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EL DIA INACABABLE PARA EL REGIMIENTO ALCANTARA 
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23 de julio de 1921: el 'Día Inacabable' del Regimiento Alcántara

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El Regimiento Alcántara desfila ante el general Silvestre (foto: J. Pando)

Pocos hechos de armas han sido tan extraordinarios en la historia de los ejércitos modernos como el que los integrantes del Regimiento Alcántara protagonizaron hace 94 años. Tenían la orden de combatir hasta el final, hasta no poder más, hasta que murieran… para que, con su sacrificio, se salvaran otros. ¡Y la cumplieron!

3.000 españoles asesinados en unas pocas horas
El Gobierno refuerza la guarnición de Melilla con 40.000 hombres

Fue el coronel de Caballería Antonio Bellido el que encontró la definición perfecta para el día 23 de julio de 1921: “Da comienzo el día 23, la fecha que al regimiento Alcántara debió parecer inacabable por la cantidad e intensidad de las acciones realizadas”. De sus estudios sobre la actuación del Regimiento se obtiene este resumen y todas las citas literales.
Pero, antes, situémonos. El Gobierno español había destinado a las operaciones de la pacificación de la zona cercana a Melilla del Protectorado de España de Marruecos unos 13.000 hombres. Además, hay que tener en cuenta que en las zonas de Ceuta y de Larache, estaban operando fuerzas del Ejército en una proporción equivalente.

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Escudo del Regimiento Alcántara

Para hacerse bien la idea de la magnitud del esfuerzo militar y social que estaba haciendo España a principios del siglo XX, conviene recordar que, en los tiempos actuales, una misión internacional raramente llega a rebasar 1.000 militares y que, entre todas las misiones, ha de haber un máximo de 7.000 en el exterior.
En el verano de 1921, en la zona de Melilla, el grueso de las tropas españolas que estaban llevando a cabo las operaciones de avance y pacificación eran unos 5.400 hombres; había otros 4.000 en las numerosas posiciones diseminadas por los montes y, finalmente, otros 4.000 formando varias columnas móviles que recorrían las zonas ya pacificadas de la retaguardia para controlarlas y asegurar la tranquilidad.

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El sable modelo Puerto Seguro

Tomando como referencia Melilla, la línea del ‘frente’ –concepto de complicada aplicación en ese territorio tan accidentado y con un enemigo que formaba bandas irregulares- se había introducido más de 100 km en territorio marroquí, hacia el oeste. La base principal para las operaciones de avance estaba, en esas fechas, en un gran campamento situado en un lugar llamado Annual. Desde allí, el general de división Manuel Fernández Silvestre, el general en jefe, planeaba cruzar el río Amekrán, rebasar la siguiente cadena montañosa y atacar directamente el territorio origen de la rebeldía: la cabila de los Beni Urriaguel, cuyo cabecilla, Abd el Krim, pretendía organizar la llamada república del Rif, independiente y creada a costa de Marruecos.
El siguiente paso español fue el 1 de junio, con la instalación en un cerro llamado Abarrán de una nueva posición, pero los rebeldes dieron un sorpresivo contragolpe, la asaltaron, exterminaron a los defensores que no huyeron y se apoderaron de los cañones españoles Igueriben. Tras este sonado éxito, desde mediados de junio los rebeldes atacaron insistentemente otras posiciones españolas, como Igueriben, Buymeyán y Annual.

La situación táctica empeora radicalmente

Pero los harqueños rebeldes habían ido aprendiendo a combatir disciplinadamente y enfrentarse, de tú a tú, a las tropas españolas y a las formadas por marroquíes voluntarios integrados en la Policía Indígena y los Regulares. Una corta serie de combates desafortunados dieron, de repente, una sorprendente vuelta a la situación.

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La carabina Mauser

Por momentos, entre los españoles aparecieron las inseguridades y los temores de que los rebeldes, envalentonados, seguros de su nueva fuerza y con los cañones capturados en Abarrán días atrás, atacaran el gran campamento de Annual, que no tenía grandes defensas. El general Silvestre, con grandes dudas y temores, ordenó a sus 5.400 hombres el repliegue a posiciones retrasadas en las que confiaba poder defenderse bien. Sin embargo, la columna en retirada la mandó el general de brigada Felipe Navarro, el 2º jefe, porque al general Silvestre se le dio por perdido creyéndose que, como otros oficiales y tropa, había muerto en los inicios del repliegue, que se hizo bajo fuego enemigo.

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Desde ese 21 de julio de 1921, una parte muy importante de las tropas españolas estaban o exterminadas, o asediadas en sus posiciones, o en retirada. Era un caso insólito. Desde hacía años, el proceso de sometimiento –por las buenas o a la fuerza- de las cabilas rebeldes a la autoridad del Sultán estaba funcionando bien, aunque a costa de mucha sangre en combates contra las bandas de harqueños rebeldes, y oro, por los ‘incentivos’ que se daban a los jefes y notables de las cabilas para que aceptaran la nueva situación.

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2016 04 22, 10:50
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El Regimiento Alcántara de Caballería

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Repliegue de la columna -lámina de Antonio Manzano-

Las fuerzas operativas de la zona de Melilla contaban con el regimiento de Caballería Alcántara, un veterano de esta campaña pues llevaba participando en ella desde hacía 10 años. Era un regimiento muy potente, con cinco escuadrones armados con sables y carabinas –uno de ellos formado exclusivamente por voluntarios-, y un escuadrón de ametralladoras. En total, más de 700 hombres con un elevado nivel de adiestramiento, disciplina y combatividad. En estos momentos cruciales -la retirada general de las tropas-, los del Alcántara recibieron la misión típica de la Caballería: proteger una columna que se retira. Los jinetes del Alcántara debían ser el escudo contra el que se estrellaran los ataques que los rebeldes lanzarían, seguro, contra los que se replegaban. Y así ocurrió durante el día 21 y el día 22 de julio. La columna salió de Annual, más o menos organizada, con problemas de pánico entre algunas tropas y recibiendo fuego enemigo, y llegaron a la posición de Ben Tieb y después a la de Dar Dríus. En estos momentos, el teniente coronel Primo de Rivera ya venía “muy agotado el ganado como consecuencia del intenso esfuerzo a que estuvo sometido el día anterior en la retirada de Annual”.

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Soldado del Regimiento Alcántara -lámina de Antonio Manzano-

Empieza ‘El Día Inacabable’

Estando la columna en Dar Dríus, a las 4 de la noche del 23 de julio, se avisó de que se evacuaría la posición para seguir retirándose. A las 6 de la madrugada, el 5º escuadrón del Alcántara salió para asegurarse de que en los alrededores no hubiera rebeldes y, si los había, obligarles a retirarse para que la columna pudiera iniciar su marcha. A las 7, con la protección de dos secciones de caballería, salió un destacamento a hacer la aguada –recoger agua para las cantimploras y las cubas- en el cercano río Kert.

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Zonas de las cargas del Regimiento Alcántara

También salió el 5º escuadrón y una sección del 4º para, con el apoyo de una batería de cañones que se asentó a 200 metros fuera de la posición, marchar hasta a 4 kilómetros para dar protección a las guarniciones de Ain Kert y Ababda -situadas al suroeste y noroeste respectivamente- que estaban replegándose hacia Dar Dríus. Según testimonios posteriores, los jinetes dieron “la primera carga contra un grupo numeroso [de rebeldes a los] que conseguimos matar en su mayoría, menos los que huyeron, regresando todos a Dríus después, sin ser molestados por el enemigo, tras algunos disparos de la batería, y sin bajas”.
El 2º escuadrón, dos secciones del 4º y una del 1º, unos 190 hombres mandados personalmente por el teniente coronel Primo de Rivera –el coronel Manella no estaba al frente del Regimiento sino ocupando otro destino y, además, había muerto poco antes-, acudieron, con el apoyo de dos baterías de cañones, a proteger el repliegue de los que habían evacuado la posición de Cheif, unos 200 o 300 hombres, que, tras 20 kilómetros de marcha, entraron en Dar Dríus entre las 9 y las 10 de la mañana.

En la protección de los defensores de la posición de Cheif, según el testimonio del soldado Moya Alonso, sanitario de 2ª, el Alcántara perdió “… unos setenta hombres y la mayor parte del ganado, pues, aunque muchos de éstos llegaron al campamento [Dar Dríus], bastantes iban malheridos y murieron”. En estos combates, los demás soldados dieron vivas y aplausos a los del Alcántara: “Al regreso posterior de los escuadrones, fueron recibidos con verdaderas aclamaciones y vítores, así como con grandes demostraciones de agradecimiento y alegría, oyéndose, entre otras frases, las de "Si no llega a ser por vosotros, no quedamos uno" y "¡Viva el Regimiento Alcántara y su teniente coronel!".

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Oficial del Regimiento Alcántara -lámina de Antonio Manzano-

A eso de las 12.00 llegaron los integrantes de la guarnición de Karra Midar que venían replegándose y combatiendo hasta que, al llegar al río Kert, una sección de caballería que estaba en la aguada les dio protección hasta su entrada en Dar Dríus. Y aún hubo más salidas: “Después de comer el primer rancho y sobre las 12 salimos todos los escuadrones para proteger la retirada de las guarniciones de Tafersit y el Azib de Midar… formado[s] en línea… al galope por las llanuras delante de Dríus, encontrándose a unos kilómetros… restos de las fuerzas de las citadas posiciones…”.

Los soldados sin miedo

Los rebeldes, “ante la presencia del regimiento huyeron a la desbandada, pero contra ellos cargó el regimiento… varios que se encerraron en una casa… fueron cercados y muertos”. Uno de los soldados dijo después que, al regresar a la posición de Dar Dríus, “el teniente coronel nos felicitó diciéndonos que estaba muy contento… pues veía que no teníamos miedo… por lo valientes que habíamos estado en las cargas y que teníamos muy buen espíritu y deseos de combatir a los moros…”. Según otros testimonios, posiblemente hubo más salidas realizadas por el 4º y 5º escuadrones en las que combatieron pie a tierra durante una media hora para despejar de enemigos los alrededores de la posición y poder reanudar el repliegue, según la decisión tomada por el general Navarro.
Los combates de los de Alcántara durante la mañana – repetidas cargas con el sable en el llano de Sepsa- merecieron grandes elogios por parte de quienes, desde la distancia, los observaban. Los jinetes demostraron tener elevados niveles de instrucción, haciendo bien los despliegues y marchando organizadamente hacia el enemigo.
Al ir divulgándose entre los moros de esta comarca las noticias de Abarrán, Igueriben y Annual, así como la retirada española, empezaron a cambiar su lealtad hacia el más fuerte, que a estas horas ya era la harca rebelde de Abd el Krim, de modo que la retaguardia española empezó a dejar de ser segura. Por ejemplo, un convoy de vehículos que, tras dejar los heridos en la posición más retrasada de Batel para que siguieran en tren hacia Melilla estaba regresando de vacío a Dar Dríus, se encontró con el camino cortado por los rebeldes y regresó a su último punto. Por otra parte, tres camiones que, desde Dar Dríus llevaban heridos a Melilla, tuvieron que regresar porque el convoy había sido emboscado a la altura del rio Gan, donde el camino hace un zigzag.

Ante esta nueva situación, el general Navarro mandó al teniente coronel Primo de Rivera salir “con sus cinco escuadrones a proteger el camino entre Uestia y el Gan”, reanudándose la marcha entre las 13.00 y las 13.30. Pasado el poblado de Uestia, Alcántara recibió mucho fuego desde su lado izquierdo y los escuadrones 2º y 4º, con apoyo del de ametralladoras, les atacaron para alejar al enemigo llegando a combatir pie a tierra.

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Soldado del Regimento Alcántara -lámina de Antonio Manzano-

Siguió Alcántara adelante y cerca de Dar Azugaj su vanguardia recibió más fuego de un gran núcleo enemigo que estaba atrincherado a los lados del camino. El teniente coronel ordenó atacar y cargaron otra vez los escuadrones 2º y 4º –del que dos secciones trabarán combate cuerpo a cuerpo-, y después el 1º y el 3º, con Primo de Rivera yendo de un escuadrón a otro animando a sus hombres con voces como“¡No acobardaos muchachos! ¡Viva España!”. En los primeros momentos de estos combates resultó herido su caballo. Según el soldado Sirvent, que no pertenecía al Alcántara, en estas cargas “irían unos trescientos de caballería…, el enemigo… [sería el] doble de los que cargaron… perdiendo [Alcántara] más de ciento cincuenta hombres”. Por su parte, el capitán Chicote, del Alcántara, cifró las bajas en “unos 450 hombres”. Recordemos que una ‘baja’ es aquel que no puede seguir combatiendo por muerte, heridas, contusiones por caída del caballo, ser capturado, etc.
El 5º escuadrón cargó por la derecha hasta un kilómetro de distancia, donde se empeñó en expulsar de unas casas a un grupo de rebeldes, lográndolo aunque a costa de muchas bajas. Pero “el regimiento había seguido avanzando, sosteniendo nutrido fuego con el enemigo, bastante numeroso, que aparecía por todas partes parapetado… librando continuos combates… a pie y a caballo, y manteniéndole alejado con las cargas que, en cuanto había ocasión y por estar próximos se daban…”. Cuando la extrema vanguardia del Alcántara se acercó al cauce seco del río Gan, se encontraron con tres camiones destruidos, los restos del convoy que había sido emboscado y asesinados conductores, sanitarios y heridos. “A su llegada al galope, fueron recibidos por el enemigo con un fuego intenso, lanzándose sobre ellos al aire de carga, llegando el enemigo hasta las riendas… y consiguiendo [Alcántara] desalojarlos de sus posiciones haciéndoles más de sesenta muertos”. Eran las 12 o 12 y media.

Continuará...

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2016 04 22, 11:19
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Así terminó para el Regimiento Alcántara su 'Día Inacabable'

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El Monte Arruit, la última posición defendida por el Regimiento Alcántara

El Regimiento Alcántara concluyó la jornada del 23 de julio de 1921 con sus fuerzas divididas, con sus fuerzas consumidas. Pero el cumplimiento de su misión les llevó al máximo sacrificio al reconocimiento como héroes mediante la imposición de la Laureada Colectiva.

23 de julio de 1921: el día inacabable del Regimiento Alcántara

En un movimiento en el que una fracción del Alcántara regresó hacia Dar Dríus para informar al general Navarro del estado del camino se encontró con la columna que ya había salido de dicha posición, reanudando la retirada. La columna a la que protegía el Alcántara con sus continuos combates estaba formada por más de 2.500 hombres –de los que estaban heridos más de 250; llevaban 91 caballos y 193 mulos con la artillería y una decena de camiones que trataban de salvar los materiales más importantes.
El teniente coronel Primo de Rivera dividió el Alcántara en dos grupos. El comandante Berrocoso mandaba los 1º y 2º escuadrones y el comandante García Zaragoza los 3º, 4º y 5º escuadrones y una sección del de ametralladoras. La protección de la columna en marcha se hacía “ocupando las alturas que flanquean el camino”. “Los escuadrones continuaban flanqueando la carretera, reconociendo todas las kabilas [se refiere a los aduares o poblados], desalojando al enemigo que encontraba en ellas y sosteniendo fuego con los que se resistían”.
Pero al regimiento le faltaba una sección: una que, a primera hora de la mañana se le había encomendado proteger la aguada de la posición de Dar Dríus y no le llegó el aviso de que la columna general reemprendía la marcha hacia la retaguardia. Cuando el teniente que mandaba esta sección se percató, emprendió con sus jinetes su propia marcha hasta que, tras cargar tres veces contra los rebeldes, pudo reintegrarse a su escuadrón, el 1º, que iba en vanguardia.

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El último combate -lámina de Antonio Manzano-

La moral y la combatividad de los que marchaban integrados en la columna quedaron muy afectadas al llegar a la altura de los camiones que habían sido emboscados anteriormente y sus ocupantes asesinados.
Siendo conscientes de la vulnerabilidad del paso de la columna por el cauce del río Gan, se preparó con cuidado, asentando las piezas de artillería en el mismo camino, para neutralizar los fuegos enemigos. El paso pudo realizarse gracias a las ya citadas cargas al sable del Alcántara con el apoyo de sus ametralladoras, que cambiaron de asentamiento tres veces.
Tras los intensos combates que hubo que facilitar el paso de la columna por el cauce del Gan, los escuadrones debieron quedar desorganizados por los choques sucesivos y las bajas, y, al tratar de reunirse, los jinetes se agruparían con los más cercanos, no necesariamente de su escuadrón, aunque Alcántara mantuvo la protección de la columna dividido en dos grupos. Primo de Rivera, con el primero, las ametralladoras y una batería ligera siguió en vanguardia, abriendo camino hasta Tistutín, mientras que el otro grupo quedó a retaguardia de la columna parando los ataques contra ella.
La mítica ‘carga al paso’
Explica el coronel Antonio Bellido que realizar una ‘carga al paso’ contra un enemigo emboscado está condenada al exterminio total de los jinetes y sin que pueda obtenerse nada a cambio. Por ello, la famosa frase “La última carga, al paso” no deja de ser una licencia poética fundada, seguramente, en el testimonio del soldado Florencio Caravaca Almagro, del 4º escuadrón, citado por el suboficial Marhuenda: “Durante la retirada de Dar Dríus a Monte Arruit [los escuadrones] volvieron a cargar… no obstante el excesivo cansancio del ganado que en algunos momentos no podía ir más que al paso”.
A base de los combates de los jinetes del Alcántara, con grandes dificultades y cada vez con menos hombres, la columna consiguió pasar el cauce del Gan y siguió replegándose, sin dejar de estar batida por los fuegos enemigos aunque, conforme se iba avanzando, parecía haber menos enemigos que hicieran fuego. Las tropas españolas llegaron a la posición de Batel entre las 4 y las 6 de la tarde, “en tal estado la columna que toda reorganización parecía imposible. Los escuadrones llegaron diezmados y, los que quedaron, extenuadas de cansancio”.
Para hacerse una idea del terrible desgaste de los jinetes del Alcántara, vale como referencia que el segundo grupo –el que protegía la retaguardia-, en los combates que tuvo que sostener en los 20 km que separaban la posición de Dar Dríus -de donde salió a las 13.00 horas- de la de Batel -a donde llegó hacia las 16.00- sufrió 181 bajas. 49 eran del 3º escuadrón, 58 del 4º y 74 del 5º.
Al llegar a Batel, “los caballos no beben agua… La bomba del pozo no funciona bien… arreglada la noria… después de beber todo el personal y sacar para el rancho, los caballos empezaron también a beber… pero no se dio a cada uno más de medio cubo… En esta posición murieron bastantes caballos a causa de la sed”.
De Melilla llegó la petición a la columna de que enviara algunas fuerzas a Zeluán –posición más retrasada todavía, cercana a Melilla- para prevenir que la sublevación de los policías indígenas y moros del territorio acabara contagiando a los de Regulares allí acuartelados. Salió, pues, en esa dirección, el I Grupo reorganizado –el II siguió en Batel- formado por el 1º escuadrón, dos secciones del 2º, una del 3º, otra del 4º, otra del 5º y una sección de ametralladoras, cuyo teniente, Luis Martín Galindo, tuvo que “caminar muy despacio a causa de las heridas de su caballo”.
En su marcha hacia Zeluán, los jinetes del I Grupo llegaron a la posición de Monte Arruit a las 6 de la tarde, abrevaron el ganado, bebió la gente, dejaron a los heridos en el tren para que los llevaran a Melilla y recibieron la orden de escoltar una columna allí organizada para que pudieran llegar también a Melilla. Esta otra columna estaba formada por unos 1.000 hombres de Artillería e Intendencia principalmente y el ganado de las piezas, carruajes y mulos. Después de dejarles en la seguridad de la ciudad, los del Alcántara habían de salir de nuevo al campo de batalla y marchar hasta Zeluán, conforme las órdenes recibidas para asegurar que no estallara otra sublevación.
Debido a la extrema fatiga de los caballos, esta nueva marcha se hizo “al paso”, y aún así, tuvieron que defenderse del tiroteo de algunos soldados de Regulares que ya se habían sublevado. A su paso por el río Zeluán abrevaron al ganado, continuaron y su vanguardia entró a las 20.30 en la alcazaba de Zeluán.
Aquí, en el anochecer de este 23 de julio las fuerzas del I Grupo se encontraron con el capitán Mauro Fernández y el “escuadrón provisional” que, tras los primeros combates del día anterior, había sido enviado hacia el acuartelamiento base del Regimiento Alcántara, situado en Segangan, cerca de Melilla, con los heridos y caballos inútiles para el combate. Sus oficiales –el teniente del Campo y el alférez Maroto-, en vista de las noticias, habían decidido que, en vez de cumplimentar la orden de llegar a Segangan, irían a Monte Arruit para reintegrarse a la columna Navarro que estaba replegándose. Pero el jefe de la posición de Monte Arruit no les quiso allí y les mandó a reforzar la posición de Zeluán, donde se encontrarían con sus compañeros.

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Las cercanías de Monte Arruit tras el desastre

Este conjunto del Alcántara será el que, desde esa misma noche, defenderá la alcazaba de Zeluán y el aeródromo inmediato, cuyo suministro, recorriendo la distancia de kilómetro y medio que les separaba, siguió causando bajas en las filas de los del Alcántara, en quienes se basó la defensa de estas dos posiciones.
Así acabó el 23 de julio de 1921, ‘El Día Inacabable’ del Regimiento Alcántara. Sus fuerzas estaban divididas. Una parte estaba en la posición de Batel, dando seguridad a los 2.500 hombres de la columna principal del general Navarro. La otra, estaba en la posición de Zeluán y el aeródromo, dedicada a su defensa.
Pero aún había otra sección del Alcántara de la que no se ha hecho mención hasta ahora porque estaba reforzando una posición lejana, aunque importante; la del Zoco el Telatza, situada muy al Sur del despliegue. Cuando esta posición fue atacada por los rebeldes, sus defensores llevaron a cabo su propio repliegue bajo la protección de los del Alcántara, como era su misión en esas circunstancias. Sin embargo, a diferencia de otras guarniciones, no buscaron acogerse a la columna del general Navarro porque estaba muy lejos, sino que marcharon más hacia el Sur, hacia la más cercana zona de responsabilidad de las tropas francesas en la que esperaban lograr la salvación.

Epílogo

Aquel día 23 de julio de 1921 acabó para los jinetes del Alcántara. Esperaban un mañana que se diferenciaría poco de este día, porque habría más combates y nuevas bajas; quienes en esa noche estaban vivos, morirían o quedarían heridos; y cada vez quedarían menos jinetes cumpliendo la misión más generosa de la Caballería, combatir por los demás, sacrificarse por sus compañeros.
Las fuerzas del Alcántara se consumieron y se desvaneció como regimiento organizado; sus pocos hombres, fatigados, sedientos, hambrientos, heridos, sin caballos y sin sables, con las carabinas y ametralladoras desgastadas o averiadas por los continuos disparos, continuaron siendo, como desde el primer instante, la unidad más disciplinada, cohesionada y combativa de todas las que tuvieron que replegarse desde Annual.
Cuando entrado el mes de agosto se consumó el enorme desastre y se acabaron los combates –llegando los rebeldes a las puertas de Melilla- el Regimiento Alcántara tuvo en el cumplimiento de su trascendental misión casi 550 muertos y desaparecidos, de un total de 730 hombres que estaban ‘en el campo’ al principio de estas operaciones. Unos 180 sobrevivieron a estos combates, aunque de ellos hubo quienes quedaron prisioneros de los rebeldes durante un año y medio.
No hay un ejemplo de disciplina, valor, heroísmo y sacrificio como el del Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara nº 14.

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Estandarte del actual Regimiento Alcántara

Con toda justicia, aunque con un retraso de casi 91 años, el Real Decreto 905/2012 del 21 de junio de 2012 concedía a estos héroes la Laureada Colectiva, la condecoración más importante que puede concederse en España, en reconocimiento oficial de su extraordinario comportamiento en el campo de batalla.
Falta ahora llevar a cabo el reconocimiento social a aquellos antepasados nuestros que tan alto pusieron el nivel de exigencia en el cumplimiento del deber.

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Calle dedicada al Regimiento Alcántara en Melilla


http://www.onemagazine.es/noticia/24159 ... bable.html

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2016 04 22, 12:37
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