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El "General Concha": Gesta de la Armada Española 
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INTRODUCCIÓN

A finales del s. XIX las potencias europeas tenían a África como objetivo de sus ansias expansionistas, lo cual afectaba a España de forma directa dada su condición de potencia colonial con diversas posesiones africanas entre las que se encontraba el "Protectorado Español de Marruecos" donde, sobre todo en su zona más oriental (área de influencia de Melilla), España libraba una auténtica guerra contra las kabilas (tribus) rifeñas que dieron lugar a hechos de armas tan conocidos como Los Castillejos, El Desastre del Barranco del Lobo, El Desastre de Annual, o el Desembarco de Alhucemas. En este contexto fue donde se forjó el ejército "africano" que tanta importancia tuvo en la Guerra Civil española que en ese momento nadie podía prever, y en este escenario es donde transcurre un desconocido hecho de armas protagonizado por nuestros marinos, que fue premiado con la concesión de una Laureada de San Fernando a uno de sus oficiales.

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Protectorado español en África hacia 1950.

EL BARCO

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El General Concha en sus primeros tiempos, con el casco pintado
de negro como era costumbre en la Armada.

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Cañonero D. Juan de Austria, gemelo del "General Concha".

El General Concha pertenecía a una serie de 4 buques construidos como consecuencia de uno de tantos tímidos planes de expansión de la Armada durante el s. XIX que quedaban a medias. Botado en 1883 y armado inicialmente con tres piezas de 12 cm., dos ametralladoras de 25 mm. y una de 11 mm. fue clasificado como "Crucero no protegido de tercera clase", pero esta pomposa catalogación basada en su poder artillero no podía esconder que, dado su pequeño porte en el fondo no era más que un "Cañonero" y como tal fue posteriormente reclasificado. Nombrado en honor del Brigadier General de la Armada D. Juan Gutiérrez de la Concha, Gobernador Militar de la provincia argentina de Tucumán, y que permaneció leal al Consejo de Regencia cuando se sublevaron los argentinos contra la Corona Española, el cañonero General Concha tuvo una activa participación durante el "Desastre de 98" en aguas de Puerto Rico, llegando a entablar combate naval junto al crucero Isabel II (4x120 mm. + 2x70 mm. + 7 cañones ligeros + 2 tubos lanzatorpedos) contra los cruceros auxiliares norteamericanos USS Yosemite (10x127 mm. + 6 cañones ligeros) y USS Saint Paul (6x127 mm + 12 cañones ligeros), evitando que estos terminasen con el transatlántico Antonio López al que previamente habían obligado a embarrancar, y su vital cargamento de armas y municiones para los defensores de la que fue "la perla del Caribe". Sin embargo este último barco se perdió finalmente con la llegada del crucero protegido USS New Orleans (6x152 mm. + 4x120 mm. + 18 cañones ligeros + 3 tubos lanzatorpedos), para el que los españoles no eran rivales, y que finiquitó a la nave de carga con total impunidad.

El NAUFRAGIO

El 11 de Junio de 1913, bajo el mando del Capitán de Corbeta D. Emiliano Castaño Hernández, el General Concha arrumbaba hacia Alhucemas procedente de la localidad granadina de Almuñécar donde días antes se había refugiado debido al fuerte Levante que soplaba en la zona y que hacía la navegación poco menos que imposible. Sobre las 07:40 hrs., cuando navegaba cerca de la ensenada de Busiú distante sólo 5 millas de Alhucemas a donde transportaba al Coronel de Estado Mayor Basterra, por culpa de una densa niebla la tripulación se sobresaltó ante un brutal ruido metálico a medida que el barco se estrellaba contra el acantilado, quedando su proa metida entre las rocas y mirando a tierra y la popa al mar.
Sin perder un segundo se puso a flote el chinchorro (pequeña embarcación auxiliar) para reconocer los daños, observando una gran brecha a proa por la que entraba el agua, estando ya inundadas la despensa, el cofre de cadenas, y todos los compartimentos de proa.

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Ilustración mostrando al General Concha encallado.

Dada la situación de la nave, inmovilizada justo bajo un acantilado donde los rifeños ya empezaban a aparecer, y con la proa inundada, el comandante ordenó retirar los fusiles del armero de proa a la cámara de oficiales, a la vez que dispuso que se lanzara al agua el bote armada número 2, que bajo el mando del Alférez de Navío D. Luís Felipe Lazaga, con ocho hombres y el mencionado Coronel Basterra, se dirigió con urgencia al cercano Peñón de Alhucemas a pedir ayuda.

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Peñón de Alhucemas. Enclave español a 300 metros de la costa marroquí.

EL ASALTO

Finalmente ocurrió lo inevitable, y los moros decidieron atacar al buque. Con su posición desde lo alto podían hostigar la cubierta a placer, mientras que desde el cañonero sólo podían responder con fuego de fusilería. En este primer ataque muere el marinero José Piñeiro, mientras que caen heridos varios hombres más entre los que se encuentra el Alférez de Navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, herido en su brazo derecho. Para atenderlos, el practicante del General Concha, D. José Quiñón improvisó una enfermería en el interior del buque, saliendo a cubierta varias veces para recoger a los heridos.

Frente a un intento de asalto por parte de los rifeños, el comandante ordenó utilizar la artillería de popa, acudiendo a cumplir la orden el Segundo Condestable D. Pedro Muiños San Martín, el artillero Eugenio Benítez y el Cabo Francisco garcía Benedicto. Ante una auténtica lluvia de balazos caen muertos los dos primeros, quedando gravemente herido este último. Esto decidió al comandante a ordenar a sus hombres que buscaran cubierto en el interior del buque, ya que permanecer en cubierta era poco menos que un suicidio. A las 12:30 los moros abordaron al cañonero, entablándose una lucha cuerpo a cuerpo llegando el enemigo a controlar la proa donde hizo varios prisioneros. Pero ante esta situación, el Alférez de Navío Ramos al frente de un grupo de hombres contraatacó a la desesperada, con las hachas de abordaje y mientras proferían Vivas a España y al Rey, consiguiendo desalojar a los rifeños y liberando a casi todos los españoles prisioneros. En este ataque resultaría muerto el comandante del buque, pasando a tomar el mando el herido Ramos Izquierdo. A pesar de esto quedaron prisioneros de los moros varios españoles, entre los que se encontraba el Contramaestre Fernández Lucero y el marinero Francisco Estensa. Fue este último el que horas más tarde regresó al barco con un mensaje del enemigo escrito por el Contramaestre Fernández, donde se conminaba a los españoles a rendirse incondicionalmente. De acuerdo a las Ordenanzas de la Armada, Ramos Izquierdo reunió a los oficiales supervivientes (el Alférez D. Manuel Quevedo y el Contador D. Pablo Rodríguez) que no sólo decidieron no rendirse, que no que ni se molestarían en contestar la nota, quedando a su vez el marinero Estensa en el barco. Comenzó inmediatamente el fuego que duró hasta las 17:00 hrs., cuando aparecieron a escena el vapor Vicente Sáenz y el cañonero Lauria, dando un respiro a los españoles sitiados.

Como la comunicación con el Lauria era imposible desde el barco herido de muerte, Ramos Izquierdo solicitó voluntarios para llegar hasta el Lauria y hacerles ver la situación de su buque, elgiéndose entre todos los voluntarios a los fogoneros José Carrascosa Segura y Antonio González Maldonado, que pese al intenso fuego enemigo consiguieron llegar hasta la nave hermana dando parte de la situación del Concha.

Mientras, desde este cañonero se envió un bote para acordar un alto el fuego con los moros, aprovechándose el momento para trasladar los heridos desde el cada vez más hundido General Concha al Lauria. El acuerdo con los moros fue imposible, y ante la situación cada vez más comprometida del barco cuya cubierta ya estaba cubierta por 30 cm. de agua, se decidió el abandono, lo cual provocó un nuevo ataque de los moros durante el que Ramos Izquierdo recibió un nuevo impacto de bala que no le impidió seguir dirigiendo a sus hombres ante la crítica situación que a la 01:00 hrs. de la madrugada atravesaba su buque. Se arrió un nuevo bote con más marinos que, pese al intenso tiroteo consiguió llegar al Lauria, pero a las 02:00 hrs., quedando a bordo del Concha el herido Alférez de Navío Ramos Izquierdo y algunos miembros de la tripulación que no sabían nadar, los moros finalmente consiguieron capturar el barco haciendo prisioneros a éstos con la esperanza de lograr un rescate por ellos.

Finalmente, la aventura había costado la pérdida de 16 vidas, 17 heridos y 11 prisioneros. Teniendo en cuenta que la dotación del buque en ese momento era de 53 hombres, nos daremos cuenta que éste perdió a más del 50% de su tripulación antes de sucumbir.

EL FIN DE LA HISTORIA.

Iniciados los contactos con los cabileños, pronto se supo que estos exigían la cantidad de 250.000 pts. de la época, a lo que las autoridades españolas se negaron en redondo, continuando las gestiones sin sucumbir a la extorsión.

Tras 15 días de cautiverio, con la ayuda de un español renegado (un preso huido de la cárcel que se casó con una mora –el oficial liberado consiguió el indulto para él poco después- y un moro al que se le pagó bastante menos que las 250.000 pts. que pedían los rifeños, los españoles escaparon a su cautiverio llegando a zona española donde se celebró su libertad.

No quiero dejar de incidir aquí en la situación paralela que no hace mucho se vivió en España con la captura del pesquero español “Playa de Bakio” frente a costas somalíes. A diferencia de la historia que nos ocupa, las autoridades españolas no sólo han cedido a la extorsión de los piratas, sino que incluso han llegado a pagar más de lo que pedían con tal de que no se supiera, demostrando que la madera de unos gobernantes y otros es bien distinta…

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El atunero español “Playa de Bakio”.

CRUZ LAUREADA DE SAN FERNANDO

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Alférez de Navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener

Pese a que en esta historia no fueron pocos los que derrocharon heroísmo, siempre hay alguien que destaca un poquito más, y en este caso se trata como supondréis del Alférez de Navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, quien pese a la heridas sufridas y a la pérdida de su comandante supo cohesionar y animar a la maltrecha tripulación española a defender su buque a la desesperada. Por ello le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando de 2ª Clase el 1 de mayo de 1914, siendo de los pocos marinos que han lucido la máxima condecoración militar española.
Durante su brillante carrera militar sirvió en varios buques de la Armada, entre ellos el primer Dédalo y el Almirante Antequera, de los que fue su comandante. También fue profesor de física en la Escuela Naval Militar. Al poco de comenzar la Guerra Civil fue detenido por los milicianos. Murió en noviembre de 1936.

Desde aquí me gustaría expresar mi más profunda admiración por estos marinos.


2011 12 11, 1:31
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El Cañonero “General Concha” y su brava tripulación

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Un accidente debido a la meteorologia adversa, dio lugar a una tragedia que costó a unos, la vida, a otros heridas y contusiones, la pérdida de un buque y, un recuerdo imborrable en la mente de aquellos que lo vivieron.

Estos hechos, fueron la varada accidental, debida a una espesa niebla que al parecer, no permitía la visibilidad más allá de 2 ó 3 metros, de un cañonero de la Armada Española, a las 07:40 horas de la mañana del 11 de junio de 1913, en los arrecifes de la bahía de Busicú, territorio de la cabila Bocoya, a unas cinco millas de la bahía de Alhucemas.

Este suceso, supuso el enfrentamiento armado entre los bocoyas, que en su afán de rapiña, auxiliados por los aguerridos beniurriagueles, con la tripulación del cañonero, en una lucha encarnizada, incluso llegándose al “cuerpo a cuerpo”, un combate, donde una vez más, quedó latente, la valentía, el coraje y el arrojo de nuestros marinos.

Este buque, era el cañonero “General Concha”, un barco diseñado para patrullar las grandes extensiones costeras de las Islas Filipinas y, era considerado junto a sus homólogos, “Magallanes”, Elcano” y el “General Lezo” (sólo estos dos últimos llegaron a navegar por aguas del archipielágo filipino), como pequeños cruceros coloniales.

Cañonero “General Concha”, características generales

Su construcción fue ordenada por el Almirante D. Francisco de Paula Pavía y Pavía.
Casco de hierro.
Eslora : 47,87 metros.
Manga: 7,87 metros.
Calado: 3,41 metros.
Desplazamiento en carga: 524 toneladas.
Máquina: 600 caballos de potencia, construída por la Maquinista Terrestre y Marítima. El importe de las máquinas, ascendió a 312.000 pesetas de la época.
Número de hélices : 2.
Velocidad: 11 nudos.
Capacidad de carboneras : 68 toneladas de carbón.
Autonomía : 840 millas.
Aparejo de goleta con una superficie vélica de 325 metros cuadrados.
Consumo diario de carbón: 10 toneladas.
Dotación: 95 tripulantes.
Armamento:
- Inicial: 3 cañones “Hontoria” de 120 mm, modelo 1879.
2 ametralladoras “Nordenfelt” de 25 mm de calibre.
1 ametralladora “Nordenfelt” de 11 mm de calibre.
- Tras la reforma de 1904, se modificó el armamento, cambiándose toda la artillería pesada, por 4 “Nordenfelt” de 42 mm de calibre, pero conservando el resto de sus ametralladoras.
Núm. De Grada: 169 del Astillero de Esteiro en Ferrol (Coruña).
Colocación de la quilla : 1 de mayo de 1882.
Botadura : el 28 de noviembre de 1883.
Su nombre, fue colocado en honor del Brigadier de la Armada, D. Juan Gutíerrez de La Concha, gobernador e intendente de la provincia de Tucumán, del Virreinato de Buenos Aires, sublevado contra la Junta de Gobierno de Buenos, y fusilado junto al destituido Virrey D. Santiago Liniers en 1810.

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El capitán de corbeta D. Emiliano Castaño Hernández

Nacido en Val de Santo Domingo (Toledo) el 8 de agosto de 1866. Ingresó en la Escuela Naval el 8 de enero de 1883, hasta que obtuvo una vez superado con gran aprovechamiento el plan de estudios, el empleo de alférez de fragata. Navegó hasta su muerte en combate el 11 de junio de 1913, durante casi 15 años, viviendo constantemente en los buques. Había obtenido el empleo de capitán de corbeta en mayo de 1911, siendo destinado como tercer comandante al guardacostas “Numancia” y de este, pasó a mandar el cañonero “General Concha”. Era también torpedista.

Navegó desde el Atlántico Norte, el Golfo de Guinea hasta el Canal de la Mancha, el Mediterráneo en toda su extensión,, lo hizo también por el Océano Índico, de Célebes y Joló, por el mar de China y el Océano Pacífico. Estos mares, le eran muy conocidos ya que casi siempre, los navegó como Oficial de Derrota en los buques en que iba embarcado.

Se le definiría como hombre de inteligencia clara, muy ilustrado, avispado ya que con un golpe de vista rápido, se daba cuenta rápidamente de las cosas en los momentos más críticos (según publicó la Revista General de Marina de julio de 1913, se daba también cuenta de forma pronta y acertada, de cuando hacía falta una gran presencia de espíritu para dominar situaciones en que los azares de la vida de mar, colocan a veces al navegante más experto y experimentado).
Hombre de gran valor, acreditado ante los combates que mantuvo en operaciones navales y terrestres, mantenidas contra los moros de Joló y Mindanao en diferentes épocas y, contra los carolinos orientales en 1891.

Hacía tres meses, que se hallaba al mando del cañonero “General Concha”. De hecho, el rotativo madrileño ABC, el 13 de junio de 1913, publicó con motivo de su fallecimiento en combate la siguiente nota, refiriéndose a él: (textual)

“…Mandaba el cañonero, como es sabido, D. Emiliano Castaños; era uno de los jefes más distinguidos de nuestra Marina, y sus dotes inmejorables le habían granjeado el afecto de sus superiores y sus compañeros durante la última guerra colonial, en la que dio inequívocas pruebas de su pericia, valor e inteligencia.

Hacía tres meses que el Sr. Castaño se había hecho cargo del mando del cañonero, y este era su primer viaje desde que se posesionó de él…”

Fue ascendido a título póstumo, a capitán de fragata.

Se hallaba en posesión de:
- La Cruz de San Hermenegildo.
- Cruz roja del Mérito naval de primera clase.
- Cruz blanca del Mérito Naval de primera clase.
- Cruz de Alfonso XIII.

El alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener

D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, nació en San Fernando (Cádiz), el 11 de julio de 1884. Ingresó en la Marina de Guerra, el 1 de septiembre de 1900. Tenía 16 años. El ingreso en la Armada, lo efectuó como Aspirante de Marina, en la fragata “Asturias”, que por aquel entonces, era Escuela Naval Flotante.

Ascendió a alférez de navío, en 1905. El 11 de junio de 1913, asumió el mando del cañonero “General Concha”, al morir en combate contra los moros que habían abordado el buque, por haber este encallado en la bahía de Busicú, en la playa de “la Cebadilla”, a escasas 5 millas de Alhucemas, su comandante, el capitán de corbeta D. Emiliano Castaño Hernández. El Sr. Ramos Izquierdo, dirigió brillantemente la defensa del barco, permaneciendo en él hasta el final y, aún habiendo dado la orden de abandonar el barco, se quedó en él junto a los marinos muertos, heridos faltos de movimiento y junto a aquellos, que no sabían nadar. Fue apresado por los moros, estando 15 días en el cautiverio.

Tres meses y medio, le faltaban al alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo y Gener, para obtener el empleo superior de Teniente de Navío cuando por los méritos y comportamiento observados en el combate del 11 de junio ya referido, le fue concedida la Cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando. Dicha condecoración, le fue otorgada el 1 de mayo de 1914.

Del expediente de juicio contradictorio iniciado para la concesión de dicha recompensa, se recoge lo siguiente: (textual)

“…El alférez de navío don Rafael Ramos Izquierdo y Gener, en defensa del cañonero “General Concha”, varado en la playa de La Cebadilla (costa de África).el día 11 de junio de 1913, permaneció en su puesto, luchando con heroico valor hasta la terminación del combate, después de haber sido herido de gravedad, demostrando gran espíritu militar y excediéndose notoriamente en el cumplimiento de su deber.

Considerando que estos hechos se hallan comprendidos en el caso 23 del artículo 26, en relación con lo prevenido en el primer inciso del artículo 31 de la ley de 18 de mayo de 1862.

El Rey… ha tenido a bien conceder al alférez de navío don Rafael Ramos Izquierdo, la cruz de segunda clase de la Real y Militar Orden de San Fernando.

Madrid 1 de mayo de 1914.
(Diario Oficial, número 97). Echagüe…”

Tras el ascenso a teniente de navío, obtiene el empleo de capitán de corbeta en 1920, prestando brillante servicio en los cañoneros “Martín Alonso Pinzón”, “María Molina” y “General Concha”, en el crucero “Reina Regente” y el acorazado “Pelayo”.

Profesor de Física en la Escuela Naval, especialista de tiro naval (discípulo de la escuela del teniente de navío D. Jaime Janer Robinson), fundó el Polígono de Tiro de Fusil en San Fernando (Cádiz).
Conocedor a su vez, de la técnica aeronaval de su época, fundó la base aeronaval de San Javier (Murcia) y mandó el portaaviones “Dédalo”, primero de este nombre en nuestra Marina, con capacidad de 25 aviones y que desplazaba 10.800 toneladas.

Ya en el empleo de capitán de fragata, mandó el destructor “Almirante Antequera”.

Murió en 1936, hallándose en activo y en el empleo de capitán de fragata, a manos de las milicias marxistas.

Algunos miembros de la dotación del cañonero “General Concha”, el 11 de junio de 1913

La tripulación del cañonero “General Concha”, aquel 11 de junio de 1913, estaba formada por 1 capitán de corbeta, como segundo, un teniente de navío y a las órdenes de este, 4 alféreces de navío. 1 contador de fragata, tres contramaestres segundos, 2 condestables segundos, 5 maquinistas, 1 practicante segundo, 1 carpintero calafate, y 78 personas más, entre cabos de mar, cabos de cañón, marineros y fogoneros, según publicó el diario madrileño “La Época” del jueves 12 de junio de 1913. Algunos de dichos marinos, fueron los siguientes:

Comandante del buque D.Emiliano Castaño Hernández.

Capitán de corbeta. Herido en la frente y la clavícula, falleció en combate. En el diario madrileño ABC del 9 de agosto de 1913, se publicó su ascenso a capitán de fragata a título póstumo.

Segundo de a bordo
D.Demetrio López Tomaseti. Teniente de navío. Segundo comandante. Según publicó La Vanguardia de Barcelona el 14 de junio de 1913, había desembarcado el día 6 de junio, con licencia para Cádiz.

Oficiales
D. Luís Felipe Lazaga. Alférez de navío. Al encallar el “General Concha”, marchó en un bote con 12 hombres, a Alhucemas a pedir socorro. Resultó contuso y fue recogido por el “Lauria”.

D. Rafael Ramos Izquierdo Gener.Alférez de navío. Herido por tres veces, dos de ellas en ambos brazos. Sustituyó al capitán D. Emiliano Castaño al morir. Dirigió la defensa del cañonero, hasta el último momento. Mandó arriar el 4º bote, cuando observó de madrugada que la situación a bordo era crítica ya que el buque, ya se encontraba hundido desde la proa hasta la cámara de oficiales, quedando anegada el resto de la cubierta con 30 cms, de agua. Sufrió cautiverio. Condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando.

D. Luís Sánchez Barcáiztegui. Alférez de navío. Al parecer sobrevivió al combate ya que “La Correspondencia de España” del 18 de junio de 1913, informaba que había embarcado en el cañonero “Recalde”.

D. Manuel de Quevedo.Alférez de navío. Sobrevivió al combate aunque resultó herido leve. Se comportó bravamente en el combate. Había obtenido el empleo de alférez de navío sobre el 2 de septiembre de 1909. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Quignon.Practicante 2º. Contuso. Superviviente. Durante el combate con los bocoya, improvisó una pequeña enfermería en el interior del barco, saliendo a recoger, incluso a los puestos de mayor peligro, a los heridos, protegiéndose con un chaleco antibalas, ideado por él, consistente en 2 colchonetas enrolladas al cuerpo. Por orden del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, dejó el cañonero “Concha”, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó el 15 de junio a Cádiz, a bordo del cañonero “Recalde”. Se solicitó la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, no llegándose a conceder. Se instruyeron diligencias.

Contador de navío
D. Pablo Rodríguez Alonso. Contador de navío. Natural de Ferrol. Fue recogido por el “Lauria”.

Contramaestres

D. Juan Mateo Hidalgo. Segundo contramaestre. Sufrió cautiverio.
D. José Fernández Lucero. Contramaestre. Sufrió cautiverio.
D. José Bengala/Bendala. Segundo contramaestre de cargo. Sufrió cautiverio.
D. José Fernández Juarez. Contramaestre. Sufrió cautiverio.

Condestables

D. Pedro Moiño/Muiñas Sánchez Sanmartín. Segundo condestable. Fallecido en combate al ir a ayudar a su auxiliar D. Eugenio Benítez. El “ABC” del 9 de agosto de 1913, publicaba su ascenso a primer condestable, a título póstumo. Según contó La Vanguardia de Barcelona, siempre tenía desde antiguo y de forma jocosa decir “Muerto Pedro Muiño”, efectivamente, cuando cayó, cuentan que fue la última frase que dijo antes de espirar.

D. Antonio Noguera. Segundo condestable. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Maquinistas

D.Antonio Paredes. Primer maquinista. Natural de San Fernando. Fallecido en combate. Se solicitó la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, no llegándose a conceder. Estaba casado con doña Carmen González Castañeda, teniendo el matrimonio 4 hijos y residente en San Fernando (Cádiz). “ABC” del 9 de agosto de 1913, publicaba que a título póstumo, se le concedía el ascenso de primer maquinista a maquinista mayor armador de 2ª clase.

D. José Silva. Segundo maquinista. Constó primero como desaparecido hallándose prisionero. Fue rescatado el 19 de junio de 1913.

D. Eloy Saíz/Sans Cárdenas. Segundo maquinista. Sobrevivió, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Antonio Casal Rugero. Tercer maquinista. Sufrió cautiverio.

D. Fernando Castelló/Castillo Navarrete. ¿Fogonero o ayudante de máquinas?. Sufrió cautiverio aunque también, se le dio por desparecido inicialmente. Finalmente resultó estar cautivo, siendo liberado el jueves 19 de junio.

Fogoneros

D. Antonio Garrido. Cabo fogonero. Sobrevivió. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Juan José Aragón. Cabo fogonero 1 (rancho 1º de Artillería). Herido grave, sufriendo cautiverio.

D. José Núñez Pavón. Fogonero marinero preferente. Sobrevivió. Dejó el cañonero “Concha”, por orden del alférez de navío Ramos Izquierdo en el 4º bote, siendo recogido por el Lauria. Arribó a Cádiz el 15 de junio a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Faccio Navarro. Marinero, fogonero preferente. Fue recogido por el “Lauria”.

D. José Carrascosa Segura. Fogonero preferente. Dio aviso al “Lauria” de la situación crítica en que se hallaba el cañonero “General Concha”.

D. Antonio González Maldonado. Fogonero. Dio aviso al “Lauria” de la situación crítica que se vivía a bordo del cañonero “General Concha”. Sobrevivió y arribó a Cádiz el 15 de junio de 1913, a bordo del cañonero “Recalde”.

D.Sebastián Sánchez Arisa. Marinero fogonero. Fue recogido por el “Lauria”

D. Antonio Orozco. Marinero fogonero. Fue recogido por el “Lauria”.

José Piñero Bermúdez. Fogonero 2º Ordenanza del comandante, repostero. Marinero (rancho 1º Artillería). Fallecido en el combate, (1º en caer).

D. Celedonio Sagamunaga. Marinero Fogonero. Fue recogido por el “Lauria”.

D. José Fernández Lagostera. Fogonero 2º, marinero (rancho 1º Artillería). Sufrió cautiverio.

D. José Picón Ruíz/Cruz. Fogonero 2º, marinero (rancho 1º Artillería). Resultó herido por armas blancas y de fuego. Sufrió cautiverio.

Cabos de cañón

D. Antonio Mesa Fernández Cano. Cabo de cañón. Herido muy grave en la cabeza, presentando fractura de cráneo por herida de bala. Ingresó en el Hospital de Melilla. Falleció después de haber sido viaticado en el citado Hospital, el lunes 17 de junio de 1913.
Da su nombre a una calle del marinero Barrio del Hipódromo de Melilla, en recuerdo de su gesta.
D. Francisco García Benedicto. Cabo de cañón. Herido muy grave. Ingresó en el Hospital de Melilla. Abandonó el “General Concha”, por orden del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, en el 4º bote, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Rafael/Manuel/Ramón Salazar. Cabo de cañón. Fallecido en combate. Fue propuesto para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, llegándose a instruir las diligencias sin serle finalmente otorgada.

D. Antonio Castañeda/o. Cabo de cañón. Sobrevivió y fue recogido por el “Lauria”. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. José Luna García. Cabo de cañón. Sobrevivió al combate. Llegó a nado al “Lauria”, siendo recogido por este. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Luís Lara. Cabo de cañón y cartero. Sobrevivió al combate y fue recogido por el “Lauria”.

Cabos de mar

D. Manuel Rodríguez Carrasco. Cabo de Mar. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Grimau. Cabo de Mar. Sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio de 1913.

D. Antonio Matía. Cabo de Mar. Sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio de 1913.

D. Francisco Flores. Cabo de Mar. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Marineros de 1ª

D. Rafael Pinazo Guerra. Marinero de primera. Resultó contuso y sobrevivió al combate. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Bravo. Marinero de primera. Resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Diego Principal. Marinero de primera. Fue recogido por el Lauria.

D. José Real. Marinero de primera, resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

Marineros 2ª

D. Guillermo Tencero. Marinero 2º. Recogido por el “Lauria”.

D. Manuel Rojas. Marinero 2º. Sobrevivió, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Francisco Caro. Marinero 2º. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Antonio López Moreno, natural de Tarifa. Marinero 2ª. Abandonó en cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo, en el 4º bote, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a Málaga, procedente de Melilla, a bordo del vapor ·”Sevilla” el 16 de junio de 1913.

D. Emilio Barteira. Marinero 2ª. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Secundino Agrasco. Marinero 2ª. Resultó herido leve en el combate. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Nemesio Pérez. Marinero de 2ª. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

Marineros preferentes

D. José Baena Estrella. Marinero preferente. Fue recogido por el “Lauria” y arribó a Cádiz a bordo del cañonero “Recalde”, el 15 de junio de 1913.

D. Jerónimo Galaona. Marinero preferente. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Emilio Barquero/Baqueira. Marinero preferente. Herido muy grave en el pecho. Siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo, abandonó el cañonero “General Concha”, siendo recogido por el “Lauria”. Falleció a consecuencia de las heridas recibidas, días después. Fue enterrado en Melilla el 3 de julio de 1913.

D. José Pardo. Marinero preferente. Sobrevivió al combate, siendo recogido por el “Lauria”. Arribó a San Fernando (Cádiz), procedente de Melilla, el 24 de junio de 1913.

D. Diego Pacheco. Marinero preferente. Barquero del “General Concha”. Fue propuesto para la concesión de la Cruz Laureada de San Fernando, instruyéndose las correspondientes diligéncias, sin llegarse a conceder.

D. Fernando García Expósito. Marinero preferente. Sobrevivió al combate, siendo recogido por el “Lauria”, arribó a San Fernando Cádiz, el 24 de junio de 1913, procedente de Melilla.

D. Santiago Alsina. Marinero preferente. Abandonó el “General Concha”, en el 4º bote, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Miguel Amores. Marinero preferente. Cocinero de a bordo. Siguiendo las órdenes dictadas por el alférez de navío Sr. Ramos , abandonó el cañonero “General Concha” en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

Marinería

D. Cristóbal Moreno Benítez. Maestro carpintero. Herido leve en la cadera. Fue recogido por el “Lauria”. Superviviente. Arribó a Málaga procedente de Melilla, a bordo del vapor “Sevilla” el 16 de junio. Era natural de San Fernando (Cádiz).

D. José Ruíz Delgado. Marinero ayudante del maestro carpintero (rancho 3º), . Falleció en combate.

D. Francisco Oteriza. Marinero. Fallecido en combate.

D. Lorenzo Azcona/Ancorra. Marinero (rancho 1º). Fallecido en combate.

D. José Postigo. Marinero (rancho 3º). Desaparecido/fallecido en combate.

D. Francisco López Fontcuberta. Marinero. Herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Juan López. Marinero. Recogido por el “Lauria”.

D. Vicente López Aranelo. Marinero, herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Juan Soler. Marinero despensero. Herido leve, fue recogido por el “Lauria”.

D. Francisco Bencala. Marinero, recogido por el “Lauria”.

D. José Gallardo. Marinero, recogido por el “Lauria”.

D. José Padilla. Marinero (rancho 3º). Desaparecido/fallecido en combate.

D. José María Ariza González. Herido. Fallecido en el cautiverio el día 13 de junio de 1913, en casa de Sibera.

D. José Gómez Martín. Mayordomo. Distinguido durante el combate. Abandonó el cañonero “Concha”, siguiendo las órdenes del alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Alejo Anacambe. Marinero (rancho 1º). Natural de Vizcaya. Distinguido durante el combate. Fallecido junto al capitán D. Emiliano Castaño.

D. Francisco Azcorra. Marinero. Natural de Vizcaya. Distinguido durante el combate. Fallecido junto al capitán D. Emiliano Castaño.

D. Francisco Estenza. Marinero (rancho 3º). Sufrió cautiverio. Fallecido.

D. Francisco Peña Soto. Marinero (rancho 1º). Sufrió cautiverio. Fallecido.

D. Ángel Banoa Bilbao. Marinero.

D. Ángel Barroso. Marinero (rancho 1º Artillería). Sufrió cautiverio.

D. José Andrades Pérez. Marinero. Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y, arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José López. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Antonio Martínez Infante. Marinero. Sobrevivió al combate, fue recogido por el “Lauria”. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Manuel García Tabares/Yabares. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. José Carrasco. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Antonio Rodríguez Burgos. Marinero.Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Juan Gil Serrano. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Eugenio Benítez. Marinero (rancho 1º Artillería).Auxiliar del condestable D. Pedro Moiño Sánchez Sanmartín. Fallecido en combate mientras hacía fuego con una ametralladora.

D. Luís Larra. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Manuel Mateo. Marinero. Superviviente. Arribó a Cádiz el 15 de junio, a bordo del cañonero “Recalde”.

D. Luís Rodríguez Moya. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Mateo Galiano. Marinero. Superviviente. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. Claudio Galiano Marinero. Superviviente. Arribó a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. Ricardo Acebedo Gómez. Marinero Superviviente. Fue recogido por el “Lauria” y, arribó a a San Fernando procedente de Melilla el 24 de junio.

D. José Fernández Lopera. Marinero.

D. Luciano Gallego. Marinero, fue recogido por el “Lauria”.

D. Salvador Alarcón/Halcón. Marinero. Herido muy grave. Ingresó en el Hospital de Melilla. Falleció el sábado 14 de julio de 1913, a consecuencia de las heridas recibidas en el combate en el Hospital de Melilla. Fue enterrado a las 12 horas del día 15 en dicha plaza, llevando el féretro miembros de la Compañía de Mar. Su sepultura fue costeada y dada a su familia por el Notario D. Roberto Cano. Según publicó “La Correspondencia de España” del 14 de junio de 1913, falleció a consecuencia de una peritonitis aguda sobrevenida a la herida recibida.

D. Juan Duran. Marinero. Panadero. Resultó herido leve. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Luis Escobedo. Marinero. Abandonó el cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Santiago Barcena/Balcina. Marinero. Resultó herido grave en el combate. Fue recogido por el “Lauria”. De él, se contaba en La Vanguardia de Barcelona, del 14 de junio, que era gaditano, con mucha chispa. Estaba herido en la pierna izquierda. Su humor, no cesó durante la intervención quirúrgica a la que fue sometido para su curación, no cesaba de vitorear a su comandante y, en el momento de hacerle una placa de rayos X, cuando la vió dijo: -“¡…Sáqueme el retrato pa mandárselo a mi novia; pobresilla; la quiero tanto…!”- Cuenta el mismo periodista, el Sr. Lobera, que de camino a la clínica, el marinero, aficionado a los toros, decía: -“¡…Soy pariente de Bienvenida, ¿no vé como he venido?...!”.

D. Miguel Andrade Anino. Marinero. Fue recogido por el “Lauria”.
D. Antonio Carrillo. Marinero. Resultó herido leve en el combate. Abandonó el cañonero “General Concha”, siguiendo las órdenes dadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el “Lauria”.

D. Francisco Coca. Marinero. Siguiendo las órdenes dictadas por el alférez de navío, Sr. Ramos Izquierdo, abandonó el cañonero “General Concha”, siendo recogido por el “Lauria”.

D. Antonio Carrillo. Marinero. Herido leve, abandonó el buque, siguiendo instrucciones del alférez de navío, D. Rafael Ramos Izquierdo en el 4º bote. Fue recogido por el cañonero “Lauria”. La Vanguardia de Barcelona del 14 de junio, explicaba que este marinero, se hallaba de pie en la boca de la escotilla, cuando vió a dos moros que avanzaban por encima de la batayola. Como Dios le dio a entender, logró arribar hasta ellos y los tiró por la borda al agua. Estos hechos, presenciados por el condestable Bendala le gritó –“¡…Muchacho, mira por estribor, tienes otro…!”- Carrillo, hizo fuego, matando al rifeño.


2011 12 11, 1:46
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Mensaje sin leer El "General Concha": Gesta de la Armada Española
Algunos testimonios orales, de lo que ocurrió a bordo del “General Concha”

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Testimonio de dos marineros

Según publicó el diario “La Correspondencia Militar” bajo el título, “Un relato interesante”, “lo que dicen dos marineros del buque”. “Extracto de una interviú”, del 17 de junio de 1913, los hechos que costaron pérdida de vidas humanas y la del cañonero “General Concha”, se desataron de la forma siguiente, según daba a conocer dicho periódico a la opinión pública: (textual)

“…El Cronista de Málaga llegado ayer a Madrid publica una interesante información de la que reproducimos los puntos más salientes. Trátase de una interviú celebrada por un redactor del citado periódico con dos marineros de la tripulación del “General Concha” y que en los momentos actuales tiene grandísima oportunidad.
Después de relatar los mencionados marineros el acto del encallamiento del buque y de los primeros preparativos para la lucha y el salvamento, manifestaron lo siguiente:

Todos trabajando titánicamente se hallaban dedicados a las faenas referidas las cuales eran presenciadas impasiblemente por los moros.

Pero al enviar desde el buque a una peña un cabo, los cabileños que en ella se hallaban dijeron con acento amenazador que no se tratase de pasar a tierra porque si con tal intención hacíamos el menor movimiento, dispararían sus fusiles.

Entonces el comandante ordenó a los tripulantes que se hallaban sobre cubierta que se retirasen al interior del barco.

El número de rifeños engrosó de modo considerable, y protegidos por las rocas de la playa rompieron contra el “General Concha” un nutrido fuego.

La tripulación distribuyó se convenientemente parapetada detrás de las escotillas y camarotes de proa.

El armamento no estaba completo porque el agua que por la brecha había penetrado inundó parte del lugar donde aquel se hallaba. Desde las ocho de la mañana hasta las diez duró el tiroteo.

El condestable D. Pedro Moiño Sánchez Sanmartín salió de debajo de la cubierta en vista del fuego que hacían los rebeldes, en compañía de su auxiliar, el marinero Eugenio Benítez, con objeto de quitar la funda de la ametralladora de proa y disparar con ella.
El Sr. Moiño, con una serenidad admirable, se dirigió hacia la ametralladora referida, con el fin indicado.
Antes de llegar hasta allí como los moros arreciaron el tiroteo, recibió numerosos proyectiles, que le produjeron la muerte como asimismo a su auxiliar antes citado.

También en aquellos momentos recibió la muerte el repostero del buque, José Piñeiro, que se hallaba junto a la cubierta.
Los marineros al saber la muerte de sus tres compañeros, excitados por el comandante Sr. Castaño, redoblaron las descargas.

Pero nuestros disparos eran ineficaces, porque desde las escotillas no se divisaba bien el sitio donde los moros se hallaban, y en cambio estos dominaban la cubierta del buque.
En dos botes llegaron numerosos rifeños, quienes, trepando por las cadenas de las anclas, penetraron en el buque.

Manuel Bravo era el único marinero que se hallaba sobre cubierta, el cual al ver que los cabileños entraban, dio aviso al comandante. Este ordenó el toque de zafarrancho de combate, y al frente de la tripulación salió a cubierta, donde se hallaban ya unos cuarenta moros.

Estos guardaban la escalerilla que daba acceso a la parte superior del buque y tiroteaban a todo el que intentaba salir.
Además, los moros apostados en tierra, no cesaban de tirotear al buque, al que como hemos dicho dominaban.

Continuar en aquella situación era resignarse a morir sin posible defensa y desistióse entonces de subir, quedándose la fuerza que quedaba en el interior del cañonero disparando desde los camarotes.
Los asaltantes llegaron hasta la cubierta de proa, donde apresaron al contramaestre don José Fernández Lucero, y a los marineros Francisco Estenza, Francisco Peña Soto y otros dos más.

A los cinco los sacaron del buque, vejándolos por las cadenas de proa y dejándolos en sus botes los condujeron prisioneros a la playa. No solamente se apoderaron de los cinco individuos citados, sino que se adueñaron de toda la ropa perteneciente a la tripulación, tanto de oficiales como de marineros y clases.

Al ser abandonado el buque por los moros cesó el fuego, durando esta tranquilidad largo rato.
A las tres y media de la tarde comenzó otra vez un rudo tiroteo. Y poco después los moros en número de doscientos, aproximadamente, invadieron de nuevo el buque.

El ardor bélico de la raza española llegó allí al paroxismo; nadie se acordó de salvar la vida, todos a una arremetieron contra los traicioneros rifeños.

El comandante Sr. Castaño en vista de lo apurado de la situación dijo a la fuerza que quedaba: -“¡Señores aquí no hay más remedio que morir como buenos españoles! ¡Viva el Rey! ¡Viva España”-. Y avanzando el primero, salió a cuebierta seguido de la tripulación.

Imposible es describir la tragedia que se desarrolló en dicha parte del cañonero. La lucha fue denodada, fiera; se combatía cuerpo a cuerpo, los moros disparaban boca a jarro, dada la corta distancia que entre ellos y los marinos existía, y estos últimos acometían a bayoneta calada y haciendo fuego.

El comandante hizo derroches de heroísmo, recibiendo, a poco de empezada la horrible lucha, dos heridas de arma de fuego, una en la frente y otra en la clavícula derecha, cayendo muerto, y junto a él los marineros Francisco Ascorras y Alejo Nacambe.
Sobre la cubierta además de los relatados yacían 16 muertos y 18 heridos españoles y de moros 19 muertos y mayor número de heridos.

Los marineros supervivientes de la sangrienta refriega corrieron hacia la popa, donde se parapetaron, sosteniéndose por ambas partes media hora de fuego.

Del mando de la fuerza en vista de la muerte del comandante, se había hecho cargo el segundo, D. Rafael Ramos Izquierdo.

El cañonero “Lauria” que se supone fue avisado del encallamiento sufrido por el “Concha”, llegó en los momentos que acabamos de describir, a 700 metros del lugar donde áquel se hallaba.

Empezó a hacer las señales de ordenanza, que, dada la situación del buque no pudieron ser contestadas.

Como antes dijimos, los moros, al abordar por primera vez el buque se llevaron toda la ropa de la tripulación.

Al llegar el cañonero “Lauria”, los moros para que este no les ametrallara, se vistieron con dicha ropa y siguieron tiroteando el barco.

El comandante del “Lauria”, como es natural, estaba hecho un mar de confusiones, sin saber a quien combatir, si al “Concha” o a la playa pues en ambos sitios se divisaban marineros.
Los rifeños se libraron de este modo de las descargas del “Lauria”.

A las doce y media de la noche, nuevamente entraron en el funesto cañonero los moros. Estos llegaron hasta donde se encontraba el Sr. Ramos Izquierdo, en actitud al parecer pacífica, y le exigieron la entrega del dinero y de los armamentos.

El Sr. Ramos se negó rotundamente a entregar lo último, porque con anterioridad, usando de la acertada prevención, sacó los billetes de la caja de caudales, guardándolos en una cartera que introdujo en el bolsillo interior de la guerrera. Solamente dejó en caja una escasa cantidad de dinero en metálico. Por eso el Sr. Ramos Izquierdo accedió a ir con los moros hacia el lugar donde la caja se hallaba.
Pero cuando los cabileños se encontraron con tan poco dinero, sospechando que habían sido engañados, registraron al Sr. Ramos, apoderándose de los billetes que había guardado.

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Los moros se repartieron por el interior del buque, combatiendo contra cuantos se encontraban en el interior de aquel.
En el mismo instante y aprovechando la intromisión de los indígenas en el interior del “Concha” fue arriado por los marineros uno de los botes salvavidas, en cuyo interior fueron colocados varios heridos que iban custodiados por individuos supervivientes que hacían de remeros. El bote se dirigía al cañonero “Lauria”.

Los rifeños, febriles, cuando se dedicaban al búsqueda de dinero, no repararon al principio en la marcha del bote; pero una vez percatados, hicieron contra él varias descargas.
De estas resultó un marinero herido en la frente, otro en una pierna y otro en el costado con tres balazos.

Algunos de los tripulantes del bote salvador se arrojaron al agua para librarse de las balas. Tales fueron las descargas hechas contra dicha embarcación, que agujereada por los proyectiles, comenzó a inundarse, amenazando hundirse.

En tan crítica situación llegaban al “Lauria”, cuyo comandante ordenó hacer fuego contra los hostilizadores de tierra quienes cesaron el tiroteo.
Los heridos y supervivientes llegaron a bordo del “Lauria” gracias a los cabos que se lanzaban.

Mientras tanto seguían los moros en el interior del “Concha” haciendo de las suyas.

Los pocos marineros que quedaban eran insuficientes para combatir contra el enorme núcleo de acometedores.
Entonces los rebeldes se apoderaron, llevándoselos prisioneros del Sr. Ramos Izquierdo y de los maquinistas Sr. José Silva y D. Antonio Casal, del segundo contramaestre de cargo D. José Bengala y del segundo contramaestre también D. Juan Mateo.

Cesó la hostilidad, y los moros solicitaron de los que en aquella ocasión mandaban el cañonero retirar los muertos y heridos suyos que había sobre la cubierta, los que se les permitió, con la condición de que no disparasen contra el buque mientras se procediera a recoger a los muertos y heridos españoles para enviarlos al cañonero “Lauria”. Los cabileños se marcharon conformes.

Mientras ellos conducían a sus botes los muertos y heridos, nuestros marinos se dedicaban a preparar una expedición de sus compañeros víctimas.

Pero los feroces moros, una vez que habían puesto a salvo a sus muertos y heridos cuando los que quedaban de la tripulación disponianse a hacer lo mismo con sus heroicos compañeros, comenzaron a disparar por descargas, trabándose nuevamente el combate.

Cuando cesó el fuego no quedaba en el “Concha” casi ningún tripulante, los heridos que se encontraban con fuerzas se arrojaban al agua para ganar a nado su salvación. Sábese que algunos de estos perecieron ahogados.

Hasta aquí llega lo manifestado por los marinos supervivientes…”

Otro relato : Mayordomo D. José Gómez Martín:

Bajo el título, “Un relato interesante”, ““Un héroe del “General Concha” El mayordomo José Gómez Martin. Relato interesante. Cádiz 18.”, dicho marino, daba a conocer los sucesos que habían tenido lugar a bordo, aquel 11 de junio de 1913

“…La ciudad de San Fernando, isla de León hallábase consternada verdaderamente por la dolorosa catástrofe del cañonero “General Concha”, cuya tripulación en su mayor parte, era de hijos de aquella población y allí residen sus viudas, sus madres…,sus familias, en una palabra familias llenas hoy de un luto inconsolable.

El cañonero “Recalde” había llegado con varios de los supervivientes, marineros, cabos de mar, condestables; algunos de los pocos que libraron la vida y la libertad en aquel alarde de salvajismo pirata. ¿Quién los encontraba?.

Casi todos habían dedicado el día de fiesta a celebrar con sus familias la suerte inefable de volver a ella; en sus casas era cosa dificilísima hallarles; pero como allí estaba la nota periodística, allí fuimos ampliando nuestra peregrinación hasta que la suerte propicia nos deparó en su domicilio a uno de los más esforzados héroes de la triste jornada, el mayordomo D. José Gómez Martín, que rodeado de su esposa,, de su madre, de sus hermanos, descansaba en una modesta y alegre casita de la calle de San Marcos, cuyos amplios balcones nos ofrecen el espectáculo maravilloso de estas innúmeras pirámides de sal.

-¿Dormía usted?- le preguntamos.
-No señor. Desde el día doce no he conseguido conciliar el sueño más que en ratos muy cortos. Es muy grande todavía el efecto de la impresión que recibimos. Nací verdaderamente aquel día.

-Han circulado diversos relatos del suceso. ¿Usted quisiera decirme lo que ocurrió?.

Y el valiente, con naturalidad y sencillez grandes, nos dijo poco más o menos, lo que sabrá el que leyere.
-Pues verá usted: como a las ocho menos cuarto del día doce navegamos frente a Alhucemas; una neblina espesísima nos impedía a distancia de dos o tres metros; tomadas cuantas precauciones aconseja el peligro íbamos cuando un golpe seco, duro inconfundible nos puso en conmoción a todos; el cañonero había embarrancado. Las vías de agua se acusaron pronto, y el heroico comandante don Emiliano Castaño empezó a dictar las medidas para remediar las averías, en lo que se ocuparon sin pérdida de tiempo los noventa y ocho hombres de la tripulación. Reconocido el barco, se dispuso que un bote, mandado por el alférez de navío don Juan Felipe Lazaga, se dirigiese a Alhucemas para pedir auxilio. “El Concha” no tenía telegrafía sin hilos.

Entre tanto, cuatro o cinco moros llegaron desde aquellas rocas. Se enteraron de lo que ocurría, se dieron cuenta de nuestra situación y vendiéndonos amistad y confianza, pudo apreciarse que uno de ellos se destacaba, marchándose a tierra. No se hicieron esperar mucho tiempo.
Las primeras agresiones fueron desde lo alto de las rocas escarpadas, que ya aparecían llenas materialmente de cabileños. A pedradas simplemente a pedradas, es decir, desgajando grandes peñascos que caían desde lo alto, nos causaron grandes destrozos y algunos contusos, completamente a mansalva. Sonaron los primeros disparos, que se contestaban desde a bordo, en absoluto descubiertos. Nosotros tapábamos con colchones las vías de agua pero nada conseguíamos.

Enormes núcleos de moros se acercaron a nado, y fueron recibidos con nutridísimo fuego de fusilería; puede usted asegurar que les causamos numerosísimas bajas; pero a unos grupos se sucedían otros de mayor número y llegaron a invadir el barco. Allí la lucha fue terrible. En el primer encuentro cayó a proa, atravesado por varios, el pobre comandante. Asume el mando el segundo, señor Ramos Izquierdo, a quien también hirieron los moros en un brazo.

Ya…¿a que seguir? El combate fue una cosa horrible. Como el móvil de aquellos forajidos era solamente el pillaje, entraban como trombas en las camaretas y de allí se llevaban cuanto tenían a mano, ropas nuestras, dinero, todo. Inutilizamos las ametralladoras y muchos fusiles; pero lograron llevarse algunos y municiones. Ya se acercaban el “Lauria” y el “Recalde”; pero no podían aproximarse porque los botes no tenían defensa, y si cañoneaban nos cañonearían a nosotros.

A nado sálvaronse algunos compañeros; otros murieron a balazos y dos se habían ahogado porque no aparecen.

Yo recogí cuantas municiones pude, me parapeté en una escotilla y allí permanecí diez horas. Diez horas horribles. Ahora que… moro que se presentaba, moro que recibía un balazo de mi fusil “puede usted creer que vi caer a más de treinta”. En cubierta el espectáculo era espantoso. Los moros mismos matábanse unos a otros, disputándose el botín. Otros se vestían trajes de marineros nuestros, para que no les dispararamos… y, cuando terminadas mis municiones no veía salvación, me tendí entre dos cadáveres y me respetaron, porque también me creían muerto. Conservé un revolver, con el que pensaba quitarme la vida si aquellas hordas me hubiesen apresado. Dos horas estuve así, y nunca podré olvidarlas mientras viva.

Hechos heroicos, muchísmos, todos los de todos. El practicante, el gaditano Manuel Quignon, hizo cosas admirables. Últimamente recorría los sitios del peligro llevando amarrada una colchoneta al pecho y otra a la espalda con la que algo se resguardaba de los proyectiles; pero más de una vez cayó a tierra por la violencia de estos. El segundo, señor Ramos Izquierdo, con los brazos atravesados de dos balazos, se negó a moverse del cañonero cuando le invitamos a salvarse, ya que toda resistencia era inútil, en un botecillo que logramos arriar y en el cual nos salvamos entre una lluvia de balas. También nos mataron allí dos hombres.

Ya sabrá usted que los moros pidieron por el rescate de los prisioneros cincuenta mil duros y el barco.

No sigo más, señor periodista. El verme a salvo con mi madre, con mi mujer, aquí en mi casa, no lo creo aún; es un milagro patente.

Todo lo perdimos a bordo, el dinero de nuestra paga, el fondo del cargo, que yo llevaba, toda la ropa. En fin: todo, todo. Puede usted decirlo: todo.

La sencillez del relato es su mayor elocuencia. Mi pluma solo ha hecho copiar las palabras de Gómez Martín, quien, afabilísimo, nos despidió, dándonos las gracias por cuanto pudiéramos hacer a favor de que su triste situación sea tenida en cuenta por el Gobierno.

Rafael García…”

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Cautiverio

Los marinos españoles que cayeron prisioneros en manos de los de la kábila agresora Bocoya (auxiliada en el ataque por los aguerridos kabileños de Beniurriaguel), en los primeros momentos del combate y, al final, cuando a bordo del “General Concha”, sólo quedaban el alférez de navío Sr. Ramos Izquierdo y aquellos, que no sabían nadar, fueron agrupados en casa del moro de dicha tribu, Larbi, el cual, se declaraba “amigo de España”. Aún y así, se tuvo que negociar el rescate de los mismos.

De dicha agrupación y estado de los marinos, “La Correspondencia de España”, del domingo 15 de junio de 1913, daba la siguiente noticia (textual):

“…Los prisioneros. Han conseguido los moros amigos de la kabila Bocoya que los prisioneros estén reunidos, habitando la casa del Larbi, de la citada kabila. Se asegura que el marinero herido José Ariza González, prisionero en casa del moro Sibera, falleció ayer, a causa de las heridas. Este marinero se encontraba con dos más. Se reciben nuevas cartas de los prisioneros, asegurando que están bien tratados.

El rescate. El comandante militar de Alhucemas, señor Gavila, sigue trabajando para conseguir el rescate de los prisioneros, y se cree que no tardará en conseguirlo. Reina tranquilidad en la plaza…”

Más adelante, de las gestiones practicadas por dicho comandante, el Comandante General, informaba a Madrid, del estado y localización de los prisioneros en el siguiente parte: (textual)

“…En el Ministerio de Marina han sido facilitados ayer los siguientes telegramas:

El número de prisioneros.- Del comandante general de Melilla. Según noticias que recibo del campo, número de prisioneros es de catorce, incluyendo en ellos al oficial que se encuentra en fracción Taurart de Bocoya; algunos de ellos han pedido, por conducto comandante militar Alhucemas, comida, ropa, mantas y elementos curación, y todo ello se les ha mandado inmediatamente.

Desacuerdo entre número prisioneros que ahora indico a V.E., y el que comuniqué ayer, obedece a dificultad conocer número exacto de ellos, que claro es, habrá de descontarse el de muertos se supone hay en el “Concha” que tampoco es posible conocer por el pronto exactamente, por no poder reconocer restos barco. Pongo todos los medios para reconstruir detalles y nominalmente suerte ha corrido cada tripulante barco referido, y tan pronto complete relaciones estoy formando, daré cuenta a V.E.

Los heridos.- Del comandante general de Melilla. Heridos del “Concha” que ingresaron ayer en el Hospital de esta plaza son: cabo cañón Antonio Mesa, marinero Alarcón, muy graves; cabo cañón Francisco García Benedicto, marineros Emilio Vaqueiro, Luis Escobero, Santiago Bárcena, José Real González y Juan Durán, menos graves; cabo cañón Francisco López Fontcubierta y marineros Vicente López Moreno, Antonio Carrillo Marín, Juan Soler Carmona, Rafael Pinazo Guerra, Manuel Bravo, Secundino Agraro; fogonero Sebastián Sánchez Ariza y carpintero Cristóbal Moreno Benítez; de ellos ha fallecido el marinero Salvador Alcón, los demás siguen en general mejorando.

Los prisioneros.- Del comandante general de Melilla. Los tripulantes del “Concha” de que tengo noticias son alférez de navío Ramos Izquierdo y marinero Barroso, que están en casa del moro Larbi, confidente nuestro; marineros Mateo Casal y Lagostera, en casa del Marzo, de la familia del anterior; cabo de fogoneros Juan Aragón, maquinista José Ariza y marinero José Picón, en casa de Civera, todos en la kabila de Bocoya, y en la de Taxdirt Beniurriaguel el contramaestre José Fernández que está, que está en casa del moro Médico, y contramaestre José Bencala y aprendiz de maquinista Fernando, en casa de un primo del moro llamado Moreno.

Todos están en casa de amigos nuestros; negociaciones para rescate van por buen camino, esperando se consiga en breve libertad.

Número exacto.- Del comandante general de Melilla. Aunque por dificultades comunicarme con barcos no me es posible asegurar rigurosa exactitud número de bajas de tripulación Concha, interin no reciba relaciones nominales que he pedido puedo anticipar a V.E que son las siguientes: 17 muertos y 17 de heridos, de estos siete tan leves que han sido dos dados de alta (se refiere al carpintero Cristóbal Moreno y a Antonio López Moreno), 11 prisioneros cuyos paradero conozco, y el resto de la tripulación salvada a bordo del “Lauria”…”


2011 12 11, 2:03
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El renegado "moro Joaquín"

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Los moros, entre otras cosas, pedían para ellos, el cañonero “Concha” como rescate, y para apoderarse de las municiones que había en su interior y de lo que pudieran rapiñar, cosa a lo que los marinos españoles contestaron negativamente, motivo por el cual, fueron volados sus restos a cañonazo limpio, por los cañoneros “Lauria”, “Recalde” y el crucero “Reina Regente”, los cuales, dispararon con objeto de destruirlo sobre el casco reduciéndolo a un montón de hierro retorcido.

Liberación de los cautivos

Algunos de los marinos prisioneros, se fugaron, otros fueron liberados. Una de las fugas, la del alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo, junto con el maquinista Casal Rugero, el contramaestre Juan Mateo, el fogonero Lagostera y el marinero Ángel Barroso, transcurrió según contaron de la forma siguiente: (textual)
“…Estaban los prisioneros en casa del hijo del Larbi, y salieron con canastas con el pretexto de ir a coger higos. Andando a buen paso llegaron en dos horas desde dicha casa a la playa para embarcar en un bote de remo.

Pudieron escapar gracias a la ayuda del moro Larbi y del renegado español Joaquín. Cuando los kabileños se enteraron de la fuga, persiguieron al bote en que iban los cautivos con otro de vela y remo desde el que hicieron algunos disparos. Pero apareció en aquel momento el cañonero “Recalde” y gracias a la presencia de este barco se salvaron pues enseguida se volvieron sus perseguidores…”

La intervención del moro Joaquín en la fuga, fue según se dio a conocer a la opinión pública, la siguiente: (textual)
“…Dicen que lograron evadirse gracias a un renegado español que se llama Joaquín, y que ahora es un moro muy conocido en el territorio que estuvieron prisioneros.
Joaquín pretextando coger brevas de una higuera próxima al sitio en que ellos estaban, les indicó que podían salir. Cuando se vieron libres, Joaquín les indicó un cárabo, que tenía preparado diciéndoles que les llevaría a Alhucemas.
Los marineros del “Concha” así lo hicieron, divisando al poco tiempo de remar al cañonero “Recalde”…”

Ya sólo quedaban cautivos el cabo de fogoneros Juan Aragón y el marinero José Picón.
Una de las personas que al parecer, ayudó a escapar del cautiverio según se ha visto, a algunos tripulantes del cañonero “General Concha”, todo y que Jordana se hallaba en trámites para el rescate de los mismos, fue un personaje conocido como el “Moro Joaquín”, pero realmente, ¿quién era el moro Joaquín?. Inicialmente, se dijo que se llamaba Joaquín Ibáñez Bellido, natural de Teruel y que se encontraba en Alhucemas cumpliendo condena en el presidio, por haber cometido un crimen, habiendo sido su pena, la cadena perpetua. Hacía 9 años que se había fugado y que desde esa fecha, vivía en el campo moro. Casado con una mora, tenía en 1913 4 hijos y temiendo ser represaliado con la muerte, por los moros por su intervención la fuga de los españoles, deseaba se le autorizara a vivir en Melilla junto a su esposa mora y sus hijos. Rogó insistentemente al alférez de navío D. Rafael Ramos Izquierdo, intercediera ante las autoridades españolas para que le concedieran el perdón cosa que creían bien merecida por su ayuda, cosa que sucedió.
En el rotativo madrileño “La Correspondencia de España” del 5 de julio de 1913, se daba a conocer con la siguiente noticia (textual), quien era este personaje, bajo el título “Una figura novelesca, el renegado Joaquín Ibáñez”.

“…Un redactor de nuestro querido colega “Diario de Avisos de Zaragoza” ha celebrado una interviú con D. Joaquín Monzón capellán del Regimiento de Infantería de Aragón, quien conoce muy bien, por haberle tratado en Alhucemas, al famoso renegado Joaquín Ibáñez, de quien tanto se habla desde que contribuyó eficazmente a la libertad de los cautivos del “Concha”.
Es tan interesante el relato hecho por el Sr. Monzón y publicado por el perióco de referencia, que creemos oportuno reproducirlo en casi su integridad.

¿Cómo conoció a Joaquín?

Era de rigor comenzar por ahí; así lo hicimos, y el Sr. Monzón contestó: -“En 1906, en comisión de servicio, fui destinado a Alhucemas; esto que casi no llega a islote, pues es más propiamente un peñasco de unos 120 metros de largo por unos 75 de ancho, era antes donde se encontraba emplazado el presidio de su nombre; no hice más que llegar, y un oficial compañero, íntimo amigo, lo primero que me enseñó fue la casa de Joaquín.

A unos 1.500 de Alhucemas está situada; su frente mira a España; es por fuera poco más o menos, como todas las demás, quizá un poco mejor; colocada encima de la playa, es como un intermedio entre nuestra Patria y la kábila. Como si al colocarla allí, su poseedor hubiera querido respirar la brisa que del lado de su Patria llega.

En Málaga se recibieron noticias de que una kabila rifeña había hecho propósito de hacer un alijo de armas por valor de 20.000 pesetas.
No se sabe como, unos cuantos malagueños concibieron hacerles una jugarreta, y a este propósito enviaron emisarios a esa kábila.; después de algunos cabildeos, entregaron los moritos el dinero, y aún no han recibido arma alguna de aquel alijo.

Para celebrar este engaño, la oficialidad de Alhucemas fuimos invitados por los contrabandistas malagueños a comer dos carneros en Cala-Bonita; asistimos, y con nosotros venían los Sres. Villanueva y Tur.
En aquella jira me fue presentado el moro Joaquín por un oficial; hablamos buen rato, y no quiso presentarse al coronel por si lo tomaba éste como un alarde.

Historia del moro Joaquin

Cuando salvó, con exposición de su vida a Mr. Delbrel y a D. Enrique Arqués, acompañados después desde Es-Senada a Zeluán, estuvo en Melilla, y las autoridades militares, a pesar de saber esto, no quisieron capturarlo; les parecía mal pagar con esa acción la noble y patriótica que acababa de realizar Joaquín. Es más le permitieron extraoficialmente venir con nosotros, en el mismo buque, desde Melilla a Alhucemas, para evitar así la caminata de ocho días que había de hacer para retornar a su hogar.

Intimamos en este viaje, y ya en Alhucemas venía a la plaza algunas veces, medio a escondidas, y para mi casa era siempre su primera visita. Pasábamos grandes ratos charlando de España, y él desahogaba su dieta forzosa de licores con tragos de anís, al que es aficionado; en estos ratos, a retazos incoherentes me contó su vida.

Nació en Perales, provincia de Teruel; tenía varios hermanos; cuando yo estuve representaba unos cuarenta años.
Por el camino de la vida, largo y espinoso para él, siguió los años primeros; fue esquilador una larga temporada; no sé qué crimen cometería, porque siempre por delicadeza yo y por vergüenza natural para él, rehuimos esta conversación.

Paso por alto la estancia en el presidio, su fuga nocturna descolgándose desde la parte más alta del Peñón hasta una barca en la que le esperaban varios moros, que en unión de un compañero de presidio también fugado, les hicieron sufrir mil penalidades; huyeron de ellos y se refugiaron en el poblado de Axdirt, kábila de Beni-Urriaguel, donde fueron caritativamente recogidos, por el armero del poblado, notable de la kábila, respetado y rico. Su compañero de fuga se marchó a poco y vino a España; fue cogido y reintegrado el presidio.

Su vida en la kábila

El “moro Joaquin” quedó en la kábila al servicio primero del armero que le recogió y le amparó, pero sin quererse dedicar a este oficio. Prefirió el de hojalatero y estañador; entre algunos objetos que fabricaba con botes de hoja de lata y sencillas compostura de cacharros agujereados que hacía, fue formándose una vida independiente; amplió después y unió este oficio al de platero, confeccionando sencillos collares, pendientes y otras alhajas para las moras con metales baratos y arreglando los que de Argelia se traían los “notables” del poblado.

Aún no contento con estos oficios, puso también su taller de carpintería, que fue el que verdaderamente le colocó en desahogada posición; comenzó por hacerse su casa actual a estilo europeo, con tablas, en lugar de hacerlo con troncos como allí se estilaba; se puso “de moda” este género de construcción, y en poco tiempo no hubo en el poblado una casa donde las ventanas o las puertas y hasta la casa entera no fueran obra de Joaquín o de sus ayudantes.
En los ratos de ocio enseñaba a los moros a hablar y escribir en castellano, amén de los rudimentos que poseía de Aritmética, Geografía, etc…

El moro Joaquín en España

Es esta situación se hallaba el “moro Joaquín”, cuando recibió una carta de un hermano suyo, en la que le participaba que su padre estaba gravemente enfermo, que todos sus hermanos estaban en el pueblo, y que el moribundo quería verlo antes de terminar su vida.

Por toda contestación, reunió sus ahorros y marchó a Nemours, puerto cercano a Argel, donde embarcó para Valencia. Ya en España se dirigió a Perales, donde llegó días después de enterrado su padre.
Pero un pariente próximo del muerto avisó a la Guardia Civil de la presencia del ex presidiario en el pueblo, y una noche cercaron la casa, poniéndole en grave aprieto; milagrosamente logró escapara saltando la tapia del corral y huyendo a campo a traviesa.

El motivo que impulsó al pariente a denunciarle no fue otro que quedarse con los míseros terrones de tierra que su padre cedió al morir a Joaquín.
A pie con mil privaciones llegó a Valencia; sin recursos, hubo de esperar a que un hermano suyo se los llevara, y ya con dinero regresó por el mismo itinerario a su hogar rifeño.

Sin embargo, apenas se internó en Quebdana, fue asaltado por unos bandidos moros, que le robaron el dinero y objetos de valor que llevaba y le dejaron maltrecho. Siguió valientemente su camino, y consiguió llegar a Axdir, después de una penosa marcha.

Su matrimonio

En la kábila de Beni-Urriaguel los notables principales como el Sindi, riquísimo propietario, cuyo capital pasa de 40.000 duros; Moham Bocoy, otro principal propietario, también con gran capital; el digno y caballeroso notario Abel-Crin y otros muchos hubieran visto con agrado que Moham el renegado, como se llama el “moro Joaquín” en aquella tierra, se hubiera casado con sus respectivas hijas; las condiciones de laboriosidad, honradez y talento de Joaquín no influían tanto como su criterio, sustentado muchas veces en público, de que sólo tendría una mujer y se dedicaría a su felicidad, sin que tuviera la elegida que compartirla con otras, según la costumbre del país.

Y no eran las moritas menos encaprichadas y hasta empeñadas en que esto sucediera; pero Joaquín no se deslumbró con riquezas ni poderes. Eligió por mujer única a la hija del armero en cuya casa fue asistido y encontró asilo y refugio a su llegada al país; sobrepuso el agradecimiento a todo, aunque el amor tuvo gran parte en su elección.
Adora a su mujer, a quien trata con gran respeto y cariño, y ella, por su parte, corresponde a ese cariño.

En 1906 sólo tenía un hijo, morenote, sano, robusto, muy parecido a su padre, que lo instruye, en cuanto sus condiciones se lo permiten, del modo más perfecto posible.
Hoy según he leído, tiene ya cuatro hijos; le supongo rodeado de todos ellos y enseñándoles castellano y quizás hasta doctrina.
Allí tiene un íntimo amigo, vecino además llamado Amorcito, de quien nos servíamos para comunicarnos con él cuando le era imposible venir a Alhucemas.

Parece que algunas veces mostraba deseos de marchar a Méjico donde tiene ya un hermano, precisamente el que le llevó los recursos a Valencia cuando la muerte de su padre, y a quien quiere entrañablemente; pero las mujeres moras son completamente refractarias a abandonar su país, aún estando seguras de que en otra parte han de mejorar de condición y de vida; esta es la causa que seguramente le ha retenido en el Rif, además de su amor a España.

Comentando el indulto

Todo esto nos dijo el Sr. Monzón, y al comunicarle nosotros el propósito de Romanones de poner el indulto a la consideración del Rey en el Consejo de hoy, añadió: -“Me alegro muchísimo, y desearé verle por aquí, aunque sólo sea unos días, porque seguramente Joaquín se volverá al Rif; no quedará en su tierra, puede usted afirmarlo”-. Cuando el salvamento de Arqués y Delbrel se habló de indultarlo, y él esperaba que sería así; pero le exigían que se constituyese nuevamente en prisión, a lo que no quiso acceder…”

El 1 de julio conseguían la libertad los contramaestres D. José Bendala y D. José Fernández Luceiro. A la mañana siguiente, llegaban a borde del “Recalde”el fogonero primero D. Juan Aragón y el segundo fogonero José Picón.

Anexo significados:

Condestable:
Cargo ocupado generalmente por el suboficial más antiguo del servicio de armas, encargado de supervisar a bordo, las existencias de armamento, munición y de todo el material propio del servicio, así como de su mantenimiento.

Contramaestre:
En la actualidad, persona encargada de conducir a la marinería. Es personal de maestranza y responsable directo de la ejecución de las órdenes del capitán del buque en lo que a mantenimiento se refiere. Entre sus funciones están:

- Vigilancia sobre la conservación de los aparejos de la nave y, proponer al capitán, las reparaciones que crea necesarias.
- Arreglar en buen orden el cargamento.
- Tener la nave expedita para las maniobras que exige la navegación.
- Mantener orden, disciplina y buen servicio en la tripulación. Solicita al capitán órdenes e instrucciones que sobre todo ello, estime necesario y dar aviso al mismo, de forma pronta y puntual de cualquier ocurrencia que requiera la intervención del mismo.
- Detallar a cada marinero, de acuerdo a las instrucciones recibidas, el trabajo a realizar a bordo y la vigilancia del correcto desempeño del mismo.
- Encargado del inventario en el momento de desarme de la nave, de todos sus aparejos y pertrechos, cuidando de su conservación y custodia a menos, que por el naviero, sea relevado de esta misión.
- Por imposibilidad del capitán y del piloto, suceder en el mando y responsabilidad de la nave.


2011 12 11, 2:08
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Mensaje sin leer Re: El "General Concha": Gesta de la Armada Española
El Cementerio de la Purísima ha acogido esta mañana un acto de homenaje a los caídos del cañonero 'General Concha', en el 100 aniversario de los hechos que dieron lugar a la pérdida del buque, el 11 de junio de 1913, en la ensenada de Busicú, en las proximidades al Peñón de Alhucemas. En su intervención el comandante naval de Melilla, Federico de la Puente Maroto, ha señalado que os sucesos que lamentablemente dieron lugar a la perdida del cañonero fueron una muestra más de la valentía que caracterizó a tantos españoles de aquella época.
Con este acto, se ha querido rendir homenaje a los que dieron su vida por España en aquellos hechos, entre los cuales se encuentran enterrados el Cabo de cañón Antonio Mesa y los marineros Emilio Vaquero y Salvador Alarcón. También ha mencionado a Rafael Ramos, superviviente de estos sucesos, que se hizo cargo del mando del buque tras morir el comandante en el primer ataque de las fuerzas hostiles. Por la forma y circunstancias en que su produjo su actuación heroica, tratando de evitar que el enemigo apresara el buque, Ramos fue condecorado con la Cruz de 2ª Clase de la Orden de San Fernando (laureada).
El comandante ha agradecido la presencia de las autoridades civiles y militares, de sus compañeros de armas, de amigos y de los medios de comunicación, "realzando con su presencia este acto y demostrando el reconocimiento que la sociedad melillense de hoy mantiene con aquel grupo de hombres de mar, a pesar de haber pasado tanto tiempo".
También ha agradecido especialmente al comandante general de Melilla, a su Estado
Mayor y a la compañía de Mar de Melilla de la ULOG-24 "su incondicional apoyo y colaboración para que este acto se haya desarrollado con máxima brillantez".

En la madrugada del 11 de junio de 1913, el cañonero 'General Concha' se encuentra metido en niebla y a las 7.40 horas embarranca en la ensenada de Busicú (en la costa de Marruecos), a 5 millas de Alhucemas. Aunque intenta zafarse de la varada no lo consigue.
Embarrancado, el barco sufre el ataque de cabileños desde tierra, cayendo muertos en el primer ataque el comandante, el maquinista y tres marineros.
Pese a ser apoyado por el vapor 'Vicente Saenz' y el cañonero 'Lauria', que navegaban en las proximidades, y posteriormente por el cañonero 'Recalde' y el crucero 'Reina Regente', en la madrugada del 12 de junio se pierde el barco, con 16 muertos y 17 heridos durante el intento de evacuación al 'Lauria', tras intensos ataques de los cabileños desde tierra, así como 11 prisioneros.
Los cabileños pidieron 250.000 pesetas por el rescate de los prisioneros, extorsión que no fue aceptada por las autoridades españolas, que ordenaron al crucero Reina Regente y al cañonero Lauria bombardear la costa, destrozando con sus cañones los restos del
'General Concha'.


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2014 11 08, 2:23
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