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Relatos y fotos del desastre Annual 
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Las Tres Posiciones Intermedias, tres Capitanes.

En el amplio despliegue de posiciones que llevó a cabo el general Silvestre, tres posiciones de nombres anodinos formaron parte del dispositivo que organizó el Estado Mayor de la Comandancia. Se les llamó posiciones intermedias A, B y C. Las dos primeras se ocuparon tras la caída de Abarran y la tercera en una de las últimas decisiones que tomó el Comandante General se instaló el 20 de julio. Todas ellas jalonaban el camino entre Annual y Ben Tieb y su situación era estratégica en la ruta que llevaba hasta Annual. “B y C” pertenecían a la circunscripción de Annual mientras que “A” dependía de Drius y las tres se hallaban en la Kabila de Beni Ulisek. Mucho se ha escrito ya sobre su defensa y sobre los hombres que participaron en ella, sin embargo me gustaría aportar algún anecdótico dato sobre los tres capitanes que se hallaban al frente de ellas y que formaron parte de la lista de muertos o desaparecidos tras la rendición de Monte Arruit. Tomo como base sus hojas de servicios y todos los datos que se han publicado con el deseo de aportar algún elemento novedoso que pueda resultar de interés.
Se llamaban José Escribano Aguado, Marciano González Valles y Miguel Pérez García. Los tres figuran entre aquellos oficiales que tuvieron un comportamiento muy digno. Incluso se llegó a solicitar la concesión de la Laureada para dos de ellos. Los tres formaron parte de la larga lista de oficiales que desaparecieron de los anuarios en 1922. Antes de entrar en detalles sobre su carrera profesional sintéticamente expongo algunos datos sobre las tres posiciones.

POSICION INTERMEDIA “A” (Peña Tahuarda)
Jefe: Cap. SF 11 Escribano Aguado
Fuerzas: 2 Secciones de la 3ª Cia/III Bon SF 11. Cap. Escribano, Teniente: Fernández Raigada y 68 clases y soldados.
Cia. Amet. I Bon SF 11: Teniente Márquez Tellechea , 2 Máquinas. (No queda claro si entre los 68 soldados se incluyen los pertenecientes a esta última cía.)
Cdcia Art. Teniente Medina de Castro y 11 Artilleros que servían 2 piezas 7cm Schneider de Montaña
Destacamento de Ingenieros: 4 hombres.
Total: 4 Oficiales y 82 Soldados y Clases: 86 Hombres
Pérdida: La posición aguanto hasta el 27 o 28 de Julio, siendo aniquilada. Tan solo sobrevivió el Soldado Antonio Tavira Morales, que desertó días antes de la caída.

POSICION INTERMEDIA “B”
Jefe: Cap. C42 Pérez García
Fuerzas: 5ª Cia/I Bon C 42: Cap. Pérez, Tte Soto Conde, Alf. López Camiña, más 95 Clases y Soldados.
Destac. de Ing: 4 Hombres
Policía Indígena: Tte. Haro Melgares y 40 Soldados indígenas (no puedo precisar a qué Mia. Pertenecían).
Total 4 Oficiales y 139 Clases y soldados.
Pérdida: Aniquilada el 22 de Julio sin ser abandonada. Tan solo se salvaron 3 soldados que fueron hechos prisioneros.

POSICION INTERMEDIA “C”
Jefe: Cap. A 68 González Valles
Fuerzas: 1ª Cia/III Bon A68. Cap. González, Tte. Fernández Capalleja y Alféreces Díaz Sanchis y López Jiménez. (Estos tres oficiales están pendientes de confirmación.)
Cia. Amet. III Bon A68. Solo parte de la Cia, pues el resto quedo en Annual
Pérdida: Retirada 22/07. La posición había sido situada el día 20

En el caso de “C”, no he tenido la posibilidad de confirmar los nombres de los tres oficiales que mandaban las secciones de la 1ªCia/III Bon del regimiento de África 68. Si la información fuera fidedigna, se podría afirmar que los oficiales de las tres posiciones murieron en combate, ya sea en su defensa o tras incorporarse a la columna del general Navarro. 3 Capitanes, 6 Tenientes y 3 Alféreces. Sobre el resto de la tropa la proporción de muertos o desaparecidos fue altísima. De “A” tan solo se salvó un soldado-Antonio Tavira-. En “B” solo tres soldados y prisioneros escaparon al ejercito de muertos. Sobre “C” es más complicado porque sus efectivos corrieron la suerte de la columna Navarro y con toda seguridad que la gran mayoría de ellos cayeron antes o el mismo día de la capitulación.

Tres Capitanes de Infantería

José Escribano Aguado

Nació en Toledo el 05-03-1883, hijo del entonces capitán de infantería Antonio Escribano Unzurbe- que en aquella época era profesor de geografía universal y psicología en el colegio de huérfanos de Toledo- y de Dolores Aguado Martínez. Ingresó en la academia de Infantería el 30-08-1899, medía 1,674 y traducía el francés. Compañeros de promoción-y posteriormente durante el desastre- fueron el después Comandante González Simeoni y el Capitán Mayorga Otalora. Permaneció en la Academia 2 años 10 meses y 12 días. El 14-07-1902 recibió el despacho de 2º Teniente. El resto de sus ascensos hasta el día de su muerte fueron:
1er Teniente por antigüedad: 14-07-1905
Capitán por antigüedad: 22-01-1912


Cuerpos a los que perteneció:
Bon Cazadores de Madrid 2
Hasta finales de julio de 1907
Rgto. Infantería Tenerife 64
Hasta finales de enero de 1909
Rgto. Infantería Orotava 65
Hasta finales de febrero de 1909
Rgto. Infantería Wad Ras 50
Hasta finales de febrero de 1912
Rgto. Infantería Burgos 36
Hasta finales de junio de 1912
Caja Reclutamiento Huesca 77
Hasta finales de julio de 1912
Caja de Mondoñedo 112(Zona Lugo 53)
Hasta finales de agosto de 1912
Rgto. Infantería Inmemorial 1
Hasta finales de agosto de 1919
Rgto. Infantería Asturias 31
Hasta finales de agosto de 1920
Rgto. Infantería San Fernando 11
Hasta finales de julio de 1921
Desde su ingreso en la academia hasta su muerte en total: 22 años, 11 meses y 1 día. De los cuales recibió abonos por permanencia en campaña de 1 año, 11 meses y 18 días.


Servicios de Campañas y acciones
Destaco las más relevantes:
1909. Por R.O. 19-02-1909 se le destina al Rgto de Infantería Wad Ras 50. Llega a Melilla el 8 de agosto y una semana después participa en su primer combate al proteger un convoy en las estribaciones del Gurugú. Al frente del Rgto. Se halla el Coronel Gabino Aranda y entre sus compañeros figuran los entonces Tenientes Creus Moscoso y Aguilera Maurici. Durante ese año participa en numerosas acciones y combates, entre ellas el combate del 30-09, que le vale una Cruz al mérito militar.
1910. Vuelve con su regimiento a Madrid y po R.O.30-06-1910 se le concede la medalla de plata conmemorativa de la campaña de Melilla con pasadores de : Sidi Hamet, Gurugú, Nador, Zeluán, Zoco Jemis y Atlaten.
1911. Es condecorado por la operación del 26-09-1909. El día de Nochevieja llega de nuevo a Melilla con su regimiento al mando del Coronel Manuel Prieto Valero.
1912. Poco tiempo permanece en Melilla, el 21 de enero es ascendido a Capitán y destinado a Madrid al regimiento Burgos 36. A principios de marzo recibe el permiso real para casarse y el 9 de marzo se une a Loreto Igarza Jurado en Chamartín de la Rosa (partido judicial de Colmenar Viejo). El 17 de agosto es destinado al Rgto de infantería Inmemorial 1.
1914. En abril participa, por segunda vez, en lo cursos de la Escuela Central de Tiro. En septiembre permuta su destino con el Capitán Fernández De Córdoba-compañero de promoción-y vuelve al protectorado, esta vez a Tetuán, donde permanecerá hasta 1916.
1916. En agosto, con su regimiento al mando del Coronel López Pozas regresa a Madrid, y poco después se le concede el curioso título de “Caballero de la Orden de Santa Ana de Rusia”, por haber asistido al funeral del embajador de Rusia en Madrid.
1918. Asiste ya por tercera vez al curso de la Escuela de Tiro, donde creo debió coincidir con Millan Astray y Franco.
1919. Es nombrado Gentilhombre de S.M. y felicitado por su comportamiento en Leganés el año anterior. En agosto es destinado al Asturias 31.
1920. Por R.O. de 27 de noviembre es enviado al que será su último destino, el Rgto de San Fernando que mandaba el Laureado Coronel Rodríguez Casademunt. Su primera misión en la Comandancia fue formar parte de la columna volante en Drius. Ignoro si entonces mandaba la misma unidad. El día de su muerte era el jefe de la 3ªCia del III Batallón.
1921. El 4 de junio con dos secciones de su compañía llega a Peña Tahuarda, donde moriría en combate el 27 o 28 de julio.
1922. Por R.O. de 29 de julio se le da de baja en el ejército por haber transcurrido un año desde su desaparición.
Condecoraciones
1902
Medalla de plata por la jura de S. M.
1910
Cruz de primera clase con distintivo rojo
Medalla de plata de la Campaña de Melilla con tres pasadores
1911
Cruz de primera clase al mérito militar con distintivo rojo-pensionada-
1916
Dictado Caballero de la Real Orden de Santa Ana de Rusia
1918
Pasador de Tetuán
1920
Cruz de plata de 1ª Clase

Tras su muerte fue propuesto para recibir la Laureada y se abrió un juicio contradictorio, del que adjunto la documentación original.

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El juicio contradictorio se resuelve con la siguiente sentencia:

SUBSECRETARÍA 4ª Reg.

Reg. 791-1924
Madrid, 1º de Septiembre de 1924

Al Capitán General.
Excmo. Sr. Visto el expediente de juicio contradictorio instruido en la Comandancia general de Melilla para depurar si el Capitán de Infantería fallecido D. José Escribano Aguado, se hizo acreedor a ingresar en la Real y Militar Orden de San Fernando por su comportamiento en la defensa de la posición “A”, de Tahuarda(Melilla) en los últimos días de julio de 1921. Resultando que aunque dicho oficial se condujo brillantemente en el mando de la citada posición hasta que recibió gloriosa muerte, no ha podido aclararse que realizase acto alguno comprendido en el respectivo reglamento, el Rey(q.D.g.), de acuerdo con lo informado por ese alto cuerpo, se ha servido resolver no proceder el ingreso del mencionado capitán en aquella orden.
De R.O., etc. Dios. Etc...
Trasladado, al general en jefe del ejercito de España en África.

Sello del Ministerio de Guerra
02-09-1924.
Como en otra de la muchas, entrañables y conmovedoras historias del desastre, José Escribano tenía un hermano menor, Ricardo ingreso en la academia el 30 de agosto de 1916, había nacido el 6 de abril de 1897, hasta junio de 1921 y siendo Alférez compartía destino con su hermano mayor. Pando cita que junto a su viuda confiaban en que le sería concedida la Cruz Laureada, su sueño quedo truncado, básicamente por falta de testigos, todos murieron, menos uno, al que peso sobre su testimonio el haber desertado, por lo que su declaración no fue suficiente. La posición que defendieron Escribano y los suyos se llegó a convertir en la última bandera que ondeo en aquel territorio hasta años después.

Oficiales Posición “A”

ESCRIBANO AGUADO, JOSÉ
F/Ncto 05-03-1883
F/Ing. 30-08-1899
3ª Cia/ III Bon SF11
FERNANDEZ RAIGADA, DARIO
F/Ncto. 06-10-1899
F/Ing. 04-09-1916
3ª Cia/ III Bon SF11
MARQUEZ TELLECHEA, ANTONIO
F/NCTO. 21-04-1895
F/ING. 30-08-1913
Cia. Amet. IBon. SF11
MEDINA DE CASTRO, ANTONIO
F/Ncto.05-05-1897
F/Ing. 01-09-1912
Cdcia. Artillería de Melilla

Hoy en día una plaza de Albacete y una calle en La Roda, en la misma provincia llevan el nombre del capitán. Los cuerpos del resto de oficiales no fueron recuperados, salvo el del Teniente Medina, como reproduce el Telegrama del Rif en su edición del 14 de marzo de 1924:

"El capitán Díaz Lizana, que se halla destacado en la posición de Ben Tieb, venía realizando gestiones para recuperar los restos del heroico teniente de la Comandancia de Artillería don Antonio Medina de Castro, que sucumbió valerosamente durante los sucesos de julio, en ocasión de hallarse en la posición A, cerca de Ben Tieb. Valiéndose de algunos indígenas que conocían el lugar donde se hallaban los restos del referido oficial, el capitán señor Díaz Lizana consiguió recuperarlos, siendo éstos trasladados ayer a la plaza en una soberbia urna construida en la Maestranza de Artillería, para su inhumación en el panteón de los héroes de la campaña, del cementerio de la Purísima Concepción".
Sobre el Teniente Medina, será interesante reseñar algunos aspectos que merecerán otro documento dedicado exclusivamente a él.


2011 12 11, 6:41
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Las Tres posiciones Intermedias. Tres capitanes, 2ª parte.

MARCIANO GONZALÉZ VALLÉS


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Nació el 31 de agosto de 1886 en Santiago de Cuba. Era hijo del entonces capitán Florentino González Valdés y de Balbina Vallés Morales. Con tan solo 14 años ingresa como soldado voluntario en el regimiento Zaragoza 12 de guarnición en Santiago de Compostela. Juró bandera en septiembre de 1900. Permanece, tras su ascenso a cabo en 1901, en el mismo destino hasta su ingreso como alumno de la academia de infantería el 31 de agosto de 1903. Tras una formación en Toledo de dos años y once meses obtiene el despacho de 2º teniente el 13 de julio de 1906.
Su primer destino como oficial vuelve a ser el Zaragoza 12, donde permanece un año y 6 meses. Con posterioridad pasa a formar parte del cuadro de oficiales del regimiento de Castilla 16, donde asciende a 1er teniente. Tras otra breve estancia en Santiago solicita y obtiene plaza como oficial del regimiento de Melilla 59. Su llegada a la ciudad se produce en plena campaña de 1909 y su bautismo de fuego se produce el 31 de agosto al proteger un convoy en la 2ª Caseta. Desde entonces participa en un gran número de misiones. Hay que tener en cuenta que el regimiento de Melilla se destacó considerablemente en la campaña del nueve. Tan alta participación propició que fuera condecorado y citado como distinguido en varias ocasiones.
Nada más finalizar la campaña de Melilla se producen en 1911 los ataques en la línea del Kert, lo que motiva el inicio de otro nuevo periodo de operaciones. Esta vez el teatro de las mismas se aleja de la plaza.
El teniente González participa en las primeras acciones en agosto, en la columna que manda el teniente coronel Adolfo Pahisa. Un año después el jefe de su columna se convertirá en su suegro al casarse González Vallés con Herminia Pahisa y López Queralt. El matrimonio tuvo lugar el 8 de mayo de 1912 y tras su permiso volvió al regimiento donde permaneció hasta su ascenso a capitán el 3 de marzo de 1913. Su primer destino fue el regimiento de San Fernando 11 en calidad de agregado. Poco duró su estancia en el mismo, ya que de nuevo fue destinado por RO al regimiento de Melilla. Su primer mando lo ejerció como jefe de la 6ª compañía del II batallón. En febrero del año siguiente según oficio de la comandancia militar de Melilla es nombrado ayudante mayor del regimiento que en ese momento mandaba el coronel Luís Riera Espejo. Durante esta estancia su comportamiento en combate fue citado en dos ocasiones como distinguido en la orden del día.
Tras una estancia de seis años en el protectorado es destacado a la caja de reclutamiento Lugo 111 y posteriormente a la zona de reclutamiento de Lugo 53, donde permaneció por espacio de dos años.

Tras su burocrático destino, solicita y obtiene plaza de nuevo en Maruecos. El 28 de agosto de 1918 desembarca en Melilla y se incorpora al regimiento de infantería África 68. Su primer servicio fue el mando de la 5ª Cia del III Bon. A la postre sería este su último destino antes de morir en combate. De nuevo es citado como distinguido en acciones en 1918 y 1919 al mando de diferentes compañías del regimiento. Participa íntegramente en la campaña que llevó a cabo el General Fernández Silvestre, y así le encontramos en enero de 1921 en la ocupación de Annual. Poco antes del derrumbamiento se hallaba al frente de la 4ª Cia del III batallón que mandaba el teniente coronel Fernández Tamarit. Tras la caída de Abarran asume el mando accidental del Bon al sustituir al comandante José Claudio y participa en la toma de Igueriben. Una semana antes de la debacle se le cambia el mando de su unidad y asume el de la compañía de ametralladoras del I batallón. Muere en combate el 9 de agosto en Monte Arruit, adonde había llegado tras replegarse de Intermedia C el 22 de julio. Su cadáver fue recuperado el 27 de octubre y fue trasladado y enterrado en el cementerio de Melilla.
Hasta su muerte permaneció en el ejército un total de 20 años, 11 meses y 11 días. El tiempo de permanencia en campaña fue de 5 años, 6 meses y 4 días. Había cursado el árabe y hablaba y traducía el francés. Su talla, como la media de la época, era de 161 cm.

ASCENSOS
31-08-1900 Soldado de Infantería
01-04-1901 Cabo por elección
01-09-1903 Alumno de la academia de infantería
13-07-1906 2º Teniente por promoción
13-07-1908 1er Teniente por propuesta extraordinaria
30-03-1913 Capitán por antigüedad

CONDECORACIONES
1903- Medalla De Alfonso XIII
1910- Cruz de primera clase del mérito militar con distintivo rojo
Medalla de Gerona
Medalla de Melilla
1911- Cruz del merito militar con distintivo rojo pensionada
Cruz del merito militar con distintivo rojo pensionada
1913- Pasador del Kert
1915- Medalla de plata de los sitios de Zaragoza
Cruz del mérito militar con distintivo rojo pensionada
1916- Cruz del mérito militar con distintivo rojo sin pensión
1918- Pasador de Melilla
1920- Cruz del mérito militar con distintivo rojo sin pensión

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Teniente Coronel García Esteban,a la derecha, Capitán Gonzaléz Vallés.

POSICIÓN INTERMEDIA “C”

Jefe: Cap. A 68 González Vallés
Fuerzas: 1ª Cia/III Bon A68. Tte. Fernández Capalleja y Alféreces Díaz Sanchís y López Jiménez.
Cia. Amet. III Bon A68. Cap. González Vallés. Solo parte de la Cia, pues el resto quedó en Annual
Pérdida: Retirada 22/07. La posición había sido situada el día 20.

Oficiales Intermedia “C”

Manuel Fernández Capalleja y Fernández Capalleja. F/Nto. 11-08-1898. Ingresó en el ejército el 05-09-1914.Alférez 25-06-1917. Teniente 25-06-1919. Fue dado por desaparecido en Monte Arruit.
José Díaz Sanchís : Nació en Alicante el 30 de junio de 1895. Hijo del doctor José Díaz Rico y de Isabel Sanchís Pujalte. Antes de su estancia en Marruecos había colaborado en las paginas del Eco de Levante, donde firmaba con el seudónimo de “Fray Melones”.No era el único oficial que demostraba un interés por la literatura. En otro capitulo dedicaré un recuerdo a ese club de Poetas y tenientes muertos. Ingresó en el ejército el 11-07-1914, había servido en el regimiento de la Princesa y posteriormente en el de África 68. Parece ser, según dicen las crónicas, que fue herido el 28 de julio y quedó mermado de fuerzas, aunque siguió resistiendo con sus hombres en Monte Arruit. Finalmente fue dado por desaparecido tras la capitulación. Tras la reconquista del territorio fue recuperado su cadáver. Para poder identificarlo se trasladaron a Melilla su padre y su tío Antonio Sanchís Pujalte. La prensa de aquel tiempo decía que: “cuando trasladaron los restos del infortunado alférez se depositaron en una caja de cinc y esta, a su vez en una de madera envuelta en la bandera nacional. Desde las siete de la mañana en que llegó el cadáver del militar alicantino, a bordo del vapor «Canalejas», hasta las cinco de la tarde, el féretro estuvo en el edificio de Obras del Puerto. Desde allí sería llevado hasta el ya desaparecido cementerio de San Blas, en medio de una multitud y acompañado por la banda municipal del regimiento de la Princesa. Un acontecimiento doloroso.” El ayuntamiento de Alicante dedicó una calle en su honor, cuya placa fue descubierta por su padre el 26 de octubre de 1923.

Vicente López Jiménez. F/Nto. 15-09-1898. Ingreso 30-08-1917 Alférez 08-07-1920 y destinado en Pamplona en el regimiento Constitución 29. Desde finales de 1919 en África 68. Fue dado por desaparecido tras la capitulación de Arruit.


2011 12 11, 6:43
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Mensaje sin leer EL VIET-NAM ESPAÑOL EN MARRUECOS
EL VIET-NAM ESPAÑOL EN MARRUECOS

Tras la caída de Abarrán e Igueriben, Annual está perdida.
Manuel Fernandez Silvestre, Comandante General de Melilla, al mando directo del ejército español en el Rif, se ve totalmente sobrepasado por el ataque de los rifeños. Avidos de venganza y botin, pasan a cuchillo a los heridos y disparan sin cesar sobre la posición española. Los fusiles Mauser que los estan machacando sin descanso, son los mismos que los soldados y mandos españoles habían vendido durante mucho tiempo al que hoy es el “enemigo”. Era práctica habitual, el realizar la venta de todo tipo de material militar, pese a la prohibición de ello, para sacar sobresueldo.
Se produce desde Annual una retirada a lo “salvese quien pueda”. No existe ninguna organización en la retirada y la posición se desmorona, los heridos son abandonados, no obedece la tropa a sus mandos, no hay mandos con serenidad ni valor para contener la estampida salvo raras escepciones. Silvestre se suicida y deja ver su ineptitud al mando de 19.000 soldados desperdigados en el Rif.

El general Dámaso Berenguer y Fusté, Alto Comisario de España en Marruecos y General en Jefe del Ejército en Africa, al igual que Silvestre, de origen cubano y de ascensos ganados en campaña, no supo socorrer adecuadamente las posiciones cercadas, no tenía previsto un plan de choque en caso de una revuelta seria y minimamente organizada. No hizo caso a Silvestre en sus demandas de material y personal, no presionó adecuadamente al gobierno para la inversión en infraestructura, no supo hacer ver en Madrid, las necesidades que estaba pasando el pueblo al que teníamos que “proteger”. Fuimos tan miserables en lo básico con ellos, que al final, el protegido nos mordió la mano con rabia.

La tropa española estaba mal equipada, con un pésimo nivel de adiestramiento. Parte importante de ellos eran nativos, que veían una forma cómoda de vida el servir al Rey de España en su ejército. Pero hacía meses que no cobraban y eso era peligroso, las cosechas habían sido malas, la gente tenía necesidades y todo eso junto con la envidia innata del pueblo rifeño a los españoles, hizo que no aguantaran más. En casi todas la posiciones que se perdieron en el Rif, los enemigos más despiadados eran los que estaban dentro, los regulares nativos y la policía indígena, no dudaban ni un instante en disparar contra la tropa española y así ayudar a los de fuera a entrar pronto y salvar de la quema la mayor cantidad de armas y munición posible. En muy pocos sitios, siguieron siendo fieles y ayudaron en la medida de lo posible a resistir la situación.

La estampida de Annual, cruzó como un rayo por el paso de Izzumar, el camino era un regero de cadáveres y de heridos a los cuales les esperaba el peor de los futuros en manos de los rifeños. Izzumar, paso flanqueado por dos abruptas paredes de roca, fue cobardemente abandonado por sus defensores, dejando en manos enemigas incluso las piezas de artillería. Se temía mucho al “moro”, casi toda la tropa que había era de nuevo reemplazo.
Era afortunado el que moría de un disparo certero, si por desgracia solo estaba herido, los rifeños disfrutaban bastante amputando los genitales o empalando por el ano a los soldados españoles, las mujeres y niños rifeños, seguían la estela de la retirada y registraban los cadáveres, a los heridos si hacía falta les destrozaban la dentadura con una piedra para arrancarles los dientes de oro. Era practica común, el degollar a los heridos, no valían el precio de una bala y además sufrian más así.

Este trozo de introducción que he contado, lo tengo de primera mano. Mi abuelo paterno Francisco Moreno Ruíz, fue uno de los pocos supervivientes de ese desastre, él estaba destinado en Ben-Tieb. Era la posición española siguente en el camino de retirada, tenían suficiente armamento y municion para resistir, la estampida se intentó sin éxito contener aquí, pero fue imposible. La posición, estaba al mando solo de un capitán, el capitán Antonio Lobo. El peso de la responsabilidad era mucho, quizás le faltó tambien valor y tomó la decisión de replegarse hasta Drius. En Drius estaba el General Felipe Navarro, tercero y ahora segundo en el mando después de la muerte de Silvestre. Lobo le pidió a Navarro instrucciones inmediatas y precisas, al no tener respuesta, decidió abandonar y quemar la posición. Así pues, más carnaza para el enemigo, que disparaba sin cesar sobre una columna de hombres en busca de un hilo de vida.
En la retirada de la posición, estaba mi abuelo, era soldado de primera, del Regimiento San Fernando número 11. Junto a El, su paisano y compañero de armas, Salvador Levia Cuevas, partieron hacia Drius pensando en que allí se agruparía el ejército y se podría resistir.

En Drius, Navarro no daba crédito a lo que veía, eran caras de terror absoluto, el agravante del clima seco e implacable del verano marroquí, hacía mas insoportable la marcha. Eran piltrafas humanas, dias sin beber ni comer, se peleaban los soldados por montar en mulo o en alguno de los camiones cargados de heridos. Llegaron algunos a tirar de los transportes a los heridos, para ocupar sus lugares, algunos oficiales, dando pruebas de la mayor de las cobardías, viajaban a toda velocidad por las pistas de tierra africana en los llamados “coches rápidos” que eran los vehículos Ford destinados al mando para los desplazamientos entre las posiciones.
Fue de autentica vergüenza, aunque no todos fueron de igual condición, en algunos puestos, tanto tropa como oficiales, resistieron hasta el fin. No en vano, los soldados españoles, eran los hombres de “lo imposible”, podían dar muestras de la mayor bravura en las peores circunstancias, sin agua, sin comida, apenas armados con las bayonetas, resistían ataques y asedio hasta el punto de ser admirados y temidos por el enemigo hasta después de muertos.

En Drius, la situación podía cambiar, Navarro solo tenía que organizar un poco el ahora su ejercito e intentar aguantar.
Una vez más, nos equivocamos, la decisión final fue de partir a Batel y de allí a Monte Arruit. Vuelta a empezar, mas acoso, mas muertos y heridos, la idea de Navarro sería de alcanzar la vía férrea y ganar en rapidez de evacuación de heridos y de refuerzos y ayuda desde Melilla. Ese periplo se conoce como “la columna de Navarro”, hay que hacer mención especial a una importante y brava defensa de esos 3500 soldados en retirada, por los escuadrones de Alcántara, caballería en el mas amplio sentido de la palabra, magníficos jinetes y caballeros leales a sus compañeros en la lucha. Eran aproximadamente unos 700 jinetes que fueron recorriendo los flancos de la columna, protegiendo y cargando hasta la extenuación la vida de sus compañeros. Las últimas cargas de bravura sin límite las hicieron con sable y a pié. Pocas veces en la historia militar mundial, se dieron pruebas de tanta hombría. Al mando de estos, Fernando Primo de Rivera, afamado jinete y mejor militar. En Monte Arruit, junto a mi abuelo, resistió hasta el fin. La retaguardia de esa columna, estaba también protegida por otro grupo de valientes, los de San Fernando. Se organizaron en guerrillas y fueron dando buena cuenta de todos los enemigos que podían.

En Monte Arruit, una posición con el agua mas próxima a 400 metros y con un poblado civil pegado a sus muros, tenía pocas vistas de ser el lugar ideal, pero ya estaban a 38 kmts de Melilla, la vía del tren pasaba por allí y quizás no estuvieran tan acosados como más al interior del Rif. Pero no fue así, hasta la misma entrada de la posición, tuvieron que repeler a tiros al enemigo, desde el poblado adjunto, el fuego enemigo era nutrido y certero, dos baterías próximas fueron abandonadas sin descerrajar y el enemigo las aprovechó bien.

Durante todo el asedio, no paraban de caer proyectiles, al principio no explotaban, ya que los moros no sabían graduar bien las granadas, pero aprenden deprisa y bien. Fue uno de esos proyectiles, el que casi le arranca el brazo izquierdo a Primo de Rivera, en vivo y con un cuchillo, el capitán médico Teófilo Rebollar le amputó el brazo al bravo jinete, pero la cangrena dará fin de El a los pocos días. El noble y bravo capitán, también vería su fin al capitular la posición.
Mi abuelo era parte de esos 3200 hombres que llegaron allí, se tenían que beber su propia orina, sacar sangre a los pocos animales que tenían, para llevarse algo líquido a la boca, la colonia, la tinta, todo vale para matar la sed. Tenían algo de grano y otros víveres, pero no los podían cocinar. En intentos desesperados por socorrerles, la aviación (dos aviones) pasaban con frecuencia y les arrojaban hielo en barras, pero era tanta la altura que tenían que llevar, que casi siempre caían fuera de la posición. La munición se destrozaba al caer al suelo, los rifeños se mofaban del espectáculo y no paraban de tirotear las naves voladoras. Mi abuelo nos contaba que los muertos eran apilados en un rincón, que cada día ese montón de cuerpos subía sin parar, pero al día siguiente casi bajaba a la altura del día anterior, los cadáveres de la parte inferior, reventaban y desprendía el más pestilente de los olores. Era Agosto de 1921 en el Rif.

Una noche estando de guardia en el muro, movió la piedra que tenía tapando el agujero por donde él sacaba su fusil para disparar, quería ver como de cerca estaban y de paso intentar cazar alguna pieza. Por desgracia, dentro de la posición tenían hogueras encendidas, fuera estaba muy oscuro y el enemigo se movía en la sombra. Al quitar la piedra, desde el exterior el enemigo vió la luz y disparó con tanto acierto, que gracias a un rebote de la bala en la roca de la pared, la bala que podía haberle matado, solo le impactó con la fuerza suficiente de romper su piel y quedársele alojada entre la carne y el hueso de su sién. Un poco mas fuerte y le habría volado la cabeza. Tembló y se palpó la cara, la tenía llena de sangre pero no le dolía mucho. Por esta vez, se salvó.

Tras varios intentos de negociar una rendición con los moros, el 9 de Agosto y con consentimiento de Berenguer vía heliógrafo, se pacta una salida de los 3000 hombres hacia Melilla. Los moros les prometen vía libre hacia Melilla, a condición de abandonar el armamento y la posición. Navarro junto con un grupo de oficiales, sale y son llevados hasta los aledaños de la estación de tren, mi abuelo junto a su amigo de fatigas Salvador, transportan un herido en una de las camillas, se incorporan a una larga fila de figuras humanas que avanzan cuesta abajo hacia la libertad. Cuando casi la mayoría esta fuera, tras haber dejado el armamento, los moros empiezan a dispara, aparecen filas de ellos en linea frente al muro, se produce un estruendo ensordecedor, caen los españoles como moscas, era como disparar sobre patitos de una caseta de tiro en la feria, el pánico se apodera de ellos que corren en estampida, eso parece hacer que los moros disfruten más, les encantaba ver como gritaban y corrían intentando sin lograrlo salvar la vida.
Mi abuelo junto a su amigo, caen de bruces al suelo y se hacen los muertos, Salvador está herido en el brazo, pero la bala por suerte ha salido. Los moros, tras la masacre, rebuscan en un campo de restos humanos el botín que tanto ansían, monedas, oro, armas blancas o cualquier cosa que pudiera tener uso o valor. Temen ambos que los descubran, pero por suerte no fue así. Tumbados en el suelo, oían los alaridos de los heridos que eran rematados sin piedad, esperaban que la noche cayera y que la oscuridad los ampararan para llegar hasta las afueras del poblado y huir. Así fue, salieron a la carrera, dando todo lo que les quedaba de fuerza en el cuerpo, intentando dejar atrás el horror.
Una vez en marcha, se les unió otro compañero, conocido del pueblo y amigo, era Salvador Rojas, otro pobre diablo intentando que Dios le perdone la vida por esta vez. Durante mucho tiempo, mi abuelo se disculpaba con la familia de Rojas, cada vez que los veía en el pueblo por no haberle podido salvar la vida. Cuando estaban cerca de un río cercano, el río Caballo, los moros les descubrieron e hicieron fuego. A Rojas le alcanzaron de gravedad y a Levia lo hirieron otra vez, pero ahora en una pierna. Mi abuelo se marchaba, pero Levia le pidió socorro y lloraba diciendo. –¡¡ Corro no me dejes que me matan aquí!!-. Mi abuelo retrocedió unos pasos y cargando a Levia a hombros le dijo.- Lo que sea para uno, que sea para los dos-. Rojas le reclamaba ayuda, pero mi abuelo vio que la herida era mortal por necesidad, además no podía cargar con los dos. Así pues le dijo a Rojas que no se moviera, que intentaría regresar por él. Al dejarlo, sabía que no duraría hasta que los moros llegasen a él. Esa escena le dolió toda su vida en el alma.

Los casi 30kmts que quedaban hasta Melilla, cargó con su compañero sin desfallecer, no veía mas que sombras amenazadoras, tuvieron suerte de no encontrar enemigos cerca, oyeron voces y ruidos de moros, pero lejos del camino que ellos llevaban. En la mañana del 10 de Agosto, llegaron a Melilla, los soldados de guardia y un remolino de curiosos, se les acercaban, sonaba una marcha militar de bienvenida, los ignorantes de la tragedia, creían estar viendo a los primeros supervivientes de la columna de Navarro. Nada mas falso, eran los primeros supervivientes de unos 60 que salvaron su vida de Monte Arruit.
El mismo Berenguer, llegó a la altura de ellos, le preguntó a mi abuelo. ¿Cuántos venís?. Mi abuelo le contesto sin aliento. –Este que traigo aquí y Yo-.

Inmediatamente y para que no cundiera el pánico ni sufrir vergüenza ante los medios de comunicación, Berenguer mandó encerrar a mi abuelo en un barracón y aislarlo de conversar con nadie, a Levia lo envió a la enfermería, donde la prensa pudo entrevistarlo de forma furtiva. Mi abuelo no entendía la situación, había salvado a un compañero, había sido el que dio la voz de alerta en Melilla, no quedaba ejército ninguno en el frente y los moros venían de camino. ¿Porqué?, que había hecho él para ser encerrado como un apestado. ¿Solo acaso su error fue quedar vivo?. ¿Los vendieron sus mandos en Monte Arruit?. Navarro y los otros oficiales salvaron el pellejo, el gobierno pagó un rescate por ellos de un cincuenta mil pesetas. El estaba en prisión y Melilla solo tenía 1800 defensores de la peor preparación, músicos y escribientes militares.

Por suerte y por la ayuda del jefe rifeño Abd- el-Kader, Melilla fue solo atacada con pocos efectivos por el enemigo, la defensa española, repelía como le era posible los ataques. Mi abuelo, apenas recuperado, fue puesto en funcionamiento otra vez, en un puesto de ametralladoras, defendiendo Melilla con todas sus ganas y con toda la rabia contenida por lo injusto que le había tocado vivir con solo 24 años de edad.
Lo licenciaron el 30 de Enero de 1922, después de haber tomado parte directa en acciones de reconquista, volvió a su Mijas natal, el día siguiente de su partida, el propio Berenguer, le concede la Medalla Militar de Marruecos con el pasador de Melilla, por su bravura en la defensa de la ciudad, quizás también, por remordimientos del trato que le brindó a su llegada, no se sabe. El caso, es que ese detalle de la medalla, lo desconoció mi abuelo toda su vida. Lo único que se trajo de aquella tierra, fue la bala en su sien y mucho sufrimiento en su cuerpo. Hasta el año 1931, firmaba anualmente su hoja militar, nadie nunca le dijo que tenía esa condecoración. Mi amigo personal Juan Pando, me regaló con todo cariño una medalla igual a la que tenía que haber poseído mi abuelo, en su libro “La Historia Secreta de Annual”, hace fiel y documentado reflejo de toda esa campaña española en Africa. Es en mi opinión, la Biblia de esa historia.

Por mi parte, sigo con mi investigación, los archivos militares y la Biblioteca Nacional, han sido grandes fuentes de información, pero todavía quedan cortinas que descorrer en la historia de mi abuelo en el Rif.

El 24 de Octubre de 1921, los españoles volvieron a Monte Arruít, ninguno de los que llegó (Franco incluido), olvidaría jamás tan dantesco espectáculo. Este fue sin lugar a dudas, el embrión de nuestra Guerra Civil.

A mi padre Salvador Moreno y a mi amigo Juan Pando. Gracias por no dejar que se olviden de ellos.


2011 12 11, 6:51
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual


2012 05 13, 7:26
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2012 07 05, 5:36
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Capitán Lázaro Muñoz en la recepción de los prisioneros de Abdelkrim del campamento de Targuist
liberados en mayo de 1926. En esta foto vemos al citado capitán, en la ciudad de Taza, tomando la
filiación de algunos de estos soldados.


2012 07 07, 8:57
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Mensaje sin leer COMANDANCIA GENERAL DE MELILLA EN JULIO DE 1921. UNIDADES
COMANDANCIA GENERAL DE MELILLA EN JULIO DE 1921. UNIDADES

ENCUADRAMIENTO DE LA FUERZA
El estadillo de la Revista de Comisario del 1° de julio de 1921 señala una cifra de 24.776 hombres en la Comandancia General de Melilla. De ellos, 19.756 eran españoles y 5.020 eran indígenas. Esta fuerza se hallaba encuadrada de la siguiente manera:

Mando y Cuartel General

Comandante General: General de División D. Manuel Fernández Silvestre.
General Segundo Jefe: General de Brigada de Caballería D. Felipe Navarro y Ceballos-Escalera, Barón de Casadavalillo.
Jefe de Estado Mayor: Coronel de Infantería DEM D. Gerardo Sánchez-Monje y Llanos.
Jefe de la Oficina de Asuntos Indígenas: Coronel de Infantería DEM D. Gabriel Morales Mendigutía.
Unidades de Infantería
Rgto. "San Fernando" núm. 11: compuesto por 3 batallones de 6 compañías de fusiles de 120 hombres cada una, y una compañía de ametralladoras por batallón de 50 hombres. El 1° de julio tenía 3.071 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. Enrique Salcedo Molinero. Misión: guarnecer la circunscripción de Dar Drius.

Rgto. "Ceriñola" núm. 42: con la misma composición. El 1° de julio tenía 3.024 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. José Riquelme y López-Bayo. Misión: guarnecer la circunscripción de Annual.

Rgto. "Melilla" núm. 59: con la misma composición. El 1° de julio tenía 3.041 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. Silverio Araujo Torres. Misión: guarnecer la circunscripción de Kandusi.

Rgto. "África" núm. 68: con la misma composición. El 1° de julio tenía 3.078 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. Francisco Giménez y Arroyo. Misión: guarnecer la circunscripción de Zoco el-Telatza.

Brigada Disciplinaria: compuesta por un batallón reducido de 223 hombres de fuerza en revista, al mando del teniente coronel Pardo Agudín. Misión: guarnecer la circunscripción de Nador.

Grupo de Regulares núm. 2: compuesto por 3 tabores de infantería (3 mías de fusiles de 110 hombres cada una y 1 de ametralladoras de 4 máquinas y 50 hombres) y 1 tabor de caballería (3 escuadrones de unos 100 hombres cada uno), el 1° de julio tenía 1.841 hombres de fuerza en revista (416 españoles y 1.425 rifeños), al mando del teniente coronel D. Miguel Núñez de Prado y Sasbielas.

Policía Indígena: compuesta por 15 mías (3 rebás de infantería y 1 de caballería) de unos 110 hombres cada una. El 1° de julio tenía 3.179 hombres de fuerza en revista (todos rifeños menos los oficiales), al mando del coronel D. Gabriel Morales Mendigutía.

Compañía de Mar: el 1° de julio tenía 139 hombres de fuerza en revista.

Unidades de Caballería
Rgto. "Alcántara" núm. 10: compuesto por seis escuadrones de 150 jinetes cada uno. El 1° de julio tenía 1.078 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. Francisco Manella Corrales.

Unidades de Artillería
Comandancia de Artillería: el 1° de julio tenía 1.384 hombres de fuerza en revista repartidos en las posiciones fijas de la Comandancia y en el Grupo de Talleres y Municionamiento, al mando del coronel Masaller.

Rgto. Mixto de Artillería: compuesto por 2 Grupos de Montaña a lomo (3 baterías de a 4 piezas de 7 cm Schneider cada uno) y 1 Grupo Ligero hipomóvil (3 baterías de a 4 piezas de 7,5 cm Schneider). El 1° de julio tenía 1.520 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. Joaquín Argüelles y de los Ríos.

Unidades de Ingenieros
El 1° de julio la Comandancia de Ingenieros tenía 1.496 hombres de fuerza en revista, al mando del coronel D. José López Pozas. Las tropas de ingenieros representaban un 6% % del total de la Comandancia, lo cual suponía que los trabajos de fortificación y acondicionamiento de vías de comunicaciones no se atendieron como se debía por insuficiencia de recursos. Las tropas de ingenieros eran las siguientes:

Jefe de Ingenieros: coronel D. José López Pozas.
Jefe de Tropas y Fortificaciones: Teniente coronel D. Luís Ugarte Sáinz.
Zapadores: unos 800 hombres encuadrados en 6 compañías al mando de los capitanes D. Francisco Iglesias Senra (1° compañía), D. Jesús Aguirre Ortíz de Zárate (2° compañía), D. Agustín García Andújar (3° compañía), D. Dionisio Ponce de León Grondona (4° compañía), D. José Maroto González (5° compañía) y D. Roberto Escalante Marsal (6° compañía).

Transmisiones: unos 300 encuadrados en 2 compañías (capitán D. Félix Arenas Gaspar, compañía de Telégrafos) muy repartidos por todo el territorio.

Automóviles: unos 100 hombres al frente del comandante Fernández Mulero, jefe del Servicio de Automóviles.

Ferrocarriles: unos 100 hombres.

Parques: unos 100 hombres.
Unidades de Intendencia
El 1° de julio la Comandancia de Intendencia tenía 1.076 hombres, al mando del teniente coronel D. Fernando Fontán Santamaría. Las tropas de Intendencia estaban encuadradas en 7 compañías (3 de montaña, 2 montaña, 1 de plaza y 1 de automóviles).

Unidades de Sanidad

El 1° de julio las tropas de sanidas tenían 410 hombres encuadrados en una Compañía Mixta de Sanidad que tan solo disponía de 3 ambulancias automóviles. Mucho de su personal servía en el Hospital Militar de Sevilla. El jefe del servicio de sanidad era el coronel Triviño.

Unidades aéreas

La 2° Escuadrilla de Aviación, compuesta de 6 aparatos, tenía el 1° de julio una fuerza en revista de 42 hombres, al mando del capitán de ingenieros D. Pío Fernández Mulero.

Guardia Civil y Carabineros

Compañía de Melilla de la Guardia Civil (Comandancia de Marruecos), al mando del capitán D. José García Agulla. El 1° de julio había 112 hombres de fuerza en revista entre Guardia Civil y Carabineros.


2012 08 19, 8:50
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Ametralladoras del Tercio extranjero persiguiendo al enemigo en su huida, después de ocupar Atlaten
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2012 08 30, 1:37
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El general Silvestre con su Estado Mayor, a la izquierda, su hijo y ayudante
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Harqueños tirando contra nuestras tropas, el que está de pie calza leggins y dispara un tercerola
Mauser de nuestra caballeria
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Lo poco productivo del terreno y la lejanía de las posiciones de los centros de abastecimientos,
obligaban a provisionar éstos por medio de convoyes

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2012 12 20, 9:48
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Rifeños descargando fusiles para entregarlos a nuestras tropas en señal de sumisión
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Los Jefes de la Kabila de Benisicar haciendo el sacrificio de una ternera en señal de sumisión
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Nuestros soldados al entrar en el poblado de Segangan para proseguir su victorioso avance sobre
Atlaten
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Artilleria haciendo fuego sobre el enemigo frente a Sebt para proteger a la columna de avance sobre
Atlaten

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2012 12 20, 9:54
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Miembros de una ma de Policia Indigena, el informe del General Picasso es muy critico con el
sistema de reclutamiento de estas tropas
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Oficiales de la Policia Indigenas, la actuacion absolutamente reprobable de algunos de estos mandos
contribuyo a enajearno el respeto de los nativos
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Seccion de Infanteria practicando el tiro
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La gran cantidad de piezas de artilleria perdidas durante la retirada elevo considerablemente la
potencia de Harka, estos cañones eran servidos por moro instruidos por desertores o por artilleros
obligados a ellos bajo tortura
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El general Sanjurjo.


2012 12 20, 10:10
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Un CA-1, en Tafersit, 1923
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El teniente Ramón Topete defensor Tifaruin y los moros de la Policía a sus órdenes
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2013 02 09, 9:11
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La Columna.

El capitán Agustín López cree que, en el ejército, tan importante es el papel como la pólvora.
En su puesto, como jefe del archivo en la comandancia de Melilla, conoce los sortilegios para moverse entre legajos. La burocracia duerme allí, combando los anaqueles con el peso del olvido. El capitán es el custodio de un universo de polvo rescatado del sueño por la exactitud de su memoria. Ha dejado su vida entre las humedades y tienen sus huesos el reuma de los libros, contagiada su piel con la palidez del pergamino.
Escrupuloso en la raya de la patología, había conformado la estancia a su propia semejanza; al fin y al cabo eran treinta años de imperturbable rigor para una obra imposible a cualquier otra paciencia. A veces, a última hora de la tarde, antes de marchar a casa, se recuesta en su butacón y alza la mirada sobre los estantes, satisfecho de su trabajo y del orden en las galerías. Es capaz de oír en el silencio el crujido del papel cuando envejece, el crepitar de la tinta seca, el murmullo que produce la armonía de las cosas. Todo para él es canto gregoriano en el templo donde moran las epopeyas del soldado. Que no es epopeya solamente la batalla sino también la rutina administrativa que la hace posible. Un sitio para cada escrito y cada escrito en su sitio. Sus ojos han visto multiplicarse los pliegos y llenarse los armarios. Su mirada tiene la precisión de un péndulo para señalar los ciclos de la paz y de la guerra. Disfruta acariciando los lomos alineados en perfecta formación sobre los rancios tablones. Lee los títulos verticales, en solemne caligrafía inglesa:
Ocupación de Monte-Arruit. Campaña del general Larrea. 1912.
Ocupación de Ifrit Bucherit e Ifrit-Aisa. Paso del Kert. 1915...
Conoce los papeles que guarda cada carpetón: Estados de antes y después de la batalla, los partes de guerra, las actas de la maniobra y de la munición consumida, las copias de cada expediente, las hojas de armamento, las bajas en combate, los cedulones de la política indígena... Él ha sido el orfebre solitario de aquel prodigio de celulosa cuya opulencia solo es comparable con su inutilidad.
Sus compañeros no saben apreciar su trabajo, le gastan bromas, como pedir un documento que nunca existió para tenerle envuelto en la locura de destripar legajos. Otras veces se meten con él y le dicen pachorrudo, camastrón, Agustinico melindres y otras cosas peores, pero por regla general le suelen dejar tranquilo ya que sumido, en sus encargos es invulnerable al mundo y a sus miserias.
-Para que las cosas sean, han de estar escritas y a buen recaudo. -Piensa en un aforismo existencial.
Pronto pasará a la reserva y con orgullo cree que solo entonces se darán cuenta de su valía, que a ver quien es capaz de poner orden en las baldas sin que se pierda papel alguno.
Un solo soldado tiene a sus órdenes, y por un pánico sobrenatural al estropicio no le permite hacer nada. Tampoco el joven podría, aunque quisiera. Agustín López, tan escrupuloso como desconfiado, dice: -Mucho ayuda el que no estorba.
El soldado se limita a seguirle sonámbulo, mientras el capitán explica:
-Este documento lo conforman dos ejemplares, uno para acompañar los extractos y otro para la compañía; advirtiendo, que para las demás reclamaciones que hace el 2º comandante, solo deben ser resúmenes, como se dice en la obligación de dicho jefe. También debe tenerse presente, que con arreglo a dicha instrucción, la presentación de las relaciones de plus, se hará en el mes inmediato al en que se hayan devengado, cuyo recuerdo harán los comisarios de guerra en el acto de la revista; y también que, formalizándose esta clase de ajustes a mes vencido, se tendrá por terminado el plus de ordenanza si no se hubiesen presentado las relaciones dentro de los dos meses siguientes al de su devengo.
¿Esta claro verdad?. ¿Te suena?. -El soldado asiente con la cabeza, pero sus ojos extraviados delatan una incomprensión profunda, primitiva. Aquello le suena a brujería.
A pesar de todo el joven es imprescindible. El capitán le necesita para no tener que hablar solo. Barrer el suelo y rellenar tinteros son otras importantes obligaciones de las que recibe a cambio consideraciones paternales: ser llamado hijo algunas veces, hereje otras y recibir permisos de vez en cuando. Pero los papeles... el capitán los papeles no le deja ni rozarlos.
El soldado aunque no se entera de nada, es más despierto que el hambre:
-Si todos los oficiales fueran tan organizados, este ejército sería otra cosa. -Sentencia dando coba mientras afila un lapicero.
-¡Cállate, poca vergüenza o te envío a morir de sed en Haf!. -Al soldado, Haf, la sed y la amenaza le recuerdan a la Biblia.
Y pasaba el tiempo y el joven bostezaba esperando su licencia.
Más allá de aquellos feudos la guerra seguía. Era el año 1921 y el verano trajo rumores de lucha. Venían de Annual, desolado descampío hacia poniente desde donde el rifeño alzaba su rebeldía.
Los ecos de la batalla turbaron la paz secular de los confines del archivo. Lo supieron, no por que lo dijera nadie sino por el inusual retemblor de las tarimas.
El soldado, que tenía la intuición del soldado, fue el primero en darse cuenta:
-Muchos gritos para ser el mes de julio...
Un cornetín tocó entonces “generala”.
Era cuestión de vida o muerte, en el aire flotaban presagios de derrota. El capitán general en persona, perfil pulido en cien batallas, había sucumbido a pie abandonado de todos. Melilla indefensa como una niña. Siempre lo estuvo, pero ahora parecía que los moros se habían dado cuenta. Sin puertas que la guardaran, el miedo llegó a sus calles y la gente se veía a merced de los puñales.
El estado mayor, sin otras fuerzas disponibles, improvisó una columna que había de partir de inmediato hacia el frente. Se formó con la inagotable caterva de la retaguardia, con el sorprendente y prodigioso inventario de la milicia cavernaria, a saber: barberos, músicos, escribientes, jardineros, albañiles, sastres, zapateros, desbravadores, faroleros, estadísticos, cocineros, carteros, monaguillos, camareros, enterradores, asistentes, ordenanzas, carreros, gastadores, aguadores, tinajeros, armeros, aposentadores, herradores, forjadores, guarnicioneros, carpinteros, almacenistas, rebajados e intendentes.
A la singular cohorte se agregaron media docena de mulos de desecho, indultados a última hora del matadero.
Aquella alucinada chifladura se llamó el batallón de los no esenciales, aunque hay que señalar que la influencia de algún valedor, que no la esencia, libraría algunos otros todavía del privilegio de la gloria.
El armamento que les dieron resultó igual de insólito: carabinas con más reputación que poderío que fueron rescatadas de la maestranza sin otro parecido que la vejez y el descalibre. Y ni aún así llegaron para todos, que a muchos hubo que armar con pistolones de chispa y machetes apenas reconocibles entre la herrumbre.
En el colofón del disparate, al frente de una parte de aquel inofensivo corrincho trapacero sentaron al jefe del archivo; al desamparado capitán Agustín López.
-Parece mentira. -Rumiaba. -Con la de oficiales jóvenes en primera vida que hay, como me pueden nombrar para mandar una cosa así.
Aquel hombre que no sabía combatir sino a las polillas, convertido en héroe tutelar. Al principio pensó que se trataría de algún quehacer administrativo a desarrollar temporalmente en el frente y donde su dilatada experiencia tuviera un imprescindible cometido, pero desengañado muy pronto de aquella ilusión, lo que más le preocupó fue su incapacidad para lo que se le venía encima y si no protestó fue por evitar manifestarla o que la confundieran con miedo, que era peor todavía.
Agustín López no entendía mucho de táctica, ignoraba los inmutables principios del arte de la guerra y carecía de vigor físico, pero lo que le enseñaron los años era que soldado significa esforzado, y que por encima de todo, más allá de las dificultades, la injusticia y la sinrazón, el puñetero oficio de las armas se construía a base de buena voluntad, y así se dispuso a la tarea con el ánimo viril de un capitán en Flandes.
Lo primero que hizo fue tratar de enterarse de lo que tenía que hacer, y que no fue poca la intención ya que otros “no esenciales” con aquello de la prisa partieron a la guerra sin otro bagaje que el desconcierto.
Para ello pregunto a un comandante del que tenía buen concepto. Este, le condujo a una sala enorme, sancta santorum del estado mayor donde un mapa con alfileres de colores mostraban la situación oficial, que nada tenía que ver por cierto, con lo que realmente estaba sucediendo. Allí el jefe inició una perorata de la que Agustín López alcanzó a hilar cabos sueltos:
Su columna saldrá... utilizando los itinerarios de ida para llegar y los de regreso para volver... proyectaremos un segundo esfuerzo lo antes posible... ocupación temporal que asegure la maniobra... línea del Kert ... puesto de mando alternativo... trabajos de fortificación... a toda costa ... esperar órdenes... enlace por el fuego... vigilancia por el norte... reserva del sector de Kandussi,...
El capitán Agustín López llegó a dos importantes conclusiones: la primera que no entendía cosa alguna y la segunda que seguiría sin entender nada por muchas veces que se lo explicasen. De ese modo partió hacia el moro, no sin antes pasarse por su archivo del alma, de donde sacó un mapa antiguo con las posiciones que había al oeste de Melilla, de cuando el general Marina... Mejor aquello que nada.

...La caminata se inició temprano al día siguiente, pero ya el calor maceraba la tierra. Agustín y sus “no esenciales” avanzaban con dificultad a través de las ondulaciones del campo, las siluetas cabizbajas y encogidas por la falta de costumbre. En el camino se cruzaron con paisanos que les dejaban pasar como se deja pasar un entierro.
Alcanzaron Farkhana y los primeros cerros hacia el Oeste a fuerza de tropezones pero todavía con buena disposición y agrupada la columna. Los soldados del capitán Agustín López marchaban sin decir palabra, que sabido es que el miedo vuelve silenciosos a los hombres.
Después de algunas horas entraron en los secarrales de Beni Sidel y para entonces ya se habían bebido cuanta agua traían. Más allá, la diligencia de la tropa se fue apagando a cada paso. Convertidos en penitentes, en la desolación del compañero vislumbraban ahora su propio destino. El capitán se dejaba arrastrar sujeto a la rienda de un mulo, cegado y aturdido de tanta intemperie. Conocía los dolores de su cuerpo cincuentón, pero ignoraba la tortura de la piel desollada por las correas, el suplicio del sudor cuando sala los ojos, la angustia de la lengua convertida en trapo. Supo entonces porqué de impedir le viene el nombre a impedimenta. Recordaba la fresca oscuridad de su archivo, la sombra apacible de los legajos y lo que había hecho toda su vida se mostraba ahora tan distante como el término de aquella andadura. El corazón se le ahogaba, al mismo tiempo que la espalda se vencía bajo la eficacia del sol; el cuello humilló definitivamente, incapaz de soportar tanta fatiga. Parecía que cuanto sucedía nada tenía que ver con él, y si seguía adelante era porque le seguía su gente. Con la rigidez de la madera, miraba impotente como se rezagaban algunos. Con ánimos apenas para no desfallecer, no le restaban fuerzas para mandar y de esta manera, a todas las penalidades, tuvo que añadir la vergüenza.
Y continuó la procesión durante horas, sin otro jefe que la providencia...
Atravesaron de este modo el serrijón de Mallatcha y por los cantiles del río Medouar no se despeñaron porque estuvo de Dios. En el aluvión descansaron como solo descansan los fósiles y a la altura de Ifrane, desde un oteruelo sin nombre, vieron el mar. El vuelo de los pájaros les condujo a un cuchillar sin paso y el insoportable olor de un chacal podrido les sacó de allí. Orientados ahora por la magia de la fiebre aparecieron en Tifassor, esta vez en la ruta obligada.
Al borde del síncope, sacando fuerzas de la memoria, el capitán alzó la mano para indicar alto y se detuvo. La columna fulminada se dejó caer. El descanso agrupó a los hombres que hubiesen quedado tendidos para siempre si la insolencia de las moscas no les hubiesen resucitado.
Apenas recuperados, se arrastraron otros tres kilómetros hasta un pequeño destacamento que la suerte vino a colocar en el camino. Cuando los centinelas de aquel despoblado vieron aparecer en el horizonte el paso errante de los “no esenciales”, pensaron espantados que las ánimas del purgatorio venían a visitarles. Advertidos al cabo del error y recobrado el empaque, el miedo dio paso enseguida a la misericordia y les abrieron los postigos para darles agua y sombra. Agustín López escuchó que se hallaban en Sammar y aquel soldado inevitable sonrió, asmático, con la arrebatadora coherencia de la obligación cumplida. Pasó lista y comprobó que estaban todos excepto un sargento guarnicionero y granuja al que habían visto durante la mañana darse la vuelta hacia Melilla. Aquella contrariedad vino a empañar su alegría y abrumado no sabía que hacer. Sentía sobre sus hombros la responsabilidad del fugitivo. Su alma de formulario hallaba la solución delirante en el recuerdo de los decretos vigentes: “Llevará con suma exactitud el alta y baja de tropa, documentos de mucho interés para aclarar las dudas que suelen ocurrir sobre abonos. El jefe responderá a cuanto se haga en su unidad en la parte económico administrativa y dará las noticias que se le pidan en esta materia...”.
Pero sabido es que los pies hinchados impiden analizar las cosas. De ese modo el Capitán cayó dormido con la serenidad de la buena conciencia. Sueño sin tinieblas, señales ni palabras. Tendido sobre una estera y sin probar alimento, su cuerpo doliente era inmune al insomnio. Nada, ni siquiera la guerra podía desvelar su descanso.
Cae la tarde en el Rif, un ocaso de púrpura y oro se cierra sobre el horizonte como una profecía. Los árboles, a la última luz, se alzan convertidos en espectros vegetales. Sobreviene un silencio dramático. Ladran los perros anunciando la noche. El sol que como un sudario ardiente cubría la tierra, empieza a perder ahora su batalla.

La mañana trajo renovados dolores, que unas horas eran poco ungüento para tanta calamidad. Había que continuar hacia el Sur, siguiendo las salobres márgenes del Kert para llegar a un lugar llamado Ishafen. Otro parapeto calcáreo que señalaba el término de la odisea y a donde nunca habrían de llegar. Para que obedecieran sus soldados, convertidos en raíces, contó con el sufragio de los indígenas que guarnecían Sammar y cuya mirada presentía desventuras peores que la fatiga.
Así se pusieron en marcha, aún incapaces de moverse, fueron arrastrados por la indiscutible autoridad del destino. Llevaban la lentitud acumulada del día anterior y los pies y la historia no les dejarían ir muy lejos. Los primeros tiros sonaron hacia el Este, pero no oyeron cosa alguna y siguieron indiferentes su camino. Bajo la blanca luz africana, un ejército de moros erizados de cuchillos asaltaba a esas horas las posiciones españolas. La línea del Kert ardía. Uno a uno fueron cayendo los reductos que el ejército diseminó en Marruecos. Un Marruecos que nos venía grande y que defendíamos con soldados asustados. Faltaban medios y sobraban ambiciones. El combate tuvo la brevedad de un destello.
Los “no esenciales” continuaban su ajeno deambular hacia ninguna parte, incapaces de imaginar peor suerte que la que venían arrastrando. Un moro les vio venir del mediodía. Un disparo al aire atrajo a otros, que se aprestaron al ataque con la rutina de cazadores primitivos. El resto de la historia es la historia de siempre. La primera descarga hizo carne y despertó a los hombres del cansancio y corrieron empujados por el miedo hacia donde el enemigo quería que corriesen. Algunos iniciaron un indeciso tiroteo que sin herir a nadie causó más confusión todavía. A los moros les dio tristeza un enemigo tan fácil, pero estaban resentidos por el desprecio y ebrios de violencia.
Quizás fuera el escalofrío del destino intuido de pronto pero el capitán se tendió a morir en la soledad del páramo. Su fatiga era real y paralizadora. Al sentimiento de impotencia añadió la certeza póstuma de haber malgastado su vida. Los papeles no importaban nada ante la suprema brutalidad del combate. De lejos le llegaba el rumor metálico de los avíos del soldado, las voces y los tiros. La herida llegó sin saber cómo ni cuándo. Así ocurre en la guerra. Parece mentira que le pueda suceder a uno, pero allí estaba la sangre heroica, indiferente a su asombro.


2013 04 20, 8:38
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
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1921 UN "BLOCAO" CAMINO DE ANNUAL


2013 04 23, 9:07
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
Sublime información, agradecer por este magnífico trabajo, muchas gracias por editarlo, saludos


2013 10 25, 9:42
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
aledo te as lucio valla tabajazo tanguapo saludos

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2013 10 25, 10:52
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual

Los cuatro olvidados de la Guerra del Rif

Los soldados Ildefonso González, Higinio Fernández, Martín Serrón y Lorenzo Gutiérrez desembarcaron en la costa valenciana después de la celebérrima derrota de Annual.
Entre las de Benlliure y el doctor Lluch, una vieja tumba rinde homenaje a cuatro militares españoles que participaron en las campañas bélicas en África, en el primer cuarto de siglo XX. Todos ellos fallecieron en Valencia tras ser atendidos en la Lonja del Progreso Pescador, reconvertida en hospital.

Sus nombres, inscritos sobre la fría lápida, son ya prácticamente ilegibles. El erosivo paso del tiempo ha difuminado las letras con las que un día se quiso homenajear su valentía en el campo de batalla. Hoy, la tumba que conmemora la muerte de cuatro «héroes» de la Guerra del Rif (1909-1927) ha quedado atrapada en el anonimato, entre los restos de figuras ilustres locales como Mariano Benlliure y el doctor Lluch, que también descansan en el familiar cementerio del Cabanyal.

Olvidados por las actuales generaciones, estos cuatro militares se vieron obligados a cambiar su juventud por los combates en el desierto del norte africano en la década de los años 20. Y pese a que ninguno había nacido cerca del Mediterráneo, de Melilla regresaron, en 1921, en un barco que zarpó con destino Valencia, quizás a sabiendas de que su cuerpo ya estaba herido de muerte.

Higinio Fernández Martínez, de Zamora, falleció el 19 de noviembre de 1921, con apenas 22 años, por culpa de una endocarditis, incurable entonces. Poco después, el 21 de noviembre, hacía lo propio Martín Serrón Martínez, natural de Murcia, con 21 años, debido a una bronconeumonía. Por el mismo motivo murió el mes siguiente, el 6 de diciembre, Ildefonso González Hernández, nacido en Salamanca 22 años antes. Un poco más tarde, el 4 de abril de 1922, se le apagó la vida a Lorenzo Gutiérrez Vergara, de 24 años y nacido en Melilla. Según el certificado de defunción, por una trombosis pulmonar.

Los cuatro se despidieron de este mundo en las camas de la Lonja del Progreso Pescador, edificio construido por la cofradía de pescadores del Cabanyal cerca de la actual dirección general de la Guardia Civil —en la calle Eugenia Viñes—. Una construcción que ya no se mantiene en pie, a diferencia de la otra lonja, la del Pescado, propiedad, por aquel entonces, de la sociedad patronal Marina Auxiliante, y que fue inaugurada unos años antes. Debido a la amplitud de estas dos naves, la Cruz Roja las utilizó como hospitales desde 1909, cuando arrancaron las primeras escaramuzas de la Guerra de África, ya que los combatientes españoles que resultaban heridos volvían en barco hasta los principales puertos de la península para ser atendidos.

Desde el mes de agosto de ese año, tal como documenta el escritor Gerardo Muñoz, vapores como el «Cabañal», el «Cataluña» o el «Rabat», procedentes de Marruecos, desembarcaron centenares de heridos en Valencia. Una vez se comenzó a hospitalizar soldados en las lonjas, los vecinos de los poblados marítimos se volcaron en su cuidado. Tanto fue así, que el rey Alfonso XIII condecoró a varias familias que, de forma voluntaria, cocinaban y asistían a aquellos jóvenes. La solidaridad fue tal, que llegó a hacerse eco la prensa de la época. En una de las páginas de un periódico ABC de 1921, se puede leer lo siguiente: «Merece citarse, por su admirable instalación y solicitud con que son atendidos los soldados del Cabanyal de Valencia, regentado por el delegado de la Cruz Roja, el inspector de Medicina de la capital, Don José Dómine y el doctor José Buero, a quienes ayudan con todo entusiasmo y abnegación en la humanitaria tarea de cuidar a los enfermos, damas tan ilustres como la marquesa de Malferit, María Pampló y los hermanos terciarios».

Pero los encomiables cuidados no bastaron para que aquellos cuatro soldados, que llegaron al puerto de Valencia pocos meses después de la histórica derrota del ejército español en Annual (22 de julio de 1921), lograsen sobrevivir a sus heridas.

La guerra tóxica en Marruecos
En este sentido, cabe destacar la coincidencia de que tres de los cuatro militares padecían de problemas pulmonares. Este hecho podría corroborar las versiones de algunos historiadores. En ellas, se asegura que tras el desastre de Annual el régimen español ejecutó una serie de bombardeos con productos tóxicos sobre tropas enemigas para lograr una victoria rápida, aunque ello podría haber afectado también a estos cuatro olvidados de la Guerra del Rif.


http://www.levante-emv.com/valencia/201 ... 53622.html

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2013 11 24, 3:25
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
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Junio de 1921. Muchos de los que aparecen en la foto, morirían apenas un mes después del desfile....
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Tomada en el puerto de Melilla, en la fotografía, un grupo de soldados (entre ellos un suboficial y un sargento),
miran al fotografo (Lazaro) desde la borda del barco que los lleva a la Península.

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2014 09 06, 12:24
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual

Los vitorianos que murieron en el desastre de Annual (1921)

El escritor Tomás Alfaro describe el impacto de la guerra de Marruecos sobre la ciudad

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De todos los cronistas que han escrito sobre Vitoria, sin duda Tomás Alfaro es el más completo, porque su visión engloba la historia general de España y en ella introduce la participación de la ciudad y sus ciudadanos. Alfaro estuvo en aquella guerra que fue para muchos la crisis que llevó años después a la Guerra Civil. La presencia del cronista en el campo de batalla hace que el capítulo dedicados a Annual (1921), uno de los grandes descalabros del Ejército español en su larga historia, y todo lo que vino después, sean retratados de una manera especial en su libro ‘Vitoria, una ciudad desencantada’.

En julio de 1921, en Annual, Marruecos, el campamento en el que se encontraban las tropas del general Silvestre, se produce la catástrofe. Las tribus marroquíes al mando de Abdelkrim destrozan a las tropas españolas que huyen en una desbandada general. Junto al general Silvestre, se encuentra el vitoriano Ramón Arce e Iradier, ayudante del coronel Manella. Todos morirán.

En medio del descomunal desastre no faltaron héroes aislados. Tomás Alfaro habla del capitán Lacy, que acababa de estar destinado en Vitoria y del teniente vitoriano Carmelo Burgo, abandonado en Kadur, enfermo y días después muerto en cautiverio sin que fuera atendida su fácil rescate ofrecido en los primeros días y relegado en un cajón del Estado Mayor de la Comandancia de Melilla.

El 2 y 3 de agosto las tropas abandonan Nador y Zeluan en dirección a Melilla. Atrás dejan un reguero de cadáveres y se pierde todo el material. Entre estos fugitivos lograron salvarse dos vitorianos, el teniente Pinedo Alonso y el sargento Fresno, valiente defensor de la fábrica de harinas de Nador hasta el último momento. Este sargento retirado del Ejercito fue fusilado en Pamplona por republicano al comenzar la Guerra Civil.

Cuando las tropas españolas empiezan a reaccionar, la población española se vuelca, y los vitorianos no van a la zaga. En la comandancia de Melilla el general Cavalcanti se llevó de ayudantes a otros dos vitorianos, Enrique Cañedo-Argüelles (herido en Tizza, junto a Nador) y Federico de Santiago.

'Guipuzcoa', el batallón vitoriano

El 12 de septiembre de 1921 una columna mandada por el general Sanjurjo lleva a integrantes del batallón Guipuzcoa con guarnición en Vitoria. Son tropas escogidas y formaba parte de la vanguardia de choque en las más difíciles operaciones. Entre ellos va el propio Tomás Alfaro de forma voluntaria.

“Guipúzcoa, el batallón vitoriano era como una prolongación de su ciudad añorada siempre por gran parte de los que lo componen. Su teniente coronel es Eduardo Carbajo, bondadoso y modesto, pero frío y valiente en el combate y su comandante Cándido Ichaso, vitoriano neto, eran ejemplos de jefes. Mandaban las compañías en sucesivas etapas los capitanes , casi todos oriundos de la tierra alavesa, Benito de la Brena, Ramón Saleta, Agustín Navarro (herido en la ocupación de Yazanen y pasado después a inválidos), Héctor Bruna, Pedro Rapallo, Peña, Díez del Corral, … y la secciones de los tenientes Bienvenido Arnaiz, Mariano Areyzaga, Antonio Díaz de Tuesta, José Suances, Tomás Alfaro, Eduardo Carbajo, Mariano Ciria, Cecilio Aguirre, Mozos, Zamora, Larrauri, Millán………Entre los soldados de cuota figuraban vástagos de las más conocidas familias vitorianas: Vidal Cabañete, Francisco Elizagárate, Santiago Lorente, David Díaz, José Valdecantos Manuel Viñuales (quien falleció en Dar-Quebdani a consecuencia de un accidente), Lucio Irazu, Antonio Galdos, Vicente Martínez, Gabriel Buesa….cumplidores de su deber con animado espíritu, a pesar de que muchos estaban inclinados al nacionalismo vasco sin que les impidiera demostrar su valor personal en los momentos más difíciles. Actuaba de capellán del batallón Antonio Moya, en apariencia pusilánime porque era pacífico por naturaleza pero que en momentos de intenso fuego, con grave peligro mortal, recorría impávido la línea con grave riesgo de su vida, para ejercer su sagrado ministerio. Por su actuación en el combate de la Esponja llegó a ser propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando. En fin, para completar este cuadro local en los campos de África debe mencionarse al cantinero Francisco Garmendia quien, con su mujer, abandonó Vitoria para unirse a la suerte de sus soldados a quienes atendía con unos huevos con patatas fritas que ni mejor los hace en su acreditado establecimiento actual de la ciudad….y también el que fue asistente del que suscribe, José Infantes, años después conserje del Club Deportivo Alavés y de la Piscina de Judizmendi.

Otras fuerzas de guarnición en Vitoria fueron enviadas a Africa durante aquella campaña. Desde los primeros días estuvo presente en Melilla un grupo de batería del 2º de Montaña, figurando entre otros oficiales, los hermanos Julio y Miguel Zumárraga, hijos del entonces secretario de la Diputación de Álava. Numerosos soldados de cuota formaban en él, mencionándose por ser muy conocidas sus familias en la ciudad a Jesús Martínez de Aragón, hermano de Ramón, el tan perseguido teniente de la escuela de guerra, Ignacio Lascaray, Jesús Susaeta, José Luis Uralde, Luis Olivares y Fortunato González de Heredia. En los primeros combates al pie de sus piezas murió el teniente Jubera, tildado de nacionalista vasco, hermano del farmacéutico de la calle de la Estación. En los banderas del tercio luchó y cayó gravemente herido en el combate de la Esponja el teniente Pedro Echevarría. Otros tenientes, el de infantería, Díaz de Atauri; el de Aviación, Ramón Ciria, que más tarde perdió la vida; y el de caballería, Jesús Velasco, quien en regulares ganó un ascenso, y algunos más que se van de la memoria, denotaban unos y otros la gran aportación de sangre y valor que la capital alavesa a portó. Solo en el batallón de Guipuzcoa sufrió el 50% de bajas durante la campaña, de ellas 200 muertos, aunque medio centenar lo fuera por enfermedades, el tifus, sobre todo que se cebó en aquella juventud”.

Sigue relatando Alfaro que el batallón Cuenca número 27 partió a fines de noviembre de 1921 a la zona Occidental, donde empezaba a agitarse la rebelión. Pasó muchas penalidades y desgracias y fue duramente castigado en una emboscada perdiendo a más de 20 hombres. En él formaban como soldados de cuota Jaime Ozores, Francisco Castresana, Antonio García Gresca, Tomás Buesa.

Cuando la columna de Sanjurjo partió desde el sur, Nador, después del sangriento combate de Sebt (3 de octubre) ocupó el día 5 Atlaten, estableciendo un campamento en Segangan, desde donde el día 10 ascendiendo hacia el Gurugú (monte que protege Melilla) resistió la más dura prueba de la campaña, que pudo haber terminado en desastre puesto que su columna sufrió más de mil bajas, 100 en el batallón vitoriano de Guipúzcoa que se condujo heróicamente cubriendo a la bayoneta el hueco que dejaron en los altos de la Esponja una bandera del tercio y el Batallón de la Princesa, ambos diezmados sin oficiales. A la columna Bereguer le tocó plantar la bandera en la cima.

En toda esta durísima campaña tomó parte el Batallón Guipúzcoa considerado como uno de los más aguerridos y seguros hasta el punto de que se le confió la guarnición, después de ocupadas el día 11 de diciembre, de las posiciones de Kadur y Tazarut, punto este último el más extremo de la línea en un saliente sobre el río Kert, tiroteada casi todos los días. El 2 de enero, según ampliación del plan primitivo de ocupación acordado, la de Ras-Tikermin, cinco kilómetros más allá de la otra orilla de dicho río, donde entró el Batallón vitoriano, precedido del tercio en pleno fuego, que duró hasta entrada la noche y donde en días siguientes se soportaron intensos paqueos y hasta cañonazos disparados por los moros desde Buhermana, en el monte Mauro.

Alfaro destaca una marcha de 40 kilómetros en apenas 10 horas del batallón Guipuzcoa desde Monte Arruit después de haber realizado 15 kilómetros la víspera . Y todo esto ocurría no en medio de la euforia, sino de una alarmante desilusión por los políticos.

El 12 de marzo perdió la vida en Tarazut el teniente coronel González Tablas, de estirpe vitoriana al frente de sus regulares de Ceuta


http://www.elcorreo.com/alava/araba/201 ... 03358.html

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2014 10 14, 11:55
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
Bonachera te me has adelantado......................................iba a poner lo que has puesto tu sobre los Vitorianos..........................y mira...........

vengo to chulo........................como diciendo, ehhhhhhhhhh que allí también "sufrieron" los de mi Tierra.................................

y ¡plash!............veo que ya lo habias visto antes tu.....................je je je.

Si es que eres un "makina".

Y como no..........................MUCHAS GRACIAS.....................................que incluso igual "imagino" que te has acordado del "Zarrapastroso del Polvorín" ja ja ja.

Apúntate UNA Bonachera. ¿Oyeeeee............ahora también leés el periódico el Correo?............o como te has enterado????. Me tiene intrigado oye.

Saludos de tu Bicharraco. Muchas Gracias.

Posdata: La de Historias que han ocurido en este País.........................y que poco las han aireado........................y cuanto Heroe sin nombre.

Pero.......................................¿y todavía me sorprendo?.....................si sigue todo igual..............¡ O NO !

Y no lo digo solo por este artículo..................hablo en general y de PERSONAS que dejaron allí su sangre y vidas........... de todos los rincones del País.


2014 10 15, 6:18
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
Pues lo cierto es que no leo yo el correo,pero como voy arañando por todos los rincones que me huela a Melilla pues lo encontre ayer y me dije " a algun vasco o de por ahi le gustara esto" :lol: :lol: :lol: Que siempre estan con los catalanes que estuvieron en Melilla,como si los demas no hubieramos estado :lol: :lol: :lol:

Saludos Bicharraco... :lol: :lol:

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2014 10 15, 12:04
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual

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http://youtu.be/LP0Nhl0yIQQ

Video realizado a petición de un suscriptor sobre el mayor desastre militar para las armas españolas del siglo XX. Hecho histórico que conmocionó a España y supuso la llegada de Primo de Rivera al poder y finalmente la caída de la monarquía.


2014 11 05, 2:30
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual
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2015 07 01, 11:17
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual

El 2 de Agosto de 1929 el Ejercito trasladó los restos que fueron exhumados de los 58 cementerios provisionales
de otras tantas posiciones de combate, ya que era la única opción de enterrarlos por estar sitiados por el enemigo.
El osario está situado en el Patio del Ángel en el Panteón de Héroes del Cementerio de la Purísima en Melilla



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2015 07 01, 6:59
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Mensaje sin leer Re: Relatos y fotos del desastre Annual

Real Orden de 9 de julio de 1923.

El comandante de infantería D.Juan Velázquez Gil de Arana,jefe de la guarnición de Sidi Dris,resistió en la posición a un enemigo infinitamente mayor en número,y ataco rudamente,llegando hasta las alambradas.Sin víveres,agua y carente de los elementos necesarios para curar heridos,el comandante Velázquez recorrió los parapetos animando a sus soldados y estuvo en constante comunicación con el buque "Princesa",que le trasmitía las órdenes del mando,y finalmente la de evacuación de la posición.Después de inutilizar todo cuanto tenía valor para el enemigo,destruyó parte de la alambrada y roció con petroleo todos los elementos combustibles para,al amparo del fuego,organizar la salida de la mitad de la guarnición,pero el enemigo se lanzó sobre la pequeña columna y la aniquiló,logrando ser recogidos por la escuadra solo doce hombres de los 350 de que constaba en principio la tropa defensora.El comandante Velázquez quedó en la posición protegiendo la retirada y sucumbiendo en ella gloriosamente.La Patria premió su heroísmo con la Cruz Laureada de San Fernando.


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2015 07 03, 1:31
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