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La gesta de los jinetes del Alcántara. 
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Mensaje sin leer Re: Cronicas del desastre de Annual (Cazadores de Alcantara)
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El dia 29 se retira en dirección a la zona francesa la guarnición del Zoco de Tezlata de Bu-Ver. La guarnición consistía en 6 compañías de Infantería, un destacamento de artillería al mando del teniente Aurelio Areñas, y otro de Intendencia al mando del teniente José Herrera Balaguer. Todo ello bajo el mando del teniente coronel García Esteban del Rgto. Africa. Se inicia el repliegue y los hombres del Alcantara se encargarán de cubrir la retirada, yendo en retaguardia de la columna. El relato que hacen los supervivientes de dicha retirada es de un hondo dramatismo. El puñado de soldados del Alcántara, llevados por el ejemplo del sargento Enrique Benavent Duart, que se multiplica combatiendo como un león, luchan contra cientos de enemigos y van sucumbiendo uno a uno, protegiendo con sus vidas a sus compañeros, de los cuales se salvan aproximadamente la mitad y dejándose en el camino a la mayor parte de sus oficiales. Finalmente pueden acogerse a un destacamento del ejército francés. El sargento, herido varias veces, muere heroicamente. Solamente sobrevive un soldado del regimiento, el soldado Dionisio Jimenez Gomez, el cual llega a la zona francesa con su caballo cogido de las riendas, el sable en la mano y dos orificios de bala, uno en la mandíbula y otro en el cuello.

También consigue llegar a la zona francesa el alferez veterinario Montero.

La mañana del 29 de julio, la columna Navarro se retira hacia Monte Arruit donde se piensa resistir mientras llega ayuda de Melilla.

Cubrirá la retirada una fuerza de 200 hombres al mando de 2 capitanes de Ingenieros, compañeros de promoción y amigos personales, los capitanes Arenas y Aguilar. Los 200 hombres son en su mayor parte soldados de Ingenieros, Artillería, Intendencia y Sanidad dispuestos a morir combatiendo.

Las 2 Compañías de Infantería formadas con restos de los regimientos Africa, Melilla y Ceriñola se distribuirán al frente y a los flancos. Los miembros que quedan del regimiento Alcántara refuerzan a estas tropas de Infantería que quedan aún en situación de combatir.

Desde el primer instante en que la columna abandona Tistutín, son atacados por miles de enemigos. Se va a producir en ese momento varios episodios de cobardía de oficiales de unidades de Infantería y Artillería que aún conservaban sus monturas y que, abandonando a sus hombres, salen cabalgando en dirección a Melilla.

En contraste con esos pocos oficiales que se llenaron de deshonra. Los jóvenes capitanes de Ingenieros, con varios tenientes, alféreces y suboficiales, con un fusil cada uno en sus manos, con una serenidad pasmosa, que contagian a sus hombres, sostienen un fuego vivo, constante y disciplinado sobre los rifeños.

Retrocediendo escalonadamente, bajo la lluvia de balas rifeñas, rodeados de espeluznantes gritos de agonía, entre los berridos

escalofriantes de los moros, los gritos de ánimo de los oficiales, los relinchos de las mulas al morir cosidas a tiros, entre el polvo y los charcos cuajados de sangre, entre miles de chilabas pardas que les rodean por todos lados, los dos capitanes y sus doscientos hombres, paso a paso, metro a metro, retroceden mientras con su coraje y sus vidas, permiten a sus compañeros llegar hasta la posición de Monte Arruit y entrar en ella, a salvo, de momento.

En las inmediaciones de Monte Arruit, el heroico destacamento de retaguardia es rodeado por el enemigo. La lucha es por los cuatro costados y cuerpo a cuerpo. El capitán Aguirre con un nutrido grupo de hombres consigue entrar en la posición. Instantes antes es herido gravemente el alferez Maroto. El capitán se lo carga a los hombros y lo lleva dentro de Monte Arruit.

Detrás, el ultimo de todos, queda el capitán Arenas que va retrocediendo lentamente y abatiendo enemigos con sus certeros disparos de fusil. De repente, ve que en unos de los extremos de la entrada de la posición hay una batería de artillería rodeada por los moros y con los artilleros combatiendo cuerpo a cuerpo.

Los soldados abandonan las piezas y retroceden en masa hacia la posición defensiva arrollando al capitán Blanco jefe de la Batería, que quiere obligarlos a defender los cañones a todo trance.

El Capitán Arenas no lo duda y se lanza a ayudar a los oficiales de Artillería que aun se defienden rodeados de moros. Por un momento, los rifeños, muchos de ellos desertores de la Policia Indígena que se han pasado al enemigo, detienen su ataque y retirados a una distancia de 100 metros observan admirados a 4 solitarios hombres delante de los cañones. El primero de ellos, con su fusil preparado, el capitán Arenas. A su lado, los tenientes de Artillería Calderón y Sanchez y el Capitán Blanco que se apoya en una pieza herido e incapaz de ponerse en pie.

Un francotirador acaba con la vida del capitán Arenas de un disparo en la cabeza. Los moros se abalanzan sobre los cañones asesinando al capitán Blanco. Los dos tenientes, pistola en mano consiguen llegar a la posición milagrosamente, pidiendo a gritos la laureada para el capitán Arenas.

Unos 1.800 hombres se refugian en Monte Arruit, muchos heridos y desarmados. Junto con la guarnición, suman unos 2.200 hombres aterrorizados y desmoralizados ante la enormidad y la brutalidad del enemigo.

El general Navarro organiza la defensa, siendo confiada a los cerca de 40 hombres que quedan del Regimiento la puerta principal de la posición. Al mando de dichas fuerzas, el capitán del Escuadrón de Ametralladoras Julián Triana con todos los oficiales que quedan: tenientes Manterola, Climent, Pua, Arcos Cuadra, León Font de Mora y García Castaños. El Tcol. Primo de Rivera queda afecto al Cuartel General con el Comandante Gomez Zaragoza, los veterinarios Platón y Caballero y el Capellán P.Campoy. El otro comandante del Rgto. Tomás Berrocoso Planas continua mandando varias restos de compañías de Infantería encargadas de la defensa del lado este del perímetro del destacamento.

El capitán Triana emplaza las dos ametralladoras que le quedan y dispone a los hombres en un semicirculo de sacos terreros y piedras de tal manera que puedan enfilar al enemigo desde varios puntos cuando intenten avanzar por la esplanada que va a la puerta principal. Todos, oficiales, suboficiales y tropa cogen fusiles y con los sables a su lado y proveyéndose de mucha munición se preparan para vender caras sus vidas.

Comienza el asedio de Monte Arruit que durará hasta el dia 9 de agosto. Los insurrectos intentan varios ataques en masa pero son rechazados por el fuego de los españoles. Los fracasos de los ataques rifeños ante un enemigo tan pequeño y desmoralizado es también fruto de su incapacidad para organizar un ataque coordinado.

El problema para los españoles es la falta de agua y de víveres. La comida es solamente caballos y mulos muertos y las aguadas que se intentan en los pozos cercanos cuestan innumerables bajas.

Los moros bombardean constantemente el perímetro del fortín con los cañones que han tomado a los españoles.

El dia 2 de agosto se produce un asalto de miles de moros al Aeródromo de Zeluan, pereciendo todos sus defensores, desbordados por los atacantes. Del Alcantara solo sobreviven y quedan prisioneros el alferez Maroto, el sargento Diez y el soldado Rafael Chaves.

Ese mismo dia se produce el ataque más fuerte a Monte Arruit. Los rifeños atacan directamente, casi de una manera suicida, la puerta principal del destacamento, defendida por los supervivientes del Alcantara. Los escasos defensores se multiplican en el combate con incontables actos de heroísmo. A la puerta principal acuden a combatir con sus hombres el teniente coronel Primo de Rivera, el comandante Gomez Zaragoza, los veterinarios y el teniente capellán. El teniente coronel es el alma de la defensa. “¡animo valientes, el Alcantara no se rinde!” grita una y otra vez recorriendo las barricadas. En un intervalo de tregua entre varios de estos ataques, una granada de artillería destroza el brazo izquierdo del teniente coronel cuando estaba encima de un muro observando las concentraciones enemigas con unos prismáticos.


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2013 01 09, 2:46
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.
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Los rifeños son rechazados con serias bajas. La puerta principal está rodeada de cadáveres y el enemigo solicita una tregua para retirar a sus muertos. Los españoles atienden la petición.

Desde Arruit se divisa una columna de humo en dirección a Nador. Los españoles se dan cuenta de que los moros han tomado Nador y de que cada vez es más difícil que les llegue ayuda.

Los médicos militares deben operar al teniente Coronel para amputarle el brazo. No existe anestesia para poder operar y el instrumental que tienen los médicos militares es una navaja de barbero y un hacha de carnicero. El teniente coronel, al que llevan en una camilla hasta el hospitalillo del destacamento, al entrar con los dientes apretados por el dolor pero sin que escape un quejido de los labios, solo dice a los médicos “terminen pronto”. Pide un trapo para morder durante la operación. Tras la amputación del brazo, quedará inconsciente y ya no recuperará el sentido. Morirá al dia siguiente consumido por la gangrena.

Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera y Orbaneja

Los soldados supervivientes del Alcántara, entierran a su querido jefe en el patio de Intendencia del acuartelamiento. Las prisas, la dureza del terreno y la delicada situación, no les permite cavar una tumba. Así, que cada uno coge unos puñados de tierra, los besan, y los depositan encima del cadaver de Teniente Coronel. Meses después, con la recuperación del territorio, las tropas españolas descubren su cadaver desenterrado. Los rifeños han descubierto su cuerpo pero no para ultrajarlo, sino para ver quien y como era el hombre que mandaba a aquellos jinetes que se lanzaban contra ellos una y otra vez

El dia 3 de agosto capitula la guarnición del Zoco de Zeluan fiándose de las promesas de los moros de que entregando las armas les dejarían ir a Melilla. Más de 500 hombres fueron asesinados nada más rendirse. Solo salvaron la vida, quedando prisioneros, poco más de 100 hombres. Muchos de los desgraciados defensores sufrieron crueles suplicios. Los moros queman vivos al capitán Carrasco y al teniente Fernandez del regimiento Ceriñola.

Del Alcantara, sobrevivieron un grupo reducido que, al oir las primeras descargas fusilando a los prisioneros, se arrojaron por uno de los torreones de la Alcazaba, refugiándose en unos pinos cercanos. Estos fueron el teniente Bravo, el sargento Ramón Jimeno y los soldados Pedro Arquero, Domingo Balimaña, Tomás Giral y Emilio Pardo. Después, el teniente Bravo y los soldados marchando de noche y ocultándose por el dia, torturados por la sed, en una odisea personal de gran valor, llegaron a El Atalayón, donde aún quedaban fuerzas españoles. El teniente Bravo fue el único oficial del regimiento que sobrevivió y que no fue ni herido ni hecho prisionero. El sargento Jimeno se refugió por la noche en casa de un moro que le ayudó a ocultarse y a llegar a zona española. También salvaron la vida, quedando prisioneros, el suboficial Jimenez Maruhenda, los cabos Celestino Fragoso y Tiburcio de Pablo y el herrador Martín Fernandez.

El día 7 de agosto el general Navarro mandaba a Melilla el siguiente mensaje: "Policía y chusma que me rodea ha querido varias veces negociar entrega campamento y, como carecía garantías, me he negado y ha vuelto el cañoneo". Asimismo, Navarro pedía al mando que buscara unos negociadores de confianza que hablaran con él personalmente. Un día más tarde el general Berenguer comunicaba a Monte Arruit: "Si no han llegado emisarios le autorizo en tratar con enemigo que le rodea, a base de entrega de armas, pues mi principal deseo, una vez extremada la defensa al punto que lo han hecho, es salvar la vida de esos héroes, en los que tiene puesta la vista España entera, que los admira."

El 9 de agosto la situación parecía que estaba a punto de concluir. Un grupo de jefes tribales de importancia entre los que se contaba Ben-Chel-al (considerado un cabecilla moderado), y posiblemente llegados la noche anterior, se dirigían hacia la fortaleza para parlamentar con el general Navarro, pocos minutos después el militar español salió a negociar la entrega del campamento. El General Navarro ignora los engaños y traiciones de los moros en Zeluan y otros destacamentos.

Navarro llega a un acuerdo por el cual se entregarían las armas y el personal quedaría libre y se garantizaría su evacuación a Melilla sanos y salvos. Los rifeños parecen generosos con los españoles. No serían hostilizados en su salida, se facilitaría transporte a los heridos y los más graves quedarían custodiados por una guardia de 50 hombres armados, se entregarían las armas exceptuando las pistolas de los oficiales. Pocos minutos después, Navarro ordena que la tropa forme en el patio y se prepare para entregar el armamento. Los heridos se colocan en camillas. Los soldados comienzan a abandonar las trincheras y muros de defensa y a entregar las armas. Una primera columna se forma y empieza a salir del campamento.


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2013 01 12, 9:59
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.
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Pero el enemigo, o parte de el, había preparado una matanza, incumpliendo la palabra dada e incurriendo en la mayor de las felonías. Inesperadamente, mientras que las fuerzas de la guarnición de Monte Arruit seguían entregando las armas y salían

en columna del campamento, un gran número de moros armados asaltaron el fortín por diferentes lugares aprovechando que los españoles habían abandonado los puestos de defensa y comenzaron a disparar contra los soldados españoles que aun permanecían dentro de él. Los soldados que aun no habían entregado los fusiles se defendieron comenzando un combate desesperado.

Los heridos más graves y los 50 hombres que les guardaban, se refugian en el edificio del hospital y disparan desde las ventanas contra los harqueños. Los moros entran en el hospital y se combate habitación por habitación. Los moros no respetan a nadie, heridos, enfermeros, médicos, etc… son bárbaramente asesinados.

La cabeza de la columna continuaba mientras tanto su marcha, aunque los soldados se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo cuando del interior de Monte Arruit comienza a oírse el tiroteo.

La columna inicial de soldados desarmados (unos 700 hombres) se hallaba en ese momento a unos cincuenta metros de la entrada de la posición. ¡Cómo latirían los corazones de aquellos hombres que se alejaban camino de la libertad! Cincuenta metros... Se comenzaron a ver moros armados en las inmediaciones de la columna que permanecían escondidos a la espera y de repente empezaron a disparar sobre los hombres de la columna desde todos los sitios. Los soldados se dispersaron huyendo locos de terror. Los oficiales sacan sus pistolas y vacian su munición sobre los canallas que les rodean antes de morir a tiros, machetazos y culatazos. Iban cazándolos a tiros o los apuñalaban. Surgieron centenares de moros que mataban y mataban, ensangrentándose las manos, las chilabas y las armas.

El día de la rendición había en Monte Arruit más de dos millares de supervivientes. Allí estaban ahora, todos muertos. Los cadáveres cubrían las laderas. Y la sangre empapaba la trágica colina.

Solamente se libraron de la muerte alrededor de 70 oficiales que quedaron prisioneros para pedir rescate por ellos, incluido el general Navarro que loco de furia por la traición de los moros tenía que ser sujetado por los comandantes para evitar que se lanzara sobre las bayonetas de los desertores de la policía indígena que rodeaba al pequeño grupo de oficiales que rabiando y llorando veían morir al resto de sus compañeros.

Cuando se reconquistó la zona unos meses después, los primeros en llegar a los escenarios del desastre fueron los jinetes del Regimiento de Caballería Farnesio, los cuales con los ojos velados por las lágrimas, vieron espantados el triste fin de sus compañeros de armas. Miles de cadáveres insepultos jalonaban la ruta de la trágica retirada. Los moros habían retirado a sus muertos para enterrarlos, pero habían dejado en el terreno a los españoles. Al llegar a la alcazaba de Zeluán, en la misma puerta se encontró el cadáver de un jinete del Alcantara momificado por el calor y la sequedad y que en su mano tenía firmemente asidas las riendas de la osamenta de su caballo, haciendo realidad el dicho que figura en muchas unidades de Caballería del Ejercito Español “donde muere mi caballo, muero yo”.

Fue extremadamente difícil reconocer los cadáveres, no obstante uno de los soldados del Alcantara en Zeluán fue reconocido por una carta que se encontró entre sus ropas. El soldado del 5º escuadrón Tesifonte Exposito. El infortunado soldado, siendo consciente de su próximo fin, escribe a su padres para despedirse de ellos. Después de decirles que esperaba haber sido un buen hijo y que no le lloren pues ha muerto cumpliendo con su deber, eleva una triste y solitaria queja que puede servir de epitafio para todos los soldados españoles que regaron con su sangre las tierras de Annual “morimos por la Patria, pero abandonados de ella”.

En Monte Arruit, cuando a la vista de los cadaveres insepultos se empezó a reconstruir lo ocurrido en los momentos de la matanza, se vio que los hombres del Alcantara no estaban entre los de la columna de hombres desarmados. Sus cuerpos se encontraron en la puerta principal con signos de haber muerto combatiendo. Debajo de unos escombros, se hallaron muy juntos los restos del capitán Triana y el teniente capellán Campoy. En los alrededores de la puerta, diseminados, estaban el resto de oficiales, suboficiales y soldados del regimiento.

Cuando se llega al Igán se encontraron con un grupo de esqueletos de caballos y mulos combinado con los cadáveres de bastantes hombres. Cayeron en masa, juntos, en la penúltima carga, la séptima, al paso, cuando todo el regimiento sin excepción se lanzó a la muerte sin dudar.

La guerra continuó durante 4 años más. A principios de 1925 Abd-El-Krim atacó a los franceses y se enfrentó a unas fuerzas de más de 28.000 hombres, derrotándoles y haciéndoles más de 5.000 muertos en el valle de Uarga (el Annual francés)

Ese mismo año, el desembarco en Alhucemas del Ejercito Español y el ataque combinado de españoles y franceses por varios frentes hizo capitular al jefe rifeño.

El rey condecora con la laureada los restos del teniente coronel Primo de Rivera

España reconquistó casi todo el territorio perdido en solo unos meses y llegó a la victoria definitiva en 1925. Durante más de treinta años llevo la paz y la prosperidad a esas tierras africanas. España no fue vengativa al triunfar, ya que así es la idiosincrasia de nuestro pueblo, caballeroso y generoso en la victoria y honorable y digno en la derrota.

Del sacrificio del regimiento da idea la siguiente relación:

Un coronel: muerto

Un teniente coronel: muerto

2 comandantes: Uno muerto y otro herido y prisionero (el comandante Gomez Zaragoza, liberado tras un cautiverio de 18 meses).

7 capitanes: 6 muertos y uno herido (Chicote).

11 tenientes: 8 muertos y 2 prisioneros (Martín Galindo y Troncoso). Solo escapó ileso el teniente Bravo.

5 alféreces: 4 muertos y 1 prisionero (Maroto).

3 alféreces veterinarios: 2 muertos. Solo escapó ileso el Alf. Montero.

Un teniente médico: muerto.

Un teniente capellán: muerto

6 suboficiales: 5 muertos, y 1 prisionero (Jimenez Maruhenda).

20 sargentos: 16 muertos y 3 heridos y prisioneros. Solo escapó ileso el sargento Jimeno.

14 herradores: 11 muertos y 2 prisioneros.

63 cabos: 53 muertos y 6 prisioneros;

13 trompetas: 13 muertos

17 soldados de primera: 14 muertos y 2 heridos

524 soldados de Segunda: 403 muertos y 53 prisioneros.


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2013 01 12, 10:04
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.
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El teniente Coronel Primo de Rivera fue condecorado con la cruz laureada de San Fernando que prendió en su féretro el rey Alfonso XIII. Se solicitó la laureada colectiva para el regimiento pero no se concedió. Esa injusticia perduró muchos años. Según los testimonios de familiares de algunos supervivientes del Alcántara en el Desastre de Annual, años después, miembros del 14 de Caballería seguían viéndose con regularidad en Madrid. En esas reuniones, e incluso en la vida cotidiana, llevaban en su ropa una reproducción de la laureada de Primo de Rivera.

En el año 2010, el JEME del Ejército, General Coll, resucitó la petición, pero el gobierno socialista de Rodriguez Zapatero y su ministra de Defensa Carma Chacón, la denegaron. A la izquierda política de este país le da alergia ver personas muriendo por valores superiores a ellos mismos. Ellos nunca lo harían.

Dos años después, el nuevo gobierno reactiva el expediente y la laureada es publicada en el BOE. Se repara la injusticia y se da cumplido homenaje al regimiento Alcantara y a toda la Caballería española.

"En el cielo hay un lugar especial para los bondadosos y generosos soldados que cuando llegó el momento supremo, no quisieron dar el paso atrás y ofrendaron sus vidas en cumplimento del deber".


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2013 01 12, 10:09
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.

Ha llegado la hora del reconocimiento a su sacrificio

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Con 91 años de retraso, el Gobierno ha concedido la máxima condecoración militar española, la Cruz Laureada de San Fernando, al Regimiento de Caballería de Alcántara, que se sacrificó casi en su totalidad para proteger la retirada de sus compañeros desde sus posiciones en el monte Annual hasta el monte Arruit, entre el 22 de julio y el 9 de agosto de 1921. Esta condecoración se obtiene por acciones extraordinarias en combate.

Si alguien dijo alguna vez que los viejos soldados nunca mueren, los héroes que hoy nos ocupan quedan para la eternidad. Hazañas como la realizada por el Regimiento Alcántara hubieran servido de ar­gumento para grandes éxitos cine­matográficos en Hollywood. Pero en España han tenido que pasar 91 lar­gos años de silencio incomprensible para reconocer la valentía de aque­llos 690 jinetes que cargaron, una y otra vez, contra los rifeños subleva­dos por Abd el Krim, que perseguían a muerte a los diezmados soldados españoles que huían a la desesperada intentando buscar refugio en Melilla.

En el verano de 1921, las cosas no podían ir peor a nuestros soldados. Se estaba consumando el ya conoci­do como desastre de Annual, donde ocho mil combatientes españoles fueron exterminados en una de las campañas más terribles que guarda en la memoria el Ejército español. El 23 de julio, las columnas maltrechas en retirada alcanzaron a duras penas Drius, donde se encontraba la Caba­llería Alcántara. Poco a poco, miles de rifeños conseguían atrincherarse en posiciones muy ventajosas, desde las que masacraban a los soldados heridos y sedientos. El teniente co­ronel Fernando Primo de Rivera, al mando del Regimiento Alcántara, es consciente de que va a pedir a sus 690 hombres que hagan honor al apelati­vo de Arma de Sacrificio, con el que se ha conocido históricamente al Arma de Caballería. La suerte de aquellos valientes estaba echada.
En una primera carga a galope, los jinetes del Alcántara demostraron al enemigo cómo se las gasta en la lucha un soldado español, pero en el cruce del río Igan, seco en esos mo­mentos, la superioridad de los rifeños se hacía palpable, y la retaguardia española podría ser aniquilada. Es entonces cuando el teniente coronel vuelve a arengar a su tropa con unas palabras que la Historia nos ha rega­lado: «¡Soldados! Ha llegado la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos». Y todos demostra­ron de lo que eran capaces. Su vida, a cambio de la de otros soldados espa­ñoles a los que ni siquiera conocían.
La valentía de la caballería
Hasta en ocho ocasiones segui­das, el Regimiento Alcántara car­gó contra el muro de plomo que le ofrecía el enemigo. Sables, hombres y caballos caían acribillados, pero, ante el estupor de los rifeños, las cornetas sonaban una y otra vez para pedir el reagrupamiento de los que todavía podían luchar, y la carga se repetía con la misma fuerza y he­roicidad consiguiendo muchas bajas en las posiciones enemigas. Los ri­feños comenzaban a impacientarse porque nunca se habían enfrentado a unos soldados que atacaran con tanta valentía a pesar de estar heri­dos, exhaustos, sedientos y con unas cabalgaduras ensangrentadas, inca­paces casi de galopar. Al atardecer, los tiradores rebeldes, seguros ya de su victoria, tuvieron que frotarse los ojos al ver aparecer frente a ellos a pie, porque casi todos los caballos habían muerto, una última carga de los valientes que quedaban y que apenas se sostenía en pie. Nunca habían presenciado tal lección de valor. Nunca habían tenido frente a sí a unos soldados como aquéllos. Nunca habían visto cargar de esa forma a una tropa, a la que también se unió el trompeta de 15 años que llevaba el cornetín de órdenes, junto a los trece niños que formaban parte de la banda de música del Regimien­to. Nadie se lo pidió, pero ellos se su­maron a la lucha cuando ya no había hombres que pudieran hacerlo. Pre­viamente lo habían hecho los tres alféreces veterinarios, el médico y el capellán
Tras aquella última carga, no vol­vió a sonar la corneta, pero con aquel sacrificio consiguieron que el grueso de las tropas españolas en retirada se pusiera a salvo. Anochecía ya, cuan­do los supervivientes llegaron a El Batel. De los 691 hombres del regi­miento sólo quedaban 67, el mayor porcentaje de bajas que jamás ha tenido una unidad de caballería eu­ropea. Aun así, continuaron escol­tando a los fugitivos hasta el monte Arruit. Allí, al teniente coronel Primo de Rivera le amputaron sin anestesia un brazo alcanzado por un cañón, pero moriría de gangrena dos días más tarde. Por esta gesta, a él si se le concedió la Laureada a título indivi­dual. Ahora, la gloria llega por fin a sus soldados.


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2013 01 12, 10:10
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.
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2013 01 17, 8:04
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcánta.
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Regimiento Alcántara, 14º de Caballería, en la legendaria carga del río Igan el 23 de julio de 1921.
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Foto del rio Igan (1 de NOV 2012) desde la carretera Batel-Tistutin-Monte Arruit. Evidentemente
por ahí no pudieron cargar los bravos cazadores del "Alcántara".
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Foto hecha el mismo día al otro lado de la carretera. No se aprecian bien las cortaduras, pero hay
unas cuantas. Hay que entender que ahí se produjeron las épicas cargas que dieron gloria a los
jinetes del "Alcántara". Con todas las ventajas para los rifeños.


2013 02 16, 3:12
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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Zona del río Igán (tras este árbol iniciaron las cargas los de Alcántara)
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Cauce del río Igán

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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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Homenaje al soldado del Regimiento Alcántara, superviviente de Monte Arruit. El General
Weiler saludando al sargento del Alcántara, Andrés Meiroso, que fue herido en Monte Arruit.
Cuartel de Conde Duque. 15 de abril de 1922
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Sargentos del Regimiento de Caballería Alcántara (1919).La fotografía esta tomada el día del
ascenso a suboficial del personaje del centro. Sus compañeros sargentos le dieron una comida
e inmortalizaron el momento con esta fotografía.El suboficial, meses después, marcó a sus
compañeros que habían muerto en el Desastre de Annual y del que él se había librado por poco.

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2017 11 22, 2:11
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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En marzo de 1913 el regimiento de Caballería Alcántara 14, formaba parte, además de la guarnición de Melilla,
de la 2ª Brigada de Cazadores. Un escuadrón del mismo acampaba en las inmediaciones de Segangan.
En el tiempo libre se organizaban algunas exhibiciones de hípica, como la que vemos en la foto de Lázaro, en
que el profesor de equitación Francisco Cubertoret salta un elemental obstáculo compuesto de una manta tendida
entre dos caballetes.

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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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Regimiento Alcántara, 3er Escuadron Beni-Buyahi 19-02-1912
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Alcantara 14 y Policia Indigena en el zoco de T´Latza de Bu Beker

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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.

Así se convirtieron en héroes los hombres del Regimiento Alcántara
Por A. Manzano

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Era 1975 cuando a los cadetes de la Academia General Militar de Zaragoza nos reunieron un día en el Salón de Actos para hablarnos del Desastre de Annual. Un suceso que ocurrió en 1921, cerca de Melilla, en el territorio rebelde de Marruecos donde España estaba llevando a cabo labores de pacificación, tanto para ayudar a su gobierno legítimo como para defender nuestros propios intereses.

Salí muy pensativo de aquella larga conferencia. Me interesó mucho porque, hasta entonces, yo apenas conocía algunos detalles de lo que nos contaron, y lo que sabía siempre me había parecido terrible. De hecho, mi abuelo estuvo cerca de ser uno de los miles de españoles que padecieron en aquel episodio, uno de los más tristes de nuestra historia reciente.

Y aunque durante la conferencia se habló de miles de españoles muertos, de miles de cadáveres profanados, de cobardía, de retirada y, en definitiva, de pocas cosas de las que enorgullecerse... también se hizo mención a algo que, en mis recuerdos, sigue brillando como una estrella solitaria en medio de tanta negrura. No todo había sido una huida tratando de escapar del enemigo exterminador: también hubo mucho valor y heroísmo hasta unos niveles difíciles de superar y que, hoy en día, cuesta valorar en su justa medida.

¿Quiénes fueron aquellos soldados, cabos, sargentos y oficiales que, en medio del desastre y en las peores circunstancias, se hicieron merecedores, con el tiempo, de la máxima condecoración militar colectiva que puede darse en España, la Cruz Laureada de San Fernando? Eran los integrantes del Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara nº 14. Unos eran oficiales y suboficiales profesionales de la milicia; otros se habían alistado voluntariamente en la Tropa y, finalmente, otros estaban cumpliendo el Servicio Militar obligatorio.

¿Qué hizo -y sigue haciendo a día de hoy- admirables a aquellos hombres del Regimiento Alcántara? En realidad, eran unos españoles normales -como cualquiera que esté leyendo estas páginas-, pero estaban 'armados' de disciplina, compañerismo, serenidad y valor. Además, habían sido bien adiestrados y estaban dispuestos a sacrificarse para ayudar a los camaradas de armas que se retiraban. De hecho, así lo hicieron, y entraron en combate para contribuir a que sus compañeros que salvaran. ¿El resultado? casi todos, más de 500, murieron protegiendo la retirada de la columna; el 75% del Regimiento pereció en el campo de batalla. Una heroicidad que constituye algo insólito en la historia mundial de los ejércitos.

Los escasos supervivientes de aquel episodio llevaron con modestia y resignación el tratamiento injusto que recibieron en su época, ya que las autoridades no les recompensaron de forma alguna. Han tenido que pasar más de 90 años para que, por fin, el actual Gobierno saldara esta deuda de gratitud con aquellos españoles, mediante la concesión el pasado día 1 de octubre de 2012, al Regimiento Alcántara -que sigue de guarnición en Melilla-, de la Corbata de la Cruz Laureada de San Fernando, el mayor premio que puede darse en España al valor.

Proceso de repliegue del Regimiento Alcántara

El Regimiento Alcántara en cinco puntos

1.- ¡Un regimiento de excepción!


Es el único regimiento de caballería de la Comandancia General de Melilla -que se compone de unos 13.000 hombres-. Dicho regimiento es muy ‘potente’, porque cuenta con cinco escuadrones –cuatro de sables y uno de ametralladoras- más los suministros: en total, 730 hombres. Actúa bajo las órdenes directas del general en jefe Manuel Fernández Silvestre, realizando tareas de exploración, vigilancia, seguridad, patrullas y combate.

2.- Los rebeldes atacan

Tras prestar apoyo al último avance de las tropas españolas que ocuparon la colina de Abarrán, el general manda al Regimiento Alcántara a la inmediata retaguardia –es decir, a la parte de atrás más cercana- para que descanse. Mientras tanto, empiezan los asaltos rebeldes a las posiciones de Abarrán, Igueriben y Annual, esta última la más importante de todas.

3.- Ayuda lejana

Una sección del Alcántara está en el sur, reforzando la posición de Zoco el T’Zelata, también importante, pero alejada respecto a la dirección en la que avanza el general Silvestre.

4.- Se inicia el repliegue

La situación se complica, porque los rebeldes rifeños asaltan las posiciones de Abarrán e Igueriben y atacan la de Annual, donde se van agotando las municiones de las tropas españolas. Empieza a cundir el desánimo y el general decide replegarse… y, encarga al Alcántara que proteja la retirada de la columna. Tras los primeros combates, el regimiento envía a Melilla a los hombres y caballos heridos y enfermos, así como todo lo que puede entorpecer los combates.

5.- Algunos viven para contarlo

El Regimiento Alcántara actua de escudo, protegiendo la cabeza, los flancos y el final de la columna - varios miles de hombres- que se repliega; son los del Alcántara los que reciben los ataques de los rebeldes con el fin de que los demás puedan marchar lo más rápido posible hasta un lugar seguro. A lo largo de tres días, la columna se va acercando a Melilla protegida por el Alcántara… pero al llegar a la posición de Monte Arruit queda rodeada. Tras un asedio de unas semanas, ha de rendirse. Los rebeldes asesinan a más de 3.000 españoles; un 75% de los hombres del Alcántara muere. Sólo unos pocos llegarán a Melilla.

El Regimiento Alcántara. 1911-1921

“El Regimiento Alcántara. 1911-1921” es una obra histórica y un homenaje a unos héroes verdaderos que han sido elevados al altar de la Historia como ejemplos a seguir. El libro es un ejercicio de memoria histórica que bebe de las fuentes de la época, documentos como el Expediente Picasso o las memorias del teniente coronel Pérez Ortiz (prisionero tras los sucesos de Monte Arruit) y de obras más modernas de grandes historiadores que, de una u otra manera, han tratado aquellos hechos desde una perspectiva más actual. La obra repasa todo lo concerniente a la historia de sus cazadores, la situación del entorno de Melilla, sus operaciones, los uniformes, su instrucción, su equipo y, finalmente, su extraordinaria gesta en julio y agosto de 1921, en lo que hoy se conoce como el “Desastre de Annual”

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2017 11 23, 2:46
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.

Panorámica del Rio Igan. Por dónde está el arbol se cree que fue por dónde cruzó el Alcántara el Rio Igán

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Fotos cortesia de mi amiga Mayte

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2017 11 28, 1:33
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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Cauce del Rio Igan.
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Esta última tambien es el cauce del rio.


Fotos cortesia de mi amiga Mayte

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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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A la izquierda vemos donde corta la carretera y es donde estaba el antiguo puente de madera.
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Aquí donde corta la carretera , estaría el antiguo puente de madera.
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Lo que queda del antiguo puente de madera.
Parecen los sillares.

Fotos cortesia de mi amiga Mayte

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2017 11 28, 1:50
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.
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Capitán D. Jacinto Fraile Rodríguez. Murió el 28 de Julio yendo al frente del primer convoy,
que constituido por fuerzas exclusivamente del Regimiento, salió de Zeluán para abastecer
al Aerodromo, presentándose voluntario para este servicio al Capitán Jete de dicha Alcazaba,
D. Ricardo Carrasco;, se distinguió extraordinariamente en las cargas dadas al frente de su
2º Escuadrón, al paso del Rio Igán. Sus restos se encuentran en el Panteón de Héroes del
cementerio de Melilla

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2017 11 28, 2:12
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara 14
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2017 12 10, 2:21
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.

Hoy hace 97 años el regimiento Alcantara traslada al Comge a annual ante lo difícil de la situación.
Ha estas horas Benitez, jefe de la posición de Igeriben, envía por heliograma su trágico mensaje.
“Nos quedan doce cargas de cañón . Contar hasta doce y después haced fuego sobre la posición
porque el enemigo y nosotros estaremos revueltos”.
Se intenta un último socorro en el que participa el primer escuadrón y el de ametralladoras, ambos
del Alcantara, junto a unidades a pie. De nada sirvió. La caída de la posición de Igeriben marca el
inicio de lo que se conocería como "El desastre de Anual".

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2018 07 21, 1:27
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Mensaje sin leer Re: La gesta de los jinetes del Alcántara.

Fotos repasadas y recuperadas.

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