herido.
Capitán D. Manuel Sánchez Linares.. Herido.
Capitán D. Enrique Navarro. Muerto.
Capitán D. Antonio Moreno Luque. Herido.
Capitán D. Francisco Pujol Rubaldo. Herido. Evacuado a Cartagena.
Teniente Coronel D. José Ortega Lores. Muerto.
Teniente D. Pedro Salvador. Muerto.
Teniente D. José Pazos. Herido, falleció a los pocos días en el hospital de Melilla.
Teniente D. Ezequiel González. Herido.
Segundo teniente D. Pedro San Miguel Campo. Herido. Evacuado a Cartagena.
Segundo teniente D. José Bartomeu Longoria. Herido. Evacuado a Cartagena.
Capellán Segundo. D. Miguel de la Fuente. Herido.
Sargento D. Timoteo Fernández Montilla. Herido. Evacuado a Cartagena.
Sargento D. Arsenio Pérez Alonso. Herido. Evacuado a Cartagena.

Sargento D,Luís Alique Clulvechel, natural de Alcalá de Henares, herido el dia 27 de julio en un muslo, con orificio de salida. Hospital de La Alcazaba.
Soldado,D. Florencio Jiménez García. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado,D. Daniel de las Heras Hernández. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Justo Villalobos Gil. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado,D. Luís Fernández Vila. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Carlos Jiménez Zarcado. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Mariano Mengur García. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Faustino Romero Martín. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. José Martín Iglesias. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Arturo de la Perla. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Gonzalo Vico Villados Pintos, herido procedente de Málaga, de 22 años, hijo del célebre actor del mismo apellido y sobrino del general D. Guillermo Pintos Ledesma.
Soldado D. Tomás gallego. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Felipe María Rodríguez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Pedro Martín Vadillo. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Elías Méndez García. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Pascual Salomares Aguado. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Manuel Curado Carretero. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Alfonso Rontomeu Alvarado. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Pedro Galdino Santos. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Filiberto Martínez Rodríguez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Juan Llaque Piñano. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Pedro Calvo Gutíerrez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. José Higueras Martín, natural de Madrid. Hospital de San Fernando de Melilla. Herido en la cabeza. Leve.
Soldado D. Manuel Robert Arana, natural de Madrid. Hospital de San Fernando de Melilla. Herida contusa en una pierna.
Soldado D. Joaquín Paniagua, natural de Cáceres. Herido en el brazo derecho el 27 de julio. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Vicente Mata Calle, natural de Valdelajere (Salamanca), herido el 27 de julio en la cabeza y una pierna. Hospital de La Alcazaba.
Soldado D. Bernabé Sánchez de La Iglesia, natural de Salmanca. Herido en el pie izquierdo. Hospital de La Alcazaba.

Ingenieros.

Capitán D. Doroteo. Castañón. Herido en el reducto de Sidi Musa
Soldado, D. Tomás Carrera Botella. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. José Aubich Marqués. Herido. Evacuado a Cartagena.

Batallón de Cazadores de Llerena.

Teniente coronel D. Manuel Prieto. Herido.
Comandante D. Ricardo Fresneda. Muerto.
Capitán D. Rafael Moreno Guerra. Muerto.
Capitán D. Aurelio Domínguez. Herido.
Capitán D. Arcadio Palacín. Herido.
Capitán. Emilio Lacierva. Herido.
Capitán D. Ángel Aguilar. Herido.
Teniente D. Alberto Lozano. Muerto.
Teniente D. Ángel salcedo. Muerto.
Teniente D. Braulio de la Portilla. Muerto.
Teniente D. Armando Sojo. Muerto
Teniente D. Antonio Muñoz. Herido, falleció a los pocos días en el Hospital de Melilla.
Teniente D.Julián Morales. Herido.
Teniente D. Florentino Nieto. Herido.
Teniente D. José Bartomeu. Herido.
Teniente D. Pedro Díaz. Herido.
Capellán Segundo D. Francisco Ocaña.Herido.
Sargento D. Cruz Alivia Tova. Herido. Evacuado a Granada.
Sargento D. Matías García Gomá, natural de Vega Mayor (León), herido el 27 de julio en el muslo derecho. Hospital de La Alcazaba.
Cabo D. Adolfo González. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado, D. José González Vidal. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Eulogio Martín García. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Antonio de la Cruz Expósito. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Romualdo Gil Delgado. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Mariano Álvaro Marugán. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Luís Loarte Callejas. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Tomás Agudo Heras. Herido. Evacuado a Granada
Soldado, D. Aniceto Hernando Bujeret. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. Mariano Ruíz Rabadá. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado, D. José Fernández García. Herido. Evacuado a Granada.
Soldado D. Mariano Gogo Lastra. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. José Díaz Carmona. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D.Juan Gómez Barba. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Segundo Díaz Hernández. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Lorenzo Rodido Álvarez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Bernardo García Núñez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Martín Izquierdo Díaz. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Fermín del Nogal Herraez. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Cecilio Alonas Laguna. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Benjamín Pallos García. Herido. Evacuado a Cartagena.
Soldado D. Fabián Arcajo. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Adrián Muñoz. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Ricardo Viñas. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Emilio Escalado. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Alberto Carrasco Ruíz. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Pedro Leopoldo Sandoval. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Fausto Santa Tecla Expósito. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Gregorio Mongo. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Eusebio Muñoz. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. José Muñoz Rodríguez. Herido. Evacuado a Córdoba.
Soldado D. Dionisio González Martín, natural de Madrid. Herido el 27 de julio en un pie y al cual, se le tuvo que amputar un dedo. Hospital de La Alcazaba.

Hans Nicolás Hungerbühler

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2013 08 01, 8:01
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Mensaje sin leer Re: Fotos de la Guerra de Melilla 1909

Primer condecorado: Cabo Pedro José Calvo

Primer condecorado de la Campaña de 1909, con
una Cruz al Mérito Militar pensionada


La noticia que se tiene por la prensa de la época del primer militar
condecorado con una Cruz de plata al Mérito Militar roja pensionada, con 7,50
pesetas al mes y con carácter vitalicio, es de un cabo del batallón de Cazadores
de Estella núm. 14, la cual, fue concedida por salvar la vida de un compañero
herido y al cual, un moro iba a rematar de un golpe de gumia. El protagonista de
estos hechos, fue un cabo del citado batallón natural de Aragón ,pequeño de
cuerpo, casado y reservista, que se llamaba Pedro José Calvo Mazarre. El cabo
Calvo, una vez librado a su compañero del moro, recogió la gumia de este, el
fusil y cargando con su compañero herido, se presentó en el campamento español.

El batallón de Cazadores de Estella, estaba formado por reservistas o al menos,
parte de él estaba integrado por los mismos, había salido de Olot (Gerona), el
miércoles 15 de julio de 1909, con destino a Melilla.

La noticia, dada por el rotativo barcelonés “La Vanguardia”, del día 26 de
julio de 1909, decía textualmente:

“….(Telegramas). He sabido que en el combate del 23 del actual (la noticia
proviene de Madrid en fecha 26, por tanto, el dia 23, corresponde al mes de
julio), el cabo Pedro Calvo, del Regimiento de Estella, dio muerte por su mano a
un moro que remataba a un herido nuestro con su propia gumia, la cual arrebató al
moro y ha entregado en este Gobierno, así como el fusil de dicho moro. Recomiendo
a V.E.,distinguido comportamiento de este cabo…”

El día 5 de agosto de 1909, El periódico “La Época”, daba la noticia que en el
Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, por el distinguido comportamiento
observado del cabo del batallón de Cazadores de Estella núm. 14, D. Pedro/José
Calvo Mazarre, en la acción acaecida en los alrededores de Melilla el pasado 23
de julio, en la cual, desarmó y dio muerte en combate personal a un moro que
intentaba rematar a un soldado herido, por tal mérito, le era concedida la Cruz
al Mérito Militar con una pensión vitalicia de 7,50 pesetas al mes.

La imposición de la Cruz al Mérito Militar. Las palabras
del general D. José Marina Vega


Bajo el título de “Detalles de una ceremonia”, se explicaba a la opinión
pública en “La Vanguardia” como el general Marina, había condecorado al cabo D.
Pedro Clavo por su acto durante los combates del dia 23 de julio anterior al
arrebatar a un moro, la gumia con la que pretendía rematar a un soldado.

“…Se ha verificado con gran solemnidad en el campamento del Hipódromo el acto
de imponer al heroico cabo del batallón de Estella. Pedro Calvo Cruz, la placa
roja del Mérito Militar pensionada con 7,50 pesetas mensuales. Es la primera,
vitalicia, que se ha concedido en la actual campaña. Las insignias las ha
regalado el Ministerio de la Guerra.

A las seis de la tarde se presentó el general Marina con su Estado Mayor; las
fuerzas le rindieron honores. El general Marina dijo al cabo Pedro Calvo que
diese diez pasos al frente. Avanzó éste cuadrándose. El sargento leyó la órden
concediendo la recompensa que está escrita en pergamino personalmente por el
general Linares.

Terminada la lectura, el general Marina dijo: -“Me siento tan orgulloso de
poner esta cruz en el pecho de un soldado tan distinguido por su heroico
comportamiento, que libró de la muerte segura a varios compañeros heridos con
riesgo de su propia vida, que quiero ser yo mismo quien le prenda esta insignia y
espero que esta recompensa, con la que le premia la patria y la satisfacción con
la que todos presenciamos este acto, sirva de constante estímulo. Soldados ¡viva
el Rey! ¡Viva España!”-. Las tropas contestaron repitiendo los vivas con
frenético entusiasmo.

“¡Viva el general Marina!”- gritó el teniente coronel, jefe del batallón.
También este viva fue unánimente contestado.

El cabo Pedro Calvo avanzó hasta el caballo del general Marina, en actitud
humilde, visiblemente conmovido. El general en jefe, inclinándose hacia él, le
prendió la insignia en el pecho. Luego le estrechó la mano y le dijo:-“Me honro
mucho como soldado y como general vuestro, en estrechar esta mano”- Repitiéronse
los vivas.

El general Marina saludó militarmente, volvió grupas al caballo y se alejó a
galope seguido de su séquito, a los acordes de la marcha real…”-Ibáñez.

“La Correspondencia de España”, daba sobre el acto de condecoración del cabo
del batallón de Cazadores de Estella, la información siguiente, más o menos
parecida a la anterior y decía textualmente, bajo el título “De
madrugada”.-Imposición de una Cruz al cabo Calvo.-Alocución de Marina”. Además,
se informaba que dicha Cruz al Mérito Militar, era regalada al cabo Calvo por los
jefes y oficiales que prestaban sus servicios en el Ministerio de la Guerra y a
la cual, se acompañó de un pergamino, el cual fue leído en público al dicho cabo,
por el general Marina.

“…Melilla (miércoles noche). Solemne, sobre toda ponderación, ha sido el acto
que a las cinco y media de la tarde de hoy, se ha celebrado en el camapament del
Hipódromo. Le ha sido impuesta sobre el pecho la Cruz Roja del Mérito Militar,
pensionada y vitalicia, al cabo del batallón de Cazadores de Estella, Calvo,
héroe de la sangrienta jornada del 27 de julio. (Los hechos al parecer tuvieron
lugar en los combates del 23 ya que en el resto de noticias, aparece 23 en lugar
de 27).

A este acto hermosísimo, conmovedor en alto grado, ha concurrido el general en
jefe del Ejército de operaciones. Llegó al Hipódromo el general Marina a caballo,
seguido de su Estado Mayor.
Al llegar el jefe , las bandas tocaron la Marcha Real.

Formó la tropa; formó en el sitio más visible el batallón de Estella, con todos
sus jefes y oficiales.

El general Marina fue el encargado de prender sobre el uniforme del heroico
cabo Calvo la ya referida Cruz. Al hacerlo así el general Marina ha dirigido en
las tropas una sentida y patriótica arenga.

-Me honro mucho- ha dicho – al colocar sobre el noble pecho del cabo Calvo la
cruz que Su Majestad le concede en premio del acto heroico por él realizado. Ved,
soldados como se premia el comportamiento de los héroes. Espero que todos sean
merecedores de la distinción. La primera cruz concedida por méritos de la actual
campaña es ésta. El cabo del Batallón de Estella, en el combate del 27 de julio ,
rescató a un soldado gravemente herido del poder de varios moros a los que dio
muerte.-.

La alocución del general Marina ha causado en las tropas gran efecto. Estas han
dado pruebas del mayor entusiasmo.

Por delegación del general Marina, el teniente coronel del Batallón de Estella
ha colgado del uniforme del cabo Calvo la cruz roja del Mérito Militar.
El agraciado, en aquel instante, estaba emocionadísimo ; tanto que las lágrimas
pugnaban por salir de sus ojos.

Ha sido, en fin, un acto cuya grandeza es difícil de reflejar con la pluma. El
cabo Calvo ha sido objeto de calurosas felicitaciones. Es de advertir que el
general Marina, al dirigir a las tropas la arenga de que ya he hablado, estaba
profundamente conmovido. Al terminar la arenga resonaron potentes vivas a España,
al Rey y al Ejército…”.

No fué la Cruz de plata al Mérito Militar pensionada el único premio que
recibió el cabo Pedro José Calvo ya que en carta del Subsecretario del Ministerio
de la Guerra, se recibían 25 pesetas que mandaba desde Betanzos el Sr. D. Claudio
Oses, de las cuales, 10 pesetas eran para el cabo del batallón de Cazadores de
Estella como recompensa a su gesta.
Y por los mismos motivos, desde Betanzos, se recibían 25 pesetas, 10 de
las cuales iban destinadas al cabo D. Pedro Calvo. Eran remitidas en esta ocasión
por el Sr. Claudio Ares, también desde Betanzos.
El comandante Sr. Perinet, le dio 100 pesetas por los hechos.

El batallón de Cazadores de Estella núm. 14.

El batallón de Cazadores de Estella, estaba formado por reservistas o al menos,
parte de él estaba integrado por los mismos, había salido de Olot (Gerona), el
miércoles 15 de julio de 1909, con destino a Melilla. Llegó a Barcelona, el 17 de
julio de 1909, alojándose en el Cuartel de la Barceloneta.

La Correspondencia de España, daba la noticia que el batallón de
Estella, habiendo salido del Cuartel de la Barceloneta, después de haber recogido
el rancho, partía del puerto de Barcelona a las seis de la tarde del día 18 de
julio de 1909, siendo sus componentes mayormente catalanes, siendo acompañados
desde el cuartel hasta el muelle por gran número de personas, especialmente
mujeres, en un paseo triunfal. La policía tuvo que impedir que la multitud se
acercara al buque para poder embarcar las tropas sin problemas. La fuerza, fue
despedida por el capitán general y su Estado mayor, desde la toldilla del
transatlántico “Puerto Rico”, buque en el que el batallón de Cazadores de
Estella, realizaría la travesía desde Barcelona a Melilla.

Después de haber sido revistadas las tropas, señoras de la aristocracia
barcelonesa, repartieron entre los soldados, recogiéndolas el que las quiso,
medallas y escapularios. Algunos las rehusaban diciendo que sus madres ya les
habían dado medallas, otros la recogieron. Mientras embarcaban, sonaba la música
de la banda militar y a las 19:25 horas, el barco zarpó, haciendo sonar la sirena
entre resonadas aclamaciones, vivas y aplausos.

El cuadro de mandos del batallón de Cazadores de Estella núm. 14 que zarpó del
puerto de Barcelona, estaba compuesto:

- Teniente coronel D. Pedro Murcia.
- Comandante D. Gabriel Fernández.
- Ayudante D. Lorenzo Escudero.
- Abanderado, D. Antonio Requejado.
- Médico, Doctor D. Elíseo Rodríguez.
- Capitán D. José Montero.
- Capitán D. Juan Herrero.
- Capitán D. Serafín del Nido.
- Capitán D. Enrique Mas.
- Teniente D. Julián Aguinezábal.
- Teniente D. Guillermo Lino.
- Teniente D. Benigno Fister.
- Teniente D. Enrique Eymar.
- Teniente D. José de la Cerda.
- Teniente D. Luís de Malibrán.
- Teniente D. Francisco Álvarez de Toledo.
- Teniente D. Francisco Senra.
- Teniente D. Eulogio Domingo.
- Teniente D. Matías Arraco.

Desembarcados en Melilla el 20 de julio, empezaron rápidamente a prestar
servicio y a entrar en acción.

Nota: Al cabo D. Pedro José Calvo, cito los dos nombres ya que en algunas
noticias le he encontrado como Pedro, en otras como José e incluso en una tercera
como Diego. Puede que tuviera nombre compuesto de Pedro José Calvo. A la de
Diego, no la cito dado que nada más lo he encontrado una vez con este nombre. Lo
que si queda claro, es que tanto Pedro como José, aparecen como cabos del batallón
de Cazadores de Estella núm. 14 y ambos, son citados en la gesta del rescate del
herido de manos de un moro.

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El Jemis de Quebdana en 1909
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El blocao (del alemán blockhaus) es una pequeña fortificación de madera y sacos terreros, que se desarma y puede transportarse fácilmente para armarlo en donde mejor convenga.
Los blocaos fueron ampliamente utilizados por las tropas españolas en las campañas del Rif en Marruecos durante el primer tercio del siglo XX.
Defendidos por efectivos muy reducidos, los blocaos constituían posiciones avanzadas que protegían, en primera instancia, a los campamentos diseminados por el territorio, en los que se concentraban el grueso de las unidades y el material militar.
Este tipo de fortificación era sumamente vulnerable, ya que sus defensores permanecían aislados del resto de la tropa, comunicados con sus unidades únicamente mediante heliógrafos, con provisiones limitadas y, generalmente, con problemas para abastecerse de agua.

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En el Barranco del Lobo: Una bala para dos rifeños

27 de julio de 1909 : En el Barranco del Lobo

“Una bala para dos rifeños” , la hazaña del Cabo Castero en el Barranco del Lobo

Otro de los episodios del 27 de julio de 1909, en el Barranco del Lobo, fue la hazaña del cabo D. Hermenegildo Castero Cruz, de la tercera compañía del Batallón de Cazadores de Llerena. Su gesta, quedó recogida de la siguiente forma, en el rotativo “El Liberal”, del viernes 30 de julio de 1909 (textual):

“…Sucesivamente se van conociendo pormenores del sangriento combate de anteayer, en el que hallaron muerte gloriosa Pintos, Palacios, Ortega y buen número de oficiales y soldados. Los actos de arrojo individual se dieron por docenas.

El cabo de la tercera compañía del batallón de Llerena, Hermenegildo Castero Cruz, persiguiendo al enemigo, llegó al fondo de un barranco donde se encontró completamente solo. Tres moros parapetados en unas peñas hicieron fuego sobre Castero. Este se consideró perdido y arremetió contra los moros, luchando a brazo partido con los tres. El bravo Castero cayó en tierra con varias heridas, y cuando sus enemigos se disponían a rematarlo, dos soldados, que buscaban a su compañero, llegaron providencialmente, disparando sus fusiles contra los moros. Estos huyeron; pero Castero se incorporó , y apuntando con su máuser, mató de un solo tiro a dos rifeños.

Después fue trasladado a la plaza, ingresando en un hospital de sangre para curarse de las heridas. Estas, por fortuna, aunque varias, no son graves. Castero ha sido muy felicitado por su serenidad y bravura…”

De esta hazaña y, recogida por el corresponsal de “La Correspondencia de España”, señor Rodríguez de Celis, el 1º de agosto de 1909, se narra en dicho diario, una entrevista personal, con el Cabo que en este cita de apellido Cesteros en vez de Castero, que dice lo siguiente, sobre aquellos momentos vividos por el cazador de Llerena:

“…Tenía noticia de la heroicidad realizada por Hermenegildo Cesteros Cruz , cabo del batallón de Cazadores de Llerena. Hoy he sabido que estaba en la plaza y he ido a verle. Con toda ingenuidad me ha contado su hazaña el cabo Cesteros.

Ocurrió que él, con unos pocos soldados, dio en perseguir a un grupo de moros que les habían molestado bastante con disparos no interrumpidos en largo tiempo. Hábianse propuesto dar buena cuenta del grupo. Tal era el ímpetu con que el cabo Cesteros se lanzó en seguimiento del grupo enemigo, que acabó por distanciarse mucho de los soldados que le acompañaban desde el principio. De ello se dieron cuenta los moros que huían, y volvieron pasos atrás.

En un instante se vio Hermenegildo Cesteros rodeado de ocho moros, en disposición de vengar en él la apurada persecución de que hasta entonces habían sido objeto.

Convencido el cabo de Llerena de que su vida solo se salvaba jugándose el todo por el todo, aprestóse a la defensa, haciendo uso de todo género de armas y de todas sus fuerzas. Mató a dos moros; hirió a otros tres de tal suerte que ya no pudieron intentar agresión ninguna, y a los tres restantes les obligó a emprender la fuga precipitada, temerosos de correr suerte análoga.

Por su parte, Hermenegildo Cesteros se apresuró también a las posiciones antes de que los tres fugitivos tuvieran tiempo de avisar a otros para volver contra él.

¿Qué impresión- le he preguntado-experimentó usted en el tiempo que duró tan empeñada, tan terrible lucha?. –Si he de decirle la verdad, la verdadera impresión la sentí cuando todo terminó y pude darme cuenta de lo que había hecho. La escena fue tan rápida como violenta. Al verme rodeado de ocho moros, me acordé de España, de mi familia, de mí mismo; sentí la necesidad de la vida, y como esta estaba en manos de aquellos enemigos, hice un esfuerzo supremo, me defendí, les ataqué con rabia loca; con esa furia que solo se siente una vez en la vida, y todo acabó como ya usted sabe.

Conmovido por la ingenua relación del cabo de Llerena, he estrechado su mano, felicitándole entusiásticamente..”.

“Un caballo desertor”

Aquel día, 27 de julio de 1909, un caballo. Desertó y se pasó a los moros. Así lo contaba un soldado herido en las piernas, a un corresponsal del diario madrileño “ABC” (textual):

“…Páez Jaramillo. Un soldado de Cazadores de Madrid viene en una camilla con más ganas de hablar que un loro, y eso que dice que tiene más sed que el río de su pueblo en Agosto (luego me explicó esta frase diciendo que en su aldea,, de la provincia de Cáceres, no hay más que un arroyuelo que lleva agua en invierno si nieva en la sierra de Candelario). Tiene las dos piernas atravesadas por un balazo de Mauser.

-No debo tener roto ningún hueso, porque no me duele nada-. Mientras descansan los camilleros y beben agua, me cuenta que han entrado en fuego con la brigada Pintos una compañía de África y fuerzas de Melilla. –He visto caer caer heridos- me dice –al capitán González Nandín de África, y un oficial. Los más castigados hemos sido Madrid, Llerena y Las Navas. También he visto caer al coronel Páez Jaramillo. ¡Que hombre ese…!- agrega.

-¿Pero ha caído herido?- le pregunto- ¡Ca!. Subió a nuestras guerrillas, ¡que la verdad!, estábamos un poco desconcertados, porque esos demonios de moros tiran de todas partes y se arrastran como galápagos, sin que se les vea. Íbamos a replegarnos, pero él nos dijo: ¡adelante conmigo!. Reculó el caballo, y rodó con el coronel por el barranco abajo. Corrimos en su auxilio y le encontramos como muerto. Se había dado un golpe en la cabeza contra una piedra y había perdido el conocimiento.

Cuando abrió los ojos no se le ocurrió otra cosa que decir: ¡Venga mi caballo!. Pero ¡donde estaba el caballo…!. Había arrancado desbocado. ¡Se nos había pasado al moro!...”

“Me han hechao las tripas fuera, por lo demás no pasa nada”, 2º teniente D. Antonio Muñoz León

Un joven oficial del Batallón de Cazadores de Llerena, de apenas 19 años, D. Antonio Muñoz León, nacido en Sevilla el 31 de julio de 1890 y que había obtenido su despacho de 2º teniente el 13 de julio de 1908, el apenas un año y pocos días después, embarcó con su batallón rumbo a Melilla, el 25 de julio de 1909. Se estaba preparando, para ingresar en la Escuela Superior de Guerra.

Su primer y único destino, fue el Batallón de Cazadores de Llerena y junto a ellos, marchó al Barranco del Lobo el 27 de julio de 1909.. Apenas dos días llevaba en tierras africanas, cuando resultó gravemente herido en combate. Tomás García Figueras, en su libro “Héroes sevillanos en la Campaña del Rif”,cuenta la anécdota, una anécdota que recoge el carácter jocoso del joven oficial:

“…Cayó Muñoz León y su capitán se volvió a él diciéndole: ¿Qué pasa Muñoz?- Que me han echao las tripas fuera, por lo demás no pasa nada…”

Fue evacuado al hospital de Melilla, donde murió el 29 de julio de 1909 a consecuencia de las heridas recibidas, asombrando a todos los que le rodeaban por su entereza. El 18 de agosto de ese mismo año, fue ascendido a primer teniente por méritos de guerra a título póstumo.

“Ti fusila si no pileas contra España”

Un corresponsal de “La Correspondencia de España”, probalemente Rodríguez de Celis, narraba bajo el título “…Odisea de un prisionero…”, las desventuras de soldado capturado por los rifeños, a consecuencia de los combates del 27 de julio, lo siguiente:

“…Ha regresado del campo moro un soldado de la cuarta compañía de Figueras, natural de La Zarza (Cáceres), que cayó prisionero en el combate del 27. Cuenta que los rifeños le han tratado muy bien, alimentándole y dejándole ir de un lado para otro. Primero le amenazaron con fusilarle; pero luego le dijeron que le perdonarían la vida si luchaba contra España. Négose a ello, y anoche aprovechando un descuido de los moros, se puso una chilaba y deslizóse al amparo de las sombras, procurando no ser visto. Al amanecer, encontróse cerca de nuestras avanzadas. Temiendo que le hicieran fuego, arrojó la chilaba y ganó a la carrera nuestras líneas. Dice que los moros parecen escasos de víveres, y se alimentan casi exclusivamente de manteca, miel y uvas. Ha sido incorporado a su batallón…”

“Un vaso de jerez, que pudo costarle la vida”; el cabo Vicens

“…No se como he podido resultar ileso de aquella lucha pues en mi banderín se ven 11 agujeros de los disparos que me hicieron los moros. Otra bala me inutilizó el fusil y otra me partió por la mitad el machete. Solo tengo unas ligeras erosiones en las piernas que me produjeron las piedras que saltaban al caer las balas enemigas al suelo.
Estoy bien de salud, esperando el momento que volvamos a combatir contra esos salvajes…”

(Extracto de la carta que dirigía el cabo del batallón de Cazadores de las Navas, D. Emilio Vicens a su padre, un empleado de una Dirección de Ferrocarriles domiciliado en Madrid, tras el combate del 27 de julio de 1909.

Los hechos

El día 3 de agosto de 1909, el rotativo “El Liberal”, daba a conocer la gesta del cabo banderín del Batallón de Cazadores de Las Navas, D. Emilio Vicens Cereceda a sus lectores de la forma siguiente:

“…Algunos oficiales que, por encontrarse heridos han regresado a España, corroboran las notícias dadas por varios corresponsales respecto a la conducta heroica del cabo Emilio Vicens en el combate del día 27 del pasado julio.

El muchacho con una serenidad y un aplomo inconcebibles a su edad atacó briosamente al enemigo, llegando en su arrojo hasta adelantarse a todo el batallón y luchar cuerpo a cuerpo con varios moros, que intentaban acercarse todo lo posible al desgraciado teniente coronel señor Palacios, para afinar bien la puntería contra este.
Vicens, el solo, sin reparar en el enorme peligro que corría, rechazó primero a tiros, y después con la bayoneta a los osados rifeños. Fue aquel un momento que produjo extraordinario efecto en las tropas.
Los enemigos cercaban al cabo; pero él contra todos se defendía con pasmosos bríos y tranquilidad que causaba asombro.
El teniente coronel, comprendiendo que aquella temeraria lucha, que fue rapidísima, no podía terminar sino con la muerte del heroico Vicens, gritó a este imperiosamente: -¡Cabo Vicens, a su puesto en seguida!- . Vicens al oir la voz de su jefe, retrocedió, y la admiración de todos fue al ver que el muchacho no tenía ni un leve rasguño.
El teniente coronel se hizo servir un vaso de Jerez, y alargandoselo al cabo le dijo: -Toma muchacho bebe que estás bañado en sudor y bien te has ganado un trago. Eres un héroe-.
Al alargar el Sr. Palacios el vaso a Vicens, una bala enemiga dio al jefe en la frente y lo mató. El Sr. Ortega cayó pesadamente sobre el cabo, cuya cara y pecho se mancharon con la sangre del teniente coronel.
La distinguida familia del cabo Vicens, que reside en Madrid, recibió ayer carta del valiente soldado, quien refiere, sin darle la menor importancia, algo, solo algo de lo que ocurrió en la jornada memorable del
En la família de Vicens hay otro militar muy distinguido; su tío Julio Vicens, hermano de su padre, comandante de Artillería que en la actualidad desempeña el cargo de agregado militar en nuestra embajada en Londres.
Emilio Vicens se cree que será propuesto para una recompensa extraordinaria…”
La recompensa obtenida, fue el ascenso a sargento del D. Emilio Vicens Cereceda.

Nota: Se ha rectificado en este artículo, el apellido del teniente coronel que figuraba como Ortega, cuando debería de corresponder al de Palacios.

1910. En una pintura
La Ejecutoria de un batallón.


Los homenajes que se sucedieron para el cabo D. Emilio Vicens por su gesta, no cesaron rápidamente ya que en 1910, el Rey de Armas, D. Luís Rubio Ganga, le recuerda en la elaboración de la ejecutoria al Batallón de Cazadores de Las Navas, con motivo de la distinción de la que era objeto, el batallón. La noticia aparecida en prensa, decía textualmente, lo siguiente:
“…El batallón de Las Navas, uno de los más gloriosos y de más lucido historial de nuestro Ejército, ha sido objeto de una distinción merecidísima de mucha importancia para el cuerpo. D. Luís Rubio Ganga, rey de armas, cultísimo, verdadera notabilidad en heráldica y gran entusiasta de las glorias patrias ha querido rendir un tributo de admiración a dicho batallón, dedicándole desinteresadamente su ejecutoria.
La obra del Sr. Rubio es, como todas las suyas una hermosa obra de arte. Las ocho fechas de los hechos más memorables del batallón figuran a la cabeza del documento, y dentro dichas fechas está el retrato del heroico teniente coronel Palacios que perdió la vida en Melilla en el combate del día 27 de Julio.
A la derecha se ve avanzar al batallón y en primer término se encuentra el retrato del famoso cabo Emilio Vicens que, sosteniendo en alto el banderín, parece animar con su arrojo y decisión a los soldados para que combatan con firmeza al enemigo.
La pintura, fiel traslado de la realidad y de los actos de extraordinario valor realizados por el cabo Vicens, que le valeiron la felicitación entusiasta del teniente coronel Palacios, minutos antes de caer este muerto es afortunadísima.
El historial completo del batallón, haciendo resaltar sus hazañas más sobresalientes, ocupa el resto del documento, que es, como decimos, una excelente obra artística del Sr. Rubio.
La ejecutoria de los hechos memorables de cada cuerpo, es documento del que no debiera prescindir ninguno de ellos, puesto que, colocado en el cuarto de banderas sirve para divulgar y enaltecer entre los soldados las glorias del batallón en que sirevn, constituyendo valiosa enseñanza para las futuras generaciones…”
Una casualidad :El reservista Benito Pérez, de ABC
El corresponsal de “ABC”, explicaba en una de sus noticias del citado rotativo correspondiente al 30 de julio de 1909, el encontrar herido, a un compañero del diario de Madrid. La noticia, decía (textualmente):
“…En el cuartel del Batallón de disciplinarios se han habilitado dos locales. En la puerta del hospital me llama un herido que es llevado en una camilla. -¿No me conoce usted?- me dice-, soy Benito Pérez, el atendedor de la corrección de pruebas de ABC. Le reconozco en verdad: es el buen Benito, el reservista de Arapiles que, cumpliendo su deber, vino a filas dejando desconsolada a su mujer en su casita de la Gundalera. Está herido en una pierna. Va a ser trasladado a Málaga con otros compañeros a bordo del “Menorquin”, que sale dentro de media hora…”

¡Otra que Dios, paisano; gracias a la Virgen que viene un periodista por aquí!

La cantidad de heridos y muertos por parte de los españoles en los combates del 27 de julio, que un corresponsal del diario “El Siglo Futuro”, lo plasmaba, en el testimonio de un cabo aragonés, del batallón de Cazadores de Los Arapiles, que cuando fue herido, cedió su camilla a otro soldado que iba peor que él, y a pie, se dirigió al hospital. Dicho testimonio, fue recogido de la forma siguiente:

“…En una cama de las instaladas en el hospital, un capitán delira y llama a su tercera compañía para que entre en fuego. Más allá está un pobre soldado que tiene un tiro en la frente y la boca llena de sangre; a su lado hay un cabo de Arapiles que es baturro, y al verme lanza aquello de ¡Otra que Dios, paisano; gracias a la Virgen que viene un periodista por aquí!.

-Mire yo tengo un balazo en el costado izquierdo y he venido andando, porque mi camilla se la cedí a un pobre que iba peor que yo. La Pilarica me ha salvado de esta, y en cuanto salga al campo, invocando su nombre, he de subir al Gurugú para allí poner el banderín de mi compañía…”

Capellán de Cazadores de Arapiles: D. Miguel Lafuente, “Los sucesos se atropellaron de tal forma, que no tuve tiempo ni de asustarme”
El capellán del Batallón de Cazadores de Los Arapiles, fue otro de les héroes de la jornada del 27, ya que al ver caer muerto a un capitán, y hallándose el resto de la oficialidad, muertos o heridos, se puso al frente de la compañía, tomando el mando y, organizando un ordenado repliegue. De estos hechos, se recogía en prensa lo siguiente (textual):

“…Melilla 30.- En uno de los últimos combates el capellán de un regimiento se puso al frente de una compañía, cuyos oficiales estaban todos muertos o heridos.
La conducta del clero castrense ha sido como siempre digna de todo elogio, multiplicándose bajo las balas para llevar los socorros espirituales a los moribundos, a los que en algún caso defendieron a machetazos, llevándolos a sitio seguro…” .

“…El capellán del que ayer hablábamos refiriendo que tomó el mando de una compañía en el momento del peligro fue el de Arapiles, quien al ver caer a un capitán, tomó el mando de su compañía, reorganizando sus secciones y ordenando una retirada perfectísima, que fue muy elogiada…”

“…Está confirmado el heroico rasgo del capellán de Cazadores de Arapiles, al cual vieron varios oficiales, que cuando cayó el capitán, tomó el mando de las secciones y, organizada la compañía, ordenó la retirada que se hizo ordenadamente…”
“…Cuatro sargentos, seis cabos y más de caurenta soldados han sido premiados con diferentes recompensas por su conducta heroica. El capellán del batallón de Arapiles, que en los más terribles momentos del combate del día 27 no solo administraba los auxilios de la religión a los moribundos, sino que se puso al frente de los soldados que habían perdido a su jefe en la pelea, será objeto de una distinción especial, con arreglo a las disposiciones vigentes en el clero castrense…”

“…El Clero Castrense. El heroico sacerdote capellán de Arapiles y no de Las Navas como por error han dicho algunos periódicos, que en la acción del día 27 tomó el mando de una compañía que se quedó sin oficiales y la dirigió con admirable maestría durante la difícil retirada se llama don Miguel Lafuente. Sobre él están lloviendo de todas partes, calurosas felicitaciones. Además ha sido propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, previo juicio contradictorio…”

El Cabo Pedro Blanco

Otro de los tantísimos héroes que hubo en aquella jornada del 27 de julio, fue el cabo D. Pedro Blanco. El comandante Perinat, le obsequió con 100 pesetas por su gesta. Su hazaña, quedó recogida así en “ABC”:
“…El cabo Pedro Blanco. Como anunciaba en mi despacho de esta mañana, hoy he entregado solemnemente, en presencia de la oficialidad de su compañía del batallón de Estella, al cabo Pedro Blanco las cien pesetas que, por conducto de la redacción de ABC, le ha enviado el comandante Sr. Perinat.

El muchacho, agradecidísimo, me ruega que por el mismo conducto se haga presente su reconocimiento al generoso donante. Esta misma tarde ha girado íntegros los 20 duros a su esposa, que reside en un pueblo de Aragón.

Pedro Blanco es reservista, pequeño de cuerpo, enjuto de carnes, cetrino de rostro, campechano y francote como buen aragonés.

Con un estilo muy pintoresco y con gran naturalidad, como si el hecho no tuviera importancia, me relató a grandes rasgos el bello episodio de que fue protagonista. Poco antes de que se diera al batallón de Estella la orden de replegarse hacia el Hipódromo, vio una columna de humo entre unas piedras.
Blanco que iba en el grupo de los camilleros de la ambulancia de Sanidad, separóse de ellos y dirigiose hacia el lugar de donde salía el humo, encontrando el cadáver de un soldado que los moros acaban de quemar. Suponiendo lógicamente que pudiera haber más heridos, decidió reconocer personalmente todos los lugares inmediatos. En efecto, apenas había dado unos cantos pasos, sorprendió a un moro que estaba rematando a un soldado.

El cabo se arrojó sobre él, le arrebató la gumía y se la hundió en la garganta. Después llamó a unos compañeros para que le ayudasen a transportar al herido al campamento, recogió la gumía y el Remington del moro muerto y se los entregó a su teniente coronel, que a su vez los remitió al general Marina…”
Al cabo D. Pedro Blanco, se le ofreció por esta gesta, el ascenso a sargento o, una cruz roja al Mérito Militar pensionada con carácter vitalicio. Optó por la cruz al Mérito Militar.

Hans Nicolás y Hungerbühler

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Mensaje sin leer Muerte del tte. coronel D. Federico J. Ceballos
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Sidi-Ahmet-el-Hach, muerte en combate del teniente coronel de Infantería, D. Federico Julio Ceballos.

El teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos.

De fisonomía apacible y sonriente, nació el 27 de septiembre de 1851 e ingresó
con 19-20 años en el Ejército en 1871. Ocupaba el número 362 de su clase en el
momento de su muerte. Desde la propuesta del mes de abril de 1909, mandaba el
Regimiento de Infantería de Melilla y anteriormente, había sido Juez Instructor
de Melilla. En el momento de su finamiento, su hijo mayor servía como cabo de
Infantería en el Regimiento de dicha Arma de Melilla.

Tras recibir la herida que le causó la muerte, aún tardó algunas horas en
traspasar. Su muerte fue descrita en el periódico madrileño “El Imparcial” de
fecha 20 de julio de 1909, de la forma que se cita a continuación:

“…Aunque tardó algunas horas en morir desde que fue herido, el dolor no había
dejado huella en el rostro. Naturaleza de mártir y de héroe la del teniente
coronel Ceballos había cumplido bien siempre sus deberes. Uno de ellos era morir
por la Patria, y moría sonriendo…”

Como nota curiosa, el Sr. Canalejas, recibió un saludo del teniente coronel
Ceballos, una vez este último hubo entregado su vida por España, dicho deseo de
saludo, quedó recogido así en prensa por el corresponsal que se entrevistaba con
Ceballos una hora antes de su muerte:

“…Una hora antes de morir, el teniente coronel Sr. Ceballos vióme en el
campamento y suponiéndome un periodista madrileño me preguntó: -¿Conoce usted a
D. José Canalejas?- Le contesté afirmativamente y entonces me encargó que le
escribiera expresándole su cariñoso recuerdo…”

Su cadáver, fue llevado al Hipódromo junto al del capitán Guiloche y allí se
les rindieron los Honores de Ordenanza en ceremonia breve pero inolvidable.

Los combates.

Los asaltos a las posiciones españolas en Melilla, fueron conocidas por los
periódicos catalanes a través de telegramas enviados como el siguiente, publicado
en el rotativo barcelonés “La Vanguardia” de fecha 20 de julio de 1909, en él,
ya se daba la noticia de la muerte en combate del teniente coronel de Infantería,
D. Federico Julio Ceballos y lo hacía así:

“…Telegramas oficiales. Madrid 19, 23:40. En el Ministerio de la Guerra se han
facilitado los siguientes telegramas:
.-Gobernador de Melilla a Ministro de la Guerra. 18, 10:20 de la noche. Esta
tarde rompió el fuego el enemigo sobre nuestras posiciones ocupadas
valerosamente. La guarnición de la plaza salió a reforzar a las tropas del
general Marina y posiciones inmediatas.

El comandante militar de Alhucemas me comunica que varios moros agitadores de
aquellas cábilas han conseguido que vengan unos 5.000 hombres a engrosar el
harka, ofreciendo más si preciso fuera. En las plazas menores y campamento de La
Restinga sin novedad.

Telegrama del segundo jefe (general Del Real). El 19 a las cinco de la mañana.
Sigue el fuego iniciado ayer. En este momento las bajas que conozco son el
teniente coronel señor Ceballos de infantería, comandante de artillería señor
Royo, capitán de igual arma señor Guiloche y varios oficiales y tropa heridos.

Se han reforzado las posiciones durante el combate con batería y media, seis
piezas de montaña y dos de campaña y además el Regimiento de Sevilla.
Al amanecer marcharon nuevos refuerzos convoyando víveres y municiones.

Telegrama del general segundo jefe de Melilla, puesto el 19 a la una de la
tarde. Esta madrugada marchó el general Imaz, jefe de la brigada expedicionaria a
las posiciones ocupadas por el general Marina para conferenciar. El batallón de
Alba de Tormes irá con el convoy de raciones y municiones apoyado por fuerza de
la Plaza que pasa todas las noches en sus posiciones en previsión de lo que pueda
ocurrir.

Ampliando noticias acerca del número de bajas he de comunicar a V.E. que éstas
son además de los expresados, ocho de tropa muertos, y un capitán y dos tenientes
de infantería, más veinticinco soldados heridos…”

Otra noticia sobre la rudeza del asalto a las posiciones españolas el día que
murió el teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos, queda
recogido en un artículo publicado en “La Vanguardia” del martes 20 de julio de
1909, en el que queda recogida la noticia de la muerte de dicho teniente coronel
junto al comandante de Artillería señor Royo y del capitán de la misma, señor
Guiloche, conociendo además, el nombre de un oficial que resultó herido y
adjuntaré al listado posterior y que cita textualmente lo siguiente:

“…De Africa: Doce horas de combate. Melilla 19. 12:30 tarde. Ayer a las ocho y
minutos de la noche, poco después de haber cesado el cañoneo habido durante la
tarde, los marroquíes, que se mantenían alejados de nuestras posiciones por los
disparos de artillería, intentaron en un ataque decisivo envolver nuestro
campamento, combatiéndolo por tres sitios al mismo tiempo y dejando únicamente
libre el lado correspondiente a la plaza.
Hacía el Atalayón se había reunido una gran masa de moros, en número de unos
cuatro mil, con fuertes núcleos de caballería.

El ataque fue rudísimo acercándose los moros con gran denuedo a pesar de las
bajas que les causaba el certero fuego de nuestros soldados. Estos resistieron
heroicamente, demostrando admirable serenidad y sangre fría, al obedecer con gran
disciplina las voces de mando.

Los moros a pesar del fuego horroroso que sobre ellos hacían los defensores del
campamento, aprovecharon la indecisa claridad del crepúsculo para correr sin
descanso hacia nuestros soldados, pasando por encima de los muertos que les
causaban las descargas.
Unos grupos numerosísimos avanzaron tanto, que fue preciso disparar botes de
metralla a cincuenta metros de distancia.
Sobre un campo muy próximo a la alambrada quedaron doce moros muertos.

En ese momento murieron, cayendo sobre los cañones, el comandante de
artillería, don Luís (José) Royo y el capitán del mismo cuerpo señor Guiloche.
Ambos jefes hallaron heroicamente la muerte, mientras dirigían el fuego con gran
acierto, animando a los soldados con voces de cariño y energía.

En las guerrillas de la posición avanzada murió el teniente coronel de
Infantería del Regimiento de Melilla, Don Federico Julio Cevallos.

Además tenemos 10 muertos más, entre tropa y moros amigos. Está herido el
capitán de cazadores de Barcelona, don Manuel Mena que tiene un balazo en el
brazo, no grave.

Las tropas se han batido con imponderable heroísmo luchando durante doce horas
contra fuerzas infinitamente superiores.

La Infantería disparó en silencio sin dar ninguna clase de voces durante todo
el combate, obedeciendo las voces de mando y demostrando gran disciplina en el
fuego.

Esta madrugada se ha verificado la descubierta sin novedad. Los moros
permanecen en las posiciones lejanas. Se espera la llegada con el convoy de los
muertos y heridos. Han sido enviados al campamento furgones de sanidad, camillas
y artolas. Los heridos son veintidós.- Lovera.

El rotativo madrileño, “La Correspondencia” de fecha 20 de julio de 1.909,
describía los combates del día 18, de la forma siguiente, dando también la
noticia del fallecimiento del teniente coronel de Infantería D. Federico Julio
Ceballos y del comandante D. José Royo de Diego y del capitán Guiloche, ambos
pertenecientes al Arma de Artillería. Dicha noticia rezaba así (textualmente):

“…Una sangrienta jornada. Quince muertos y veintidós heridos. Los primeros
tiros.-Táctica rifeña.-Salvajes ataques.-Los moros llegan casi a tocar nuestros
cañones.-Carga suprema.-Los moros retroceden.-Asalto del Atalayón.-Los cazadores
de a caballo se baten a pie.-Una bala certera.-El fuego dura toda la noche.-Las
bajas españolas.

Melilla. (Lunes tarde). Todos los detalles y referencias acusan que el ataque de
los moros fue verdaderamente formidable. A la carrera llegaron hasta el sitio que
ocupaban nuestras tropas. Les hacía fuego constantemente; pero era tal la
avalancha de moros, que éstos en compactos grupos seguían avanzando. Los moros
disparaban y continuaban avanzando, empleando su táctica especial. Algunos
llegaron hasta la boca de los cañones, tratando de apoderarse de ellos. Los
artilleros los defendían valerosamente, haciendo fuego continuo. Los momentos
eran de verdadera angustia y de peligro para nuestras tropas.

El general Marina, acompañado de sus ayudantes el comandante Morales y el
capitán Morris, dictaba órdenes, sereno y tranquilo.

En torno a la posición llovían los proyectiles, y la tenacidad de los moros no
cesaba. Una compañía del Regimiento de África, a las órdenes del capitán Sr.
López Ochoa y de los tenientes Reyes, Moullar e Imperial, salieron decididos a
contener el ataque del enemigo e impedir que este se apoderara de los cañones.
Con la bayoneta calada se lanzaron al campo al grito de ¡Viva España! Logrando
rechazar el ataque y poniendo en fuga a los moros.
Las tropas que efectuaron esa salida volvieron de nuevo al recinto alambrado,
ocupando cada cual su puesto.
Es difícil precisar el comportamiento individual, porque todos han dado pruebas
admirables de heroísmo, según los testigos presenciales.
Mientras tanto, el combate se generalizó, pues los moros aumentaban en número
pudiendo decirse que salían de todas partes.

El general Marina estuvo constantemente en todos los puntos, mandando a las
tropas y dictando las disposiciones propias del caso. El general Marina logró
salvar el material y rechazar briosamente el ataque de los moros, que retrocedían
sin dejar de disparar. Simultáneamente, centenares de moros que coronaban las
estribaciones del Gurugú, sobre las cañadas de Sidi Musa, se reunieron en una
imponente masa y avanzaron fieramente lanzándose sobre el Atalayón.
Estaba este defendido por un destacamento que mandaba el teniente Gil. En este
punto el combate fue vivísimo. La columna mora componíase de hombre de
infantería, armados de fusiles con bayoneta. En el Atalayón, como en los demás
puntos, el fuego duró toda la noche. Al amanecer, los últimos tiradores moros se
replegaron, quedando todo en silencio.

Han menudeado los actos heroicos, pues en algunos momentos los combatientes se
aproximaban de tal modo, que las descargas de nuestros soldados causaban bajas
horribles en el enemigo.

El teniente Sr. Ibarreta se encontraba con un escuadrón de cazadores de a
caballo en una posición muy avanzada, que atacaron haciendo fuego nutridísimo,
numerosos grupos rifeños. Mandó el teniente Ibarreta echar pie a tierra a su
gente, y durante todo el día batierónse denodadamente sus soldados, haciendo
certero fuego con sus carabinas.
La conducta de este puñado de valientes ha sido admirable, y en todas partes se
habla de ellos con entusiastas elogios.

En otra posición más avanzada el capitán Maquieira y el comandante D. Carlos
Cos-Gayón luchaban, al frente de sus soldados del Regimiento de España, apoyados
por una compañía de la brigada disciplinaria, que manda el teniente coronel
Aizpuru, y a las órdenes directas del capitán Nieto.

La Caballería mora se ha batido, desarrollando una táctica muy hábil. Avanzaba
en grupos de a tres, haciendo fuego y cubriendo un extenso campo. De este modo
procuraba esquivar los proyectiles de nuestra Artillería. Lograban con esta
táctica acercarse sin dejar de disparar y luego concentrabánse de pronto en
columnas numerosas para lanzarse imprevistamente sobre nuestras tropas a galope
tendido. En algunas ocasiones se acercaban tanto que se les oía cantar y lanzar
gritos salvajes.

Uno de los momentos más empeñados de la lucha fue aquel en que los rifeños
concetraban todos su esfuerzos en intentar, vanamente, apoderarse de algunos de
nuestros cañones.
Con un fanatismo ciego, despreciando la lluvia de balas que sobre ellos caía,
se lanzaban los moros siempre sin cesaren sus disparos, y a pocos metros de
distancia eran barridos por el fuego de nuestras piezas.
A unos diez metros de distancia de una de nuestras baterías han sido recogidos
diez y ocho moros muertos.

El general Marina ha estado admirable de serenidad. En lo más reñido del
combate sintió sed el general, y pidió que le dieran un vaso de agua. El capitán
Zegri, ayudante del general Marina se acercó a éste y le ofreció un vaso de
latón, donde había agua mezclada con ron. En el mismo momento en que el general
Marina iba a coger el vaso, una bala arrebató éste de manos del capitán Zegri,
que dio muestra también de gran serenidad.
Sin duda un grupo de moros se había fijado en el blanco que ofrecía el general
Marina y su Estado Mayor. Viendo esto el general, dijo a los oficiales que le
rodeaban: “Váyanse ustedes a sus respectivos puestos, que aquí hay mucho peligro,
y no es cosa de exponerse inútilmente”. Los oficiales, sin embargo pidieron
permiso para permanecer a su lado.

Se calcula que el número de combatientes ascendía a unos 2.800 infantes y 1.000
jinetes según afirmación de los más expertos en esta clase de cálculos.

De conformidad con los informes facilitados oficialmente, nuestras bajas en el
combate de ayer, se elevaron a 15 muertos y 22 heridos.
Algunos de los heridos están de gravedad. Entre los muertos se encuentran el
teniente coronel del regimiento de Melilla, sr. Ceballos, el comandante de
Artillería Sr. Arroyo (Royo), y el capitán de la misma Arma Sr. Guiloche.

Aunque los moros no llegaban a 4.000, según las evaluaciones a que me refiero
más arriba, como peleaban en orden abierto y generalmente en pequeños grupos,
parecía que el número era muchísimo mayor.

Se han batido con gran habilidad, y la presencia de algunos santones, que les
alentaban con sus gritos, parecía redoblar su fanatismo..
Ha causado sorpresa la forma de iniciar el combate, pues se creyó en los
primeros momentos que se trataba de una simple escaramuza. No llegaban a 80 los
moros que se presentaron frente a Nador para hostilizar a las tropas. Comenzaron
estos moros a pasar frente a nuestros soldados a galope tendido, disparando sus
fusiles. Mientras la atención de nuestros soldados se fijaba en este sitio,
numerosos grupos de moros se corrían para atacarnos en grandes masas por nuestros
flancos, empeñándose entonces el verdadero combate.

Nuestra artillería hizo disparos muy certeros en los momentos en que los
pequeños grupos de caballería mora concentrábanse para realizar ataques a fondo.
Algunas granadas caían en medio de dichos grupos, estallando en ellos y haciendo
infinidad de víctimas. Cuando esto sucedía, los moros dispersabánse, lanzando
gritos salvajes. El campo estaba sembrado de cadáveres moros. Algunos caballos
sin jinete seguían a los grupos de rifeños cuando estos cargaban y ensordecían el
aire con sus relinchos.

Durante la noche el combate ha sido a larga distancia. Los tiradores moros,
aprovechando los accidentes del terreno, disparaban sobre nuestras filas,
procurando no ser vistos.
En el Gurugú fueron encendidas hogueras, convocando a las tribus, sin duda para
proseguir la lucha.

Respecto de nuestros soldados, todos los elogios la valor que han demostrado en
este combate serían pequeños ante la realidad.

La táctica de los moros fue traidora, según su costumbre, y ha sido gran mérito
descubrirla desde el primer momento y apercibirse a la defensa contra posibles
sorpresas. El valor sereno de nuestros soldados se impuso al fanatismo salvaje de
los enemigos, cada vez que estos se lanzaban a aproximarse.

Nuestra artillería, como queda dicho, hizo disparos muy certeros, y demostró
gran habilidad. Una vez más se ha demostrado el heroísmo y bizarría de los
soldados españoles, que han defendido gloriosamente los intereses de la
Patria..”.

Otros hechos durante el combate, fueron la entrada de las fuerzas moras en el
campamento, habiendo salido fuerzas a reprimirlos, no obstante, se perdió
material y mulos. Tal hecho, queda recogido en la siguiente noticia, publicada en
el periódico madrileño “La Correspondencia” (textual):

“…Los moros invaden el campamento..-Fuerzas que salen a contenerlos.-Material
de campaña y ganado apresados-.

Melilla. (Lunes tarde). He aquí los detalles de la operación librada por las
columnas del general Marina con el –harka- enemiga. Los moros se habían
aproximado durante la noche. A eso de las once de la mañana, mientras un pequeño
grupo escaramuceaba por Nador, una considerable masa de moros atacó el flanco
derecho de la columna del general Marina.
Avanzó el comandante Cos Gayón con una compañía del Regimiento de África, al
mando del capitán Vázquez Maquieira.

El general Marina dispuso que avanzara a su vez la Artillería, protegida por la
brigada disciplinaria, mandada por el teniente coronel Aizpuru y por el capitán
Nieto. También avanzó una compañía del Regimiento de Melilla con otras fuerzas,
al mando del teniente coronel del Regimiento de Melilla ,D. Julio Ceballos.

Simualtáneamente los moros aparecieron en las alturas del Gurugú, al mismo
tiempo que mil jinetes cargaban con furia contra nuestras posiciones en el
Atalayón. Según fuentes fidedignas, el jefe del harka enemiga era El Chaldy.

De la plaza salieron para reforzar el Cuartel general un batallón de Mérida y
dos compañías del Regimiento de Melilla, al mando de D. Teodoro Cuevas y D.
Ildefonso Infante con los tenientes Caro, Abao y Rubio, de la primera compañía, y
Deleito, Aizpuru y Reyes, de la segunda.
Unierónse dichas fuerzas en la caseta con la segunda compañía de Melilla,
mandada por el capitán Otegui y los tenientes Quintana y Suárez Labrao.
Todas estas fuerzas defendieron el barranco de Lidi (Sidi Musa ), por donde se
corrían los moros. El combate duró todo el día.

A las ocho y media de la noche, cuando se organizaba el servicio para la
defensa del campamento, varios grupos de moros llegaron sigilosamente al
campamento, le acometieron, cortaron con herramientas las alambradas, entraron, y
en medio de una gran confusión se llevaron 2 tiendas, 17 mulas y el caballo del
teniente de Administración Sr. Bremón.

Rechazado este nuevo ataque, continuó el fuego, no cesando hasta el amanecer…”

“Me han matado” .Muerte del teniente coronel de Infantería, D. Federico Julio
Ceballos

Según queda recogido en prensa, el teniente coronel Ceballos, que mandaba uno
de los batallones del regimiento de Infantería de Melilla, murió heroicamente
dando un alto ejemplo de valor militar y patriótica abnegación. Cayó mortalmente
herido, diciendo –“Me han matado”. En seguida, abrió los brazos y se desplomó
muerto. Varios soldados cogieron el cadáver del teniente coronel y se lo llevaron
inmediatamente, porque en aquel instante los moros estaban tan cerca que existía
peligro que se apoderasen de él.

En prensa, la llegada a Melilla del cuerpo del teniente coronel Ceballos, quedó
recogida (textualmete):

“…La llegada de los cadáveres..-El entierro.-Tristes escenas-. “…A las cinco de
la tarde se reunieron en la puerta de Santa Bárbara una compañía del Regimiento
de África y otra del de Melilla a pie con la música, a tributar los honores de
ordenanza a los cadáveres de los jefes y oficiales que sucumbieron en el
campamento.

Llegó al Hipódromo preguntando por el teniente coronel Ceballos su hijo mayor
que es cabo del regimiento que mandaba el heroico militar. Se le había dicho que
estaba herido, procurando ocultarle la verdad del suceso. Iba a llegar el convoy
que traía el cadáver del teniente coronel Ceballos y con mil piadosos engaños se
logró apartar al joven que, trémulo y convulso, adivinando su desgracia, lloraba
en silencio.

En un principio se dijo que el cabo Ceballos estaba junto a su padre cuando
este fue herido de muerte. Luego se ha rectificado la versión.

A las doce de la mañana apareció el convoy fúnebre. Venía por la línea férrea
minera y una locomotora conducía varias vagonetas y los carruajes de la
ambulancia sanitaria. En las vagonetas venían las camillas cubiertas con mantas y
dentro de ellas los cadáveres de jefes, oficiales y soldados. Los espectadores
llenos de emoción, se aproximaron a las vagonetas y levantando las cubiertas de
las camillas vieron los cadáveres.

Allí estaba el del teniente coronel Ceballos, con su fisonomía apacible y
sonriente. Aunque tardó algunas horas en morir desde que fue herido, el dolor no
había dejado huella en el rostro. Naturaleza de mártir y de héroe la del teniente
coronel Ceballos, había cumplido siempre con sus deberes. Uno de ellos era morir
por la patria, y moría sonriendo.

El capitán de Artillería Guiloche yacía también en la segunda de las camillas,
murió luchando con el enemigo a pocos pasos cerca de la batería. Su rostro
contraído por la trágica emoción de la lucha, parecía recordar el espantoso
trance.

El cadáver del comandante Royo no venía en esta conducción.

Fueron llevados al Hipódromo los cadáveres de Ceballos y de Guiloche y allí se
les rindieron los honores de ordenanza. La ceremonia fue breve pero inolvidable…”

Según publicaba el diario “La Época” de Madrid, en fecha lunes 9 de agosto de
1909, se solicitaba según noticia aparecida en “El Telegrama del Rif” en el cual
se publicaba la orden de apertura de juicio contradictorio para la concesión de
la Cruz Laureada de San Fernando a varios jefes y oficiales, entre los cuales,
figuraba el teniente coronel de infantería D. Federico Julio Ceballos, por el
mérito contraído el día 18 de julio pasado, en el combate sostenido con los
moros, en la posición española de Sidi-Ahmed-El-Hach, infundiendo en la tropa
que mandaba la serenidad necesaria para rechazar al enemigo, que llegó cerca de
las bayonetas, muriendo el teniente coronel Ceballos en el campo de batalla.


Las unidades militares que combatieron ese 18 de julio de 1.909, fueron:

Cuarta compañía del tercer batallón del Regimiento de África núm, 68
Primera compañía del segundo batallón del Regimiento de Melilla núm.59.
Primera compañía del tercer batallón del Regimiento de Melilla núm. 59.
(Ocupaba posiciones avanzadas).
Tercera compañía del tercer batallón del Regimiento de Melilla núm. 59.
(Ocupaba posiciones avanzadas).
Segunda compañía del batallón disciplinario. (Ocupaba posiciones avanzadas).
Grupo Mixto de Artillería. (De Montaña y Montada).

Otros españoles muertos en el combate, los cuales casi todos presentaban herida
de bala en la cabeza, fueron :


- Del Regimiento de África:
Sargento D. Prudencio Alonso.
Soldado, D. José Brocal, de la 4ª compañía del 3º de África..
Soldado, D. Silvestre Martínez, de la 4ª compañía del 3º de África..

- Del Regimiento de Melilla:
Soldado, D. Leandro Bueno Clemente Identificado por llevar en el bolsillo un
pase del coronel de su regimiento para las avanzadas.

- Del Regimiento Disciplinario:
Soldado, D. Eduardo Díez.
Soldado, D. Antonio Villalonga.

- Del Grupo Mixto de Artillería. (Montaña y Montada).
Comandante D. José Royo de Diego.
Capitán D. Enrique Guiloche Bonet.

- El ordenanza del teniente Suárez.

Listado de los heridos en el combate:

- Del Regimiento de África:
Soldado, D. Lorenzo Roselló.
Soldado, D. Rafael Martínez.
Soldado, D. Rafael Zorroche.
Soldado, D. Juan Aparicio.
Soldado, D. Mariano Colera.
Soldado, D. Juan González Sánchez.
Soldado, D. Francisco Doleda.
Soldado, D. Juan Diego Barcelona.
Soldado, D. Diego Sánchez.

- Del Batallón de Cazadores número 3 de Barcelona.
Capitán, D. Manuel Mena, herida en un brazo. Pronóstico reservado.
Un teniente del mismo, herida en un brazo. Pronóstico reservado..
Soldado, D. Roque Sánchez.
Soldado, D. Miguel Hernández.
Soldado D. Nicolás Jordán.
Soldado, D. Alonso Gay.

- Del Regimiento de Melilla.
Teniente 2º, Sr. Navarro, herida en un brazo. Pronóstico reservado.
Soldado, D. Andrés Blasco.

- Del Disciplinario.
Sargento, D. Luís Pablo, herido grave.
Soldado, D. Eusebio López, herido grave..


- Grupo Mixto de Artillería ( Montaña y Montada).
Artillero, D. Celedonio Aguilera, herido grave.
Artillero, D. Francisco García, herido grave.
Artillero, D. Faustino Ruíz, herido grave.
Artillero, D. Esteban Pedrosa, herido grave.
Artillero, D. Salvador Manuel Moreno, herido grave.
Artillero, D. Francisco Pacheco, herido grave.

- Otro oficial
Teniente Conde.

Ascenso a coronel.

Ascensos, por haber dado la vida por España en acción de guerra, se concedió
entre otros, el ascenso al empleo superior al teniente coronel de infantería, D.
Federico Julio Ceballos. Según notificaba La Vanguardia del lunes 2 de agosto de
1909, y que decía así:

“…Ascensos. El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra publica la siguiente
Real Orden: El Rey (q.D.g) por resolución de esta fecha, ha tenido a bien
conceder el empleo inmediato, con la antigüedad que se expresa, a los tenientes
coroneles de infantería que figuran en la siguiente relación como recompensa a
los extraordinarios méritos contraídos y bizarro comportamiento observado en los
combates que tuvieron lugar en Melilla los días 18, 23 y 27 del mes actual, en
los que murieron gloriosamente, al frente de sus tropas.-De Real Orden
etc.-Madrid 29 de julio de 1909.-Linares.

Los tenientes coroneles a que se refiere la anterior Real Orden son: don
Federico Julio Ceballos, don José Ibáñez Marín, don Tomás Palacios Rodríguez y
don José Ortega Lores…”.

A título póstumo y por Real Orden, el teniente coronel de infantería D.
Federico Julio Ceballos, ascendió a coronel de dicha Arma. En el cuarto de
Banderas del Regimiento de Melilla, fue colocado en…… junto a otros héroes el
cuadro de honor, obra del escultor Alcalde (teniente) con el retrato del coronel
Ceballos.

Vacantes.

La vacante dejada por el teniente coronel D. Federico Julio Ceballos, fue
anunciada su cobertura por La Vanguardia de fecha 2 de septiembre de 1.909, según
anuncio publicado en el Diario Oficial, y en el cual, también se anunciaban la
cobertura de plaza vacantes dejadas por el comandante de Artillería D. José Royo
de Diego y por el capitán de dicha Arma, D. Enrique Guiloche Bonet, fallecidos
todos en glorioso acto de servicio. Fue cubierta por el teniente coronel de
Infantería D. Adolfo Pahissa, el cual marchó desde San Sebastián a Melilla en
fecha 30 de julio de 1.909. (Por lo que vengo observando, primero eran cubiertas
las vacantes y luego se publicaba la misma en el Diario Oficial).

Por Hans Nicolás Hungerbuhler


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La plaza del Feddan de Tetuán, con su nuevo nombre de plaza de España, recibe, con la tropa formada,
al nuevo Alto Comisario General Marina, el 27 de agosto de 1913.
En la Puerta de la Reina fue saludado por el Bajá y una representación de personajes marroquíes ; en la
puerta del barrio hebreo le esperaba el Cónsul de Francia y la colonia israelita, y en la Alta Comisaría el
resto de cónsules extranjeros, Gabinete Diplomático, y funcionarios civiles, El 28 cumplimentó al Jalifa, y
el 31 recibió una comisión de ulemas y chorfa, presidida por el Bajá, al que acompañaba el Cadí, que al
darle la bienvenida le ofrecieron su apoyo en la labor política que estaba obligado a realizar, palabras
refrendadas por una numerosa comisión de notables.
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Entrada del General Marina en Tetuán.

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Antigua estacion del ferrocarril en Tetuan.

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La 3ª Brigada de Cazadores de Cataluña, mandaba por el general Miguel Imaz, desembarcó en Melilla entre los días 16 y 20 de julio de 1909.
Del Batallón de Cazadores de Estella, de guarnición en Olot, perteneciente a la brigada, una compañía pasó a la Posada del Cabo Moreno, siendo
relevada más tarde por otra del Batallón de Alfonso XII, de guarnición en Vich. En la foto vemos a unos soldados catalanes bailando la sardana
en la Posada.

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1909 Soldados españoles en las canteras de Sidi Musa

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Dolores Llopart, cantinera del Batallón de Cazadores Alfonso XII (Campaña de 1909)

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Veamos si alguien sabe decirme desde donde esta disparando esa bateria (es en Melilla por supuesto) 1909 mas o menos.

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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909

Un grupo de oficiales del regimiento del Rey acampados en Rostrogordo. De pie el segundo teniente Edmundo Seco Sánchez, padre del académico e historiador Carlos Seco Serrano, cuya vinculación con Melilla es bien conocida. El Regimiento llegó a Melilla , procedente de Madrid, ciudad de acuartelamiento, el 4 de agosto de 1909, y permaneció en la plaza hasta el 24 del mismo mes en que se trasladó a la Restinga. Se fue de Melilla en el mes de mayo siguiente. Edmundo Seco dibujó varios croquis de la zona.


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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo
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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo
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Juan Díez Sánchez: Muy interesante fotografía de la Campaña del Kert, 1911-12.

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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo

En los aledaños al Palacio Real de Madrid, en plena Plaza de Oriente, hay dos monumentos relacionados intimamente con la historia de Melilla y las diversas campañas de Marruecos.
Uno de ellos es el dedicado al capitan Angel Melgar, caido en el Barranco del lobo en los tragicos acontecimientos sucedidos el 27 de julio de 1909 a las afueras de Melilla.
Durante los combates desarrollados ese dia a los pies del macizo del Gurugu murieron aproximadamente 162 españoles, de los cuales la gran mayoria, 110, quedaron tirados en el campo de batalla y sus cuerpos no pudieron recuperarse hasta dos meses despues.
Fue el preludio del gran desastre de 1921 y un claro antecedente a la tragedia de Monte Arruit.


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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo
COMBATE DEL 27 DE JULIO DE 1909. DESASTRE DEL BARRANCO DEL LOBO

Cuarto día de combate con los rifeños tras el ataque del 9 de julio de 1909 que inició la segunda campaña de Melilla. Se combatió por la protección del convoy de las posiciones y se saldó con más de cien muertos españoles, entre ellos el general don Guillermo Pintos Ledesma, jefe de la Brigada de Cazadores nº 2 de Madrid

ANTECEDENTES

Mientras se hacía balance del sangriento combate del 23 de julio, la 1ª Brigada Mixta de cazadores de madrid finalizó su desembarco el 25 de julio con su general don Guillermo Pintos Ledesma al frente. Al día siguiente el general marina fue ascendido a teniente general y nombrado General en Jefe del Ejército de Operaciones, mientras que el general de división don Salvador Arizón Sánchez Fano fue nombrado nuevo Gobernador Militar de Melilla.

Durante el dia 26 de julio los rifeños se limitaron a hostigar ligeramente el convoy de las posiciones con fuego de fusilería. Por la noche se organizó en el Hipódromo, como de costumbre, el convoy de carros-algibe y carricubas que saldría al día siguiente para abastecer de agua a las posiciones avanzadas, utilizando para ello el ferrocarril de la Compañía Norteafricana. El convoy sería protegido por una columna al mando del coronel don Juan Fernández Cuerda y formado por seis compañías de Infantería, un escuadrón de Caballería y una batería de Montaña, con misión de proteger el convoy abriendose paso hasta Segunda Caseta sin entablar combate con el enemigo. Mientras, la 1ª Brigada Mixta vigilaría y cortaría la posible salida de los rifeños por los barrancos de los rios Lobo y Alfer.


COMBATE EN LA VÍA FERREA


Cuando el convoy salió del Hipódromo se comprobó que los moros habían cortado la vía ferrea. Se envió al teniente de Ingenieros don Emilio Alzugaray Goicoechea a efectuar un reconocimiento, y este informó que había unos 200 metros de vías levantadas entre la Primera y Segunda Caseta. El general Marina ordenó que el convoy prosiguiera su marcha y que se realizaran los trabajos de arreglo de la vía férrea.

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Vista de un convoy sobre el ferrocarril de la Compañía Norteafricana, protegido por una columna (Archivo de Antonio Carrasco).

Cuando los rifeños vieron que los españoles comenzaban sus trabajos, abrieron un nutrido fuego de fusilería que produjo las primeras víctimas. Los españoles se desplegaron en guerrilla a lo largo de la vía de ferrocarril y respondieron al fuego enemigo, que arreciaba cada vez más. En un momento dado, surgió un alarido de las filas rifeñas, y como si fuera una señal convenida, grupos compactos de rifeños surgieron de las entrañas de la tierra y se lanzaron a la carrera hacia la línea española, salvando en menos de tres minutos la distancia que les separaba de ello, todo ello sin que amainase el fuego de los rifeños apostados entre las rocas. Estos tres minutos fueron aprovechados por la Artillería para cañonear a los moros; pero éstos prosiguieron su impetuoso avance cubriendo con sus gritos los gemidos de sus heridos, hasta chocar con la línea de tiradores españoles. Atacantes y defensores se hicieron sendas descargas a quemarropa y acto seguido se enzararon en una lucha cuerpo a cuerpo a cuchillo, gumias contra bayonetas.

Se entabló una feroz lucha, especialmente en los puntos donde estaban emplazadas las piezas de Artillería, donde la pelea fue muy sangrienta. Se luchó durante más de un cuarto de hora, en silencio, pasado el cual los rifeños, diezmados, retrocedieron sin llevarse a sus muertos y heridos. Al cabo de pocos minutos reanudaron el ataque de forma furiosa, de forma que en algunos puntos la línea española retrocedió momentáneamente, abrumada por la superioridad puntual de los rifeños, y llegaron a tocar los cañones españoles, matando a muchos de sus defensores. Pero a la poste los españoles reaccionaron con igual violencia y rechazaron a los rifeños, quienes retrocedieron por segunda vez. En ese momento serían las 09:00 horas de la mañana y el sol abrumaba a los combatientes con su calor. Animados por su éxito, los españoles continuaron respondiendo el fuego de los rifeños con más ardor si cabe, mientras la Artillería continuaba disparando granadas sin interrupción.







COMBATE EN EL BARRANCO DEL LOBO

Mientras esto ocurría cerca de la línea férrea, en las faldas del Gurugú se librara otra acción no menos empeñada y sangrienta. La hipótesis más plausible que hacen los historiadores, ante la ausencia de documentos, es que la orden que el general Marino dió al general Pintos era tomar la de vigilancia y apoyo a la columna del convoy, atacando la loma de Ait Aixa solo en caso de que aquel fuese molestado. De esta manera se repetía el escenario del combate del día 23 de julio, pero con más efectivos. Hay quienes piensan que la orden no se limitada a vigilancia y protección, sino ataque directo a la loma desde el pricipio


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General de Brigada de Infantería Excmo. Sr. D. Guillermo Pintos Ledesma, general jefe de la 1ª Brigada Mixta de Cazadores de Madrid, muerto en combate el 27 de julio de 1909 en el barranco del río Lobo al frente de sus tropas.
El avance de la 1ª Brigada Mixta se inició a primeras horas de la tarde. Una batería rompió el fuego desde Los Lavaderos mientras que los seis batallones de Cazadores de la brigada adoptaron una formación en tres líneas de dos batallones cada una. Al salir al campo exterior en dirección al barranco del río Lobo, lugar por donde tendría lugar el avance de la brigada, el general Pintos adoptó un frente de cinco batallones en línea (Llerena y Las Navas a la izquierda, Figueras en el centro, Madrid y Barbastro a la derecha) y uno de reserva (Arapiles), que dejó una compañía en el campamento del Hipódromo y avanzó con las otras tres.

La línea española ocupaba un frente de 1.500 metros de ancho; la distancia hasta el comienzo del barranco variaba entre 400 y 1.200 metros. Al embocar el comienzo del barranco las unidades comenzaron a converger y a mezclarse entre ellas al ir estrechándose el terreno. A pesar de ello, la línea española comenzó a avanzar cuesta arriba, hostilizada por un fuego graneado poco intenso. Guiados por sus oficiales, que marchaban animosamente al frente de sus unidades despreciando el peligro, los españoles avanzaron rápidamente por el fondo del barranco, dando gritos de "¡Viva España!", y se internaron en la zona donde el terreno comienza a estrecharse. Los rifeños iban retrocediendo paso a paso, y los españoles, enardecidos, saltaban de roca en roca, de huco en hueco, aprovechando todos los abrigos posibles para proseguir el avance. El combate se libraba en buenas condiciones y los españoles ascendían cada vez más, de forma que quebraron la resistencia enemiga y coronaron la posición de Ait Aixa.

Entre las fuerzas se encontraban las dos compañías de Zapadores y la compañía de Telégrafos del Grupo de Ingenieros de la brigada, al mando del comandante Montero, que fue herido durante el combate. También lo fue el capitán de la Compañía Mixta de Zapadores y Telegrafos de la plaza, don Droctoveo Castañón, que se encontraba en la posición de Sidi Musa.

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2016 02 11, 5:01
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Mensaje sin leer Re: La Guerra de Melilla 1909 - Barranco del Lobo
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Aparato de la compañia de Telégrafos del capitán Seco de la Garza, fotografiada en plena acción durante el combate del 27 de julio (Archivo de Antonio Carrasco).

Tras la confusión inicial producida después de la toma de la loma, la brigada prosiguió el avance por el barranco en dirección a la otras cumbres. En esta zona el terreno ofrecía al defensor un abrigo muy completo, pues era muy abrupto y quebrado, a la par que una retirada segura. De esta manera, el fuego de los rifeños se hizo más nutrido, y su resistencia mayor. En un momento dado dieron una feroz acometida lanzando gritos, para retirarse seguidamente y continuar sus certeros disparos. Los rifeños prosiguieron sus acometidas y ataques cuerpo a cuerpo. El general Pintos, visto lo comprometido del momento, se lanzó hacia adelante para arrastrar a sus soldados. En su ejemplo fue seguido por los jefes de los batallones haciendo fuego con sus revólveres. Atacaban cuesta arriba. El general Pintos se detuvo durante un instante para mirar hacia atrás, calcular la distancia recorrida y mirar a sus hombres, cuando recibió un balazo en la cabeza que le dejó sin vida.

Los soldados españoles, lejos de amilanarse, quisieron la vengar la muerte de su jefe u se lanzaron hacia arriba contra los rifeños, quienes retrocedieron hurtando el combate cuerpo a cuerpo y parándose únicamente para volverse a disparar. El avnace de los españoles era continuo y parecía que nadie lo detendría. Sin embargo, el enemigo estaba desplegado en escalones, de forma que cuando era desalojado de un barranco aparecía unos metros detrás parapetado en otro. Era una lucha contínua e interminable, en la que cayeron muchos jefes y oficiales que sacrificaron sus vidas para arrastrar con su ejemplo a sus soldados, bisoños y recién desembarcados. Entre los muertos se encontraron los jefes de los batallones Las Navas y Arapiles. Hasta que no sonó el toque de retirada anunciando el regreso del convoy de las posiciones al campamento del Hipódromo, el ataque de los moros fue constante y durísimo, así como la respuesta de los españoles. La columna de general Pintos, con los batallones Llerena y Las Navas, fue la que más padeció y más bajas sufrió.


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Artillería disparando contra los rifeños durante el repliegue del barranco del Lobo el 27 de julio

En el momento de la retirada, éste se inició con toda precisión y serenidad. Pero se produjo un momento de confusión, vacilación y perplejidad entre la tropa que no pudo ser dominado por los oficiales que quedaban, pues muchos de ellos se encontraban muertos o heridos. Como resultado, se rompió la unidad de la brigada y los moros cerraron distancias sobre los españoles y se dispusieron a caer sobre ellos. La tropa de la brigada se dirigió apresuradamente hacia la salida del barranco del Lobo perseguidos por los moros. Fueron acogidos por diversas unidades de la guarnición de Melilla y de la 2ª Brigada Mixta de Cazadores del Campo de Gibraltar, recién desembarcadas, y protegidas por el fuego de flanco y de frente procedente de varias baterías contra el barranco del Lobo. De esa manera terminó el sangriento combate.




CONSECUENCIAS

Los españoles sufrieron 1.046 bajas en los combates de la vía ferrea y del barranco del Lobo del 27 de julio, entre muertos, heridos y desaparecidos. Entre los primeros se contaron 1 general, 5 jefes y 15 oficiales. El 25 de septiembre, tras la toma de Nador y Zeluan por las tropas españolas, y cuatro días antes de la toma del Gurugú, los españoles recogieron los cadáveres de 110 españoles caídos en el combate del barranco del Lobo. Fueron llevados a la plaza con los debidos honores y enterrados en el cementerio de Melilla.

Se desconoce el número de bajas que tuvieron los moros, pero debieron de ser muy elevadas, por lo encarnizado del combate y por las bajas que se les veía sufrir en sus ataques al descubierto. Lo cierto es que el combate del 27 de julio fue el último ataque en fuerza realizado por los rifeños a la linea española, y que desde entonces perdieron la iniciativa.







JUICIO CRÍTICO

Desde el punto de vista conceptual, la operación del general Pintos no tiene nada de extraordinario ni anormal, pues se trató de un avance con un objetivo táctico preciso: la loma de Ait Aixa y la protección del convoy de aprovisionamiento de las posiciones avanzadas mediante un ataque que atrajese el mayor número de enemigos. La brigada consiguió su objetivo sin grandes dificultades, a costa de pocas bajas y con grandes muestras de disciplina y acometividad. Una vez tomada la loma, el Reglamento de combate de la época era ambiguo en lo referente a la ocupación de posiciones, pero taxativo en lo prescrito sobre la persecución del enemigo, por lo que la decisión de proseguir el avance una vez tomada la loma de Ait Aixa tuvo su lógica.

El problema fundamental consistió en la ruptura de la unidad durante el repliegue. La principal razón de ella fue la ausencia de oficiales, que habían sido baja durante el resto del combate. La razón hay que buscarla en un equivocado concepto sobre el valor, el mando y el ejemplo que debían dar los oficiales a la tropa, fruto de aquella época, que los condujo al sacrificio de sus vidas, dejando de esta manera a la brigada sin mandos suficientes para realizar el repliegue. De esta manera, los oficiales de la Escuela de Estado Mayor que estudiaron el combate escribieron:

"Un aspecto delicado e importante del mando táctico y del concepto moral que de él se deriva, trata una de la memorias, al señalar la resistencia de los oficiales a cubrirse con el terreno aún en los casos en que tal medida es compatible y conveniente con el ejercicio de su misión, atribuyendo esta resistencia a una preocupación, quizás excesiva, por nuestro valor, que debe suponerse no falta a ningún oficial y también a un temor a la maledicencia, que puede acarrear la pérdida del buen nombre, más preciado por los oficiales dignos que la propia vida."

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