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Capitán médico Teófilo Rebollar 
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar

En uno de los párrafos habla del Capitán médico D. Teófilo Rebollar muerto en Monte Arruit. Le puedo suministrar la información que desee pues fue tío abuelo mío. Incluso tengo una de las escasas fotos de su promoción y no me extraña que queden pocas porque el fijador era muy malo, veré si pasada la Navidad puedo hacer que la reconstruyan.


2016 02 04, 6:47
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar
Carmen escribió:
En uno de los párrafos habla del Capitán médico D. Teófilo Rebollar muerto en Monte Arruit. Le puedo suministrar la información que desee pues fue tío abuelo mío. Incluso tengo una de las escasas fotos de su promoción y no me extraña que queden pocas porque el fijador era muy malo, veré si pasada la Navidad puedo hacer que la reconstruyan.


Bueno y bueno lo primero bienvenida al foro Carmen; Le agradeceria mucho que aportara esa informacion de su tio abuelo el Capitán médico D. Teófilo Rebollar,cuanto mas mejor... A mi personalmente me apasiona este tema del que se ha escrito mucho pero siempre lo mismo,he leido todo lo que ha caido en mis manos sobre el tema y no salen de las alabanzas a los mismos personajes olvidandose que en Monte Arruit hubieron muchos mas heroes que dejaron alli su vida y nunca se les nombra .... Todo lo que aporte sera bienvenido en este humilde foro.

Desde ahora esta es tu pagina Carmen

Muchisimas gracias y saludos.


2016 02 04, 6:50
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar

El capitán médico Teófilo Rebollar Rodríguez nace el 1 de abril de 1892 en Villamuriel de Cerrato, un pequeño y tranquilo pueblo situado al sur de la provincia de Palencia. Fue hijo de D. Teófilo Rebollar Torres y Dª Eloísa Rodríguez Ortega.
Es el segundo hermano de cuatro (una niña y dos varones). A los 11 años se traslada a Palencia con el fin de estudiar el Bachillerato en el viejo Instituto instalado en el que fuera convento de los Descalzos. Terminado el bachillerato marcha a Madrid para estudiar medicina, se licencia con premio extraordinario en 1914. El 27 de septiembre de ese mismo año ingresa en la Academia de Medicina Militar, recibiendo el despacho de médico segundo el 17 de abril de 1915. Ocupó el tercer lugar de su promoción.

Tomará posesión de su primer destino como oficial médico en el 2º batallón del Regimiento de Vergara (Barcelona) el 29 de junio de 2015.Allí permanece hasta el 12 de agosto de 1915 en que es destinado a la Cuarta Compañía de Sanidad Militar en Comisión de Servicios en el hospital de Tetuán. Un nuevo destino le llega por una Real Orden fechada el siete de abril de 1916 en la que es destinado al segundo Batallón de Infantería de Ceuta nº 60, momento en el que comienzan sus contacto con acciones bélicas, pues será el médico que acompañe a las tropas para colocar tres blocaos en las faldas del monte Sen-Sen y para pacificar a la cabila rebelde de Buit al mando del General de Brigada D. Francisco Sánchez Manjón. Por estas acciones se le concede la Cruz de Primera Clase al Mérito Militar con distintivo rojo y la Medalla Militar de Marruecos con pasador Tetuán. El 20 de noviembre de 1917 es destinado al 2º Batallón del Regimiento de infantería Garellano nº 43 (Bilbao) y el 27 de abril de1918 al Hospital de Madrid-Carabanchel donde permanece hasta febrero en que un nuevo destino le lleva al Primer Regimiento de Ferrocarriles, también en Madrid.
El ascenso a capitán al producirse una vacante en el Regimiento Mixto de Artillería, le llevará el 29 de junio de 1919 a Melilla de donde ya no regresará.

En Melilla además de cumplir con su misión de atender las enfermedades y enfermos del regimiento, hará cursos de oftalmología y cubrirá los puestos de asistencia médica en varios fortines: Sidi-Aixa, Zoco de T´Latza, acompañará a la toma de nuevas posiciones, como la situada en el aduar de Cheif, para ello El 22 de junio de 1920 partirá para Batel con el fin de incorporarse a la columna del teniente coronel don Alfredo Coronel, desde donde se dirigirán a Hamman y ocuparán la posición de Cheif. Y a principios de febrero de 1921 recibe la orden de incorporarse a la columna del Teniente Coronel don Manuel Alcántara, en Tistutin, para llegar a Ben Tieb y conquistar el monte Yabel Uddia.

El destino final será Tistutin, donde llegará el 22 de julio. Tistutin era un puesto de gran responsabilidad pues era la cabecera del tren, la mejor y más rápida forma de evacuar a los heridos de los fortines colindantes que llegaban en ambulancia si provenían de Afsó, Annual, o Dar Drius. O a lomo de mulos, utilizando artolas o literas, si procedían de Batel, Zoco de T´Latza, Quebdani o Kandussi, pues la comunicación se hacía a través de durísimos caminos de herradura, intransitables para otro medio de transporte que no fuera un mulo o un caballo. Enseguida empezaron a llegar heridos procedentes de todas las posiciones, que se concentraron en Tistutin. No tardaron en verse saturadas la enfermería y sus camas, así como la tienda cuadrilonga destinada a que los heridos esperaran para ser evacuados, por lo que pronto se vio obligado a instalar a los heridos en el suelo y Rebollar además de atender a esa riada continua de heridos debía filtrarlos para que fueran evacuados a Melilla en el tren. Allí conoció y curó las graves heridas al capitán Félix Arenas, este valeroso y audaz capitán que estaba de jefe accidental en Tistuin y que junto a un soldado y un cabo, protegidos por unos buenos tiradores al mando del capitán Aguirre llevaron unos bidones de petróleo con los que incendiaron los almiares de paja en los que se habían instalado unos rifeños que los paqueaban constantemente. De la hazaña, Arenas salió con unas quemaduras severas en la mano derecha, pero, a pesar de la gravedad de las mismas, se negó a entregar el mando.

El capitán Rebollar nunca abandonó su puesto ni aun cuando la línea del ferrocarril dejó de funcionar. Allí esperó la llegada del general Navarro quien dio la orden de retirarse hacia Monte Arruit a doce kilómetros de distancia. Era el día 29 y las dos de la madrugada con Navarro habían llegado varios compañeros médicos: El capitán Víctor García Martínez, los tenientes José Rover Motta, Enrique Videgain, Miguel Fernández Andrade y Felipe Peña, entre todos organizaron a los más de 250 heridos, quienes superaban con mucho el número de artolas y camillas, pues había 172 camilleros para que se relevaran ocho veces con las 22 camillas y 65 conductores de ganado sobre las que iban artolas sentadas y artolas literas. Por tanto unos 100 heridos debían ir a pie. Atacados por los cuatro lados y con los policías indígenas desertando las tropas se desbandan quedando en el camino una considerable cantidad de muertos y heridos.

La situación en Monte Arruit es desoladora, sin fármacos, sin instrumental, sin ni siquiera vendas ni agua con la que lavar las heridas, el capitán Rebollar y sus compañeros se veían obligados a realizar verdaderos milagros con la única ayuda de sus manos. Como sucedió cuando entre el capitán Rebollar y el teniente Peña tuvieron que amputar el brazo del teniente coronel Primo de Rivera, lo que sucedió el 31 de julio. Una navaja de afeitar sustituyó a una sierra quirúrgica, un pañuelo sujeto entre sus dientes junto a los efluvios de un frasco de colonia fueron los sustitutos de la anestesia y trapos sustituyeron a las vendas.

Sobrevivir era imposible y resistir lo era aún más, ya que bajo un constante bombardeo de los cañones producto de la rapiña, y un continuo pakeo lo único que parecía aumentar eran los muertos y los heridos, el terror, la desmoralización y el cansancio, pues apenas les quedaban municiones, y mucho menos medicamentos, ni líquido con el que poder apagar la sed de unas gargantas secas que raspaban como si las hubieran limpiado con estropajo, de unas bocas que parecía que las hubiesen secado con estopa, de unos labios cuarteados
Esperan ese auxilio que no llegaba si no es a través de unos aviones que les sobrevolaban intentando ayudarles, tratando de paliar esa desesperada situación arrojando alimentos, barras de hielo, munición, medicamentos, pero que sólo acertaban una de cada tres veces. Pasan los días, ya no tienen nada, ni agua ni alimentos. Llevaban tiempo haciendo una única comida diaria de arroz, garbanzos y carne asada de los animales que morían. Para saciar la avidez de agua han chupado la pulpa de las escasas patatas que quedan, machacándolas para extraer todo el líquido que se pueda, bebiéndose la colonia, o la tinta de los frascos, incluso corría la voz de que algún recluta había tenido la ocurrencia de orinar en su cantimplora, dejar enfriar la orina y añadirle un poco de azúcar.

En vista de que ya llevaban tres días sin una gota de agua, de que carecían de cualquier recurso médico y no había visos de que llegaran refuerzos, el general Navarro se vio forzado a la capitulación, que el mando dejó en sus manos según su criterio.
Era casi la una de la tarde del 9 de agosto. Hacía poco que el comandante Villar acababa de regresar, pero nadie parecía saber nada de lo que ha pactado con los jefes de las harkas. Navarro, Villar, los capitanes Sainz y Calvet, el intérprete Alcaide, y los tres jefes moros, con los que acababan recientemente de pactar los convenios de la capitulación, se encontraban bajo el dintel de los restos de la puerta de Monte Arruit. Bajo el pretexto de estar a la sombra, comentaron su intención de marchar hacia la estación, Navarro invita al Comandante Alfredo Marqueríe a unirse a su estado mayor, pero Marqueríe rechaza imperturbable la invitación.

Por delante del Comandante Marqueríe se alinean, para salir los primeros, los médicos que acompañan a las largas filas que formaban los más de 500 enfermos y heridos. Unos van a ir en las escasas camillas que quedan, otros caminarán ayudados por hombres sanos, si es que quedaba alguno que pudiera recibir tal calificativo, pues todos llevaban encima las señales de la batalla que habían mantenido con los rifeños por sobrevivir, las señales de esos once días de violencia, hambruna, sed, fatiga, desamparo, terror, sobresaltos, tomento, agonía, pesadilla, que parece que por fin van a terminar. Todos, oficiales y tropa, lucen con orgullo las pruebas del calvario físico y moral que han padecido, las lucen con la sencillez del que está convencido de que ha cumplido con su deber. Todos confían en sobrevivir.

Llega la orden de salir. Sin saber cómo ni de donde unos rifeños traidores y felones guiados por el rencor y el odio acumulados desde tanto tiempo se dirigen a por las armas, anhelan las vidas de los españoles. En su afán por conseguirlo, se lanzan sobre los que van saliendo pasando por encima de los heridos, empujando y golpeando a los soldados y oficiales que permanen en pie. De repente todo se convierte en una vorágine siniestra: la tropa no se espera esto, está confusa y desarmada, unos permanecen paralizados mientras otros optan por salir corriendo. La huida es imposible, hay demasiados hombres con sus fusiles dirigidos hacia la puerta de salida, y hacia la cuesta de Monte Arruit para el que haya conseguido salir indemne por la puerta. Son hombres que durante siete años de resentimiento, ansiedad y codicia nunca satisfechas han aguardado esa salida. Van ser muy pocos los que consigan salir con vida de ese fuerte, donde se aglutinaban los restos del Ejército Español de la zona del Rif. Y el haya sobrevivido a este túnel de muerte, aún le quedará el largo y duro camino que tendrá que recorrer en su esperanza puesta en Melilla.

El capitán Rebollar en Monte Arruit se esforzó al máximo por curar a los heridos y se distinguió hasta el punto de ser propuesto para recibir la Laureada. Teófilo falleció el 9 de agosto en la masacre de Arruit sin haber dejado de ocuparse de la enorme cantidad de heridos y enfermos a los que atendía sin tener los medios necesarios. Cuando en octubre se recuperó la posición, se permitió la entrada a los periodistas que recorrieron el recinto plagado de cadáveres y recuerdos; el redactor de El Telegrama del Rif, Tomás Segado, recorrió las ruinas de la enfermería y encontró las fotografías de los médicos Rebollar y Videgain, así como una tarjeta profesional del capitán Espina Rull. Los restos de todos ellos fueron identificados y enterrados en el cementerio de Melilla el 23 de mayo de 1925, siendo trasladados al Panteón de Héroes donde reposan en la actualidad.


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2016 02 04, 6:55
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar

En recuerdo dejo una foto de su lápida, o al menos de su nombre en el panteón de héroes.
Está junto a él otro compañero médico que murió en Monte Arruit, el capitán que dirigía precisamente
esa enfermería de Monte Arruit: José Espina Rull


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2017 04 07, 8:48
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar
Quisiera comentar que sobre El Capitán médico Teófilo Rebollar decidí escribir una novela.
El protagonista del libro es palentino. El libro trata de un hecho histórico silenciado por otro sucedido 15 años más tarde: la guerra civil española.
“Atardece en Monte Arruit” cuyo subtítulo son “los muertos que no son rentables políticamente”.
El subtítulo es importante porque así se nos contraponen los muertos de las cunetas de la guerra civil, que tan rentables resultan políticamente, frente a los muertos que quedaron insepultos en las quebradas del Rif, de los cuales ni recuerdo queda y a los que yo pretendo dar voz.
La novela se divide en cuatro partes:
Primera Parte
Narra su infancia y adolescencia en San Cebrián de Campos y Palencia. En esta ciudad se instala con unos parientes, conoce a varios amigos de distintas condiciones sociales y pasa las vacaciones en su pueblo donde le vemos evolucionar desde las trastadas adolescentes con los muchachos del lugar, los juegos de la época, los trabajos de la siega, hasta llegar a un momento en que su mundo se va alejando de el de estos muchachos
Segunda Parte
Su juventud universitaria en Madrid. Ciudad que es descrita lo más fielmente posible a esta época. Instalado en una pensión conocerá a nuevas amistades, algunas de las cuales le marcarán en los años venideros.
Estas dos primeras partes están marcadas por los problemas económicos del protagonista, en su lucha por no resultar gravoso a sus padres y por sus esfuerzos para superarse social y económicamente.
Terminada su licenciatura, y ante la imposibilidad de pagar 2000 pesetas para evitar ir a la guerra de África decide incorporarse a la Academia de Medicina Militar. A partir de este momento comienza su vida como adulto en diferentes lugares tanto de África como de la península.
Tercera Parte
Recorre la zona oeste del protectorado español, Barcelona durante la época de la gran guerra, Bilbao y regresa a Madrid donde tiene lugar el reencuentro con los viejos amigos, la vieja pensión, las visitas a los parientes palentinos, a sus padres, hermanos y los que fueron amigos de la infancia en San Cebrián. Podemos ver cómo han evolucionado todos estos personajes. Y lo que es más importante: a través de uno de los amigos conoce a la que será su novia, su esposa si los acontecimientos no lo hubieran truncado.
Cuarta Parte
Está dedicada al que será su último destino: la Comandancia de Melilla. Los primeros tiempos transcurren con cierta tranquilidad, es el momento en el que acude al levantamiento y toma de algunos fortines y blocaos, en estos reductos pasa breves periodos de tiempo, a otros va destinado como médico de la posición, pero de todos ellos regresa para reencontrarse con su novia que ha decidido trasladarse a Melilla. En esta ciudad viven su idilio a la vez que Teófilo ejerce su función de médico militar y ambos pasan momentos de tranquilidad en casa de Beatrice (la novia) o se divierten en compañía de amigos. Su último destino será Tistutin. Allí llegarán soldados de todas partes a través de los cuales Teófilo nos irá contando terribles historias de lugares caídos en manos moras. Con el general Navarro se retirarán hasta Monte Arruit, otra retirada trágica en la que ve morir a amigos, en la que tiene que ejercer sus conocimientos de medicina en las circunstancias más precarias como el momento en el que amputa el brazo al Teniente coronel Primo de Rivera. En este fortín serán capaces de resistir once días, al final de los cuales sin comida, agua ni municiones pactan la rendición. De allí ya no regresará.

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2017 04 07, 8:54
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Registrado: 2017 01 16, 1:01
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Mensaje sin leer Re: Capitán médico Teófilo Rebollar
Esto es muy interesante, es mina en oro. Es una realidad tangible y llena de historia de aquellas tierras y de aquellas escenas, de las cuales no se saben muchas cosas, u otras fueron calladas.

Seria muy importante recopilar información de este tipo.


Gracias Carmen por tal aportación

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2017 04 07, 9:12
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