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Veterinarios en el desastre de Annual 
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En tiempos de Isabel II, el 15 de Junio de 1845 se crea el Cuerpo de Veterinaria Militar. El Real Decreto, en resumen, decía:
"los Mariscales mayores y segundos Mariscales de los Institutos montados del Ejército y de las Remontas generales del mismo,
formen el Cuerpo de Veterinaria Militar”

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A lo largo de su ya larga historia, nuestros queridos amigos veterinarios no sólo han demostrado entrega, sacrificio y celo hacia
sus funciones y misiones, y especialmente hacia los caballos, sino que, cuando la Patria lo ha requerido han sabido empuñar las
armas para defenderla con honor. En verano de 1921 el Regimiento Cazadores de Alcántara 14 de Caballería, se cubrió de gloria.
Sus oficiales veterinarios no quisieron ser menos. Así lo transcribió, como homenaje, la prensa del momento.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

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2017 11 23, 2:31
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Mensaje sin leer Re: Veterinarios en el desastre de Annual
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Estela en marmol. Costeada con las donaciones de los veterinarios civiles y militares.
En origen estuvo ubicada en la antigüa Escuela-Facultad de Veterinaria en embajadores.
Cuando se trasladó la Facultad a la Ciudad Universitaria fue entregada al Laboratorio y
Parque Central de Veterinaria Militar. Hoy se haya expuesta en el patio de armas.

Mayte Dolado Esteban

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2017 11 23, 2:34
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Los veterinarios de Annual
Una pequeña crónica de una gran tragedia

Hace ahora quince años, durante los primeros días de septiembre de 2001, me encontraba en Melilla, la ciudad cargada de historia que me vio nacer.
El buen tiempo invitaba a pasear por sus calles, por su Plaza de España, rodeada de bella arquitectura modernista, a tomar el sol en su playa, cerca
de la Hípica y a degustar sus sabrosas tapas de pescado… Pero también me acompañaba la idea de visitar su Museo Militar, el Archivo Histórico y
algunos rincones dentro de las antiguas murallas de la conocida como Melilla La Vieja.
Además, portaba con agrado un encargo de mis compañeros veterinarios militares: depositar una corona de flores en el Panteón de Héroes de
cementerio de Melilla.
Hacía justo ochenta años de los terribles sucesos, ocurridos en julio y agosto de 1921, durante la Campaña del Rif, conocidos como el Desastre de
Annual; sucesos que han interesado, asombrado y afligido a muchos españoles que ni siquiera habían nacido en aquellas fechas, entre los que yo,
desde luego, me encuentro.
He leído y estudiado con cierta profundidad la historia de los acontecimientos que desembocaron en aquella tragedia y me propongo escribir en el
futuro algunos artículos sobre este tema, centrándome en las figuras de los sanitarios militares: veterinarios, médicos, farmacéuticos (que en la
actualidad formamos un cuerpo único en el Ejército: el Cuerpo de Sanidad Militar), y auxiliares, así como en los componentes del Cuerpo Eclesiástico
que acompañaban a las tropas: los capellanes o los “páter” (apelativo que le conferimos con afecto en la milicia).

***
Los documentos. Transcripción literal de unas páginas del Expediente Annual
(Melilla 11).


Según la detallada declaración del herrador de 3ª D. Macario Pavón Herrera, efectuada en Melilla el 15 de diciembre de 1921: permanecimos durante
cinco días en Tistutin hasta el día veintinueve que a las tres de la mañana y después de haber organizado durante toda la noche anterior el convoy de
heridos para trasladarlos en camillas y el resto en cuantos caballos útiles tenía la columna, salimos para Monte Arruit, á donde llegamos sin novedad
hasta un kilómetro antes, donde de un macizo grande de chumberas próximo a la vía férrea empezaron a hacernos fuego y a pesar de tener puestas
banderas blancas; la mía de policía indígena que iba en vanguardia se unió al enemigo echándose encima los moros que se apoderaron de los tres
cañones que nos quedaban, remataron á los heridos que conducíamos y cada cual, como pudo, se metió en la posición a la que hacían fuego desde las
casas del poblado de La Colonizadora y de las del Poblado Antiguo. Dentro de la posición había una columna compuesta de individuos de todos los
Cuerpos, muchos heridos, sumando entre todos como unos mil hombres, de nosotros llegamos con el general Navarro como unos dos mil del
regimiento quedamos de cincuenta a sesenta hombres, estando los oficiales siguientes; el Teniente Coronel D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja,
Comandantes D. Tomás Berrocoso y D. José Gómez Zaragozá, Capitán D. Julián Triana y Tenientes D. José de Manterola, D. Francisco Climent, D.
Victoriano Rua, D. José Arcos Cuadra, D. Ramón León Font de Mora, D. Gerardo García Castaños, Capellán D. José Campoy y Veterinarios Terceros
D. Vidal Platón y D. Eduardo Caballero….

Ambos oficiales veterinarios participaron con arrojo en la defensa del frente comprendido entre la puerta principal de la posición y los hornos de
intendencia.
El teniente médico del Regimiento de Cazadores de Alcántara 14 de Caballería D. Modesto García Martínez había desaparecido antes de llegar a Arruit,
seguramente durante la retirada de Tistutin; los veterinarios D. Eduardo Ángel Caballero Morales y Modesto García Martínez desaparecieron durante la
evacuación de Monte Arruit, en aquel infame y salvaje acto perpetrado por las turbas moras el 9 de agosto de 1921, ( en el archivo del cementerio de
Melilla, en la hoja referente a Vidal Platón, asiento 1.358, figura la fecha del 7 de agosto y hay un error en la transcripción de su segundo apellido), así
como el capellán D. José María Campoy Irigoyen, natural de Jaca, que con suprema dedicación atendió a tantos moribundos en sus últimos momentos,
entre ellos al laureado Tcol. Primo de Rivera.
Eduardo Caballero Morales había nacido en Jaén, el 5 de agosto de 1895, hijo de veterinario, cursó estudios en la Escuela de Veterinaria de Madrid. Es
destinado al Regimiento Alcántara 14 de caballería, su último destino, por R.O. de 29 de diciembre de 1919. En marzo de 1921, estando destacado en
Segangan, alcanza por antigüedad el grado de veterinario 2º. Tomó parte en las brillantes cargas de caballería al mando de su teniente coronel Primo de
Rivera acontecidas en el cruce del río Igan.
Tal como consta en el archivo del cementerio de Melilla, el 12 de abril de 1929, los restos del veterinario 3º Vidal Platón pasaron a ocupar el nicho nº 12,
fila 4, del Panteón de Héroes (al pie de la inscripción aparece la firma del capellán D. Francisco Ontiveros).

En el anuario militar de 1921, figuran 279 veterinarios, de ellos 22 destinados en Melilla, de los cuales 5 murieron en combate. El Regimiento de
Alcántara 14 contaba con 858 cabezas de ganado, de un total de 5.338 adscritas a la Comandancia Militar de Melilla.

El último día de la heroica resistencia de Monte Arruit, cuando se carecía de todo y la gangrena campaba a sus anchas, y después de «haberse recibido
en la posición varios heliogramas autorizándome el Alto Mando para pactar con el enemigo y cuando empezaba a darse cumplimiento a lo acordado,
la chusma que rodeaba el campamento en número de unos cuatro mil hombres asesinaron a la ya indefensa guarnición casi en su totalidad»
.
(Declaración del general Navarro tras su liberación después de permanecer cautivo un año y medio en duras condiciones). El valiente general moriría
asesinado en noviembre de 1936, en Paracuellos del Jarama.

El Zoco el-Telatza, asignado al regimiento de Infantería “Africa” núm. 68, estaba situado al sur de la circunscripción de Melilla y próximo Zona francesa
del Protectorado.

A las tres de la mañana del 25 de julio la columna se repliega a zona francesa; la noche, y una oportuna y densa niebla, hacen de excelentes aliados
de la columna. En cuanto clarea el día, la niebla comienza a levantarse, y la retirada es descubierta. La posición de Tazurut Uzai también les observa,
esta posición es la situada más al sur, y aunque han recibido la orden de abandonar la posición y escapar a zona francesa, no la cumplen. Son 120,
van a morir todos, menos 7, en la noche del 25 de julio. Aunque las cifras varían según las fuentes, en la retirada murieron unos 700 hombres de los
1.200 que componían la columna, alcanzando las líneas francesas, que impasibles observaban lo sucedido.

En la defensa de Telatza se destacó el veterinario tercero José Montero Montero que asistía al ganado de la guarnición. El repliegue, tras inutilizar las
piezas y munición de artillería, fue cubierto por la compañía del capitán Prats, algunos soldados de infantería, diez policías leales con su jefe el capitán
Alonso y el oficial veterinario Montero, que se unió voluntariamente a ellos. La extrema retaguardia la constituyó una sección de Alcántara que quedó
reducida a nueve jinete, de ellos siete heridos. En esta retirada fue muerto el herrador de tercera Domingo Román. (Declaración del Vetº 3º (alférez)
Don José Montero Montero, en Melilla a veintiuno de septiembre de mil novecientos veintiuno).

En la retirada de Annual, ante el monumental desorden que se produce en tal trance, «el coronel Manella [jefe de la circunscripción de Annual y del
Regimiento Alcántara 14] observa todo aquello y monta a caballo con el propósito de encauzar la evacuación; y allí, auxiliado por el veterinario 2º
(teniente) Manuel Ulierte Torres, perteneciente a la Comandancia de Artillería, que se ofreció voluntariamente, y un sargento de sanidad, procuraron,
pistola en mano, contener a los fugitivos, deteniéndolos y agregándolos a la unidades que pasaban reunidas…».
(Expediente Picasso. Javier Morata Editor, Madrid, 1931; pág. 98).

El veterinario segundo Tomás López Sánchez, murió en la defensa de Zeluán y fue propuesto para la Laureada. Demostró un gran arrojo y entusiasmo
en la defensa de su posición. Apostado en su parapeto que daba frente a la estación del ferrocarril español de las Minas del Rif, que estaba muy batido
por el enemigo, al que causó numerosas bajas con su fusil ya que era un magnífico tirador.

Su comportamiento el día 26 de julio de 1921 fue heroico; al frente de veinte soldados de Alcántara [cuyos escuadrones se encontraban muy repartidos
en socorro de las tropas en retirada], salió de la Alcazaba para desalojar del cementerio a un grupo de moros que hacía fuego eficaz sobre el servicio de
aguada. El teniente López Sánchez avanzó rápidamente con la guerrilla, apoyados por el fuego de la Alcazaba. En pocos minutos llagaron frente al
cementerio, relampaguearon los cuchillos al armar las carabinas y a la carrera penetraron en el cementerio. La lucha cuerpo a cuerpo fue breve pero
intensa; los españoles quedaron dueños del cementerio y mantuvieron la ocupación hasta las seis de la tarde en que se replegaron a la Alcazaba. La
hazaña se repetiría días después, el día 30. El cementerio ya había sido fortificado por el enemigo y el asalto resultó muy duro, pero de nuevo se logró
desalojar al enemigo durante varias horas.

En la defensa de la Alcazaba de Zeluán también se distinguió el joven veterinario de Regulares Enrique Ortiz de Landázuri, que participaba como
voluntario en estas fuerzas de choque. Su comportamiento fue heroico en la línea de fuego ayudando al oficial médico a curar a los heridos. Contribuyó
a la defensa de Zeluán y en el combate se le confió una sección y a su frente supo luchar y morir bravamente, ya que una vez rendida la posición fue
vilmente asesinado.

A la pérdida de los oficiales veterinarios hay que sumar la de once herradores de los catorce que prestaban servicio en el Regimiento Alcántara, cuyo
estandarte luce, en la actualidad, la corbata laureada, finalmente concedida, e impuesta por SM el Rey el 1 de noviembre en 2012, en el Palacio Real
de Madrid.

Se ha escrito mucho sobre el Desastre de Annual, y se seguirá haciendo según se aproxime la fecha de su centenario. Yo, modestamente, intentaré
aportar algunos nuevos datos, detalles y circunstancias relacionados con aquellos luctuosos hechos.

Madrid, 30 de octubre de 2016

https://historiadelaveterinaria.es/wp-c ... nual-1.pdf

Juan Alberto Galán Torres
Coronel veterinario


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2017 11 24, 7:49
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Los veterinarios de Annual (II)
Una pequeña crónica de una gran tragedia

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El veterinario 3º Vidal platón Bueno pertenecía a la P.M.M. del Regimiento de Cazadores Alcántara 14, de Caballería. Nacido en Pinto (Madrid)
el 3 de noviembre de 1898, hijo de Sixto Platón Nieto y Paula Bueno Tostado, había ingresado en el Cuerpo de Veterinaria Militar por R.O. de
28 de septiembre de 1920 (D.O. núm. 219), con el nº 13 de su promoción. El 4 de octubre se incorporó a la Academia de Sanidad Militar para
efectuar las prácticas correspondientes, tal como se señalaba en la propia orden de ingreso. Prestó juramento de fidelidad a la Bandera el 1 de
noviembre de 1920.
El joven Vidal Platón, cuya residencia en Madrid era en la calle Cava Alta, 5, pasaría destinado al Regimiento de Cazadores de Almansa 13º de
Caballería, en plaza de 2º. Según su hoja de servicios la especialidad en que se distinguía era la Técnica general Bacteriológica.

Se da por cierto que falleció en Monte Arruit el 9 de agosto de 1921. Valor acreditado. Fue enterrado el 26 de octubre de 1921. Sus restos se
encuentran en el Panteón de Héroes del cementerio de Melilla, fila 4, nicho 12. Sin embargo, tal como queda reseñado en el documento adjunto,
en el que se establece una relación nominal de las bajas ocurridas al regimiento de Cazadores Alcántara 14, de Caballería, entre los días 17 de
julio a 1 de agosto de 1921, figuran los nombres de los veterinarios Eduardo Caballero Morales y Vidal Platón, así como el del capellán D. José
Campoy Irigoyen.

Es de justicia recordar aquí al veterinario segundo D. Manuel Ulierte Torres, de la Comandancia de Artillería, nacido el 3 de abril de 1892 e ingresado
en el Ejército el 27 de noviembre de 1915 y, dos años después ascendió a ese empleo. Destinado en la Policía Indígena de Melilla, contrajo sobrados
méritos durante las operaciones seguidas para dominar los poblados de Tafersit, asistiendo a soldados en la línea de fuego, retirándoles a hombros
hasta ponerlos a salvo y volviendo a las posiciones de riesgo.

Eduardo Caballero Morales había nacido en Bedmar, Jaén, el 5 de agosto de 1895, hijo de Juan Caballero Ruiz, veterinario titular de la localidad,
y de Ángeles Morales Losa, que conformarían una familia numerosa de diez hijos. Cursó estudios en la Escuela de Veterinaria de Madrid terminándolos,
en 1917, con unas notables calificaciones.

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En agosto de 1917 ingresa en el ejército, donde permanece como soldado hasta su ingreso definitivo en el Cuerpo de Veterinaria Militar, que se
produjo el 29 de marzo de 1919 por Real Orden núm. 73, tras aprobar las oposiciones para veterinario tercero (alférez), y es destinado al
Regimiento de Cazadores de Lusitania de Caballería, que en 1912 había sido trasladado a Granada con motivo de la guerra del Rif. Tras una breve
estancia en Madrid, realizando prácticas en la Academia de Sanidad Militar, pasa por R.O. de 29 de diciembre de 1919 al que sería su último destino:
el glorioso Regimiento Alcántara 14 de Caballería.

En los primeros meses de 1920 sufre una artritis traumática y el 14 de marzo se incorpora a su regimiento, que permanecía acantonado en Melilla
desde diciembre de 1911. El joven oficial va adquiriendo experiencia militar y es condecorado con la cruz de plata con distintivo rojo el día 2 de
junio de 1921 por los servicios prestados en las operaciones realizadas con anterioridad por su regimiento en Kandussi, bajo las órdenes del coronel
D. Rafael Pérez Herrera y su segundo, el teniente coronel D. Fernando Primo de Rivera y Orbaneja. Participa en la toma de diversos enclaves como
Hammunda, Tafersit, Midar, Cheif y Albadda, y es condecorado nuevamente con la medalla militar de Marruecos por R.O. de 6 de julio de 1921.

Entre enero y junio de 1921 participa en diversas operaciones de abastecimiento y control de las rutas de suministros que se extendían hasta Annual,
operaciones que dadas las características del terreno, se realizaban en su mayor parte con ganado mular, que resultaba imprescindible para estos y
otros menesteres.

En marzo de 1921, estando destacado en Segangan, alcanza por antigüedad el grado de veterinario 2º. Tomó parte en las brillantes cargas de
caballería, bajo el mando del teniente coronel Primo de Rivera, acontecidas en el cruce del río Igan.

El 21 de julio de 1921, formando parte de la columna a las órdenes de Primo de Rivera, sale para Annual desde Dar Drius, en un intento de
aprovisionar la asediada posición de Igueriben -que se defiende heroicamente del asedio de las hordas moras, con su comandante Benítez al
frente-, sin conseguir tal propósito y regresando de nuevo a su base. Sin un descanso, el 22 de julio, el joven veterinario sale de nuevo con
su unidad hacia Annual para asistir, en las inmediaciones de Izumar, a la retirada de las tropas, operación a la que contribuyó eficaz y
decisivamente su regimiento, facilitando que los efectivos pudieran alcanzar Dar Drius.
Pero además, su Unidad, que sería ungida con la corbata laureada de San Fernando en 2012, fue elegida también para cubrir la retirada y
repliegue de las tropas del general Navarro desde las posiciones de Dar Drius, Batel y Tistutín hasta Monte Arruit, entre los días 23 y 29 de
julio de 1921.

El teniente veterinario Eduardo Caballero Morales tomará parte con el 2º jefe del Regimiento de Alcántara, Primo de Rivera, en las brillantes
y heroicas cargas de caballería realizadas durante el cruce del río Igan, para desalojar al enemigo, que parapetado tras el seco cauce, impedía
el paso de los camiones de heridos. El valeroso teniente coronel Primo de Rivera cargaría, sable en mano, en diversas ocasiones contra el
despiadado enemigo, hasta quedarse sin caballos y casi sin efectivos. La última de las heroicas cargas se realizaría a pie.

En Batel las tropas se pudieron reorganizar con la columna del general Navarro allí destacada. El día 25 procedieron a replegarse a la posición
de Tistutín y, en la madrugada del 25, a Monte Arruit. De los 691 hombres que formaban su unidad, 541 murieron en combate y 78 fueron
hechos prisioneros. Solo 67 lograron alcanzar la posición de Batel, entre ellos su teniente coronel, quien pistola en mano y con un grupo de
valientes oficiales y soldados, escoltaron y protegieron al general Navarro hasta la entrada de aquella posición. Allí encontraría la muerte el
heroico mando del Alcántara, víctima de la gangrena, tras haberle destrozado el brazo derecho una bala de cañón. También allí encontraría la
muerte, entre el 30 de julio y el 9 de agosto, el veterinario Eduardo Caballero Morales. Aquella triste jornada del 9 de agosto, tras el amanecer
de una noche infernal, débilmente iluminada por una luna creciente, se produjo el vil asesinato en masa de nuestras tropas, ya desarmadas,
tras haber manifestado los rebeldes la promesa de respetar sus vidas. La matanza sería tal que solo el general Navarro y un reducido grupo de
la oficialidad serian supervivientes para conocer a continuación un cautiverio de año y medio.

Se estima que este oficial veterinario falleció el 9 de agosto de 1921. Nunca sabremos con certeza si Eduardo Caballero Morales, así como Vidal
Platón Bueno, murieron defendiendo la plaza o vilmente asesinados tras la rendición; solo el cadáver del segundo sería recuperado, y sus restos
depositados en el Panteón de Héroes del cementerio de Melilla. En cadáver de Morales nunca fue encontrado o reconocido. Años después sería
dado de baja en el Ejército como desaparecido. En aquellas fechas había cumplido 26 años.

En octubre de 1929, durante la celebración del primer congreso veterinario español en Barcelona se descubrió una lápida conmemorativa en
memoria de los veterinarios militares muertos en Annual.

En el plano familiar la muerte de Eduardo fue una tragedia. Su hermano mayor, Juan de Dios Caballero Morales (1882 -1935) farmacéutico y alcalde
(1919-1923) de Bedmar en esas fechas, quedó profundamente afectado, así como sus padres y Ángela, su hermana. Juan de Dios viajó a la zona
del Protectorado Español de Marruecos para indagar la suerte que había podido correr Eduardo, pues según testimonios de un marroquí aún permanecía
vivo. Pese a esta información, al final de la investigación efectuada in situ, fue dado de baja en el ejército bajo la consideración de desaparecido en
combate.

Años después, bajo la Dictadura de Primo de Rivera, la Corporación Municipal de Bedmar, queriendo honrar a uno de sus hijos por tan heroico
comportamiento, le dedicó una calle: «Teniente Caballero», antes llamada de La Botica y con anterioridad calle de La Cárcel, al tiempo que se
ordenaba la colocación de una placa de mármol en la fachada de la casa paterna, sita en la esquina de dicha calle con la calle Iglesia, frente a
la entonces Plaza de Alfonso XIII y el Ayuntamiento, «como testimonio de su valor y servicio a la Patria», con la siguiente inscripción:

«En esta casa nació Don Eduardo Caballero Morales, teniente de Veterinaria Militar,
que desapareció trágicamente en los sucesos de Annual el 21/07/1921 R.I.P»


Dicha placa no fue colocada hasta después de la muerte de su madre -acaecida durante la II República-, que había quedado muy afectada por la
desaparición de su hijo menor y mantenía la convicción de que podría seguir vivo en algún lugar de Marruecos, y don Juan de Dios no quiso hacer
más profunda la herida de su madre.

En los años sesenta del siglo pasado y con ocasión de unas obras de reforma, la placa conmemorativa desapareció de la casa solariega de la familia
sin que hasta la fecha haya sido restituida*.

*el autor ha intentado ponerse en contacto recientemente con el alcalde de la localidad de Bedmar,
para intentar ampliar algunos aspectos relacionados con Eduardo Caballero Morales, sin haber obtenido
ninguna respuesta por su parte.


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Mensaje sin leer Re: Veterinarios en el desastre de Annual

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Con motivo del juicio contradictorio para la concesión de la laureada al Regimiento Alcántara 14, el veterinario 3º (alférez)
D. José Montero Montero realizó declaración en Melilla el veintiuno de septiembre de mil novecientos veintiuno. José Montero
estaba destinado en la P.M.M. del Regimiento Alcántara 14.

El alférez nació el 21 de febrero de 1895 y recibió su despacho de oficial veterinario el 15 de octubre de 1919. En el mes de
julio de 1921 se encontraba en Telatza.

El Zoco el-Telatza, asignado al Regimiento de Infantería Africa núm. 68, estaba situado al sur de la circunscripción de Melilla y
próximo Zona francesa del Protectorado.

A las tres de la mañana del 25 de julio la columna se repliega a zona francesa; la noche, y una oportuna y densa niebla, ya que
la luna en fase menguante aún alumbraba en más de sus dos terceras partes, hacen de excelentes aliados de la columna.
En cuanto clarea el día, la niebla comienza a levantarse, y la retirada es descubierta. Aunque las cifras varían según las fuentes,
en la retirada murieron unos 700 hombres de los 1.200 que componían la columna, alcanzando los supervivientes las líneas
francesas, que impasibles observaban lo sucedido.

En el diario del soldado Matez y en El Telegrama del Rif (noticia impresa el 10 de agosto de 1921) se da cuenta de cómo fue evacuada
la posición de Zoco de Telatza. Este campamento se hallaba dividido en dos, distante uno de otro unos 600 metros. El primero estaba
guarnecido por tropas europeas, al mando del teniente coronel García.
El segundo servía de acuartelamiento a las fuerzas de la Policía Indígena, a las órdenes del capitán Francisco Alonso. «Cuando la
situación se hizo insostenible, tras la insurrección de las tropas indígenas del día 24 de julio, se decidió, a las tres de la madrugada,
evacuar el campamento e internarse en la zona francesa». Hubo más de quinientas bajas, y se abandonó abundante material.
En Hassi Huenza, donde la columna internada permaneció dos días, los españoles fueron bien recibidos y atendidos.

De allí la columna pasó al puesto francés de Camp. Berteaux, tras vadear el río Muluya (que desemboca a la altura de las Chafarinas).
Después montaron en un tren que les conduciría a Uxda y luego a Orán.

«En Orán esperaban a los de la columna quince mil almas, en su mayoría españoles. El cónsul de España en aquella ciudad se esforzó
por atender a los refugiados. Allí permanecieron desde el atardecer del sábado hasta la tarde del lunes, que embarcaron en el Bellver
para Melilla».

Los enfermos y heridos fueron trasladados a los hospitales en ambulancias enviadas al efecto. La dirección de este servicio estuvo a cargo
del capitán médico García Gutiérrez y el teniente médico D´Harcourt. Entre la oficialidad (un teniente coronel, cuatro capitanes, ocho
tenientes y un alférez) se encontraba el teniente médico don Juan Pereiro y el veterinario tercero don José Montero; completaba el efectivo
once sargentos y cuatrocientos dieciocho soldados, la mayoría de los cuales habían sabido conservar sus armas. Por parte de la Policía
Indígena sobrevivieron un capitán, un teniente, un alférez, un intérprete, un sargento, tres cabos y cinco policías indígenas.

***
Madrid, 20 de diciembre de 2016

Juan Alberto Galán Torres
Coronel veterinario


https://historiadelaveterinaria.es/wp-c ... ual-II.pdf

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El veterinario 3º Vidal platón Bueno pertenecía a la P.M.M. del Regimiento de Cazadores Alcántara 14, de Caballería.
Nacido en Pinto (Madrid) el 3 de noviembre de 1898, hijo de Sixto Platón Nieto y Paula Bueno Tostado, había
ingresado en el Cuerpo de Veterinaria Militar por R.O. de 28 de septiembre de 1920 (D.O.núm. 219), con el nº 13
de su promoción.
El 4 de octubre se incorporó a la Academia de Sanidad Militar para efectuar las prácticas correspondientes, tal como
se señalaba en la propia orden de ingreso. Prestó juramento de fidelidad a la Bandera el 1 de noviembre de 1920.
El joven Vidal Platón, cuya residencia en Madrid era en la calle Cava Alta, 5, pasaría destinado al Regimiento de
Cazadores de Almansa 13º de Caballería, en plaza de 2º. Según su hoja de servicios la especialidad en que se
distinguía era la Técnica general Bacteriológica.
Se da por cierto que falleció en Monte Arruit el 9 de agosto de 1921. Valor acreditado. Fue enterrado el 26 de octubre
de 1921. Sus restos se encuentran en el Panteón de Héroes del cementerio de Melilla, fila 4, nicho 12.

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