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Relatos y fotos del desastre Annual 
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Mensaje sin leer Relatos y fotos del desastre Annual
La última carga del Regimiento de Caballería Alcántara; río Igan, 1921

La unidad fue la única del Ejército que permaneció organizada hasta que quedó prácticamente extinguida tras los duros combates que se produjeron como consecuencia de la retirada de las tropas españolas de Annual.

El río Igan, más que río es un simple cauce seco que en invierno y primavera, debido a las fuertes lluvias que caen por la zona, encauza los torrentes de agua procedente de las montañas cercanas, no muy elevadas.

Para quien no conozca la historia de la guerra del Rif, éste lugar pasaría desapercibido en la ruta que le lleva a Alhucemas, por la antigua carretera que atraviesa las llanuras del Gareb.

Ni una sombra haría pararse al viajero, pues el único árbol que se ubica en las proximidades está demasiado retirado de la carretera. Y sin embargo, éste es uno de esos sitios en los que uno podría permanecer horas y horas meditando sobre lo acaecido hace unos años, un lugar de gloria y de muerte, de reposo de aquellos valientes que dieron su vida por intentar salvar las de los demás, las de cientos de soldados españoles que intentaron sobrevivir a una muerte anunciada unos días antes.

Y es que el 21 de julio de 1921 comenzó una de las epopeyas por las que será conocido el Regimiento de Caballería de Alcántara, ubicado en la zona en labores de apoyo a la infantería, en la ocupación del territorio que se extiende entre Melilla y el valle de Annual, de triste recuerdo para muchos. Aquel 21 de julio llegó el general Manuel Fernández Silvestre a la zona, con el fin de acceder al valle de Annual. Hacía unos días que la posición de Igueriben estaba rodeada, siendo imposible su auxilio. De hecho, se pensó en la caballería para intentar un último asalto a la posición con el fin de ayudar a los cercados por las tropas rifeñas.

Varios escuadrones del Regimiento de Alcántara acompañaron a Silvestre hasta Annual. A última hora de la tarde volverían hacia la posición de Dar Drius, donde estaban estacionados.

Los primeros combates ya habían comenzado y el día 22 empeoró la situación. De hecho comenzó la evacuación de los heridos desde Drius hacia la posición de El Batel.

El fuego hostiga a las tropas españolas y la caballería recibe ordenes de ponerse en marcha, Había que proteger a los evacuados e ir en vanguardia, “limpiando” de enemigos el camino.

Además de esta ruta, también salieron hacia el oeste, en dirección a Midar, pues se estaban evacuando a las tropas de esta zona, junto a las estacionadas en Tafersit.

La llegada de soldados de Annual, contando lo sucedido, no auguraba nada bueno. El día 22 comienzan a desintegrarse algunas unidades, presas del pánico. Pero la caballería permence unida. La misión seguía siendo la misma. La gloria esperaba a los de Alcántara y probablemente también la muerte. Tal vez por ello el día 23 de julio, al amanecer, los cornetines del Regimiento se juntaron en círculo para tocar diana en el acuartelamiento de Drius, según cuentan las crónicas.

Un último acto de hermanamiento quizás. Todos estaban preparados y salieron a primera hora para seguir protegiendo la evacuación de heridos y las tropas que se desplazaban desordenadas hacia Tistutin y Monte Arruit.

Pero había un problema. A mitad de camino el río Igan impedía la marcha. La zona tenía una orografía compleja y ello hacía más vulnerables a las tropas españolas. Y ahí es donde terminó de cubrirse de gloria la caballería en un acto final de heroismo.

Agotados los caballos y jinetes hicieron aún varias cargas contra el enemigo, que se dispersaba. Finalmente lucharon pie en tierra, como cualquier soldado. De unos 600 efectivos con que contaba el Regimiento se salvaron sólo 60 en esos tres días. Ya no había más cargas y los últimos supervivientes sin caballos se quedaron en Tistutin cubriendo la retaguardia. Ahí morirá el heroico teniente coronel Fernando Primo de Rivera. No pudieron enterrarlo y cada compañero echó un poco de tierra con sus manos sobre el cuerpo inerte de uno de los mejores jefes que tuvo la unidad en aquellos aciagos días.

Dicen que cuando se reconquistó de nuevo el terreno perdido, unos meses más tarde, encontraron el cuerpo de Primo de Rivera desenterrado pero sin tocar. Según parece, los rifeños quisieron saber quien era éste jefe que junto a otros héroes, se batieron en el río Igan en la que fue la última carga de la caballería española.

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Paso del cauce seco del rio Igan, donde el 23 de julio de 1921 el Regimiento de Caballería de Alcántara,
se inmoló gloriosamente

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rio Igan, donde el 23 de julio de 1921 el Regimiento de Caballería de Alcántara,
cubriendo la retirada de las tropas en su repliegue hacia Monte Arruit

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Llanura donde se encontraba la posición de Ben Tieb, refugio de las topas españolas
supervivientes del Desastre de Anual el 22 de Julio de 1921.

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Camino de Ben Tieb, donde se refugiaron las topas españolas supervivientes del Desastre de Anual
el 22 de Julio de 1921.

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Paso del Izumar, atravesado por las tropas españolas evacuadas de Annual la tarde del 22 de
Julio de 1921 camino de Ben Tieb.


2011 12 11, 2:45
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Paso del Izumar, atravesado por las tropas españolas evacuadas de Annual
la tarde del 22 de Julio de 1921 camino de Ben Tieb

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LLanura de Annual, donde se encontraba el campamento abandonado la mañana del 22 de
julio de 1921

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Comemoracion rifeña de su victoria sobre las tropas españolas.

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Posicion de Sidi Dris, en el Rif (Marruecos). Heroicamente defendida el jueves 2 de junio de 1921,
durante el Desastre de Annual. Honor a los héroes

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Posicion de Sidi Dris, en el Rif (Marruecos). Heroicamente defendida el jueves 2 de junio de 1921,
durante el Desastre de Annual. Honor a los héroes


2011 12 11, 2:47
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Posicion de Sidi Dris, en el Rif (Marruecos). Heroicamente defendida el jueves 2 de junio de 1921,
durante el Desastre de Annual.


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Un viaje a Sidi-Dris

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El macizo de Quilates desde Sidi-Dris. Lorenzo Silva, 2002

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Vista de la Playa de Sidi-Dris (a la derecha, el cerro de la posición). Lorenzo Silva, 2002.

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La elevación rojiza era la posición española de Sidi Dris.
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Sidi Dris, restos.

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Posicion de Sidi Dris

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Posicion de Sidi Dris

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2011 12 11, 2:50
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2011 12 11, 2:51
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Mensaje sin leer ASEDIO Y CAIDA DE IGUERIBEN (17 - 21 de julio)
Durante cinco dias la posición de Igueriben fue asediada ante la vista de los soldados de Annual, cuyos mandos se veían impotentes para romper el cerco y liberar la posición debido a la fuerte oposición que presentaban los rifeños. El fracaso de los españoles ante Igueriben fue la causa de la desmoralización de las tropas de Annual y de su huída masiva el dia 22 de julio.

Ocupación y primeros ataques

Igueriben fué ocupada el martes 7 de junio de 1921 como respuesta a la pérdida de Abarran, manteniendo de ese modo una posición adelantada entre Annual e Izumar. Tenía un grave inconveniente: carecía de agua y había que ir a buscarla a gran distancia. Otro inconveniente era que los caminos naturales que llevaban a la posición estaban cortados por profundos barrancos que era aprovechados por los rifeños para ocultarse. Y otro no menos importante: podía ser dominada desde la vecina Loma de los Árboles.

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Dirigida la operación por el general Navarro desde Annual, el coronel Morales mandó la columna de ocupación, que estaba formada por seis mias de Policía Indígena, una compañía de fusiles del África y una batería de montaña. En la posición quedó el comandante Mingo, del Regimiento de Ceriñola, al mando de unos 350 hombres (posteriomente fue reemplazado por el comandante Benítez, el defensor de Sidi Dris el 2 de junio):

Dos compañias del Ceriñola (294 hombres).
Una sección de ametralladoras (16 hombres).
Una batería de montaña (18 hombres); fue reemplazada por otra ligera (31 hombres).
Una estación óptica (3 hombres).
Policía Indígena (9 hombres).
El martes 14 de junio la posición sufrió un ataque de nueve horas, que fue rechazado por el fuego de fusilería de la posición y de las baterías de Annual, Dar Buymeyan y Annual.

El jueves 16 de junio su bateria participó en el combate de la Loma de los Árboles.

Tras unas tres semanas de calma, los ataques a Igueriben se reanudaron la primera quincena de julio, siendo atacada los dias 3, 4, 6, 7, 8 y 14. Este último dia el ataque duró otras nueve horas, tras las cuales la única baja española fue un soldado herido.

17 de julio: primer día de asedio (domingo)

El 17 de julio Abd el-Krim inició el asalto en toda regla contra Igueriben. El jefe de la posición era el comandante D. Julio Benítez Benítez, quien había sido trasladado recientemente desde Sidi Dris a esta posición. Para lograr su objetivo, Abd el-Krim atacó la posición de frente y trató de envolverla cortando el paso entre ella e Izzumar. El intenso tiroteo sobre la posición duró todo el día y ocasionó algunos muertos y heridos entre la tropa. El sargento Armando Antón Cisneros resultó muerto.

El intento de envolvimiento de la posición fue observado en Annual, y desde allí se envió una columna al mando del teniente coronel D. Pedro Marina, del Regimiento de Ceriñola, para repelerles. La columna estaba formada por:

Un tabor de Regulares.
Dos escuadrones de Regulares.
Tres compañias de fusiles de Ceriñola.
Una batería de montaña.
La columna se dirigió a envolver el flanco derecho del enemigo, al que obligó a retroceder hacia el norte, donde atacó los poblados adictos a España existentes entre Buymeyán y Talilit.

A las 14:00 horas salieron los convoyes de aprovisionamiento de Buymeyan e Igueriben. Los rifeños hostigaron al convoy de Igueriben haciendo dos disparos de cañon sobre la posición y disparando con fusilería sobre el convoy desde la Loma de los Árboles.

La columna de aprovisionamiento a Igueriben estaba al mando del comandante D. Juan Romero López y estaba formada por:

10 mulos cargados con cubas de aguas.
12 mulos cargados con víveres.
41 mulos con cargas de municiones: 336 granadas de metralla de 75 mm, 36 granadas rompedoras, 176 granadas ordinarias, una caga de botes de metralla y 10 cajas de cartuchos de fusil.
4 mulos cargados con artolas para transportar heridos.
Encuadrado en la columna iba el teniente de artillería D. Ernesto Nougues Barrera, al mando de 17 artilleros. La protección del convoy se encomendó a un escuadrón de Regulares al mando del teniente de caballería D. Joaquín Cebollino von Lindeman.

Nada más salir la columna, un francotirador disparó sobre el comandante Romero, que cayó herido. La columna continuó el avance, cada vez mas hostigado por los disparos rifeños. El escuadrón de Regulares se vió obligado a cargar varias veces para asegurar la progresión. A los pocos minutos los rifeños reanudaron el fuego de fusiliería sobre hombre y mulos, obligando al convoy a estirarse y a hacer fuego de protección por descargas. El teniente von Lindeman volvió a cargar contra la masa de rifeños para tratar de asegurar la llegada del convoy a la posición, siendo el primero en llegar a la misma. Allí ayudado de algunos soldados, abrió la puerta de la alambrada y quitó los sacos terreros que obstruían la entrada. Su avance fué protegido por dos ametralladoras que el teniente D. Alfonso Galán Arrabal sacó fuera de la posición de igueriben y que emplazó en unas alturas próximas, enfilando de flanco a los rifeños.

Mientras tanto, el teniente Nougués había caido al suelo al resultar muerto su caballo. Sin desanimarse, pistola en mano, se puso al frente del convoy e hizo que llegasen a la posición. Al percatarse de que varias cargas de munición habían caido pendiente abajo al ser abatidos sus mulos, el teniente Nougués y sus artilleros se lanzaron a recogerlas, consiguiendo introducirlas en la posición, donde son recibidos con vítores. En esta acción 8 artilleros resultaron heridos.

Despues de dejar en la posición a las acémilas, a sus conductores (31 soldados de intendencia) y al teniente Nougues con sus artilleros (menos un herido que consiguió ser evacuado en artola hasta Annual), el escuadrón de Regulares regresó a Annual tras romper de nuevo el cerco enemigo a la larga y recogiendo a su paso todas sus bajas habidas en el combate (cinco muertos, nueve herdios y dos contusos). Tal acción le valió al teniente von Lindeman la concesión de la Laureada por RO. de 1 de agosto de 1927.

Las bajas totales españolas en este combate fueron 17 muertos y 55 heridos. Entre los muertos estaba el teniente Ledesma, del Rgto. Melilla núm. 59.

El agua que habían traido se había derramado casi en su totalidad por estar las cubas muy agujereadas. A partir de este dia los defensores que quedaron sin agua y se vieron forzados a chupar mondas de patatas machacadas y a beber el líquido de los botes de tomates y pimientos, agua de colonia, tinta y orines mezclados con azúcar.

18 de julio: segundo día de asedio (lunes)

Al llegar la noche los rifeños reanudaron sus ataques. Consiguieron llegar hasta la alambrada, pero fueron rechazados con granadas de mano, fuego de ametralladora y lucha a la bayoneta. Los artilleros dispararon con la espoleta graduada a cero. Las bajas españolas fueron tres muertos y tres heridos.

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Víctimas de este ataque nocturno fueron los mulos del convoy de aprovisionamiento. Atrapados entre la alambrada y el parapeto, asustados y heridos, muchos de ellos se desplomaron sobre la alambrada y la destrozaron en gran parte. Los españoles tuvieron que rematar a los supervivientes para que los destrozos no aumentasen. Por la tarde sus cuerpos se hincharon con el calor (55 grados) y estallaron, lo que añadió otra pesadilla a los defensores, que vomitaban por el pestilente olor de los destrozados cuerpos de los mulos.

Al despuntar el día los rifeños trataron de cortar por segunda vez el camino a Izumar haciendo una trinchera, pero una compañía de ingenieros de Annual la reparó a toda prisa. La aviación española en Melilla envió dos aparatos, cuyas bombas ni asustaron a los rifeños. En Annual cundía la alarma, pues alrededor del mediodía se dieron cuenta que se iban a quedar sin municiones de artillería. Mientras tanto, se pasaron el resto del día preparando otro convoy de aprovisionamiento.

En Igueriben la posición siguió sufriendo un violento fuego de fusilería. El ataque enemigo fue más intenso en el sector este, donde los rifeños podían acercarse a cubierto de unso peñascos. Los rifeños comenzaron a disparar con un cañon (seguramente uno de los tomados en Abarrán) y si bien al principio su puntería no era buena, por la tarde consiguieron producir bajas entre la tropa. El fuego se intensificó cuando los de Annual trataron de salir con otro convoy, que fue parado inmediatamente por la gran superioridad de los rifeños.

El comandante Benítez ordenó al teniente D. Ovidio Rodríguez que enterrara a los muertos fuera de la posición, porque dentro de la misma el terreno era de roca. El teniente procedió a ello, pero nada más salir de la alambrada su sección fué objeto de un violento fuego que le ocasionó dos bajas. Se le ordenó retirarse sobre la posición, pero a pesar de ello consiguió enterrar el cadáver del sargento Antón y reparar la alambrada del sector norte.

El teniente D. Luis Casado Escudero y el soldado Julián Muñoz Contiñán fueron felicitados por el comandante Benítez frente a su compañía, por el valor y pericia demostrados al recoger a un soldado de Regulares del convoy del día anterior, con su fusil y su munición, que el dia anterior había quedado malherido frente a la posición.

Ese día los defensores de Igueriben sufrieron 3 muertos y 4 heridos de tropa. Fue herido tambien el teniente D. Julián Sierra Serrano, que tuvo que dejar el mando de su sección.

19 de julio: tercer dia de asedio (martes)

Al anochecer el ataque rifeños se intensificó sobre Igueriben, llegando hasta las alambradas y arrojando granadas de mano. Los de Igueriben emplearon los 50 granadas que los quedaban de dotacion para repeler el ataque, y tuvieron que concentrar los fuegos de los cañones sobre la entrada de la posición, pues hasta ella habían llegado los atacantes. En una ocasión los rifeños gritaron a los españoles incitándoles a la rendición, a lo cual los soldados respondieron con ¡Vivas a España! y descargas cerradas de fusilería. El comandante Benítez se distinguió aquella noche, pues estuvo en todos los frentes dirigiendo la defensa y animando y arengando a sus tropas en todo momento. Esa noche murieron 4 de los seis policías y un cabo que había en la posición, defendiendo la cocina del campamento.

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A las 04:00 horas el comandante Benítez solicitó auxilio urgente. En el campamento de Annual se organizaron tres columnas a toda prisa:

Comandante Alfaro, al mando de dos compañías de fusiles y un escuadrón de Regulares. Misión: ocupar las alturas del norte y sobre la derecha del camino que conducía a Annual.

Teniente coronel Nuñez de Prado, al mando de dos compañías de fusiles, una de ametralladoras y un escuadrón de Regulares (al mando del teniente von Lindeman). Misión: introducir el convoy de abastecimiento en Igueriben.

Comandante Romero López, al mando de tres compañías de fusiles y una batería. Misión: quedar en reserva.
Dada la orden de avance, la columna del comandante Alfaro ocupó sus objetivos sin resistencia, pero la del teniente coronel Nuñez del Prado quedó detenida rodeada por numerosos enemigos. El teniente coronel envió al teniente von Lindeman para informar al coronel Argüelles, jefe de la circusncripción de Annual, de la imposibilidad del avace, pero regreso al poco tiempo con la orden de resistir sobre el terreno. El teniente coronel envió al capitán D. Carlos Zappino y Zappino de nuevo al campamento con el mismo mensaje, pero el coronel le despachó de regreso reiterando su orden. El capitán Zappino no llegó a su puesto, pues fué muerto en el camino de vuelta.

El acoso enemigo llegó hasta el propio campamento de Annual y amenazó con cortar la retirada de las tres columnas. Estas tuvieron que replegarse por escalones hasta Annual. En la última fase del repliegue fueron apoyados por siete compañías del Regimiento de San Fernando y una compañía de ingenieros que fueron enviadas desde las posiciones de Izzumar y Dar Drius.

Las bajas españolas en este combate ascendieron a 88: 14 muertos y 74 heridos. Entre los muertos se encontraron el capitán Zappino y el teniente D. Francisco Nuevo Soriano.

A las 14:00 horas el coronel de caballería D. Francisco Javier Manella Corrales llegó a Annual y se hizo cargo del mando de la circusncripción de manos del coronel de artillería Argüelles.

A las 16:00 horas el coronel Manella organizó un nuevo intento: el capitán Rosal, al mando de su compañía de Regulares y apoyado por otras tres compañías de Regulares, trató de subir hasta la posición llevando tres cantimploras por hombre. El avance fue apoyado por tropas peninsulares del Regimiento de África desplegados a su derecha. Pero en un momento dado, fatigados e impotentes, los soldados indígenas de Regulares flaquearon, tiraron las cantimploras al aire y retrocedieron.

Mientras tanto, los defensores de Igueriben comenzaron a sufrir las torturas de la sed, llegando a beber tinta, agua de colonia y hasta sus propios orines. El enemigo seguía haciendo fuego de fusilería sobre la posición. Un cañon enemigo emplazado a unos 1.300 metros destrozó parte del paapeto norte y cuatro cajas de municiones. Por su parte, la batería de Igueriben casi había agotado sus municiones.

En un momento dado se recibió en la posición el siguiente telegrama: "El Mando felicita a los heroicos defensores, alentándoles a seguir manteniendo la resistencia con ese admirable espíritu de sacrificio, que es la admiración y orgullo de sus hermanos de armas. Ya se hallan concentradas en Annual numerosas fuerzas que han de convoyar los socorros de que tan necesitados está esa posición. Y tropas frescas para relevar a los heroicos defensores de Igueriben, que tan ganado tienen el descanso. La Patria, atenta a vuestro gallardo gesto, sabrá recompensar vuestros sacrificios."

20 de julio: cuarto día de asedio (miercoles)

Por la noche reanudaron los ataques, utilizando de nuevo granadas de mano. Trataban de apoderarse de los cadáveres de sus compañeros que estaban muertos en la alambrada y en la zona de la batería, que por permanecer muda creían indefensa. Hubo que enviar a este sector una sección del Ceriñola al mando del alférez Villanova, quienes ocasionaron numerosas bajas al enemigo.

La situación llegó a ser tan apurada esa noche que se solicitó a Annual que rodeara la posición con fuego de artillería para evitar los reiterados asaltos enemigos, cosa que hicieron los artilleros de Annual con precisión matemática. El ataque remitió algo a primeras horas del día, pudiendo darse descanso a las tropas, pero sin abandonar el parapeto.

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El general Navarro llegó por la mañana a Annual con refuerzos de Policía Indígena. Al ponerse al corriente de la situación comunicó al general Silvestre que la situación en Annual era bastante delicada y que no realizaría ese día ningún intento de romper el cerco, dado el escaso espíritu de lucha que había encontrado en las tropas.

Por su parte, los defensores de Igueriben continuaban resistiendo. Aumentaban las bajas en número considerable, tanto de heridos como de agotamiento, y las ametralladoras comenzaron afallar por falta de refrigeración y averías mecánicas. Un proyectil de artillería cayó en la enfermería, matando a una treintena de heridos que allí se alojaban. Tan solo quedaban un centenar de defensores en condiciones de luchar, cuyo número apenas era suficiente para cubrir el parapeto, en el cual tambien se hallaban los heridos y los oficiales.

El comandante Benítez animaba a sus hombres y no pensaba en rendirse, a pesar de que había informado al general Navarro de que sus hombres "... se ahogan con el hedor de los cadáveres; la pestilencia y carencia de agua hace mortales las heridas y conclúyense las municiones." El general Navarro les envió varios telegramas dándoles ánimos, les calificó de "... heroes que tan alto poneis el nombre de España ...", y les pidió "... resistir unas horas más, pues lo exige el buen nombre de España."

Nuevamente sufren otro ataque por la noche. Un moro vuelve a solicitarles la rendición y nuevamente se le responde con una descarga de fusilería y un ¡Viva España!. Se transmite la noticia a Annual, que responde "resistid esta noche, y mañana os juramos que sereis salvados, o todos quedaremos en el campo del honor."

El general Silvestre pasó el día en Melilla tratando de reunir soldados para mandar a Annual, y a solicitar al Alto Comisario el envío de barcos y aviones.

21 de julio: quinto y último día de asedio (jueves)

Muy de mañana el general Silvestre partió de Melilla hacia Annual. Le seguían todos los soldados que había podido rebañar de las diferentes unidades de la capital: centinelas, oficinistas, rancheros, albañiles, carpinteros, etc, cuya capacidad de combate dejaba mucho que desear.

Mientras tanto, en Annual el general Navarro había preparado una nueva operación para socorrer Igueriben. Formó a unos 3.000 hombres en dos columnas:

Coronel Morales, al mando de toda la Policía Indígena y las harkas amigas, más 4 compañías de fusiles peninsulares. Misión: alcanzar la Loma de los Árboles, expulsar de ella al enemigo y proteger el convoy de aprovisionamiento.

Coronel Manella, al mando de todos los Regulares y tropas peninsulares disponibles. Misión: alcanzar las alturas dominantes de la izquierda y proteger el convoy de aprovisionamiento.
La operación comenzó al despuntar el día con una fuerte preparación artillera. Se dió la orden de avance y pronto se puso de manifiesto que el espíritu combativo de los soldados dejaba mucho que desear. La tropa estaba desmoralizada y combatía sin nervio. Los coroneles Morales y Manella tuviron que retroceder.

El general Navarro ya lo había presentido, pues antes de comenzar el ataque había enviado al Comandante General un telegrama diciendo que "... [el espíritu de las tropas] no es todo el necesario para compensar la debilidad ... me creo en el deber de exponer la desconfianza de no conseguir el objetivo ... [y espera órdenes sobre] si verifico el convoy o preparo la evacuación de Igueriben.".

A las 12:30 horas el general Silvestre se presentó en Annual justo a tiempo para presenciar el fracaso del general Navarro, cuyo mensaje no había recibido por estar de camino. Al darse cuenta de la retirada de las tropas, el comandante Benítez envió el siguiente telegrama: "parece mentira que dejeis morir a vuestros hermanos, a un puñado de españoles que han sabido sacrificarse delante de vosotros." Este mensaje encorajinó tanto al general Silvestre que ordenó formar los escuadrones para lanzarse a la carga. Sus ayudantes le calmaran, y el general envió un mensaje a Benítez autorizándole a parlamentar con el enemigo. Fue entonces el comandante Benítez quien se encorajinó, pues contestó al general que "los oficiales de Igueriben mueren pero no se rinden."

La artillería de Izumar no enfilaba bien el flanco de la posición para batir a la harka enemiga, así que el general Silvestre ordenó que una batería de montaña se emplazase sobre la lucha. la 5° Batería del capitán Blanco se aprestó a ello, pero sus fuegos llegaron demasiado tarde para salvar Igueriben. Es más, el repliegue de las columnas de los coroneles Morales y Manella casi dejó cercada su batería, por lo que se vió forzado a replegarse sobre Izumar en lugar de hacer sobre Annual.

A las 16:00 horas las avanzadillas españolas más próximas a Igueriben, situadas a unos 500 metros, comenzaron a replegarse. Al verlo, el comandante Benítez reunió a sus oficiales y les anunció su decisión de abandonar la posición y de sacrificar sus vidas para salvar la de sus ombres. Previamente había enviado un heliograma al general Silvestre escrito en estos términos: "Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nada tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empieze la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabrfemos morir como mueren los oficiales españoles.".

El comandante Benítez formó una columna en un desesperado intento de salvar a los pocos hombres que pudieran hacerlo:

Vanguardia: al mando del capitán D. Arturo Bulnes.
Flanco izquierdo: al mando del teniente D. Alfonso Galán Arrabal.
Flanco derecho: al mando del teniente D. Luis Casado Escudero.
Grueso, con los heridos y enfermos, al mando del propio comandante Benítez.
Retaguardia: al mando del capitán D. Federico de la Paz Orduña.
El resto de los oficiales se repartieron entre las columnas. El comandante Benítez distribuyó las municiones (20 cartuchos por cabeza) y 15.000 pesetas de la caja de las compañías, "con el encargo de reintegrarlas en el regimiento si se abren camino.". A continuación quemaron las tiendas e inutilizaron el material.

Se transmitió el último mensaje a Annual: "Solo quedan doce cargas de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos, y al duodécimo disparo, fuego sobre nosotros, pues moros y españoles estaremos revueltos en la posición."

El comandante dió al orden de iniciar la salida. Al momento la mitad de la sección de vanguardia cayó en la puerta de la posición, atacada por los riñefos que irrumpían en masa en la posición. Pero los supervivientes no se replegaron, sino que se lanzaron a la bayoneta pendiente abajo para unirse a los españoles que se retiraban. Los que quedaban en la posición les siguió en carrera desesperada. Los oficiales se quedaron atras sobre los sacos terreros, fusil al hombro, disparando sobre los rifeños para proteger la huida de sus hombres. Todos ellos resultaron muertos, menos el teniente Casado que, herido, fue dado por muerta en la confusión del asalto final, y hecho prisionero posteriormente junto a un soldado.

El comandante Benítez murió al frente de sus hombres, a los cuales nunca abandonó. Recibió un disparo en la cabeza que le hizo caer al suelo, pero se rehizo inmediatamente y conservando su admirable serenidad, hasta que un nuevo disparo que hizo blanco en su corazón le hizo caer muerto.

De los escapados, llegaron vivos a Annual el sargento Dávila y unos 14 soldados. Otras fuentes dicen que se salvaron 36 en total. El artillero Antonio Andreu Modol estaba entre los supervivientes. Cuatro murieron en Annual tras atracarse de agua.

Los muertos de Igueriben

No hay cómputo oficial de las bajas de Igueriben. Sin embargo, si hacemos caso a las versiones más optimistas, podemos afirmar que murieron 320 de los 354 hombres que componían la posición.

Todos los oficiales de Igueriben, menos el teniente Casado, murieron defendiendo la posición:

Comandante D. Julio Benítez Benítez, de Regimiento de Ceriñola num. 42. Por su valor y pericia al mando de la posición se le concedió la Laureada.

Capitán Arturo Bulnes, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
Capitán D. Federico de la Paz Orduna, del Regimiento de Artillería. Por su valor se le concedió la Laureada.
Teniente D. Alfonso Galán Arraba, del Regimiento de Melilla núm. 59.
Teniente D. Julio Bustamante y Vives, del Regimiento de Artillería.
Teniente D. Manuel Castro Muñoz, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
Teniente D. Ovidio Rodríguez, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
Teniente D. Julian Serra Serrano.
Teniente D. Justo Sierra, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
Teniente D. Ernesto Nougués Barrera, de la Comandancia de Artillería.
Alférez D. Rafael Villanova Hopper, del Regimiento de Ceriñola núm. 42.
Alférez D. Enrique Ruiz Osuna, de Intendencia.


El teniente Casado fue hecho prisionero. Pasó en cautividad dieciocho meses junto con el resto de prisioneros tomados por los rifeños durante los dias del Desastre de Annual. Una vez liberado, el teniente redactó un parte por escrito relatando el ataque, defensa y caída de la posición de Igueriben.

BIBLIOGRAFÍA:

Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 353-439
Palma Moreno, Juan Tomás. Annual 1921. 80 años del Desastre. Almena ediciones. Madrid, 2001.
Pando Despierto, Juan. Historia secreta de Annual. Ediciones Temas de Hoy, S.A. Colección Historia. Madrid, 1999
Parte del teniente D. Luis Casado Escudero, único oficial superviviente de Igueriben. Citado por Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 639 - 643.


2011 12 11, 3:01
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LOMA DE LOS ÁRBOLES (16 de junio de 1921, jueves)

Ataques de los rifeños por la posesión de una loma abandonada por los españoles desde la que se dominaba el dispositivo español.

La inesperada pérdida de Abarrán y el ataque a Sidi Dris frenó el avance sobre el río Amekran y ocasionó que los dias 3 y 7 de junio se ocupasen cinco nuevas posiciones:

Igueriben, para reforzar la defensa de Annual.
Talilit, para reforzar el enlace de Annual con Sidi Dris.
Intermedias A, B y C, para proteger el acceso al campamento de Annual desde retaguardia.

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La Loma de los Árboles era una elevación en forma de media luna o salchicha de unos dos kilómetros de largo situada frente a Annual a una distancia en línea recta de entre dos kilómetros y medio y tres kilómetros. Desde su mitad derecha dominaba perfectamente la posición de Igueriben, situada a unos mil metros aproximadamente, y su camino de aprovisionamiento; desde su mitad izquierda dominaba la posición de Dar Buymeyan, situada a vanguardia de Annual. Por ello era obligado ocupar diariamente esta loma, para proteger el paso de los convoyes de aprovisionamiento.

Se desconocen las razones por las cuales el general Silvestre ignoró la ocupación de esta loma, cuya posesión era tan ventajosa para la protección del dispositivo español. En su lugar, se decidió situar todas las mañanas un contingente de policías procedente de Buimeyan para proteger la llegada del convoy a Igueriben y retirarlo al finalizar el suministro.

El 14 de junio Abd el-Krim desplazó un fuerte contingente a esta loma para acosar simultáneamente Dar Buymeyan e Igueriben. Nueve horas duró el ataque, concentrado fundamentalmente contra Igueriben, que fue repelido con fuego de fusilería y cañón procedente éste de las baterías de Igueriben, Dar Buymeyan y Annual, así como por las bombas de un aeroplano de la escuadrilla de operaciones de Melilla. Los españoles sufrieron tan solo un soldado herido grave.

Al amanecer del dia 16 de junio las mías 8°, 9° y 12° de la Policía Indígena salieron de Buimeyan para ocupar la loma como todos los días. Previamente las baterías de Annual habían disparado sobre la cumbre para dispersar los posibles grupos de enemigos, pues se sabía de la existencia de una harka rifeña en los alrededores. A las 08:20 horas fueron sorprendidos por una cerrada descarga de fusilería que les hizo retroceder cuando apenas les quedaban 200 metros para llegar a la cumbre. Apoyados por las baterías de Annual, Dar Buymeyan e Igueriben, durante dos horas de combate sus oficiales le llevaron a la carga por tres veces, y por tres veces fueron obligados a retirarse. Al cuarto intento los policías de dispersaron y a duras penas se les pudo concentrar en retaguardia para regresar a Buimeyan.

De Annual salió una columna de Regulares al mando del teniente coronel Nuñez del Prado al frente de seis escuadrones de caballería de Regulares, tres compañías de fusiles de Regulares, una compañía de fusiles del Ceriñola y una batería de montaña. Ocuparon posiciones para impedir el avance de la harka y sostuvieron el fuego hasta las 13:45 horas. El fuego se reanudo menos violentamente a las 15:40 horas. Finalmente los rifeños abandonaron la loma, dejando tras de sí numerosas bajas. A las 17:50 horas se inició el repliegue ordenadamente con fuego de cañon a modo de protección. Se aprovechó el repliegue para evacuar la guarnición de Dar Buimeyan sobre Annual, dejando abandonada la posición.

El combate costó más de 30 muertos y 170 heridos a los rifeños; los españoles sufrieron 16 soldados indígenas muertos, 48 soldados indígenas heridos y 3 soldados peninsulares heridos. El teniente Vázquez Bernabeu, médico de las tropas de la Policía Indígena, recibió la Laureada por su comportamiento ejemplar y valeroso durante toda la acción.

Desde ese mismo día los españoles dejaron de ocupar inexplicablemente la Loma de los Árboles, por lo que Abd el-Krim tomó la iniciativa para fortificarla con trincheras y parapetos.

El resto del mes de junio el frente permaneció extrañamente en calma, con noticias contradictorias sobre los tratos de las cábilas de Beni Ulixek y Beni Said con la harka de Abd el-Krim, e intentos fallidos del coronel Morales para tratar de consolidar un partido de indígenas notables pro-españoles en las cábilas de Tensaman y Beni Urriaguel.

A partir del 27 de junio cesó el acoso rifeño a las posiciones enemigas. La calma fue aprovechada para volver a ocupar la posición de Dar Buymeyan. Como la Loma de los Árboles estaba en posesión de los rifeños, los españoles establecieron la descubierta de protección de convoyes en otra elevación cercana y situada a unos 500 metros.

BIBLIOGRAFÍA:

Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 409-410
Palma Moreno, Juan Tomás. Annual 1921. 80 años del Desastre. Almena ediciones. Madrid, 2001. Paginas 65-68
Carrasco García, Antonio. Las imágenes del desastre. Almena ediciones. Madrid, 1999. Página 67
Pando Despierto, Juan. Historia secreta de Annual. Ediciones Temas de Hoy, S.A. Colección Historia. Madrid, 1999. Páginas 133-135.
Parte del general Silvestre dando cuenta del combate del dia 16 de junio (diversos radiogramas de los dias 16, 17 y 18 de junio), citados por Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 633 y 634.


2011 12 11, 3:03
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PARTE FORMULADO POR EL TENIENTE DE INFANTERÍA DON LUIS CASADO ESCUDERO,
SUPERVIVIENTE DE LA POSICIÓN DE IGUERIBEN.


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Regimiento de Infantería de Toledo núm. 35.

Excmo. Sr.:

A V.E. da parte el Teniente que suscribe, como único Oficial superviviente de la Posición de Ygueriben en la Zona de Melilla, de que los hechos que en ella se realizaron, y que dieron como resultado la defensa y evacuación de ella, en el mes de julio de mil novecientos veintiuno, se desarrollaron en la siguiente forma:

A partir del 16 de junio tuvo lugar el llamado combate de "La Loma de los Árboles", fueron hostilizados todos los servicios de esta Posición, especialmente el de aguada y convoyes y aprovisionamiento desde Annual, lo que obligó a extremar la vigilancia y precauciones, pero sin que ello pudiera evitar que el día 17 de julio del mencionado año, al amanecer se encontrase la Posición cercada de numeroso enemigo procedente de la harca que al mando del cabecilla rebelde Abd-el-Krim "El Jatabi", hacía ya algún tiempo que se hallaba acampada en el poblado de Tensán, llamado Amesaure, a unos seis kilómetros de esta posición; dicho enemigo empezó a tirotear violentamente la posición e impidió que se hiciese la aguada, ya que se encontraba ésta a unos cuantos kilómetros, por lo que el Jefe de la circunscripción de Annual ordenó que se suspendiese, ya que desde este puesto se llevaría abundante aprovisionamiento de este líquido y demás elementos necesarios.

Durante todo el día continuó el violento tiroteo, ocasionando algunas bajas de tropa muertos y heridos, pudiendo citar entre los primeros al Sargento Armando Antón Cisneros.

A las dos de la tarde, salió abundante convoy de víveres y municiones de Annual llevando al mismo tiempo gran número de cubas que al pasar por el río se llenaron, con objeto de hacerlo llegar todo a nuestra posición. Protegía dicho convoy un Escuadrón de Regulares de Melilla, al mando del Capitán señor Cebollino, el cual encontró numeroso enemigo bien parapetado detrás de trincheras individuales, y como el camino intermedio entre Annual e Ygueriben está constituido por una serie de barrancadas que da lugar a una triple línea de alturas, hubo de realizar violentos esfuerzos para ir tomando esas alturas, lo que dió origen a que cuando quiso dar el último empuje para hacer entrar el convoy, estaba éste materialmente diezmado, con los mulos y la mayor parte de sus conductores muertos o malheridos y sin que a pesar del heroico comportamiento de este Capitán y del Escuadrón de su mando y de la protección que se le prestó desde la posición, especialmente con dos máquinas de ametralladoras que al mando del Teniente don Alfonso Galán Arrabal tomaron unas alturas próximas a la posición y desde ellas batió al enemigo de flanco, se pudiese evitar que casi de la totalidad del convoy quedase desparramado y en poder del enemigo.

Es digno de hacer notar el brillante comportamiento del Capitán señor Cebollino, el cual, con inminente riesgo de su vida y en brillante carga con sus regulares, atravesó las filas enemigas y llegó hasta la posición, debiendo añadir que oí repetidas veces decir al Jefe de la Posición, Comandante don Julio Benítez, que había de proponerles a sus superiores para la concesión del empleo por su bizarría y las dotes que demostró atravesando con escasas fuerzas las líneas enemigas en número considerablemente superior.

Durante toda la noche del día 17 continuó el tiroteo con el enemigo, el que reiterado intento en asaltar la posición, siendo briosamente rechazado por nuestras fuerzas, las cuales tuvieron seis bajas, de ellas tres muertos y otros tres heridos, los que hubieron de carecer de toda asistencia facultativa, ya que en la posición se carecía de médico y practicante y había escasísimos medicamentos en las bolsas sanitarias de las dos Compañías.

Como desde el primer momento faltó el agua, ya que diariamente se hacía la aguada para las necesidades del día, sin que existiera un depósito para tener un remanente con que poder atender a las necesidades en un caso de estos, se repartió media cuba de vinagre que existía en el repuesto de la posición y se puso especial cuidado en el consumo de municiones, dándose la orden terminante de no tirar más que a blanco seguro, y estableciose un servicio de contra-pasos.

El convoy a que alude, según manifestaciones de los Oficiales encargados de su conducción, Teniente de Artillería señor Nougués y Alférez de Intendencia señor Ruiz Osuna, salió muy mermado de Annual, pues cuando se hallaban cargando todos los elementos recibieron orden de suspender ésta y salir inmediatamente, dándose el caso lamentable que salieron varias cargas con leña y se quedaron olvidados material de repuesto para la sección de ametralladoras, y en el camino se perdieron las cargas de cartuchos de fusil y dos cajas con espoletas de artillería.

Las fuerzas de este convoy, compuesta de soldados de Artillería del Parque Móvil y de Intendencia, llegaron en su mayor parte heridos, y hubieron de quedarse en la posición según orden recibida de Annual, así como los mulos que llegaron; para que en el próximo día que llevarían nuevamente convoy regresaran; lo cual constituyó un estorbo para la defensa de la posición, por la ya dicha carencia de elementos sanitarios y agua.

Durante la mañana del día 18 y a primeras horas de la tarde continuó violento el fuego de fusil y el enemigo empezó a cañonear la posición, cuyos disparos al principio carecían de eficacia, pero lograron dar con la puntería y ocasionó su explosión algunas bajas, todas ellas de tropa; este tiroteo aumentó de intensidad hacia las cuatro de la tarde en que por las fuerzas de Annual se trataba nuevamente de hacer llegar el convoy, intento que no se pudo lograr por el violento esfuerzo del enemigo y su considerable superioridad sobre las fuerzas nuestras.

Especialmente hubo de recharzarse el empuje del enemigo en el sector E. de la posición, por su proximidad al parapeto, cubierto por unos grandes peñascos que había.

En esa tarde, además de siete bajas de tropa, de ellas tres muertos y los otros heridos, fue herido gravemente el Teniente don Julián Sierra Serrano, el cual hubo de dejar el mando de la primera Sección de la Segunda Compañía del primer Batallón del Regimiento Ceriñola, y herido levemente el Teniente que suscribe.

Durante la noche de este día arreció el fuego enemigo, el cual atacó la posición con granadas de mano, empleándose en rechazarlo las 50 de dotación que había en la posición. Puso especial intento el enemigo en asaltar la posición, llegando hasta las alambradas y dirigiéndose con palabras soeces e injuriosas a la oficialidad y prometiendo a la tropa que si desertaba de su puesto habían de ser puestos sanos y salvos en Melilla. La guarnición, con un excelente espíritu de sacrificio, contestó con descargas cerradas a la invitación de los moros y con ¡Vivas a España!, siendo digna de admiración la figura del Comandante don Julio Benítez, el cual, sin descanso dirigió la defensa, atendiendo a todos los frentes y elevando la moral de las tropas con su heroico ejemplo y sus palabras enérgicas de aliento, arengó varias veces a las tropas y su figura era admirada por todos los defensores, que desde el primer momento depositaron en él fe ciega por su bizarría.

La guarnición ocasionó al enemigo bastantes bajas vistas, pudiéndose citar el caso de que entre la alambrada y el parapeto quedaron muertos cuatro moros, que dirigieron sus esfuerzos a la batería de artillería que en la posición había.

Durante la noche, cuatro de los policías moros que había en la posición en número de seis y un cabo, fueron muertos defendiendo la cocina del campamento.

En ese día 18, como las bajas estaban sin enterrar, por ser de roca la posición, se intenta por el Teniente don Ovidio Rodríguez llevar a cabo esta sagrada misión fuera de la posición, protegiendo con su Sección este servicio, y apenas salieron de la alambrada, dirige el enemigo certero fuego contra ellos, ocasionándonos dos bajas más, por lo cual dásele la orden del Comandante de retirarse, logrando a pesar de ello enterrar el cadáver del Sargento Antón, muerto el primer día, y arreglar parte de la alambrada del sector N., la cual había sido derruida por los mulos al ser muertos, y ello facilitaba la aproximación del enemigo durante las noches, en sus intentos de asalto.

Frente a la posición había quedado un soldado de Regulares de Melilla mal herido el día anterior al tratar de hacer llegar el convoy y comprendiendo el señor Comandante era un deber el pago a su lealtad recogerle, ordenó al Oficial que suscribe para que acompañado de otro soldado y apelando a la astucia fuese recogido. Se presentó voluntario el soldado Julián Muñoz Contiñán, y entre ambos pudo ser recogido, así como su carabina y canana con algunos cartuchos, mereciendo por este hecho ambos la felicitación al frente de la Segunda Compañía del Jefe de la posición.

Como la sed continuara en aumento, se reparte entre la tropa las patatas que para la confección del rancho había, las cuales, machacadas con el pomo del cuchillo bayoneta, proporcionaban alivio a la abrasadora fiebre, la cual empezó a hacer bajas en la guarnición, unido esto al hedor de los cadáveres insepultos y mulos descompuestos.

A pesar de los reiterados esfuerzos del enemigo durante todo el día 19 por las fuerzas de Annual, durante todo ese día fue imposible el hacer llegar el convoy, por lo que la situación fue siendo cada vez más crítica, agravándose además por el calor sofocante que hacía, y que al número de bajas del fusil enemigo hubieron de añadirse las producidas por el agotamiento físico, empezando parte de la guarnición - los que menos resistían - las torturas de la sed, a beber cuantas substancias encontraban a mano, como tinta, agua de colonia y hasta orines.

El fuego continuó violento durante todo ese día, durante el cual un disparo enemigo inutilizó el heliógrafo, teniendo que apelar al aparato Mangin para no perder la comunicación heliógrafica con Annual.

La Artillería enemiga, compuesta de dos cañones establecidos en la loma de Amar-U-Said, a unos 1.300 metros de distancia al S. de la posición, continuó haciendo certeros blancos y destruyendo por efecto de un disparo parte del parapeto del sector NO.; también alcanzó uno de los disparos a cuatro cajas de municiones inutilizando casi la totalidad de su contenido , ya que solo quedaron aprovechables unos cuantos cargadores de cartuchos. Nuestra batería, que con sus escasas municiones se dedicaba a acallar los fuegos de la contraria, se ve en la imposibilidad de seguir haciendolo, por haberse agotado sus municiones.

De Annual se recibe el siguiente Heliógrafo:

"El Mando felicita a los heroicos defensores, alentándoles a seguir manteniendo la resistencia con ese admirable espíritu de sacrificio, que es la admiración y orgullo de sus compañeros de armas. Ya se hallan concentradas en Annual numerosas fuerzas que han de convoyar los socorros de que tan necesitada está la posición. Y tropas frescas para relevar a los heroicos defensores de Ygueriben, que tan ganado tienen el descanso. La Patria, atenta a vuestro gallardo gesto, sabrá pronto recompensar vuestros sacrificios."

Continuó durante la noche todo el fuego del enemigo, el cual hizo derroche y gran alarde de consumo de municiones, en su mayoría de "arbaia" y granadas de mano, poniendo especial intento en apoderarse de los cadáveres moros que aún quedaron entre la alambrada y el parapeto de la batería de artillería, que por permanecer muda creían indefensa. Hubo de reforzarse este frente con una Sección de Ceriñola, al mando del Alférez Villanova, y se le hicieron bastantes bajas que quedaron a nuestra vista.

Para apagar la sed de los soldados graves, se utilizan los últimos recursos que quedan, que son unos botes de tomate que el cantinero de la posición ofrece desinteresadamente, mas son escasos para tanto herido y enfermo.

Para hacer sostenible nuestra situación y no caer ante los reiterados intentos de asalto del enemigo, se les pide a las baterías de Annual que rodeen con una cortina de fuego la posición, lo cual hacen con precisión matemática.

Durante las primeras horas de la mañana cesa el fuego, lo cual se aprovecha para dar descanso a las fuerzas, aun sin alejarse del parapeto.

Amanece el día 20, durante el cual no se pudo hacer intento de convoy desde Annual a pesar de lo desesperada de nuestra situación, ya que esta situación hubo de atender a restablecer sus comunicaciones con retaguardia, pues empezaba a ser seriamente amenazada por el enemio, que empezaba a correrse, y no ser muy clara la situación política de las cábilas.

Aumentan las bajas en número considerable, tanto de heridos como de agotamiento, y las ametralladoras sucesivamente van dejando de funcionar por inutilización de sus piezas y falta de refrigeración.

La artillería enemiga, que continúa haciendo certeros disparos, produce gran número de bajas, ya que explotó una de sus granadas en la tienda dedicada a enfermería, muriendo casi la totalidad de los que allí había, cuyo número se elevaba a treinta y tantos. Escasamente se pueden cubrir todos los frentes por todos los cuales éramos atacados desesperadamente, creyendo el enemigo poder asaltar y tomar la posición, a pesar de que la mayor parte de los heridos, incluso muy graves, prestan el servicio de parapeto. Los Oficiales prestan también servicio de parapeto y especialmente el de contrapaco.

Desde Ygueriben se cursa por el Comandante Jefe el siguiente Heliograma:

"Tenemos muertos y heridos, carecemos de agua y de víveres en absoluto y la gente se ve precisada a permanecer día y noche en el parapeto para tener a raya al adversario, cada vez más numeroso. Las municiones, con avaricia escatimadas, empiezan a escasear, y para ahorrarlas aún más se hace preciso que las baterías de Annual batan durante la noche la loma espolón en que está enclavada la posición, para evitar las bajas que desde ella nos hacen."

De Annual se nos contesta con el siguiente despacho Heliógrafo:

"Héroes de Igueriben, tan alto poneis el nombre de España, resistid unas horas más. Lo exige el buen nombre de España."

Contestanto con este otro desde nuestra posición:

"los Heliogramas de V.E. han sido acogidos con vivas a España. Esta guarnición jura a su General que no se rendirá más que a la muerte."

Es herido por disparo enemigo el Teniente don Julio Bustamante, de Artillería, defendiendo la posición bravamente con sus artilleros la batería.

A últimas horas de la tarde el Jefe de la posición ordena transmitir el siguiente despacho:

"Es horrenda la sed; se han bebido la tinta, la colonia, los orines mezclados con azúcar. Se echan arenilla en la boca para provocar, en vano, la salibación. Los hombres se meten desnudos en los hoyos que se hacen para gustar el consuelo de la humedad. Se ahogan con el hedor de los cadáveres. La pestilencia y carencia de agua hacen mortales las heridas. Conclúyense las municiones."

Por la noche se rechaza en briosa resistencia el nuevo intento de asalto del enemigo, viéndonos atacados también con grandes piedras lanzadas con hondas.

Un moro enemigo se dirige a los defensores arrojando una carta de Abd-el-Krim en la cual se nos propone la rendición a cambio del armamento y batería, comprometiéndose a colocarnos a todos los defensores sanos y salvos en Annual. Se rechaza la intimación con un viva a España y una descarga. Se transmite la noticia a Annual, el cual contesta:

"Resistid esta noche, y mañana os juramos que sereis salvados, o todos quedaremos en el campo del honor."

También se nos comunica que estemos atentos a una partida que al mando de un Suboficial intenta, por medio de una estratagema, llegar hasta las inmediaciones del parapeto y arrojar algunas cantimploras con agua y coñac; transcurrió toda la noche sin que llegue el ansiado refuerzo.

Amanece el día 21 y de Annual se ponen en movimiento cuantas fuerzas había allí concentradas para, en desesperado esfuerzo, hacer llegar el convoy y recoger la exhausta guarnición. Nuestras bajas aumentan. Las municiones son escasísimas y en vista de que el convoy de Annual, a pesar de su titánico esfuerzo, no logra hacer llegar, se recibe orden del General en Jefe de iniciar la retirada, tratando de acogerse a las guerrillas de las fuerzas que intentaban llevar el convoy y ver el medio de salvar a aquellos, después de inutilizar y quemar todo el material de la posición. El cual se contesta con otro:

"Nunca esperé recibir de V.E. orden de evacuar esta posición, pero cumpliendo lo que en ella me ordena, en este momento, y como la tropa nata tiene que ver con los errores cometidos por el Mando, dispongo que empiece la retirada, cubriéndola y protegiéndola debidamente, pues la Oficialidad que integra esta posición, conscientes de su deber, sabremos morir como mueren los Oficiales españoles."

A las dos de la tarde se reparten las escasas municiones disponibles, unos veinte cartuchos por hombre, y se organiza la retirada, ya que las fuerzas de Annual comunican que ante la imposibilidad de llegar van a empezar su regreso.

Se transmite el último despacho, que decía:

"Sólo quedan doce disparos de cañón, que empezaremos a disparar para rechazar el asalto. Contadlos y al doce disparo hacer fuego sobre la posición, pues moros y españoles estaremos envueltos en la posición."

La retirada se organizó del siguiente modo:

Vanguardia al mando del Capitán Bulnes, el cual nuevamente toma el mando de su Compañía en el cual cesó por enfermedad grave producida por agotamiento.

Flanco derecho, una Sección al mando del Teniente que suscribe, con orden de tomar una altura próxima en la cual había de sostenerse hasta la total evacuación de la posición, incorporándose a la retaguardia.

Flanco izquierdo, al mando del Teniente don Alfonso Galán Arrabal, con la misma orden que el flanco derecho.

Grueso, al mando del Comandante, con los heridos y enfermos.

Retaguardia, al mando del Capitán de Artillería don Federico de la Paz Orduña.

Apenas se inició la evacuación, el enemigo en número considerable irrumpió en la posición, sucumbiendo casi la totalidad de las tropas en brillante empuje a la bayoneta y quedando únicamente unos cuantos a salvo, que lograron llegar a Annual, donde en su mayoría perecieron de cansancia y agotamiento aquella misma tarde, resultando inútiles cuantos esfuerzos se hicieron, y el que suscribe, que con otro soldado, cayeron heridos en poder del enemigo, donde permanecieron cautivos durante dieciocho meses.

El Comandante murió al frente de sus fuerzas, el cual no abandonó, a pesar de recibir gravísima herida en la cabeza, la cual le hizo rodar por tierra, rehaciéndose inmediatamente y conservando su admirable serenidad hasta que un nuevo disparo que hizo blanco en su corazón le hizo caer muerto.

El Teniente de Infantería Don Luis Casado Escudero

BIBLIOGRAFÍA:


Servicio Histórico Militar. Historia de las Campañas de Marruecos. Tomo III. Madrid, 1981. Páginas 639-643.


2011 12 11, 3:07
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D. JULIO BENÍTEZ Y BENÍTEZ (1878 - 1921)
Comandante de Infantería.

Cruz de San Fernando de 2° Clase, Laureada. Concedida por Real Orden de 3 de enero de 1925 (Diario Oficial núm. 3) por el valor demostrado al frente de la defensa de Igueriben entre los días 17 y 21 de julio de 1921

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Julio Benítez y Benítez nació el 17 de agosto de 1878. Combatió con valor en la guerra de Cuba, donde fue condecorado con la Cruz de María Cristina. En mayo de 1912 se incorporó a Melilla con el empleo de teniente, y permaneció en África hasta su ascenso a comandante en 1916, en que fue destinado a la Península. En febrero de 1918 regresó de nuevo a Melilla.

Destinado en el Regimiento de Infantería "Ceriñola" número 42, fue asignado a la posición de Sidi Dris. Al frente de la guarnición de la misma resistió el 2 de junio de 1921 un ataque rifeños de 24 horas de duración. En julio del mismo año fue transferido a la posición de Igueriben, donde encontraría la muerte. Durante todo el asedio de Igueriben fue el alma de la defensa, infundiendo en sus hombres y oficiales el ánimo necesario para que el nombre de Igueriben brillase con luz propia en el oscuro recuerdo del desastre.

El comandante Benítez combatió en la posición de Igueriben desde el día 17 al 21 de julio de 1921, en que el Comandante general le ordenó el abandono de aquella posición. Durante los dás de la defensa el comandante Benítez no dejó un momento de alentar a aquella, recorriendo los distintos frentes del recinto, elevando el espíritu de su tropa y dándole un alto ejemplo de virtudes militares, que todos los declarantes reconocen, habiendo sido el alma de la defensa y siendo su figura, al decir del único oficial superviviente, admirada por su bizarría de todos los defensores, que desde el primer momento depositaron fe ciega en su jefe. Los ataque del enemigo a la posición de Igueriben no sufrieron interrupción un solo momento, y además, desde el día 18 fue hostilizada con dos piezas de artillería que produjeron bajas en la tropa. El día 19 se intentó llevar un convoy, sin llegar a conseguirse por la superioridad numérica del enemigo, no obstante haber intervenido casi todas las fuerzas disponibles de la circunscripción de Annual.

En dicho día 19 la guarnición de Igueriben había sufrido ya 40 bajas producidas por el enemigo; entre los defensores había bastantes enfermos de síncope por falta de agua y principalmente por tener que sufrir los efectos de un sol abrasador, ya que toda la guarnición se hallaba en el parapeto para rechazar los contínuos ataques del enemigo; a pesar de que las penalidades producidas por la sed y los efectos del sol fueron en aumento, la guarnición supo soportarlas con gran disciplina, por la confianza que le infundió su jefe. Agotados todos los recuros de la defensa, y ordenado por el Comandante General que se evacuara la posición de Igueriben, previa destrucción de cuanto pudiera aprovechar el enemigo, dicha evacuación se llevó a cabo ordenadamente por grupos mandados por oficiales, y el comandante Benítez la abandonó en el último grupo, siendo muerto entre la alambrada y el parapeto, así como la mayor parte de los que lucharon tan bravamente contra el numeroso enemigo que los envolvía.

De la guarnición, que se elevaba a 300 hombres, únicamente se salvaron un oficial y cuatro soldados, que cayeron prisioneros, y otros varios, hasta el número de once, que lograron llegar a Annual, falleciendo de agotamiento físico algunos de ellos en esta última posición.

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En 1926 el escultor Julio González realizó una talla en honor el comandante Benítez, que fue colocada en el Parque de Málaga. Es una escultura "castrense", donde domina la rigidez, linealidad, frontalidad, sobriedad y cierto esquematismo. En la parte baja del pedestal que sostiene la figura, destaca la escultura yacente del heroico jefe envuelto en la bandera nacional. En la parte frontal aparece la palabra “Igueriben” y a ambos lados del pedestal están los nombres de quienes murieron en la posición de Igueriben.


FUENTES:

Antonio Carrasco García. Las imágenes del desastre. Annual 1921. Almena Ediciones. Madrid, 1999. Páginas 65 y 108.


2011 12 11, 3:10
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D. JOAQUÍN CEBOLLINO VON LINDEMAN (1889 - 1938)
Capitán de Caballería.

Cruz de San Fernando de 2° Clase, Laureada. Concedida por Real Orden de 1 de agosto de 1927 (Diario Oficial núm. 168) por el valor demostrado al frente su escuadrón de Regulares, con quienes logró introducir un convoy en la posición de Igueriben el día 17 de julio de 1921.

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D. Joaquín Cebollino von Lindeman nació en Madrid en 1889; con 18 años ingresó en la Academia de Caballería. En 1914 participó con el empleo de teniente en diversas operaciones en Larache, encuadrado en el Escuadrón Expedicionario del Regimiento de Cazadores de Alfonso XII. En 1919 ascendió a capitán y pasó a mandar el 3° Escuadrón del Tabor de Caballeria del Grupo de Regulares Indígenas de Melilla número 2.

El capitán Cebollino formaba parte el 17 de julio de 1921 del convoy organizado para introducir 56 cargas y socorrer a la posición de Igueribe, sitiada por el enemigo que no bajaría de 1.500 hombres. La fuerza protectora de aquél tuvo que sostenerempeñado combate con el enemigo para conseguir el avance del convoy. De dicha fuerza formaba parte el mencionado capitán, que se destacó con su escuadrón, compuesto de sesenta plazas, para escoltarle en los tres últimos kilómetros que tenía que recorrer a fin de arribar a la posición.

A pesar de que el enemigo trataba de impedirlo a toda costa, consiguió llegar a ella el capitán Cebollino tras empeñada lucha, siendo el primero en verificarlo, abrir, ayudado de algunos soldados, la puerta de la alambrada y quitar los sacos terreros que obstruían la entrada para el paso de las cargas. Realizado tal cometido, y después de dejar en Igueriben las acémilas y sus conductores, regresó el interesado con su escuadrón a incorporarse al grueso de las fuerzas protectoras del convoy, y para efectuarlo tuvo que romper nuevamente el cerco del enemigo. Recogió todas las bajas habidas en el combate (cinco muertos, nueve heridos y dos contusos) y, con las fuerzas a sus órdenes, se incorporó al grueso de la columna para seguir a Annual. Esta valerosa acción fue recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando.

En la guerra civil tomó parte en la batalla del Jarama al mando de una Agrupación de Caballería del Ejército Nacional, y en la batalla de Alfambra como segundo jefe de la División de Caballería. Murió en 1938 a consecuencia de las heridas recibidas en la acción de Fayón (Zaragoza).


FUENTES


Antonio Carrasco García. Las imágenes del desastre. Annual 1921. Almena Ediciones. Madrid, 1999. Páginas 65 y 69.


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D. MIGUEL NÚÑEZ DEL PRADO Y SUSBIELAS
Teniente coronel de Infantería.

Medalla Militar Individual, concedida por Real Orden de 25 de enero de 1923 (Diario Oficial núm. 19)

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Al teniente coronel de Caballería D. Miguel Nuñez de Prado y Susbielas, jefe del Grupo de Fuerza Regulares Indígenas de Melilla núm. 2, recibió la Medalla Militar Individual por su labor de conjunto en el mando de tropas en el territorio de Melilla y, especialmente, por el intento de abastecimiento a Igueriben realizado el 19 de julio de 1921.


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D. FEDERICO DE LA PAZ ORDUÑA
Capitán de Artillería.

Cruz de San Fernando de 2° Clase, Laureada. Concedida por Real Orden de 13 de marzo de 1925 (Diario Oficial núm. 58) por el valor demostrado en la defensa de Igueriben entre los días 17 y 21 de julio de 1921.

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El capitán de artillería D. Federico de la Paz Orduña, perteneciente al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla, y al mando de una batería ligera, tomó parte activa en la defensa de Igueriben, en unión de dos compañías del Regimiento de Infantería Ceriñola número 42 y de algunos otros núcleos, en total unos 300 hombres, que guarnecían aquella posición; mantuvo a gran altura el honor de las armas y sostuvo el fuego de su batería con decisión y acierto para tener a raya al enemigo y causarle numerosas bajas. Escaseando las municiones casi desde el principio de su defensa y ya sin esperanzas de reponerlas por hallarse la posición aislada del resto del ejército y haber fracasado cuantos intentos se hacían para lograrlo, cuidó también de economizarlas desde aquel momento con notable previsión, sin dejar por ello de hacer fuego cuando era absolutamente indispensable, y al intentar el enemigo el asalto y llegar hasta la boca de las piezas, debido a aquella previsión pudo hacer lanzar a éstas, que se hallaban sin apoyo de tropas de sostén, la munición reservada para tan críticos momentos, rechazando el asalto y alejando a los atacantes lo suficiente para permitir a la guarnición recoger cuanto armamento y material pudo transportarse y para inutilizar el resto.

Secundó con el mayor valor, entusiasmo y eficacia las órdenes del jefe de la posición, y situándose siempre en los sitios de mayor peligro, consiguió con su bizarro ejemplo elevar el espíritu de los defensores, e infundirles confianza en la victoria, teniendo por fin en cuenta que, al evacuarse Igueriben por orden superior, el capitán Paz fue de los últimos en hacerlo, a fin de inutilizar los cañones y sus cierres, por lo que salió de la posición al mando de la retaguardia y continuó en su puesto defendiéndose valerosamente, pistola en mano, hasta llegar al cuerpo a cuerpo y caer muerto cuando ya no tenía ningún soldado a su alrededor.


FUENTES:


Antonio Carrasco García. Las imágenes del desastre. Annual 1921. Almena Ediciones. Madrid, 1999. Página 67.


2011 12 11, 3:17
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
Como continuación del éxito obtenido en Abarrán, los rifeños atacaron la posicion de Sidi Dris durante 24 horas, siendo rechazados por la defensa realizada por el comandante Benítez.

La pérdida de Abarrán mostró a los rifeños la vulnerabilidad de los españoles. Abd el-Krim no dudó en exhibir los cañones y el material tomado en Abarrán, y trató de convecer a los rifeños que unidos podrian derrotar a los españoles y obtener botín. De esta manera, en pocos dias los efectivos de su harka pasaron de 3.000 a 11.000 guerreros.

Mientras tanto, envalentonados por el éxito, Abd el-Krim dirigió sus guerreros contra la posición de Sidi Dris esa misma noche. El ataque comenzó a las 03:00 horas de la madrugada, tiroteando con violencia la posición y persistiendo el tiroteo durante todo el día. La posición estaba al mando del comandante D. Julio Benítez Benítez, quien dirigió eficazmente la defensa y quien encontraría la muerte al frente de Igueriben mes y medio más tarde.

El combate era tan enconado que el cañonero Laya, enviado el dia anterior para apoyar la ocupación de Abarrán, batió eficazmente con fuego de cañón a los rifeños. Al atardecer desembarcó un pelotón de marineros (un contramaestre y 14 hombres) con dos ametralladoras, al mando del alférez de navío D. Pedro Pérez de Guzmán. El pelotón se incorporó a la posición bajo el fuego enemigo y emplazó sus ametralladoras junto a los cañones de la bateria que mandaba el teniente Galán. Al ser herido este oficial, el alférez Pérez de Guzmán se hizo cargo de la dirección de los fuegos de los cañones, llegando a disparar con espoleta a cero. La aviación, por su parte, arrojó medio centenar de bombas en apoyo a la defensa.

A las 21:30 horas la harka enemiga, reforzada con nuevos elementos, dió un nuevo asalto con tal violencia que llegaron hasta las alambradas y consiguieron cortarlas en varias partes. Por tres veces intentaron el asalto, siendo rechazados sus denodados intentos de entrar en la posición. En una ocasión llegaron a seis metros del parapeto. Pero allí les esperaban los marineros del Laya, que los ametrallaron a bocajarro.

A las 03:00 del dia 3 de junio los rifeños suspendieron el fuego e iniciaron la retirada. Sus bajas superaron el centenar, veintinueve de ellas entre las alambradas del perímetro exterior. Los españoles sufrieron dos oficiales (comandante Benítez y teniente Galán) y ocho soldados heridos.

Los partes y telegramas oficiales cursados entre el Comandante general, Alto Comisario y el Ministro de la Guerra fueron recopilados por el general Picasso e incluídos en su expediente.


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2011 12 11, 3:18
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D. JUAN VELÁZQUEZ Y GIL DE ARANA Comandante de Infantería.

Cruz de San Fernando de 2° Clase, Laureada. Concedida por Real Orden de 9 de julio de 1923 (Diario Oficial núm. 150) por el valor demostrado al frente de la defensa de Sidi Dris entre los días 22 al 25 de julio de 1921.

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Durante los días 22 al 25 de julio de 1921, el comandante D. Juan Velázquez y Gil de Arana, del Regimiento de Infantería "Melilla" número 59, tomó parte en los combates para la defensa de la posición de Sidi Dris, como jefe de la misma. La guarnición a sus órdenes la componían una compañía del Regimiento de Infantería Ceriñola núm. 42, otra de ametralladoras, una sección de fusiles del Regimiento de Melilla, una batería de Artillería, un destacamento de 12 hombres de la Compañía de Mar de Melilla, algunos soldados de Intendencia y 50 policías, más unos 80 hombres que, procedentes de Talilit, ingresaron en Sidi Dris, o sea, un total de 350 hombres.

El primero de los dichos días fue cercada aquella posición por el enemigo, atacándola con verdadera rudeza, llegando hasta las alambradas, dando lugar al asedio, primero a la escasez de agua y después a la falta absoluta de ella. El comandante Velázquez, durante la defensa, recorría contínuamente el parapeto, dando ejemplo con su valor y entereza a las fuerzas a sus órdenes, consiguiendo mantener elevado el espíritu de ellas, que rechazaban los ataques del enemigo; la defensa continuó sin que la falta de agua, de la cual se careció durante cuatro días, ni la escasez de víveres, ni el insoportable hedor producido por las caballerías muertas fuera de las alambradas, ni las enfermedades, ni menos los citados ataques del enemigo, fuesen suficientes a enfriar en el espíritu de la guarnición el fuego sagrado del honor y del amor patrio.

Agravada considerablemente la situación, y ante la imposibilidad de hacer la aguada en el río y que la escuadra con que se mantuvo comunicación constante pudiese facilitar aquel tan esencial elemento, el día 25, de acuerdo con el comandante del Princesa, y en cumplimiento de instrucciones del mando, hubo de decidirse la evacuación. Dadas por el citado comandante Velázquez las disposiciones oportunas, se inutilizó el material de guerra, se rompió el parapeto y la alambrada en el frente de la playa, se esparció paja y se roció de petróleo, a fin de incendiarla, saliendo de la posición la mitad aproximadamente de las fuerzas, continuando su jefe en el recinto. El enemigo, vacilante en sus posiciones, se lanzó con violencia y acometividad arrolladora, destrozando parte de la columna que había salido, salvándose sólo 12 ó 14 hombres que fueron recogidos por la escuadra, la cual, per su parte, sufrió bajas en sus oficiales y marinería, perdiendo dos botes. Ante la evidencia de que la avalancha enemiga arrollaría a las tropas, tuvo el citado comandante Velázquez que suspender la evacuación de las que aún no habían salido de Sidi Dris, resolviendo mantenerse y defender esta posición, que aún era de España, y en ella morir matando, hasta que, a las seis de la tarde, después de obstinada lucha y empuje cada vez mayor del enemigo, irrumpió éste en el recinto, sucumbiendo sus defensores en aras del deber, y entregando, para cumplir el juramento sagrado, la vida por la Patria.

En los actos mencionados, la figura del comandante jefe de la posición se destacó briosa, apareciendo adornada de las más altas virtudes militares, de sereno valor y grandes dotes de mando que le hicieron darse cuenta perfecta de la situación, proponiendo medios para resolverla y conservando gran entereza de ánimo y una virilidad que fueron agentes contagiosos que sostuvieron elevadísimo el espíritu de las tropas que lucharon por creer en él.


2011 12 11, 3:20
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Guerra de África en 1921-24

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Me preguntabas, querido primo, qué es lo que había podido hacer tu abuelo, mi tío carnal, para morir de semejante manera.Voy a intentar hacerte un resumen de su expediente militar . Difícil será que sientas la emoción que yo he sentido al leer el documento, pues es un testimonio vivo de Ramón durante los 2 años y diez meses aprox. que duró el tiempo de su servicio militar a la Patria en la guerra de África, por la zona de Melilla. Acababa de suceder el desastre de Annual cuando Ramón llegaba a Melilla. El ejército español en Marrruecos estaba completamente destrozado. El monte Arruit se había convertido en una ratonera infernal en la que 2.900 soldados españoles fueron masacrados por los rifeños de Abd el- Krim. Fue tal el desastre que los cuerpos de los muertos quedaron varios meses insepultos. Se comentó en plan broma macabra, que los buitres se comían solamente los cuerpos de comandante para arriba.

RAMON PINILLOS SAIZ
de 1,694 m
de estatura, labrador, soltero, de pelo negro, cejas negras, ojos negros, nariz regular, barba y boca regular, frente ancha, aire marcial, producción buena, señas particulares ninguna, entró al servicio militar en el cuartel de Pontoneros Minadores de San Sebastián el día 22 deFebrero de 1921. Después del reglamentario período de instrucción y jurada bandera, el día 16 de Agosto emprendió marcha a Africa formando parte de la 1ªcía. del 2º Bon. Expedicionario, embarcando en Barcelona en el vapor Romeu con rumbo a Melilla, a donde llegaron el día 21.

- Entra en acción el día 23 de Agosto. Formando parte de la columna del pamplonés General Sanjurjo contribuye a la construcción de un blocao en la zona de Beni Sicar.

- El 31 con la columna del Comandante del Regto. de Extremadura cooperó a la destrucción de una casa mora bajo intenso fuego enemigo.

- El día 4 de Septiembre cooperó a la defensa del campamento atacado por el enemigo.

- El día 8 con la columna del coronel Riquelme construyó un blocao (una especie de fuerte) entre el campamento del Zoco de Beni Sicar y la posición de Casabona bajo nutrido fuego enemigo.

.- El día 14 con la columna del General Fresneda contribuyó a la construcción de una posición en las faldas del monte Atalayón,bajo el fuego de cañón del enemigo.

- El Día 16, con la columna del general Berenguer, colaboró en la construcción de una posición en Dar Hamet con grandes dificultades por ser constantemente hostilizados por el fuego de fusil y cañón del enemigo.

- El día 17 con la columna anterior asistió a la toma y fortificación de Nador

- El dia 10 de Octubre con el general Fresneda cooperó a la toma del monte Gurugú, estableciendo una posición en el pico Takigriat.

- El día 24 con la columna del general Berenguer acudió al monte Arruit dedicándose al entierro de cadáveres, de soldaditos españoles por supuesto.

Son innumerables las intervenciones militares de Ramón siempre en primera línea de fuego a lo largo de 1921. En 1922 siguió en la misma línea de actuaciones. A destacar:

- El 9 de Enero con la columna de Cabanellas, militar que se levantó con Mola en Julio del 36 , ocupó y fortificó Dar- Azugaj regresando a Batel.

- El día 24 con los coroneles del Príncipe y Garellano salió a fortificar Ramia y Casa Quemada pernoctando en Zama.

- Etc,etc,etc, todo intervenciones arriesgadas a lo largo de los meses de 1922.

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"Por R.D. comunicado de fecha 3 de septiembre del año marginal al comprendido en la presente filiación se le concede el uso de la MEDALLA MILITAR DE MARRUECOS con el pasador de MELILLA".

Ya en 1923 se suceden sus intervenciones en las columnas de diversos generales en labores de fortificaciónes, construcción de carreteras, aeródromos militares etc.etc. colaborando en la toma de diversas poblaciones kabileñas, hasta que el 28 de Noviembre embarca en Melilla de regreso a la península a incorporarse a la Plana Mayor. El día 5 de Diciembre marchó, se supone que de vuelta a su pueblo, Mues, con licencia ilimitada y en situación de disponible.

- Ya licenciado, y en 1924 se le concedió LACRUZ DE PLATA DEL MÉRITO MILITAR con distintivo rojo sencillo, por méritos contraídos y servicios prestados durante el 5º período de operaciones.

- En el año 1925 se le comunica: "Habiendo tomado parte en los humanitarios y arriesgados trabajos en los territorios de Zeluan y Monte Arruit recogiendo y enterrando cadáveres el año 1921 por R.O.C.de 10 de Octubre 1924 D.O. nº 230 se le autoriza al comprendido en esta filiación para usar el distintivo en el antebrazo izquierdo cuyo modelo será de las dimensiones y colorido con que aparecieron en la R. O. C. de 30 de Enero.

Como puedes ver, querido primo, tu abuelo y tío mío fue un valiente. Unos 11 años mas tarde unos individuos de su pueblo que nunca pisaron un frente de guerra lo señalaron para morir fusilado junto con su hermano a manos de unos mozalbetes falangistas en el término de Engarisún (Oteiza de la Solana). Me gustaría saber si esos falangistas, posiblemente de Estella , que derrocharon TANTO valor fusilando a gentes indefensas, atadas y desarmadas, fueron la mitad de valientes ante el enemigo armado en los frentes de batalla.

¡DE ESTA MANERA PAGARON A RAMÓN LOS SERVICIOS PRESTADOS A SU PATRIA!

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2011 12 11, 5:42
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La mula de Igueriben

Era joven, su edad apenas llegaba a los seis años. Tenía el pelo castaño corto y lustroso. Los remos finos, las ancas poderosas, los ojos brillantes, vivos, de lagrimales sangrientos que le dan a la mirada un poquitín de fiereza. En la nalga izquierda tiene el recuerdo glorioso de los balazos que recibió en el combate. Son dos cicatrices negras y brillantes como dos pedacitos de charol incrustados en el cuello.

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Con estos términos describió Carlos Guillén en 1922 a uno de los pocos seres vivos que desde Igueriben pudieron escapar y llegar con vida a la plaza. Un año después descansaba y recuperaba sus heridas. Era la mula de Igueriben.
Había llegado al campamento de Annual junto a las fuerzas de la comandancia de Intendencia. Según las cuentas de Picasso, entre caballos y mulas se juntaron 1786 cabezas en la posición pertenecientes a todos los cuerpos. El 17 de julio el coronel Arguelles (jefe de la circunscripción) ordenó formar un convoy para intentar socorrer a los soldados que en Igueriben ya vivían momentos de angustia. A las 14.30 de ese día el parque móvil organizó la caravana. Aquella mula junto a otras setenta y seis compañeras, intentarían llegar hasta el corralito donde se defendían los hombres del comandante Benítez. Llevarían a sus lomos-como siempre- pesadas cargas. Municiones, comida y 10 cubas de agua. Junto a ellas una sección de intendencia al mando del alférez Ruiz Osuna y el sargento Rodríguez Peña. Y otra de la comandancia de artillería al mando del teniente Nougués Barrera (junto a 17 artilleros). A nuestra mula le tocó llevar dos cajas de municiones, junto a ellas su conductor el acemilero cargó un acordeón.

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La caravana formaba parte a su vez de una columna, compuesta básicamente por tropas de regulares que mandaba el comandante Francisco Romero Hernández. El 2º Tabor al completo, 2 compañías del 1º y dos escuadrones de caballería. Uno de estos últimos sería el encargado de dar protección a la reata de mulas. Lo mandaban el capitán Joaquín Cebollino, el teniente Carvajal y un oficial moro.
Las fuerzas de Romero van abriendo camino. En las alturas se sitúan las tropas de regulares, que son fuertemente hostigadas desde las lomas que rodean Igueriben . Las nerviosas acémilas deben sortear un mar de peligros hasta encarar la subida de la posición. Cebollino, con una maniobra de distracción, consigue atraer la atención de los rifeños. En ese momento los acemileros espolean a sus mulas y se lanzan sobre la subida. Tres compañeras de nuestra protagonista caen abatidas y se pierden sus cargas. Espoletas y granadas caen en poder del enemigo. En el mortal avance van cayendo un animal tras otro, otros resultan heridos. Las cubas agujereadas y las mulas encabritadas y asustadas, se extravían sin que los acemileros puedan hacer nada.
Finalmente los hombres de Cebollino consiguen entrar entre vítores en la cercada posición donde esperan sobre todo saciar su sed. Efímera fue su alegría. La mayoría de cubas estaban casi vacías y otras muchas se habían perdido. Aquella escasa ración de agua fue la última que recibieron hasta que cuatro días después abandonaron la posición. En esa jornada, entre los miembros del convoy se producen 95 bajas, de ellas 30 de soldados españoles. De los oficiales resulta muerto el teniente Pedro Ledesma y heridos el comandante Romero y el alférez Tomasseti. Al capitán Cebollino le concederían en agosto de 1927 la Cruz Laureada.
En Igueriben quedan Nougués y Ruiz Osuna junto a los hombres que han podido llegar. Cebollino y sus hombres abandonan la loma en dirección al poblado de Amesauro. Difícil papeleta la de poder llegar hasta Annual. En su camino recogen a varios conductores que habían quedado rezagados o heridos. Antes de partir Benítez y el capitán de regulares deciden dejar allí a las pocas compañeras de nuestra mula que no habían muerto en el empuje. Sesenta acémilas y caballos mueren intentando llevar agua y municiones hasta Igueriben. Sin embargo nuestra mula, herida, no llega a entrar en la posición, Se ha perdido y esa será su salvación, ya que sus pobres compañeras quedarán entre el parapeto y las alambradas, siendo en pocos momentos aniquiladas.

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Teniente Nougués Barrera y alférez Ruíz Osuna

Desde entonces hasta el abandono de aquella maldita loma, sus cuerpos se descompondrían al sol y el insoportable hedor se convirtió en otro elemento más de la cadena de horrores que sufrieron aquellos pobres defensores.
Difícil saber que fue de nuestra mula. Debió vagar entre barrancos y desfiladeros, sorteando peligros y sometida al tormento de la sed. Sin embargo su instinto de conservación le guió de nuevo hasta Annual donde apareció tres días después, herida por dos balazos y sucia de polvo y sangre. A sus lomos aun portaba las dos cajas de municiones y el acordeón de su conductor. Tal vez aquel instrumento le salvó la vida, ya que dos balas habían impactado sobre él sin alcanzar a nuestra protagonista.
Sin mucho tiempo para descansar, nuestra desconocida mula tuvo que afrontar otra desbandada. Esta vez aun de mayores y funestas consecuencias. Tendría que luchar con todas sus fuerzas ya que muchos hombres se batirían entre ellos para subirse a su lomo. Atravesar un largísimo camino, correr entre cadáveres de soldados y ser testigo de la aniquilación de casi todas sus compañeras presentes en Annual. Ignoro de donde sacó fuerzas, tal vez alguien la guió. Pero el caso es que en octubre de 1922 el corresponsal de El Toledano, Carlos Guillén, la encontró en las cuadras de la comandancia de intendencia en Melilla.

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Guillén intentó acercarse a ella pero desistió ante la mirada que de soslayo le envió nuestra mula. El sufrimiento, las heridas y privaciones habían agriado su carácter, pero no su valor. En honor a ello y al no poder premiarla de otra manera se le libró de todo trabajo y fue rebajada del servicio.
Nunca sabremos quien fue su acemilero. Todos los hombres de la comandancia de intendencia (1 oficial y 30 soldados) que se hallaban en Igueriben murieron en combate. Tan solo escapó con vida el soldado Francisco Alamino, que hecho prisionero fue trasladado hasta Axdir. Murió en cautividad el quince de diciembre de ese mismo año. Tampoco sabremos que ocurrió con las 5337 cabezas de ganado restante. La mortalidad debió ser altísima, por eso hoy quiero recordar el sacrificio y el servicio que aquellos pobres animales prestaron al ejército del general Fernández Silvestre. Ellas también forman parte de aquel ejército de desaparecidos.

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Miembros de la comandancia de intendencia muertos en Igueriben


2011 12 11, 5:50
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El ejército de desaparecidos. Artillería

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Siguiendo con la relación de desaparecidos publicada por el Ministerio de la Guerra en septiembre de 1922, citaré los nombres de los oficiales pertenecientes al arma de artillería.

Desaparecidos por empleos
Capitán: 2 (1 Cdcia y 1 Mixto)
Teniente: 18 ( 2 Policía Indígena, 13 Comandancia y 3 Regimiento Mixto)
Teniente ER: 4 (1Pol. Indg. y 3 Cdcia.)
Alférez ER. 2 (1 Cdcia y 1 Mixto)
Total oficiales de artillería desaparecidos: 26

En julio de 1921 la distribución de los oficiales de artillería era:
Comandancia de Artillería de Melilla: 1 coronel, 2 teniente coronel, 3 comandantes, 15 capitanes, 28 tenientes (8 ER) Y 5 alféreces ER. Total 54 oficiales.
Del total fueron dados por desaparecidos 18: 1 capitán, 13 tenientes, 3 tenientes ER y 1alférez ER. Los muertos reconocidos fueron: 1 comandante y 2 tenientes. Un total de 21 oficiales, lo que supone más de 38% de muertos.

Regimiento Mixto de Melilla:
1 coronel, 1 teniente coronel, 3 comandantes, 11 capitanes, 26 tenientes (6ER.) y 3 alféreces ER. Total 45 oficiales.
Fueron dados por desaparecidos: 1 capitán, 3 tenientes y 1 alférez ER. Total 5 oficiales. Los muertos reconocidos fueron: 3 capitanes y 5 tenientes. Todos ellos suman 13 hombres, que representan un 26 % del total.
Policía Indígena de Melilla: entre los miembros de las tropas de policía indígena figuraban de oficiales de artillería 1 comandante y 3 tenientes (1 ER.). Los tres últimos murieron en combate.
Al margen de estas unidades 1 teniente se hallaba destinado en el servicio de aeronáutica, 2 capitanes disponibles y otro más supernumerario. El total general de oficiales de artillería presentes en julio era de 107 (2 coroneles, 3 tenientes coroneles, 7 comandantes, 27 capitanes, 2 capitanes ER, 44 tenientes, 14 tenientes ER y 8 alféreces ER.) y los muertos en combate 37. Lo que supone un 34,5% del total.

Muertos en combate reconocidos:
Comandancia de artillería:

Comandante Alfredo Marquerie Ruiz Delgado. MC Arruit 09-08
Teniente Francisco Gracia Benítez: MC Afrau 23-07
Teniente ER Manuel Silvestre Domingo MC Arruit 09-08

Regimiento Mixto de artillería:
Capitán Ramón Blanco Diaz de Isla. Jefe 5º Batería de montaña. MC Repliegue 29-08
Capitán Federico La Paz Orduña. Jefe 1ª Batería Ligera. MC Igueriben. 21-07. CLSF
Capitán Francisco Rubio Usera. Jefe 1ª Batería Montaña. MC Arruit. 09-08
Teniente Julio Bustamante Vivas. 1ª Batería Ligera. MC Igueriben 21-07
Teniente Diego Flomesta Moya. 1ª Batería Montaña. MC en cautividad 30-06. CLSF
Teniente Antonio Cortina Rico. 5ª Batería de Montaña. MC Arruit 09-08
Teniente Pedro Gay de la Torre. 2ª Batería Ligera. MC Arruit 09-08

Entre las promociones de artillería las bajas de los tenientes de la escala general fueron:
Promoción ingreso 01-09-1912: 2 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1913: 5 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1914: 7 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1915: 7 muertos en combate

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2011 12 11, 5:53
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OBJETOS PERDIDOS

Miles de muertos jalonaron el camino entre Abarran y Melilla. La muerte les sorprendió en apartados campamentos lejos de la seguridad de la plaza. Todos aquellos hombres llevaban encima objetos personales que engrosaron las ansias de botín. Tradicionalmente hemos hablado de cargas de artillería, de munición, de dinero perteneciente a las compañías, de fusiles y cañones. Sin embargo poca atención le hemos prestado a esos objetos personales que todos ellos llevaban encima y que se perdieron en la inmensidad del Rif. Cartas, fotografías, libros y algunas alhajas fueron apareciendo a medida que se reconquistaban las posiciones perdidas. En algunos casos resultó imposible asociarlas a su dueño ya que no se podían identificar aquellos cadáveres que aparecían completamente desfigurados por los rigores climáticos. A pesar de las dificultades, y gracias a la acción de la prensa, se pudieron reconocer algunos que posteriormente fueron entregados a sus familiares. Aquellos objetos perdidos fueron lo único que la mayoría de familias pudieron recibir. Uno de los casos que apareció publicado y se pudo resolver fue el de un anillo que apareció tres años después del derrumbamiento de la comandancia.

EL ANILLO
El joven capitán no pudo cumplir la orden recibida de su superior. Al mando de su compañía formaba parte del intento de convoy que desde Annual se había organizado atendiendo a las angustiosas llamadas del comandante Benítez. Las tres columnas estaban al frente del teniente coronel Núñez de Prado. Este, ante la imposibilidad del avance, decide enviar al joven capitán para que comunique al coronel Arguelles el fracaso del intento de ayuda. Nuestro capitán pudo llegar hasta el campamento donde el jefe de la circunscripción le ordena que vuelva grupas y comunique al jefe de Regulares que no ceje en el intento. En el camino de vuelta hasta posiciones avanzadas es alcanzado por una bala y muere entre los barrancos que comunican ambas posiciones. Su cadáver queda abandonado y solo. En algún momento uno de los hombres de su compañía desvalija a su jefe de cuanto lleva encima. Se llamaba Carlos Zappino Zappino, tenía veintiocho años y mandaba una compañía de Regulares.

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Capitán Carlos Zappino, muerto en combate el 19 de julio

Un año después de la muerte de Zappino fue juzgado en el cuartel de Santiago Mohamed Ben Amar el Bulador acusado del delito de traición y abandono del servicio. Mohamed era oficial de 2ª de infantería desde el 4 de junio de 1920. Confesó que el 19 de julio de 1921 encontró muerto al capitán de su compañía y le robó todo cuanto encontró en sus bolsillos. Una importante cantidad de dinero y varias alhajas que al parecer entregó al ser detenido. El tribunal fue presidido por el general Palou y actuó de Fiscal el comandante Ramírez. Como defensor del acusado se designó al capitán de artillería Alejandro Velarde. Este intentó sin éxito presentar atenuantes acerca del arrepentimiento de su defendido pero el tribunal rechazó todos sus argumentos. En su contra influyó sin duda el probarse que tras desertar del grupo intervino en la toma de Nador y la matanza de Arruit. Ramírez solicitó la pena capital y el tribunal envió el caso para que lo conociera y aprobara el general Burguete, ya que los casos de traición no iban al tribunal supremo de Guerra y Marina. ¿Entregó Mohamed todos los objetos pertenecientes a Zappino? Parecía que sí pero el tiempo aun depararía un nuevo giro al caso.

En diciembre de 1924, tres años después de la derrota Ricardo Zuricalday Otaola Arana(Bilbao 1877-Bilbao 1969), capitán de Garellano 45, se enteró de la existencia de un anillo que le vendió un rifeño al provisionista del ejercito Ángel Romero. El oficial albergaba la duda de que pudiera pertenecer a alguna víctima de los sucesos de julio y se puso en contacto con el corresponsal en la plaza de ABC.

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Ricardo Zuricalday de Otaola Arana

El sello representaba un escudo de armas que podía facilitar el reconocimiento por parte de la familia. Finalmente el vespertino madrileño incluyó un dibujo del mismo y salió publicado el jueves 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros.

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Dibujo publicado por ABC

Ese día en Melilla se celebraron funelares en recuerdo de cuatro jefes pertenecientes a la 2ª promoción de infantería y que habían caído en combate en el territorio marroquí. Se trataba del general Serrano, los tenientes coroneles González Tablas y Temprano y el comandante Julio Benítez. Junto a esta noticia se reproducía un dibujo en el que se podía ver perfectamente las características del anillo con la esperanza de que fuera reconocido y devuelto a la familia. En la parte posterior del mismo podía leerse: 18-06-1905- 19-06-1909.
Días después se resuelve el misterio del anillo perdido. El capitán Zuricalday recibe una carta de la Sra. Julia Zappino Riquelme donde le indica que tras ver en ABC el dibujo del sello puede afirmar sin duda que se trata del anillo de su hijo Carlos. Para darle aun más verisimilitud al caso le envía una copia del escudo de los Zappinos que por descontado coincidía plenamente con el que le fue robado al capitán.

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Carlos Zappino nació el 28 de mayo de 1893. Era hijo del general Enrique Zappino Moreno (1860-1914) y de Julia Zappino Riquelme. Ingresó en la academia el 28 de agosto de 1909. 2º teniente junio de 1912. Ese mismo año en octubre, junto a su padre entonces comandante general del cuerpo de Inválidos, fueron recibidos por Alfonso XIII. 1er Teniente junio de 1914. Ascendió a capitán el 30 de septiembre de 1918. Tras permanecer destinado en Segovia en el regimiento La Victoria fue destinado en 1921 al Grupo de Regulares de Melilla, que sería a la postre su último destino. La madre del capitán pudo así conseguir recuperar el anillo de su hijo cuando ya parecía imposible poder hacerlo. Imagino que lo debió guardar con el mayor de los cariños hasta su muerte el 4 de enero de 1938.

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Carlos Zappino Zappino 1893-1921

Aquel intento de ayudar a los defensores de Igueriben fracasó y entre las tres columnas españolas se produjo un alto número de bajas. El teniente coronel Núñez de Prado resultó herido. Su substituto en el mando el comandante Juan Romero López de África 68 recibió un balazo que le atravesó un pulmón. Falleció en Annual esa misma noche y pudo ser trasladado y enterrado en Melilla. Entre las fuerzas de Regulares las bajas mortales fueron el capitán Zappino, el teniente Francisco Nuevo Soriano y 6 muertos entre la tropa. Heridos resultaron el capitán José Redondo, con una grave herida de bala que le atravesó el rostro, los tenientes Martínez Roselló y González Guzmán, el alférez Tomasetti y 41 de tropa. Entre los regimientos de infantería se contaron 2 muertos y 21 de tropa heridos o contusos. En el parte del día se destacó al capitán Sabaté y al comandante Alzugaray que al frente de tres compañías de zapadores cooperaron en el difícil repliegue de las unidades.


2011 12 11, 5:55
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EL EJERCITO DE DESAPARECIDOS. INFANTERÍA

El 18 de septiembre de 1922, el diario oficial del Ministerio de la Guerra publicaba la relación definitiva de oficiales de infantería desaparecidos el año anterior durante los meses de julio y agosto de 1921. La escalofriante cifra arroja un balance de 182 nombres. A esta cantidad habría que añadir aquellos cuya muerte se produjo de forma oficial o pudieron ser trasladados y enterrados en la plaza o en lugares identificados.

La dramática relación por unidades sería:

Regimiento de Infantería San Fernando 11:
1 comandante, 11 capitanes, 27 tenientes (5 de ellos pertenecientes a la escala de Reserva) y 15 alféreces (1 de ellos de la Escala de Reserva). Total 54 oficiales. Si tenemos en cuenta que en el anuario militar de 1921 aparecen 108, nos da la terrible cifra de un 50% de muertos a los que habría que sumar los que ya fueron dados de baja a finales de 1921. Especialmente dura fue la mortalidad entre los tenientes de la escala general que prácticamente desaparecieron al completo. En la relación aparecen 22 nombres de un total de 29 en el anuario.

Regimiento de Infantería Ceriñola 42:
1 teniente coronel, 1 comandante, 5 capitanes, 21 tenientes (de ellos 3 de la escala de Reserva) y 8 alféreces. Total 36 oficiales de un total de 103.
Regimiento de Infantería Melilla 59: 1 comandante, 8 capitanes, 14 tenientes (1 de la escala de Reserva) y 9 alféreces. Total 32 hombres de un total de 103 presentes en julio.

Regimiento de Infantería: África 68:
1 Comandante, 8 capitanes, 22 tenientes (3 pertenecientes a la escala de Reserva) y 5 alféreces. Total 36 oficiales de un total de 113
en el anuario de 1921.
En la fatídica relación aparecen dos capitanes en situación de disponibles. Sin embargo en julio aun estaban encuadrados entre los regimientos de infantería. Apolo Lagarde se hallaba al frente de una compañía de África y Luque Pinillos de otra de Ceriñola.
Entre los cuatro regimientos de infantería suman un total de 156 oficiales desaparecidos, de los 430 oficiales destinados en la comandancia, lo que representa un 36,7 % del total.

Brigada Disciplinaria:
3 tenientes.
Compañía de Ametralladoras de posición: 1 capitán y 2 tenientes.
GFRI 2: 2 tenientes (1 perteneciente a la escala de Reserva).
Tropas de Policía Indígena: 3 capitanes, 11 tenientes (2 de la escala de Reserva) y 2 alféreces. Total 16 oficiales de un total de 54 presentes en el anuario.
Ayudante: 1 capitán de la escala de reserva, ayudante en Zeluán.

Desaparecidos por empleos:
1 teniente coronel
4 comandantes
36 capitanes
86 tenientes
38 alféreces
1 capitán ER.
15 tenientes ER.
2 alféreces ER.

Tal número de bajas obligó al ministerio de la Guerra a publicar las reales órdenes del 29 de julio de 1921 y posteriormente otra, el 6 de septiembre. En tales circulares se consideraban caducados o finalizados los permisos y licencias que entonces disfrutaban los jefes y oficiales. Quedaba expresamente prohibido conceder permisos que no fueran debidos a enfermedades o causas plenamente justificadas y debidamente autorizadas por el ministerio a petición del Alto Comisario. En un principio las vacantes se cubrían con los cuadros de eventualidades, en otras ocasiones los oficiales iban destinados en comisión a los regimientos más castigados. En el caso del Alcántara 14, Berenguer solicitó que todos los capitanes que se hallasen en esta situación provisional lo hicieran de manera efectiva para cubrir las necesidades del regimiento.
La mortalidad afectó especialmente a los oficiales subalternos, si mis datos no fallan murieron en combate (incluye desaparecidos y muertos confirmados) un total de 190 tenientes (incluidos 25 de la ER.) de todas las armas y cuerpos:

Escala General de oficiales
Infantería: 111 muertos de 164 presentes en el Anuario de 1921.
Caballería: 13 de 21 en 1921.
Artillería: 18 de 43 en 1921
Ingenieros: 4 de 5 en 1921
Intendencia: 3 de 23
Sanidad Militar: 9 de 34 en 1921
Veterinaria: 5 de 7 presentes en 1921
Armada de guerra: 1
Farmacéutico: 1 de 9 en anuario 1921.

Academia de Infantería
Entre las promociones de infantería se produjeron las siguientes bajas:
Promoción ingreso: 09- 1910: 2
Promoción ingreso: 09- 1911: 5
Promoción ingreso: 09- 1912: 10
Promoción ingreso: 09-1913: 20
Promoción ingreso: 09- 1914: 40
Promoción ingreso: 09- 1915: 30
Promoción ingreso: 09- 1916: 4


Tenientes Escala General de Reserva
Infantería: 17 muertos de 69 en anuario 1921.
Caballería: 4 de 7 en 1921.
Artillería: 3 de 14 en 1921.
Ingenieros: 1 de 7 en 1921.
Total: 25


ALFERECES MUERTOS EN COMBATE
Infantería: 52 (1 ER.)
Caballería: 5
Artillería: 3 (ER.)
Ingenieros. 2 (ER.)
Intendencia: 1(ER)
TOTAL: 62

Los alféreces pertenecían a las promociones que ingresaron en la academia en 1916, 1917 y los más jóvenes que se graduaron en verano de 1921, pertenecientes a la promoción de 1918. El honor de ser el más joven caído en el desastre le tocó al alférez de San Fernando José del Pino Serrano, su vida quedó truncada con tan solo 20 años. Los oficiales más jóvenes eran Carlos Navarro Morenés (hijo del general Navarro) y José Guedea Millán Astray que aun no habían cumplido los veinte años. Guedea era sobrino del entonces teniente coronel Millán Astray. El joven oficial pudo escapar con vida al hallarse junto a la posición de Izzumar y se replegó junto a su sección (6ª/II Bon C42) pudiendo llegar con bastantes bajas hasta la plaza integrados en la columna que mandaba el capitán Almansa (columna móvil Cheif). Su carrera militar fue completa, luchó en la guerra civil y posteriormente siendo comandante en la División Azul. Se hallaba al frente del 3er Bon del 262 regimiento de infantería. El alférez Navarro (GFRI 2) pudo escapar con vida y continuó su carrera militar. En 1936, siendo capitán, fue detenido junto a su padre y juntos fueron fusilados en aquellos sangrientos días de noviembre en Paracuellos.

Bibliografía:
Diario oficial del Ministerio de la Guerra. 18 de septiembre de 1922.
Anuario Militar 1921

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2011 12 11, 6:19
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OFICIALES MÉDICOS

A finales de los 80 fijamos nuestra residencia en Palma de Mallorca. No llamó mi atención el nombre de la calle donde vivíamos hasta un día que, paseando, me picó la curiosidad y traté de descubrir quien era el tal José Rover Mota.
En el ayuntamiento de Palma me informaron que era un médico muerto en Marruecos en julio de 1921. Debido a su origen insular el consistorio había decidido poner su nombre a una pequeña calle que desembocaba en el cuartel de Ingenieros sito en las Avenidas.
Desde entonces despertó en mí la pasión por saber y entender que ocurrió aquel año en Marruecos. Han pasado ya muchos años y poco más he podido descubrir sobre la vida de aquel joven Teniente Médico, pero sí he avanzado mucho en mis conocimientos acerca de aquellos luctuosos hechos. Aunque de manera lamentable existen y existirán incógnitas que nunca podremos averiguar.
Hoy quiero recordar a todos aquellos médicos que formaban parte de la Comandancia de Sanidad Militar. En el artículo que acompaña esta narración me limito a nombrar a todos los oficiales por empleos y destinos. En este intentaré aportar algún dato sobre aquellos hombres. Tanto los que se hallaban en hospitales como aquellos otros jóvenes oficiales que desarrollaban su labor en el campo junto a los soldados.

Francisco Triviño Valdivia, jefe de la Comandancia de Sanidad de Melilla, médico, periodista, escritor, militar y al parecer gran conocedor de los usos y costumbres del protectorado. Nació en 1861. Ingresó en el ejército en 1887 y obtuvo el empleo de médico un año después. En 1889 destinado en Melilla es uno de los médicos que atienden al General Villacampa, que tres años antes había protagonizado el último golpe de estado del Siglo XIX. En 1901 obtiene el empleo de Médico Mayor y en 1909 le encontramos destinado en la legación Española de Tánger. Es autor de un gran número de libros entre ellos: 1900, “Apuntes Del Magreb”, 1903, “Cinco años en Marruecos (apuntes de un médico)”. 1920, “Del Marruecos Español, notas políticas, militares, financieras, agrícolas, de comercio e industrias, estadísticas y cuadros de vida y costumbres”. 1926, “Los del Tercio en Tánger” e “Intimidades de Marruecos” conjunto de textos sobre Marruecos, escrito junto a los también médicos Felipe Ovilo Canales y Adolfo Ladrón de Guevara. Recientemente reeditado por Francisco Javier Martínez Antonio-ed. Miraguano editores-.
Se casó con María Sánchez y fruto del matrimonio nació en 1895 su hijo Gracián, quien en 1921 compartía destino con su padre. El Teniente Triviño que se hallaba al frente de la enfermería de Avanzamiento, pudo escapar de la vorágine y continuar su carrera militar. Estoy convencido que el Coronel Triviño mantuvo una estrecha relación con Tánger. Descubrí una reseña en un periódico en la que informaba que él y su mujer eran los padrinos de boda de Rafael Feldman-gerente de Italcable- y María Jiménez Gómez. Le ceremonia se celebró en la parroquia del Sagrado Corazón de Tánger, en 1930.
En diciembre de 1921, fue sustituido al frente de la Comandancia por el Coronel Médico Puig Cristian. Se publicó que la causa fue un discurso del diputado Nogués, en el cual denunciaba problemas derivados del desenterramiento del cuerpo de un cabo del regimiento del Rey al que se le debía embalsamar. No se llevó a cabo, contraviniendo aspectos legales.
Ya en 1925 ascendió a Inspector de 2ª (General de Brigada), aunque en otras fuentes se le atribuye el ascenso en marzo de 1924.

En el segundo grupo de hospitales encontramos a un jefe que formó parte de aquellos Últimos de Filipinas. El Comandante Rogelio Vigil de Quiñones. Nacido en Marbella en 1862 y que tras su conocida experiencia en Filipinas, pasa diferentes etapas de su vida militar en Marruecos. En 1909-en el Bon de Cazadores de Cataluña-. En 1913 en Larache- en Bon de Cazadores Alfonso XII-. Y ya como Comandante médico-ascendió en 1918- a la Comandancia militar de Melilla.

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Primero se hace cargo del Hospital de campo del Zoco del Telatza, cuya construcción fue responsabilidad del teniente Coronel Fernández Tamarit. Poco antes del desastre fue nombrado jefe del hospital de evacuación de Dar Drius. Hasta 1923 permaneció en diferentes hospitales de Melilla. Tras su retiro fijó su residencia en San Fernando donde murió en 1934, siendo posteriormente trasladado su cadáver al cementerio de la Almudena.
Imaginemos la avalancha de heridos que debieron llegar aquellos días a los diferentes hospitales. No puedo aportar cifras de asistencia, pero sin duda tuvieron que ser muy elevadas, llevando a los centros al colapso y a la necesidad de ampliar las instalaciones y de abrir nuevos hospitales. Tanto para atender los heridos en el desastre como a aquellos que se produjeron en los primeros días de la reconquista.

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A medida que nos alejamos de la protección que ofrecía la plaza se empieza a notar los efectos mortíferos entre los oficiales. Encontramos Capitanes médicos tanto en regimientos o Comandancias como en consultorios y enfermerías.

Teófilo Rebollar era médico militar desde 1914. En julio se hallaba destinado en el Regimiento mixto de Artillería. No lo puedo precisar pero podría haberse hallado en Annual el 22 de julio, debido al gran número de baterías de su regimiento allí presentes y correr la trágica suerte de la columna Navarro hasta su llegada a Monte Arruit.
En su caótica enfermería curó sin medios, instrumental ni medicinas, las heridas de muchos soldados y oficiales. Siendo uno de los encargados de amputar el brazo del Teniente Coronel Primo de Rivera.
Resulta impensable imaginar aquella intervención sin anestesia ni instrumental quirúrgico. Comenté con mi cuñada -cirujana traumatológica- cuales eran las posibilidades de salvación del Teniente Coronel, ninguna, me dice.. Dura labor la de los médicos en Arruit, muy dura. No menos que el sufrimiento de aquellos hombres. Finalmente ni su condición de médico le salvó a Teófilo Rebollar de ser ejecutado el 9 de agosto. Tan solo uno de los oficiales médicos que se reunieron en Arruit pudo escapar con vida de la masacre.
Entre los oficiales que aparecen como presentes en Annual el 22 de julio figura el Capitán Juan Pérez Ruiz Crespo, médico de Ceriñola 42 y a las ordenes del Teniente Coronel Marina -jefe del Bon-. Pérez pudo escapar con vida y llegar hasta Melilla. Imagino que partió el día anterior en algún convoy con heridos.
No tuvo tanta suerte su compañero de promoción el Capitán Víctor García Martínez, que en el anuario figura como destinado en la Comandancia militar y que el 22 de julio se hallaba al frente del hospital de evacuación de Dar Drius en sustitución del Comandante Vigil de Quiñones. Víctor tenía un hermano, Modesto, también médico, ocho años más joven y que era uno de los galenos del Alcántara 14. Ambos sucumbieron en la retirada de Tistutin a Monte Arruit. Se ha escrito que cuando se recuperó la posición en octubre, sus cuerpos aparecieron juntos. Otras fuentes citan que no fue así. En todo caso es otra de esas tristes historias de hermanos que generó el desastre y que merecerían un monográfico. Víctor era miembro del Ateneo de Melilla, como también lo fueron Félix Arenas y Leopoldo Aguilar de Mera. A todos ellos el consistorio de la ciudad quiso dedicar calles en su honor.
Otro capitán que falleció fue José Espinar Rull. Este era responsable de la enfermería de Monte Arruit, y allí pereció a los 29 años, junto a su compañero Rebollar con el que tan solo se llevaba unos días. Encontré meses después una reseña en La Vanguardia que citaba que su cuerpo fue uno de los que se pudieron reconocer tras la reconquista de Arruit.
Sobre el Capitán Perís Torres, Juan Pando, relata con precisión su poco digna conducta en Sammar -donde se hacía cargo del consultorio-. Tras su huida de la posición permaneció unos días prisionero junto al Teniente de Policía Sanz Andréu, el Oficial 2ª Luís Sánchez Manzanera y el intérprete Antonio González. Finalmente tuvieron la suerte de ser liberados y pudieron volver a Melilla. La traición del Capitán Perís no quedó impune y fue condenado a un año de prisión con pérdida de empleo. Pudo continuar su carrera y se especializó en 1930 en Higiene. Concretamente en Higiene y servicio de Desinfección. Siendo Comandante en 1936, permaneció fiel a la República y esta le promovió al cargo de Jefe de Sanidad Militar de la III Región Orgánica. El Boletín del ministerio de Defensa publicó su nombramiento y su ascenso a Teniente Coronel en junio de 1937. Posteriormente pierdo su pista e ignoro si se exilió o fue depurado.

La policía Indígena contaba entre sus efectivos con cinco Tenientes Médicos. Uno de ellos se hallaba con las Mias en Annual el 22, otro en Buymeyan, un tercero en el Zoco de Telatza y de los dos restantes no podré aportar datos sobre su destino, ya que no he conseguido encontrar información entre las fuentes de las que dispongo

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Joaquín D’Hacourt Got nació en Cuba en marzo de 1896 y era hijo del entonces Capitán de Caballería Rafael D’Hacourt Moriones. Su carrera militar comenzó en 1918 al ingresar en la academia de Sanidad. Le tocó vivir el duro trance de la desbandada de Annual y lo hizo con su Coronel y la PMM. De nuevo cito a Juan Pando que describe los hechos casi al minuto. Posteriormente declaró que no pudo cumplir con el compromiso de rematarse entre ellos si caían heridos. Ninguno de aquellos oficiales que sorteaban las cuestas del Izumar se atrevió a dar el tiro de gracia al Coronel Morales y allí quedó muerto el viejo coronel. Podemos discutir si faltó a su palabra o no, aunque para ser justos hay que decir que no era el único oficial que se hallaba junto al jefe de policía. En todo caso D’Hacourt consiguió llegar hasta la plaza junto al Capitán Sabaté y salvar el pellejo. De lo que no podemos dudar fue de su posterior carrera médica que le llevó a convertirse en un importante cirujano y traumatólogo. En 1927 forma parte -ya como capitán- de la comisión Española que asiste al Congreso Internacional de Navegación Aérea que se celebró en Roma. La delegación española era comandada por el Teniente Coronel Emilio Herrera Linares. D’Hacourt, junto al también médico Hélices presentó una memoria sobre” El Mal de los Aviadores”. Al estallar la guerra civil se alinea por convicción ideológica con la República y en octubre de 1936 es ascendido a comandante. Y, en junio de 1937 a Teniente Coronel. Antes de acabar este año pierde a su hermano Miguel, quien es dado de baja por fallecimiento en combate. Durante la contienda desempeñó importantes cargos: Jefe del Hospital Militar de Barcelona, Jefe del Hospital militar de Madrid-Carabanchel y Jefe de los Servicios Quirúrgicos del Ejército Republicano. Al finalizar la guerra se exilia a México, donde continúa su carrera, fundando primero la Clínica Benéfica Hispana y siendo nombrado además profesor de la Escuela Médica Militar y de la Universidad Autónoma (Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2009). Fue también fundador y presidente del Ateneo Español de México. Entre sus publicaciones destacan: “Enciclopedia Manual de Ciencias Médicas”, “Traumatología Quirúrgica general y especial”, “El problema de los Inválidos de Guerra”, “Fundamentos y Generalidades de la Cirugía de las articulaciones”, etc. Murió en 1970 a consecuencia de un Carcinoma de Próstata.

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A poca distancia de D’Hacourt , en Buymeyan, se hallaba el Teniente Vázquez Bernabéu. La orden de repliegue sobre Annual no se puede cumplir y son hechos prisioneros y trasladados a Axdir. Anteriormente ya se había ganado el derecho a ingresar en la orden de San Fernando, por su brillante actuación en la famosa Loma de los Árboles. Aun aumentaría su fama al escapar de la guarida de El Jatabi y dar un tremendo susto a los centinelas del Peñón.. Se le concedió la CLSF por R.O. de 26 de mayo de 1924. El instructor de la causa fue el Comandante Fernández Alarcón. En julio de 1924 sus compañeros le regalaron las insignias de la Laureada que le entregó el Coronel médico Eduardo Coll en la Comandancia de Melilla. El acto oficial de entrega se llevó a cabo en Drius aprovechando la visita de Primo de Rivera. Por más que lo he intentado no he podido averiguar cuando fue fusilado y donde pudiera hallarse su cuerpo. Pocos datos existen de los ejecutados por la incontrolada actuación de los milicianos republicanos. Posiblemente se halle en alguna de las fosas comunes del cementerio de Paterna, cerca del balneario donde recuperaba su quebrantada salud. No se tiene constancia de que hubiera participado en los preparativos de la conspiración. Hoy en día, el Hospital Militar de Valencia lleva su nombre y una placa conmemorativa recuerda su gesta. Tengo que reconocer que la placa no guarda un rigor absoluto con la realidad. Menciona que Vázquez obtuvo la laureada por la acción de Buymeya. En realidad la acción ocurrió en la Loma de los árboles el 16 de junio. A pesar de este error hay que reconocer el mérito de no olvidar al compañero.

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Miguel Palacios Martínez- 30-04-1895-, se hallaba el 22 de julio en el Zoco Telatza, formando parte de los efectivos de la 9ª Mia que mandaba el Capitán Alonso. Consiguió escapar y llegar a zona francesa y posteriormente a Melilla. Continuó su carrera militar a la vez que incrementaba su compromiso ideológico con la izquierda. Fue fundador de la UMA(Unión Militar Antifascista), que a finales de 1934 se fusiona con la UMR(Unión Militar Republicana) formando la UMRA(Unión Militar Republicana Antifascista). Antes de la caída de Primo de Rivera conspiro contra el régimen y entró en contacto con miembros de la CNT y otros grupos de ideología anarquista. Al estallar la sublevación se hallaba destinado en el Parque Central se Sanidad Militar y rápidamente se ofrece al gobierno para sofocar el golpe. En noviembre asume el mando de la 39ª Brigada Mixta y en abril del 37 se le confiere el mando de la 5ª División. Un mes después se le asciende a Teniente Coronel. También ostentó, en mayo del 38, el mando del XVI Cuerpo de Levante. Al finalizar la guerra se exilio, aunque se sabe que años después volvió a España y fijo su residencia en Madrid.

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2011 12 11, 6:22
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Oficiales Medicos

Sobre los otros dos oficiales médicos de Policía Indígena-Roig Padro y Vidal Portela-, no he podido encontrar datos que nos indicaran su destino y participación en los hechos. Tan solo aportar algún dato personal.
Jaime Roig nació en Reus el 10 de enero de 1896. Obtuvo el empleo de Teniente Médico en enero de 1920. En el anuario de 1921 figura como destinado en la policía Indígena, aunque al parecer en agosto cambia de unidad y ejerce en uno de los hospitales de la plaza hasta mayo del año siguiente. En julio le encontramos entre los miembros del batallón expedicionario del regimiento Covadonga, donde permanece hasta su ascenso a Capitán en 1925. En su ciudad natal desarrolló una importante labor cultural, fundando en 1934 el Centro Cultural de Lectura. Se mantiene fiel a la República y en julio de 1936 es nombrado Director de los Servicios de Evacuación y en 1938 Director General de Asistencia Social. Ese mismo año recibe la Medalla del Deber. Al finalizar la guerra pierdo su rastro e ignoro qué fue de él. Antes del desastre estos dos oficiales cambiaron de destino. Roig pasó al grupo de hospitales y Vidal fue enviado al Peñón de Vélez. En sustitución de ellos se incorporaron dos jóvenes tenientes recién licenciados. Wenceslao Perdomo Benítez fue destacado a Azib del Midar, donde tenía su cabecera la 14ª Mia. El 22, salió de la posición para atender al teniente de artillería Juan Ases Lahoz, que había sido herido en la vecina Issen Lassen. Allí mueren ambos antes que se pudieran retirar en dirección a Cheiff. El teniente Miguel Fernández Andrade fue enviado a Dar Mizziam, cabecera de la Mia. Evacuaron a Drius el 23 y posteriormente hasta Monte Arruit donde fue dado por desaparecido. El testimonio del teniente Peña le sitúa en Arruit hasta el día de la capitulación. Estos dos oficiales ni tan siquiera aparecen en el Anuarios. Únicamente encontramos sus nombres entre los alumnos de la academia de Sanidad militar en 1921. Al año siguiente son dados por desaparecidos.

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La columna del regimiento del África 68 estaba al mando del comandante Andrés Piña, y el galeno de la misma era Enrique Videgain Aguilar(23-11-1892). Fue este regimiento, su primer destino desde que salió de la academia en enero de 1920 y, a la postre el único que figura en su hoja de servicios. Se le dio por desparecido tras la capitulación de Arruit.
Compañero de promoción del anterior era José Salarrullana Alabert. Figuran uno tras otro en el escalafón, aunque este último prestaba sus servicios en el Mixto de artillería. Fue herido en el cuello mientras se encargaba de la evacuación de los heridos en la sección automovilística. Finalmente pudo escapar con vida de aquel matadero y llegó a la plaza donde se recuperó de sus heridas. Continuó su carrera militar alcanzando el generalato.
La columna de San Fernando al mando del Tte. Col. Pérez Ortiz (III Bon) disponía de un total de cinco compañías en Annual. La sanidad la prestaba el teniente Miguel Cadenas Rubio, recién salido de la academia y en su primer destino como médico militar. Había nacido en Úbeda y se había graduado como médico en la madrileña Universidad de San Carlos en 1920. En la fatídica lista de Picasso figura como desaparecido aunque por suerte para él no fue así. Su nombre siguió apareciendo en los anuarios y continuó su carrera militar. En 1936 se mantiene fiel a la república y pasa al servicio de aviación donde asciende a Mayor Médico en julio de 1937. Años después, en 1945, es juzgado por Servicio de ejecutorias del tribunal para la represión de la masonería y el comunismo. Fue condenado por Masón a la pena de 12 años de reclusión menor con la accesoria de inhabilitación total para cualquier cargo público. Fueron muchos médicos depurados que habían sido profesores en San Crlos, Cadenas lo fue aunque se hallaba en busca y captura. En el expediente se menciona que era soltero y vecino de Tetuán.

En las columnas móviles que se hallaban repartidas en las diferentes circunscripciones también figuran oficiales médicos. En Quebdani, en la columna que mandaba el coronel Araujo, encontramos a un joven médico Fernando Serrano Flores. Se había incorporado a su primer y único destino en febrero de 1920. Pudo escapar a la carnicería ileso y, como su jefe, fue llevado hasta Axdir. Serrano había nacido en Valencia en el seno de una humilde familia que tuvo que costear la carrera del hijo gracias a “La Caridad”(sic). Tras la fuga de Vázquez Bernabéu, en septiembre de 1921, quedó como el único médico entre los prisioneros. No fue la suya una historia con un final bonito. Murió en cautividad a consecuencia de una enfermedad contagiosa. Consciente de su patología dejó como encargado de la sanidad al Teniente de Alcántara Troncoso, a quien ayudaba el Sargento Basallo. Tiempo después, en mayo de 1923, el Rey visita el campamento de Paterna (Valencia) en compañía del Capitán General Milans del Bosch. Ambos inauguran un monumento a la memoria del teniente de artillería Cortina Rico (muerto en Arruit). Tras este acto se informa al Rey que entre el público figuran los padres del teniente Serrano a quienes acompaña el doctor Sanchís Bergón (presidente de la federación nacional de colegios de médicos). El doctor Sanchís pide a S. M. que le sea concedida paga a favor de los padres, como si Serrano hubiera fallecido en campaña. Sanchís tenía un gran conocimiento del ejército, había sido militar y su padre fue general de Sanidad militar. Sabía que no era justo que fuera denegada la pensión, así que tenía que tocar la fibra del monarca para que este intercediera ante el gobierno. Alfonso XIII no puede contener la emoción mientras aquellos pobres padres se dirigen a él implorando la gracia real. Con los ojos arrasados en lágrimas el monarca les promete interesarse por el tema y entrega mil pesetas al padre y dos mil a la madre. En el mismo acto reciben un importante donativo algunos soldados valencianos que habían quedado inútiles en la campaña. Hoy en día aquellos inválidos de guerra aun acompañan al teniente Serrano. En la calle que lleva su nombre en Valencia está la Asociación cultural de inválidos militares de España.
Lejos de Quebdani, en el Zoco Telatza, acampaba la columna móvil del regimiento de África 68 al mando de Saturio García Esteban. La unidad sumaba un total de 700 hombres, aunque en la circunscripción eran en total 1566 hombres. El médico de la columna era el teniente Juan Pereiro Coutier (26-04-1893). Compartía funciones médicas con el teniente de policía indígena Palacios. Pereiro no tuvo tanta suerte como su compañero y pereció en aquella retirada sobre zona francesa el 25 de julio. Su misma suerte corrieron 1000 compañeros más.

En Cheiff, el 22 de julio se hallaba José Rover Motta. Tal y como me dijeron en el ayuntamiento de Palma, nació en esa ciudad el 6 de noviembre de 1891. Antes de incorporarse a la compañía de Sanidad Mixta había sido médico de Melilla 59. La columna móvil allí asentada disponía de un batallón al mando del Tte Coronel de San Fernando Romero Orrego. El 23 por la mañana evacuan en dirección a Drius. En la retirada muere el jefe de la unidad y otros muchos soldados. El resto se incorpora a la columna Navarro. Días después, en Melilla, el capitán Almansa realiza un recuento de supervivientes. 6 oficiales, 2 cabos y 28 soldados, del resto no se supo más. En total 567 bajas, un 94% del total. Rover Mota murió en Monte Arruit. Su sacrificio se recuerda en Mallorca, donde tiene una calle dedicada a su memoria. Y también en Valencia, cerca de la ciudad de las ciencias, donde una pequeña vía lleva su nombre.

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En Ben Tieb, cuya guarnición mandaba el Capitán de San Fernando Lobo, se hallaba un hospital de evacuación instalado el 14 de julio. Al frente del mismo, estaba el teniente Felipe Peña Martínez, quien prestaba sus servicios en el regimiento desde el primero de marzo del año anterior. El 22 de julio, junto al resto de oficiales presentes (capitanes Querejeta, García Andujar y Tenientes Camps y Toro), observan la desbandada procedente del campamento general y dudan. Dudan tanto que finalmente Lobo toma la decisión ya conocida de abandonar la importante posición y evacuar rumbo a Dar Drius. Peña se encuentra cerca de Ben Tieb a su compañero, el médico D’Hacourt a quien acompaña el capitán Sabaté con quienes llega a la cabecera a las 18,00 horas. Poco después parte dirección a la plaza un convoy de heridos, posiblemente D’Hacourt fue el médico elegido y salva así la vida. A partir de este momento Peña y sus compañeros de Ben Tieb siguen las visicitudes de la columna Navarro hasta su llegada a Monte Arruit, donde es herido en la cabeza el día 28 de julio. Tras la capitulación, todos los oficiales presentes en Ben Tieb pasan a formar parte del ejército de desaparecidos. Días después, Felipe Peña aparece en la plaza y relata que fue hecho prisionero y trasladado cerca de Segangan, donde pudo negociar su libertad y volver a Melilla. Se convirtió así en el único oficial superviviente de Ben Tieb. El único médico que escapó con vida de Monte Arruit y el único componente de la Comandancia de Sanidad militar cuya declaración aparece en el expediente Picasso.

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En Afrau, cuya guarnición mandaba el Cordobés Gracia Benítez y posteriormente Vara de Rey, otro teniente fue dado por desaparecido en combate. Juan Bercial Esteban tuvo un destacado comportamiento e incluso fue propuesto para la Laureada. En el Anuario figura como médico del hospital del Peñón, aunque en julio formaba parte del regimiento de Ceriñola. Murió mientras atendía a un sargento de infantería. Finalmente no prosperó el juicio contradictorio y se le denegó la Laureada. Tenía 26 años cuando murió en combate. Quien sí obtuvo la laureada por su comportamiento en Afrau fue el cabo de Ceriñola Mariano García Martín. Fue el primer laureado tras el desastre. En su honor encabezo este blog con una fotografía del pergamino de concesión de la cruz. Gran parte de la guarnición de Afrau pudo ser evacuada por los barcos de la armada.

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La otra posición que se asomaba al Mediterráneo era Sidi Dris donde 300 hombres al mando del comandante Velázquez resistieron un infierno antes de sucumbir el día 26. Al frente de la sanidad estaba otro de esos jóvenes médicos recién graduados. Luís Hermida Pérez pudo contar para dar asistencia con la ayuda de enfermero civil. Santiago Domínguez me ha enviado este inédito dato. Julio Jiménez Marani ayudaba en sus labores al teniente Hermida. Dando asistencia a los más de trescientos defensores y corrieron la misma suerte que la gran mayoría de ellos. Murieron entre aquellos riscos y sus cadáveres fueron a parar a una de las fosas comunes cavadas por los prisioneros españoles. Julio Jiménez, igual que el teniente Serrano fue objeto de una injusticia por parte del gobierno, ya que este denegó a su padre la pensión que este demandaba por morir en combate. La respuesta fue:
"Considerando que el servicio prestado por el personal de enfermería es del todo eventual, pudiendo serlo por días y hasta por horas, sin más derecho que el percibo del jornal que tenga señalado, el Rey (q.D.g.) de acuerdo con lo informado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina, se ha servido desestimar la solicitud del recurrente, pues su derecho se limita a que le sean de aplicación, los preceptos de la Ley de Accidentes de trabajo o a optar a la pensión que pueda corresponderle, con arreglo al Real Decreto de las Cortes de 28 de octubre de 1911, previa justificación de ese derecho".
Julio no mereció la pensión por ser eventual, pero su entrega no fue ocasional. Murió en combate y la fría injusticia burocrática se cebo con su familia.

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De la enfermería de Zeluan se encargaba el teniente Fernando González Gamonal (22-04-1897). La mortalidad entre los defensores fue altísima y el médico de la misma no escapó a ese destino. Su cadáver quedó entre aquel ejercito de esqueletos que jalonaban la comandancia. Tras la reconquista fueron reconocidos los cadáveres de algunos oficiales, entre ellos se hallaba el del teniente González. Recibió sepultura en el cementerio de Melilla el 22 de octubre. El acto fue presidido por el Coronel Triviño. Fue el primer oficial muerto en combate de la comandancia de Sanidad que recibió digna sepultura. Subsano hoy un error que tuve al publicar la relación de oficiales, y recuerdo al Farmacéutico 2º Manuel Miranda Román-10-10-1899-. Miranda compartía destino con su anterior compañero y también cayo defendiendo a sus heridos el 3 de Agosto. Su cuerpo no apareció al recuperar la posición.


2011 12 11, 6:24
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
Un superviviente de Sammar

Hace días contactó conmigo Teresa Hernández. Solicitaba información sobre la suerte que corrió su abuelo durante el desastre. Cumplió su servicio militar en el regimiento Melilla 59. El 22 de julio se hallaba en Sammar.
En principio mi intención era editar una reseña, recordar su sacrificio, los miedos que le acompañaron durante toda la vida y honrar su memoria. Finalmente solicité a Teresa que fuera ella quien escribiera esa semblanza. Este es el resultado. Espero y deseo que os guste tanto o más que a mí.
Gracias Teresa.

In Memoriam

"Ver llorar a un anciano de 98 años por algo que vivió 77 años atrás es algo que impresiona. Cuando mi abuelo paseaba la vista por las hojas del libro sobre Annual que siempre tenía cerca, sus ojos se volvían acuosos y, en ocasiones, ocurría que sus lágrimas humedecían aquellas páginas ajadas y amarillentas. A veces subrayaba algo con tinta roja, otras no, se limitaba a mantenerlo cerrado entre las manos mientras permanecía adormecido. “Esta noche he vuelto a soñar con África, me han despertado los tiros”, decía al levantarse de la cama renqueando en dirección al baño.

No entendíamos aquella fijación por una guerra zanjada tanto tiempo atrás y nos ignoraba cuando le pedíamos que abandonara aquella lectura y recurriera a otras más agradables. “Vosotros no lo vivisteis”, repetía, y tenía razón. Apenas sabíamos de ella ni de los piojos que le invadieron el cuerpo, tampoco del pánico a morir atrozmente para luego ser alimento de los buitres o de la pena al oír el último jadeo de un amigo; ni siquiera caímos en la cuenta de su decepción ante las traiciones inadmisibles o de la inmensa sed que sufrió en aquella tierra árida.

Pedro Hernández se salvó durante la toma del puesto de Sammar dejándose caer rodando por una ladera mientras oía los silbidos de las balas alcanzar a sus compañeros. Llegó a la playa y de algún modo a Melilla, y más tarde soportó en Madrid los estragos de la Guerra Civil. Vivió mucho tiempo, casi llegó a centenario. Pero ni un solo día dejó de recordar el verano de 1921."

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Pedro Hernández Cabrerizo (1898, Rabanera del Campo – 1996, Madrid)
Miembro de la 3ª compañía del 1er batallón en el Regimiento de Infantería “Melilla 59” durante los años 1920-1922. Tuvo dos ascensos y se licenció con el grado de Sargento.
Las fotografías fueron tomadas en 1920 y enviadas a la que fue su novia. En el centro, un amigo suyo nacido en Logroño, a su izquierda un compañero muerto durante una de las campañas.
Teresa Hernández, julio de 2009.

SAMMAR

Jefe: Tte. Juan Marco Mir M59
Fuerzas: 1 Sección de la 3ªCia/I Bon de M59, Tte Marco y 31 Hombres. Policía Indígena, 44 soldados al mando del Tte. Sanz Andréu, de la Cdcia. De Art. 1 Cabo y 4 hombre que servían 4 piezas Krupp de 8 cm.
Dispensario Médico al mando del Cap. Peris Torres
Total: 3 oficiales y 80 Soldados.
Pérdida: Capitulación 24-07.

Supervivientes de Sammar:

Cabo M59 Mario Hidalgo Hidalgo
Cabo M59 Higinio Marion Real
Soldado M59 Pedro Hernández Cabrerizo
Soldado M59 Francisco Calatayud
Tambor Ángel Torres
Cabo Cdcia Art. Prado (Jefe Art.)

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Oficiales en Sammar

Teniente Infantería Rgto. M59 Juan Marco Mir. F/Nto. 27-03-1895 f/Ing. 29-08-1913. Alférez 23-06-1916. Teniente 23-06-1918. Anteriormente había servido en el Rgto. Inf. Príncipe 3. Su cuerpo fue recuperado en mayo de 1922 y trasladado a Melilla. El juicio contradictorio para concederle laureada le resultó desfavorable.
Teniente Infantería ER Policía Indígena: Ricardo Sanz Andreu. F/Nto. 11-09-1889 F/Ing. 26-11-1906. Era teniente desde el 01-07-1919. Tras la investigación del general Picasso fue encausado y condenado, pero eludió la acción judicial al escapar del fuerte María Cristina de Melilla en febrero de 1923. La prensa de la época publicó que la fuga fue organizada por un antiguo intérprete y oficial 2º de policía de apellido Mateos. Parece ser que huyó disfrazado de legionario y en coche hasta Orán. Allí se presentó al cónsul americano y le confesó su verdadera identidad. A pesar de publicarse que llegó a ser detenido, logró escapar y emigrar a Cuba donde le habían encontrado ocupación. Su abogado defensor, el Comandante Sánchez Ledesma, declaró desconocer los planes de evasión de su defendido.
Capitán Médico Manuel Perís Torres. F/Nto. 01-01-1888. F/Ing. 25-02-1914. Capitán médico desde 18-03-1919. Condenado a un año de prisión con accesoria de pérdida de empleo.

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A Pedro Hernandez Cabrerizo.


2011 12 11, 6:26
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Mensaje sin leer De Amberes al Rif. El teniente olímpico.
De Amberes al Rif. El teniente olímpico.

Este verano se cumplirán noventa años desde la celebración de los juegos olímpicos de verano en Amberes. La VII Olimpiada fue el primer gran evento deportivo mundial tras la gran guerra. La organización quiso dedicar la competición en honor a los heridos en la contienda y recordar el sacrificio de los soldados belgas.

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Tras la tremenda conmoción producida por la durísima guerra, las olimpiadas se convirtieron en un aliciente para afrontar la recuperación. Fueron bautizadas como los “Juegos de la paz”. Alemania, que tenía que haber organizado los juegos de 1916, no fue invitada a participar. Tampoco lo fueron Austria, Hungría, Polonia, Bulgaria y Rusia. Los intentos de reconciliación del comité olímpico fracasaron ya que los gobernantes se negaron tajantemente a permitir su participación. Las heridas tardarían aun un tiempo en cicatrizar.

Amberes, agosto de 1920

A pesar de la penuria económica del momento los belgas habían podido acometer la organización y construyeron un estadio con un aforo de 30.000 espectadores. La ceremonia de inauguración se celebró en dos actos. En el primero, una ceremonia religiosa, se honró la memoria de los deportistas muertos en la guerra. En el segundo y ante la mirada del rey Alberto I los atletas de los veintiocho países juraron:

"Juro que nos presentamos a los Juegos Olímpicos como competidores leales, respetuosos del reglamento que los rige y con el deseo de participar con espíritu caballeresco para honra de nuestros países y para gloria del deporte".

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Por primera vez en la historia todos los deportistas participantes en una olimpiada entonaron el juramento olímpico. Bajo sus cabezas ondeaba, también por primera vez, la blanca bandera de los cinco aros. Entre aquellos 2741 atletas, 58 miembros de la delegación española. Y, entre estos, un joven teniente de infantería que tan solo un año después engrosaría las listas de muertos en el desastre. Jaime Camps Gordón, el teniente olímpico.

Jaime Camps Gordón.

Nació en San Sebastián el 28 de febrero de 1896. Era hijo de José Camps San Feliu y Mercedes Gordón García Robles. Tras superar las pruebas de acceso ingresa en la academia de infantería en agosto de 1912. En Toledo permaneció durante casi tres años. En su último curso coincidió con su hermano Francisco que también eligió la carrera de armas. Ese año la promoción recibió la visita de la Reina Victoria Eugenia. En un acto en el patio y ante cadetes y profesores la soberana hizo entrega de una bandera española al coronel director Enrique Marzo Balaguer. La soberana dirigiéndose a los cadetes les instó a ser dignos herederos de la historia y sacrificio de la infantería. Cumplieron con creces, y muchos de aquellos bisoños oficiales compañeros de Jaime Camps murieron en combate. Compañeros de promoción eran Vicente Camino, Ramón Mille, Núñez Cabaleiro, Bernardo Lazcano y otros que como él, pasarían a formar parte del ejército de desaparecidos. Duro tributo para aquellas promociones de jóvenes.
En junio de 1915 se gradúa con el empleo de 2º teniente y su primer destino será el regimiento de infantería de Burgos 36 de guarnición en León. Este será su destino más prolongado, ya que permanece en la capital castellana hasta finales de junio de 1919. Durante esta etapa participa en el despliegue de su regimiento durante los sucesos de 1917. Entonces mandaba el regimiento el coronel José Sánchez Melgar. Asciende a 1er teniente por antigüedad el día de San Juan de 1917. Por RO de 29-06-1919 es destinado al regimiento de Sicilia 7 en su San Sebastián natal. La unidad heredera del viejo tercio de Sicilia que intervino en la batalla de Lepanto tiene su ubicación en el cuartel de San Telmo donde luce su viejo lema.” Viejo Tercio que cubres de gloria nuestra España que es patria y hogar. Eres el Valeroso Sicilia y tu historia nos hace vibrar”. En aquellos momentos al frente del regimiento se halla el coronel Carlos Tuero O’Donnell. Entre sus oficiales destaca el comandante Luís Pareja Aycuens que fue el comandante más joven del ejército español. Había nacido el 11-09-1892 y por méritos de guerra se le concedió el empleo de comandante el 8 de febrero de 1914 cuando aun contaba 22 años.
Durante su estancia en la capital guipuzcoana Jaime Camps tiene a su disposición una verdadera escuela de atletismo. En la capital se celebraban competiciones desde que en 1907 se corrió la primera prueba en Irún. A partir de 1916 se celebraron carreras en el viejo estadio de Atocha. Jaime pudo entrenar con compañeros que con el tiempo llegarían a ser de los mejores de España. Sin duda que Camps había sabido elegir el destino más conveniente para practicar su afición, esa que le llevaría a ser olímpico.

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La escuela Guipuzcoana

En aquella época San Sebastián era una verdadera cantera de atletas. Félix Mendizábal Mendiburu que fue el primer campeón de España de 100 m en 1917. Posteriormente revalidó el título en seis ocasiones más y es, aun hoy en día, uno de los mejores atletas españoles de todos los tiempos. Otros destacados compañeros fueron los hermanos Ordoñez, el malogrado Juan Muguerza, Ignacio Izaguirre y otros muchos jóvenes que mantenían un alto nivel competitivo.
A pesar de su corta estatura (1,61 m.) Jaime eligió la disciplina del hectómetro. La velocidad en estado puro, una distancia en la que nuestros atletas no han obtenido ninguna medalla. En aquellos momentos Mendizábal era el rey de la pista con unos tiempos en torno a los once segundos. Posteriormente lo relevó como rey de la velocidad el más pequeño de los Ordoñez, Diego, que fue el más joven atleta que participó en aquella olimpiada de la paz. El nombre de Juan Muguerza aún perdura en nuestros días. Un memorial de cross lleva su nombre. Tras la olimpiada fue llamado a filas y enviado al protectorado. Allí sufrió los rigores de la campaña y su brillante carrera se truncó entre los barrancos del Rif. Pero entonces, y lejos, de aquella guerra Juan Muguerza era el campeón de España de 1500 metros y tenía 19 años.
Durante un año Jaime Camps entrenó muy duro para conseguir clasificarse. Su trabajo dio frutos ya que se le designó para correr la prueba de 100 m y la federación española lo seleccionó para formar parte del relevo de 4x100. Fueron sus compañeros en esa prueba Felix Mendizábal, Federico Reparaz Abaitua, y Diego Ordoñez Arcauz. Este último tan solo contaba 16 años.

El Equipo español en Amberes

España aportó 58 deportistas a las olimpiadas. Participaron en atletismo, fútbol, polo, tiro olímpico, natación, water polo y tenis. El comité lo encabezaba el delegado nacional Gonzalo de Figueroa y Torres. El 10 de agosto nuestros atletas llegan a Bélgica y participan en la ceremonia inaugural. El abanderado español es el capitán de la selección de fútbol, el guipuzcoano Mariano Arrate.
Entre los miembros del tiro olímpico encontramos a varios militares. Antonio Vázquez de Aldana, coronel de infantería y el atleta de mayor edad con 59 años. José Bento López capitán de infantería. Luís Calvet Sandoz que ascendió a capitán con tan solo 21 años por los méritos contraídos en los combates de 1909. Su hermano Francisco era entonces capitán de policía indígena en Melilla y un año después pasó a formar parte del ejercito de desaparecidos. Los restantes miembros del tiro eran Antonio Bonilla San Martín, José Mª Trepat Miró, que fue presidente del Español de Barcelona y del Sevilla, Domingo Rodríguez y Antonio Moreira. Consiguieron un meritorio diploma olímpico.
La selección española de fútbol,la roja, consiguió la medalla de plata. Ojalá este año que se cumplen 90 de aquel triunfo, seamos capaces de realizar un buen campeonato del mundo. Formaban aquella escuadra: Zamora, Samitier, Sesúmaga, Otero, Arrate, Belauste, Pichici, Eguizabal, Patricio, Pagaza y Acedo.

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Selección Española de Fútbol. 1920

La segunda medalla que conseguimos se la debemos al Polo que también obtuvo la plata. Formaban el equipo: Álvaro y José de Figueroa, Hernando y Jacobo Fitz Stuart y Leopoldo Sainz de Maza. Una aristocrática formación sin duda.Tan solo Mendizábal consiguió llegar a la final y su tiempo ha perdurado durante décadas como el mejor entre los velocistas españoles que participaron en una olimpiada

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Derecha, Felix Mendizabal

El relevo quedó apeado en la fase previa, pero Jaime y sus compañeros tuvieron el orgullo de participar en una olimpiada. En aquella época España no era la potencia que es hoy en día y el solo hecho de competir era tremendamente meritorio. En 1919 Federico Reparáz, periodista y miembro del equipo de atletismo había escrito sobre la necesidad de la participación de España en los juegos. Reparáz afirmaba que el deporte distinguía a las sociedades y contribuía a su desarrollo. El ejército no permaneció ajeno a esta corriente. En 1919 el general Villalba Riquelme, ministro de la guerra, impulsa la creación de la Escuela central de Gimnasia. Tenía su sede en la academia de infantería de la que había sido director el propio Villalba siendo coronel. La inauguración oficial de produjo el 28 de febrero de 1920. El mismo día que nuestro olímpico cumplió 24 años. Una semana antes había sido nombrado Comandante general de Melilla Manuel Fernández Silvestre.

De Amberes al Rif

Tras su aventura olímpica el teniente Camps vuelve a San Sebastián y poco después es destinado por RO 27-11-1920 al regimiento de infantería San Fernando 11. Jaime llega a Melilla el 22 de diciembre. Durante unos meses compartirá destino con su hermano Francisco que sirve en la misma unidad. Cuando Jaime llega a Melilla la exitosa campaña de Silvestre le ha llevado hasta Ben Tieb que se ocupó el 5 de diciembre. Este será el primer destino de Camps y allí al frente de su sección celebró la llegada del nuevo año. En enero se conquista Mehayast, Afrau, Annual, Morabo y Yebel Udia. Camps permanece en Ben Tieb hasta que en febrero, tras la ocupación del Morabo de Sidi Mohamed, es enviado a esta posición al mando de su unidad. Una sección de la 1ª compañía del II Batallón. Según el testimonio del teniente coronel Pérez Ortiz esta compañía la mandaba el capitán Jesús Querejeta Pavón. Sin embargo se crea confusión ya que la mayoría de autores reconocen que la unidad destacada en Ben Tieb la dirigía el capitán Lobo. Pérez Ortiz afirma que este oficial era el responsable de la compañía de ametralladoras del I batallón que otros autores sitúan en Intermedia “A” e Izen Lassen. Los compañeros de Camps eran los tenientes Vicente Toro y Joaquín Nieves (destacado en el Morabito).

Siempre nos quedará la duda de saber si el capitán Lobo decidió por si solo abandonar la posición o recibió órdenes en sentido contario. Tal vez no ocurrió ni una cosa ni la otra. Se sabe que pudo comunicarse con Drius, allí su jefe el teniente coronel Álvarez del Corral, declinó tomar la decisión. Otro testigo (capitán Ricardo Chicote) afirmó que Lobo habló con el general Navarro y este le dio la orden.

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Capitán Antonio Lobo Ristori. Muerto en combate en Arruit.

En aquellos momentos en la posición había hombres de todas las armas: 2 secciones de la 1ªCia/IIBon de SF11, la 3ª compañía de Zapadores, un destacamento de artillería, dos compañías de intendencia(llegadas desde Annual) y el 5º escuadrón de A14 al mando del capitán Chicote. También se cita que estaban presentes dos compañías de C42, una de ellas al mando del capitán Pérez Peñamaria. Este extremo ofrece dudas ya que en caso de haber sido así el mando lo debía haber asumido este último oficial, más antiguo que Lobo. Por lo tanto las compañías de Ceriñola fueron las que debían proteger la instalación de una posición en la cercana Beni Asa. Recuerdo hace tiempo que Santiago Domínguez nos envió una valiosa información sobre esas “Compañías olvidadas” de las que nunca más se supo. La operación había sido planeada por el capitán Julio Fortea y en ella también intervino la compañía de zapadores de García Andújar que fue muy castigada por las bajas. Tras quemar el depósito de municiones se abandona la posición entre las tres y las cuatro de la tarde. En aquel momento ya habían pasado la gran mayoría de fugitivos de Annual. Pudieron alcanzar Drius en buen orden y antes de que Navarro llegará procedente de Melilla. Las cifras que aportan los historiadores oscilan entre 400 y 651 hombres al mando del capitán Lobo. La gran mayoría pudó llegar a Druis, de los cañones, no se salvó ninguno.

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Tropas de San Fernando 11 en Ben Tieb, mayo de 1921.

El jefe de San Fernando dejó escrito que a la llegada a Drius faltaba 1 teniente de cada una de las dos compañías. En todo caso no hay constancia oficial del lugar donde murió Jaime. Tampoco aparece en las listas de caídos en Monte Arruit que publicó Sainz Gutiérrez, aunque en los archivos del comité olímpico español figure que murió el 3 de agosto. Los que si aparecen en la relación del capitán Sainz fueron los cuatro capitanes antes citados y prácticamente todos los oficiales presentes en Ben Tieb. La hoja de servicios no aporta ningún detalle y finaliza con una lacónica sentencia: “Con motivo de los luctuosos sucesos ocurridos en este territorio en el mes de julio este oficial queda en situación de desaparecido.”
En junio de 1922 ascendió a capitán y en idéntica situación de desaparecido se le destina al batallón de cazadores de Las Navas 10. Finalmente y tras un año se le da de baja en el ejército. No fue la única tragedia que sufrió la familia Camps Gordón. Durante la guerra civil fueron fusilados Mariano y Ramón Camps. Sobre Francisco se pierde su pista siendo capitán de carabineros en la comandancia de Guipúzcoa en 1936. El cuarto hermano, José, fue pintor y fundador de una prestigiosa escuela de pintura en San Sebastián. Alguna de sus obras se expone el museo de San Telmo.


2011 12 11, 6:29
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Mensaje sin leer El último oficial caído en combate
El último oficial caído en combate

La estela de los oficiales supervivientes se extiende durante todos los conflictos que se producen en los años posteriores a la rota. Encontramos a esos hombres en las sucesivas campañas, en las que algunos obtienen ascensos y condecoraciones pero también caen muertos o heridos. Seguimos su rastro tras la pacificación en 1927 y descubrimos que intervienen en conjuras y pronunciamientos contra la república, en la revolución de Asturias y finalmente tomando partido tras el golpe del 18 de julio. Durante la guerra un gran número de ellos son ejecutados. En algunas ocasiones son milicias republicanas quienes los conducen a cementerios o cunetas, pero también otros son fusilados por el bando nacional. A los que caen bajo represalias hay que sumar los que mueren en combate. Cada vez quedan menos y llevan mucha guerra a sus espaldas. Sin embargo y a pesar de la larga y cruel contienda, unos pocos aun encuentran motivación para participar en la segunda mundial. Tres de ellos partirían hacia la lejana Rusia formando parte de la División Azul. El 3 de junio de 1942 falleció el comandante Joaquín de los Santos Vivancos, siendo jefe del 1er Batallón del 263 regimiento de infantería de la 250 División alemana. La División Azul, La Blau. Fue este jefe, el último oficial superviviente de Annual muerto en combate.

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Joaquín De los Santos Vivancos. 1896-1942

Marruecos

Joaquín nació en Valencia el 8 de agosto de 1896. Siendo muy pequeño la familia se trasladó a Castellón. Ingresó en el ejército como soldado voluntario en octubre de 1910 a la temprana edad de 14 años y juró bandera en el patio del regimiento de infantería Tetuán 45 en la capital de La Plana. En julio de 1918 supera las oposiciones e ingresa en la academia de infantería en septiembre del mismo año Sus hermanos Miguel y Antonio lo hacen en Valladolid como cadetes de caballería. El 7 de de julio de 1921 obtiene el despacho de alférez de infantería.
Pocos días antes del desastre Joaquín es destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Melilla 2. En esos momentos en el Grupo servían 13 alféreces de infantería (1 ER) y 4 de caballería (1 ER). Se incorpora a su unidad días antes de producirse la retirada. Participa en los intentos de auxilio a Igueriben y se halla en el campamento general cuando se toma la decisión de abandonarlo. La gran mayoría de compañeros de empleo pueden salvar el pellejo. Entre ellos se hallan los hijos de Fernández Silvestre, Navarro y Jiménez Aguirre. El único alférez muerto en combate del grupo fue Fernando Tomasetti Caritat que falleció cerca de Taouima.
Durante el resto del año continuó en el mismo destino y participó en la reconquista del territorio perdido. En enero del año siguiente las columnas españolas estaban a punto de recuperar la importante posición de Dar Drius. El lunes 9 fue herido en la toma de Dar Azugaj, en aquella posición que meses antes defendió una sección de San Fernando al mando del alférez Ruiz Tapiador. La columna de Cabanellas en la que estaba integrado el grupo de regulares, ocupó la posición y recuperó cadáveres y pertrechos. Entre aquellos esqueletos se pudo reconocer al ingeniero de minas Gabriel Ramos y tres de sus obreros que murieron al intentar dar alcance a la columna del general Navarro. Ese día murió el teniente Narciso Pérez de Guzmán el Bueno, uno de los pocos oficiales que escaparon con vida de Alcántara 14. Su cadáver fue llevado a la plaza y sus padres, los condes de Torre Arias, le dieron sepultura en Madrid.

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Concesión Medalla militar colectiva al GFRI 2

Joaquín se recupera de sus heridas y vuelve al grupo que sigue a las órdenes de Núñez de Prado. Los combates se suceden sin interrupción: Hasi Berkan y el Muluya en marzo, avances sobre Tikermin y Arkab en abril y los duros combates en Tuguntz. Día tras día las columnas de Cabanellas, Federico Berenguer, Fernández Pérez y Saro conquistan aquellos lugares donde aun flotaban las tristes historias de sus defensores. Al año siguiente coincide en la unidad con su hermano Antonio, alférez de caballería. Ambos, como el resto del grupo, son condecorados con la medalla militar individual colectiva por su actuación en los combates de Tizzi Azza desarrollados entre el 28 de mayo y el 5 de junio. Poco después se produce el relevo en el mando al ser designado el teniente coronel Sebastián Pozas en sustitución de Núñez de Prado que es ascendido a coronel. En julio, en una vibrante arenga, Pozas hace entrega al grupo de la bandera nacional que les ha concedido el Rey. Pocos días después Joaquín asciende a teniente aunque permanece en el mismo destino. Sobre sus espaldas dos años de duros combates en una unidad duramente castigada por las bajas.

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Miguel Nuñéz de Prado y Sebastián Pozas Peréa

En abril de 1924 la familia de los Santos sufre un duro revés al morir en accidente de aviación Antonio. Piloto aviador y teniente de caballería que se hallaba destinado en la escuadrilla de Melilla desde diciembre de 1923, falleció en accidente en el aeródromo de Taouima. En aquellos momentos coincidían en Marruecos cuatro hermanos. Joaquín Luís y Miguel en regulares y el fallecido Antonio en aviación. Su cadáver es enterrado en el cementerio de la Purísima Concepción. Tras una larga permanencia en campaña Joaquín es ascendido a capitán por méritos contraídos en diferentes operaciones y con antigüedad de 30 de septiembre de 1926. Tras la pacificación regresa a su tierra y ocupa una vacante en el regimiento de Tetuán. Sobre su pecho luce varias cruces rojas conseguidas en Marruecos.

España

La sublevación le sorprende en su ciudad, donde se halla en situación de disponible. En Castellón el teniente coronel Primitivo Peire Cabaleiro era el jefe del batallón de ametralladoras y comandante militar de Castellón. Entre los oficiales que se mostraban partidarios de sublevarse destacaba el comandante Carlos García Vallejo. Su anterior implicación como instructor del requeté le hacía propicio para encabezar el levantamiento. Peire se mantuvo leal y García Vallejo no encabezó ninguna sublevación ni sacó las tropas a la calle. A pesar de esas presuntas vacilaciones se incorporó al ejército republicano donde se forjó una brillante carrera. Estuvo al frente de brigadas mixtas, divisiones y hasta del IX Cuerpo del ejército. En junio de 1938 fue condecorado con la prestigiosa medalla al valor y fue ascendido a coronel. Tras la guerra fue detenido, y condenado en 1942 a treinta años de reclusión. Fue indultado en 1945 y puesto en libertad. Falleció en febrero de 1949 cuando contaba 57 años. En 1979 su hija obtuvo del gobierno de la nación la amnistía.

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Regimiento de infantería Tetuán 45, Castellón.

De los Santos decide fugarse de la capital e incorporarse a las tropas del bando nacional. Sin duda en su ánimo debieron influir dos matanzas. La primera ocurrida la noche del 29 de agosto en el barco prisión Isla de Menorca anclado en el grao de Castellón. Esa noche milicianos incontrolados sacan a 57 hombres y los fusilan sin contemplaciones. Entre ellos figuran el coronel Julio Rivera Atienza y el teniente coronel Melchor Monzonis Soler padre del laureado Teniente Monzonis muerto en combate en 1926. Junto a ellos varios sacerdotes, oficiales, guardias civiles y simpatizantes del bando nacional. En segundo lugar el fusilamiento masivo en Valencia de oficiales adeptos al levantamiento entre los que se encontraba su hermano Luís y un gran número de oficiales.
La fuga la realizó desde el puerto de Burriana debido sin duda a que debía estar menos controlado que el de la capital. Tuvo que preparar bien la fuga ya que en aquellos días se habían cometido en la población muchos fusilamientos. En el cementerio conviven las lápidas de las victimas de la represión republicana con las que se producirían al ocupar el pueblo las tropas del general Aranda.
Desde Burriana consigue tras un largo viaje llegar hasta Marsella. La armada de guerra vigilaba el litoral lo que convertía la travesía en un trayecto poco seguro. En aquellas operaciones de bloqueo en el litoral valenciano intervino otro superviviente de Annual. El Laya, que tan buenos servicios prestó en la evacuación de las posiciones costeras, tuvo que cruzar disparos contra el Balares y el Canarias. Su comandante en 1921 el capitán de fragata Fco. Javier Salas González fue fusilado en Paracuellos del Jarama el 7 de noviembre de 1936. Su hermano de clase, el Lauria, quedó en poder de la armada nacionalista. Su comandante Tomás Calvar Sancho pudo salvar la vida. Murió en el Ferrol en abril de 1944 tras asistir a un encuentro de fútbol entre el Ferrol y Celta de Vigo. Su hijo Tomás, capitán de artillería, fue defensor del Alcázar de Toledo. Los dos cañoneros fueron dados de baja en 1940 tras treinta años de servicio.

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Laya y Lauría

Desde Marsella y gracias a la red de espionaje montada por el mando nacional consigue incorporarse a la zona sublevada y es destinado al ejército del Sur. La primera unidad que mandó fue la 2ª compañía del III Tabor de Regulares de Larache. Su brigada la dirigía el teniente coronel Rodríguez de la Herrán y la 102 división el coronel Castejón Espinosa. Aunque fue organizada en Andalucía, la unidad tenía su cuartel general en Extremadura, en la comarca de la Serena. En enero del 38 participa en las operaciones que se desarrollan para ocupar la sierra de Acebuche en el alto Zujar. Tras su paso por regulares es destinado al regimiento Cádiz 33 que tiene concentrados la mayoría de sus batallones en la 23 División al mando del coronel Juan Herrera Malaguilla que era el jefe del regimiento de Cádiz en julio de 1936. Tenían su cuartel general en el balneario de Fuentealegría, en la provincia de Córdoba. En el primer trimestre del 38 la división es reestructurada y el mando lo asume el general Francisco Borbón de la Torre y las dos brigadas, los tenientes coroneles Martos Peña y Sagrado Marchena. En julio se le habilitó como comandante. Poco antes de acabar la guerra es destinado a la 22 división como jefe del 8º Tabor de regulares de Ceuta 3 y se le reingresa en la escala activa. Fue entonces su jefe el coronel de infantería Eduardo Álvarez Rementeria que había protagonizado una meteórica carrera. El 18 de julio era capitán de infantería en Sevilla y fue uno de los puntales de la sublevación en la capital hispalense. Joaquín finaliza la contienda siendo comandante con antigüedad del 18 de marzo de 1938 y habiendo sido propuesto para recibir la medalla militar individual.

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Frente de Andalucía, invierno de 1938

De nuevo vuelve a su ciudad. El antiguo Tetuán 45 se ha convertido en 10º regimiento de infantería, aunque años después volvería a recibir su antiguo nombre, y como tal tomó parte en la guerra de Sidi Ifni donde el regimiento con el numeral 14 destacó el batallón de maniobras que formaban 496 hombres. Durante aquella breve etapa en Castellón el comandante recibe la medalla militar de manos del general Aranda Mata, capitán general de la región militar de Valencia. Fue el último cargo que ocupó el laureado general ya que posteriormente se vio involucrado en conspiraciones con el objetivo de retornar la monarquía. Le salvó su brillante historial y no fue hasta la llegada de la democracia que se le ascendió a teniente general.
Al comenzar esta investigación encontré datos sobre cuatro hermanos de Joaquín, todos fueron militares. José, el mayor, nacido en 1894 era oficial de complemento en 1915 y posteriormente desparece de los anuarios. Antonio murió en 1924 siendo teniente de caballería y aviador. Miguel ingresó el mismo día que su hermano en la academia de caballería y sirvió sobre todo en regulares hasta 1927, después, desaparece de los anuarios. Finalmente Luís, nacido en 1905, era en 1936 capitán de caballería en el regimiento de Lusitania en Valencia. Fue fusilado junto a 2 tenientes coroneles, 1 comandante, 6 capitanes, 16 tenientes, 4 alféreces, 1 brigada y 2 cabos de la misma unidad por milicias republicanas. Su viuda, Vicenta Pons, sufrió todas aquellas guerras. Perdió a su marido en la guerra civil. Su hermano Juan cayó en Marruecos siendo teniente de infantería. Fue fusilado el marido de su madre, que había casado en segundas nupcias con el comandante de artillería Joaquín Pérez Salas y finalmente perdería a su cuñado en Rusia.

Rusia

Al comenzar la segunda guerra mundial España permaneció neutral pero autorizó a sugerencia de Serrano Suñer la creación de una unidad de voluntarios, que integrada en el ejército alemán sería enviada a Rusia. En junio de 1941 el alto mando alemán dio el visto bueno y se puso en marcha la llamada Einheit spanischer Freiwilliger conocida por todos como la División Azul.
Uno de esos jefes que se ofrecieron voluntarios fue nuestro protagonista. Se le encargó la organización de uno de los batallones. No fue el único superviviente de Annual que partió a la lejana Rusia. El laureado coronel Miguel Rodrigo Martínez (compañero de grupo en 1921) y el comandante José Guedea Millán Astray compartieron desde el primer momento destino con Joaquín.

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Grupo de Guripas

La unidad sería bautizada como la 250 División del ejército alemán integrada en el XXXVIII cuerpo de ejército. Fue su primer jefe el general Muñoz Grandes. La formaban los 262, 263 y 269 regimientos de infantería, el 250 regimiento de artillería, grupo anticarro, ingenieros, sanidad y cuartel general. El comandante de los Santos estaba al frente del I batallón del 263 regimiento. Era su jefe un viejo conocido de las campañas de Marruecos y de la guerra civil, el coronel José Vierna Trápaga.
El 30 de mayo de 1942 el batallón se hallaba destinado cerca de la aldea de Kopzy. Mientras la oficialidad estaba reunida en un barracón explotó un morterazo. El impacto mató a 1 teniente de ingenieros, 3 soldados y dejó mal herido al comandante de los Santos y al capellán Lorenzo Pina Pérez (26-04-1896, capellán 3º desde 07-08-1926). Ambos fueron trasladados al hospital de campaña de Grigorowo. Pina se recuperó de sus heridas y fue repatriado a España. Sin embargo el comandante no superó las graves lesiones y falleció el miércoles 3 de junio de 1942. Ese día el general Franco inauguraba el pantano de San Bartolomé. Se cumplían cinco años de la muerte del general Mola en accidente de aviación en Alcocero y se publicaba la muerte del general Gorodojansky, jefe del sexto ejercito soviético.
Joaquín fue enterrado en el cementerio de Grigorowo (fila 1, foso 17). Fue substituido en el mando por su amigo el capitán Mora Requejo y posteriormente por el comandante Ramón Blanco Linares. La Blau pagó un alto tributo. Las bajas fueron: 4954 muertos, 8700 heridos, 2137 mutilados y 372 prisioneros. Como bien dicen mis amigos del foro Memoria Blau también hubo un Annual en Rusia.

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Cementerio de Grigorowo

Joaquín había sido condecorado con la Cruz de hierro de 2º Clase el 27-04-1942. A pesar de que se publicó que sería repatriado su cuerpo no tengo constancia de que fuera así. El ayuntamiento de Castellón decidió en pleno dedicar una calle en su honor en agosto de ese mismo año. Hoy en día aun sigue llamándose calle Santos Vivancos. Fue el último superviviente de Annual muerto en combate.

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Calle Santos Vivancos, Castellón


2011 12 11, 6:32
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Mensaje sin leer Antonio y César de Medina. Un Grito del Alma
Antonio y César de Medina. Un Grito del Alma¡

Bendito seas, hijo idolatrado,
que en medio de un ejército espantado
tú conservaste el ánimo sereno!
Como buen español y buen soldado
no dejaste tu puesto abandonado.
Cumpliste como bueno
sabiendo tú que el honor obliga,
antes que dar la espalda al enemigo
Preferiste morir. ¡Dios te bendiga
como yo te bendigo!.

Así se expresaba, en 1923, el poeta César De Medina Bocos al recordar la muerte –dos años antes- de su hijo Antonio en Peña Tahuarda. En muchas ocasiones hemos leído y escuchado detalles de la relación entre Antonio de Medina y su novia Margarita Barceló. Conocemos todos los detalles sobre su trayectoria militar y los pormenores de su muerte y comportamiento en la posición “A”. Hoy, quiero recordar el lamento desgarrado, el sollozo, el quejido y la indignación del padre ante la pérdida del hijo.

¡Más amargo que el mar era mi llanto!
¡Más negro que la noche era mi pensamiento!.

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Antonio y César de Medina

”Grito del alma” apareció publicado por la editorial Server-Cuesta (Valladolid) en 1950. Se estructuraba en dos partes. En la primera se reproduce una conferencia pronunciada por el teniente Antonio de Medina Castro en el cuartel del décimo regimiento de artillería pesada (Huesca) en 1919. Lleva por titulo “La Patria y la Bandera.”. La segunda parte es una colección de poesías que César de Medina escribió tras la muerte de Antonio en 1921 y que no publicó hasta 1950. El autor cita que no lo hizo hasta entonces... “por motivos patrióticos y porque el problema de Marruecos estaba ya resuelto del modo más favorable y más honroso para el prestigio nacional”.

A pesar de estar escritos en diferentes años, los dos textos se complementan y César de Medina utiliza la conferencia pronunciada por Antonio para construir sus poesías. El resto de poemas hacen referencia a la llegada de Antonio a Melilla, al propio desastre, a las responsabilidades tanto de políticos como de la Patria y a la numantina defensa de la posición. Sobre todos estos conceptos generales flotan el dolor, la amargura por la pérdida, el tiempo no vivido junto al hijo, el olvido y resignación en la que tanto sociedad como políticos sumieron el país. La angustiosa certidumbre de que el cadáver de su hijo quedara abandonado y calcinado por el sol del Rif. La necesidad de buscar responsables, de no olvidar la afrenta, la derrota y la humillación. El poeta necesitaba canalizar todo ese dolor, esa angustia y encontró en la pluma el único refugio donde esconderse tras la tormenta que supuso en su vida la pérdida de Antonio.

Pero quiero cantar, porque mi canto
brota del manantial do brota el llanto
en que me anega mi destino adverso

Y parece que encuentro alguna calma
cuando brota del fondo de mi alma
mojado por las lágrimas, el verso

CÉSAR DE MEDINA BOCOS, UN POETA DE CASTILLA

César de Medina nació en Pedrajas de San Esteban en 1873. Cursó estudios de derecho en las universidades de Deusto y Salamanca y ejerció su profesión de abogado, especialmente como criminalista. En 1907 fue candidato del partido liberal conservador en las elecciones generales y ocupó posteriormente otros cargos políticos. Fue gobernador de civil de Murcia en 1918, de Almería en 1921 y de Vitoria en 1931.
“Enjuto de carne, con perfil semita, rubio, con la hisurta barba florida, acicalada y noble, el don César de mi tiempo tiene estampa bíblica, que resulta entonada con el ceño de la gleba y con la tradición castellana”.
Se casó con Ulpiana Castro Rueda (1876-1961), con quien tuvo 12 hijos. Desde entonces la familia ocupa la casa solariega, que hoy en día se halla en la calle Antonio de Medina. Los restos de gran parte de la familia descansan en el cementerio de Serrada, bajo cuyo arco de entrada César escribió una cristiana décima que sirve de epitafio para los que allí reposan. Él mismo se convirtió en uno de sus moradores el 24 de marzo de 1959.

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Cementerio de Serrada

Era César de Medina un poeta de vocación campechana, directa y emocionada hacia las gentes, hacia su tierra. Muchas de sus poesías están inspiradas en la cotidiana vida del campo y en sus quehaceres habituales. Quedó consagrado como poeta en el Ateneo de Madrid en marzo de 1915. En ese acto recitó poemas de su libro “Espigas y racimos”, que confesó haber escrito para deleite de sus hijas y no para ser publicado.

Yo, lector, soy un pobre campesino
Figúrate que estoy en la campiña
cultivando mi viña,
y te veo pasar por el camino.
¡Quieres probar mi vino?
De rústica botija te lo escancio;
es vino de esta tierra; vino rancio.

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Serrada, casa de la familia Medina de Castro

LA PATRIA Y LA BANDERA

Antonio fue el único hijo que eligió la carrera militar, ingresó en la academia de artillería en septiembre de 1912, cuando tan sólo tenía 15 años .La mayoría de sus hermanos y hermanas demostraron inclinaciones artísticas. Elvira y Fuensanta dedicaron sus esfuerzos a la pintura. Ernesto, como su padre, fue poeta y José Luís destacó como pintor, escritor y sobre todo escultor. Un gran número de premios y una importante cantidad de obras jalonan su carrera.

El teniente Medina se dirigió al auditorio formado por artilleros de todos los empleos. A pesar de su juventud, tenia entonces 22 años, fue elegido por su general para ser el primer orador de una serie de conferencias. No tenía duda sobre el tema que debía tratar, se hallaba ante militares y todos ellos habían jurado fidelidad a una bandera. Por ella serían capaces de derramar hasta la última gota de su sangre. Esa bandera representa a la patria y todos ellos tenían la obligación de honrarla y rendirle tributo de veneración. Antonio inicia su disertación con un concepto general sobre la patria, a la que no puede definir sin que sus labios vibren de emoción, eso,... es la patria les dice a sus hombres. Les habla de los emigrantes gallegos, castellanos y de otros lugares que deben dejar sus hogares para ganarse la vida. Sentirse en tierra extranjera les acerca a su hogar, se estremecen cuando se encuentran con otro compatriota.
“ Y es que el más fuerte, el más grande , el más noble de los amores, es el amor a la patria. Es el que esta más hondo y más afianzado en nuestro ser. El único que no muere jamás. El que nada ni nadie puede arrancar de nuestras almas, en las que alienta, mientras alienta un soplo de vida en nuestros pechos.”
No quedaba duda del gran amor y respeto que el teniente Medina sentía por su patria y la enseña que la representa. La patria es la madre, la casa donde nos aguardan nuestros seres queridos, el camposanto donde reposan los antepasados. Es ella quien nos protege de agravios, injusticias y del daño que nos pudieran hacer. Estas palabras que salen del corazón de Medina, serían posteriormente las que más dolerían a su padre. Años después Antonio yacía muerto sobre el suelo rifeño y César no podía perdonar la afrenta que le causaba la patria.

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Serrada, Valladolid

“De España nos protege la bandera
-dijiste cierto día a tus soldados-
y si fuésemos muertos o ultrajados
a vengarnos vendría España entera”

En lucha desigual, terrible y fiera,
Peleasteis valientes y esforzados,
¡y hoy cubren vuestros huesos dispersados
Del monte Tahuarda la ladera!

¿Y España? ¿dónde está? ¿Qué es lo que hace?
Con gemir y llorar se satisface
y haciendo enmudecer sus cañones.

Guiada por espíritus mezquinos
Halaga a vuestros viles asesinos...
¡y les paga su crimen con millones!

ANNUAL

Con la misma intensidad y emoción, Antonio, les habla a sus artilleros sobre la bandera. Amarillo y rojo... oro y sangre, dorada como el sol, roja como las amapolas, como una boca de mujer, alegre como nuestro cielo. Suenan en el auditorio ecos de viejas gestas, Covadonga, Flandes, Colón. Aquel abanderado que en Garellano perdió un brazo y se negó a ser relevado porque aun le quedaba el otro. Sin embargo nadie entre aquellos hombres, ni entre la jerarquía del ejercito, ni entre los políticos ni los españoles podían imaginar lo que ocurrió el 22 de julio de 1921. No figuraba en los anales de la historia un acontecimiento tan adverso donde se desmontaron de manera rotunda todos los buenos argumentos que Antonio deseaba para sus hombres.
“Y yo sé que todos vosotros defenderíais de este modo nuestra bandera y que, antes de dejárosla arrancar, perderíais la vida y cien vidas que tuvieseis. Honradla siempre.”.
César no fue ajeno en sus poesías a ese sentimiento y dejó bien clara su indignación sobre las conductas infames y el abandono de responsabilidades hacia esa bandera a la que hacía referencia su hijo.

Cuantos en la jornada desastrosa
En fuga vergonzosa
Lo mismo que un rebaño de corderos
Muertos o prisioneros
Cayeron del rifeño al duro encono.
Que la fama su nombre no pregone
Y que Dios les perdone
Como yo les perdono.

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Calle Antonio de Medina en Serrada

UNA BANDERA EN TAHUARDA

Tiempo después Antonio substituyó aquel auditorio por las duras tierras del Rif. Llegó a Melilla a bordo del Monte Toro y se incorporó a su destino en la comandancia de artillería. Desde sus diferentes destinos dejó constancia de su gusto por la poesía, sobre todo en sus cartas a Margarita. Entre sus compañeros de armas figuraban otros que también se sentían atraídos por las letras además de las armas. Leopoldo Aguilar, Díaz Sanchís, Antonio de Medina y algunos más. Todos ellos formaron parte del club de los poetas muertos. Aquella bandera a la que hacía referencia en su parlamento ondeó hasta cuatro días después de la rota de Annual. César recordó en sus elegíacas estrofas la resistencia de los hombres de intermedia A:

EL ÚLTIMO CAÑONAZO
I
En todas las restantes posiciones
Ya no quedaba en pie ningún soldado.
huían por el campo desolado
los tristes fugitivos pelotones.

Entre llantos, gemidos, maldiciones
Y gritos de dolor desesperado
solemne resonaba acompasado
el fuego regular de tus cañones.

Sobre ellos tremolaba la bandera
que el sol poniente con su luz postrera
teñía de sangrientos arreboles.

Y su estampido, que sonaba a gloria,
Dijo a España que fieles a su historia
Allí alentaron pechos españoles.

II

Cuatro veces el sol de un nuevo día
puso en tus sienes aureola de oro,
y todavía el retumbar sonoro
del duro bronce sin cesar se oía.

Era el león de España que rugía
llenando con su voz el campo moro.
¡Era el león a quien hacía coro
De hienas y chacales la jauría!

Tu noble pecho por el plomo herido
tiñó de rojo el bronce enardecido,
y dando fin al épico combate,
lanzo el cañón el último estampido

¡Era de España el postrimer latido,
que ya su muerto corazón no late!.

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LA INDIGNACIÓN

El cadáver del Teniente Medina quedó abandonado hasta que casi tres años después fue recuperado y enterrado en el Panteón de Héroes. César era gobernador civil en Almería y se trasladó a Melilla en octubre de 1921. Realizó el viaje en el Monte Toro, tal y como Antonio hizo tiempo atrás. Sus esfuerzos resultaron baldíos y la única información que pudo recabar procedía de prisioneros liberados o evadidos y era completamente pesimista sobre su final. Pasado el tiempo se conoció su historia de amor con Margarita y ella se convirtió en la novia de intermedia A. Sin embargo poco o casi nada conocemos sobre el sufrimiento de César y menos aun de las tristes y afligidas letras que escribió al morir Antonio.

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Antonio y Margarita

¡Oh casta luna, Luna piadosa:
Contempla mi dolor, oye mi lamento
con que importuna, a la callada noche
un mísero español, padre y patriota
que llora de dolor... y de vergüenza!

César mostró su indignación hacía políticos y también militares. Cuando se desplazó a Melilla esperaba poder recuperar el cadáver de su hijo y no fue posible ya que aun no se había reconquistado el territorio perdido. No era capaz de entender que aquella patria no pudiera vengar la afrenta. Que a pesar del gran ejército que se desplegó en la comandancia no se pudiera vencer a los hombres del Jatabi. Mostró su repulsa hacia los métodos de pacificación y la política de acuerdos con los jefes rifeños.

Anhelando vengar el duro ultraje,
España entera traspaso el estrecho.
Yo también fui a recoger piadoso
las amadas reliquias de mi hijo,
siguiendo confiado la bandera
de esta nación que en el pasado
en triunfo recorría el mundo todo.
¡Con qué intensa emoción, con que entusiasmo
de patriótico amor mi pecho ardía
cuando flotaba desplegada al viento!
¡Qué ciega fe en la empresa me alentaba
Al contemplar el bélico aparato
con que España lanzase a la pelea!
y que inútil mi afán, mi empeño loco.
¡No pudimos llegar; no hemos llegado;

La obra de César finaliza con una epístola dirigida al entonces Ministro de la Guerra Niceto Alcalá Zamora. En ella carga duramente contra la figura de lo que denomina “E.N.D.P.” (Escuela Nacional De Prisioneros). El objetivo de su sátira recayó en el sargento Basallo, que ya había sido liberado tras el largo cautiverio en Axdir. Es sin duda alguna la crítica más dura de toda la obra. Resulta sorprendente, ya que al sargento se le rindieron muchos homenajes en diferentes ciudades y sus virtudes fueron loadas por otros compañeros. Me cuesta pensar que los testimonios de tantos compañeros de presidio sean falsos o exagerados. Además creo que hubiera sido más acorde con la realidad cargar contra el general Navarro o el coronel Araujo. Finalmente decido que no debo incluir en este reportaje los versos que le dedicó a Basallo porque me parece injusto que aparezca como el único miembro de la escuela nacional de prisioneros. Únicamente incluyo el prólogo para dar una idea del pensamiento de César:
“La prensa de entonces, mal informada, rodeó al sargento Vasallo de una aureola de heroísmo y abnegación que no correspondía a la realidad de su conducta ni convenía a lo que debe presentarse a la juventud como ejemplo modelo de las virtudes militares, de la raza.”

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Sargento Manuel Basallo y Niceto Alcalá Zamora

Apéndice
Durante la etapa de César como gobernador de Almería ocurrió un hecho llamativo y poco conocido que incluiré en esta narración. El 21 de enero de 1922 se estrenaba en el teatro Cervantes la obra de Vidal Planas, “Santa Isabel de Ceres”. La protagonista era Conchita Robles. La obra había levantado cierta polémica al tratar sobre las “vendedoras del amor”. Se había advertido al público que en el transcurso de la misma sonarían disparos y moriría alguno de los personajes. Entre los asistentes se hallaba César de Medina y como todos, esperaba lleno de curiosidad el inicio de la controvertida representación. Poco después de bajar el telón suenan disparos y sobre las tablas se derrumba Conchita Robles. El público aplaude a rabiar y quedan sorprendidos por sus dotes interpretativas. La sorpresa fue mayúscula al darse cuenta la audiencia que los disparos eran reales y la actriz yacía sin vida sobre el escenario.
Entre las bambalinas se hallaba el culpable del homicidio. Se trataba del comandante de caballería Carlos Berdugo Bonet, ex marido de Conchita de quien se había separado recientemente. En su delirio el oficial asesinó también al joven tramoyista Manuel Aguilar de tan solo 16 años. Tras el doble crimen Berdugo se descerrajó un tiro en la sien y quedó malherido. César fue de los primeros en auxiliar a Conchita y nada pudieron hacer por salvar su vida.
Días después César asiste en la capital al entierro de la actriz que contaba con tan sólo 27 años. El comandante se recuperó de sus heridas, aunque perdió un ojo. Tras ser juzgado se le condena a cadena perpetua. La obra no se estrenó y quedó maldita. Meses después el autor de la misma (Vidal Planas) asesinó en Madrid al diputado y escritor almeriense Luís Antonio de Olmet. Posteriormente uno de los decoradores del escenario asesinó a un aristócrata que parece ser que intentó seducir a su pareja. No fue el último asesinato ya que uno de los actores del elenco, Alfonso Tudela, fue muerto por su suegra que le degolló con una navaja de afeitar.
La leyenda de Conchita no finalizó tras su entierro. El año pasado en Cuarto Milenio Iker Jiménez presentó al escritor almeriense Alberto Cerezuela, autor de la obra “La cara oculta de Almería”. Entre los relatos se habla del crimen del teatro Cervantes. La leyenda dice que aun habita en su interior el fantasma de la actriz.

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Conchita Robles


2011 12 11, 6:35
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