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La gesta de los jinetes del Alcántara. 
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Mensaje sin leer La gesta de los jinetes del Alcántara.
Nota aclaratoria.

Para comenzar solo decir que estos estupendos articulos no son mios si no de lo que voy recogiendo por internet,en algunos les añado alguna foto y en otros los dejo tal cual,tambien decir que muchos de ellos son del señor Javier Sánchez Regaña y Hans Nicolás i Hungerbühler,lo reflejo para que no se produzcan errores de identificacion.

Publicado en su blog,lunes, 18 de octubre de 2010, 15:50:12 | sanchez_reg@hotmail.com (Javier Sánchez Regaña)
Muchas gracias Javier y a todas las personas que van exponiendo todo esto y yo recopilo para disfrute de quien le interese.
Gracias para todos.


2011 12 11, 2:51
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
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Breve reseña histórica del Regimiento Alcántara

En la actualidad, esta unidad lleva el nombre de "Regimiento de Caballería Acorazado "Alcántara" nº 10", y pertenece a la Brigada de Caballería “Castillejos” II (que desciende del llamado “Trozo de Milán”, creado en esa ciudad italiana el 4 de Abril de 1661).

NOTA: "Trozo" es el nombre que se daba a las unidades tácticas de Caballería en los siglos XVI y XVII, al igual que los Tercios eran las de Infantería. En el siglo XVIII, tanto las anteriores como las de artillería se organizaron en Regimientos. El nombre de "trozo" aún se utiliza en la Infantería de Marina.

El Regimiento Alcántar tuvo su origen en el 19 de Febrero de 1656, con el nombre de "TROZO DE NESTIEN", llamado así por ser éste su primer Maestre de Campo. Quedó establecido en el Estado de Bruselas.

En 1696 se estacionó en Cataluña. En (con el nombre de Regto. da Caballería Cecile, por su coronel D. Alejandro Cecile) pasó a Lombardía (italia), destacando en las batallas de Luzara, San Sebastiano y Monte-Deuzo.

En 1706 vuelve a los paises Bajos, para reforzar las Unidades españolas de defensa, interviniendo en las últimas acciones españolas en este territorio, como la reconquista de Brujas.

En 1710, España comienza la evacuación de Flandes. El Regimiento llega a Cataluña y Aragón y termina en Extremadura, en donde recibe hombres y caballos.

En 1714 vuelve a Cataluña, interviniendo en las últimas acciones finales de la guerra de SUcesión.

En 1718, recibe el nombre de "alcántara", nº 7, como consecuencia de la sigueinte Real Ordenanza de 10 de Febrero:
"Don Felipe V,... por cuanto por Ordenanza de 28 de Febrero de 1.707 establecí los nombres perpetuos que habían de tener mis Regimientos.... ; y conviniendo a Mi servicio, que se restablezca esta regla y sea general para todos los Cuerpos de Infantería, Caballería y Dragones que me sirven en mis dominios de Europa y África, sin que los referidos nombres se varíen, aunque se muden los Coroneles, ni por otros motivos; he resuelto, que todos los Regimientos que se incluyen en esta Ordenanza se nombren perpetuamente en adelante en la conformidad que se sigue: Coronel Alejandro Cecile, Nombre que tenía “Cecile”, Nombre definitivo “Alcántara", siendo su número el 7º”.

En 1733 vuelve a Italai, a Toscana, formando parte del ejército del Conde de Montemar. se acantona en Florencia e interviene en varias acciones. En 1738, se traslada a Tarento, y en 1740 regresa a España. Reside primero en Fuente de Cantos (Badajoz), y después en Zamora.

En 1762 toma parte en la ocupación de Braganza y Almeida, en la campaña de Portugal.

En 1769 se le fusiona el Regimiento de Caballería Brabante. En 1786 está acantonado en las plazas de Loja y Alcalá la Mayor (distrito de Granada). Después pasa a Extremadura.

En 1793 forma parte del Ejército del Rosellón que, bajo el mando del general Ricardos, invade Francia, iniciándose la guerra de la Convención. El Regimiento interviene en el ataque de Treserres.

En 1797, después de finalizar la guerra anterior, se le destina al Puerto de Santa María (Cádiz) para proteger de los intentos de desembarco ingleses. En 1800 vuelve a Extremadura, estableciéndose en Badajoz y Olivença. En 1805 vuelve a Cádiz, acantonándose en San Roque, Tarifa y Ronda.

En 1808 forma parte del Ejército del General Castaños. Durante la guerra interviene en la defensa de Somosierra conta Napoleón, y en otras acciones posteriores. En 1.812 defiende la Plaza de Valencia. Después, se traslada a Murcia.

Después figura de guarnición en Sevilla y otras plazas de Andalucía, Extremadura y Castilla la Nueva.

En 1851 pasa a denominarse "Regimiento 16º de Lanceros". Pasa por las plazas de Alcalá de Henares, Vicálvaro, Sevilla, Alcalá de Henares (otra vez) y Madrid (presta servicio en el Real Palacio y en la plaza).

En 1860 está en Puerto de Santa María. Después, en Ciudad Real, Madrid (dejando un escuadrón en Almagro), Alcalá de Henares, Madrid (cuartel Conde Duque), Vitoria, Zaragoza, Barcelona (cuartel de Atarazanas).

Entre 1872 y 1876 interviene en muchas operaciones de la tercera guerra carlista, y en la última batalla (la de Peña Plata). Después, pasa a la plaza de Lérida y vuelve a Barcelona (con destacamentos en Gerona, Figueras y Villanueva y Geltrú, y, posteriormente, también a Olot).

En 1895, una unidad expedicionaria se incorpora a los Regimientos de Talavera, Tetuán y Treviño para marchar a Cuba. En 1896 se incorpora un escuadrón completo como escuadrón expedicionario, y en 1898 una pequeña unidad se incorpora al nuevo Regimiento de Caballería bayona nº 33, destinado a Cuba.

En 1899 se acantona en Valencia.

En 1911 se traslada, como regimiento expedicionario, a Melilla (zonas de ZELUAN, RIO KERT Y ZAIO). Interviene en numerosas acciones de la Campaña de Kert, destacando la de RAS-EL-MEDUA.

En 1912 participa en la ocupación de Monte Arruit. Y en 1913-14, en numerosas operaciones. Sus escuadrones cambian de ubicación en función del desarrollo de la guerra. Desde 1912, su residencia está en Melilla, junto a otro regimientod e Caballería: el "Taxdirt".

En 1920, interviene en la ocupación de CHEIF y Tafersit (entre otras).

En 1921 (como ya se ha descrito) participa en Annual y desaparece como unidad. Con sus restos y algunos refuerzos, se crea un "Escuadrón Provisional", que se estaciona el día 24 (el siguiente al desastre) en ZELUAN y MONTE ARRUIT. La defensa de la primera de estas posiciones termina el 3 de Agosto con la muerte de prácticamente la totalidad de las fuerzas defensoras. La defensa de la segunda se prolonga hasta el 9 de Agosto, en que se rinden y son masacrados al salir de la posición. De toda la guarnición se salvaron sólo 600 hombres que fueron hechos prisioneros.

En Agosto de 1921 aún quedaba el Escuadrón de Destinos del regimiento, que estaba en Melilla. Tomó parte en la defensa de la ciudad.

A finales de Agosto se incorpora el Coronel D. Emilio Fernández como nuevo jefe del Regimiento: Durante Septiembre se reciben nuevos hombres y caballos que permiten organizar dos Escuadrones. El regimiento vuelve a existir, y participa en las operaciones de reconquista.

En 1922 ya dispone de personal suficiente para organizar cinco Escuadrones y el de Ametralladoras, destacándose a distintos puntos del territorio.

En 1924 el Regimiento está acantonado en DAR-DRIUSS (ya reconquistada), pero mantiene dos escuadrones en Melilla: uno de Armas, y otro de Destinos. HAsta el final de la guerra (1926), el Regimiento realiza operaciones de escolta y seguridad de convoyes y protección de columnas.

En 1927 se dan de baja los Regimientos de Caballería “Vitoria 28” y “Taxdirt 29”, quedando únicamente el “Alcántara 14”, organizado con una Plana mayor y un Grupo en Ceuta, otro Grupo en Melilla, y un tercero en Larache.

En 1930, a este regimiento se incorpora el "Villarrobledo 23”, que deja de existir. Pasa de guarnición a Badajoz.

En 1931 se disuelve el Regimiento. Sus efectivos pasan a formar parte del llamado Grupo de Auto-ametralladoras cañón.

En 1944 se reorganiza sobre la base del Regimiento de Caballería Mecanizado Nº 19, y recupera su nombre, ahora en la forma de “Regimiento Dragones de Alcántara Nº 15”. Recoge el historial del Regimiento “Cazadores de Vitoria”, y queda de guarnición en Melilla.

En 1958, como consecuencia de la independencia de Marruecos, se disuelven los tábores de Regulares de Caballería 1 y 2, y su historial pasa al Alcántara, que recibe un nuevo nombre: Regimiento de “Cazadores de Alcántara Nº 15”.

En 1959 se traslada a Jaén, tomando el nombre de “Agrupación Blindada Alcántara Nº 15 de Caballería”.

En 1963, toma el nombre de Regimiento de “Caballería Blindado Alcántara Nº 15”.

En 1966, el Grupo Ligero Blindado de Caballería II, de guarnición en Melilla se transforma en el “Regimiento Ligero Acorazado de Caballería Alcántara Nº 10”.

En 1974, pasa a llamarse "Regimiento de Caballería Acorazado Alcántara Nº 10” (que mantiene hasta el presente).

En 1991 recibe la Medalla de Oro de la Ciudad de Melilla, en reconocimiento a su entrega heroica en los sucesos de 1.921, y por la labor humanitaria prestada por el mismo en las inundaciones de 1.985.

En 1994 su acuartelamiento, conocido como "Hipódromo", pasa a denominarse "Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera"

En 1999 el Regimiento se hermana con la Orden de Alcántara en un acto celebrado en el pueblo del mismo nombre.

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En honor al heroismo en 1921, el escultor Benlliure (gran patriota, nacido en Valencia, y autor de muchos
monumentos a patriotas) creó un grupo escultórico bellísimo, que figura en el paseo Zorrila de Valladolid,
frente a la fachada principal de la Academia de Caballería, y frente a los jardines de Campo Grande.

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Escudo del Regimiento (es el de la Orden de Alcántara)

Lema del Regimiento: "HOEC NUBILA TOLLUNT OBSTANTIA SICUT SOL"
(“cabalga como el sol: disipa las nubes a su paso”)


2011 12 11, 2:53
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
La hazaña del Alcántara

LA MUERTE HEROICA DE UN EDUCANDO DE BANDA
Artículo publicado en 16/9/2007, y escrito en Junio de 2006
DEDICATORIA: A los gloriosos jinetes del Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA” Nº14 (Veterinarios y Educandos incluidos), que en la tarde del 23 de Julio de 1921, ofrendaron su vida a la Patria, al cumplirse el LXXXV Aniversario de su heroico y sublime sacrificio.


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Campamento del Hipódromo (1909)

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Cuartel del Hipódromo (1912)

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EL SBTE. MAESTRO CON EL EDUCANDO DE BANDA. 1942

La monjita que acompañaba al muchacho, en uno de los primeros días de Enero de 1921, hasta el acuartelamiento del Regimiento de Caballería “Cazadores de Alcántara” Nº 14, era la misma que catorce años atrás se encontraba de guardia junto al torno del hospicio donde era depositado un niño en un cesto de mimbre y con una nota escrita a lápiz donde con cierta dificultad podía leerse: “Este niño no ha sido bautizado, cuiden de él por amor de Dios y hagan que el día de mañana sea un hombre honrado y de provecho”.

Durante el trayecto, la monja iba recordando esa fria noche de Enero de 1907, cuando, medio adormilada en su guardia, creyó sentir el tintineo de la campanita, producido por el desplazamiento circular del torno al girar sobre sus goznes, así como los pasos presurosos al alejarse, de la persona que había depositado en él la cesta con el niño en su interior.

Y este era el muchacho, todavía un niño, que educado por la comunidad religiosa del benéfico centro durante sus primeros 14 años, camina hoy a su lado con cierta tristeza reflejada en sus ojos, al tener que abandonar el centro donde se crió, pero con la alegría que le producía el saber que, si todo iba bien, ese mismo día podría vestir el honroso uniforme de la Caballería Española; ya que desde meses atrás y esperando tener cumplida la edad reglamentaria, había venido manifestando su deseo de “sentar plaza” como educando de banda para luego seguir la honrosa carrera de las armas y poder alcanzar con su esfuerzo y estudio los nobles y honrados galones de Suboficial Maestro de Banda del Arma de Caballería. Empleo éste, que ya habían alcanzado varios de sus más antiguos compañeros del hospicio, para honra, satisfacción y estímulo de esta noble, caritativa y benéfica Institución.

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EL CABO 1º MAESTRO DE BANDA, RGTO. DRAGONES DE ALCANTARA. 1958

No hubo problema alguno en la filiación del muchacho. El Coronel prometió a la monjita que podía marcharse tranquila, ya que desde ese momento el chico quedaba bajo su protección y al amparo del glorioso Estandarte del Regimiento. Reconocido por el capitán médico y declarado “útil y apto” para el servicio de las armas, el chico fue filiado como “Educando de Banda” voluntario, por un período de cuatro años y “sin opción a premio”. En el mismo acto, el Sr. Coronel ordenó al Suboficial Maestro de Banda del Regimiento que se hiciera cargo del nuevo educando, al que iniciaría en la enseñanza de los toques de clarín y de trompeta reglamentarios en la Caballería y de cuyos progresos le tuviese puntualmente informado. Esto, sin menoscabo de la asistencia del muchacho a las Academias Regimentales para que siguiera progresando en el noble arte de la escritura, la lectura y las cuatro reglas fundamentales de la aritmética. Ordena finalmente el Coronel al Subayudante, que por la sastrería del Cuerpo se le confeccione un uniforme de paseo al nuevo educando adecuado a su edad y estatura.

Han transcurrido ya seis meses desde aquél día y ahora estamos en el mes de Julio del citado año 1921. El Regimiento de Cazadores de Alcántara se encuentra destacado, en misiones de campaña, en las desérticas llanuras de Annual, Zona Oriental del Protectorado de España en el Norte de África. Durante los días 21 y 22 del citado mes de Julio –días tristísimos para la Patria- se ha producido el derrumbamiento de la Comandancia General de Melilla, y la propia plaza de Soberanía española ha estado a punto de caer bajo las hordas rifeñas, sublevadas contra España por el cabecilla Abd-el-Krim. De la Península, acuden en socorro de la plaza melillense varios batallones de Infantería y con la mayor urgencia se trasladan también hasta Melilla, desde la Zona Occidental del Protectorado, los Regulares de González Tablas y el TERCIO DE EXTRANJEROS al mando de su jefe, el Teniente Coronel Don José Millán Terreros (conocido, en el futuro, como Millán Astray).

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MELILLA RGTO.DRAGONES DE ALCANTARA Nº 15, 1958, SARGENTO MAESTRO.

En Annual nuestras tropas han sido masacradas por las cábilas de harqueños declarados en rebeldía, y la desesperación, el pánico y el desaliento han cundido entre nuestros soldados y han llevado a la deserción de la mayor parte de unidades indígenas que servían bajo nuestra bandera. El Comandante General de Melilla, Don Manuel Fernández Silvestre ha muerto, al parecer disparando su pistola contra el enemigo, aunque su cadáver nunca fue encontrado . Esforzándose en impedir esta insólita desbandada han caído con honor los coroneles Manella y Morales, encuadrados ambos a las órdenes directas del Comandante General. La palabra “Desastre”, en esta ocasión, reviste con toda intensidad su cruda acepción terminológica.

El General de Brigada de Caballería Don Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, 2º Jefe de la Comandancia General, asume el mando y concentra las dispersas tropas en Dar Drius, para intentar desde allí la retirada a las sucesivas posiciones de El Batel y Tistutin (donde comienza el ferrocarril minero que facilitará la evacuación de heridos y enfermos hasta Melilla), para enlazar posteriormente con Monte Arruit y esperar allí, en posición defensiva, la llegada de refuerzos urgentemente solicitados.

A las tres de la tarde del día 23 de Julio, el General Navarro ordena la retirada hacia la posición de“El Batel”, si bien preocupado sobremanera por el bajo estado moral de las tropas con el consiguiente detrimento de la disciplina. De la protección de la columna encarga al Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA” Nº 14, que tras la muerte heroica de su coronel Don Francisco Manella Corrales, ha tomado el mando el Teniente Coronel Don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, ilustre jefe del Arma de Caballería, Profesor de Equitación Militar y hermano menor del Teniente General de sus mismos apellidos.

Don Fernando sabe que la papeleta que le ha encargado el general es de difícil solución. En una palabra, el cumplimiento de la misión implica que el Regimiento se ha de sacrificar, si preciso fuere, en beneficio del resto de sus compañeros de armas. En el Regimiento, a nadie se le oculta la gravedad de la misión encomendada.

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Rio Igan

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Rio Igan, donde el 23 de julio de 1921 el Regimiento de Caballería de Alcántara,
cubriendo la retirada de las tropas en su repliegue hacia Monte Arruit

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GRUPO DE CABALLERIA ALCANTARA CONDE DUQUE MADRID AÑO1942.

Puesta en marcha la columna, escoltada por los escuadrones del “Alcántara”, nuestras tropas avanzan sin novedad, si bien y a poco de comenzar el avance ya tiene el Regimiento que dar su primera carga, pues un pequeño convoy, con los heridos mas graves, estaba siendo atacado por los harqueños. El teniente coronel manda cargar a uno de sus escuadrones, haciendo replegarse al enemigo y consiguiendo que el convoy se abra paso y llegue sin novedad a Melilla.

Sobre las cuatro de la tarde, y tras una hora de marcha , la columna logra alcanzar el cauce del Rio Igán, que en este mes de Julio baja completamente seco. Allí han tendido los moros una emboscada a la columna y de improviso el fuego rifeño se hace patente desde los montes y laderas cercanas. El enemigo, muy superior en número y crecido por la victoria sobre nuestras tropas en Abarrán, Igueriben y Annual, ataca decidido sobre nuestros desmoralizados efectivos.

El Teniente Coronel Primo de Rivera sabe que ha llegado la hora del sacrificio. El Regimiento entero sucumbirá, si es necesario, para que la columna pueda progresar hasta alcanzar “El Batel”. Reagrupado el Regimiento, el teniente coronel manda que los escuadrones formen en “línea de a cuatro” para acto seguido, con su voz fuerte y bien timbrada, arengar a sus soldados:

“Ha llegado para nosotros la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”.

El joven educando de nuestra historia que habíamos dejado recién filiado el día de su ingreso en el Regimiento, pese a su juventud y al corto tiempo que lleva en el mismo, actúa ya como “trompeta o clarín de órdenes”, y ocupa su puesto en formación “a dos largos de caballo y a la izquierda” del que monta el jefe, esperando con el clarín pegado a los labios la orden de este para dar los toque reglamentarios. Intuyendo que hoy va a ser un día de gloria para el Regimiento, ha adornado su clarín de mando con vestiduras de gala, figurando en su anverso bellamente bordadas las armas de la Caballería y en el reverso, sobre fondo blanco la Cruz flordelisada de la Orden de Alcántara, bordada en verde, que da nombre al Regimiento. El Teniente Coronel lo mira fijamente y compadecido quizás por su extrema juventud, le ordena retirarse a retaguardia junto al resto de la banda, pues no lo necesita, le dice, toda vez que mandará el Regimiento “a la voz”. El joven trompetilla hace como que obedece y simula retirarse, pero en su mente resuena aún con fuerza la fórmula de su reciente juramento al Estandarte, en lo que dice de “Obedecer y respetar siempre a vuestros jefes, no abandonarles nunca...”. Y si había jurado esto ¿cómo iba él a “abandonar” a su Teniente Coronel en estos momentos de peligro?. Jamás lo haría, sino podía combatir como educando lo haría como soldado, pues ya dejó de ser un niño el día que vistió el honroso uniforme de la Caballería.

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EL REGIMIENTO DE ALCANTARA,EL MAESTRO CON SU BANDA A CABALLO DANDO LA SALIDA
DEL RGTO. PARA EL COMIENZO DE LA INSTRUCCION.

Puesto el Regimiento al paso, el Teniente Coronel desenvaina y a la voz ordena a sus escuadrones: “¡Saquen... Sables!”, y los sables de los jinetes del “Alcántara” brillan refulgentes cual rayos cegadores al salir de sus vainas, mientras golpean con sus espuelas los ijares de sus caballos para pasar “al trote” y alcanzar poco después el galope. De nuevo suena potente la voz del Teniente Coronel Primo de Rivera ordenando: “¡Para cargar!”. Y acto seguido da la voz ejecutiva: “¡Carguen! ¡VIVA ESPAÑA!”.
Como un alud impetuoso la masa de jinetes arremete contra los harqueños recibiendo al descrestar un nutrido fuego de fusilería, que hace aumentar el galope hasta convertirse en un huracán desenfrenado. El combate adquiere una fiereza descomunal. Las cargas se suceden, pero el enemigo es muy superior en número y además domina perfectamente el medio y conoce palmo a palmo el terreno en que combate. Las bajas en los escuadrones empiezan a ser muy numerosas. Nuestro trompetilla de órdenes, con el clarín colgado a la espalda, clava las espuelas a su caballo y combatiendo como soldado, su sable, al que su débil brazo le cuesta trabajo sostener, se abate terrible buscando una y otra vez el cuerpo del enemigo. Pero ahora, un golpe seco en el pecho seguido de un fuerte dolor junto al corazón, le hacen tambalearse en el caballo al haber sido alcanzado por una bala rifeña . Derribado al fin, la vista se le nubla y a su mente acude la imagen de una bella mujer que le sonríe y le llama con cariño a su lado. La dama que así se le presenta en su mente febril no es otra que su madre a quien nunca conoció. Después la oscuridad, el vacío, la nada. El joven educando había dejado de existir. De su cuello aún pende su clarín engalanado, salpicado ahora por la sangre tan generosamente derramada.

A estas alturas del combate, el Regimiento ha sufrido un gran quebranto (también las bajas de los rifeños son muy numerosas). Exhaustos jinetes y caballos por las cargas que llevan dadas, el tormento de la sed se hace insoportable. Una oscura costra formada por el polvo y el sudor surcaba el curtido rostro de los jinetes de Alcántara, denotando bien a las claras las varias horas de feroz refriega soportadas bajo el ardiente sol africano. El desánimo parece que empieza a cundir entre los soldados. Y es en estos momentos de suprema angustia, cuando el Teniente Coronel Primo de Rivera, erguido majestuosamente sobre su caballo “Vendimiar”, un magnífico ejemplar español “pura sangre”, que el ilustre jefe maneja con singular maestría, arenga de nuevo a sus soldados y les pide un postrer sacrificio: el Regimiento va a dar su última carga (la octava); si bien, y dado el grado de extenuación de jinetes y caballos, se va a producir un hecho histórico en los anales de la Caballería.

El Regimiento, altamente disminuido por el gran número de bajas, va a dar esta última carga con los caballos ¡al paso!.

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DESFILE MILITAR EN JAEN 1962

En la extrema retaguardia se encuentra formada a caballo la banda Regimental integrada por 13 jovencísimos “Educandos de Trompeta” – de los que ya hay que deducir la baja del trompetilla de nuestra historia tan gloriosamente caído- , y al mando del Suboficial Maestro de Banda del Regimiento. Se encuentran también formados en retaguardia los tres Oficiales Veterinarios junto al Capellán y al Teniente Médico. Enfrascado el “pater” en reconfortar espiritualmente a los soldados moribundos, y esforzándose el médico en curar a los heridos y aliviar sus sufrimientos; todo ello bajo el fuego enemigo y con los precarios medios clínicos de que dispone.

Enardecidos por la vibrante arenga de su Teniente Coronel, los escuadrones de “Alcántara” vuelven de nuevo sobre los moros, pero – como se ha dicho- a estas alturas del combate, las fuerzas van faltando y los caballos apenas si responden a las espuelas de sus jinetes. Carga por última vez “al paso” el Regimiento, adentrándose con brío entre las zarzas y parapetos de los rifeños y bajo una lluvia de encendidas balas. Muchos de los jinetes caen derribados en tierra y aún se defienden, sable en mano, del enemigo que les rodea.

Atentos a la arenga del Jefe del Regimiento, y expectantes ante el cariz que está tomando la desigual pelea, los tres Alféreces Veterinarios (Veterinarios Terceros en la denominación oficial) saben que ha llegado también para ellos la hora del sacrificio. Pese a ser “Oficiales Facultativos” (sin mando de armas) tienen profundamente arraigado el sentimiento de que, por encima de todo, son Oficiales del Regimiento de “Alcántara”, que en esta tarde del 23 de Julio, y en estos momentos de gravísimo peligro para su Regimiento, van a intentar conciliar lo aprendido en sus respectivas Facultades de Veterinaria con la asignatura sublime del amor a España, representada en la defensa del glorioso Estandarte del Regimiento; y así, transformados en un momento en Oficiales de Caballería, intentan cubrir las numerosas bajas de sus compañeros del Arma, cargando con brío contra las posiciones rifeñas.

Esa tarde, el Cuerpo de Veterinaria Militar se cubrió de gloria merced al valor y al arrojo de tres de sus mas modestos representantes: Los Alféreces DON JUAN MONTERO MONTERO, DON VIDAL PLATÓN BUENO Y DON EDUARDO CABALLERO MORALES, ofrendando estos dos últimos su vida a la Patria al morir heroicamente en la acción de tan señalado día (tan sólo unos días mas tarde, y en la heroica defensa de Zeluán, encontraron también gloriosa muerte los Oficiales Veterinarios Don Enrique Ortiz de Landázuri, Don Luis del Valle Cuevas y Don Tomás López Sánchez; ¡GLORIA Y HONOR PARA ELLOS¡).

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Jinete del Alcántara

Al fin los esfuerzos de Primo de Rivera y el brío y el tesón puesto de manifiesto por los bravos soldados y oficiales de “ALCÁNTARA” se ven culminados con el éxito. Duramente quebrantados los rifeños por el férreo castigo infligido por nuestros soldados que en impetuosa carga han irrumpido de nuevo entre sus filas, les obliga a ceder ante el terreno replegándose.

Cumplida la misión, cuando ya las sombras de la noche se han hecho patentes sobre el límpido cielo africano, los escuadrones se van incorporando poco a poco hacia la posición de “El Batel” -muchos de los extenuados soldados marchan a pie, llevando de la brida a su no menos extenuado caballo- donde ya la columna del General Navarro había logrado alcanzar la posición a costa, eso sí, de la casi total destrucción de sus hermanos de Caballería.

Entre los que marchan a pie, y mezclado con sus soldados, figura el Teniente Coronel Primo de Rivera, a quien han matado a su corcel “Vendimiar” y ha rehusado aceptar las ofertas de cederle el suyo los soldados que aún lo conservan.

Al anochecer de aquel fatídico 23 de Julio de 1921 “ALCÁNTARA” había dejado de ser un Regimiento, pero el Libro de la Historia le abriría desde entonces una de sus mas brillantes páginas.

De los 691 hombres que formaban el Regimiento al toque de diana, al pasar la reglamentaria lista de Retreta en la noche de ese día 23 de Julio, 541 habían muerto en combate, 5 habían sido heridos (los moros remataron con feroz crueldad a muchos soldados heridos), y 78 quedaron prisioneros de los harqueños. TOTAL: 624 bajas. Sólo 67 jinetes extenuados consiguieron alcanzar la posición de El Batel. Entre los muertos, los 13 jovencísimos trompetas que formaban la banda, y entre ellos, como se ha relatado, el joven educando de nuestra historia.

Epílogo Emotivo.-
No tardó el Teniente Coronel Primo de Rivera en acudir al encuentro de sus soldados caídos sobre las ardientes arenas marroquíes. Milagrosamente ileso (aunque una bala rifeña, como se ha visto, le mató a su caballo) en los combates del día 23 de Julio, sin embargo, tan sólo unos días más tarde y cuando se encontraba sobre el parapeto colaborando activamente en la defensa de la posición de “Monte Arruit”, una granada de cañón le destrozaba un brazo que un cirujano militar tuvo que amputarle sin anestesia ni material adecuado (parece ser que utilizó para la amputación una navaja de barbero y un hacha de carnicero) pero, declarada la gangrena, entregó su alma a Dios en la mañana del día 5 de Agosto de 1921. Recuperado su cadáver durante la reconquista llevado a cabo por las tropas españolas, fue trasladado a Madrid y recibido en la estación de Atocha con las máximos honores militares, presidiendo el duelo S.M. El Rey Don Alfonso XIII que, muy emocionado, puso sobre el féretro del heroico Teniente Coronel la Cruz Laureada de San Fernando, máxima condecoración al valor en España. Ordenó además S.M. que el nombre glorioso de Don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, figurase en lo sucesivo y a perpetuidad a la cabeza del Escalafón de los Tenientes Coroneles del Arma de Caballería.

Y a buen seguro, que al verle llegar por los confines del Cielo, el centinela celestial daría la voz de ordenanza: ”¡Guardia, a formar; el Teniente Coronel!”. Y allí, sobre la celeste bóveda sonarían con fuerza los dos puntos de trompeta,- reglamentarios para recibir a un Teniente Coronel con la guardia formada- tocados con toda la fuerza de sus pulmones etéreos, por aquél educando, casi niño, que mucho antes que para soldado había estudiado para héroe, y que ahora sonreía feliz al haber vuelto a encontrarse con su Teniente Coronel

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GRUPO LIGERO ALCANTARA,EL SBTE. Y EL EDUCANDO DE BANDA. AÑO 1942

1. La “OFICIALIDAD DE COMPLEMENTO” creada por Ley de Bases de 29 de Junio de 1918, contó también con un muy digno representante en la heroica jornada del 23 de Julio de 1921. Se trata del Alférez de Complemento de Caballería DON JUAN MAROTO Y PÉREZ DEL PULGAR. Este Oficial se encontraba dicho día destinado en el Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA” 14, y en él se cubre de gloria participando en todas las cargas contra los rifeños dadas por dicho Regimiento. Milagrosamente ileso, consigue llegar a El Batel, y al día siguiente se presenta voluntario y al mando de una sección desmontada, para acudir en auxilio del Aeródromo de Zeluán, en cuya defensa participa hasta caer gravemente herido, quedando prisionero de los rifeños y teniendo que soportar un largo y cruel cautiverio de 18 meses en las mazmorras del Rif. Liberado al fin por Abd-el-Krim (previo pago de un rescate) S.M. el Rey Don Alfonso XIII lo asciende a Teniente de Complemento de Caballería y le otorga la Cruz que lleva el nombre de la excelsa Madre del Monarca: LA CRUZ DE MARIA CRISTINA.


NOTAS.

1. He investigado sobre los enigmas de la muerte del General Fernández
Silvestre, y los resultados de mi investigación los daré a conocer en un próximo
artículo.

2. El Capellán Segundo (Teniente) DON JOSÉ CAMPOY IRIGOYEN, que tan
heroicamente se portó en la jornada del 23 de Julio atendiendo espiritualmente
a los soldados del Regimiento de “Alcántara”, encontró gloriosa muerte – tan
sólo unos días después- en la defensa de Monte-Arruit y en el cumplimiento de
su sagrado ministerio.

3. En Octubre de ese año 1921, y coincidiendo con la inauguración del Curso
Académico en la antigua Escuela de Veterinaria de la madrileña Calle de
Embajadores, se descubrió una bella placa con el nombre de los Veterinarios
Militares muertos en combate en África, en el verano de ese año 1921.

4. El Regimiento de “ALCÁNTARA” tuvo, en la jornada gloriosa del 23 de Julio
de 1921, un 90´30% de bajas. Habría que remontarnos a la Batalla de Rocroi
(19 de Mayo de 1643), donde la Infantería Española quedó destruida (que no
vencida) por las baterías del Duque de Enghien, y donde quedaron sobre el
campo de batalla la práctica totalidad de nuestros infantes, para encontrar un
número similar de bajas.

5. Como en esta vida nada es perdurable, desde el año 1984 ya no figura el
glorioso nombre del Teniente Coronel Primo de Rivera a la cabeza del
Escalafón de los Tenientes Coroneles de Caballería. Con él, han desaparecido
los nombres de otros ilustres oficiales que encabezaban igualmente sus
respectivos Escalafones: Como los Capitanes de Artillería Don Luis Daoiz y
Torres y Don Pedro Velarde Santillán, el Teniente Don Jacinto Ruiz Mendoza
(a la cabeza de los Tenientes de Infantería) y varios más, dignos todos de
seguir figurando, de forma honorífica, en los Escalafones Militares.

6. La “OFICIALIDAD DE COMPLEMENTO” creada por Ley de Bases de 29 de
Junio de 1918, contó también con un muy digno representante en la heroica
jornada del 23 de Julio de 1921. Se trata del Alférez de Complemento de
Caballería DON JUAN MAROTO Y PÉREZ DEL PULGAR. Este Oficial, se
encontraba dicho día destinado en el Regimiento de Caballería “ALCÁNTARA”
14, y en él se cubre de gloria participando en todas las cargas contra los rifeños
dadas por dicho Regimiento. Milagrosamente ileso, consigue llegar a El Batel,
y al día siguiente se presenta voluntario y al mando de una sección
desmontada, para acudir en auxilio del Aeródromo de Zeluán, en cuya defensa
participa hasta caer gravemente herido, quedando prisionero de los rifeños y
teniendo que soportar un largo y cruel cautiverio de 18 meses en las
mazmorras del Rif. Liberado al fin por Abd-el-Krim –previo pago de un rescate-
S.M. EL Rey Don Alfonso XIII lo asciende a Teniente de Complemento de
Caballería y le otorga la Cruz que lleva el nombre de la excelsa Madre del
Monarca: LA CRUZ DE MARIA CRISTINA.

Francisco Ángel Cañete Páez
Profesor mercantil, economista y Comandante de Infantería
Caballero de la Orden de San Raimundo de Peñafort


2011 12 11, 2:59
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
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Síntesis de las acciones del Regimiento Alcántara en aquellos días

20 de Julio:
Dada la gravedad de la situación, el 20 de Julio, el Regimiento de Alcántara se concentra en el campamento de Drius.

21 de Julio:
El Regimiento participa sin éxito en el intento de auxilio a la posición de Igueriben.

22 de Julio:
Sin poder destacar ningún hecho aislado, la actuación del Regimiento es ejemplar, intentando poner orden en la desbandada con los pocos medios de que dispone, cubriendo los flancos y la retaguardia de la columna, hasta su llegada a Drius.

23 de Julio:
Con la retirada total hacia El Batel decretada por el General Navarro, éste ordena al Tte Col. Primo de Rivera (al saberle al frente de la única tropa organizada) apoyar el abandono de las posiciones. Se combate en muchos momentos al arma blanca.

Una vez recibida la orden, el Teniente Coronel Primo de Rivera se reunió con sus oficiales y dirigiéndose a ellos les dijo:
“La situación, como ustedes verán, es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la patria, cumpliendo la sagradísima misión de nuestra Arma. Que cada uno ocupe su puesto y cumpla con su deber”.

El Alcántara cumplió su deber de proteger los flancos y la retaguardia de la columna en retirada con constantes cargas sobre el enemigo. Pero su gesta mayor estaba aún por llegar: cuando la columna atravesaba el río Igan, se produjo un fuego intensísimo de fuerzas rifeñas emboscadas. El Alcántara cargó con sus escuadrones sobre el flanco izquierdo, mientras la columna vadeaba el río. Fue en este momento cuando Primo de Rivera, pistola en mano, sabiendo a lo que se enfrentaba, arengó a sus jinetes con estas palabras, ya citadas anteriormente:
"¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos".

Y aquí es donde tuvo lugar una de las más épicas actuaciones de la Caballería Española a lo largo de su historia. De las ocho cargas que dieron ese día los jinetes del Alcántara, cuatro se produjeron aquí. Y fue aquí donde los jinetes y caballos agotados, dieron su última carga al paso, y después pie a tierra.

Y fue en estas últimas cargas, y ante lo menguado de las fuerzas, debido al desgaste continuo, cuando los oficiales veterinarios y los jovencísimos educandos de banda se incorporaron y cayeron junto a sus compañeros.

Al finalizar esa jornada, el Regimiento de Alcántara había dejado de existir como Unidad militar.

Y días después aún fallecieron algunos de los supervivientes. Entre ellos, el propio Teniente Coronel Primo de Rivera a causa de la gangrena producida al amputarle un brazo tras ser alcanzado por un proyectil de cañón en la defensa de Monte Arruit.

Por todos estos hechos, se inició el trámite para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando al Regimiento de Alcántara, con el siguiente dictamen del juez instructor:

"... En virtud de estas situaciones donde resplandece de forma brillante la conducta de este Regimiento de la que el clamor público y muy especialmente de los residentes en esta Plaza que vivieron y sufrieron aquellos días de angustia y que son los más fieles juzgadores de la actuación de este Cuerpo hizo ya sus galas juzgándolas sin pasiones como heroicas y definitivas en aquellos sucesos pasándolas a la historia para enaltecer y perdurar las glorias de España y su Ejército y el Arma de Caballería; el Juez que tiene el honor de informar es de parecer que en pocos casos como el presente está tan claro el derecho a tan apreciada recompensa como el del Regimiento de Alcántara comprendido en el artículo 55 del vigente reglamento."
Melilla a 8 de Febrero de 1.933

Pero la unidad había sido disuelta en 1932, como consecuencia de la aplicación del plan Azaña. Por eso se paralizó el expediente, y nunca se llegó a conceder la Laureada colectiva al Regimiento, quedando como una deuda pendiente a esos heroicos jinetes que lo dieron todo para defender a sus compañeros y a España y su honor.

A fe que, al entregar su vida, cumplieron hasta el fin sus compromisos como soldados españoles y -nunca mejor dicho- como caballeros.


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2011 12 11, 3:01
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
Citas sobre la hazaña

Los hechos narrados tuvieron un impacto muy fuerte en la sociedad española, que quedaron atenuados por la magnitud de la catástrofe de Annual, que dejó en evidencia la incompetencia de muchos mandos miitares (suplida con el heroismo de otros mandos y soldados), la corrupción general del Ejército, y la implicación (activa o pasiva) de Alfonso XIII. ¡Y todo ello sólo 20 años después de la pérdida del Imperio en 1898!.

Vamos a poner primero algunas citas de reconocimiento a los actos heroicos.

"Por supuesto que en medio de este horror hubo también innumerables casos de increíble heroísmo. Como los 690 jinetes del regimiento de Alcántara, por ejemplo, que cargaron una y otra vez contra el enemigo para proteger la retirada de las tropas. La última carga la hicieron al paso, porque ya ni caballos ni jinetes tenían fuerzas para nada más. Cayó el 90 por 100 del regimiento, el mayor porcentaje de bajas que jamás ha tenido una unidad de Caballería europea; cuando el ejército español reconquistó el Rif encontraron los cadáveres del regimiento de Alcántara tal y como murieron, aún en formación de combate."
(de la novela "LA HIJA CANIBAL" de Rosa Montero).

"... la desbandada es protegida por las cargas de los escuadrones de Caballería de Alcántara, las únicas unidades que conservaron conciencia de su deber y contaron con jefes conscientes de su responsabilidad."
(del historiador Gaya Nuño, en su obra "Historia del Cautivo").

".. la retaguardia (en la cual, y quiero salvar una omisión que indeliberadamente cometí), se distinguió, cumpliendo con su deber, la fuerza de caballería de Alcántara."
(palabras del diputado socialista Indalecio Prieto, en octubre de 1921 en el Congreso de los Diputados).

Y ahora, añadamos algunas citas sobre las críticas a lo que pasó (muchas, de las declaraciones de militares a la Comisión Picasso):

"... la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando ..." Comandante D. Julio Benítez Benítez, muerto en Igueriben al mando de la posición tras cinco días de asedio (21 de julio de 1921).

"... fatal consecuencia de errores que son de todos y de los que la oficialidad del Ejército, ni aún muriendo, puede redimir a éste ... hemos sido, como de costumbre, víctimas de nuestra falta de preparación, de nuestro afán de improvisarlo todo y de no proveer nada, de nuestro exceso de confianza, y todo ello constituye una grave responsabilidad ..."
Teniente coronel D. Ricardo Fernández Tamarit, jefe del 3° Batallón del Rgto. de Infantería "África" núm. 68. Declaración ante el general Picasso, al folio 1.197.

"... una equivocada actuación política y militar, unida a una desorganización, o por lo menos, mala organización militar y política."
Coronel D. Enrique Salcedo Molinero, coronel jefe del Rgto. de Infantería "San Fernando" núm. 11. Declaración ante el general Picasso, al folio 654.


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2011 12 11, 3:03
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
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La fotografía en la que aparece parte de un Escuadrón de Alcántara, está tomada el día 16-3-1919 en la Cábila de Ishafen, al oeste de Segangan, sin duda en algún desfile o revista, como lo atestigua que los caballos llevan puestas las mantillas con la Cruz del Regimiento. El Suboficial de la Sección es el padre del Cor. D. Segundo Tercero López, ya fallecido, y abuelo del Cor. D. Juan Tercero Arribas.

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En la fotografía aparece el citado Suboficial de Caballería Segundo Tercero Carreño, en el centro con gorra, rodeado de un grupo de Sargentos del Rgto. Alcántara. Todos los que tienen la cruz murieron en las acciones del del Regimiento del año 1921 durante el desastre de Annual. Sin duda la fotografía fué hecha en fecha próxima a los hechos. El Suboficial Tercero no participó en las heroicas acciones del Rgto., al ascender con anterioridad.

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MONTE ARRUIT Restos de los escuadrones con los que dió las cargas el Teniente Coronel Primo de Rivera

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Aspecto de los alrededores llenos de cadáveres de españoles asesinados por los moros.

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Cadaver que apareció con las manos y brazos atados a la espalda.

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Cadaveres españoles encontrados en el interior de una posición.

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Capellán rezando ante los restos de españoles encontrados en el interiorde la posición.


http://www.sbhac.net/Republica/Imagenes ... Africa.htm
Para ver las fotos,pinchad el enlace,son estupendas.


2011 12 11, 3:23
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual,Cazadores de Alcantara.
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La ultima Carga

En 1920, Fernando Primo de Rivera, siendo Teniente Coronel, es destinado al Regimiento de Cazadores de Alcantara Nº 10 ,como segundo jefe del mismo, y seguía al mando cuando acaeció el Desastre de Annual.

El día 22 de julio de 1921 el Teniente Coronel Primo de Rivera tenía desplegados los cinco escuadrones del regimiento, cuatro de sables y uno de ametralladoras, (461 hombres, 22 oficiales y 439 de tropa) detrás de Izumar. El jefe del Regimiento, el coronel Manella, se hallaba en Annual al mando de la circunscripción desde hacía tres días.

El 23 de julio de 1921, el teniente coronel Primo de Rivera, en cumplimiento de la órdenes recibidas y al frente de su 2° escuadrón, dos secciones del 4° y una del 1° del Regimiento de Alcántara, con un total 192 jinetes, protege la retirada de Chaif, hacia Dar Drius. Salió al encuentro de aquellas fuerzas, y sin medir lo numeroso del enemigo, que al mismo tiempo trataba de envolver la columna en retirada, atacó también con gran brío la fuerza de auxilio, se lanzó sobre él, y combatió con la fuerza a sus órdenes al arma blanca y cuerpo a cuerpo diferentes veces, logrando atravesar la línea enemiga, dar la vuelta y atacar por la espalda a los rifeños. Con ello consiguió la continuación del avance, salvar la columna y su impedimenta y la entrada en orden de todas las fuerzas en Dar Dríus. Por esta acción al teniente coronel Primo de Rivera se le concedería la Laureada póstumamente en 1923. Ese mismo dia, se le dio la orden de proteger la retirada desde Dar Drius a Batel, durante la retirada volvió a realizar valerosas cargas contra los rifeños, que supuso la casi aniquilacíon de su maltrecho Regimiento.

Ese mismo día el teniente coronel Primo de Rivera tendría ocasión de mostrar de nuevo su temple y su valor. El general Navarro había ordenada la evacuación de la columna de Dar Dríus a Batel. A las 13:30 horas partió la vanguardia, y se inició una marcha constantemente hostigada por los rifeños en la que los jinetes del Regimiento de Alcántara, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, se cubrieron de gloria al proteger el avance con sus fuegos de protección y constantes cargas sobre el enemigo. Pero el camino a Batel cruzaba por el lecho del río Igan, donde los rifeños tenían apostado un fuerte contingente de hombres. El general Navarro ordenó a Primo de Rivera cargar por el flanco izquierdo de la columna. El teniente coronel se dirigió a sus jinetes de este modo:

"¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos".

El regimiento se lanzó a la carga guiado por Primo de Rivera y combatió hasta que la columna cruzó el lecho del río Igan. Para conseguir tal éxito el Regimiento de Alcántara tuvo que cargar hasta en cuatro ocasiones, sufriendo numerosas bajas ocasionadas por los rifeños, apostados en la trinchera del rio Igan. En su última carga, los caballos no pueden más y parece ser que los jinetes la realizaron a pié, llevando las monturas sujetas de las bridas. Durante todo el combate, hombres y caballos cayeron en apretada formación, tal y como se les encontró cinco meses después, la mayoría de ellos al otro lado del río; pero lograron salvar a la columna en retirada. Primo de Rivera perdió su montura en la tercera carga.

El Regimiento de Alcántara dejó prácticamente de existir. Tan solo sobrevivieron el teniente coronel Primo de Rivera, los dos comandantes, algunos oficiales y unos setenta de tropa. Todos ellos se unieron a la columna que se retiraba hacia Batel.

Las cargas realizadas durante el cruce del lecho del rio Igan, fueron durísimas teniendo que realizarlas al final a pie debido a haber perdido ya la mayoría de los caballos. Unos meses después, en el lecho del rio Igan se localizaron aun los restos de los caballos y los jinetes en el mismo lugar donde habían caído.

De 461 hombres que formaban su Regimiento unos dias antes, el 24 de julio los supervivientes no llegaban a 80.

El teniente coronel Primo de Rivera murió en Monte Arruit por las heridas ocasionadas por un cascote de granada de la artillería enemiga que le llevó el brazo derecho estando observando el fuego de cañón desde el parapeto, y por la cual hubo de amputársele el brazo con los escasos medios sanitarios que había en la posición. Durante el asedio se comportó brillantemente, siempre en constante combate, dirigiendo y animando a todos con su heroico ejemplo


http://www.quironediciones.com/pdf/10.pdf


2011 12 11, 3:26
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Unos días de julio de 1921 (I)

Se cumple por estos días el aniversario (triste) de lo que en la Historia de España se conoce como el Desastre de Annual. El derrumbamiento físico y, sobre todo, moral de la Comandancia General de Melilla en el verano de 1921 supuso una espantosa tragedia para la sociedad española y un cataclismo político cuyas consecuencias llegarían hasta 1936.

En aquellos días de julio y agosto, se entremezclaron las muestras de heroísmo y de cobardía ante el enemigo; dado que las segundas no son ejemplo de nada ni llevan a ninguna parte, me gustaría tener un recuerdo desde aquí para un hombre, malagueño, el comandante Julio Benítez; y para una unidad, de Caballería, el Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería.

Julio Benítez era el jefe de la posición de Igueriben, una avanzada de Annual establecida el 7 de junio de 1921. El 17 de julio, la harka rifeña comienza el asalto a Igueriben, defendida por 244 hombres. Durante cuatro días, la posición aguantará las embestidas de los rifeños, mientras desde Annual se intenta socorrer a los defensores de Igueriben con el envío de convoyes de suministros que apenas consiguen llegar hasta los sitiados a causa del efectivo cerco tejido por los asaltantes.

Así lo describe Juan Pando en Historia secreta de Annual: "Se hace la noche y la harka ataca. Igueriben, sin campo de maniobra -el parapeto se yergue a unos diez metros de las tiendas- se defiende. Durante el combate, los rifeños llegan hasta las alambradas. Son rechazados con bombas de mano, ráfagas de ametralladora y hasta con las bayonetas. Nougués [teniente de Artillería], que ayuda en los cañones, dispara con la espoleta graduada a cero -cien metros-, dada la proximidad de los asaltantes. Desde las alturas próximas, los harqueños se vengan fusilando a los indefensos mulos. Las pesadas moles, al sentirse heridas, cocean, se espantan y se desploman sobre la alambrada, destrozándola. Al amanecer, muy pocos quedan vivos. Cubiertos de rozaduras e insectos, cojos y algunos ciegos, braman. Los españoles los rematan. Al llegar la tarde ardiente -temperaturas de 55º al sol-, sus cuerpos muertos estallan. Convertidos en monstruosos globos de carne y excrementos, expiden oleadas pestíferas que hacen vomitar a los defensores. Pero lo peor es que forman una escalera de putrefacción adosada a la rampa de entrada. Por ella subirán los rifeños".

Sigue Juan Pando: "El 21 de julio amanece sobre Igueriben. La posición es un revoltijo inextricable de cuerpos extenuados, de heridos faltos de cuidados -no hay medicinas, se han acabado las vendas-, y de muertos cubiertos por sus propias guerreras empapadas en sangre. Los defensores han soportado la noche como han podido: chupando la pulpa de las pocas patatas que aún les quedaban; bebiéndose la colonia (los heridos), y hasta la tinta de escritorio; y engañando a la sed con los consabidos orines mezclados con azúcar.

Las alambradas están desechas, y las tiendas yacen en el suelo, desventradas por los tiros, las bombas de mano y los cañonazos. Los rifeños han emplazado dos piezas, de las tomadas en Abarrán, en la loma denominada Amar U-Said, a 1.300 metros. Sus primero tiros ni llegaban ni explotaban. Pero el rifeño aprende rápido. Y al poco, sus granadas entraban en Igueriben y explotaban todas. De los 244 hombres que formaban en los inicios, apenas queda un centenar capaz de sostener un arma. Ni quieren rendirse, ni lo piensan".

Esa misma mañana, se ordena la salida de un nuevo convoy de ayuda desde Annual, cuyo intento fracasa también, para irritación del comandante general de Melilla, el general Fernández Silvestre, que tendrá que soportar uno de los últimos mensajes que, mediante heliógrafo, transmite el valiente comandante Benítez desde Igueriben: "Parece mentira que dejéis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros".

Lo que ocurre a continuación, lo realata así Juan Pando: "Silvestre, encorajinado, se revuelve y da a sus oficiales una de sus órdenes características: a formar los escuadrones. Hay que cargar campo arriba hasta Igueriben. Sus ayudantes -Hernández, López Ruiz, Manera- le disuaden de que haga otra cadetada. Silvestre, aún convulso, se calma poco a poco. Y manda a Benítez su autorización para parlamentar con el enemigo. Es un error, pues el que se enrabieta ahora es Benítez, que replica: "Los oficiales de Igueriben mueren, pero no se rinden". Puntillazo para Silvestre, desesperado por no poder hacer nada. En Igueriben, se vive un espíritu de Vieja Guardia napoleónica".

Y así es como llega el final de Igueriben: "Surgen nuevos destellos desde Igueriben. En Annual, se traduce con asombro la señal heliográfica:

sólo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlas, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición.

Es Benítez en estado puro. El heroísmo medular.

Benítez y sus oficiales se han decidido. Juntos presentan la última línea: capitanes Arturo Bulnes y Federico de la Paz Orduña; tenientes Julio Bustamante y Vives, Luis Casado Escudero, Manuel Castro Muñoz, Alfonso Galán Arrabal, Ovidio Rodríguez y Julián Sierra Serrano, y alféreces Rafael Villanova Hopper y Enrique Ruiz Osuna. Han pensado en formar una pequeña columna, como si fueran un pequeño ejército. Y eso es lo que son.

La vanguardia iría al mando de Bulnes; el flanco izquierdo llevaría a Galán al frente; el flanco derecho tendría a Casado al mando; el grueso, con los heridos y enfermos, quedaría bajo la responsabilidad de Benítez, y de la retaguardia se haría cargo Paz Orduña. Se distribuyen las municiones: veinte cartuchos por cabeza. También se reparte el dinero de la caja: quince mil pesetas, que Benítez distribuye entre la estupefacta tropa "con el encargo de reintegrarlas en el Regimiento si se abren camino".

Los grupos quedan listos para la salida. Pero la avalancha se desencadena y la muerte les envuelve. Varios se suben al parapeto, para que el enemigo se cebe en ellos y sus hombres ganen unos segundos de vida. Otros se saltan la tapa de los sesos. O se abrazan antes de morir, como puede que hicieran Bustamante (ya herido),Nougués y De la Paz, los artilleros de Igueriben. De la Paz Orduña tiene otro hermano, Miguel, capitán y también artillero, que está en Annual. Los dos hermanos saben de su obligación: uno tiene que disparar sobre el otro cuando se acaben las cargas de cañón. Los dos han contado las explosiones: doce. Hay que tirar y hay que recibir esa andanada. Pero Annual guarda silencio, que Federico de la Paz aprovecha para inutilizar, con impavidez altiva, los cierres de los cañones, y al pie de ellos, muere.

A Annual, llegan, en un esfuerzo supremo, los escapados de los espantos de Igueriben. No son hombres, son espectros. Y son doce o dieciséis -treinta y seis, según otros cómputos-. No parecen seres humanos: ojos dsorbitados, rostros terrosos, muecas dementes. Cuatro mueren, entre violentísimos espasmos, tras atracarse de agua, desoyendo los consejos que reciben. La guarnición de Annual, a la vista del cuadro, enmudece. Algunos se indignan, los más abaten su ánimo. En el espolón quedan dos supervivientes: un soldado (cuyo nombre ignoramos) y el teniente Casado. Heridos ambos e inconscientes, los rifeños les dan por muertos. Quedarán cautivos."


2011 12 11, 5:10
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Unos días de julio de 1921 (II)

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Con esta segunda entrada, pretendo mantener vivo el recuerdo de la gesta del Regimiento de Cazadores de Alcántara, 14º de Caballería durante el Desastre de Annual. En un ejemplo de lo que supone el sacrificio de la Caballería en beneficio del resto de las Armas, en este caso, sacrificio "hasta el último aliento de los hombres y las bestias", como decía el Manual de Caballería del Ejército Prusiano.

Para conocer en detalle el comportamiento de los jinetes de Alcántara en esos días, es de obligada lectura el libro "El Alcántara en la retirada de Annual. La Laureada debida", del Coronel de Caballería Antonio Bellido Andreu. De su obra, entresaco algunos textos, junto con otros del ya citado Historia secreta de Annual.

En el momento de la desbandada de Annual, el 22 de julio, los cinco escuadrones de Alcántara se encontraban desplegados a la salida del desfiladero de Izzumar, que cerraba por retaguardia la posición. Por allí aparecerán presos del pánico y de la locura, miles de hombres que huían en avalancha. Al darse cuenta de lo que estab ocurriendo, el jefe accidental de Alcántara, teniente coronel Primo de Riverra, ordenó llamada oficiales, y una vez reunidos, les dirigió -de acuerdo con el libro de Bellido- las siguientes palabras, que cita tomando como fuente al suboficial Jiménez Marhuenda, que se encontraba detrás de Primo de Rivera: "Ha llegado, señores, la hora de sacrificarse por la patria. Vamos a luchar como leones, y si nos hemos de llevar por delante mil, a ver si podemos llevarnos tres mil".

El regimiento cerró sobre la harka rifeña una vez que hubo pasado el grueso principal de los fugitivos de Annual, y sostuvo con ellos vivo fuego para permitir el repliegue sobre la posición de Dar Drius. En las siguientes jornadas, los cada vez más menguados escuadrones de Alcántara protegerán los sucesivos repliegues de la columna que, al mando del general Navarro, sale de Drius en dirección hacia Melilla.

Dentro de las mejores tradiciones del Arma de Caballería, los escuadrones de Alcántara ejecutarán flanqueos para atraer para sí el fuego de los rifeños, escolta de convoyes, extremas vanguardias y retaguardias... hasta el momento culminante de su gesta, el que les hará entrar en la leyenda: la carga del río Igan el 23 de julio de 1921.

La columna en retirada del general Navarro llega en un orden más o menos aeptable hasta el cauce seco del río Igan, lugar en el que la harka había preparado una emboscada, con los tiradores apostados en los trincherones del cauce. En cuanto tuvieron a tiro la columna, rompieron el fuego sobre ella disparando y derribando a los soldados españoles a placer y sin oposición, pues de nuevo cundió el pánico entre las ya anímicamente mermadas fuerzas españolas.

En socorro de la columna, avanzó lo que quedaba del Regimiento Alcántara. Los hecho los relata de esta manera Juan Pando en "Historia secreta de Annual":

"Primo de Rivera y los suyos se detienen ante el Igan. ¿Debe cargar contra los rifeños allí apostados, para salvar lo que resta de la columna, o debe salvar lo que le queda de su Regimiento? Toma la decisión y allá van los de Alcántara. Los jinetes cargarán contra las apretadas filas rifeñas, que les apuntataban desde el trincherón del Igan. Hombres y caballos caerán en bloque, y así se les encontrará cinco meses después: todos en formación, la mayoría de ellos al otro lado del río. Habían logrado pasar y hasta dar la vuelta y contraatacar, salvando así a la columna de Navarro. Convirtieron aquella derrota en una gesta".

Al final, la gesta no tendría recompensa, pues los supervivientes del Igan, que se refugiaron en la posición de Monte Arruit, morirían asesinados por la turba rifeña tras pactar su rendición. Allí, en Monte Arruit, caería muerto el teniente coronel Primo de Rivera días antes de la rendición. Herido en un brazo por un cascote de artillería, hubo de serle amputado el brazo sin anestesia y la posterior infección por gangrena le segó la vida.


2011 12 11, 5:13
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DESPUES DEL DESASTRE

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Los cautivos fueron llevados por Abd el Krim al Banu Waryaghal con la intención de negociar su rescate con la autoridad española y al mismo tiempo aumentar su prestigio y autoridad entre los restantes rifeños

La cuestión de los cautivos, no fue resulta hasta Enero de 1923 gracias a la mediación del industrial vasco Horacio Echevarrieta, amigo del hermano de Abd el Krim al que conoció en Madrid.

El precio del rescate fue fijado en Axdir en la cantidad de cuatro millones de pts, una importante cantidad de dinero, que suscito una gran controversia en la península y en el propio protectorado, pues si bien había una opinión pública que presionaba para su pago, no es menos cierto que éste dinero sería empleado contra España sufragando la acción de Abd el Krim en el Rif.

Pocos días despues Abd el Krim recibía en Axdir (la efímera capital de la República Independiente del Rif) la baya con la que los sultanes de Marruecos se reconocían como soberanos, era el reconocimiento de su poder.

La baya de Axdir describe a Abd el Krim como: El hombre que ha venido ha imponer dos objetivos: Imponer la Ley Islámica y llevar a cabo una Jijad, guerra santa contra los cristianos, ambos objetivos son inseparables.

Tras Annual, Abd el Krim se dedicó a llevar una reforma en el modo de vida de los rifeños y a crear una administración de corte moderno. Nombró en cada Kábila un caíd, encargado de representarle, a fin de asegurarse la paz entre las tribus y la sumisión a su propio poder, suprimió el sistema de multas y construyo cárceles para castigar a los transgresores. Por primera vez había un gobierno en el Rif que intervenía en la vida privada de los rifeños, castigando a los hombres que maltrataban a sus mujeres y condenaba los adulterios, por primera vez el delito era una falta publica castigada por un poder supratribal y salía del ámbito de la vendeta.

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El Gobierno suplió a los consejos de las Kabilas en la Administración de Justicia.

El sistema funcionó, se consiguió la paz social y aumentó la cohesión entre las Kábilas.

El antiguo sistema tribal fue cambiado por un poder central. A ésta centralización se opusieron los que fueron excluidos de éste poder. Entre ellos las hermandades religiosas, las taricas, que hasta entonces habían disfrutado de un poder económico y autoridad que Abd el Krim les arrebató y asumió para si mismo. Para afianzar su poder Abd el Krim se valió:

De un poder central donde los ministros eran o parientes suyos o personas cercanas a su persona
Una policía secreta que le informaba enseguida de cualquier intento de sedición.
Un ejercito regular que no solo servia para combatir a los españoles, sino también para reprimir cualquier conato subversivo.
Finalmente se doto de un buen sistema de comunicaciones, una red de telegrafía y de carreteras, construidas ésta en buena medida por los prisioneros españoles.

El siguiente paso de Abd el Krim, fue extender su poder. En 1923 su objetivo fue la Gomara, al Oeste del Rif, donde su poder llego a ser absoluto, no tuvo la misma intensidad en el Yebala al sur de Tetuan y que estaba gobernada por otro déspota: El Raisuli, figura de gran prestigio entre los indígenas y que en ese momento cooperaba con España, (Silvestre le propuso en su día para Jalifa).

Tras la llegada al Poder de Primo de Rivera y la retirada por éste de 29.000 soldados, Abd el Krim pudo incrementar su poder en el Yabala, atacando en junio de 1924 las posiciones españolas de la zona, en Septiembre la mayoría de éstas estaban asediadas.

La llamada retirada de Xauen, estuvo apunto de convertirse en un nuevo Annual, la retirada se convirtió en una operación muy difícil y el costo en bajas para el ejercito español fue muy elevado.

Tras la evacuación española los Ajmas, kabila hostil a España y a Abd el krim, fueron reprimidos con dureza por éste, desde la zona francesa se podían ver las aldeas arrasadas por los rifeños, después le llego el turno al Raisuly que fue capturado en su fortaleza de Tazarut, 1924 es el año de máximo poder de Abd el Krim.

Tras la victoria sobre los españoles Abd el Krim pone sus ojos en el valle del Uarga, en zona francesa forzado por la propia falta de recursos en que había quedado el Rif tras cuatro años de guerra, la necesidad de mantener su prestigio que se basaba sobre todo en los éxitos militares y la necesidad de someter a la tarica Darkauiya, en el territorio de los Banu Zarual que ejercían como foco de oposición a los Abd el Krim

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En Abril de 1925 los rifeños se lanzan al ataque de las líneas francesas que no pudieron contenerlo, en pocos días atraviesan el río Uarga y a principio de Junio, están a 40 Km de Fez, residencia de los sultanes.

Abd el krim exigió a los notables de Fez su reconocimiento como sultán, que estos rechazaron, a partir de aquí comienza su declive.Una conferencia Hispano-Francesa iniciada en Madrid pone las bases para un acuerdo de cooperación y acciones coordinadas contra el Rif.

En septiembre de 1925, comienza la contraofensiva española y el 10 de Septiembre los españoles desembarcan en la playa de la Cebadilla, al oeste de la bahía de Alhucema en lo que fue una gran operación anfibia, 16.300 hombres 104 buques y 88 aviones participaron en el desembarco, el 2 de Octubre los españoles toman Axdir. Los franceses a su vez atacaron por el sur hasta unirse a las tropas españolas.

Tras la infructuosa conferencia de Ouxda, donde no se consiguió la paz, las tropas hispano-francesas liquidaron la resistencia rifeña.

El 26 de Mayo de 1926 Abd el Krim se entregó a los franceses, continuando algunos focos aislados de resistencia hasta 1927.

"Me adelante a mi tiempo" manifestaría posteriormente Abd el Krim a la revista egipcia Al-Manar. En realidad había vencido a sus enemigos locales y unificado el Rif, pero no pudo resistir el esfuerzo conjunto de dos ejércitos europeos.


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Supervivientes del Regimiento de Cazadores de Alcántara.14 de Caballería

Con el fin de que puedan aparecer descendientes que nos quieran aportar recuerdos de aquellos cazadores dejo abierta esta entrada. Cualquier testimonio que podáis aportar será bienvenido y lo publicaré. En la presente relación aparecen aquellos que estaban destinados en primera línea y no los que ocupaban una plaza en la ciudad. Sin que ello suponga que no deban aparecer, todos formaban parte del regimiento en julio de 1921. El estadillo de fuerzas que aporto forma parte de la documentación aportada por el regimiento y que se le entregó a algunos de los supervivientes.

Nombre Empleo Situación

Adam Llopis, Vicente Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Aguado Pérez, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Albert Teodoro, Francisco Soldado 2ª Prisionero Axdir
Alfaro Barral, Fernando Soldado 2ª Presentado 27-07 Segangan
Alhambra Alguacil, Emilio Soldado 2ª Prisionero Axdir
Álvarez de Castro, Fernando Trompeta Presentado 20-27/07. Hospital
Álvarez de Toledo, Rafael Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Álvarez Lamela, David Soldado 2ª Incorporado 11-12
Antonio Cabello Moran Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Aranda Córdoba, Santiago Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Baltasar Gómez, Gregorio Cabo Presentado 16-10
Barcia, Álvaro Soldado 2ª Muerto en cautividad
Barón Hernández, Francisco Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Barragán Parra, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Beltrán González, Manuel Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Bermejo, Álvarez, Telésforo Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Blanco Castellano, Luís Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Bravo Serrano, Francisco Teniente ER Presentado 04-08
Calderón Naranjo, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Campillo Moreno, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Campos Carrasco, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Caravaca Almagro Florencio, Soldado 2ª Presentado 21-05-1922
Carrasco Cedrón, Joaquín Sargento Presentado 20-27/07
Castilla Moreno, Antonio Trompeta Presentado 20-27/07. Hospital
Chicote Arcos, Ricardo Capitán Presentado 20-27/07. Hospital
Clariana Simat, Florencio Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Couce Fornols, Manuel Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Delgado Lázaro, Carmelo Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Díaz Nieto, Telesforo Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Domínguez Diegues, Victoriano Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Domínguez Sánchez, Pedro Soldado 2ª Muerto en cautividad 07-03-1922
Espinosa Uro, Eduardo Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Fernández Fernández, José Soldado 2ª Presentado 30-08 ZF.
Fernández García, José Cabo Presentado 20-27/07
Fernández Navarrete, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Fernández Rodríguez, Juan Cabo Presentado 20-27/07. Hospital
Ferré Llop, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Fita Nico, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Fons Rosello, Jaime Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Fragoso Cano, Celestino Cabo Presentado 07-08. Zeluán
Franc Cabarrocas, Pedro Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Fuertes Miró, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Fusté Miró, Pedro Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Gallego Ruíz, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
García Alonso, Hipólito Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
García Cáceres, Vicente Soldado 2ª Presentado 06-08
García García, Pablo Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
García González, Benito Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
García Rosique, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
García Ruíz, Manuel Cabo Presentado 20-27/07
García Seisdedos, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
García Vivanco, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Giral Formigo, José Soldado 2ª Presentado 04-08
Gómez Hernández, Benito Soldado 2ª Presentado 13-11. Segangan
Gómez Sánchez, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Gómez Sánchez, Vicente Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Gómez Zaragoza, José Comandante Prisionero Axdir
González Collado, Miguel Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
González Cruz, Álvaro Sargento Presentado 20-27/07. Hospital
González Fernández, Felipe Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
González González, Cayetano Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
González Heras, Hilario Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Granero Cabrera, Juan Soldado 1ª Presentado 04-08
Hera Valverde, Francisco de la Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Herrera Briones, Mateo Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Hoyos Sánchez, Ramón Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Jardi Floret, Rafael Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Jiménez Acer, Francisco Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Jiménez Anclus, Julián Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Jiménez Expósito, Lucio Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Jiménez Fernández, Juan Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Jiménez Gómez, Dionisio Soldado 2ª Presentado 06-08 Hospital
Jimeno Marhuenda, Ramón Suboficial Presentado 28-10-1921
Justo Incógnito, Rufino Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Lapeña Usón, Carmelo Soldado 2ª Presentado 06-08
Lara Camacho, Francisco Soldado 2ª Presentado 13-11-1921
Larrañaga Abad, Manuel Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Lázaro Barbas, Epifanio Cabo Presentado 20-27/07
Leganés Lorenzo, Juan Ramón Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
López Castillo, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Losillas Rojas, Miguel Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Luna Jurado, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Luque Rodríguez, Félix Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Maillo Granados, Francisco Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Muerto en hosp.
Manjón Blanes, Daniel Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Manso Castellá, Juan Soldado 2ª Presentado 09-09 ZF
Maroto Pérez del Pulgar, Juan Alférez EC Prisionero Axdir
Martín Benito, Ángel Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Martín Fernández, Joaquín Herrador 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Martín Galindo, Luís Teniente Presentado 10-08
Martínez Azorín, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Martínez Jiménez, Ángel Soldado 2ª Presentado 24-12-1921
Martínez Lillo, Pedro Soldado 2ª Presentado 27-11-1922. Axdir
Martínez López, José Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Martínez Rodríguez, Rafael Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Más Jover, José Cabo Presentado 09-08 ZF
Milán Martín, Ricardo Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Millán Soler, Miguel Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Minguez Ortega, Ramón Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Modrego Horno, Emiliano Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Montero Montero, José Veterinario 3º Presentado 09-08 ZF
Montero Morales, Purificación Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Montesinos Nieto, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Montoya Román, Vicente Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Morales Pradillo, Severiano Soldado 2ª Prisionero Axdir
Moreno Caravaca, Gaspar Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Moreno Hernández, Bonifacio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Moreno Martín, Florentino Soldado 2ª Presentado 17-11-1921
Moreno Vela, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Morente Chaparro, Rafael Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Morillas Muñoz, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Moya Colás, José Herrador 1ª Presentado 20-27/07
Mullor Rubio, Eusebio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Muñoz Tejedera, Antonio Soldado 2ª Presentado 09-09 ZF
Nava Llano, Rafael Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Navarro García, Cándido Soldado 2ª Prisionero Axdir
Núñez Romero, Juan Soldado 2ª Prisionero Axdir
Núñez Orellana, Juan Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Oliva Garzón, Antonio Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Olivares Moreno, Luís Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Oller Jiménez, Jaime Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Ongay Jures, Jacinto Soldado 1ª Presentado 20-27/07. Hospital
Pablo Hernández, Tiburcio de Cabo Prisionero Axdir
Pardo Barrera, Emilio Soldado 2ª Presentado 04-08
Pascual Deogracias, Prudencio Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Patuel Carreras, Ramón Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Pavón Herrera, Macario Herrador 3ª Presentado 09-08 ZF
Pérez González, Bernardino Soldado 2ª Muerto en cautividad 10-01-1922
Pérez González, Saturnino Soldado 1ª Presentado 20-27/07.
Porto Gómez, Alfonso Cabo Presentado 20-27/07. Hospital
Ramírez Ramírez, Francisco Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Rico Fernández, Marcelino Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Rodríguez Ibáñez, Estanislao Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Rodríguez Navarro, Gaspar Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Rodríguez Nistol, Laureano Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Rodríguez Ruíz, José Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Rodríguez Salazar, Alejandro Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Romero Pavón, Joaquín Soldado 2ª Muerto en cautividad 17-12-1921
Ronco Alonso, Basilio Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Sáez Belliso, Claudio Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Saiz Sáez, Anastasio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Sánchez Díaz, Julián Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Sánchez Fernández, Manuel Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Sánchez Piza, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Semí Jeremías, Anacleto Soldado 2ª Presentado 02-08-1921
Serrano Domínguez, Antonio Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Serrano Jiménez, Juan Soldado 2ª Presentado 04-08
Serrano Vizcaíno, Antonio Soldado 2ª Presentado 04-08
Serrat Bars, José Soldado 2ª Presentado 04-08 ZF
Sierra Méndez, Manuel Soldado 2ª Presentado 13-11-1921
Soriano Segura, Salvador Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Suarez Arias, Antonio Soldado 2ª Presentado 09-08 ZF
Terán Odriozola, Eliseo Soldado 2ª Presentado 20-27/07. Hospital
Tizón Gómez, Ramón Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Torres López, Manuel Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Torroba Pascual, Carmelo Herrador 1ª Presentado 27-07 Segangan
Troncoso Sagredo, Julián Teniente Prisionero Axdir
Vaello Lanuza, Venancio Sargento Muerto en cautividad
Valdivia Enrique, Fernando Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Valentín Cloquet, Enrique de Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Valverde Martínez, Eduardo Sargento Presentado 27-07 Segangan
Vázquez García, Enrique Soldado 2ª Presentado 13-08 ZF
Vázquez Rey, Francisco Soldado 2ª Presentado 27.07 Segangan
Vea Murguía Palacio, Fernando Teniente Presentado 20-27/07. Hospital
Vegas Vicente, Jeremías Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Vidal Salomé, Salvador Soldado 2ª Presentado 20-27/07.
Zarrans Olagué, Jesús Soldado 2ª Presentado 20-27/07.

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Estado de revista a 1 de julio de 1921. Información aportada por el regimiento

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Rafael Blanco Belmonte


2011 12 11, 5:22
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Cazadores de Alcántara

Reivindicar la memoria de los sucesos de julio de 1921 y de sus protagonistas ha sido y será mi único objetivo desde que comencé a darle forma al blog. Hoy quiero recordar el sacrificio de cientos de anónimos soldados de caballería que pertenecían al regimiento de Alcántara 14. Mucho se ha escrito sobre sus gestas y podemos encontrar fácilmente información publicada, en la red y en los diferentes archivos. Gracias al exhaustivo trabajo del coronel Bellido Andreu conocemos sus nombres, el escuadrón al que pertenecían y cual fue su destino. Impresiona repasar la relación de miembros del regimiento y comprobar que hasta en quinientas diecisiete ocasiones aparece la palabra muerto.
Poco puedo aportar para reivindicar esa memoria casi perdida en los años. Pero siempre he sentido que aquel episodio del desastre merece no ser olvidado. Que debo recordar el generoso sacrificio de aquellos más de quinientos soldados de reemplazo que disciplinadamente y en formación de combate sucumbieron en el Igan, en Zeluán, en Arruit o en cautividad. En esta primera entrega sobre Alcántara me centraré en aquellos hombres que tras un frío sorteo de quintos tuvieron que cabalgar como el sol disipando las nubes a su paso aunque ninguno de ellos conociera con anterioridad el lema de su regimiento. Difícil, por no decir imposible, me ha resultado encontrar tantos años después testimonios de los pocos supervivientes de aquellos escuadrones de la muerte. Sólo me quedaba bucear en las hemerotecas buscando nombres entre los listados de muertos, hospitalizados, prisioneros, llegados de zona francesa o de los pocos que escaparon con el diagnóstico de ileso. Las hazañas que protagonizaron han quedado reflejadas de manera colectiva pero hoy no será así. En esta ocasión los protagonistas son Dionisio Jiménez, el cabo Emiliano Pajuelo, Bonifacio Moreno o Antonio Serrano. Ellos, y muchos más, fueron los auténticos héroes de Alcántara. Para mí ya nunca serán unos desconocidos. En la desgarradora novela de Sender, Iman, encontré hace años la frase que justifica este pequeño homenaje a esos anónimos cazadores de Alcántara. El personaje principal, Viance, se encuentra en su huída con un soldado de caballería gravemente herido. El moribundo le pide a su compañero que escriba a su casa, a su madre. Viance incrédulo lo observa y el soldadito de Alcántara le contesta: “¿o es que vamos a morir sin que nadie se entere?”. Por eso, para que nadie olvide. Muertos, si. Olvidados, no.

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A la carga bravo cazador. Detalle de la estatua de Bennliure.


2011 12 11, 5:24
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Los escuadrones de la muerte

Se llamaba Miguel Rivero Lizcano y llevaba siete años de milicia a sus espaldas. En este tiempo había conseguido ascender a cabo y posteriormente a sargento. Durante su estancia en Melilla había entablado relaciones con Josefina Del Valle con la intención de formar un hogar. Formaba parte del 1er escuadrón de Alcántara que mandaba el capitán Arturo Ballenilla. Todos sus planes de futuro se desmoronaron como un castillo de naipes cuando su regimiento dejó de existir en aquellas cargas que con valentía y a la desesperada protagonizaron los jinetes de su unidad. Miguel y Josefina habían conseguido con la paciencia de las hormigas ahorrar todo cuanto podían del escaso sueldo del sargento. Rivero participó de manera destacada en la defensa de la Alcazaba de Zeluán demostrando un brillante comportamiento tanto en el combate como en mantener elevada la moral de sus hombres. Tras la muerte de Miguel, Josefina, no quiso quedarse con aquellos ahorros fruto del sacrificio de su amado. Envió al que hubiera sido su suegro que habitaba en Piedrabuena, Ciudad Real, la nada despreciable cantidad de 2250 pesetas. A la familia sólo le quedó el consuelo de saber que su hijo fue citado como muy destacado en la documentación del regimiento. El desastre se llevó por delante las ilusiones de muchas parejas. Aquel 1er escuadrón al mando de Ballenilla perdió a casi todos sus efectivos. Cayeron aparte del capitán, el alférez Díaz de la Guardia, y escaparon con vida los tenientes Troncoso y Bravo. El primero fue hecho prisionero y el segundo pudo llegar a la plaza el 4 de agosto. Murieron el suboficial Rafael Torres y los sargentos Arturo López (citado como destacado) y Gonzalo Márquez Pérez. Entre la tropa la mortalidad fue devastadora. Los 13 cabos, 3 trompetas, 2 soldados de 1ª, (uno de ellos era Basilio Moroño Rubio natural de Urda,Toledo) y 70 soldados de 2ª fallecieron en combate. De los herradores desaparecieron Miguel San Lázaro (destacado en la defensa de la Alcazaba) y Manuel González García. Entre los pocos supervivientes se hallaban Carmelo Lapeña Usón y Joaquín Romero Pavón que falleció siendo prisionero en Axdir. Sumando a este último se alcanza la letal cifra de 97 muertos.

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Monumento al Regimiento en Valladolid, obra de Benlliure

El martes 4 de octubre de 1921 los reyes visitaron a los soldados hospitalizados en los hospitales de San José y Santa Adela y el de Carabanchel. En ambos centros los monarcas conversaron con algunos heridos aun convalecientes de los combates de julio.
Dionisio Jiménez Gómez ocupaba una de las camas en Carabanchel y perteneció al 2º escuadrón. Fue uno de los jinetes que al mando del alférez Maroto partieron desde Zeluán para reforzar la defensa del aeródromo. Entre sus compañeros figuraba su amigo Cirilo Ruz Pascual que ejercía de asistente del oficial. En total participaron en la defensa del aeródromo 30 jinetes junto al sargento Ángel Díaz. Dionisio se portó como un jabato en aquellos difíciles días de asedio. Igual tocaba la guitarra para alegrar a sus compañeros, que luchaba en los pabellones. El 26 resultó herido en el antebrazo y así permaneció hasta que tras la capitulación fue hecho prisionero. Dionisio relata al periodista Pedro Antonio Cabrerizo su odisea con la voz quebrada. Sufrió dos días de cautiverio y al tercero escapó junto a dos compañeros en dirección a Melilla. Corrieron y corrieron perseguidos por sus carceleros. Dionisio vio caer a sus compañeros y sintió dos veces que su cuerpo era perforado por los disparos. Cuando en la Mar Chica le recogieron los legionarios presentaba dos orificios de bala, uno en la mandíbula y otro en el cuello. La gravedad de sus heridas requirió el traslado a la Península y allí lo encontró el corresponsal de la Correspondencia de España. De los defensores del aeródromo sólo se salvaron el alférez Maroto y el soldado Rafael Chaves Chaves, que tras cinco meses cautivo pudo llegar a Melilla el 15 de diciembre procedente de Orán. Junto a Rafael llegó a la plaza Francisco Fajardo, que era el cantinero de Zeluán. Ambos habían nacido en Sevilla. El primero en Gudalcanal y el segundo en Lora del Rio, ambos pudieron volver a sus pueblos tras la liberación. Sobrevivieron también los cabos Celestino Fragoso y Triburcio de Pablo y los herradores de 2ª Joaquín Martín Fernández (ingresado en el hospital) y Macario Pavón que estaba agregado al 4º escuadrón. De los soldados de 2ª tan sólo salvó la vida Francisco Maillo Granados, que aunque consiguió llegar a Melilla y ser hospitalizado no logró superar las graves heridas y falleció en el hospital. El resto del escuadrón presentó una estadística mortífera altísima. 1 capitán, 1 alférez, 4 sargentos, 10 cabos, 3 herradores, 3 trompetas, 2 soldados de 1ª y 68 de 2ª. 92 muertos en combate.

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Monumento al Regimiento en el acuartelamiento de Melilla

Antonio Serrano Domínguez nunca debió imaginar que sería objeto de tal cantidad de homenajes. Al principio se le destacó por su actuación en los combates de julio y su fama de valiente corrió por toda la península. Pocos héroes con vida podía aportar el regimiento y Serrano se convirtió en el más mediático. Tras la reorganización del regimiento continúa combatiendo y en marzo de 1922 se le concede un premio en metálico de mil pesetas, que cada año concedía el “Diario Español de la Habana”. La ceremonia se celebró en el campamento de Bugardain y asistieron un gran número de personalidades. Entre ellos un grupo de agregados militares internacionales que se hallaban de visita en Melilla. El soldado Serrano obtuvo tal distinción por su comportamiento en la carga que protagonizaron los escuadrones de los capitanes Balmorí y Liniers en Al Lal Hariga en febrero de ese mismo año. Al margen del premio, se le concedió la licencia para que pudiera volver a su Madrid natal. Los periódicos anunciaban ese día la muerte en cautividad del soldado del 5º escuadrón Bernardino Pérez González. Días después en el cuartel del Conde Duque de Madrid, Antonio, fue de nuevo distinguido ante un todavía mayor auditorio de mandos militares y civiles. El general Milans del Bosch entregó a Serrano una libreta de la caja postal de ahorros con 1875 pesetas que se habían recaudado entre los jefes y oficiales del regimiento. José María Garay, Conde del Valle Suchil, y alcalde de la capital se comprometió a otorgarle la primera vacante que se originara en la guardia montada de Madrid. En la misma ceremonia fue condecorado el sargento Andrés Meizoso Fornos que como Serrano se había distinguido en los combates de febrero. Meizoso no aparece en las listas por hallarse destinado en la plaza en julio del veintiuno y aunque no participó en las cargas tuvo con posterioridad un destacado comportamiento, por el que mereció ser propuesto para recibir la laureada. El mismo día que Andrés también fue recomendado el teniente de Regulares Vicente Camino, muerto en Abarran. Ninguno de los dos juicios contradictorios se resolvió favorablemente y no recibieron la Cruz.

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Antonio Serrano y Andrés Meizoso. Homenaje en Madrid 1922.


2011 12 11, 5:25
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En las páginas de El Castellano (Toledo) de septiembre y octubre de 1921 se publicaban relaciones de soldados de la provincia de los cuales las familias no tenían noticias. Las fatídicas listas incluían hombres de todos los regimientos. El 3 de septiembre uno de esos nombres era el de Sirio García Ruiz, natural de Menasalbas, en la comarca de los Montes de Toledo. Sirio era cabo del 3er escuadrón y nunca pudo volver a su pueblo. Fue uno de los 101 hombres que desaparecieron de su unidad. Mueren los cuatro oficiales, 1 suboficial, 1 sargento, los catorce cabos, 1 herrador de 3ª, 2 soldados de 1ª y 78 de 2ª. Fue el escuadrón que tuvo más bajas y también el único que no perdió en combate a ninguno de sus cornetas. Tan sólo he podido confirmar que salvó la vida el soldado David Álvarez Lamela que se presentó el 11 de septiembre. Al cabo Emiliano Pajuelo Díaz se le cita como distinguido en la documentación del regimiento. Pajuelo se parapetó guardando la puerta de la Alcazaba de Zeluán con la única ametralladora que quedaba disponible y allí aguantó el tipo durante diez días. Cuando se recuperó la posición, aquel rincón donde el cabo disparaba sin cesar apareció repleto de impactos de bala. El día en que las columnas españolas entraron en la Alcazaba quedaron absolutamente impresionados por el dantesco espectáculo que ofrecía la gran cantidad de cadáveres que encontraron tanto dentro como fuera de la posición. Cerca de la puerta, un soldado de Alcántara casi momificado yacía aferrado con fuerza a las bridas del esqueleto del que fue su caballo.

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Moreno Carbonero. Carga de caballería

Entre los soldados hospitalizados, se hallaban Fernando Álvarez de Castro y Antonio Castilla Moreno que fueron los únicos cornetas que no murieron en las cargas. En las salas del Docker coinciden con el sargento Álvaro González Cruz que presenta un esguince de la articulación del pie derecho, con el cabo Juan Fernández Rodríguez que padece una luxación del hombro derecho y con el soldado Francisco Maillo Granados que fallece a finales de julio. Otros cazadores fueron trasladados a la península. A Málaga fueron transportados en el Alicante Pablo García, José Fita Nico, Fernando Alfaro, Lucio Jiménez, José Gallego y Bonifacio Moreno Hernández. Este último no supero las graves heridas que presentaba y falleció el 21 de octubre. Al hospital de San José y San Raimundo, también conocido como hospital de los marqueses de Linares, fue trasladado el malagueño Rafael Morente Chaparro.
A medida que pasaban los días se iban presentando con cuentagotas supervivientes de Alcántara. La mayoría de ellos aparecen en los listados sin que conste a que escuadrón pertenecían. Tras la capitulación de Nador aparece Anacleto Semí Jeremias. El 4 de agosto se presentan el teniente Francisco Bravo y los soldados Pedro Arquero, Domingo Balimaña, Tomás Giral y Emilio Pardo. Bravo y sus hombres pudieron escapar de la carnicería de Zeluán y lograron llegar hasta la Mar Chica donde fueron rescatados por tropas de la Legión. De zona francesa llegaron dos grupos, uno el 9 de agosto y otro cuatro días después. Algunos formaban parte de la sección destacada en el Zoco de Telatza al mando del sargento Enrique Benavent Duart (muerto en la retirada), otros en cambio habían llegado procedentes de otras posiciones. En total se presentaron en Melilla 2 cabos (Ignacio De Aja y José Más Jover), 22 soldados y el veterinario 3º Montero Montero. Las gestiones para conseguir la repatriación las llevo a cabo Isidro de las Cagigas López Tejada (1891-1956) cónsul español en Uxda. Tras el desastre el diplomático fue destinado como interventor a Alcazarviquir y posteriormente a Tetuán. En la capital del protectorado llevó a cabo una brillante labor en el trazado y construcción de zonas verdes. Tan meritoria fue su labor que la ciudad le dedicó unos bellos jardines que llevan su nombre. Meses después de las cargas, el 21 de mayo de 1922, aparece en Melilla Florencio Caravaca Almagro que tras permanecer prisionero puede escapar y alcanzar la seguridad de la plaza. Tras su licenciamiento ingresa en el cuerpo de Carabineros. La guerra civil le sorprendió en la Comandancia de Barcelona. Se mantuvo fiel a la Republica y participó en la contienda donde ascendió a cabo por méritos de guerra. En febrero de 1939 se hallaba recluido en un campo de prisioneros en Francia desde donde es deportado y juzgado en consejo de guerra junto a varios compañeros del cuerpo. Se le condenó a reclusión perpetua aunque pudo salir en 1944.

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Dibujo de Ricardo Marín

En otras posiciones quedaron pequeños núcleos del regimiento. En Ishafen 8 soldados contribuyeron en la defensa al frente de la cual se hallaba el capitán Navarro Zaragoza (3ª Cia/IBon) de San Fernando. Corrieron la misma suerte que sus compañeros de infantería y ninguno se presentó en la plaza. El único sobreviviente de la posición fue el soldado de Melilla 59 Eugenio Moa Ramos natural de Pontevedra, herido grave y que posteriormente sería declarado inutil por padecer una importante anquilosis en el codo izquierdo.
En Segangan, donde se hallaba el cuartel de la unidad quedó 1 sargento y 18 soldados (con tan solo tres carabinas) que se hallaban al cuidado del ganado enfermo. Compartían guarnición con una sección de Melilla(3ª Cia/IBon) al mando de un sargento y 1 cabo y 3 hombres de intendencia. Al estallar los combates se unieron a la defensa los guardias civiles del puesto de San Juan de las Minas. El teniente de intendencia Pedro Dapena (del depósito de Avanzamiento) ordenó que la caballería se replegase a la plaza pudiendo así escapar de la matanza. En total y procedentes de allí pudieron llegar a Melilla el sargento Eduardo Valverde Ramírez y 17 soldados.
Anacleto Semí Jeremías, natural de Gerona, mecánico de profesión y filiado en ese centro de reclutamiento, fue dado de alta en el cuerpo el 26 de febrero. Se le destinó al 4º escuadrón que mandaba el capitán Fernández Tejedo. En su cartilla militar figura un anexo en el que se indica que participó en las cargas del Igan y en la defensa de Nador. Tras la capitulación se incorporó de nuevo al regimiento en el que permaneció hasta el 29 de febrero de 1924 que pasó a la segunda actuación de servicio activo. De los 74 soldados de 2ª presentes el 22 de julio tan sólo pudieron llegar a Melilla Anacleto y tres compañeros más. Domingo Balimaña Tomás, que lo hizo el 4 de agosto y Benito Gómez Hernández que tras permanecer prisionero en Segangan fue liberado el 13 de octubre. Cayeron todos los oficiales, 1 suboficial, 3 sargentos, 8 cabos, 2 herradores, 2 trompetas y 4 soldados de 1ª.

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Documentación del soldado Anacleto Semí Jeremias

En toda España el sentimiento de tristeza que reinaba se canalizó a través de múltiples iniciativas ciudadanas. Todos los diarios de la época iniciaron subscripciones a favor de los soldados de África. Entre la documentación que se conserva en la comandancia general de somatenes de Cataluña figuran las peticiones de donativos de los soldados que quedaron inválidos o inútiles en la campaña así como de los murieron en combate. En este último supuesto, la petición la realizaban a nombre de los huérfanos. Cientos y cientos de niños y niñas perdieron a su padre en el desastre quedando muchas familias en una difícil situación económica. El somatén de Cataluña concedió muchos donativos a huérfanos de soldados de todos los regimientos involucrados en el desastre. Manuela Herrero Teruel, de 5 años, era hija del soldado del 6º escuadrón Celestino Herrero Gálvez. Juan García Goig se quedó huérfano a los siete años al morir su padre Juan García Dolcet(natural de Barcelona) del 3er escuadrón. Natividad Obregón Canas (provincia de Álava) perdió a su padre, el sargento del 2º José Obregón Samperio cuando contaba tres años y Arturo López Moreno de tan sólo tres meses lo solicitaba por haber muerto su progenitor, el sargento Arturo López Ríos residente en Melilla y encuadrado en del 1º. Los últimos donativos se concedieron al pequeño de seis meses Enrique Benavent Varcarcel hijo del valenciano Enrique Benavent muerto en la retirada del Zoco Telatza y a María y Miguel Ramírez Sánchez de 5 y 2 años, residentes en Málaga e hijos del suboficial Luís Ramírez Hernández. Ante tal cantidad de solicitudes, el somatén acordó unas bases para la concesión que se aprobaron en enero de de 1922 y que beneficiaban a los desaparecidos hasta el 31 de diciembre. Únicamente se concedieron las prestaciones a las familias de suboficiales, sargentos, cabos y soldados, el plazo para concederlas finalizó el 31 de marzo de 1922. Los donativos se entregaron en una ceremonia en la Capitanía general de Barcelona en mayo de 1922 con la presidencia del general Primo de Rivera que pronunció un emotivo discurso ante los huérfanos, viudas y soldados mutilados o declarados inutiles.

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Restos de los escuadrones en el Igan

El quinto escuadrón que mandaba el barcelonés Ricardo Chicote presentaba en lista de revista un total de 95 hombres. El 21 de julio pernoctaron en Ben Tieb y a la mañana siguiente participaron en las primeras cargas para cubrir la retirada de la columna de Annual. Uno de los primeros heridos fue el cabo Juan Ramón Hernández, que en un principio fue evacuado a Ben Tieb y posteriormente a Drius con la intención de que pudiera llegar a Melilla. No lo consiguió, seguramente fue uno de los heridos que fueron rematados en el trayecto entre Drius y Tistutin. En el campamento de Annual se hallaba el jefe del regimiento Francisco Manella junto a su ayudante el capitán Arce, que como ordenanza tenían al soldado Florentino Moreno Martín. Este permaneció junto a su jefe hasta el último momento guardando los caballos y fue uno de los últimos hombres que vio con vida a Silvestre. Junto a él se hallaba el cabo de la Plana Mayor de mando Silverio Elvira que no tuvo la suerte de Florentino y fue dado por desaparecido. Tras abandonar el campamento y sufrir una larga serie de penalidades consiguió llegar hasta Zeluán donde se destacó al participar en dos de los tres convoyes que se realizaron hacía el aeródromo. El miércoles 3 de agosto fue hecho prisionero y no pudo llegar a Melilla hasta el 17 de noviembre.

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Herrador de 1ª Juan Carrión Maeso


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El suboficial Ramón Jimeno Marhuenda

presente en Ben Tieb fue el encargado de hacer llegar al teniente coronel Primo de Rivera la orden de cubrir con todos los medios a su alcance la retirada de las fuerzas de Annual. Jimeno declaró con posteridad que escuchó al 2º jefe una frase que ha pasado a la posteridad aunque se han dado diferentes versiones. Básicamente Primo de Rivera, ante la magnitud de la catástrofe que se avecina les indica a sus cazadores que ha llegado el momento de sacrificarse. Se puede discrepar de las palabras utilizadas pero no del cumplimiento que le dieron aquellos hombres. Su abnegación no ofrece ninguna duda. El suboficial Jimeno cumplió como sus compañeros y al retirarse hacia Drius la columna que mandaba el capitán Lobo volvió grupas y regresó a Ben Tieb con el objeto de retirar los cierres de las dos piezas de artillería allí presentes. Su actuación mereció que se le citará como distinguido en la documentación del regimiento. Participó en la defensa de Zeluán y pudo escapar con vida siendo el único suboficial presente en el frente que lo pudo conseguir. Del resto del escuadrón murieron 2 alféreces, 3 sargentos, 7 cabos, 2 herradores, 4 trompetas, 1 soldado de 1ª y 70 de 2ª. Entre estos últimos se hallaba Bernardino Pérez González que hecho prisionero fue trasladado hasta Axdir donde falleció el 10 de febrero de 1922. Las enfermedades y penurias del cautiverio también se llevaron por delante a Joaquín Romero Pavón (17-12-1921), Pedro Domínguez Sánchez (07-03-1922) y Álvaro Barcía. Pedro Martínez Lillo fue liberado el 27 de noviembre de 1922 junto a Juan Peña Catalá de San Fernando. En febrero de 1923 quedaron libres el cabo Tiburcio de Pablo y los soldados Juan Muñiz Romero, Pedro Morales Pradillo, Cándido Navarro García y Emiliano Alhambra Alguacil natural de Hormigos (Toledo) y a quien su familia ya buscaba con desesperación en septiembre de 1921. La espera fue demasiado larga pero Emiliano pudo regresar junto a los suyos tras el duro cautiverio.

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Suboficial Ramón Jimeno Marhuenda

El escuadrón de ametralladoras quedó borrado de un plumazo, ninguno de sus miembros escapó al abrazo de la muerte. Ni un sólo superviviente de entre sus 38 componentes de tropa. El único hombre que salió ileso de aquella masacre fue el teniente Luís Martín Galindo, que se incorporó el 10 de agosto tras participar en la defensa Zeluán. Formaban el escuadrón el 22 de julio 3 cabos, 1 trompeta, 2 soldados de 1ª y 32 de 2ª. El 6º escuadrón tan solo tenía asignado una plantilla compuesta por el herrador de 2ª José Rosas Valdajo, el soldado de 1ª Antonio Sillero Fresnedillo y 11 soldados de 2ª. Tampoco se presentó ningún superviviente, los trece fueron dados por desaparecidos. También fueron citados como destacados por diferentes acciones: Domingo Román Cerezo herrador de 3ª del 5º, Manuel González Ureña cabo del 5º, Tesifonte Expósito Mailanes soldado del 5º, el soldado Francisco Sánchez Caro del 2º escuadrón y el cabo del 4º Esteban Peña Fernández. Todos ellos murieron en combate y fueron citados a título póstumo.

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Calle Héroes de Alcántara, Melilla. La placa conmemora el LXXV Aniversario.

El 1 de julio el regimiento estaba compuesto por un total de 1044 efectivos de tropa. De estos, 657 estaban destinados en el frente. Fueron los hombres que participaron en las cargas y en la defensa de las posiciones. De ellos 517 se dieron por desaparecidos, lo que representa un 80% de bajas mortales. Los restantes 140 fueron los únicos sobrevivientes. Destinados en Melilla y según la lista de revista había 4 suboficiales, 16 sargentos, 1 sargento trompeta, 34 cabos, 1 cabo trompeta, 3 trompetas, 2 herradores de 1ª, 2 de 2ª, 2 de 3ª, 5 forjadores, 3 soldados de 1ª y 241 de 2ª. Ingresados en hospitales o con licencia por enfermo 4 cabos, 6 trompetas y 52 soldados de 2ª. Finalmente, arrestados en Cabrerizas y Rostrogordo 1 trompeta y 6 soldados a los que la prisión libró de una más que segura muerte. En base a estos 386 supervivientes, y con la incorporación de nuevos reclutas, se reestructuró el regimiento que estaba formado con carácter provisional por tres escuadrones de sables y uno de ametralladoras. Con tal fin la sección de cría caballar y remonta facilitó 15 caballos de oficiales y 205 de tropa. El resto de cuerpos de caballería aportó 354 prendas mayores y el mismo número de equipos completos para los caballos. La sección de artillería se encargó de proveer el material necesario para el escuadrón de ametralladoras. El regimiento participó en la campaña de reconquista y permaneció acantonado en la comandancia de Melilla hasta que en 1927 se reorganiza fundiéndose con los regimientos de Victoria y Taxdir. Tras un largo periplo por diferentes ciudades y con varios cambios de denominación vuelve a Melilla en 1974 convertido en el regimiento acorazado de caballería Alcántara 10.
En junio de 1931 se inauguró la estatua de Benlliure dedicada al regimiento y que luce ante la academia de caballería. También en Melilla se quiso honrar su memoria y una de sus calles lleva el nombre de Héroes de Alcántara. Este año, el 23 de julio, como viene siendo habitual se celebró el 89 aniversario de los hechos con una ceremonia y se depositó una corona de laurel en la placa que recuerda a los cazadores muertos en combate.
Cuenta Luís Miguel Francisco en su artículo sobre el teniente coronel Primo de Rivera (Morir en Monte Arruit. Ediciones Quirón) que los descendientes de los cazadores le contaron que años después de los hechos se reunían en Madrid. Le dijeron al autor que en las solapas de sus chaquetas portaban una réplica de la Laureada, de aquella cruz a la que nunca tuvieron derecho a título colectivo.

“Disipa como el sol las nubes a su paso”

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Anuario militar 1930

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Representa a los ¨heroes de Alcantara poco antes del desastre de Annual saliendo de Monte arruit


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Oficiales del regimiento de Cazadores de Alcántara. 14º de Caballería

Al frente de aquellos más de mil hombres se hallaba Francisco Manella Corrales, nacido en Cádiz el 1 de marzo de 1870. El 22 de julio era el jefe de la circunscripción de Annual donde había relevado días antes al coronel Arguelles. El mando del regimiento recayó en su segundo jefe, Fernando Primo de Rivera Orbaneja. Los dos murieron en combate y ambos fueron enterrados en el frente. Tiempo después Primo de Rivera pudo ser trasladado y enterrado dignamente y con todos los honores en Madrid. Al coronel Manella oficialmente no le encontraron aunque es más que probable que sus restos no identificados pudieran ser enterrados en una fosa común junto a cientos de soldados que le acompañaron en sus últimos días en Annual. Sin embargo su mujer si recibió una carta del sargento Vasallo donde le aseguraba que fue identificado y enterrado en Annual junto a otros oficiales. En la carta se le comunicaba a la viuda que fue enterrado en Annual en una fosa próxima a la del capitán Salafranca, muerto en Abarran y que debió de ser uno de los primeros moradores de aquel camposanto. También escribe Vasallo que junto a él se hallaban el comandante Benítez, el capitán de la Paz, y los tenientes Bustamante, Nogues y Escrig. Hay que aclarar que la localización de los restos de los oficiales se realizó en lugares diferentes. Los primeros se hallaron en las proximidades de Igueriben. Obra en mi poder la carta del prisionero Julián Sosa dirigida a la madre de dos oficiales muertos en combate, en la que se describe que junto a otros compañeros dan sepultura a los oficiales de Igueriben. Para facilitar su reconocimiento depositaron junto al cuerpo una lata de conserva con un papel en su interior donde se indicaba el nombre del finado. Al teniente Escrig lo encontraron un año después de su muerte en Buymeyan. Vasallo así lo comunicó a su padre, José Escrig Llopis en junio de 1922. Los restos, sólo huesos, fueron introducidos en una cajita y trasladados hasta el cementerio del campamento de Annual. El sargento dice textualmente que junto a su hijo se hallaba enterrado el coronel Manella, que había sido identificado y que el lugar de enterramiento se hallaba a cien metros de la posición. Por lo tanto es más que probable que los restos del jefe de Alcántara fueran localizados posiblemente en el Izzumar. No resultaba difícil reconocer el cuerpo de un coronel de caballería. En diciembre de 1922 se le concedió a su viuda, María Duquesne Montalvo, una pensión anual de 12000 pesetas, a cobrar desde agosto de 1921 al haber sido dado por desaparecido su marido. No fue el único caso en el que no se localizaron los restos a pesar de haber sido reconocidos. En la misma carta que el sargento le dirige a esa madre que ha perdido dos hijos, le informa que también han encontrado el cadáver del segundo y que ha sido enterrado en las proximidades de Intermedia. Creo que en este caso el suboficial mintió de manera piadosa ya que no aportaba detalles del lugar en concreto ni se adjuntaba un plano del enterramiento. El caso es que a pesar de las precisas indicaciones sobre Manella su cuerpo no fue localizado cuando se desenterraron al resto de oficiales citados por Vasallo. Finalmente, en mayo de 1928 se le remitió a su viuda un certificado de desaparecido firmado por el general Antonio Losada. Los sucesos de julio rebosan incógnitas irresolubles y una de ellas era saber que fue del cuerpo de Francisco Manella Corrales.

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Francisco Manella Corrales. Jefe del Regimiento

De los tres comandantes presentes en el estado de fuerzas del regimiento el 1 de julio de 1921 ninguno se hallaba junto al teniente coronel Primo de Rivera el 21 de julio. Tomás Berrocoso Planas (24-05-1871) era el jefe del primer grupo de escuadrones. Gozaba de licencia por enfermo al padecer paludismo y recibía tratamiento médico. Al enterarse de la complicada situación, se reintegró junto a otros compañeros de su regimiento y se puso al frente de sus escuadrones. La noche del 22 la pasó en Drius, donde al día siguiente al producirse la retirada ordenada por el general Navarro, se le encomienda el mando de varias compañías de infantería ante la falta de jefes para mandarlas. Así consiguió llegar hasta Arruit donde dirigiría un sector de la defensa y en ella moriría tras producirse la capitulación. Al año siguiente y aún sin haber sido dado por desaparecido oficialmente ascendió a teniente coronel. José Gómez Zaragoza se hallaba de permiso y al igual que otros muchos oficiales, al enterarse de las adversas noticias regresó voluntariamente a Melilla en el mismo barco en que volvía el capitán Fernández Tejedo. Era jefe del 2º grupo de escuadrones y participó en las cargas del Igan, así como en el repliegue a Tistutin, Batel y posteriormente a Monte Arruit donde se puso al frente de unidades de infantería. Fue uno de los pocos oficiales que escaparon con vida a la matanza de Arruit y corrió la misma suerte que el general Navarro, siendo trasladado a Axdir hasta febrero de 1923. Ascendió a teniente coronel el 17 de marzo de 1927 y posteriormente se retiró acogiéndose a las reformas de Azaña. Santos del Campo Criado (01-04-1872) era el comandante Mayor y ocupaba su destino en la plaza. Tras la muerte de sus superiores se convirtió accidentalmente en el jefe del regimiento hasta que fue designado el coronel Fernández Pérez. Ascendió a teniente coronel en 1922 y falleció en noviembre de 1923.

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Oficiales de Alcántara 14

Siete capitanes tomaron parte en las diferentes cargas y en la defensa de las posiciones. José del Castillo Ochoa se hallaba al frente del 3er escuadrón hasta poco antes de los sucesos de julio cuando fue destinado al grupo de Regulares de Larache. Como aún se encontraba esos días en Melilla fue uno de los oficiales que de manera voluntaria se incorporó al frente. Primo de Rivera le nombró su ayudante accidental aunque no pudo ejercer más allá del 23 de julio al resultar gravemente herido en el Igan. Castillo recibió un balazo que le atravesó de lado a lado la nalga izquierda provocando afectación de la arteria femoral. Falleció dos días después y fue enterrado en la Plaza. Había nacido el 17 de marzo de 1883 y había ingresado en la academia en septiembre de 1900. Era capitán desde noviembre de 1916. Lejos del Igan y junto a su coronel, se hallaba el Alavés Ramón Arce, ayudante del regimiento. Era compañero de promoción de Castillo y habían conseguido el empleo de capitán el mismo año. Arce fue dado por desaparecido y su cuerpo nunca fue encontrado aunque existen referencias acerca de su muerte en el desfiladero del Izumar luchando brazo con brazo junto a Francisco Manella. Se había casado tan sólo dos años antes de fallecer en combate. El único capitán superviviente fue Ricardo Chicote Arcos jefe del 5º escuadrón. En el transcurso de las cargas en el Igan padeció una dura caída que le condujo el mismo día al hospital. Tras recuperarse de sus heridas pudo prestar declaración ante Picasso y posteriormente ante el juez instructor en el juicio contradictorio para conceder la Laureada a Primo de Rivera. Ascendió a comandante en 1930 y se retiró un año después con motivo de las reformas de Azaña. Tras la guerra civil regresó al servicio en la escala complementaria con el empleo de teniente coronel. Falleció en Barcelona el 14 de abril de 1956 siendo coronel. Estaba casado con Julia Alfaro hermana del comandante de Regulares de Melilla, en 1921, Ramón Alfaro Páramo.
Mauro Fernández Tejedo era además de un veterano capitán, un experto jinete. Participó en numerosas competiciones y ganó entre otros trofeos la Copa de España en 1915 a lomos de Boquerón. Había nacido el 9 de abril de 1874 y era capitán desde mayo de 1914. En julio de 1921 estaba al frente del 4º escuadrón, aunque debido al periodo estival se hallaba de vacaciones en Sevilla junto a su familia. Al enterarse de los sucesivos fracasos de los convoyes a Igueriben embarcó solo en dirección a Melilla donde pudo llegar el 21, poco después de la caída de la posición que defendían los hombres de Benítez. Desde Arruit pudo incorporarse a Zeluán donde participó en la defensa hasta el 3 de agosto donde desapareció tras la fallida evacuación de la posición.

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Capitán Mauro Fernandez Tejedo y Boquerón

En la Alcazaba también se distinguieron otros dos capitanes de Alcántara. Arturo Ballenilla Espinal nacido en julio de 1880 y con antigüedad en el empleo desde el 14 de julio de 1914. En 1901 tradujo del inglés la importante obra sobre “Principios de Doma y Equitación” de James Fillies, considerada aún hoy en día un libro de culto entre los profesionales del caballo. En 1913 siendo 1er teniente de Alcántara participó en la campaña del Kert recibiendo por ello dos cruces rojas. Ascendió a capitán en julio de 1915 y en aquellos días de julio mandaba el 1er escuadrón. En la defensa de Zeluán participaron 10 oficiales y 125 de tropa. Muy pocos de ellos pudieron alcanzar la relativa seguridad de La Plaza. El jefe del 2º escuadrón era Jacinto Fraile Rodriguez(23-02-1880) que tras el repliegue a Tistutin alcanzó la Alcazaba junto al teniente Bravo y el alférez Sousa al mando del escuadrón provisional formado tras las cargas del Igan. El 28 de julio, al frente de una menguada sección, se encargó de intentar hacer llegar un convoy de aprovisionamiento a los defensores del aeródromo. Poco después de abandonar el recinto amurallado recibió un disparo que le causó la muerte en el acto. En ese fallido socorro al aeródromo obtuvo años después la Laureada a título póstumo el soldado de aviación Francisco Martínez Puche. Tras la reconquista de Arruit se pudieron reconocer los cadáveres de bastantes oficiales, entre ellos el de Jacinto Fraile, que fue enterrado en Melilla.

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Capitán Jacinto Fraile Rodríguez y Zeluán

Al capitán Julián Triana Blasco le correspondió la dura tarea de defender la puerta de entrada al infierno de Arruit. Allí se emplearon los últimos cazadores que se salvaron de las cargas y fueron emplazadas las dos maquinas que se salvaron durante el repliegue. En la defensa de Arruit murieron en combate 24 cazadores y otros 48 resultaron heridos. Fruto de las enfermedades producidas por las duras condiciones de la defensa murieron 32 hombres. Queda constancia que Julián Triana luchó hasta el último día y su numerosa familia tuvo la fortuna de poder enterrarlo dignamente cuando se recuperó la posición. El 29 de octubre su cadáver fue reconocido entre las ruinas de aquella maldita puerta que le tocó defender. Entonces todos pudieron ser conscientes de la dureza del encargo que le ordenó Navarro al ver como quedó el arco de entrada. Había nacido en septiembre de 1874 y era capitán desde diciembre de 1911.

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Capitán Julian Triana Blasco y la puerta de Arruit

En Melilla y con destino se hallaban cuatro capitanes. Adolfo Madariaga Mariscal, que continuó en la unidad hasta su ascenso a comandante en 1923. Fue uno de los integrantes de la comisión del regimiento que asistió al entierro de Primo de Rivera. Murió el 1 de junio de 1927 dejando viuda y tres hijos. Adolfo, el mayor, era en 1935 mecánico de aviación destinado en la base militar del Prat de Llobregat. El 30 de septiembre el avión que tripulaba el subteniente Rufino Núñez se estrelló en las Ramblas de la capital Condal quedando testimonio gráfico del mismo gracias al fotógrafo Agustín Centelles. Aunque parezca mentira ningún peatón resultó lesionado, peor suerte corrieron los dos aviadores que resultaron gravemente heridos.
Juan Villasán García (08-03-1882) es un personaje del que se conocen pocos datos pero que muchos hemos visto en las fotografías que acompañaban el artículo de Luis Miguel Francisco sobre Primo de Rivera. Años antes siendo 1er teniente de Villarobledo tomó parte en la campaña del Kert. Tras su ascenso a capitán es destinado al Alcántara donde permanecerá varios años. En 1923 actuó como abogado defensor en los consejos de guerra que se siguieron contra dos oficiales. En el mes de marzo defendió al comandante Manuel Llamas Martín, que fue jefe accidental del grupo de Regulares. En aquel proceso ejerció de fiscal el teniente coronel Miaja y de ponente el auditor Avelino Bonal. Llamas fue condenado a tres años de reclusión y encarcelado en el fuerte de María Cristina. La sentencia fue enviada al Consejo Supremo de Marina y Guerra que elevó la pena hasta los doce años. Manuel Llamas no cumplió la dura condena ya que falleció en la prisión el 9 de noviembre de 1923. Ese día se iniciaron en Melilla los trabajos para exhumar y trasladar a la península al teniente coronel Primo de Rivera. Llamas fue el primer habitante del recién construido panteón de Regulares de Melilla. Mejor suerte tuvo el otro acusado defendido por Villasán, José Creus Moscoso, capitán de San Fernando. En este caso el fiscal fue el comandante Mariano Usera y el capitán Creus fue absuelto. Villasán también actuó como juez instructor en el expediente previo para la concesión de la laureada al teniente coronel Primo y fue uno de los asistentes a su tercer entierro en Madrid. Ascendió a Comandante el 4 de septiembre de 1925 y en julio de 1936 se hallaba destinado en Melilla donde se negó a sublevarse siendo fusilado el 27 de julio por sus propios compañeros.

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Capitán Juan Villasán García

En la guerra se vieron implicados varios supervivientes de manera fatídica. Al capitán Ernesto Gómez García lo fusilaron en Madrid siendo comandante, empleo al que había llegado en noviembre de 1924. Posteriormente había continuado en el protectorado como juez de causas de la circunscripción del Rif, fue uno de los ejecutados en las sacas de Paracuellos. Otro represaliado durante la guerra fue el teniente Rafael Carrasco Egaña, que en julio de 1921 ejercía de secretario del coronel Manella. Carrasco se incorporó al frente junto a tres compañeros el 23 aunque a diferencia de los otros solo permaneció en el frente unas horas ese día. En mayo de 1922 ingresó en la guardia civil y durante algún tiempo en la guardia colonial de Guinea en la etapa en la que ocupó el cargo de gobernador Miguel Núñez de Prado. Ascendió a capitán y en 1934 era el jefe de la 2ª compañía de la guardia civil en Vilanova i la Geltrú. Durante los sucesos revolucionarios se destacó a la hora de reprimir manifestaciones y se comportó con dureza ante los huelguistas que nunca olvidaron al capitán Carrasco. En 1936 fue destinado al tercio de Granada al mando de la 3ª compañía en Loja. Parece ser que antes del alzamiento ya se hallaba comprometido para volver a su antiguo destino en el Garraf para ponerse al frente de la sublevación. Utilizando su amistad con el capitán Mariano Sola Ruíz consiguió que se le permitiera pernoctar y esconderse en el cuartel desde donde dirigiría la sublevación. El 19 de julio consiguió ocupar varios puntos estratégicos de la ciudad pero el alzamiento no cuajó y fue detenido junto a capitán de carabineros Francisco Bernabeu Arcos y el jefe de la policía local José Perich. Fue trasladado a Barcelona y encarcelado en el Uruguay de donde fue sacado y juzgado el 2 de octubre. La condena a muerte se cumplió al día siguiente en el campo de la Bota, en la actual playa de la Marbella. Cuentan que a su ejecución asistieron muchos “vilanovins” ansiosos de venganza tras los sucesos de 1934. Dramático final el de los hermanos Carrasco Egaña.


2011 12 11, 5:44
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Oficiales del regimiento de Cazadores de Alcántara. 14º de Caballería

Luís Martín Galindo del escuadrón de ametralladoras participó en la defensa de Zeluán que dirigía el capitán Carrasco. Tras la capitulación permaneció varios días prisionero pero fue liberado y llegó a Melilla el 10 de agosto. Continuó su carrera militar y ascendió a capitán el 26 de agosto de 1924. Fue como su padre, el coronel Pedro Martín Fernández, profesor de la academia y en esa situación le sorprendió la guerra civil. Martín decide encerrarse en el Alcázar junto a su mujer Francisca Morales, sus hijos Mª Luisa, Mª Carmen, Antonio y la joven sirvienta Manuela Gómez Aguado. En aquellos días de asedio coincidió con el comandante Luís Araujo, uno de los cuatro hijos del coronel Silverio Araujo. Tras ser liberado Toledo se le conceden tres meses de permiso para recuperar la salud perdida durante el sitio. Ya con el grado de comandante, es destinado al frente de Madrid aunque sin haber podido recuperarse por completo de sus dolencias. Falleció en febrero de 1938, fue laureado a título colectivo y como defensor del Alcázar fue enterrado en la cripta del mismo. El gaditano Fernando Vea Murguia fue herido de gravedad el 23 en el Igan y pudo ser evacuado junto a otros oficiales en uno de los últimos convoyes de heridos que pudieron llegar a Melilla. Recuperado de sus heridas continuó en el regimiento hasta su ascenso a capitán el 7 de julio de 1923. Aunque ya no pertenecía a la unidad asistió al entierro de Primo de Rivera.
Otro de los supervivientes que tuvo un acentuado comportamiento durante la guerra fue Julián Troncoso Sagredo. Prisionero en Axdir hasta el 28 de enero de 1923. Hasta entonces no pudo conocer a sus gemelos fruto del matrimonio con Elena Cadena Iraizoz. Durante el cautiverio se destacó en las labores humanitarias y sustituyó al teniente médico Serrano al morir este. Asciende a capitán días antes que su compañero de promoción Martín Galindo. Durante la República fue uno de los más destacados miembros de la UME fundada en 1933. El 18 de julio se hallaba destinado en Zaragoza y participó activamente en la sublevación siendo herido en un brazo en una refriega en las cercanías del cuartel de Castillejos. A partir de este momento Troncoso inicia una destacada actividad en los servicios de información del ejército de Franco. Fue nombrado Jefe del SIFNE (Servicio de Información de la frontera Noroeste De España) creado por el catalán Josep Bertrán Musitu y que contaba con el apoyo de destacados catalanistas como Francesc Cambó o Carles Sentís, veterano periodista que aun vive y conoció a Troncoso y a varios miembros de su equipo. Durante el tiempo que permaneció al frente de la frontera creó una unidad tipo comando que se especializó en sabotajes en territorio francés contra objetivos relacionados con el gobierno de la República. Entre sus éxitos se cuenta el poder hacerse con una avioneta de Air Pyrenees que cubría el trayecto entre Burdeos y Bilbao y en donde viajaba el consejero de Sanidad del gobierno Vasco, Alfredo Espinosa Uribe (hermano del laureado teniente del tercio). Espinosa fue detenido, juzgado, condenado a muerte y ejecutado. Algunas de las acciones les salieron bien y consiguieron hacerse con varios barcos, sin embargo en septiembre de 1937, intentaron la captura del submarino C2 amarrado en el puerto de Brest y los planes no salieron como estaban previstos. Un miembro del comando murió en el asalto y otros fueron detenidos y encarcelados. Troncoso a pesar de haber escapado vuelve a Francia y se entrega a las autoridades que lo internan hasta marzo del año siguiente.

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Comandante Julián Troncoso Sagredo tras su detención en Francia

Tras su liberación abandona las labores de información y es habilitado como teniente coronel y destinado a la 63 División que se hallaba al mando del coronel Tella Cantos. Al finalizar la contienda pierde la habilitación de teniente coronel y vuelve a ingresar en la escala de comandantes, hasta su ascenso por antigüedad en 1943. En octubre de 1937 fue el primer presidente de la Federación Española de futbol en la España de Franco y ocupó el cargo durante dos años. Anteriormente había sido directivo del Zaragoza y un experto jinete. Finalizó su carrera militar en activo como coronel, empleo al que llegó en 1952. Tras su pase a la reserva en 1959 ocupó la presidencia del sindicato nacional de transportes y en 1963 fue designado procurador en Cortes.
El último teniente que escapó con vida fue Francisco Bravo Serrano del 4º escuadrón y que pudo huir tras la liberación de la Alcazaba. Pudo llegar a Melilla el 4 de agosto junto a varios soldados de su regimiento en el que continuó hasta 1923. Ascendió a capitán de la escala de Reserva el 18 de febrero de 1929. La mortalidad entre los tenientes fue proporcional a la de los cazadores. De los once tenientes que quedaban para el campo murieron en combate siete.

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Teniente Francisco Bravo Serrano

Dos de ellos pertenecían a la escala de Reserva. El valenciano Francisco Climent Pérez era el oficial de su empleo más antiguo, era teniente desde el 22 de agosto de 1915. Había ingresado como soldado en diciembre de 1892. Pertenecía al 3er escuadrón y fue dado por desaparecido en la evacuación de Arruit. Su compañero de escala Victoriano Pua Elvira había nacido el 21 de mayo de 1883 y consiguió ascender a teniente el 31 de agosto de 1918. Formaba parte del 5º escuadrón que mandaba Ricardo Chicote y tomó parte en todas las cargas y repliegues hasta su llegada a Monte Arruit donde murió en combate. El 28 de octubre tras la reconquista del averno de Arruit se reconoció su cadáver junto al del capellán Campoy. Fue enterrado en el Panteón de Héroes, justo al lado del veterinario Vidal Platón Bueno.
También fue reconocido en el mismo mes el cuerpo del teniente José Manterola Ramírez, de Cartagena, del que también se pudo recuperar la silla que montaba en aquellas cargas en el Igan. En mayo de 1926 recién reconquistado Annual se instruyó juicio contradictorio para concederle la Laureada aunque no prosperó la propuesta. Aquel día varios oficiales supervivientes del desastre pisaron de nuevo el lugar donde todo empezó. Acompañaban al coronel Pozas el comandante Cebollino y los capitanes Jiménez Ortoneda y Rodríguez Fonseca. José Arcos Cuadra nació en Paris el 1 de octubre de 1893, era hijo del conocido pintor y retratista Santiago Arcos Megalde y de Concepción Cuadra Vieri. Ingresó en la academia el 7 de julio de 1914 y era teniente desde junio de 1919 ocupando el segundo lugar de su promoción. Se incorporó al regimiento poco antes del desastre, procedente de Ceuta del 28º Regimiento de Cazadores de Vitoria. Anteriormente había servido en la escolta Real. Se le destinó al 4º escuadrón y fue dado por desaparecido tras la frustrada salida de Arruit. Otro recién llegado al regimiento en 1921 fue Román del Campo Cantalapiedra que hasta la fecha servía en el regimiento de Lanceros de la Reina que mandaba el coronel Queipo de Llano y que tenía su acuartelamiento en Alcalá de Henares. Del Campo era teniente desde junio de 1917 y se le destinó al 5º. Fue uno de oficiales que fueron dados por desaparecidos tras la evacuación de Zeluán. Hubiera cumplido 26 años el 11 de agosto. En 1936 sus dos hermanos, Mariano (comandante de Ingenieros) y Fernando fueron fusilados en Paracuellos por milicias republicanas. Gerardo García Castaños se incorporó al regimiento en mayo procedente del grupo de regulares de Ceuta y era hijo del entonces teniente coronel de León 38, Carlos García Castaños. De su escuadrón, el tercero, no se salvó ningún oficial. Gerardo fue dado por desaparecido en Arruit y su cadáver nunca apareció siendo uno de los trece oficiales del regimiento oficialmente desaparecidos en septiembre de 1922. Recientemente leí una interesante guía del Somatén coordinada por su hermano Isidoro, oficial de Administración Militar. Otro miembro del ejército de desaparecidos fue Ramón León Font de Mora, nacido en Valencia el 10 de noviembre de 1894. Pertenecía a la XXI promoción que ingresó en 1914 y era teniente desde septiembre de 1919. Fue uno de los doce oficiales del regimiento que murieron en Arruit. Servía en el 4º escuadrón.
En la plaza y con destino quedaron siete u ocho tenientes según las fuentes. Herido en el hospital, Alfredo Corbalán Reina (03-02-1896), que fue ingresado poco antes de la aniquilación del regimiento. En agosto de 1912 siendo un joven cadete de 1er curso y durante una visita a la comandancia de Melilla sufrió una dura caída al engancharse su caballo con los raíles del ferrocarril. Fue trasladado con urgencia a Nador donde su familia residente en Melilla le pudo trasladar en el tren minero hasta la plaza. El accidente le produjo un grave traumatismo craneoencefálico que le costó perder un curso entero en su formación. En 1922 fue instructor del regimiento en el proceso que se siguió contra el presunto desertor Blas Murguito Martínez. Ascendió a capitán en marzo de 1925 y permaneció varios años en el grupo de Regulares de Melilla. En esa situación le sorprendió la sublevación y al mando de su escuadrón de Regulares se sumó a los alzados en armas.

Los restantes a pesar de no haber participado en las cargas tuvieron tiempo de demostrar su valor en combate. Narciso Pérez de Guzmán el Bueno resultó herido el 8 de enero de 1922 en otra carga protagonizada por el regimiento en Al Lal Hariga. En ella tomaron parte los escuadrones de los capitanes Cesar Balmorí y Tomás Liniers que resultaron heridos. Pérez de Guzmán falleció en Melilla al día siguiente a consecuencia de las graves heridas. Curiosamente fue el único oficial del que tenemos testimonio gráfico de cuerpo presente y amortajado. Era hijo del Conde de Torre Arias, que se desplazó hasta Melilla para conducir y enterrar él a su hijo en Madrid. Otro aristócrata presente en el regimiento era Vicente Calderón y Montero Ríos, duque de San Juan. Al margen de la milicia desarrolló una rápida carrera política que le llevo a ser diputado a Cortes en 1923. En febrero de 1927 siendo capitán, falleció de manera prematura en Reus a los treinta y cinco años. La guerra civil también se llevó por delante al extremeño teniente Leopoldo Nieto Martín Romo, que ocupaba el puesto de jefe local de la Falange en Don Benito. Fue fusilado por milicias republicanas el 11 de agosto de 1936. Su compañero en la escala de Reserva Joaquín Jiménez Moreno ascendió a capitán en 1923 y abandono Marruecos para convertirse en delegado gubernativo de Villar del Arzobispo en Valencia. Los restantes tenientes eran José Ginés Cortés y Francisco Silió Galán. El primero se hallaba destinado en 1936 en Barcelona siendo capitán y parece ser que intentó incorporarse al bando nacional aunque desapareció en el intento sin que quede claro cual fue su final. Silió se unió a la sublevación y alcanzó el grado de coronel. Anteriormente siendo teniente coronel ejerció de ayudante del general Solchaga. Era hijo del Ministro de Instrucción pública y Bellas Arte Cesar Silió Cortes que formaba parte del gabinete de Sánchez Guerra en 1921.

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Traslado del cuerpo del teniente Narciso Pérez de Guzmán el Bueno Salabert

Juan Maroto y Pérez del Pulgar fue el único alférez que esquivó a la muerte y posiblemente el último oficial superviviente de las cargas. Había nacido en Madrid el 4 de julio de 1896 y era hijo de los Marqueses de Santo Domingo. Ingresó en la recién creada escala de complemento (heredera de la escala de Reserva Gratuita de 1911). En julio de 1922 se hallaba al frente de la sección del 2º escuadrón que participó en la defensa del aeródromo de Zeluán. Tras la capitulación fue hecho prisionero y trasladado junto a algunos de sus hombres a Axdir. Ascendió a teniente en 1923 y en noviembre asistió al entierro de Primo de Rivera siendo el encargado de portar el estandarte del regimiento. Gentilhombre de cámara de Alfonso XIII, Cruz de María Cristina y medalla de sufrimientos por la Patria. En agosto de 1925 se casó con Agustina Von Nagel y dos años después ascendió a capitán, siendo el más joven de su escala que conseguía tal empleo. Su hermana, María Eulalia, se casó con un compañero de aquellas jornadas de julio. El teniente de Regulares Ramón Carvajal Colón, al que años después se le autorizó a permutar el orden de sus apellidos. El matrimonio tuvo cuatro hijos, el segundo Cristóbal Colon de Carvajal Maroto Vicealmirante de la armada fue asesinado por ETA en febrero de 1986. Juan Maroto falleció en marzo de 1977. El título de Marqués de Santo Domingo se trasmitió a su hija Agustina nacida en 1928.
Luís Cistué Castro nació en Barbastro el 25 de abril de 1898. Era hijo de Teótimo Cistué Escudero y de María Castro Santoyo, Barones de la Menglana. En el transcurso de las cargas en el Igan fue gravemente herido en el pecho. Al ser advertido de ello, el teniente coronel Primo de Rivera envío a cinco cazadores para que lo retiraran del frente. Cistué se negó a ser evacuado y sin dar tiempo a sus hombres a poder ayudarle se disparó un tiro en la cabeza que le causó la muerte. Carmelo Lapeña y Benito Gómez comprobaron que había fallecido e informaron al jefe del regimiento. Pertenecía al 4º escuadrón del que ningún oficial escapó con vida.

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Juan Maroto Pérez del Pulgar y Agustina Von Nagel

Ángel Calderón Gaztelu era el oficial más joven del regimiento, había nacido en Pamplona el 10 de octubre de 1900. Eran sus padres el coronel Vicente Calderón Ozores y Concepción Gaztelu Maritorena. Ingresó en la academia en 1916 y en julio servía en el 3er escuadrón. Participó en las primeras cargas y el 23 fue enviado a Zeluán en donde moriría tras ser evacuada la posición el 3 de agosto. Su madre recibiría en noviembre de 1927 la medalla de sufrimientos por la Patria. No fue el único tributo que pagó la familia ya que durante la guerra civil dos hermanos de Ángel murieron en combate siendo capitanes de aviación. José fue abatido a bordo de su JU 52 en la batalla del Jarama y condecorado a título póstumo con la Cruz Laureada de San Fernando y Luís que falleció en Agoncillo (Logroño) el 24 de julio de 1936 junto al también capitán Miguel Rubio Larrañaga al explotar en el aterrizaje una bomba que había quedado enganchada al fuselaje. En 1940 la madre de los capitanes Gaztelu volvía a recibir otra medalla de sufrimientos. Dos medallas, tres hijos muertos, triste consuelo para aquella madre.

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Ángel Calderón Gaztelu

Compañero de promoción y sección de Calderón durante la etapa en la academia era Rafael Sousa Sousa nacido el 28 de julio de 1898 y perteneciente al 2º escuadrón. Consiguió llegar hasta Zeluán junto al capitán Ballenilla y el teniente Martín Galindo. El miércoles 28 de julio celebró su vigésimo tercer cumpleaños entre los muros de la Alcazaba que a la postre fue el último, ya que falleció tras la caída de posición. Su vida hubiera podido cambiar si hubiese aprobado el ingreso en la academia de artillería un año antes de hacerlo en la de caballería.
El cuarto componente de la XXIII promoción de la academia de caballería era Fernando Díaz de la Guardia Velázquez que pertenecía al 1er escuadrón. Tomó parte en todas las cargas desde el primer momento y fue gravemente herido en el vientre el 23 de julio en el Igan. Parece ser que falleció cerca de Tistutin a consecuencia de las heridas y fue enterrado en una casa próxima a la estación y que servía de depósito de esparto. Testigo de ello fue el soldado Lucas Martín que se hallaba con él cuando murió y le dio sepultura. Lucas fue dado por desaparecido, pero antes de su desconocido final informó a su compañero Florentino Barrientos Estopiñan del lugar en donde se hallaba enterrado Díaz de La Guardia. Florentino fue hecho prisionero y permaneció en cautividad hasta su liberación el 9 de diciembre del mismo año. Parece ser que a pesar de las indicaciones del soldado Estopiñán no se pudo recuperar el cadáver del alférez, ya que su nombre apareció entre las bajas oficiales por desaparición un año después de su muerte.
Muchos años después, en 1966, y coincidiendo con el L aniversario del ingreso en la academia, los compañeros de armas aun vivos celebraron una misa en Valladolid en recuerdo de los caídos en combate y fallecidos. La esquela que publicó ABC incluía cuarenta nombres. Los miembros de la XXIII promoción ingresaron el verano de 1916. Componían el curso tres secciones que sumaban un total de 72 cadetes. La 1ª aportaba a la esquela diez nombres, 8 la segunda y 10 la tercera. El resto de oficiales que se citaban habían ingresado en julio de 1920. Al margen de los cuatro citados, la promoción aportó a la letal estadística del desastre a Fernando Tomasetti Caritat y Urbano Prieto García.

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Alférez Fernando Díaz de la Guardia Velázquez

Sin pertenecer al arma de caballería también pereció el capellán 2º José Campoy Irigoyen, quien se había incorporado poco antes de julio sustituyendo al del mismo empleo Lucio Rosado González. El páter falleció tras la capitulación de Arruit, un día después de cumplir veintisiete años. Los veterinarios terceros Vidal Platón Bueno y Eduardo Caballero Morales son también parte de la historia de las cargas de Alcántara y supieron cambiar el fusil por su instrumental quirúrgico. Igual que ellos se comportó el teniente médico Modesto García Martínez que desapareció en la retirada de Tistutin al infierno de Arruit. Días antes también falleció en combate su hermano Víctor, capitán médico, ambos habían nacido en Filipinas y habían cursado la carrera de medicina en Madrid. Modesto llevaba tan sólo un año en Melilla mientras que Víctor ya se había especializado en oftalmología y prestaba sus servicios adscrito a la comandancia general para las necesidades y contingencias del servicio. Annual es un pozo inagotable de tristes historias de hermanos. En la actualidad una calle de Melilla lleva el nombre del capitán Víctor García Martínez.

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Eduardo Caballero Morales, Vidal Platón Bueno y José Campoy Irigoyen

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Anuario militar de 1922. Regimiento de Alcántara 14


2011 12 11, 5:46
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual (Cazadores de Alcantara)


2012 02 07, 7:33
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual (Cazadores de Alcantara)
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2012 03 01, 9:00
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Mensaje sin leer La gesta de los jinetes del Alcántara
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La gesta de los jinetes del Alcántara

A lo largo de estos días les ofreceremos un relato acerca de los hechos de armas protagonizados por el Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara, que tuvo lugar desde el 23 de julio hasta el 9 de agosto de 1921 y que se enmarca dentro de la derrota que los rebeldes rifeños ocasionaron al ejército colonial español y que ha pasado a la historia como "El desastre de Annual".

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En julio y agosto de 1921, más de 9.000 españoles murieron en las calcinadas colinas del Rif. Fue la mayor derrota colonial desde la perdida de Cuba y Filipinas en 1898. El llamado desastre de Annual estuvo marcado por la incompetencia de algunos jefes y la cobardía de otros. Sin embargo, en medio del desastre se escribieron por muchos militares las más sublimes páginas de heroísmo personal y sacrificio por los compañeros.

Un despliegue demasiado avanzado e imprudente ideado por el General Silvestre y unas estimaciones demasiado optimistas del número de enemigos a los que debía enfrentarse, provocaron el desastre. La caída de la posición de Igueriben, enclave adelantado que el general Fernandez Silvestre había ordenado establecer en contra del criterio de otros muchos jefes militares, provocó el ataque de más de 18.000 rifeños al campamento de Annual en el que se encuentran unos 5.400 hombres (unos 3.400 españoles y 2.000 indígenas).

Silvestre decide retroceder hasta la base de Dar Drius. La retirada se organizó para que fuera segura y ordenada y en principio comenzó adecuadamente. El 22 de julio, una columna de suministros y pertrechos compuesta de cuatro compañías de Intendencia (tres de Montaña y una de automóviles) con unas guerrillas de protección en vanguardia y flanqueos avanzaron combatiendo por el paso de Izumar y tres días después llegaron a Melilla sin muchas bajas.

Pero ese mismo dia la retirada degenera rápidamente en desbandada, sobre todo cuando las tropas indígenas, que guarnecían algunos puntos de vigilancia, se pasan en bloque al enemigo y comienzan a abrir fuego contra las tropas propias.

La tropa, desmoralizada, ve como algunos oficiales suben a los pocos automóviles que había en la base y huyen como conejos. Los soldados escapan por el valle mientras desde las alturas los moros les tirotean causando numerosas bajas.

Un nutrido grupo de oficiales y suboficiales en el que hay varios coroneles, con el coronel Morales, jefe de la Policia Indígena, a la cabeza, cogen fusiles y munición y se quedan en la retaguardia cubriendo la retirada de sus soldados. Entre ellos se encuentra el coronel Francisco Manella, jefe del regimiento de Caballería Alcantara que estaba en Annual para auxiliar al Cuartel General de Silvestre como Jefe de Circunscripción (rotatorio entre todos los coroneles de la expedición) y su capitán ayudante Arce Iradier.

Todos ellos mueren heroicamente rodeados de cadáveres de enemigos a los que han abatido, pero le dan un tiempo precioso a la columna que huye, al frenar a los moros durante varias horas.

Ellos son los primeros gloriosos caidos del regimiento Alcantara en esas jornadas aciagas.

Junto al coronel Manella y el capitán Arce estaban 2 hombres de tropa del regimiento, uno el cabo Silverio Elvira, que murió combatiendo al lado de su coronel y su capitán, y otro el soldado Florentino Moreno Martín que consiguió huir en la confusión de esos momentos iniciales del desastre y tras una odisea personal impresionante consiguió llegar a Melilla. El soldado Moreno fue uno de los últimos que vio con vida al General Silvestre.

El general Silvestre muere en las inmediaciones de este grupo de oficiales. Unos dicen que muere combatiendo con los moros y otros que se suicida con su pistola abrumado por las consecuencias de sus errores.

En su fuga hacia Melilla, la marea desbocada intenta llegar hasta la fortificación de Monte Arruit. La columna se mueve por el paso de Izumar hasta la llanura de Garet y las vaguadas y barrancos polvorientos en dirección a Dar Drius. En esa fuga desorganizada perecen más de 2.000 españoles por el fuego de miles de moros que dominan las alturas.

En las inmediaciones de Dar Drius se situa el Regimiento Alcantara 14 mandado por el Tcol. Miguel Primo de Rivera (ya que el Coronel del Regimiento que estaba en Annual al comienzo del repliegue ya había muerto en combate). Acaban de llegar desde Melilla para ayudar a la columna.


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2013 01 09, 2:12
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El regimiento había comenzado el dia con 691 hombres, entre ellos se encuentran tres alféreces veterinarios (veterinarios 3ª), un teniente médico, un teniente capellán y 14 maestros y aprendices herradores que se encuentran en retaguardia de la formación con los mulos y los carros de la impedimenta. El regimiento también tenía trece cornetas entre 14 y 16 años, es decir casi niños, que eran los llamados “educandos de banda”, normalmente procedentes de los colegios de huerfanos. La fuerza de choque son los 461 hombres de sus 5 escuadrones de sables y los 65 hombres del escuadrón de ametralladoras.

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Los 461 hombres de los 5 escuadrones de sables se dedican a colocarse en el flanco derecho de la columna en retirada y realizan tres cargas a lo largo de la mañana cerca de las posiciones de bloqueo de Ain Kert, Tafersit y Azib de Midar que los regulares al mando del Comandante Llamas Martín habían organizado para proteger la columna por su flanco derecho y detener momentáneamente a la riada de insurrectos que seguía a la columna. Las cargas se dirigen para ahuyentar a grupos de rifeños que bajan desde las alturas para atacar a la masa de soldados en desbandada. En una de dichas cargas se enfrentan a la caballería mora de un famoso jefe rifeño llamado Metalsa, derrotándola y poniéndola en fuga. Durante esos enfrentamientos el Regimiento no tuvo ninguna baja importante y únicamente tuvo que lamentar algunos heridos, según se desprende de la investigación del informe Picasso. Uno de estos heridos fue el cabo Ramón Hernandez que fue evacuado en la columna, pero no llegó a Melilla, siendo seguramente uno de los heridos rematados entre Drius y Tistutín.

El General Navarro ordena a todas las guarniciones de las posiciones próximas a Drius que se replieguen sobre esta ultima base. Una de las posiciones más importantes es la de Chief, guarnecida por cuatro compañías de fusiles y una de ametralladoras del Regimiento de Infantería Melilla. Su jefe es el teniente coronel Romero, que recibe orden de repliegue sobre Drius en la madrugada del 23 de julio. Las fuerzas salen a las 8 de la mañana, dejando el campamento incendiado para no dejar nada al enemigo. Pero esto atrae a los rifeños, que acuden en masa. La situación se vuelve muy peligrosa y el General Navarro manda a parte del Alcantara a ayudar a esas fuerzas. Acude el teniente coronel Primo de Rivera, con el 2º Escuadrón, dos secciones del 4º y una del 1º.

Las fuerzas del regimiento Melilla, que en un principio actúan con orden, sufren considerables bajas, entre ellas de la su jefe que cae combatiendo con su escolta. La fuerza se desorganiza.

El enemigo, muy numeroso, trata de envolverlos. En ese momento crucial el teniente coronel Primo de Rivera, con menos de 200 jinetes, ordena toque de carga, los jinetes sables en mano se lanzan sobre la masa enemiga que es atravesada y desbaratada. La maniobra se repite varias veces. Pese a lo numeroso del enemigo, los jinetes del Alcántara logran salvar a la columna de Chief y ésta terminará llegando a Dar Drius. A su llegada a Dar Drius, todo el destacamento puesto en pie recibe a los hombres del regimiento dando vivas al Alcantara, al teniente coronel y a España.

El General Navarro decide abandonar Dar Drius (posteriormente se críticó mucho esta decisión al ser fácilmente defendible esta posición y tener agua y víveres suficientes) y prosigue la marcha en dirección a la posición de El Batel.

La columna en la mañana del 23 de julio llega al cauce del rio Igan que en verano de 1921 era un pedregal seco y polvoriento. Al General Navarro, le informan de que en unos riscos que flanquean el valle del rio hay un numeroso grupo de rifeños esperando, decididos a exterminar a aquel ejercito aterrado y en fuga. No solo eso, sino que un grupo de camiones y ambulancias ya ha sido atacado en la carretera de El Batel que circula paralela al cauce del rio.


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2013 01 09, 2:16
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Combatientes rifeños

El Regimiento está situado al inicio del cauce del Igán en el flanco derecho de la columna en retirada y preparado para actuar si se le ordena. Al ver que la cabecera de la columna está en peligro, el teniente coronel ordena a los escuadrones 1º y 2º que se adelanten para hacer frente al enemigo que está en la dirección de marcha de las fuerzas españolas y evaluar la situación. Los hombres se situan a ambos lados de la carretera y los escuadrones hacen pie a tierra combatiendo a tiro limpio contra numerosos rifeños que apostados en cualquier obstáculo de la rambla les hacen un fuego muy nutrido. Varios camiones y ambulancias vuelven por la carretera informando de que han escapado por poco y que cuatro o cinco vehículos han quedado atrapados y está siendo masacrados por el enemigo.

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En ese momento llega un correo del general Navarro ordenando al regimiento desalojar de insurrectos el cauce del rio y una pequeña meseta que domina el cauce y desde donde pueden hacer mucho daño a los españoles.

Primo de Rivera manda reunir a los oficiales y sin mucha ceremonia, al estilo lacónico de los militares, les dice “La situación, como pueden ver es crítica. Ha llegado el momento de sacrificarse por la Patria cumpliendo la sagrada misión del Arma. Que cada cual ocupe su puesto y cumpla con su deber”. Esta es la versión del comandante Gomez Zaragoza (uno de los 5 oficiales supervivientes). Según el sargento Jimenez Maruhenda, que estaba detrás del teniente coronel cuando habló, lo que dijo el Tcol. es: “Es el momento de sacrificarnos por la Patria, Vamos a luchar como leones, si matamos a tres mil, mejor que si matamos a mil”.

Los oficiales acuden a sus escuadrones y les preparan para la acción. Rápidamente municionan, preparan los caballos, afilan los sables. Los amigos se abrazan. Algunos rezan.

En ese momento, llega un coche con varios oficiales que vienen desde Melilla para intentar ayudar. Entre ellos viene el capitán Del Castillo que hasta hace pocos días mandaba un escuadrón del regimiento, pero que había sido destinado a Regulares hace un par de días. Al ver lo que se prepara, sin dudarlo un instante, se dirige al final de la columna donde están los bagajes y toma un caballo de los de refuerzo. Se dirige a su escuadrón y les dice “¡Hola muchachos, no pensaríais ir a la fiesta sin mi!”. Los soldados le vitorean. Todos perciben una atmosfera especial. La tropa está enardecida. Después, el capitán Castillo se situará al lado del Tcol. Primo de Rivera y allí estará durante las cargas.

Primo de Rivera monta en su caballo Vendiamar, un pura sangre español, que tampoco sobreviviría a aquella jornada y forma al Regimiento en línea de a cuatro. Mira al cornetín de ordenes que está a su lado, un chaval de apenas 14 años y le dice que se quede en retaguardia con los carros, porque él dará las ordenes a viva voz. El trompeta, por supuesto, ni caso.

La disposición es la siguiente, 3º y 5º escuadrones a la derecha de la carretera, al mando del comandante Gomez Zaragoza y el 1º, 2º y 4º a la derecha (el otro comandante del rgto, Tomás Berrocoso Planas ha sido reclamado por el general Navarro para que se haga cargo de tres compañías de Infantería ante la escasez de oficiales). El escuadrón de ametralladoras por el centro, para posteriormente disponerse en la ladera derecha para enfilar las lomillas donde están el mayor número de enemigos. El Tcol. Primo de Rivera grita las ordenes “¡desenvainen sables!” “¡al paso!”. El regimiento avanza hacia el enemigo que mira asombrado a ese grupo de hombres que se dirige directamente hacia ellos. El Tcol. grita “¡al trote!”. El enemigo comienza a disparar. Los que van delante y ven las humaredas de los disparos empiezan a calcular el número de insurrectos que tienen delante. Son numerosísimos.

Al doblar una vaguada ven varios de los camiones y ambulancias volcados y con los ocupantes muertos. Muchos moros rodean los vehículos saqueandolos y al ver a los españoles a caballo salen corriendo. El 4º escuadrón, que avanza por la derecha de la carretera con su capitán Mauro Fernandez (experto jinete que había competido en numerosas pruebas de equitación en España y el extranjero) a la cabeza, cae sobre los nativos acuchillándolos mientras corren.


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2013 01 09, 2:27
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El escuadrón de ametralladoras sube a media ladera para poder situar las máquinas y batir a los enemigos que disparan desde las alturas, pero tienen muchos problemas para avanzar a causa del fuego furibundo de los tiradores rifeños.

El regimiento avanza ocupando toda la rambla seca y unos 400 metros antes de la cuesta que se dirige hacia las lomas donde se parapeta el enemigo, se oye la voz potente del teniente coronel “¡para cargar, al galope! “¡a la cargaaaa viva España!” y el Regimiento encara al galope la subida de la cuesta.

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El regimiento avanza ocupando toda la rambla seca y unos 400 metros antes de la cuesta que se dirige hacia las lomas donde se parapeta el enemigo, se oye la voz potente del teniente coronel “¡para cargar, al galope! “¡a la cargaaaa viva España!” y el Regimiento encara al galope la subida de la cuesta.

Los primeros caballos caen con sus jinetes. El fuego que hacen los rifeños es abrumador. Los caballos suben difícilmente la cuesta, cubiertos de sudor. Algunos animales alcanzados por las balas, bajan rodando por la falda de la montaña dificultando la subida a los demás. Los animales están cubiertos de sudor y polvo. Los primeros jinetes asoman a la pequeña meseta y pasan entre los rifeños descargando los sables sobre ellos. La visión es sobrecogedora. La meseta y todas las elevaciones están llenas de moros que hacen fuego sobre ellos. Los moros se agrupan sobre todo en las ruinas de unas casas llamadas las “casas de Buharraid” y se protegen en unos muros de piedras que han improvisado. El Regimiento pasa al galope sobre las posiciones moras y abaten una y otra vez los sables sobre los rifeños. Algunos enemigos salen corriendo presos del pánico pero son alcanzados por los españoles que les sablean.

El regimiento, con el Teniente Coronel a la cabeza, pasa como una exhalación y se reagrupa unos 600 metros a espalda de la concentración enemiga. Algunos caballos llegan sin jinete, varios españoles llegan corriendo a pie con el sable o el fusil en la mano. Los moros se abalanzan sobre los soldados de caballería que han quedado caídos en el terreno y los rematan salvajemente a cuchilladas y culatazos.

El regimiento se arremolina alrededor de su teniente coronel. Los capitanes jefes de escuadrón llaman a gritos a sus soldados para volver a formar. Rápidamente se dan cuenta que más de 40 hombres faltan entre ellos. Los soldados que han llegado a pie montan en caballos que se han quedado sin jinete o a la grupa de otros compañeros.

Primo de Rivera llama a los oficiales y les dice: “Vamos a volver a cargar. Nos reagruparemos donde hemos dejado los carros, en la carretera”.

A continuación, se dirige a los soldados y les arenga: “Vamos a por ellos, nuestros compañeros nos necesitan. Si no lo hacemos, vuestras madres, vuestras mujeres, vuestras novias, dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”.

Los soldados levantan sus sables y gritan “¡¡¡Viva España!!!”. “No tenemos miedo, mi teniente coronel”, le dicen algunos.

El regimiento se extiende en una línea corta de unos 10 caballos y se dirige de nuevo a la concentración de rifeños. Los caballos están agotados y el galope es mucho más lento que en la carga anterior. Los rifeños les dedican un fuego intensisimo. Los jinetes que están en las primeras líneas comienzan a caer, pero el regimiento continua su marcha imperturbable. Caen sobre el enemigo que se levanta de sus escondites y corre hacia los lados para no caer bajo los sables de la caballería. Al llegar a las posiciones enemigas la formación de los jinetes se abre y se abate sobre los moros ocasionando una sangría tremenda entre ellos con sus sables. Muchos españoles que se han quedado sin caballos irrumpen en el grupo de moros

disparando sus fusiles o ensartando a los enemigos con sus sables. Se desatan un sinfín de combates cuerpo a cuerpo. Muchos moros han agotado sus municiones y son presa fácil de los sables de los españoles a caballo.

Los actos de valor se multiplican. El teniente Font de Mora que ha sido desmontado al ser alcanzado su caballo, se enfrenta con su sable y su pistola a cinco rifeños que le atacan con fusiles, machetes y bayonetas. Le disparan varios tiros que no le dan y este mata a dos con su pistola y a otros dos los ensarta con el sable. El soldado Caravaca Almagro (uno de los supervivientes, a través del cual sabemos muchos detalles de lo sucedido) ayuda al teniente y acaba con el último moro. El teniente sube a la grupa del caballo de Caravaca y los dos continúan su avance. El soldado manifestó luego que el teniente ensartó dos enemigos más desde la grupa de su caballo.

El corneta de 14 años se porta como un pequeño jabato y blande su sable contra los rifeños. Varios soldados fueron testigos de su arrojo, alcanzando a varios enemigos con su brazo adolescente hasta que un disparo en el corazón acaba con su joven vida.

El teniente coronel se esfuerza en que el regimiento rompa el contacto con el enemigo para que no le bloquee la gran cantidad de rifeños que empieza a hacerles fuego desde los flancos. “¡¡Adelante, adelante!!” “¡seguid muchachos, seguid!” “¡No os quedéis atrás!”.

El regimiento rebasa las posiciones enemigas y bajan la pendiente todos juntos de forma ordenada. Los escuadrones bajan disparando hacia retaguardia a los moros que les persiguen y aquellos que tienen caballo protegen a los que bajan desmontados, entre los que está el comandante Gomez Zaragoza y varios oficiales y suboficiales.

Cuando los rifeños comienzan a organizarse en la meseta e intentan seguir a los grupos de españoles que desmontados o heridos van a retaguardia del regimiento, una granizada de balas les abate, causándoles numerosas bajas. Son las ametralladoras del regimiento al mando del capitán Triana, que tras muchos esfuerzos han entrado en posición en la ladera norte del cauce del rio.

Entran todos en la rambla del Igán y advierten que la columna del General Navarro ha entrado en el cauce del rio y por la carretera discurre hacia el norte sin que sea hostigada por el enemigo gracias a la acción del regimiento que ha desalojado a los rifeños de sus principales posiciones de tiro. Carros, coches, mulas y cientos de hombres buscan la salvación, huyendo de los miles de moros que les persiguen.


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2013 01 09, 2:36
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Mensaje sin leer La gesta de los jinetes del Alcántara
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Tras un breve recorrido por la amplia vaguada siempre hostigados por los tiradores lejanos, llegan a la altura de las mulas y carros de la impedimenta. Los miembros del regimiento que se habían quedado allí observan horrorizados la llegada de lo que queda de los escuadrones. Faltan muchos. Casi todos los hombres y las bestias están heridos. Agotados, sucios, cubiertos de sangre y de polvo. Están muertos de sed, pero apenas disponen de unos pequeños odres que no dan para nada.

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Los escuadrones se agrupan. Al Capitán Del Castillo se le saltan las lágrimas al ver los pocos que quedan de su antiguo escuadrón. Más de la mitad del regimiento ha quedado atrás.

El alferez Cistue cae de su caballo. Varios compañeros le ayudan apoyándole sobre unas mantas y dándole agua. Tiene un disparo mortal en el vientre y sabe lo que le espera. Cuando le dejan solo un momento, saca su pistola y se dispara en la cabeza.

El capitán Chicote Arcos, jefe del quinto escuadrón ha sufrido una dura caída al ser alcanzado su caballo durante la última carga y ha sido recogido sin conocimiento por varios de sus soldados. El teniente médico, al ver su estado, dice que tienen que evacuarle rápidamente a un hospital. Al pasar un carro de sanidad en la columna del general Navarro el médico consigue que el capitán sea acoplado en el carro, el cual prosigue su recorrido. Este hecho ocasiona que el capitán Chicote, que posteriormente se recuperó totalmente de sus heridas, llegase a Melilla y fuese el único capitán del Alcántara que sobrevivió a los días de Annual.

El teniente capellán Campoy Irigoyen atiende arrodillado a varios heridos. Uno de ellos es el teniente Vea Murguía, del 5º Esc. Que está agonizando agarrado a su mano. El sacerdote, profundamente conmovido, exclama “¡valeroso caballero cristiano, id con Dios!”.

También se comprueba que han caído el suboficial Rafael Torres y los sargentos Arturo López y Gonzalo Márquez Pérez.

En ese momento, llegan corriendo y montados en algunos mulos los hombres del escuadrón de ametralladoras con su capitán al frente. Han tenido que retroceder corriendo y retirarse combatiendo contra cientos de rifeños que les rodeaban. Se han visto obligados a abandonar las maquinas después de inutilizarlas quitándolas el cierre, pudiendo solo salvar dos ametralladoras y varias cajas de munición. Han sufrido muchas bajas. Varios soldados dicen a voces que el teniente Martín Galindo, uno de los oficiales del escuadrón de ametralladoras, ha sido hecho prisionero por un nutrido grupo de moros que se lanzaron sobre el durante la retirada al agotar éste la munición de su pistola.

El teniente coronel Primo de Rivera llama a todos los oficiales y les dice: “No hemos conseguido desalojar a todos los moros de la colina y el convoy todavía no ha pasado”. “Debemos volver”. El capitán Castillo grita: “¡Vamos, a por ellos!”.

“¡¡¡Deprisa!!!”, “¡todo el mundo a caballo!”. A los gritos de los oficiales los hombres se ponen en pie y se preparan para el combate de nuevo.

El teniente coronel Primo de Rivera se dirige a todo el mundo y con su potente voz dice que ahora va a ir todo el que pueda empuñar un arma, sin quedar nadie. Manda quitar a los mulos los bastes de carga, liberar los mulos de los carros y usarlos para que monten los que ya no tienen caballo. Esta vez todo el regimiento sin excepción va a ir hacia el enemigo. Eso incluye los alféreces veterinarios, los herradores, los educandos de banda, el médico, el capellán, los heridos que puedan sostenerse en pie o montar a caballo.

Todos cogen armas y municiones, pistolas, sables, bayonetas, fusiles…. Uno de los cornetas recoge la pistola con la que el alferez Cistue acaba de suicidarse para librarse de la agonía.

No hay caballos ni mulos para todos. Algunos tendrán que ir a pie. El Tcol. dice que todos los que vayan a pie deben llevar fusiles. Uno de los que van a pie es el teniente Capellán, el único que no porta armas.

El enemigo ha vuelto a ocupar las alturas y está lanzando una lluvia de plomo sobre la columna del general Navarro cortando la marcha de la misma. Es preciso desalojarle de nuevo para salvar al convoy y sus miles de hombres que huyen.

En menos de media hora todos están preparados para el combate. Saben que van a la muerte, pero no se advierte vacilación alguna en los hombres del Regimiento de Cazadores de Caballería Alcantara 14. Son los momentos supremos de la batalla en que el valor se contagia y se apodera de todos los corazones como si el regimiento fuese un único cuerpo.

El regimiento sale al paso en formación de combate con el 3º y 4º escuadrones a vanguardia y el Tcol. Primo de Rivera en primera fila. A continuación 1º y 5º escuadrones. Después el personal del escuadrón de ametralladoras junto con el personal diverso de los servicios regimentales, (escribientes, veterinarios, herradores, cornetas etc…) a mulo o a pie. A retaguardia y cerrando la marcha los componentes del 2º Escuadrón. El Tcol. ha ordenado que los sables vayan enfundados hasta que lleguen a la subida de la cuesta y antes, aprovechando el lento paso de los caballos se disparen los fusiles contra el enemigo cuando el lo ordene.

La formación discurre por el valle bajo la mirada de muchos de los soldados del convoy, que, detenido, observa admirado el sacrificio de sus compañeros de caballería que se dirigen en silencio y lentamente hacia donde está el enemigo.


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2013 01 09, 2:39
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Mensaje sin leer La gesta de los jinetes del Alcántara
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Según los testimonios posteriores de algunos rifeños que estaban entre los que sufrieron el ataque de los jinetes del Alcantara. Los insurrectos se quedaron mudos por un momento y se pusieron en pie para ver el lento avance del regimiento. Admirados, se negaban a creer que ese puñado de hombres que tantas bajas les habían producido en las anteriores cargas siguiesen vivos y les volviesen a atacar otra vez.

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Los moros les envían un diluvio de balas. Muchos caen heridos o muertos, pero el Regimiento no para y continua su lenta marcha hacia el enemigo. Muchos de los jinetes van andando y llevan a su caballo sujeto de las riendas ante el cansancio de los animales. El Tcol., en el momento en que quedan unos 200 metros para encarar la subida, ordena abrir fuego con los fusiles, lo que obliga a los moros a protegerse y disminuir su ritmo de fuego.

Los escasos 180 hombres que quedan vivos del regimiento entran en la explanada y comienza un atroz combate contra los moros. Los rifeños abandonan las casas de Buharraid y los parapetos de piedras y retroceden ante el empuje y la furia de los soldados de Caballería. La meseta está llena de cadáveres de enemigos. Los sables han hecho una carnicería espantosa entre ellos.

El capitán Castillo es alcanzado en el glúteo y la bala le afecta la fe moral. Rápidamente pierde el conocimiento por la perdida de sangre y varios soldados le conducen al abrigo de uno de los parapetos que los moros han abandonado. También es abatido y muere en las inmediaciones de las casas el alferez Diaz de la Guardia.

Vendiamar, el caballo del teniente coronel, ha resultado alcanzado y muerto. El tcol. entra a pie en la posición combatiendo con su sable, rodeado de un nutrido grupo de soldados desmontados.

El enemigo no puede con ese grupo de locos furiosos que con los ojos inyectados en sangre, cubiertos de polvo, resoplando de cansancio y de sed, se lanzan sobre ellos buscando el cuerpo a cuerpo y les acuchillan sin piedad. Los españoles quedan dueños del campo mientras los moros huyen corriendo dejando el suelo cubierto de muertos.

Los que quedan vivos se extienden por la explanada y cuerpo a tierra disparan sobre los moros que huyen.

Comienzan a agrupar a los heridos para evacuarlos. Deben mantener esa posición hasta que la columna en retirada que discurre a sus pies por la vaguada pase por completo.

El teniente coronel Primo de Rivera, incansable, se dedica a colocar a sus hombres en la meseta para sustraerlos al fuego lejano que los moros les comienzan a hacer. Ordena montar las dos ametralladoras que han subido a lomos de mulos y las dispone en una pequeña elevación del terreno.

El descanso para los supervivientes, bajo un sol abrasador y con el tormento de la sed, apenas dura un hora. Los rifeños se agrupan en una colina cercana y vuelven a hostigar a la columna que avanza por el cauce del rio. Aún es preciso un esfuerzo supremo. El Regimiento monta una última carga, la octava del dia, que realizarán alrededor de 110 hombres, prácticamente todos a pie, ya que solo permanecen a caballo 45 hombres. Los soldados heridos que pueden mantenerse en pie participan también en la última carga, a pesar de que los oficiales les ordenan no hacerlo. El ejemplo de oficiales y suboficiales, que heridos vuelven al combate, les empuja.

Los heridos mas graves quedan agrupados cerca de las casas de Buharraid y el resto vuelve a prepararse para el ultimo y definitivo asalto.

Lo que queda del grupo comienza a moverse en dirección al nuevo asentamiento del enemigo. Desplazan las ametralladoras para apoyar el avance. Una de ellas la dispara el propio capitán Triana. Las guerrillas del regimiento llegan a la altura de disparo y comienza a hacer fuego sobre el enemigo con sus fusiles.

Los pequeños grupos de moros que están en la cota cercana disparando al convoy, cuando ven al grupo de españoles que vuelve a atacarles, huyen abandonando la posición y únicamente disparan desde lejos con sus espingardas.

La retaguardia del convoy pasa y toda la columna se encamina a la localidad de El Batel, donde la columna se detuvo, al haber agua y provisiones, disponiéndose en defensiva para pasar la noche.

Los harkeños han sufrido muchas bajas. Están agotados de los combates de los días 22 y 23 y se distraen en el pillaje de los numerosos pertrechos que los españoles han dejado en su retirada, por lo que momentáneamente cesa el acoso a la columna.

Los últimos en entrar en El Batel y ponerse a las ordenes del general Navarro en el anochecer del dia 23 de julio son los restos del Alcantara con su teniente coronel a la cabeza, a pie. Ha rechazado enérgicamente los continuos ofrecimientos de los soldados que aún siguen montados para que se suba a sus monturas.

Los supervivientes son 72 hombres de los cuales 5 son heridos graves (uno de ellos el capitán Castillo). Solo 45 hombres continúan a caballo. En las cargas del dia 23 han muerto 541 hombres y 78 han sido hechos prisioneros.

El capitán Castillo es introducido en un carro de sanidad y será de los últimos heridos en llegar a Melilla. Fruto de la gravedad de las heridas, moriría en el hospital militar de Melilla dos días después.

Según se supo posteriormente por declaraciones de rifeños que participaron en los combates, el regimiento Alcantara hizo más de mil bajas a los enemigos, pertenecientes principalmente a las kábilas de Beni Urriaguel (a la que pertenecía Abd-el-Krim), Beni Tuzin y Beni Ulichec. Los sables de la caballería ocasionaron un gran número de muertes y numerosas heridas y mutilaciones entre ellos, que a su vez, dadas las condiciones higiénicas del ejército de Abd-El-Krim, producirán un gran número de fallecimientos de rebeldes en los meses posteriores por la inevitable gangrena.

Pero aún se van a pedir más sacrificios al puñado de valientes que quedaba del regimiento Alcántara que permanecen unidos alrededor de su jefe y líder el Teniente Coronel Primo de Rivera.

Ante el triunfo de Abd-El-Krim, las pocas harkas que quedan fieles a España se pasan en masa a sus ordenes y una multitud de más de 23.000 rifeños se va a abatir sobre los escasos 3.000 hombres desmoralizados y sedientos que le quedan al general Navarro. A ello se une que todos los habitantes de los poblados cercanos, incluyendo numerosos grupos de mujeres rodean las cercanías de las tropas preparados para saquear cualquier vehículo, carro o persona que queda aislada. Los soldados que quedan heridos en el terreno son asesinados bárbaramente, saqueados, destripados y en muchos casos, con los genitales cortados e introducidos en la boca.

Ante la imposibilidad de establecerse en defensiva en El Batel por no tener condiciones para la defensa, el general Navarro ordena replegarse a Tistutín el 25 de julio. En la retirada de El Batel a

Tistutín los españoles son salvajemente tiroteados por las harkas. En dicha retirada muere heroicamente, atendiendo heridos en la retaguardia de la columna, el teniente médico del regimiento Modesto Garcia Rodriguez.

Durante 3 dias, los españoles se defienden en Tistutín, rodeados de una masa creciente de miles de kabileños. En la defensa, participan activamente todos los componentes del regimiento.

La desproporción de efectivos entre los españoles y los insurrectos es tan grande que lo único que salva a la columna del general Navarro es la tremenda desorganización de los rebeldes, ya que cada harka hace la guerra por su cuenta y atacan y se retiran cuando quieren, sin una dirección táctica conjunta.

El 28 de julio, el general Navarro decide mandar a los miembros del Alcantara que quedan montados a apoyar algunos destacamentos de especial importancia. Manda a Zeluan una parte importante de ellos. Los capitanes Fraile, Balenilla y Mauro Fernandez, los tenientes Bravo, Troncoso y Campo, los alfereces Maroto, Calderón y Sousa, el suboficial Jimenez Maruhenda, los sargentos Rivero, Diez y Jimeno y 22 de tropa. Alli, en Zeluan, a su vez se dividen las fuerzas, mandando a la defensa del aeródromo de Zeluán al alferez Maroto con el sargento Diez y 10 de tropa.

También se manda a una fuerza del Alcantara al Zoco de Tezlata de Bu-Ber al mando del sargento Benavent con 14 soldados y el veterinario Montero.

Todos estos destacamentos que se situan a retaguardia y alrededores de Monte Arruit y que son fundamentales en caso de poder retirarse la fuerza hacia Melilla, pronto se ven rodeados y atacados por una ingente multitud de insurgentes. El capitán Fraile es alcanzado por un disparo y muere en el acto mientras lidera un intento de llevar suministros al aeródromo el mismo dia 28 y la

pequeña fuerza del Alcantara pasa a estar comandada por el capitán Mauro Fernandez. La resistencia es encarnizada rechazando al enemigo numerosas veces y combatiendo cuerpo a cuerpo. Las posiciones están rodeadas por los cadáveres insepultos de cientos de enemigos. En dichos combates se distinguen por su arrojo el suboficial Jimenez Maruhenda, el sargento Rivero Lizcano y el cabo de ametralladoras Emiliano Pajuelo Díaz. Al cabo Pajuelo se le cita como distinguido en la documentación del regimiento. Pajuelo se parapetó guardando la puerta de la Alcazaba de Zeluán con la única ametralladora que quedaba disponible y allí aguantó el tipo durante seis dias. Cuando se recuperó la posición, aquel rincón donde el cabo disparaba sin cesar apareció repleto de impactos de bala.


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2013 01 09, 2:43
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