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LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860) 
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LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)

Alarde militar español ante Marruecos y la opinión pública mundial, que acabó con "una paz chica para una guerra grande".

ANTECEDENTES (1844 - 1859)


Entre los años 1843 y 1844 las ciudades de Ceuta y Melilla sufrieron una serie de ataques por parte de fuerzas marroquíes. En 1844 un agente consular español fue asesinado en Marruecos. El general Narvaez, presidente del gobierno español, protestó ante el sultán Muley Soleiman de forma tan enérgica que casi se llegó al borde de la guerra. Inglaterra medió en la disputa y logró que el sultán firmara en Tanger un acuerdo con España el 25 de agosto de 1844, que fue posteriormente ratificado por el Convenio de Larache el 6 de mayo de 1845, en el que, entre otros acuerdos, se fijaron los límites de la ciudad de Ceuta.

A pesar de la firma del convenio, las ciudades de Ceuta y Melilla continuaron sufriendo constantes incursiones por parte de grupos marroquíes. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente repelidas por el ejército, sin que éste pudiera internarse en territorio marroquí en persecución de los agresores, por lo que la situación se repetía de forma habitual. De esta forma, el gobierno español decidió dar un golpe de efecto para frenar los ataques marroquíes e invadió sin previo aviso las islas Chafarinas en 1848.

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General don Leopoldo O´Donnell, presidente del Gobierno español en 1859. Había subido al poder el 30 de junio de 1858 como miembro del partido de la Unión Liberal. Permaneció al frente del gobierno hasta 1863, lo que le convirtió en el jefe del gobierno más largo del reinado de Isabel II..

Las islas Chafarinas se encuentran a 27 millas al esta de Melilla. Habían estado desabitadas desde siempre, siendo consideradas como "res nulius" o tierra de nadie. El general Narvaez ordenó su ocupación, por lo que el 6 de enero de 1848 tropas españolas procedentes de Melilla y Málaga desembarcaron en el archipiélago, adelantándose con ello en seis horas a los planes de ocupación que los franceses iban a poner en ejecución. A partir de entonces se iniciaron una serie de encuentros entre ESpaña y Marruecos que culminaron en 1859 con la firma del Convenio de Tetuán, donde se pretendía poner fin a los problemas fronterizos entre ambos países.

Simultáneamente, España decidió materializar la defensa de los límites de Ceuta pactados en el Convenio de Larache mediante la construcción de una serie de fuertes. El 11 de agosto de 1859, el destacamento español que custodiaba la construcción del cuerpo de guardia de Santa Clara en el campo exterior fue objeto de agresiones por parte de los rifeños de Anyera, que destruyeron parte de las fortificaciones y arrancaron y ultrajaron el escudo de España. El 24 de agosto los marroquíes repitieron la misma acción hostil. Cuando la noticia llegó a la Península, una ola de indignación recorrió el país [01].

El general don Leopoldo O'Donnell, presidente del Gobierno español en aquel momento, pensó llegado el momento de colocar a España de nuevo entre las potencias de primer orden, por lo que no quiso perder la oportunidad de obtener una victoria militar fulminante [02]. Para ello, exigió al sultán de Marruecos, Muley Mohamed, un castigo ejemplar para los agresores. El 5 de septiembre el cónsul español de Tánger presentó un ultimatun a Marruecos: exigió la reposición de los destruidos escudos fronterizos de España, que fueran saludados por las tropas del sultán, y que los autores del hecho fueran castigados en Ceuta ante la guarnición española. El documento finalizaba con estas palabras:

"Si S.M. el Sultán se considera empotente para ello decidlo prontamente y los ejércitos españoles, penetrando en vuestras tierras, harán sentir a esas tribus bárbaras, oprobio de los tiempos que alcanzamos, todo el peso de su indignación y arrojo."

Poco después el sultán falleció, y su hijo Mohamed Abdalrahman nunca cumplió el requerimiento del presidente del gobierno español. La respuesta dada por Marruecos fue difusa y ambigua. El general O'Donnell era un hombre de gran prestigio militar. La agresión marroquí sobrevino justo en el momento en el que estaba en plena expansión su política de ampliación de las bases de apoyo al gobierno de la Unión Liberal. Además, era plenamente consciente que desde la prensa se reclamaba con insistencia una acción decidida del Ejecutivo. Por ello su gobierno se movió con rapidez y consiguió apoyos diplomáticos en el resto de países europeos, utilizando argumentos de honor mancillado y falta de seguridad en sus fronteras.

El 22 de octubre propuso al Congreso de los Diputados la declaración de guerra a Marruecos, tras recibir el beneplácito de los gobiernos francés e inglés, a pesar de las reticencias de este último por el control de la zona del estrecho de Gibraltar, y que al final debilitarían la posición española al terminar el conflicto. En efecto, Inglaterra exigió el compromiso de que España no permanecería en Tetuán ni Tánger, ya que temían un intento de ocupación permanente de esta última ciudad; además exigió a España su compromiso de no establecerse en ningún lugar del estrecho.

Toda la sociedad española acogió la guerra con entusiasmo. La reacción popular fue unánime. La Cámara aprobó por unanimidad la declaración de guerra y todos los grupos políticos, incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático, apoyaron sin fisuras la intervención militar.


2012 01 03, 9:45
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DESARROLLO DE LA GUERRA (1859 - 1860)

En el Principado de Cataluña y en las Provincias Vascongadas se organizaron centros de reclutamiento de voluntarios para acudir al frente, donde se inscribieron muchos elementos carlistas, sobre todo procedentes de Navarra, en un proceso de efervescencia patriótica como no se había dado desde la Guerra de la Independencia. El presidente de la Diputación de Barcelona, Victor Balaguer, organizó un Tercio de Voluntarios que se pondría directamente al mando del general Prim.

En la zona de Málaga y Algeciras de congregó un Ejército Expedicionario de 36.000 soldados de Infantería y Caballería, 65 piezas de Artillería y 41 navíos de guerra y transporte entre 17 buques de vapor, 4 de vela y 20 lanchas cañoneras. Mandaba las fuerzas el propio presidente del Gobierno, general O´Donnell, quien dividió las fuerzas de Infantería en tres cuerpos de ejército en los que puso al frente a los generales Juan Zavala de la Puente, Antonio Ros de Olano y Ramón de Echagüe. La división de Caballería quedó al mando del general Alcalá Galiano, y el cuerpo de reserva estuvo bajo el mando del general Juan Prim. El almirante Segundo Díaz Herrero fue nombrado jefe de la flota. Los objetivos fijados por el gobierno eran la toma de Tetuán y la ocupación del puerto de Tánger.


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Avance del ejército español en Marruecos desde Ceuta (1859-60). (Fuerzas Regulares Indígenas. De Melilla a Tetuán. 1911-14. ).

El 11 de diciembre de 1859, tras 40 días del comienzo de las hostilidades, el Tercer Cuerpo de Ejército, al mando del Teniente General Ros de Olano, embarcó en el puerto de Málaga en 19 naves que le condujeron a Ceuta [03].

Previamente a la llegada del grueso del ejército a Ceuta, el mando español decidió mejorar las defensas de la plaza y expulsar a las tropas moras [04] de sus posiciones. Para ello el 12 de diciembre se desataron las hostilidades por la columna mandada por el general Echagüe, que tomó la fortificación de El Serrallo. Cinco días después, el 17 de diciembre, el general Zabala ocupó la Sierra de Bullones. El resto de las tropas fue desembarcando paulatinamente en Ceuta, donde acabaron de concentrarse el 21 de diciembre, momento en que el general O´Donnell se puso al frente del Ejército Expedicionario. El día de Navidad los tres cuerpos de ejército habían consolidado sus posiciones y esperaban la orden de avanzar hacia Tetuán.

El 1 de enero de 1860 se libró la batalla de Castillejos, que resultó la primera victoria española el campo abierto. El general Prim avanzó en tromba hasta la desembocadura de Uad el Jelú con el apoyo al flanco del general Zabala y el de la flota, que mantenía a las fuerzas enemigas alejadas de la costa. En el momento más crítico de la batalla el general Prim se lanzó hacia las filas enemigas enarbolando la bandera de España, arrastrando con su acción a los soldados del Regimiento de Córdoba.

Las refriegas continuaron hasta el 31 de enero, dia en que fue contenida una acción ofensiva marroquí y se logró una nueva victoria en el Monte Negrón, abriéndose con ello el camino del Ejército Expedicionario hacia Tetuán. El avance español fue detenido por las tropas marroquíes el 4 de febrero, dando lugar con ello a la batalla de Tetuán. Los combates tuvieron lugar los días 4 y 5 de febrero. Los españoles recibían la cobertura de los generales Ros de Olano y Prim en los flancos. La presión de la artillería española desbarató las filas marroquíes hasta el punto de que los restos de éste ejército tomaron refugio en Tetuán, que cayó en manos españolas el día 6 de febrero. Ese días los voluntarios catalanes izaron la bandera de España en la alcazaba de la ciudad.


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Batalla de Tetuán, pintado por Rosales en 1868.

Alcanzado el primer objetivo, comenzaron los preparativos para la consecución del segundo: la ciudad de Tánger. El ejército se vio reforzado por las unidades voluntarias vascas, con gran número de carlistas, que en un número aproximado de unos 10.000 hombres más, desembarcaron durante el mes de febrero hasta completar una fuerza suficiente para la ofensiva del 11 de marzo.

El 11 de marzo se libró el duro combate de Samsa. Los españoles se enfrentaron esta vez a muchedumbres de cabileños del Rif, llegados expresamente de sus montañas para demostrar a los flojos tetuaníes y a los miedosos "moros del Rey" cómo se combatía para echar a los cristianos al mar. Sin embargo, tampoco ellos lograr frenar el avance español.

Los españoles prosiguieron su marcha hacia Tánger, donde se encontraba el sultán en esos momentos. El día 23 de marzo las tropas españolas, dirigidas por los generales Rafael Echagüe, Antonio Ros de Olano y Joan Prim, vencieron contundentemente a las fuerzas marroquíes en la batalla de Wad-Ras. La victoria militar española aplastó a las tropas del Sultán. El generalísimo marroquí Muley el Abbas, hermano del Sultán, prefirió capitular ante los españoles antes que correr el riesgo de cerrarles el paso del Fondak de Ain Yedida y, con él, el paso hasta Tánger.

Tras un periodo de armisticio de 32 días, el 26 de abril se firmó en Tetuán el Tratado de Wad-Ras.


2012 01 03, 9:47
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
El tratado de Wad-Ras puso fin a la guerra. Fue firmado en Tetuán el 26 de Abril de 1860. Por el tratado, se declara a España vencedora de la guerra, y Marruecos es declarado perdedor y único culpable de la misma. A pesar de la victoria lograda, España no logró ninguna expansión territorial ni ventaja importante, pues ni Francia ni Inglaterra lo consintieron. El acuerdo, calificado popularmente como una "paz chica para una guerra grande", estipuló lo siguiente:

Se ratificó el convenio firmado el 24 de agosto de 1850 sobre el dominio de la plaza de Melilla a perpetuidad, que vió aumentado su perímetro fuera del área fortificada mediante el establecimiento de una zona de seguridad alrededor de la ciudad y de una zona neutral, y de los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas.

Se aumentó el área de dominio de Ceuta y sus alrededores a perpetuidad, incluyendo todo el territorio que iba desde el mar, pasando por los altos de la Sierra de Bullones, hasta el barranco de Anghera.

El cese de las incursiones a Ceuta y Melilla. Para ello España consiguió que se instalase un caid del Sultán al mando de una mehal-la armada frente a las ciudades de Ceuta y Melilla con misiones de policía.

Marruecos reconocía la soberanía de España sobre las Islas Chafarinas.

Marruecos aceptó el pago a España de 400 millones de reales (100 millones de pesetas), en concepto de indemnización de guerra. Era evidente que esta suma no se llegaría a cobrar nunca en su totalidad; y cuando se pactó el 20 de noviembre de 1861 un tratado de comercio que declaraba a España como "nación más favorecida", el mismo fue aprovechado por otros países mejor preparados para beneficiarse de sus cláusulas.

España recibía a perpetuidad el territorio alrededor del fortín de Santa Cruz de la Mar Pequeña (posteriormente denominado Sidi Ifni), frente a las islas Canarias, para establecer una pesquería en el asentamiento de una antigua factoría española creada en la zona en época de Isabel la Católica.

Tetuán quedaría bajo administración temporal española hasta que el sultanato pagase las deudas a España. A pesar de ello, las tropas españolas evacuaron Tetuán dos años y tres meses después de la firma del tratado, en julio de 1862.

España recibió autorización para que sus misioneros pudieran instalarse en Fez y para construir una iglesia frente al Consulado de España en Tetuán.


2012 01 03, 9:48
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
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Operaciones del 3 de noviembre de 1893 para abastecer los fuertes de Cabrerizas y Rostro Gordo,
regreso del convoy a la plaza, protegido por las guerrillas y el fuego de los fuertes, en La Ilustración
Española y Americana.
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Croquis del campo de Melilla, en La Ilustración Artística, 13 de noviembre de 1893.



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2015 03 17, 9:33
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
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Campamento de Ataque Seco (Guerra de Margallo, 1893)
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Campamento en el cementerio (Guerra de Margallo, 1893)

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2015 07 07, 8:42
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Batalla de los Castillejos

La batalla de los Castillejos se libró el 1 de enero de 1860 y tuvo lugar en los altos y en el valle de los Castillejos, situado a unos 4–5 kilómetros al sur de Ceuta.

Formó parte de la Guerra de África, que enfrentó a España con Marruecos, durante el reinado de Isabel II y el gobierno de Leopoldo O'Donnell. Las tropas españolas lograron desalojar de sus posiciones al enemigo, que se batió en retirada.

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Antecedentes

El gobierno del general O'Donnell, se sentía presionado por una complicada situación política en el país, consecuencia, entre otras razones, del riesgo que se repitiera alguna intentona republicana contra Isabel II, como la del verano de 1858, o algún nuevo movimiento del partido carlista.

Durante las últimas dos décadas, las plazas españolas en el norte de Marruecos, particularmente las de Ceuta y Melilla, venían siendo acosadas por los rifeños, que estaban en rebeldía tanto contra España, como contra el sultán.

En agosto de 1859 un destacamento del ejército español, que daba protección a las obras de reparación del fortín de Santa Clara, fue atacado por los rifeños de Anyera, que acabaron con parte de las obras de fortificación y arrancaron y ultrajaron el escudo de España. Enterado el general O'Donnell, exigió al sultán, Muley Abd al Rahman, una reparación así como un castigo a los causantes de la afrenta. Poco después falleció Abd al Rahman y su hijo y sucesor, Muhammad ibn Abd al-Rahman, nunca cumplió con el requerimiento de O'Donnell.

Utilizando este incidente, O'Donnell tomó la decisión de emprender un conflicto armado contra Marruecos, con el objetivo militar de incrementar el área de dominio de Ceuta, controlar Tetuán y Tánger, y su vía de comunicación por tierra, a través del Fondak de Aïn Yeddida, pero también para mover a la opinión pública a su favor, distraerla de los problemas internos y unirla contra la amenaza exterior, que suponían las cada vez más frecuentes agresiones de los marroquíes.

El primer paso fue asegurarse el acuerdo de Francia y de Gran Bretaña, potencias con intereses en la zona. El gobierno británico, exigió el compromiso de que España no permanecería en Tetuán ni en Tánger, ya que temían que esta maniobra encubriese un intento de ocupación permanente de esta última plaza, además exigió el compromiso que España no se establecería en ningún punto del Estrecho. Tras ello, el 22 de octubre obtuvo también la aprobación del Congreso de los Diputados, para declarar la guerra a Marruecos.

La reacción del pueblo fue de un entusiasmo delirante y la mayoría de los partidos políticos respaldaron la iniciativa de O'Donnell. En las semanas siguientes, se abrieron centros de recogida de pertrechos, donados por las gentes y de reclutamiento de voluntarios, particularmente, en el País Vasco y Navarra, donde se inscribieron numerosos carlistas, así como en Cataluña, donde el presidente de la Diputación de Barcelona, Víctor Balaguer, se encargó de organizar un tercio de voluntarios, que se pondría directamente al mando del general Prim.

El ejército movilizado para esta actuación constó de aproximadamente treinta y cinco mil hombres, la artillería contó con unas setenta piezas de reciente fabricación y la flota de apoyo con diecisiete barcos a vapor, de los cuales seis eran impulsados por hélice y once por ruedas, cuatro de vela y veinte lanchas cañoneras.

Las tropas de tierra se dividieron en tres cuerpos de ejército que estuvieron al mando de los generales Echagüe, Zabala y Ros de Olano, respectivamente. Además se movilizó una división de caballería a las órdenes del general Alcalá Galiano y el cuerpo de reserva con el general Prim a la cabeza. Las fuerzas navales estuvieron al mando del almirante Díaz Herrero.

Previamente a la llegada del grueso del ejército a Ceuta, para mejorar las defensas de la plaza y desplazar a las tropas moras de esas posiciones, el 12 de diciembre de 1859, el general Echagüe había tomado la fortificación del Serrallo y el 17, Zabala había conquistado los altos de la Sierra de los Bullones.

El resto de las tropas se reunió en Algeciras y en Málaga y desembarcó en Ceuta, concentrándose en esta plaza el 21 de diciembre, momento en que se puso al mando de las tropas el propio O'Donnell, que además de Presidente del Gobierno, era ministro de la Guerra.

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Desarrollo de la batalla

Al amanecer del 1 de enero de 1860, las tropas, a excepción del Primer Cuerpo, que permaneció en Ceuta, con el fin de proteger la ciudad, emprendieron la marcha hacia Tetuán, siguiendo el camino de ese mismo nombre, un itinerario norte-sur, paralelo a la playa de Tarajar.

En vanguardia marcha el general Prim, con el apoyo de la familia Brotons,[1] al mando de la División de Reserva, seguidos de O'Donnell, con su Estado Mayor y el Cuartel General, en retaguardia marcha el Segundo Cuerpo. El Tercer Cuerpo, al mando de Ros de Olano, se atrincheró en zonas altas del valle.

Frente a la playa se encuentra posicionada parte de la escuadra, con el fin de facilitar el avance de las tropas de tierra, conteniendo al enemigo mediante fuego de artillería y también desembarcando, directamente en la playa, tropas de marinería y de Infantería de Marina, que se encargarán de evacuar y trasladar a bordo a los heridos y de dar apoyo, en caso necesario, a las tropas de tierra.

Las fuerzas moras tenían por objetivo impedir el avance de las tropas españolas en su camino hacia Tetuán y para ello, estaban posicionadas, en su mayoría, en los altos del valle.

Las primeras actuaciones estuvieron a cargo de la División de Reserva, al mando de Prim, en la que se encontraban el Regimiento del Príncipe, los batallones de Luchana, de Cuenca y de Cazadores de Vergara, dos escuadrones de húsares y dos baterías de artillería. Apoyados por la artillería de la marina, consiguieron sin grandes dificultades desalojar al enemigo de sus posiciones, al que obligaron a huir hacia el valle, refugiándose en la Casa del Morabito y en los bosques próximos.

Tras ello y con el apoyo de la artillería de montaña del Tercer Cuerpo, las tropas de caballería de Prim descendieron al valle y, junto a la infantería de marina, que había desembarcado y estaba al mando del capitán de fragata Lobo.

Tras esta acción se llegó a un corto período de calma durante el cual Prim reorganizó sus tropas. Otro tanto hizo el enemigo, al que se le unieron un gran número de otras nuevas, de caballería y de infantería.

Las tropas marroquíes tenían por objetivo recuperar a toda costa sus posiciones iniciales perdidas, por lo que se lanzaron a una serie de furiosos ataques contra las de Prim, dando lugar a enconados combates, que requirieron el apoyo del Regimiento de Córdoba y los batallones de Arapiles, León, Saboya y Simancas, del Segundo Cuerpo, al mando de Zabala y finalmente del propio O'Donnell con los batallones de Chiclana y Navarra.

Finalmente, llegado el atardecer, las tropas españolas habían conseguido prácticamente todos sus objetivos, desalojando de sus posiciones al enemigo, que se batió en retirada, dejando expedito el camino a O'Donnell y sus tropas, en su camino hacia Tetuán.

De todos los efectivos humanos del ejército español, movilizados desde la península, en esta batalla participaron menos de diez mil hombres, frente a más del doble de efectivos marroquíes, cuyas bajas fueron superiores a dos mil. Por la parte española, las bajas fueron de alrededor de unos cien muertos y quinientos heridos.

Por los méritos contraídos en esta batalla, al general Prim, que ya era conde de Reus, se le otorgó el título de Marqués de los Castillejos con Grandeza de España.

Actualmente, y desde 1929, hay en Barcelona la calle de los Castillejos en recuerdo de batalla en la que España obtuvo la victoria.

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Medalla conmemorativa de la batalla
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2016 04 25, 11:04
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
Los Voluntarios Catalanes. Marruecos 1860

Al igual que los vascos, los catalanes también contribuyeron en la Guerra de África de 1860 con la Unidad de Voluntarios Catalanes.

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don Victoriano Segrañés, Comandante en Jefe
de los Voluntarios Catalanes

La unidad se creó el 24 de diciembre de 1859 constaba de cuatro compañías y estaba mandada por don Victoriano Sugrañés y Hernández, teniente coronel graduado y capitán de infantería retirado. La Plana Mayor la completaban el teniente ayudante don Manuel Vacaro y Vázquez y el subteniente don Federico Martínez Aranzana. Las Compañías eran mandadas por los capitanes de infantería retirados: don Manuel Rodríguez López Guars, la 1ª; don Antonio Giménez y Bouder, la 2ª; don Martín de Rochenflué y Ortiz, la 3ª y don Antonio Menéndez y Moron, la 4ª. Cada compañía tenía además dos tenientes y un subteniente. Todos los oficiales estaban en situación de retirados en el Ejército.

Como sucedió en el resto de regiones, fue la Diputación de Barcelona la encargada de gestionar todo lo relativo a la Unidad de Voluntarios. En un principio cada población que aportaba voluntarios debía costear la confección de los uniformes pero, finalmente, el coste fue asumido por la Diputación de Barcelona y alcanzó la cantidad de 10 000 duros. Este detalle fue correspondido por la reina Isabel II quien envió a la Diputación una carta de agradecimiento. La uniformidad constaba de un «gorro del país o barretina», 3 camisas de algodón, 2 pares de calzoncillos, 2 camisetas de algodón, una túnica y un pantalón de pana, un par de botines de cuero, 2 pares de alpargatas con peales, un morral‑mochila, una manta y una bolsa de aseo. Los oficiales lo mismo pero el poncho como el de los oficiales de Infantería.

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Voluntario Catalán

Las divisas eran para los capitanes tres galones de panecillo de plata que llevarán en la manga de la túnica entre el codo y el hombro, en forma de ángulo cuyo vértice se colocará dos pulgadas debajo de la costura. Los tenientes usarán dos galones de la misma clase y forma y uno los subtenientes. Los sargentos usarán dos galones y uno los sargentos segundos colocados como los de infantería del Ejército y los cabos dos galones de estambre encarnado como los de los regimientos de infantería. El armamento era una carabina rayada como la de los Cazadores que se las entregó el Parque de Artillería de las existencias de los almacenes.

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Divisas de los Voluntarios

Para el reclutamiento se admitieron voluntarios entre los 17 y los 36 años con buena resistencia física y sin estar sujetos a la próxima quinta. Mientras dure la guerra quedarán acogidos a las leyes y ordenanzas militares. Cada compañía la compondrán 125 hombres y entre ellos se elegirán a 8 cabos, 3 sargentos segundos y un sargento primero, teniendo preferencia los que hubiesen pertenecido a esas clases en el ejército o en los cuerpos francos. Su hubiese voluntarios bastantes se formaría un segundo batallón con las mismas características. Finalmente, la Unidad estuvo compuesta por 466 hombres, 312 del partido judicial de Barcelona y el resto distribuidos por toda Cataluña.

La Unidad partió del puerto de Barcelona a bordo del buque “San Francisco de Borja” con destino a Tarifa. Su comandante al embarcar dio el grito: «Adeusiau barcelonins» (adiós barceloneses). El día 3 de febrero de 1860 la Unidad llegó a Ceuta a bordo del buque “El Piles”, justo antes de la batalla de Tetuán, siendo recibidos en la misma playa por el general O’Donnell y toda su plana mayor. Fue el general Joan Prim, conde de Reus y marqués de Los Castillejos, quien les dio la bienvenida y tras recordarles que debían corresponder con su valor a los honores recibidos por el ejército “del bravo O'Donnell, que ha resucitado a España y reverdecido los laureles patrios”, les dijo la siguiente arenga en catalán:

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Bandera de los Voluntarios Catalanes en la Guerra de áfrica de 1860

«Catalanes: Acabáis de ingresar en un ejército bravo y aguerrido, en el ejército de África, cuyo renombre llena ya el universo. Vuestra fortuna es grande, pues habéis llegado a tiempo de combatir al lado de estos valientes. Mañana mismo marchareis con ellos sobre Tetuán.Catalanes: Vuestra responsabilidad es inmensa; estos bravos que os rodean y que os han recibido con tanto entusiasmo, son los vencedores en veinte combates, han sufrido todo género de fatigas y privaciones; han luchado contra el hombre y contra los elementos; han hecho penosas marchas, con el agua hasta la cintura; han dormido meses eternos sobre el fango y bajo la lluvia: han arrostrado la tremenda plaga del cólera; y todo lo han sufrido sin murmurar, con soberano valor, con intachable disciplina. Así lo habéis de soportar vosotros. No basta ser valientes: es menester ser humildes, pacientes, subordinados. Es menester sufrir y obedecer sin murmurar. Es necesario que correspondáis con vuestras virtudes al amor que yo os profeso, y que os hagáis dignos con vuestra conducta de los honores con que os ha recibido este glorioso ejército, de los himnos que han entonado las músicas en vuestro loor, del general en jefe a cuyas órdenes vais a tener la honra de combatir; del bravo general O´Donnel, que ha resucitado a España y reverdecido los laureles patrios…Pensad en la tierra que os ha equipado y os ha enviado a esta campaña; pensad en que aquí representáis el honor y gloria de Cataluña; pensad en que sois depositarios de la bandera de vuestro país…y que todos vuestros paisanos tiene los ojos fijos en vosotros para ver como dais cuenta de la misión que os han confiado. Uno solo de vosotros que sea cobarde, labrará la deshonra de Cataluña…Y si así no lo hacéis; si alguno de vosotros olvidase sus sagrados deberes y diese un día de luto a la tierra en que nacimos, yo os lo juro por el sol que nos está alumbrando: ni uno solo de vosotros volvería vivo a Cataluña…”Si correspondéis a mis esperanzas y a las de todos vuestros paisanos pronto tendréis la dicha de abrazar a vuestras familias y dirán llenos de orgullo: “Tu eres un bravo catalán”».¡Adelante, catalanes! ¡Acordaos de lo que me habéis prometido! ¡Adelante!».

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2017 02 26, 10:46
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Víctor Balaguer, cronista de la guerra, comentaba: «Después de la arenga, los voluntarios catalanes desfilaron delante de O´Donnell y al verlos desfilar, este se dirigió a Prim: “Me parecen algo faltos de instrucción”, a lo que éste, contestó: “Mi general, mañana la completaran en el combate”».

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Batalla de Wad-Ras. Cuadro de Mariano Fortuny. Museo Nacional de Arte de Cataluña

La Unidad de Voluntarios Catalanes tuvo su bautismo de fuego nada más llegar, tomando parte destacada en la batalla de Tetuán donde murió su comandante Victoriano Sugrañes. Los hechos de esta batalla se narraron así en el Diario de un testigo de la Guerra de África:


«Los voluntarios catalanes han levantado su nombre con una singular hazaña. Los nobles hijos del Principado iban de vanguardia mandados por el General Prim, pero en el instante crítico al llegar a la artillada trinchera, los moros se ponen de pie sobre sus parapetos y fusilan sin piedad a nuestros hermanos. Pero los catalanes no retroceden. […] aunque la franja está llena de muertos y heridos unos 100 catalanes consiguen pasar. El General Prim se pone a su frente y con voz tremenda les grita en su lengua: “Adelante catalanes no hay tiempo que perder” […] los voluntarios acometen como toros la formidable trinchera. Prim va por delante el primero de todos. Ensangrientan sus bayonetas y vengan a sus compañeros. Vítores sin cuento a la madre España».

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El general Prim arengando a los voluntarios en la batalla de Wad-Rás. Cuadro de

Víctor Balaguer en Los Españoles en África, comenta sobre la muerte de su comandante:

«Tan brillantes resultados, Excmo. señor, no se consiguen sino con pérdidas sensibles, doblemente cuando recaen en personas tan dignas y beneméritas como las que tenemos que lamentar. Por el estado adjunto, verá V.E cuan cara nos ha costado la victoria; solo llamaremos la atención de V.E sobre las nunca bien lloradas del comandante don Victoriano Sugrañés y Hernández y don Mariano de Moxó, muertos gloriosamente en su puesto, al conducir sus soldados a la victoria».

Los catalanes sufrieron cuantiosas bajas en la toma de Tetuán, pero no fue esa su única hazaña. Cuando los rifeños cortaron el paso a los españoles en Wad-Ras, en su marcha hacia Tánger, se produjo la batalla más dura y sangrienta de toda la guerra. En un momento determinado del combate los batallones españoles fueron rodeados por los rifeños, en ese momento el general Prim, a bayoneta calada, lanza a los 250 voluntarios catalanes que quedaban a romper el cerco. Estos heroicos hechos fueron inmortalizados por los cuadros de Mariano Fortuny y Frances Sans i Cabot.

La Diputación de Barcelona encargó el diseño de la medalla conmemorativa a Josep Pomar i Lladó, se acuñó en los talleres de Bernat Castells, y constó de tres categorías:

Categoría Oro: Fueron dos, una para el general Prim y la otra para el coronel Francesc Fort Segura, quien comandó a los Voluntarios tras la muerte de Sugrañés.
Categoría plata: 492 unidades, medalla de pecho para los soldados que regresaron.
Categoría bronce: 140 unidades, medallas de mano para los familiares de los muertos en combate.

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Madallas de plata y bronce (de mano)

Según el historiador Alfredo Redondo, regresaron a casa 237 de los 466 voluntarios, con pensiones garantizadas en función de la condecoración recibida y un ofrecimiento por parte de la Diputación de Barcelona de trabajo en alguna de sus obras.

También se conoce a los Voluntarios Catalanes en la Guerra de África como «Los Voluntarios de Prim»

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Cartel conmemorativo del regreso de los Voluntarios Catalanes


(Publicado por Juan Andrés Caballero)

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2017 02 26, 11:10
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
Los Tercios Vascongados. Marruecos 1860

La intervención de España en Guerra de África de 1860 se produjo para garantizar la seguridad de sus plazas de soberanía e incluso su propia independencia. Esta lucha tuvo un espíritu de unidad y fue una guerra popular, se podía decir que fue una «Cruzada», una guerra santa que despertó en el pueblo un verdadero sentimiento de defensa nacional. Si la integridad de todo el territorio peninsular no peligraba, sí que estaba en juego la seguridad de la plaza española de Ceuta y se ponía gravemente en cuestión el honor nacional, lo que aunó aún más el sentimiento de unión.

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Voluntarios vascongados. Grabado de la época.

En unos años tan convulsos, este movimiento tuvo un amplio respaldo en todas regiones y provincias de manera que se formaron y organizaron tropas especiales para la contienda, unas fueron forzosas, otras voluntarias y algunas con soldados de ambas procedencias, siendo una de estas las llamada División Vascongada o Tercios Vascongados con los que el Señorío de Vizcaya y las provincias de Álava y Guipúzcoa acudieron a formar parte de este empeño de nivel nacional.

Las provincias vascas vivían en aquellos años en Régimen Foral y dentro de esta estructura se creó todo el proceso de formación de los Tercios. Así, el 12 de noviembre de 1859 se reunieron en la Casa de Juntas de Guernica los Comisionados del Señorío de Vizcaya y los de las provincias de Álava y Guipúzcoa, junto al histórico árbol símbolo de las libertades vascas. Al ser un asunto excepcional el llamamiento a la guerra, ese mismo día se tomaron los acuerdos necesarios como respuesta inmediata. Estos acuerdos fueron: 1º Poner inmediatamente a disposición de la Reina («Su Majestad la señora de Vizcaya») un donativo voluntario de cuatro millones de reales por cuenta de las tres provincia hermanas. 2º Un alistamiento general del país, con arreglo al Fuero por el tiempo que dure la guerra de Marruecos y, 3º La creación de tres Tercios fuertes de 3 000 hombres, en dichas provincias durante el tiempo de la misma guerra.

La Junta del Señorío comunica a los vizcaínos por circular de la Diputación, el 20 de noviembre de 1859, los términos del acuerdo adoptado con las otras dos provincias de esta manera:

«Vizcaya, que a fuerza de sacrificios ha conquistado el renombre de Muy Noble y Muy Leal, sin que en la dilatada serie de los siglos haya desmentido tan glorioso dictado,—Vizcaya, que siempre ha concurrido con sus esfuerzos y servicios generosos el día del peligro, cuando el principio religioso, el principio monárquico, la independencia nacional o el honor del pabellón español se hallaban comprometidos, no puede, sin faltar a su historia, a sus antecedentes, a sus mayores y, a lo que a si propia se debe, dejar de tomar parte voluntaria y digna, en los sacrificios, ahora que se trata de obtener cumplida satisfacción de los repetidos agravios inferidos al pendón de Castilla, por una nación bárbara y descreída, y de llevar a ella, con la gloria de las armas españolas, la semilla fecunda y civilizadora del Evangelio, cumpliendo así el Testamento de aquella gran Reina Católica, la imagen de cuyo esposo tiene la Junta presente en el acto de jurar en este mismo sitio, a la sombra del árbol venerando que le cobija, los fueros, libertades y franquezas de este suelo infanzón. La España toda se apresta llena de entusiasmo a la guerra. ¿Cómo por primera vez en los fastos del honor vascongado había de quedar Vizcaya mera espectadora de la lucha, sin tomar parte en los sacrificios y en el peligro de sus hermanos? (…)»

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don Carlos María de la Torre Navacerrada

Los «Tercios Vascongados» o «División Vascongada» estaba mandada por el mariscal de campo don Carlos María de la Torre Navacerrada como Comandante general de la División Vascongada, y al coronel don Rafael Sarabia Núñez como jefe de la plana mayor. Se dividía en cuatro Tercios que contaría cada uno con seis compañías, con un capitán, un teniente y un subteniente cada una de ellas.
El primer Tercio era el de Álava, con 709 hombres, el segundo el de Guipúzcoa, con 766, el tercero el de Vizcaya, con 776, y del cuarto correspondían a Guipúzcoa las Compañías 1ª, 2ª y 3ª, con 364, y a Vizcaya las 4ª, 5ª y 6ª, con 415. Aportan un total de 3 000 hombres que sumados a los 42 000 del resto de regiones forman los 45 000 efectivos del ejército de África. El 1º Tercio se reunió en Vitoria, el 2º en Tolosa, el 3º en Bilbao y el 4º en Durango.

Los jefes nombrados para cada uno de los Tercios fueron: el teniente coronel don Isidro Eleicegui Otamendi para el 1º; el teniente coronel don José Ochoteco Vergara para el 2º, este jefe fue cesado por insubordinación y sustituido por el teniente coronel don Antonio Palma Barrios quien enfermó y se hizo cargo del Tercio el comandante don Telesforo Gorostegui Saralegui; el teniente coronel don Juan Zabalainchaurreta Aboitiz para el 3º y el teniente coronel don Ignacio Arana Ganzarain para el 4º.

La única condición para alistarse era ser vascongado. En primer término se admitían los voluntarios de la Diputación y los que faltaban para completar el contingente lo proporcionaban los municipios (Ciudad, Villas y Anteiglesias), según su número de habitantes y como cupo forzoso.

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Oficiales de los Tercios Vascongados. El general Latorre (sentado), el coronel sarabia (3º por la izda),
Isidoro Eleicegui, Miguel Uzuriaga y Luis Sacristán. Museo de San Telmo. San Sebastián

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2017 03 01, 1:54
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
Los voluntarios debían ser naturales de una de las tres provincias, de 18 a 40 años al principio, más adelante se matizó de 20 a 30 años, solteros o viudos sin hijos, y en enero de 1860 se acordó en admitir voluntarios a hijos del país de 20 a 40 años, foráneos que hayan salido libres del compromiso de la última quinta en sus provincias de origen, y casados que reúnan las condiciones para servir en campaña. Estos voluntarios recibían una gratificación de 4 000 reales de vellón: 160 al ser admitidos, el resto hasta 2 000 el día de su presentación y los 2 000 restantes en el momento de partir hacia la guerra.

El contingente se completaba con los cupos forzosos del modo que cada ayuntamiento considerase más oportuno, propio del espíritu foral vizcaíno que daba total libertad a sus municipios, comprendiendo a los solteros y viudos sin hijos de 20 a 30 años cumplidos, con una talla mínima de 1,56 m, quedando exentos los impedidos, los religiosos, los hijos que sostuvieran a la familia con su trabajo, etc. Para el caso de los sustitutos, se amplió la edad a 20-40 años, y se admitió a los casados.Los jefes, oficiales y sargentos primeros se proveían de las clases activas del Ejército, procurándose, que fuesen naturales de las provincias Vascongadas.

Para cada Tercio se designaron 29 mandos: 1 teniente coronel, un primer comandante, un 2º comandante, 6 capitanes, 7 tenientes, 7 subtenientes y 6 sargentos primeros (1 teniente y 1 subteniente eran para la plana mayor del Tercio).

Los haberes que tenían eran los siguientes: mientras están en el País, 6 reales los soldados, 6 y medio los cabos segundos, 7 los cabos primeros, 8 los sargentos segundos, 9 los sargentos primeros que se incrementaban en 1 real a los soldados, 2 a los cabos y 3 a los sargentos, por cuenta del Señorío cuando salían fuera. Se establecieron pensiones para los inutilizados y para las familias de los muertos y preferencias de destino en el Señorío a los voluntarios de los Tercios.

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Tercios vascongados en la Batalla de Wad-Rás, 23 de marzo de 1860.
Museo de San Telmo, San Sebastián


El equipamiento corrió a cargo de las Diputaciones. Consistió en: vestuario, cananas, botas para líquidos, ollas de rancho y los siguientes efectos que fueron importados de Francia: mochilas, tiendas, mantas y botiquines (encargados en París por el general Latorre). El armamento fueron fusiles nuevos, procedentes del Ejército, de fabricación belga. La uniformidad de los Tercios Vascongados era la de la Infantería de Línea de la época, pantalón rojo y poncho azul, con la boina vasca de color rojo.


El 3 de febrero de 1860 se reúnen en Santander los cuatro Tercios. En los días siguientes son embarcados con destino a San Fernando donde realizan el periodo de instrucción. El 27 de febrero se encuentran todos en territorio africano donde son revistados por el general O’Donnell. Se distinguieron especialmente en la batalla de Wad-Rás donde lucharon heroicamente aunque no tuvieron el protagonismo que, sin duda, hubiesen deseado.

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Bandera del 4º Tercio Vascongado

El retorno de los Tercios Vascongados se produjo de manera escalonada durante el mes de mayo de 1860 y la División fue oficialmente disuelta por Real Orden del 4 de mayo de 1860, en la que se expresó la gratitud de su majestad por el servicio prestado a la Monarquía.

El recibimiento a los Tercios en las tres constituyó una gran manifestación festiva, en un ambiente de exaltación patriótica vasco-española que ensalzaba el amor a España y la lealtad a la Corona, al mismo tiempo que el amor y la lealtad también a la provincia, al País Vasco y al régimen foral.

Cada Diputación dirigió una proclama a los Tercios, que fue ampliamente difundida por tos la provincia. La proclama que la Diputación de Vizcaya dirigió al Tercio de Vizcaya, decía así:

La Diputación general de este Señorío os saluda con toda la efusión de su alma. Os felicita por la brillante campaña de África, donde con vuestro sacrificio y valor, habéis aquilatado los nobles blasones de este ilustre solar. Dignos herederos de vuestros mayores, los habéis igualado, imitando aquellas grandiosas empresas que hicieron a España tan gloriosa. (…) Honor y memoria eterna también a los héroes que han merecido sellar con su sangre el testimonio de su lealtad: (…) la nación los bendice, la fama perpetuará sus nombres, y el Señorío no olvidará nunca sus servicios. Al despediros del noble pendón de Castilla, de esa enseña sagrada que ha enardecido vuestro heroico corazón ante la hueste agarena, depositadla repitiendo vuestro juramento de adhesión y lealtad a la Regia Señora que ocupa el trono de San Fernando: no olvidéis nunca que os ha sido confiada su custodia; y al regresar tranquilos a vuestros pacíficos hogares, sea cada uno de vuestros pechos un firme muro donde se consolide la paz y el engrandecimiento del pueblo Ibero.

El general Latorre recibió en Álava y en Vizcaya la distinción honorífica de «Padre de Provincia» otorgada por las Juntas Generales, y en Guipúzcoa, donde no existía esa figura, un «voto de gracias» de la Asamblea Foral.




(por Juan Andrés Caballero)

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Última edición por faustino ballesteros el 2018 07 27, 2:40, editado 2 veces en total



2017 03 01, 2:05
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
cocoton escribió:
LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)

Alarde militar español ante Marruecos y la opinión pública mundial, que acabó con "una paz chica para una guerra grande".

ANTECEDENTES (1844 - 1859)


Entre los años 1843 y 1844 las ciudades de Ceuta y Melilla sufrieron una serie de ataques por parte de fuerzas marroquíes. En 1844 un agente consular español fue asesinado en Marruecos. El general Narvaez, presidente del gobierno español, protestó ante el sultán Muley Soleiman de forma tan enérgica que casi se llegó al borde de la guerra. Inglaterra medió en la disputa y logró que el sultán firmara en Tanger un acuerdo con España el 25 de agosto de 1844, que fue posteriormente ratificado por el Convenio de Larache el 6 de mayo de 1845, en el que, entre otros acuerdos, se fijaron los límites de la ciudad de Ceuta.

A pesar de la firma del convenio, las ciudades de Ceuta y Melilla continuaron sufriendo constantes incursiones por parte de grupos marroquíes. A ello se unía el acoso a las tropas destacadas en distintos puntos, sobre todo en 1845, 1848 y 1854. Las acciones eran inmediatamente repelidas por el ejército, sin que éste pudiera internarse en territorio marroquí en persecución de los agresores, por lo que la situación se repetía de forma habitual. De esta forma, el gobierno español decidió dar un golpe de efecto para frenar los ataques marroquíes e invadió sin previo aviso las islas Chafarinas en 1848.

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General don Leopoldo O´Donnell, presidente del Gobierno español en 1859. Había subido al poder el 30 de junio de 1858 como miembro del partido de la Unión Liberal. Permaneció al frente del gobierno hasta 1863, lo que le convirtió en el jefe del gobierno más largo del reinado de Isabel II..

Las islas Chafarinas se encuentran a 27 millas al esta de Melilla. Habían estado desabitadas desde siempre, siendo consideradas como "res nulius" o tierra de nadie. El general Narvaez ordenó su ocupación, por lo que el 6 de enero de 1848 tropas españolas procedentes de Melilla y Málaga desembarcaron en el archipiélago, adelantándose con ello en seis horas a los planes de ocupación que los franceses iban a poner en ejecución. A partir de entonces se iniciaron una serie de encuentros entre ESpaña y Marruecos que culminaron en 1859 con la firma del Convenio de Tetuán, donde se pretendía poner fin a los problemas fronterizos entre ambos países.

Simultáneamente, España decidió materializar la defensa de los límites de Ceuta pactados en el Convenio de Larache mediante la construcción de una serie de fuertes. El 11 de agosto de 1859, el destacamento español que custodiaba la construcción del cuerpo de guardia de Santa Clara en el campo exterior fue objeto de agresiones por parte de los rifeños de Anyera, que destruyeron parte de las fortificaciones y arrancaron y ultrajaron el escudo de España. El 24 de agosto los marroquíes repitieron la misma acción hostil. Cuando la noticia llegó a la Península, una ola de indignación recorrió el país [01].

El general don Leopoldo O'Donnell, presidente del Gobierno español en aquel momento, pensó llegado el momento de colocar a España de nuevo entre las potencias de primer orden, por lo que no quiso perder la oportunidad de obtener una victoria militar fulminante [02]. Para ello, exigió al sultán de Marruecos, Muley Mohamed, un castigo ejemplar para los agresores. El 5 de septiembre el cónsul español de Tánger presentó un ultimatun a Marruecos: exigió la reposición de los destruidos escudos fronterizos de España, que fueran saludados por las tropas del sultán, y que los autores del hecho fueran castigados en Ceuta ante la guarnición española. El documento finalizaba con estas palabras:

"Si S.M. el Sultán se considera empotente para ello decidlo prontamente y los ejércitos españoles, penetrando en vuestras tierras, harán sentir a esas tribus bárbaras, oprobio de los tiempos que alcanzamos, todo el peso de su indignación y arrojo."

Poco después el sultán falleció, y su hijo Mohamed Abdalrahman nunca cumplió el requerimiento del presidente del gobierno español. La respuesta dada por Marruecos fue difusa y ambigua. El general O'Donnell era un hombre de gran prestigio militar. La agresión marroquí sobrevino justo en el momento en el que estaba en plena expansión su política de ampliación de las bases de apoyo al gobierno de la Unión Liberal. Además, era plenamente consciente que desde la prensa se reclamaba con insistencia una acción decidida del Ejecutivo. Por ello su gobierno se movió con rapidez y consiguió apoyos diplomáticos en el resto de países europeos, utilizando argumentos de honor mancillado y falta de seguridad en sus fronteras.

El 22 de octubre propuso al Congreso de los Diputados la declaración de guerra a Marruecos, tras recibir el beneplácito de los gobiernos francés e inglés, a pesar de las reticencias de este último por el control de la zona del estrecho de Gibraltar, y que al final debilitarían la posición española al terminar el conflicto. En efecto, Inglaterra exigió el compromiso de que España no permanecería en Tetuán ni Tánger, ya que temían un intento de ocupación permanente de esta última ciudad; además exigió a España su compromiso de no establecerse en ningún lugar del estrecho.

Toda la sociedad española acogió la guerra con entusiasmo. La reacción popular fue unánime. La Cámara aprobó por unanimidad la declaración de guerra y todos los grupos políticos, incluso la mayoría de los miembros del Partido Democrático, apoyaron sin fisuras la intervención militar.

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2018 07 27, 10:17
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)
cocoton escribió:
DESARROLLO DE LA GUERRA (1859 - 1860)

En el Principado de Cataluña y en las Provincias Vascongadas se organizaron centros de reclutamiento de voluntarios para acudir al frente, donde se inscribieron muchos elementos carlistas, sobre todo procedentes de Navarra, en un proceso de efervescencia patriótica como no se había dado desde la Guerra de la Independencia. El presidente de la Diputación de Barcelona, Victor Balaguer, organizó un Tercio de Voluntarios que se pondría directamente al mando del general Prim.

En la zona de Málaga y Algeciras de congregó un Ejército Expedicionario de 36.000 soldados de Infantería y Caballería, 65 piezas de Artillería y 41 navíos de guerra y transporte entre 17 buques de vapor, 4 de vela y 20 lanchas cañoneras. Mandaba las fuerzas el propio presidente del Gobierno, general O´Donnell, quien dividió las fuerzas de Infantería en tres cuerpos de ejército en los que puso al frente a los generales Juan Zavala de la Puente, Antonio Ros de Olano y Ramón de Echagüe. La división de Caballería quedó al mando del general Alcalá Galiano, y el cuerpo de reserva estuvo bajo el mando del general Juan Prim. El almirante Segundo Díaz Herrero fue nombrado jefe de la flota. Los objetivos fijados por el gobierno eran la toma de Tetuán y la ocupación del puerto de Tánger.


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Avance del ejército español en Marruecos desde Ceuta (1859-60). (Fuerzas Regulares Indígenas. De Melilla a Tetuán. 1911-14. ).

El 11 de diciembre de 1859, tras 40 días del comienzo de las hostilidades, el Tercer Cuerpo de Ejército, al mando del Teniente General Ros de Olano, embarcó en el puerto de Málaga en 19 naves que le condujeron a Ceuta [03].

Previamente a la llegada del grueso del ejército a Ceuta, el mando español decidió mejorar las defensas de la plaza y expulsar a las tropas moras [04] de sus posiciones. Para ello el 12 de diciembre se desataron las hostilidades por la columna mandada por el general Echagüe, que tomó la fortificación de El Serrallo. Cinco días después, el 17 de diciembre, el general Zabala ocupó la Sierra de Bullones. El resto de las tropas fue desembarcando paulatinamente en Ceuta, donde acabaron de concentrarse el 21 de diciembre, momento en que el general O´Donnell se puso al frente del Ejército Expedicionario. El día de Navidad los tres cuerpos de ejército habían consolidado sus posiciones y esperaban la orden de avanzar hacia Tetuán.

El 1 de enero de 1860 se libró la batalla de Castillejos, que resultó la primera victoria española el campo abierto. El general Prim avanzó en tromba hasta la desembocadura de Uad el Jelú con el apoyo al flanco del general Zabala y el de la flota, que mantenía a las fuerzas enemigas alejadas de la costa. En el momento más crítico de la batalla el general Prim se lanzó hacia las filas enemigas enarbolando la bandera de España, arrastrando con su acción a los soldados del Regimiento de Córdoba.

Las refriegas continuaron hasta el 31 de enero, dia en que fue contenida una acción ofensiva marroquí y se logró una nueva victoria en el Monte Negrón, abriéndose con ello el camino del Ejército Expedicionario hacia Tetuán. El avance español fue detenido por las tropas marroquíes el 4 de febrero, dando lugar con ello a la batalla de Tetuán. Los combates tuvieron lugar los días 4 y 5 de febrero. Los españoles recibían la cobertura de los generales Ros de Olano y Prim en los flancos. La presión de la artillería española desbarató las filas marroquíes hasta el punto de que los restos de éste ejército tomaron refugio en Tetuán, que cayó en manos españolas el día 6 de febrero. Ese días los voluntarios catalanes izaron la bandera de España en la alcazaba de la ciudad.


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Batalla de Tetuán, pintado por Rosales en 1868.

Alcanzado el primer objetivo, comenzaron los preparativos para la consecución del segundo: la ciudad de Tánger. El ejército se vio reforzado por las unidades voluntarias vascas, con gran número de carlistas, que en un número aproximado de unos 10.000 hombres más, desembarcaron durante el mes de febrero hasta completar una fuerza suficiente para la ofensiva del 11 de marzo.

El 11 de marzo se libró el duro combate de Samsa. Los españoles se enfrentaron esta vez a muchedumbres de cabileños del Rif, llegados expresamente de sus montañas para demostrar a los flojos tetuaníes y a los miedosos "moros del Rey" cómo se combatía para echar a los cristianos al mar. Sin embargo, tampoco ellos lograr frenar el avance español.

Los españoles prosiguieron su marcha hacia Tánger, donde se encontraba el sultán en esos momentos. El día 23 de marzo las tropas españolas, dirigidas por los generales Rafael Echagüe, Antonio Ros de Olano y Joan Prim, vencieron contundentemente a las fuerzas marroquíes en la batalla de Wad-Ras. La victoria militar española aplastó a las tropas del Sultán. El generalísimo marroquí Muley el Abbas, hermano del Sultán, prefirió capitular ante los españoles antes que correr el riesgo de cerrarles el paso del Fondak de Ain Yedida y, con él, el paso hasta Tánger.

Tras un periodo de armisticio de 32 días, el 26 de abril se firmó en Tetuán el Tratado de Wad-Ras.

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2018 07 27, 10:18
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Mensaje sin leer Re: LA PRIMERA GUERRA DE ÁFRICA (1859 - 1860)

Fotos repasadas y recuperadas menos las de cocoton que no se que servidor pueda ser ese.

Buscaré a ver si encuentro esos reportajes y si no pues se borran o se quitan las url.

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2018 07 27, 12:39
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