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Requetes de Guipúzcua 
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Mensaje sin leer Requetes de Guipúzcua
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CUADRO DE HONOR DE LOS CAIDOS DE ZARAUZ, POR DIOS LA PATRIA Y EL REY

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UN AMIGO NO ES AQUEL QUE TE SECA LAS LAGRIMAS, SINO AQUEL QUE EVITA QUE LAS DERRAMES


2018 01 24, 10:28
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Mensaje sin leer Re: REQUETES DE GUIPÚZCOA

Marcha de Oriamendi

Por Dios, por la patria y el Rey
Carlistas con banderas.
Por Dios, por la patria y el Rey
Carlistas aurrerá.

Lucharemos todos juntos
Todos juntos en unión
Defendiendo la bandera
De la Santa Tradición.

Cueste lo que cueste
Se ha de conseguir
Venga el rey de España
A la corte de Madrid. (bis)

Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey

Lucharemos nosotros también.



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Honor y Gloria a los que dieron su vida por España


2018 01 24, 12:53
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Mensaje sin leer Re: REQUETES DE GUIPÚZCOA
TERCIO DE SAN IGNACIO

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SAN IGNACIO

Nació probablemente, en 1491, en el castillo de Loyola en Azpeitia, población de Guipúzcoa, cerca de los Pirineos. Su padre, don Bertrán, era señor de Ofiaz y de Loyola, jefe de una de las familias más antiguas y nobles de la región. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, Marina Sáenz de Licona y Balda. Iñigo (pues ése fue el nombre que recibió el santo en el bautismo) era el más joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja. Iñigo luchó contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar terminó abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de cañón le rompió la pierna durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona. Después de que Iñigo fue herido, la guarnición española capituló

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Tercio de San Ignacio

Del Libro de D. Javier Nagore Yárnoz ¡Gure Banderá España'rem!, Círculo Carlista San Mateo


El Tercio de San Ignacio tuvo sus raíces en el Requeté de la tierra donde nació el Santo que dio el nombre para la Unidad. El Valle del Urola (Azpeitia, Azcoitia, Loyola, Cestona, Arechavaleta o Zarauz y demás pueblos Vascos de la cuenca del Urola). Es muy significativo que en el listado de bajas según José María Resa de 131/150 muertos y no menos de 300 heridos predominan los apellidos vascongados (Alberdi, Sorazu, Echave, Epelde, Larrañaga, Zabaleta, Reconco, Beristain, Eizaguirre, Amilibia, Aizarnazabal ó Azpitarte), conforme a su procedencia y a su lengua en la que hablaron antes, en y después de la guerra.

En el Alzamiento contra el gobierno de la Republica los requetés de Azcoitia, junto con el puesto de la Guardia Civil, intentaron ocupar la Villa y fueron derrotados y reducidos. El día 20 de Septiembre la mayoría de requetés fueron fusilados poco antes de la entrada de las tropas de Solchaga. Días después se formarían tres Compañías de requetés que fueron trasladadas a Motrico y Zarauz donde se le unen otros muchos hijos del Carlismo. En el mes de Octubre el Coronel Solchaga ordena al Tercio que ocupe y fortifique el sector de costa que ocupa. En Noviembre se encuadran en la Agrupación Cayuela (futura 2ª Brigada de Navarra) y operan en Ondarroa y Urcarregui. Por marzo las fuerzas del San Ignacio ascienten a unos 400 requetés.

Después del parón del Norte. El 30 de marzo comienza la gran ofensiva de Vizcaya desde los frentes de Guipúzcoa y Álava. A las tres Compañías se les agrega una 4ª procedente del Tercio de Nuestra Señora del Camino de Navarra. Se entra en Ochandiano el 4 de abril, después de duros combates en los que participa toda la 1ª Brigada del entonces Teniente Coronel habilitado García-Valiño y Marcen. Los intensos combates donde intervino el San Ignacio continuaron hasta finales de abril. La línea de avance se jalono con la toma de los montes Basaguren y Sebigain, Satuario de los Santos Antonios, de Urquiola, Macizos de Amboto y Peñas de Mañaria, ocupándose Elorrio, Berriz y Durango apoyando al Tercio de Montejurra

Acción de Peñas de Lemona ¡Gloria para el San Ignacio!

Después de las victoriosas acciones del Tercio en los caseríos de Bernagoitia, donde la actuación de las 1ª y 2ª Compañías fue brillante y felicitada por el Jefe de la Columna Tutor, el Tercio intervino en las operaciones sobre Amorebieta como la de los pinares de Santa Lucia. El 31 de mayo de 1937 se encuentra el Tercio en Amorebieta, villa totalmente incendiada y saqueada por los gudaris rojo-separatistas, y el 1 de junio comienzan estos las contraofensivas sobre las Peñas de Lemona guarnecidas por el Tercio Navarro de Nuestra Señora del Camino. El día 2 de Junio el Tercio de San Ignacio releva al del Camino. El día 3 de Junio (día de la muerte del General Mola) después de un bravo y tenaz ataque de las fuerzas de gudaris con abundante artillería, unido a la escasa cobertura de los defensores que quedaron sin municiones y en un número infinitamente inferior de efectivos tuvo que retroceder y ceder el dominio de las Peñas al enemigo no sin antes quedar casi el 50% del Tercio muerto o herido. De su bravura son muestras los siguientes datos: son bajas sus cuatro Capitanes (Santauja, Aramendia, Fernández Rin y Lucio Mugaburin), los Tenientes (Marzo y Eguiguren), el Alférez Doñabeitia y 270 bravos requetés, jornada brillante de gloria para el requeté Guipuzcoano.

Como no podía ser de otra forma para unos vascos con cojones como los requetés del San Ignacio. El día 5 de Junio los requetés fueron puestos en Vanguardia (A mi no me cabe duda que a petición suya) de un contraataque para la reconquista de las Peñas de Lemona, junto con los soldados del 5º batallón de Arapiles de la 3ª Brigada de Navarra. La bravura de los supervivientes del San Ignacio que asaltaron y tomaron de nuevo las Peñas de Lemona (MAS QUE BRAVOS FUERON TEMERARIOS).

Nos recuerda D. Javier Nagore Yárnoz entonces en la 1ª Brigada de Navarra , como en el contraataque fue herido Felix Arrillaga -una bala le atravesó la cartera, sobre el corazón y otra le seccionó el humero-, y cayó también el Alférez del Arapiles Borja de Arteaga, hijo del Duque del Infantado, amigo del Zarauz de los veranos, que herido de muerte -testimonio del Pater de su Batallón a la Hermana de Borja, la Rvda. Madre Cristina de Arteaga (en proceso de Beatificación) , tuvo tiempo de decir: No tengo remedio, estoy preparado y confesado, vaya a asistir a mis compañeros, Se le encontró sobre su cuerpo la siguiente carta dirigida a su Madre que define el sentido de aquella Guerra como Cruzada.

Dios y España

Faldas de peña Lemona, 3 de Junio de 1937.

Queridísima Mamá: Quisiera escribirte una larguísima carta, pero no puedo ni me siento capaz de hacerlo.

Esta carta es una despedida, pues creo que está tarde Dios me llamará.

No entro en detalles, de los que ya te enterarás. Lo único que quiero es decirte que tengas valor que no llores por mi, pues estaré mucho mejor que en esta tierra.

Es duro el sacrificio, pero Dios y España nos lo exigen y no podemos regateárselo.

dale un abrazo muy fuerte a papá; dile que quisiera evitarle este disgusto, pero no puede ser.

Te abraza fuertemente tu hijo que te espera allá arriba ¡Adiós y Viva España!.

BORJA.

Después de la dura acción de Peñas de Lemona el Tercio que está completamente deshecho y reducido a una sola Compañía es agregado al Tercio de Nuestra Señora del Camino con le que actuaría siempre en estrecho contacto y su historia es la de este hasta el el 25 de enero de 1939 en que se procede de nuevo al desdoblamiento en Nules adscrito a la 58ª División del Cuerpo de Ejercito de Galicia contando con 19 Oficiales, 20 Sargentos y 529 requetés. Participó en el desfile de la Victoria en Valencia.

La 2ª y 3ª Compañías del Tercio de Nuestra Señora del Camino son los efectivos del antiguo Tercio de San Ignacio que operó en las campañas de Santander, Asturias, ocupando Castro Urdiales, Ampuero y Colindres, Puerto de tarna, etc.

Ya como Unidad de la 61ª División (2ª Brigada de Navarra) sigue una trayectoria paralela a sus hermanos del Oriamendi ya en la dura estepa de Teruel (combates en la Muela y en las cotas 1062 y 1076) y paso del río Alfambra. El Tercio contribuye a sofocar un motín de tropas coloniales en Molina de Aragón.

Después del río Cinca y la toma de Barbastro se traslada al Sur de Alcolea del Pinar reconquistando la Nava al asalto, por lo que se le concede la Medalla Militar Colectiva. En el Frente de Levante y en el Maestrazgo, se distingue eñ día 10 de mayo de 1938 en el Castellar asaltando las posiciones enemigas (En esta acción muere el abanderado de la 3ª Compañía Melquiades Urtegaray Azterreca), que es, de nuevo, el primero en el asalto y recibe su herida mortal al clavar la bandera bicolor CARLISTA y ESPAÑOLA en la cumbre, consiguiendo la Medalla Militar Individual por Orden de 3 de marzo de 1939.



El comienzo de la ofensiva de Emilio Mola en el tercio de San Ignacio.

Requeté Joshé de Arteche


Arechavaleta, 31 de marzo y 1 de Abril


Zoilo Barcaiztegui, buen amigo mío, compartió conmigo el Colchón de paja su última noche. "Creo que mañana tendremos jaleo” le dije. El, en vena de confidencias me contaba sus amores, Su tema predilecto en la intimidad. Al poco nos dormimos. A eso de las dos, un enlace nos despertó con la orden de bajar enseguida a concentrarnos en Apozaga-Echeberri con todo el equipo. -Ya sármao el fregao- sentenció Ch…el ribero, poniendose muy serio. La orden, acogida con entusiasmo, fue cumplida en poco tiempo en medio de gran bullicio. En Apozaga-Echeberri el grueso de la compañía aparecía ya formado. En un cuarto del caserío, el Pater, sentado en una cama, confesaba. Distribución de rancho frío; una lata de sardinas, pan, otra lata de mermelada. El capellán después de arengarnos, da a todos la absolución. –Ha llegado el día tan ansiado- dice –El día que todos ansiamos y en el que vamos a luchar contra los enemigos de Dios y los enemigos de la Patria-.


En algunas mochilas asoman, misteriosamente botellas de coñac. Un vivo se acerca al capitán a pedirle permiso para no se que asunto en Mondragón. “¡Pero hombre a quien se le ocurre!” – le dicen todos, comentando regocijados la lógica negativa-. “El no lo tenía seguro” –contestaba entre cínico e irresponsable- "Cabía alguna posibilidad de que dijera que sí" añade. ¡A formar! i Venga, a formar! -se oye por centésima vez. -Tú ¿en qué sección formas? Yo voy, a las órdenes del cabo Domecq -oigo decir a mi lado-.


En marcha. Bajamos a Arechavaleta; luego torcemos en dirección al pueblo de Uncella bordeando un riachuelo a la vera de un camino que pasa junto a unos preciosos caseríos, silenciosos, abandonados. Marchamos casi corriendo porque amanece. En una bifurcación, la Compañía se separa por secciones. La nuestra va por la derecha, hacia el monte Muru, por una pendiente empinada, descubierta. El enemigo rompe el fuego, primero en disparos sueltos, que pronto degeneran en nutrido tiroteo. Es raro que el barullo nuestro, no los haya despertado antes. Pasamos la descubierta agazapados, arrastrándonos, hasta alcanzar un pinar donde jadeando, pierdo de vista a mis compañeros, mucho más jóvenes que yo. Unos camilleros- bajan el primer soldado herido; va gimiendo tristemente. Por fin oigo las voces de los míos. Están resguardados en el pórtico de una pequeña ermita, al lado de un camino, en medio de un bosquecillo. Corro a guarecerme del fuego enemigo, que, al parecer dispara balas explosivas. Se las oye reventar en el aire; su estallido hiere los oídos. Nos tiran a placer, sobre todo desde un mogote muy cercano y dominante. Comienza a zumbar nuestra artillería. A los pocos disparos de ésta, el oficial nos manda avanzar en dirección al mogotillo. La orden se discute acaloradamente; Casi todos la encuentran descabellada. Barcaiztegui es de los que con mayor ardor la defiende. (Barcaiztegui, tenía un valor suicida. Alguien le echó en cara hace tiempo sus simpatías por los nacionalistas vascos. “Tengo unas ganas de que llegue el día para demostrar de lo que somos capaces”..¡Ya veremos quien va por delante!” solía decirme).


Se sienten los gritos de entusiasmo de la sección que a nuestra izquierda ha llegado en un alarde valeroso hasta cerca de los primeros caseríos de Uncella. Razón de mas para que la orden se acate. Nos disponemos a salir. Los tres mas decididos, abren camino, pero apenas salidos, en cuestión de segundos los tres caen en medio de un horroroso tiroteo. Uno vuelve por su pié; a los otros dos es preciso traerlos a rastras, tirando de sus cuerpos, hasta el pequeño pórtico, único punto no batido. Estamos como en una ratonera. “Tacolo” el recio estudiante de medicina, hace frente a la situación con serenidad. Dos -Barcaiztegui y Filetillo- están gravísimos; otro lamuela, grave. Del más alto optimismo la gente desciende a la más honda depresión de ánimo. Hasta hay conatos de desmayo. Los manteles del altar de la ermita, limpísimos, por cierto, son hechos tiras para vendar a los heridos, que se lamentan retorciéndose de dolor. Se quejan de frío. Me falta valor para despedirme de Barcaiztegui, un nudo me aprieta la garganta. “Fiterillo” me abraza; tiene el color de la muerte. No hace mas que llamar a su madre: ¡Ay madre! Cuando subíamos, al verme jadear me animaba diciéndome “¡animo Joshé, que Dios te tiene que conservar a ti la vida!".


Hacia las nueve llega a la ermita por el flanco derecho, arrastrándose, una sección de ametralladoras mandadas por un teniente andaluz entrado en años, sudoroso, los ojos desorbitados, espantados, y con un casco recubierto de tela parda. Está frenético; a cada momento prorrumpe: ¡Cabrones! ¡Hijos de...! ¡Tengo unas ganas de coger a un cura nacionalista y fusilado en. la primera plaza...!. Tiene orden de emplazar sus ametralladoras en la ermita. Pero no trae ni un pico. Afortunadamente nosotros los tenemos. -Qué vamos a haserle, dice. Tendremos que destrosá la casa de Dió.


La ermita se halla dedicada a San Antonio de Padua. Retirada del altar la imagen, en un momento quedan abiertas tres troneras: una al fondo y dos a los costados. La ermitilla se convierte enseguida en un infierno; las ametralladoras retumban en el pequeño recinto con ruido ensordecedor. Perdemos la noción del tiempo transcurrido. Ninguno casi tiene reloj. Además, el día está nublado. Son las once y preguntamos: -Ya serán las cuatro ¿no?:" Y al mediodía: -Ya serán cerca las seis. parece un volcán en erupción; la artillería, y los aviones que se relevan sin reposo, descargan incesantemente sobre la cumbre.

Las ametralladoras de nuestra ermita no paran de tirar; a veces, en medio del fragor, algún 'sirviente pegando de firme hace recular las máquinas hasta el suelo con terrible estruendo. El viejo teniente no cesa de ordenar:
"Batirme los parapetos, rafaguita corta, rafaguita corta, do, tre tiro nama. Do tre tiro. Rafaguita corta…".


En salir un paso del pequeño atrio, ni pensar. Orinamos en latas vacías de conserva. Nos baten por todas partes. Un chico de Villafranca intenta salir apremiado, sin duda, por alguna necesidad. A penas da dos pasos un tiro lo atraviesa. La bala le ha dado en la cartuchera posterior cuya munición prende en un instante y sale por el vientre. –Me han matao, me han matao- gime el desgraciado cayendo en brazos de Ch.. El paquete intestinal sale por el boquete destilando un excremento verdoso y Ch.. se lo sujeta en un movimiento rapidísimo al mismo tiempo que le dice con su acento navarro, entre rudo y cariñoso: ¿Qué te pasa, majo? Si sus quejáis de vicio. Que yo he visto heridas mucho más malas y esto no es nada.. Pero el pobre se muere a chorros. Es preciso sacarle a él, lo mismo que a los otros; no hay tiempo que perder. Tenemos dos camilleros, dos héroes que se prodigan., repitiendo milagrosamente, con la protección visible de Dios, entre un diluvio de balas, una misión casi Imposible.

Dos hombres de bien cuyo recuerdo jamás olvidaré. ¡Qué dos héroes!. En Asensio-mendi los camilleros de la parte contraria trabajan también de gana; sus siluetas se recortan en el horizonte bajando por el lado resguardado del monte como dos puntos siempre a igual distancia el uno del otro y andando a idéntico y apresurado paso. Me impresiona verlos.


Oleadas asaltante suben gateando la ladera de Asensio-mendi. Contamos una vez, dos, tres, cuatro, hasta cinco veces en la tarde interminable. Todos los cañones y la aviación se concentran sobre la cresta, que semeja vomitar materia ardiente. Un volcán debe ser algo parecido. La tarde se prolonga interminable. El fuego decrece por nuestro lado. Los combatientes de una y otra parte somos ya espectadores de la furiosa batalla que se libra en Asensio-mendi. Desde el pequeño pórtico todos estamos mirando allí con angustia. Enfrente de nosotros ocurre probablemente igual. Todo depende de allí. Las sombras comienzan a espesarse. Ahora, ahora parece ser la decisiva. Vemos claramente cómo los defensores del monte reculan bajo el fuego horroroso, pero vuelven en seguida. Los atacantes han alcanzado la media ladera. Poco a poco, los fogonazos de las bombas de mano van acercándose, como por tramos, a la cumbre. La tensión es terrible. Por fin la última bomba estalla en la misma cresta. Ya es de noche. No se ha oído ningún grito de victoria. ¿Han tomado Asensio mendi? Nadie sabe damos razón. El mismo teniente duda.


Un silencio impresionante se extiende por todo el ámbito. Comienza a lloviznar. La oscuridad es completa; el silencio estremecedor. Nunca me ha parecido más imponente silencio alguno; sus acordes son el ruido, frío, de la llovizna cayendo blandamente sobre los árboles, y de tarde en tarde, rompiendo espacios solemnes, la explosión de alguna granada de mano. Entonces una luz lívida ilumina el pinar un instante. Ni siquiera hablamos; cuchicheamos. Emboscados detrás de las inquietantes siluetas de los árboles que rodean la ermita, montamos la guardia. Dentro se amontonan requetés y soldados en la oscuridad más completa. Con devoción profunda, rezamos bajito, por grupos, el Santo Rosario. Un capitán llega a la ermita. Es un poco viejo, un hombre que no sé decir por qué, me ha gustado siempre. Creo que se apellida Ochando. Parece algo sentimental. Se abraza al teniente diciéndole: -"El día de hoy ha sido de emociones enormes. Pero para que usted vea que no les olvido, aquí vengo a abrazarle en cuanto he podido." Por un instante su linterna ilumina la ermita, y al contemplar el abigarrado grupo acurrucado y silencio.

¡Pobres chicos!
La guardia observa bajo la lluvia fina e implacable. Estamos a muy poca distancia de las trincheras contrarias. No se ve casi nada. Todos los sentidos se nos vuelven oído.

A eso de las cuatro, un enlace del capitán viene con orden de que abandonemos la ermita para unimos a la compañía. Nos preparamos, contentísimos, en un santiamén. Una fila de muchachos marcha por el embarrado camino tanteando obstáculos en la oscuridad. ¡Pronto, pronto, antes que se haga claro! -nos decimos unos a otros por lo bajo. - ¿De quién es este fusil? ¿De quién es este fusil?.Ah, de éste. . .! "Este" es un pobre muchacho muerto que, brazos en cruz, cara a la lluvia, con la boca abierta como una caverna, obstruye el estrecho sendero. ¡Cuidado! No pisarle.


El camino está marcado a todo lo largo con una liz blanca. Aquí han pasado los Ingenieros. Al alba, después de mucho andar, llegamos donde se halla la Compañía, bajo la loma inmediata a Asensio-mendi por la derecha, en una somera trinchera improvisada en un repliegue de la pendiente. Los disparos explosivos nos destrozan los tímpanos. Acurrucados, intentamos descabezar un sueño. Los gritos desgarradores de los que se sienten heridos nos despiertan de cuando en cuando. Comienza a tirar la artillería; luego los aviones en formación escalonada. Un poco más tarde la orden de avanzar. Desplegamos hacia la izquierda en guerrilla, unas veces agazapados, otras a todo correr. Se oyen los gritos de júbilo de los primeros en alcanzar la cumbre de la loma:- ¡Viva España!.


Dos camilleros bajan un prisionero herido. Me acerco. ¡Matarme, matarme! - grita el desdichado Está herido en ambas piernas; intensamente pálido, destila por la boca una baba espesa, lechosa. En la cumbre hay un rojillo muerto. Tiene cara de minero; parece tener bastantes años. Me llama la atención su buen equipo. A cierta distancia hay otro muchacho, muerto también al parecer. Una fuerza extraña me lleva a su lado. No sé por qué me parece que aún vive. Está caído hacia atrás, el cuerpo completamente curvo, pero sin que las plantas de los pies hayan perdido contacto con el suelo, los ojos vueltos, totalmente blancos. Acercándome le pregunto, arrodillado, casi al oído: - ¿Sabes rezar, muchacho? No contesta, insisto. A mi lado, de pie, se halla ahora un sargento de la Compañía que me parece está aquí poco más o menos como yo. Junto con él rezo clara y lentamente, vertiendo al oído del presunto ag6nico el Padre nuestro, el Ave María, el Gloria. En el instante mismo en que terminamos el último amén, se dibuja en la cara del muchacho un gesto de entrega: su cabeza se rinde a un lado, ya roto el hilo vital. Me viene al momento el recuerdo de un detalle de una vieja lectura; creo tenerlo leído en un libro de Hugo Benson que el oído es el último sentido que muere. Seguramente no nos morimos tan pronto como creemos; los hombres muertos al parecer nos escuchan en ese espacio que separa la muerte aparente de la muerte real. Y probablemente en ese espacio de tiempo ocurre lo esencial. Este chico me ha debido de oír antes de expirar. La verdad es que siento adentro del alma una tranquilidad rara; me invade cierta extraña alegría.

Un soldado se acerca y registra el cadáver. Tiene seis reales. Me quedo con su carné del Socorro Rojo Internacional extendido a nombre de Dimas Gutiérrez, de Valmaseda, de diecinueve años de edad. Antes de alejarme le miro por última vez. Amigo mío que llevas el nombre del arrepentido de última hora -le digo interiormente-. Yo estoy seguro de que volveré a encontrarte. Tengo la seguridad de que algún día saldrás al encuentro de un amigo imprevisto cuya alma, a pesar de las apariencias, no tenía uniforme, y que se te acercó al final de un combate, en tu postrero minuto, a repetirte al oído las oraciones de tu niñez. Desde la loma conquistada se domina el espléndido valle de Aramayona. Recorro la posición recogiendo los periódicos, revistas y papeles tirados por todas partes. Hay también muchas tarjetas postales en blanco con membrete de la columna Meabe. Hojeo una revista anarquista muy bien presentada en cuyo texto priva la preocupación sexual y donde hay, entre otras, unas atrocidades contra la Santísima Virgen María, y consejos para la cura de la sífilis. Me llama la atención un periódico cenetista con un artículo que protesta de cierto intento de repetir otro abrazo de Vergara. Cerca de la cresta, que las bombas han llenado de profundos cráteres, un barracón de bastante confort ostenta señales inequívocas del paso reciente de mujeres. Esparcidos por el suelo, medias, jabones, zapatillas. Formamos para entrar en el pueblo de Uncella. Algunos obstinados nos tirotean aún desde la cumbre del Muru.

Los caseríos del pueblo estaban desalojados pero tan pronto como entramos, la gente, dando muestras de contento, vuelve apresuradamente para ver sus antiguas casas. Los contrarios han dejado en ellas muchos libros. En una plazoleta veo organizándose a toda prisa una quema de libros. Hay en el suelo un gran montón preparado para arder. Mientras lo husmeo, uno me dice a grandes voces al mismo tiempo que con inmenso desprecio tira al montón algunos ejemplares: -Mire que libros. ¡Julio Veme! ¡Julio Veme! ¡Julio Verne! ¡Qué libros. . .! Parece profundamente escandalizado. Con toda seguridad es el eufónico nombre del inocente autor francés el que suena nefando a sus oídos. ¡Julio Verne! Le tranquilizo ponderándole, con cierta timidez dada su gran indignación, la obra de autor tan amable para con la infancia, y consigo convencerle. He salvado al buenazo de Verne de la infamante pira.


Por el mismo camino de ayer bajamos a Arechavaleta. Con nosotros vuelve larga hilera de camilleros llevando rígidos cadáveres de brazos extendidos y balanceantes. Por el camino vamos sabiendo noticias. De nuestra sección murieron entre otros Barcaiztegui y "Fiterillo". También murió el Comandante del Tercio. Barcaiztegui ni siquiera llegó vivo al hospital; se estremeció en el momento de llegar a las primeras casas.


A la entrada del pueblo me aguarda Carmen, joven bilbaína a quien la guerra cogió en Burgos, la misma de quien Barcaiztegui me hablaba su última noche. Tiene los ojos enrojecidos de llorar. Ayer por la tarde se acercó, llevada por el presentimiento, al paso inacabable de las camillas. Vió que en una asomaban un par de pulcras polainas blancas. Los camilleros depositaron la camilla en el suelo. Ella se acercó. ¿Sería él? Aquellas polainas. .. Los camilleros tenían. Piadosamente cubierto el rostro del muerto con la manta. Ella lo destapó. Efectivamente, era Barcaiztegui. Parecía dormir. Mientras en la casa donde ella vive, Panchica, (otra víctima de la guerra, madre de cuatro hijos, viuda de un obrero solidario vasco fusilado por los nacionales), nos prepara caritativa de cenar a un pequeño grupo de amigos, Carmen quiere a todo trance Sonsacarme cuanto Barcaiztegui me decía de ella anteanoche. ¡Que pena me da!.


Cota 333



Cota 333, 12 mayo

Está visto que a nuestra Compañía le toca marchar a las posiciones de más compromiso. Estamos en. la posición más avanzada sobre Amorebieta, la misma que sentíamos contraatacada tan continua y furiosamente las noches pasadas. ¡Prepararse! ¡Estar todos preparados! nos gritaban los oficiales a cada momento en medio del sueño. De día estaba prácticamente aislada. El último trecho del camino era infranqueable. El primer pelotón de la Compañía ha abierto el camino cavando, según avanzaba a rastras, una zanja por donde luego hemos pasado todos. Las trincheras y parapetos son de lo más somero. Ahora comprendo por qué la mayor parte de los muertos y heridos de aquí y que pasaban por delante de nuestro acantonamiento, tenían sus cabezas destrozadas. .Las trincheras de los de enfrente están de cincuenta a cien metros de distancia. El tiroteo es intenso. y continuo. Primera orden que nos han dado.- No asomar las cabezas por nada del mundo. Segunda. Mucho cuidado por la noche, pues aquí, la guerra es nocturna. Tercera.- Calar las bayonetas. Cuarta.- Las guardias durarán tres cuartos de hora únicamente.


Cota 333, 13 mayo

¡Qué tremendo zafarrancho anoche! Contraataque. Contraataques. El primero sobre todo terrible. Fragor ensordecedor. Parecía. que al son de un tambor gigantesco la tierra vomitaba fuego. Si no por la oscilante lividez de la luz hubiérase dicho en algunos momentos ser de día. Las trazadoras tejían en el aire hilos luminosos. Y en medio del estruendo, voces de ¡ capellán! ¡capellán! ¿Cuánto duró el primero de los cuatro contraataques? Uno de la Primera (que está debajo, casi fuera de la posición) que midió el tiempo, reloj en mano, me dice que duró tres cuartos de hora. Yo hubiera dicho que a lo sumo diez minutos. En momentos así, la idea del tiempo transcurrido desaparece. A intervalos volvíamos a una calma relativa. Entonces, los muertos parecían dormir a la luz de las estrellas. Y algún que otro avión mosconeaba en lo alto. Al primer contraataque salieron al asalto, pero fueron materialmente segados.


La posición forma un hoyanco en una pequeña eminencia de altura desigual. En lo más elevado hay desde hace días tres falangistas insepultos. Es una zona completamente batida y no hay forma humana de retirarlos. El sol poniente brilla en la cantimplora de uno de los cadáveres. Anoche, cuando el primer contraataque, sentía un temblor en las piernas que no podía dominar, pero vi a otros a mi lado a quienes les castañeteaban los dientes.
Prefiero con mucho mis piernas endebles a mandíbulas tan escandalosas.


Cae la tarde. La artillería contraria comienza a bombardeamos atrozmente. Resuenan horrísonas las explosiones en el embudo que la posición forma. Sacos terreros, chabolas, hombres, vuelan por los aires. Los árboles segados por la metralla, dibujan al derrumbarse trágica reverencia. De pie sobre una roca, con insuperable indiferencia de la vida, nuestro capellán comienza a rezar en voz alta el Rosario por los muertos, que nosotros contestamos resguardados donde buenamente podemos. -Dios te salve María... ¡Bumb! El capellán tiene continuamente que repetir: -Dios te salve María, llena eres de gracia... ¡Bumb! Está oscureciendo. Aún no ha pasado más de un día y entre los que faltan definitivamente y los heridos,!cuántos huecos!


Cota 333, 14 mayo

La parte alta de la posición está defendida por falangistas navarros mandados por un capitán de la Guardia Civil de cara tosca, pero noble. Viste pantalón de guardia civil y camisa azul y lleva siempre al costado una bota de vino colgada del hombro izquierdo. Su voz poderosa suele resonar en medio de las descargas con acento imponente, sobre todo de noche. ¡ Vivan mis valientes!. ¡Hala mis valientes! Dicen que el capellán que tienen, es capuchino, y que en los contraataques, sin dejar de cumplir su ministerio, ayuda con todo entusiasmo a la gente llevándoles las municiones al parapeto. Lo quieren mucho lo mismo que el capitán.

Entusiasta del paisaje como soy, noto que casi he perdido la facultad de admirarlo. Y el que desde aquí se contempla, es bien precioso. Todo el Duranguesado se extiende delante en pleno verdor primaveral, resguardado a un costado por la cadena del Amboto y teniendo como fondo el peñón de Udalaitz. Paisaje admirable que parece decirme: -Ya veo que no me miras como antes, pero ya sé por qué. Comprendo lo que te pasa...

En el parapeto. Ya sé que algunos me miran, pero no puedo, no puedo tirar. Y mientras hago como que estoy leyendo este libro, cuyo título, Boinas rojas en Austria, nunca podré separar de esta circunstancia en que me veo. Porque más que leer, me analizo con encarnizamiento. Las bajas que hacemos, se ven a simple vista. Acaba uno a mi lado de gritarmé todo gozoso haber dado a uno.. No sé si me he sonreido, pero cuando menos he dibujado una mueca. Y ya me remuerde. No sé qué clase de gente hay delante. Y aunque lo supiera, para nadie, absolutamente para nadie tengo el menor odio. Siento que me es imposible tirar. En un combate a campo abierto Dios dirá, pero aquí es que no puedo, no puedo. Esa insistencia tan poco natural de algunos por sacar sus brazos fuera del parapeto, me va resultando muy sospechosa. Y más todavía esas piruetas que quieren ser juguetonas y llevan las piernas a 1o mismo.


Cota 333, sábado, 15 mayo

Relevo. Dejamos esta fatídica y famosa cota. En lo alto, sobre una roca, están todavía los tres falangistas de los muertos el domingo pasado. Desde entonces no ha sido posible retirarlos. En el camino, la eterna pregunta de los relevos: - ¿Qué, tiran mucho? -Se arriman nerviosos a orinar a los pinos del camino. Ahora recuerdo que nosotros fuimos haciendo exactamente 1o mismo. Voy enfermo al hospital de Durango.

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2018 01 26, 11:41
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Mensaje sin leer Re: Requetes de Guipúzcua
TERCIO DE ZUMALACÁRREGUI

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GENERAL ZUMALACÁRREGUI



En la Primera Guerra Carlista en el Frente Norte, el Jefe militar más destacado de las tropas Carlistas Vasco-Navarras fue sin duda el General Tomas Zumalacárregui, artífice de las victorias de Alsasua, Orbaizeta, Arquijas y también del sitio de Bilbao. Supero con creces a todos los Jefes LIBERALES, pero falleció a consecuencia de una herida, como los buenos Generales Carlistas, en Junio de 1835, precisamente junto a Bilbao la ciudad sitiada. Con su muerte los Carlistas perdimos a nuestro principal caudillo guipuzcuano y nuestro avance, hasta entonces imparable, se vio detenido por el Liberal Espartero. Los nietos de los Guerreros Requetés del 36 si entraron en Bilbao a mayor gloria de sus abuelos que desde el Cielo les aclamaban. POR DIOS, LA PATRIA Y EL REY Lucharemos nosotros también......

En Pamplona se hallaba el Coronel Zumalacárregui: Había sido depurado después de los sucesos de La Granja del 1832. Se une en Piedramillera a las pocas fuerzas carlistas navarras que quedaban, que estaban al mando de Iturralde, y Sarasa. Con ellos, se presenta en Estella. Allí es planteada la cuestión del mando único militar en Navarra, cargo para el que se había designado a Francisco Benito Eraso, pero éste todavía no se había incorporado al mismo. Sarasa propone a Zumalacárregui para que cubra este puesto interinamente hasta la llegada de Eraso. Iturralde se opone, pero Sarasa convence a todos los demás. Y Zumalacárregui empieza a trabajar reuniendo a todas las Partidas Carlistas y a todos los voluntarios, los va instruyendo y poco a poco consigue armarlos y va deslumbrándose un pequeño ejercito.

Zumalacárregui comenzó a cosechar pequeños triunfos, adoptando la táctica de guerrillas, a la espera de poder reunir un auténtico ejército. Pronto los demás vascos empezaron a fijarse en el. A la vista de cómo iban las cosas, el 7 de diciembre de 1833 las diputaciones carlistas de Vizcaya y Guipúzcoa, así como los cabecillas de Álava, nombraron a Zumalacárregui Jefe de todas sus fuerzas. Era el primer ejército que pudiera enfrentarse, a campo abierto y con éxito, a las tropas leales a la reina Guiristina.

Las primeras acciones de Zumalacárregui con sus batallones navarros, a finales de 1833, se limitan a hostigar a la fuerzas regulares y recoger el material bélico que dejan abandonado los liberales en Nasar y Asarta. Su primer gran éxito lo consigue en el llano de Güesa: sorprende a la Ciudad de Vitoria y derrota tres veces seguidas al General liberal Quesada: en Muro, en Alsasua y en Muez. La estrategia de Zumalacárregui empieza a hacer estragos en el generalato cristino "GUIRI". El General Carlista le pide a D. Carlos, como arma psicológica, que entre sea como sea, en España. Nuestro Rey que había salido de Portugal obligado por la derrota del Rey Miguel y estaba confinado en Inglaterra, logra escaparse y entra en España. La presencia de D. Carlos logra el efecto deseado y Zumalacárregui sigue cosechando victoria tras victoria: Artaza, Eraul, Las Peñas de San Fausto y Viana. En Álava vence por dos veces consecutivas al ejercito cristino en Alegría, victoria que remata con las acciones de Arquijas y Mendaza.

Los Carlistas vuelven a vencer en Ormaízrtegui, las Arquijas y Mendaza, en Donamaría y en Arróniz. Mientras tanto. Eraso vence a Espartero en descargo y tras la victoria de Zumalacárregui en su terreno favorito, las Amézcoas, Vizcaya y Guipuzcoa pasan a ser deminadas por nuestra tropas y nuestro Rey D. Carlos.


Del Libro de Javier Nagore Yárnoz ¡Gure Banderá España´rem!


Los Requetés del Tercio de Zumalacárregui eran su mayoría hijos de Oñate, Mondragón y Vergara y junto a sus correligionarios Carlistas de los Tercios de Oriamendi y San Ignacio fueron la fuerza Carlista de Guipúzcoa.
El Capitán de requetés Daniel Mugarza Mecolalde, que mandó durante toda la Guerra una Compañía del Zumalacarregui, resumia el origen del tercio así: "Si en San Sebastián y Tolosa surgió el Tercio de Oriamendi, y en la cuanca del Urola el de San Ignacio, en la parte baja de Guipúzcoa, se formaba un tercio más, con el glorioso nombre de Zumalacarregui, con núcleos de Oñate, Vergara y Mondragón, principalmente, más algunos muchachos de Cegama y Segura y un grupo de valientes de Zarauz.





Sabemos por Daniel Mugarza que en Diciembre de 1936 ya existían Compañías del Tercio de Zumalacarregui provenientes del 4º Requeté de Guipúzcoa y que el destino del Tercio fue la 1ª Brigada de Navarra al mando del Teniente Coronel, habilitado en aquel tiempo, D. Rafael García-Valiño y Marcén paralelo al de su hermano Tercio de San Ignacio de Loyola.

A Tercio se le incorporan requetés de Cegama y Segura y el día 19 de Octubre se le asigna al Tercio, encuadrado esta vez en la 3ª Brigada, la zona del Frente entre Mondragón y Salinas. Por los testimonios de Ex-combatientes sabemos que la Compañía de requetés de Nuestra señora del Camino formó parte del Tercio de Zumalacarregui como su 4ª Compañía que posteriormente debió ser agregada al Tercio de San Ignacio.

En la segunda quincena de febrero del 1936 el Tercio se halla en las posiciones de Laracho-Larragoin y la Compañía de Nuestra Señora del Camino (señalada independientemente Apozaga-Arevazaleta). Un estado de la 3ª Brigada de Navarra de 28 de Marzo, relaciona cuatro Compañías con un total de trece oficiales y quinientos setenta y cuatro hombres (en su mayoría Vascos).

Es importante remarcar que tanto los Tercios como las Compañías de Requetés que eran agradadas a otras unidades mantenían su nombre en la medida de sus posibilidades, incluso en Unidades de Línea del Ejercito Regular donde combatieron un gran número de Carlistas (Hay un apartado con este apasionante tema) en la Página.

Después del llamado parón del Norte las fuerzas Nacionales se disponen a finalizar el trabajo ya comenzado y desde la línea del DEVA se inicia la ofensiva de Vizcaya con la ruptura del frente (POR FUERZAS CARLISTAS) en Arechavaleta y hasta la ocupación de Durango el itinerario del Tercio de Zumalacarregui sería Ochandiano, Elorrio y Durango actuando las compañías 2ª y 3ª junto a sus hermanos del Tercio de Oriamendi y la 1ª y 4ª(Nuestra Señora del Camino) con el Comandante Ezquiroz.

El día 30 de Abril de 1937 se hace la conocida reestructuración de las Brigadas Navarras al mando del General Jefe del Ejercito del Norte y los Tercios de Montejurra, Nuestra Señora de Roncesvalles y Zumalacarregui pasarán a la Agrupación de reserva del Comandante Pérez Salas. Los Tercios de Lacar, Navarra y San Fermín estarían en otra agrupación formado todos en la 1ª Brigada de Navarra de D. Rafael. El Zumalacarregui no abandonaría ya la 1ª de Navarra ya fuera Brigada o posteriormente como la más Heroica de las Divisiones Nacionales junto a la 4ª de Navarra al mando de D.Camilo Alonso Vega. Al mando del Comandante Alberto Ruiz Moriones

La acción más importante del Zumalacárregui fue la toma del Bizcargui donde actuó en vanguardia apoyado por el Montejurra, siguiendo después hacia Amorebieta y combatiendo con fiereza Requeté en el monte Malmasín con sus hermanos de Tercio de San Fermín.

Relato de un Requeté sobre la toma del Bizcargui

Nos encontramos en las estribaciones del Bizcargui, junto al Tercio de Montejurra. Recuerdo haber avnzado entre pinares que despedían un olor intenso al ser traspasados sus troncos por las balas. ¡Como acuden a la memoria, y casi al olfato, los olores de la guerra! El frente Vizcaya va asociado siempre en mí con el aroma de las pinadas. El de Santander, con el de los eucaliptos. Con el tomillo y la salvia los frentes de Aragón y Catalunya. Y con el seco y punzante de la retama y las vides en granazón el del frente del Ebro. De está operaciones con el Zumalacárregui, que actuaba en vanguardia, me vienen a la memoria las imágenes del Comandante Ruiz Moriones, alto, flaco, ya mayor, de cara huesuda y ojillos vivos y bondadosos, resguardados con gafas de aros de concha blanca; la chabola que lo cobijaba, hecha de ramas de pino cortadas en verde, con un fueguecillo dentro de la choza, que oscilaba y daba más humo que llama debido a la lluvia que empapaba todo; la preparación para el ataque, en la madrugada, con el entrechocar de las gamellas, de los fusiles y machetes, y de aquellas caretas antigás alemanas, solidísimas, que servían normalmente - tirada la careta y conservando el recipiente - para guardar tabaco (y que al iniciarse el ataque también, normalmente, se tiraban); finalmente, recuerdo de aquellas jornadas, en las cercanías de Amorebieta, el pesado humo de los incendios que comenzaban a iluminar, en el ocaso del día, los arrabales y caserios de la villa vizcaína, defendida todavía por batallones de gudaris.

Ya camino hacia Bilbao, el Zumalacárregui junto con el Tercio de San Fermín, asalto y tomó el Monte Malmasín, encima de la Villa, en la que, como el Tercio de Montejurra, no entró el 19 de Junio, día la liberación, sino que quedó en el Pagasarri. Días después hasta el 4 de Julio relevándose ambos Tercios, avanzaron por Alonsotegui y la Cuadra hasta San Pedro de Galdames, donde rescatarón a muchos prisioneros de los rojo-separatistas. Al 30 de junio los efectivos del Zumalacárregui eran de 73 oficiales y sargentos y 268 requetés. Así pues, las bajas desde el comienzo de la ofensiva de Vizcaya habían sido 230 entre muertos y heridos.

Hasta agosto, al igual que las demás unidades de la 1ªBrigada de Navarra, descansó en Arrigorriaga y Amurrio, hasta su traslado a San Cebrian de Mudá para la rotura del frente de Santander, que ocurrió el 14 de agosto, en el sector de la 1ª de Navarra, desde Barruelo a Brañosera, donde las posiciones del Cueto (cota 2.105) y el de Valdecebollas (cota 2.136)eran llaves para romperlo. En la toma de esta cota el Tercio se hizo famoso ocupando en un ataque nocturno el Valdecebollas y en el que hizo más de 100 prisioneros abriendo así la brecha de aquella campaña santanderina. El General García-Valiño mostró sus satisfacción por aquel hecho de armas y el Tercio era considerado como muy bueno y sus oficiales como muy distinguidos.

El Tercio de Zumalacárregui continuó hacía Peña Artía, Peña Rubia y Peña Labra, donde al atardecer ondeó la bandera de España . Los ciento y pico prisioneros que había hecho el Zumalacárregui en el asalto de la madrugada quedaron en el PC.

Continuo el Tercio, como las demás de la 1ª de Navarra, por Reinosa, Bárcena y Barcenaciones, Santaolalla y Toerrelavega. Desde esta villa, descendiendo por el valle de Basaya, se cortó, en el puente de Barreda, la cerretera general Santander Oviedo, única vía de comunicación entre la Montaña y Asturias. Santander fue ocupado el 26 de agosto.

Por aquel entonces los batallones de gudaris habían iniciado conversaciones con los Italianos "Flechas Negras" para rendirse a estos. El General Franco se negó en redondo y solo aceptó la rendición incondicional, que se produjo el día 27 de agosto. En la zona de Santoña, 13 batallones de gudaris, con algunos otros de filiación anarquista, socialista o comunista - unos 30.000 hombres en total - entregaron sus armas a discreción siguiendo instrucciones de Leizaola, ministro del Gobierno Euzkadiano, que, en presencia del Coronel Troncoso, dio ordenes para que los elemento vascos en santoña y su zona se rin- dieran a discreción.





Se separa la 4ª Compañía del Tercio para formar el Tercio de Nuestra Señora del Camino previo paso por el Tercio de San Ignacio. El Estado Mayor de la 1ª Brigada de Navarra mantiene a la 4ª Agrupación de descanso en las localidades de Aligorriaga y Quincoces de Yuso, posteriormente participó en la ruptura del Frente de Santander desde el Sur. El Frente se rompe de nuevo con Requetés de García-Valiño y Marcén por Cueto y Valdecebollas, en un ataque nocturno, mereciendo la felicitación de García-Valiño. El Zumalacarregui ocupa Barcenaciones y Santaolalla.

El Frente Asturiano esperaba al Tercio con el lógico temor de la Leyenda a la ya brillante actuación de la 1ª Brigada de Navarra (Los Navarros). El macizó de Mazuco, donde intervino toda la 1ª Brigada fue testigo de la actuación del Zumalacárregui junto a sus hermanos Requetés.

Desde Azuelo donde permanecía el Tercio, el día 31 el tercio cruzó junto con el Montejurra, el río Deva, comenzaba así, la campaña de Asturias, que duró desde el 1 de septiembre al 21 de octubre de 1937. En esta campaña, los Tercios de Montejurra y Zumalacárragui lucharon juntos en una misma trayectoria : Colombres, Mazuco, Parres, Ribadesella, Cangas de Onis, Colunga, Sierra de Sueves, Carrandi, Villaviciosa y Gijón, en donde entraron a las 10 de la mañana del día 22 de octubre, después de escuchar en la noche del día 21, el comunicado del Cuartel General del Generalísimo: "El Frente Norte ha desaparecido".

En Noviembre de 1937 el mando Militar disponía la Fusión del Tercio de Zumalacárregui y el Tercio de Mola (antes de Nuestra Señora de Roncesvalles) al Tercio de Montejurra en sus Compañías 2ª y 3ª. Es de notar que el Tercio de Zumalacarregui tenía más hombres que el Tercio de Montejurra muy fogueado y de anterior creación.

El Pater Rvdo. D. Policarpo Cía nos relata en su libro "Memorias del Tercio de Montejurra" ..Conocíamos al Tercio de Zumalacarregui desde los días aciagos del Bizcargui y Urcullu; en la operación sobre Torrelavega seguíamos líneas paralelas, y mutuamente nos ayudamos en la consecución de importantes objetivos; finalmente en el paso del río Deva (Asturias) comprobamos el ardor combativo de los requetés guipuzcuanos, y desde entonces no nos separamos de ellos. A los veteranos navarros no extrañó la fusión de los dos Tercios; y a los fornidos guipuzcoanos parecioles honor militar bajo la enseña de un Tercio tan Glorioso.

Los combates de los requetés guipuzcoanos fueron, pues, los mismos en los que intervinieron los navarros del Montejurra e idéntica la trayectoria en los diversos frentes a partir de la fusión. Descanso en Navarra hasta el 8 de diciembre de 1937; traslado, ya integrado en la 1ª División de Navarra, primero a Guadalajara, luego a Teruel, al Alfambra y Levante, Espadán, Ebro y Catalunya.

El requeté vergarés González Bastida cantaba y acompañaba con su acordeón preciosas canciones que animaban mucho a sus compañeros:

Zaltzen, Zaltzen, txakurtxikibaten karameluak,

está muy bien, esatendum confiteruak.

Cuando vamos a Ochandiano, "Santamaña", egunian,

Tomaremos chocolate, sombreraren gañían.


PARA NOSOTROS EL TERCIO DE ZUMALACARREGUI SON AHORA LAS 2ª Y 3ª COMPAÑÍAS DEL MONTEJURRA QUE EFECTIVAMENTE VOLVIÓ A EXISTIR COMO UNIDAD CON IDENTIDAD PROPIA EN EL MES DE MARZO DE 1939, AL IGUAL QUE PASO CON EL SAN FERMÍN AGREGADO AL LACAR"

Nos cuenta Carmelo Revilla Cebrecos Oficial del "LACAR"..........No habiendo esos días más cosas dignas de mención , salvo que el 21 (Se refiere al 21 de Diciembre) los pocos efectivos que quedaban de la Campaña del Norte de los Tercios de San Fermín y de Mola (Antes Nuestra Señora de Roncesvalles) se fusionan en el de Lacar, y el 24 igualmente los de Cristo Rey Leones.... (Es decir que los Requetés de Nuestra Señora del Camino y Cristo Rey Leones no solo fueron a parar al Tercio de Navarra 2ª y 4ª Compañías)

Carmelo no nos especifica que Compañías eran exactamente las agregadas al Tercio, pero sabemos que fueron tres los Tercios que recibieron efectivos (Navarra, Lacar y Montejurra).

Es decir que entre Noviembre de 1937 y Marzo de 1939 cuando hablamos de LACAR Y MONTEJURRA nosotros entendemos y así lo diferenciaremos (LACAR Y SAN FERMIN) Y (MONTEJURRA Y ZUMALACARREGUI) + Los efectivos del Tercio de Mola y Cristo Rey Leones.

Como nos dice D. Emilio Herrera Alonso en su libro "Los Mil Días del Tercio Navarra"....Se van cubriendo las bajas del tercio; para ello se incorporan a él la Compañía de Nuestra Señora de Begoña del Requeté de Álava, que ya estaba en el Tercio de San Fermin. Además de estos recios alaveses, se integran en el Navarra las compañías 2ª y 4ª del Tercio Virgen del Camino y Cristo Rey Leones, compuestas por requetés de León y Cantabria. A PARTIR DE ESTE MOMENTO SE MEZCLARA LA SANGRE DE LOS REQUETÉS ALAVESES, CANTABROS Y LEONESES A LA DE SUS HERMANOS NAVARROS EN LOS FRENTES DE ESPAÑA.


DEVOCIONARIO EMPAPADO CON LA HEROICA SANGRE DEL REQUETÉ MARIANO BERISTAIN

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Requeté D. Mariano Beristain de la 3° COMPAÑIA DEL TERCIO ZUMALACARREGUI (Ya fundido al MONTEJURRA), caído en la Muela (Frente de Teruel) el 8 de enero de 1938. ESTA EL DEVOCIONARIO EMPAPADO CON SU HEROICA SANGRE, ya que cuando recibió la mortal bala en la cabeza que acabo instantáneamente con su vida, portaba en el bolsillo de la guerrera esta AUTENTICA RELIQUIA.
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2018 02 13, 9:55
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TERCIO DE ORIAMENDI

Batalla del Monte Oriamendi

Cada posición era tomada a paso de carga y los cadáveres
ingleses marcaban los puntos que habían defendido. El 6º de Guipúzcoa se
hizo con la altura de Bertizarán haciendo huir a los ingleses que la
defendían, y el intrépido voluntario José Arteaga se apodero de la bandera
del 9º batallón de la Legión Británica, matando al oficial que la llevaba.

Cinco horas de fuego y lucha, así como de brillantes cargas de caballería
habían reducido a los enemigos a la sola altura de Oriamendi. Contra este
ultimo reducto

convergieron las fuerzas carlistas de Villareal, Alzaa y Goiri, siendo el
desastre y los muertos liberales extrema. Se dice que fueron tantos que por
no enterrarlos, los hacinaron y pegaron fuego. El resto de las fuerzas
cristinas e inglesas fueron a escape hacia San Sebastián en busca de refugio
siendo constantemente perseguidos por los carlistas, los cuales a punto
estuvieron de entrar en San Sebastián a no ser por las descargas desde Ayete
de un batallón de la Marina inglesa al mando de Lord John Hay.

Melchor Ferrer Dalmau
(Historia del tradicinalismo Español)

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Cuadro del Maestro Pintor D. Augusto Ferrer Dalmau "Oriamendi"

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El Tercio Orimendi entró en Barbastro el 28 de Marzo de 1938. El cuarto Requeté por la izquierda "casi un niño" es D. José Álvarez Limia.

Fotografías y Derechos de Autor Propiedad de D. José Álvarez Limia. Requeté del Tercio de Oriamendi (Fotografías y Texto total o parcial sometidas a la Ley de Propiedad Intelectual)

(Vivencias personales en la Guerra Civil de D. José Álvarez Límia)

El tercio Oriamendi se constituyo en Guipuzcoa tomando el nombre del monte (mendi) Oria, Oriamendi es igualmente el titulo del himno del requeté de autor desconocido cuya partitura apareció en una batalla en la primera guerra carlista y se le adapto la letra "Por Dios, por la Patria y el Rey...". Antes de continuar aclarar que un tercio es equivalente a un batallón del ejército. La creación de esta unidad posiblemente constituya un caso único por que cada Compañía estaba formada por voluntarios de una misma localidad. Así la 1ª eran jóvenes de San Sebastián, la 2ª de Tolosa, la 3ª de Ordicia y la 4ª de Beasain, en esta última sirvió José.

Tercio Oriamendi en la Campaña de Aragón


El tercio Oriamendi se constituyo en Guipuzcoa tomando el nombre del monte (mendi) Oria, Oriamendi es igualmente el titulo del himno del requeté de autor desconocido cuya partitura apareció en una batalla en la primera guerra carlista y se le adapto la letra "Por Dios, por la Patria y el Rey...". Antes de continuar aclarar que un tercio es equivalente a un batallón del ejército. La creación de esta unidad posiblemente constituya un caso único por que cada Compañía estaba formada por voluntarios de una misma localidad. Así la 1ª eran jóvenes de San Sebastián, la 2ª de Tolosa, la 3ª de Ordicia y la 4ª de Beasain, en esta última sirvió José.

Tercio Oriamendi en la Campaña de Aragón

Vayan por delante algunos datos familiares: éramos siete hermanos nacidos en el seno de una familia de profundas raíces cristianas, los cuatro varones recibimos formación en el colegio que los Hermanos de La Salle tenían en Verín. Al iniciarse el Alzamiento de Franco, Rafael, recién licenciado del servicio militar, fue movilizado para incorporarse a las tropas que mandaba el General Varela. Antonio, con dieciocho años recién cumplidos, salió con el primer grupo de requetés de la localidad (una decena, aproximadamente) encabezado por Ricardo Cid Toubes (carlista de pura casta, hijo y nieto de carlistas) que aparece citado en la obra "Los combatientes carlistas en la guerra civil española" como alférez de la Compañía de requetés orensanos, página 301, tomo II.

Ocurría en octubre del 36, y la primera carta suya llegó a casa un mes después. Poco más o menos, en la que daba cuenta de que se encontraba con sus compañeros en el Tercio de Cristo Rey, a las puertas de Madrid. Jesús, que era dos años mayor que yo (16 años) salió con otro grupo un par de meses más tarde para incorporarse, con otros compañeros orensanos en el Tercio Abárzuza, que operaba en el Alto de los Leones. Mi incorporación a la guerra ocurrió en noviembre del 37 y diez meses más tarde llegó la reclamación de oficio de mi padre, que me devolvió al seno de la familia. De las tres mujeres (nuestra madre murió como consecuencia de mi alumbramiento), la mayor de todos, María Luisa, falleció algunos años antes de iniciarse la guerra; la que la seguía en edad, Josefa, había ingresado en un convento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, y Celsa, la más joven (tres años menor que Rafael y dos mayor que Antonio) se incorporó voluntaria, como auxiliar de enfermería, en el hospital militar montado en las instalaciones del Gran Hotel del Balneario de Cabreiroá. La tía Celsa, hermana de mi padre, que sacó adelante mi orfandad y cubrió muchas carencias de toda la familia, soltera y en buena situación económica, aportó al inicio del Movimiento un lote de valiosas joyas (que entregó personalmente al General Millán Astray) y muchas oraciones y lágrimas. En su casa, que era la mía, se salvó uno de las más buscados “rojos” de la Villa, llamado Antonio García, “el panadero” al que me mandó ocultar en el rincón de una cuadra. Allí permaneció tres días con sus noches, mientras en la planta superior de la vivienda dormía el tío Manolo, carabinero (guardia de fronteras) concentrado con los demás compañeros de zona para ocuparse del orden público en Verín y su comarca. Mi padre se incorporó a la Orden de los Caballeros de Santiago, que se encargaban de mantener el orden en los pueblos, ayudar en labores de ayuda y asistencia, y tratar de impedir desmanes por parte de los falangistas radicales. No portaban ningún tipo de armas. Así, pues, de una manera u otra, toda la familia estuvo implicada en aquella guerra.

Con el grupo de orensanos voluntarios conducidos desde Las Arenas (Bilbao) por el Teniente Basauri, me incorporé al Tercio Oriamendi en la primera quincena de Noviembre de 1937, en Mañeru (Navarra) cuando la Unidad se hallaba de descanso. Un descanso que se prolongó hasta los primeros días del mes de diciembre, con permanencias de algunos días por dos o tres pueblos de la región. De allí nos trasladamos a la provincia de Guadalajara: Salinas de Medinaceli, Ribas de Saelices y Saelices de la Sal, donde se hallaba no sé si de guarnición o descanso la 1ª Bandera de Falange de Orense en la que militaban muchos jóvenes verinenses.

Pienso que el Tercio estaba destinado para ocupar posiciones en el frente de Guadalajara; pero la ofensiva republicana sobre Teruel determinó su traslado a Santa Eulalia y Gea de Albarracín. Esto ocurría en la tercera decena de Diciembre, para comenzar la campaña del Bajo Aragón. Estoy convencido de que nuestra partida hacia el frente para acudir en socorro de los defensores de Teruel, se produjo con unos diez días de retraso, tal vez por un cálculo equivocado de los efectivos que el enemigo había puesto en su ofensiva. Acudimos al combate y el primer golpe lo recibimos en Montordo, en la madrugada del día 28, durante la celebración de una Misa de campaña. Fue, precisamente, en el momento de la consagración cuando la artillería enemiga comenzó un bombardeo que se prolongó durante quince minutos, poco más o menos. Una eternidad para mí, que con el resto del grupo orensanista, recibía el bautismo de fuego. Aquel día comenzó para el Tercio Oriamendi la batalla de Teruel. Y al día siguiente participamos en el ataque a la posición de Los Morrones, cuando las temperaturas descendían por debajo de los cero grados. A partir de ahí nuestro avance sobre Teruel se hizo imparable; las tropas enemigas disparaban de lejos y, ante nuestra insistencia, nos iban cediendo terreno. Transcurrió el día 30, y el 31 parecía una copia del anterior; y lo fue hasta las últimas horas de la tarde, que comenzó a nevar copiosamente y la temperatura descendió ya de una forma brutal.

Nuestra marcha sobre la árida meseta, que nos acercaba a la Ciudad, se hizo más animosa, pensando en la pronta liberación de nuestras tropas sitiadas. Anochecía cuando los compañeros empezaron a cantar: “Los requetés son valientes/ Nadie lo podrá negar/Luchan en todos los frentes/ Y Aragón van conquistar”. Y descendimos hasta el llano con Teruel a tiro de piedra, completamente a oscuras; pero nos ordenaron acampar al pié de La Muela, protegidos por un pinar que nos proporcionó abundante leña para encender hogueras. Y en medio de un profundo y extraño silencio, pudimos dormir, acariciando entre sueños el triunfo que nos brindaba el próximo amanecer... No pudo ser, porque al despuntar el alba un sorpresivo e intensísimo fuego de fusilería, ametralladoras; morteros y artillería de distintos calibres, nos obligó a tomar posiciones en la parte alta para, por lo menos, defender lo conquistado. Era el día 1º de Enero de 1.938; la nieve alcanzaba ya una altura de unos 30 centímetros y la temperatura descendió por debajo de los 14 grados. La penosa situación en que se encontraba el Tercio, y la más grave de los sitiados que terminarían por rendirse, me reafirmó en mi convicción, expuesta más arriba, de que quienes planearon la operación, lo hicieron con un retraso de diez días. Porque, nuestro Tercio, con el resto de las unidades de la Brigada o División, estuvimos rascando la barriga entre el 17 y el 28 de diciembre en Saelices de la Sal, Santa Eulalia y Gea de Albarracín, mientras el enemigo acumula tropas y abundante material al cerco de Teruel a marchas forzadas. Afianzamos nuestras posiciones, cavando cuevas para poder descansar y dormir; puede decirse que nuestra vida transcurrió bajo tierra durante casi dos meses, y solamente por la noche salíamos a pasear por el exterior. El enemigo nos sometió a durísimos ataque, principalmente a lo largo de la primera quincena del mes de enero. Nuestra Compañía, la 4ª, sufrió bastantes bajas, entre ellas la del Capitán, Enrique Jiménez Porras y mi paisano, Nicolás Rodríguez, fornido y robusto, a sus 16 años recién cumplidos. También hubieron de ser hospitalizados, con síntomas de congelación, un importante número de compañeros y algunos, entre ellos mi otro paisano, José Quinto, sufrieron amputaciones que les inutilizaron para seguir la lucha. A partir de ahí el ímpetu enemigo decayó hasta casi extinguirse, con solamente algunos ataques ocasionales, muy esporádicos y sufriendo siempre importantes bajas el enemigo. Y esta situación se prolongó hasta la segunda decena de febrero. Eso si, casi a diario la aviación nos obsequiaba con unos espectaculares combates de escasa duración, porque la superioridad de los nuestros cazas era manifiesta. Y en dos o tres ocasiones una escuadrilla de “ratas”(Aviones de fabricación soviética) ametralló nuestras posiciones, pero sin hacer blanco, ya que, como he relatado, teníamos buenos refugios.

Y llegó nuestra definitiva ofensiva. El 19 y el 20 de febrero nuestra aviación inició un intenso bombardeo de las posiciones enemigas, mientras nosotros, asombrados y atónitos, veíamos llegar una escuadrilla de bombarderos como dejaban caer su mortífera carga; pero antes de desaparecer por el lado opuesto aparecía otra escuadrilla que seguía los mismos pasos. Así durante horas. Por fin, el día 21, nos ordenaros salir de nuestras trincheras para ocupar las enemigas, y nos lanzamos gritando: “¡Viva Cristo Rey, viva España!”( los requetés jamás pronunciamos el famoso “arriba España” de los falangistas). El trecho entre nuestras trincheras y las de la primera línea enemiga era muy corto, por lo que pronto nos encontramos (nuestro pelotón) con una veintena de sus defensores, en plan de rendición (en pié y con los brazos en alto); aparecieron ante nosotros de rodillas, con las manos juntas, implorando perdón. Fue un espectáculo penoso: semidesnudos, sucios, rostros y manos ennegrecidos... A partir de ahí nuestro avance ya se hizo imparable, haciendo numerosos prisioneros y ocupando depósitos de municiones y armamento. Tomamos Villaescusa y varias cotas del monte Galiana; pero para darnos un respiro y disfrutar de un merecido descanso, nos enviaron a Cella . El Mando debió pensar que nos aburría el descanso y una noche de mediados de marzo nos embarcaron en camiones para dejarnos en Molina de Aragón, importante ciudad que, pese al nombre, pertenecía a la provincia de Guadalajara. Allí se había amotinado un Tábor de Regulares. Afortunadamente, no hubo lucha; los amotinados se rindieron ante la llegada de nuestro Tercio y en la fría madrugada del día siguiente a la rendición, fueron fusilados los cabecillas por un pelotón del propio Tábor, que nos obligaron a presenciar.

Y nos trasladamos a la Provincia de Huesca para iniciar las operaciones en el Alto Aragón. Tras unos pocos días en el castillo de Argos, a pocos kilómetros de Huesca, nos lanzamos a la conquista del castillo de Montearagón el día 25, el 26 Siétamo y Velilla; el 27 Angüés, pasando el río Alcanadre, para ocupar Las cellas y el 28 la importante ciudad de Barbastro. Existía el temor de que las tropas enemigas defenderían la Ciudad, por lo que a la distancia de un kilómetro, poco mas o menos, de las primeras casas, se nos ordenó la aproximación en despliegue, para avanzar formando un semicírculo con el fusil a punto y la bayoneta calada. Y así, con mucha cautela todos nuestros efectivos penetramos simultáneamente por varios puntos distintos en una ciudad sumida en tan profundo silencio que parecía deshabitada: pero comenzó un repique de campanas y el vecindario se fue dejando ver tras los cristales de ventanas y galerías, mientras nosotros nos felicitábamos entre sí. En todo este recorrido el enemigo ofreció muy escasa resistencia. Ante nuestra proximidad se batían en retirada, mientras los pueblos quedaban desiertos. La excepción, en este caso, se dio en Barbastro donde huyeron las tropas que deberían defender la Plaza, pero no los habitantes residentes, salvo las lógicas excepciones de matiz político. Y poco a poco las calles y plazas empezaron a cobrar vida. La gente se abrazaba entre sí, nos hacían partícipes de sus abrazos y nos colmaban de besos, con enfervorizados y emocionados gritos: “¡Viva España! ¡Vivan los Requetés! ¡Vivan las Brigadas de Navarra!”.

Pero el enemigo nos la “tenían preparada” al otro lado del Cinca, con la voladura de puentes y, especialmente las compuertas del embalse de Barasona. El paso del Cinca se llevó a cabo la tarde del día 29 con importantes bajas para las tropas nacionales que operaban a nuestra izquierda, río arriba.

El 29, sobre las tres de la tarde, emprendimos la marcha para cruzar el río Cinca. Todo el Tercio Oriamendi se desplegó muy cerca de la orilla, teniendo a la derecha al Tercio de Nuestra Señora de Begoña y a la izquierda el de Nuestra Señora La Virgen Blanca, de Bilbao y Vitoria, respectivamente. A mi compañía le correspondió hacerlo en una zona en la que el río se abría en dos canales, formando un islote de arena y gravilla de aproximadamente un Km. de largo. Dos aviones de reconocimiento sobrevolaban una larga elevación del terreno que se extendía a lo largo del río, más allá de lo que alcanzaba mi vista tratando de observar presencia de tropas enemigas y como no se detectó tal presencia, no se ordenó la actuación de nuestros aviones de bombardeo. Gravísimo error, que se saldó con muchos muertos. Río arriba se produjeron grandes explosiones y, poco después, se nos dio la orden de cruzar el río y ocupar la loma de la otra orilla. Puse mi equipo sobre la cabeza y me adentré en las aguas del primer canal que me cubría hasta la altura de las tetillas. (Yo medía 1,65 metros pero era fuerte y robusto). De pronto una tremenda lluvia de fuego de fusilería y ametralladora me salpicaba por todas partes: alcancé el arenal, me tumbé en el suelo y preparé mi fusil, como todos los demás, calando la bayoneta, porque sabíamos que, si antes no nos alcanzaba una bala, la lucha llegaría cuerpo a cuerpo. Y en medio de aquel infierno, pude ver una montaña de agua que avanzaba sobre nosotros; había que salir de allí a toda velocidad para alcanzar la colina; el arenal se me hizo interminable, pero llegué al segundo canal, algo más profundo y algo más estrecho; salí del agua y vuelta a correr, casi a volar. Me parecía que no era yo el que iba en busca de las alturas y que era la tierra que se me acercaba para brindarme la salvación y alcance los primeros metros de subida, mientras mis compañeros gritaban animosos: ¡Arriba! ¡Arriba!. Por un momento volví la vista atrás: fue una visión dantesca, un mar de aguas revueltas contra el que luchaban muchos hombres de nuestro ejército.

Los del Tercio Oriamendi habíamos tenido allí mucha suerte, imaginamos que la conquista de aquellas trincheras terminarían en un combate cuerpo a cuerpo, pero, gracias a Dios, no ocurrió así: el enemigo había huido cobardemente, abandonando armas y equipo. Pero allí quedamos aislados de nuestra retaguardia, porque las explosiones a las que me referí más arriba, fueron como consecuencia de las voladuras de los puentes y las compuertas del pantano. A la mañana siguiente, ocupamos Estadilla, donde permanecimos algunos días, mientras los Cuerpos de Ingenieros hacían posible los accesos entre las dos orillas del Cinca. A nuestro Tercio, y más concretamente, a nuestra Compañía, le correspondió el mejor sector en el despliegue, por que tuvimos la suerte de que no nos alcanzó de lleno la riada y aunque sufrimos algunas bajas salieron peor paradas las Unidades que operaban a nuestra izquierda. Nuestro Tercio tardó menos de media hora en cumplir su objetivo, desde el momento en que se ordenó el avance hasta alcanzar las posiciones enemigas en las lomas de la margen opuesta. Y aclaro, aunque de ello nunca tuve confirmación, que durante el despliegue de nuestro Tercio para la que resultó tan difícil operación corrió de boca en boca que detrás de nuestra primera línea había otra dispuesta para una segunda oleada, integrada por las tropas del Regimiento América. De ser esto cierto vendría a demostrar que nuestros mandos no se fiaron de la versión de nuestros pilotos, que no detectaron presencia enemiga al otro lado del río en sus vuelos de reconocimiento.

El 30, estando nuestro tercio aislado de la retaguardia, tomamos Estada y Estadilla y durante los primeros días de abril ocupamos Calazans y la ermita de Santa Bárbara (Patrona de los artilleros), Gabasa y Estopiñán, ocupando algunas alturas sobre el río Noguera-Ribargozana; y, cruzando el Guart, llegamos a Fert; cruzamos el Noguera y tomamos Agulló, en la Provincia de Lérida. Aquí termino para el Tercio de Oriamendi la Campaña de Aragón, para iniciar la ofensiva sobre Cataluña.


Tercio Oriamendi en la Campaña de "Catalunya" Norte

El día 23 de mayo se traslada el Tercio a Rialp, más al norte, donde en los días siguientes iban a darse fuertes combates por el dominio de Peñas de Aholo. Ignoro el valor estratégico que pudiera tener aquella cota; pero lo cierto es que el enemigo puso el máximo empeño en sus desesperados intentos por conquistarla. El Tercio llegó a las faldas del monte después de una caminata y nos mandaron descansar, mientras se esperaba la orden de iniciar el relevo de la Bandera de la Legión. Había muy cerca de donde me encontraba una ermita o capilla, bastante grande; vi que la puerta estaba abierta y entré a implorar la ayuda de Dios. El espectáculo que presencié fue terrorífico: la capilla estaba totalmente desnuda, pero el piso era un depósito de cadáveres; calculo que más de un centenar, colocados casi en perfectas hileras. Vino a mi mente un texto poético que aprendiera en el colegio..."al suelo le falta tierra para cubrir tanta tumba"... y recé, recé por ellos, recé por mi y por todos. Pero el espectáculo del terror no terminaba allí, porque a poco de iniciada la ascensión a la cota de destino, una caravana compuesta por diez o doce mulos descendía por un sendero, portando cada uno en sus camillas dos muertos o heridos, porque algunos dejaban oír sus gemidos.


Fueron unos días y noches de auténtico infierno; los ataques de las tropas rojas se sucedían de forma constante; no había horas para mal comer, ni para dormir, acurrucados al amparo y abrigo de una roca. Y entre uno y otro ataque eran las granadas de sus morteros las que nos causaban más bajas. Y dos días después de habernos hecho cargo de la defensa de aquella posición, se incorporó a la Compañía aquel muchacho ourensano, Manuel Sánchez Vázquez, que el 31 de diciembre del año anterior hubo de ser trasladado al Hospital para ser operado de urgencia, cayó víctima de un morterazo que le alcanzó de lleno, cinco o seis minutos después de su reincorporación al frente de combate. Quizás nuestro joven requeté (muerto a la edad de 17 años recién cumplidos) sea el único combatiente de primera línea, que murió en la guerra sin tener la oportunidad de disparar un solo tiro; si una súbita enfermedad le apartó, muy pocas horas antes de iniciarse la batalla de La Muela; una granada de mortero le dejó fuera de combate cuando, fusil en mano, se aproximaba a ocupar su puesto en la trinchera de la cota 1.560. Sirva el dato para la estadística de casos insólitos de aquella guerra.


Y vuelta al paseo militar, a los ejercicios de senderismo, Balaguer, Tremp, Pobla del Segur, Sort y toda la rivera del Noguera-Pallaresa, para llegar hasta el límite con el Pirineo francés, sin encontrar más resistencia que la ya referida de Peñas de Aholo, al citar al compañero muerto, Manuel Sánchez. Y allí, en la saludable altura de la cordillera pirenaica, terminó mi aventura el día 1 de septiembre de 1938, cuando aún no había cumplido los dieciséis años, reclamado de Oficio por mi Padre.


Ojalá que nunca más vuelva a ocurrir otra tragedia fraticida, como la que me ha tocado vivir, sufrir y casi morir, por Dios, por la Patria y el Rey... Y ahora, el revivir de los acontecimientos en este escrito me ha hecho derramar muchas lágrimas. Yo me había formado en el colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle.

Este trabajo pretende ser un diario de operaciones de las que he sido testigo y protagonista. Puede que haya omitido, involuntariamente, el nombre de algún pueblo o lugar, en el que sucediera algún hecho relevante, como también podría existir error en alguna de las fechas citadas. Y no he querido referirme a operaciones menores en las que he intervenido, como custodia y vigilancia de prisioneros, descubiertas e incursiones en zona enemiga, como el asalto a un convoy de víveres y armamento. El Tercio Oriamendi nunca se batió en retirada, según me informaron los más veteranos y puedo dar fe de que, al menos en el tiempo que permanecí en sus filas, jamás lo hizo, gracias a Dios.

Siempre respeté y amparé a los prisioneros, compartiendo con ellos mi comida y mi tabaco. Y en la lucha he tenido siempre en mi mente las palabras del defensor del Alcázar de Toledo, conocido como “El Angel del Alcázar”, quién suplicaba a sus compañeros sitiados: “¡Disparad; pero disparad sin odio!”





DÍAS DE COMBATES EN EL "COLL DE LA BANA" (PIRINEO CATALÁN) - COTA 1460.

Verano de 1938: los ejércitos contendían y se desangraban en la durísima batalla del Ebro, por lo que nuestro frente estaba muy estabilizado; no estimo que existieran grandes contingentes de fuerzas; pero pude contabilizar tres muy duros ataques del enemigo con muchos hombres. A destacar que tales ataques fueron nocturnos, amparados por otras tantas violentas tormentas.

El enemigo llegaba desplegado, a través del espeso bosque de pino y matorral, hasta el claro espacio de uno 25 ó 30 metros entre el arbolado en que se apoyaban nuestras alambradas hasta nuestras trincheras. Nuestro fuego les obligada a lanzar unas bombas de mano que nunca alcanzaban las trincheras y disparaban sus fusiles, protegiendo la retirada de regreso al amparo del bosque; nuestros camilleros recogían a sus heridos y se enterraba a los muertos. No tengo constancia de que hubiese bajas entre los nuestros.

Seguro que tales ataques eran planeados con carácter circunstancial por cualquier jefe de Unidad o Destacamento, buscando la sorpresa al amparo, en los casos citados, de las tormentas veraniegas. Con el Tercio Oriamendi allí, no cabía la sorpresa, porque manteníamos centinelas de avanzadilla, más allá de la alambrada espinosa, para detectar presencia o ruidos sospechosos.

Por nuestro Tercio se produjo, en la misma posición, una operación de cierto riesgo. Y es que desde nuestra posición se podía ver un largo tramo de carretera que podía ser batida por nuestro fuego, por lo que, durante el día no circulaban vehículos de ningún tipo; pero a ciertas horas de la noche podía escucharse el ruido de tráfico de vehículos pesados, por lo que el Comandante del Terció, dio la orden para atacar lo que se suponía un convoy de vehículos con material de guerra. La operación se la encomendó a nuestra Sección, mandada por el teniente Sánchez, que relato aquí: Todo lo que estaba a nuestra espalda era territorio conquistado y al frente, monte abajo, era tierra de nadie. Por la falda del monte circulaba una carretera de morrillo y muy cerca de esa vía discurría un río y a poca distancia un pueblecito, entre verdes campiñas, que ponían vida y alegría al bellísimo paisaje.

Yo pasaba horas contemplando, desde las alturas, aquel milagro de paz; y veía a los habitantes de los caseríos más próximos y su ganado en los pastizales. En alguna ocasión rogué al Señor por sus vidas y haciendas; pese a que ignoraba el nombre de aquel pueblo, o caserío temí por su futuro, porque muy cerca había una guarnición militar, como pudimos comprobar con ocasión de una "descubierta" o incursión nocturna, en la que intervine y en la que logramos llegar hasta la carretera antes citada, con la intención de volar una caravana de vehículos con material de guerra: No fue posible llevar a cabo la operación, porque un desprendimiento de grandes masas de pizarra, alertó al enemigo (una Cíª. aproximadamente), como pudimos ver, desde el talud de la carretera en que estábamos apostados. Cuando el grupo enemigo se disponía a vadear el río, regresamos, monte arriba a nuestras posiciones. Ignoro si la operación se llevó a buen fin en ocasión posterior, tras mi vuelta a casa. Quiero suponer que sí y con éxito



HIMNO ORIAMENDI
Imagen


Familia de Don José Álvarez Limia que ofreció TRES Valientes Requetés a la Cruzada.

PAGINA WEB PERSONAL DE JOSE ALVAREZ LIMIA REQUETE DEL TERCIO DE ORIAMENDI

D. JOSE ALVAREZ LIMIA

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