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" Morir en África " de Luis Miguel Francisco 
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África "
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Uno de los protagonista del libro es el alférez Maroto. "Morir en África" pretende entre muchas cosas describir lo que era la vida en campaña en África. Maroto narra como fue su primera noche en Dar Drius:
«Aquella noche me arreglé como pude para dormir en una colchoneta de paja que me prestó la tropa, pues mi equipaje no había llegado. Ocupé el sitio que me correspondía y procuré se dejasen libres los sitios, para cuando viniese mi capitán y el comandante, Sousa siguió en la tienda de ametralladoras...»* (Morir en África. Pág. 147).

Foto: Juan Maroto Colorización; Manuel Valladolid

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2015 04 12, 8:45
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África "
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Recibí la semana pasada una pregunta sobre la subida de Monte Arruit, el desnivel. Os adjunto una foto, donde podéis apreciar dicha subida.
Abajo os marco en un plano desde dónde esta tomada dicha foto. La foto es bastante anterior al Desastre, pues en Campamento que se ve
en primer plano (antiguo) ya no funcionaba en el Desastre y como sabéis fue tomado por el enemigo para hostigar Monte Arruit.

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La foto está sacada directamente del Expediente Picasso.

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2015 04 12, 8:52
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África "
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Luis Miguel Francisco
Esta semana me gustaría recomendar un libro de imágenes. Un libro en el que uno puede perderse contemplando mil detalles como si fuera el más plúmbeo de los textos. Donde se puede tocar un pasado africano no excesivamente lejano. Se trata del libro de José Luis Gómez Barceló, cronista oficial de Ceuta, titulado "Tiempos de Guerra, Imágenes de Paz". Que es un recorrido a la iconografía militar del fotógrafo y empresario Bartolomé Ros. Muy centrado en La Legión. Creí que estaba agotado pues es un libro relativamente antiguo, de 2005, pero no. Abajo os pego el enlace por si lo queréis adquirir.

http://publicaciones.defensa.gob.es/ini ... tolome-ros

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2015 04 21, 1:10
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco
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Luis Miguel Francisco: Hoy he recibido un libro de época bastante raro...
nunca antes había visto estas fotos. Dar Drius después de la reconquista.


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2015 04 27, 1:15
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco
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Luis Miguel Francisco: Mi amigo Antonio Manzano. Escritor, militar y además subdirector de unas de las mejores revistas Seguridad Nacional,
ha tenido la amabilidad de mandarme un ejemplar de su libro y, además con una generosa dedicatoria (como a mí me gusta). Habla, como veis,
del Regimiento de Cazadores de Caballería Alcántara 14. Aunque aún no lo he podido leer, la edición está muy cuidada e inmejorablemente ilustrada.
Os copio un enlace por si os interesa saber más de la obra. ¡Gracias Antonio!


http://www.grupoateneasd.es/libros/

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2015 05 04, 1:45
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

Luis Miguel Francisco: Hoy es un día triste. El pasado día 4 de mayo falleció Paquita Villasán, hija del comandante de Caballería destino en el Alcántara Juan Villasán García, al que dediqué “Morir en África”. Su hijo Carlos me transmite lo mucho que significó para ella haber hecho el esfuerzo de recuperar la memoria de su padre, tan injustamente fusilado en Melilla pocos días después del Alzamiento.
El trabajo de recopilar testimonios de supervivientes del Alcántara en el Desastre de Annual fue mérito suyo. El resumen y el informe previo para la apertura de Juicio Contradictorio para la concesión de La Laureada al Regimiento Alcántara fue obra del por aquel entonces capitán Villasán y lo que salió de ese trabajo es un eje fundamental en la redacción no sólo de mi libro, sino que de otras crónicas escritas y futuros trabajos. Sirvan pues estas palabras como homenaje a Juan y a su hija Paquita a la que no olvidaré allá donde esté.

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Foto: Juan Villasán Garcia (Archivo Sampedro)

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2015 05 08, 12:15
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

Luis Miguel Francisco

El Centro de Historia y Cultura Militar de Melilla. Bajo la dirección del Teniente Coronel Muñoz Amaro y la realización, entre otros, de mi amigo el cabo 1º Sar Quintas.
Han finalizado un trabajo plúmbeo cuyo primeros pasos pude ver hace meses y que consiste en una visita virtual al Cementerio de la Purísima y el Panteón de Héroes de Melilla.
¡No es lo perdáis!


http://www.panteondeheroes.com/

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2015 05 14, 12:57
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco
Luis Miguel Francisco
Os adjunto un plano de los alrededores de Melilla. Está sacado de la espléndida obra de Manuel del Corral Caballé.
"Crónica de la Guerra de África en 1909", editada en el año 1913.


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2015 05 20, 5:53
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

El alférez Calderón era el más joven de los oficiales que integraban las filas del Regimiento Alcántara en el Desastre de Annual.


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2015 06 28, 4:11
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

Luis Miguel Francisco

El teniente Flomesta murió en el cautiverio al negarse a comer después de haber sido hecho prisionero en la posición de Abarrán el 1 de junio de 1921…

“…Los harqueños ya se encuentran dentro de la posición. Y la artillería
sin municiones. Flomesta ha gritado a los suyos «que se inutilicen
las piezas y sálvese quien pueda»*, al tiempo que el oficial inutiliza una y el cabo Daniel Zárate se afana con una tercera, una vez dejada inservible la segunda. Quita el cierre y el seguro de inercia a la nueva. Solo quedan tres oficiales europeos, Flomesta, Reyes y Camino. Y Reyes, que ha recibido una pedrada, está medio inconsciente en el suelo. Flomesta también sangra a borbotones por la frente, al otro lado del amekrán*, pero se dirige hacia los hombres con paquetes de municiones y grita: «¡Viva los Regulares, viva España, sois valientes muchachos, a ellos!», al tiempo que le toca la espalda al askari Mohamed Ben Amar y le dice: «Así me gusta, muchacho, que seas valiente, tira»*. El soldado de Regulares ha observado que a Flomesta le han pegado un tiro en la cabeza y que, aunque hace esfuerzos por estar de pie,
no puede, se tambalea, da dos o tres pasos y cae cerca de los cañones,
mientras intenta seguir alentándolos. Pero no puede, su voz es
débil y agoniza. Uno de los suyos le arrastra unos metros, pero considera
que está muy débil y lo abandona a punto de morir.*
…Flomesta no ha muerto, sigue agonizando al lado de sus piezas y
acabará siendo prisionero de los rifeños*: «Al principio de su cautiverio,
le extraña lo solícitamente que le atienden y cuidan los moros,
vendándole las heridas, hasta que un día indican que, en cuanto se
lo permita su estado, les tendrá que instruir en el manejo de los cañones
cogidos».

(“Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual”. Pág. 65-66).


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2015 07 02, 11:03
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

Luis Miguel Francisco

El teniente Flomesta murió en el cautiverio al negarse a comer después de haber sido hecho prisionero en la posición de Abarrán el 1 de junio de 1921…

“…Los harqueños ya se encuentran dentro de la posición. Y la artillería
sin municiones. Flomesta ha gritado a los suyos «que se inutilicen
las piezas y sálvese quien pueda»*, al tiempo que el oficial inutiliza una y el cabo Daniel Zárate se afana con una tercera, una vez dejada inservible la segunda. Quita el cierre y el seguro de inercia a la nueva. Solo quedan tres oficiales europeos, Flomesta, Reyes y Camino. Y Reyes, que ha recibido una pedrada, está medio inconsciente en el suelo. Flomesta también sangra a borbotones por la frente, al otro lado del amekrán*, pero se dirige hacia los hombres con paquetes de municiones y grita: «¡Viva los Regulares, viva España, sois valientes muchachos, a ellos!», al tiempo que le toca la espalda al askari Mohamed Ben Amar y le dice: «Así me gusta, muchacho, que seas valiente, tira»*. El soldado de Regulares ha observado que a Flomesta le han pegado un tiro en la cabeza y que, aunque hace esfuerzos por estar de pie,
no puede, se tambalea, da dos o tres pasos y cae cerca de los cañones,
mientras intenta seguir alentándolos. Pero no puede, su voz es
débil y agoniza. Uno de los suyos le arrastra unos metros, pero considera
que está muy débil y lo abandona a punto de morir.*
…Flomesta no ha muerto, sigue agonizando al lado de sus piezas y
acabará siendo prisionero de los rifeños*: «Al principio de su cautiverio,
le extraña lo solícitamente que le atienden y cuidan los moros,
vendándole las heridas, hasta que un día indican que, en cuanto se
lo permita su estado, les tendrá que instruir en el manejo de los cañones
cogidos».

(“Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual”. Pág. 65-66).


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2015 07 02, 11:03
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Luis Miguel Francisco

El Desastre de Annual reforzó la necesidad de seguir creando nuevas banderas del Tercio de Extranjeros. La Legión, que ya había conquistado éxitos en el Yebala se hizo imprescindible también en el Rif. Antes de la caída de Monte Arruit, su fundador Millan Astray, marchó con dirección a Madrid con ese fin... El Tercio se había posicionado indudablemente, como la élite de la fuerza de choque del Ejército Español junto a las unidades Regulares; que a pesar de que parcialmente habían hecho defección durante el varapalo de julio y agosto de 1921 en los alrededores de Melilla siguieron siendo una pieza indispensable e imprescindible en las Campañas de Marruecos.
En la imagen el primer cartel de enganche a La Legión. Con una clarísima influencia de La Legión Extrajera francesa, en la que la española se basó parcialmente en sus orígenes.

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2015 07 06, 6:29
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Tal día como hoy, en 1921... más o menos a estas horas... se estaba produciendo la retirada de la posición de Annual. La responsabilidad de la decisión fue del general Silvestre, después de asistir a dos juntas de Jefes, donde se dieron órdenes y contraórdenes...
«El general Silvestre, que era el comandante general de Melilla, asistió a estos actos con las representaciones del arma en África. Hablando con varios jefes nos dijo que dentro de poco tiempo pisotearía Alhucemas, soltando una carcajada típica de él. Era muy simpático, y tenía mucha fama por su valor y genialidades».

(Morir en África, la epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual, pág. 85.) Foto AGMM, coloración de Manuel Valladolid.

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2015 07 23, 11:16
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Tal día como hoy, en 1921, se produjeron las míticas cargas de Alcántara...
"El teniente coronel del Alcántara vuelve a tomar las riendas, grita «¡Viva España!» y «¡Adelante!», espolea su caballo y lidera a los hombres que le siguen sable en mano, «haciéndose dueño de la situación y galopando de una a otra sección como si lo hiciera por una pista de concurso, lanzó un “¡Viva España!” enérgico, enardecedor, que envolvió los ánimos. “¡Adelante!”,»* “no acobardaos, desplegaos bien en guerrillas para no hacer tanto blanco”».* «Tenéis que vencer, no tengáis miedo.»".

(Morir en África, la epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual, pág. 289-290). Óleo sobre lienzo de Jose Ferre Clauzel.

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2015 07 23, 11:18
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Tal día como hoy. El 2 de agosto de 1921. Cae el aeródromo de Zeluán tras una obstinada defensa. El Alférez Maroto vive así sus últimos instantes:
"...ha conseguido salir de ese lugar en llamas y corre, corre con las pocas fuerzas que le quedan, hacia la Alcazaba, donde supone que están sus fuerzas y su salvación. Y hacía allí va, hasta que una bala le da en una pierna, la izquierda, y cae herido. Pronto lo rodea un tropel de musulmanes e intenta defenderse hasta perder el sentido: «Volví en mí cuando me arrastraban varios moros hacia los montes de Beni Bu Ifrur, de lejos presencié el espantoso espectáculo de cómo metían a la tropa desarmada a tiros y culatazos en la casa de La Ina, donde hubo aquella horrible matanza».

(Morir en África, la epopeya de los soldados españoles en el Desastre de Annual. Pág. 446.)
Foto: Alférez Maroto
Colorazación: Manuel Valladolid
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2015 08 02, 12:29
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1 de junio

Abarrán.

Al otro lado del Amekrán


Es preciso que en el cuartel, y sus jefes, oficiales y clases,oigan la verdad los soldados, por dura que sea, y sepan que si algunos que visten
el mismo uniforme flaquearon son los menos y no escaparán al castigo; pero, en cambio, muchos, muchísimos, en todos los empleos, han
sabido en esta ocasión mantener el honor militar y esmaltar la historia del ejército y de la marina con gloriosos hechos.

General Miguel Primo de Rivera
6 de agosto de 1921

Orden General de la Capitanía General
de la Primera Región Militar

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2016 02 02, 12:22
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

A finales del mes de junio de 1921, nadie podía presagiar la envergadura de lo que iba a suceder en la Comandancia General de Melilla en apenas un mes. El Telegrama del Rif,sin duda la publicación más importante sobre los sucesos de España en la zona de Melilla, despertó el 30 de junio con una gran esquela en recuerdo de los muertos en Abarrán, un picacho que dominaba el valle del río Amekrán y que iba a constituirse para ser la extrema vanguardia.
Un episodio que un mes después del suceso mayoritariamente se entendía como excepcional y aislado, pero que también había creado cierta susceptibilidad, homenaje y duelo.

El Telegrama del Rif. En su cabecera figuraba la siguiente inscripción, bastante elocuente y esclarecedora de su contenido: «Diario ajeno a la política, defensor de los intereses de España en Marruecos».

Y debajo la noticia:

«Mañana habrá pasado un mes desde la jornada de Abarrán, en la que un puñado de bravos rindió su vida a la patria. Con este motivo,el templo del Sagrado Corazón, vestidas sus columnas con el color de la pena, abrirá las puertas a quienes vayamos dispuestos a participar en un homenaje a los que murieron en el campo de la lucha desigual de uno contra veinte, en medio de circunstancias y de accidentes fatalmente adversos. Acudamos a la casa de Dios llevando como ofrenda las flores de nuestras plegarias para depositarlas ante el túmulo, recuerdo de unos momentos trágicos sobre los peñascos de Tensamán pasados. El pueblo de Melilla no dejó nunca de exteriorizar sus sentimientos de piedad y de españolismo, en casos como este, de existencias segadas en aras de la misión de paz y de justicia que este admirable ejército cumple en las tierras africanas.
Así pues, es seguro que mañana ha de concurrir al suntuoso funeral,que a la vez de una oración pública y ferviente ha de tener los caracteres de un tributo debido a los valientes que hace treinta días regaron con su sangre generosa y bendita los caminos que el soldado recorre y que han de conducirle muy pronto al deseado término del viaje. Honrando a sus hijos se honra la nación a sí misma, y esta ciudad, testigo de tantos sacrificios, demostrará ser digna de ellos,sabiéndolos admirar y agradecer. Vayamos al templo que ha de llamarnos con sus bronces, sonando a duelo, pero también a gloria».

A finales de mayo de 1921 Abarrán se había convertido en la siguiente colina a conquistar en un terreno, el de la Comandancia General de Melilla, inexpugnable en parte por lo abrupto del mismo.El problema, más allá de un terreno montañoso, lo constituían los profundos cortes que formaban grandes cortados horizontalmente al terreno. Abarrán fue una operación que se mantuvo en secreto y que ocasionó dudas, negativas y enfrentamientos. El teniente coronel Ricardo Fernández Tamarit se lo desaconsejó ya al comandante general el día 18 de mayo y, además, fue clarividente, pues no dudó en decirle que «si el enemigo comprendía sus intereses, le atacaría en masa apenas instalado, y de no hacerlo así, las dificultades que el terreno ofrecía, harían difíciles y sangrientos los convoyes a
ella».1 También el teniente coronel Dávila, jefe de sección de campaña, recomendó que no se llevara a cabo, y el coronel Gabriel de Morales y Mendigutía, jefe de la Policía Indígena, también consideraba prematura cualquier incursión en esemomento. Y su fiel Kaddur Namar, jefe de la kabila de Beni Said también le dijo, cuando conquistó Sidi Dris el 12 de marzo: «General, el día que vayas sobre Beni Urriaguel, yo iré a la vanguardia llevando mil fusiles; ahora quete digo una cosa: vas muy bien, pero no pases todavía el río (Amekrán).
Déjalos, que ellos se destrozarán y con el tiempo va a madurar el fruto y no vas a tener más que alargar la mano para cogerlo». El mismo general Silvestre escribiría a su superior, el general Berenguer,con fecha 29 de mayo, apenas dos días antes de efectuar el avance, en los siguientes términos:

«Hay que pensarlo mucho antes de efectuar un avance. Por ello he mandado al comandante Villar a Buimeyán, para que sobre el terreno trate con los jefes de Tensamán, y solo si logramos la seguridad de un franco y completo apoyo, previa tu autorización, operaré en aquella zona; caso contrario, lo pensaré mucho, porque tendríamos una serie de combates sangrientos, muy distintos de los que hasta ahora hemos sostenido en el territorio».

Pero la operación se fraguó días antes. El detonante fueron las informaciones que llegaban del campo, según confidencias recogidas por el coronel Morales en las que «aseguraban que los de Beni Urriaguel trataban de poner una guardia en Abarrán para oponerse al avance de nuestras tropas».
En ese momento Silvestre contestó:

«¿Y por qué no las ponemos nosotros?».

Hubo dudas sobre a quién encargarle el estudio de aquel posible avance, pero al final el coronel Morales propuso al comandante de la Policía Indígena, Jesús Villar Albarado, para que reconociera el terreno y testara los pros y los contras sobre el mismo. Aunque la realidad es que, según el propio Silvestre, no tenía más remedio que hacer esa operación aunque no le daban los recursos que pedía. Aquella respuesta fue el fin de un enfrentamiento con el teniente coronel Fernández Tamarit, que le insistía delante de su Estado Mayor que aunque la operación tuviera éxito la hipoteca sería considerable.

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2016 02 02, 12:23
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

La propuesta de avance la realizó el jefe de la Policía Indígena del sector del Kert, el comandante Villar. Y es indudable que contribuía a cumplir con el objetivo que el general Silvestre se había impuesto, y que, en todo caso, antes o después debía ser, como quedaba claro, Alhucemas. Pero, volviendo a Abarrán, la cosa no estaba clara ni en modo ni en forma, pues no era normal que algo así se mantuviera en secreto y, aún menos, que ni el alto comisario ni el jefe de la sección de campaña que despachaba diariamente con el general supieran nada. A Dávila le sorprendió todo aquello. «Cerca de las dos, y al bajar y entrar en mi despacho, el comandante Villar entró y me dijo:

“Mi teniente coronel, ¿qué hora es la mejor para hablar con usted?”.

Le contesté: “Ahora mismo, o a la hora que usted quiera, porque yo estoy aquí todo el día, excepto de seis a seis y media, que las dedico a pasearme. De manera que si le conviene a usted venir a las cinco, a esa hora le recibiré”.
»Quedamos en eso, pero llegaron las cinco y no venía. “Se habrá olvidado”, dije yo.
Le mandé un recado, vino y me dijo:
“Usted perdone, se me ha pasado la hora”. “Usted dirá qué es lo que desea.”
“Pues vengo, mi teniente coronel, a que me dé instrucciones.”
“¿Qué instrucciones? ¿A qué se refiere usted?”
“A la ocupación de Abarrán.”
“¡Pero si no sé una palabra de eso!”

La conversación continúa ante la incredulidad de Dávila. Silvestre, el teniente coronel Rafael Capablanca y Garrido (jefe interino del Estado Mayor) y el
propio Villar se habían reunido por la mañana para ultimar o detallar cómo sería la operación. Dávila le replica a Villar que la acción es absurda, que la kabila de Tensamán no es leal y que en los últimos tiempos habían demostrado defección hacia los intereses de España en Marruecos. Dávila, consciente de lo poco que podía hacer, termina pidiéndole garantías a Villar, quien le dice taxativamente:

«Mi teniente coronel, como que me juego, no la vida, sino el honor».

A partir de ahí la discusión se centra en el material y en la forma de realizar la maniobra. Todo estaba planteado para que fuera una clásica operación de la Policía Indígena,* mientras que Dávila, viendo que la decisión estaba tomada, se inclinaba por que fuera una operación militar, o sea con fuerzas militares amplias y unidades peninsulares, entre ellas el uso de artillería. Villar no quería artillería aludiendo a que Capablanca le decía que estorbaría.
Después de la conversación con Villar, Dávila se fue a hablar con Capablanca con cierto malestar, ya que no entendía que nadie le hubiera informado de ello y que la reunión se hubiera centrado en tres personas, Villar, Silvestre y el propio Capablanca. Y le espetó:

«Es que estas no son de las que se pueden pasar; es una cosa grave y seria, porque soy opuesto a ella. Si se me hubiese llamado a la reunión,me hubiera opuesto a ello, y luego hubiera hecho el general lo que tuviera por conveniente».

En ese momento Silvestre entró en el despacho y Dávila continuó redundando en lo mismo, en que no se le había consultado y en que si se debía hacer que se hiciera militarmente, con fuerza. Silvestre resta importancia a la operación y sentencia:

«Así como el general Berenguer tiene un Castro Girona, que le ha regalado Xauen, yo tengo en la Policía un comandante de huevos, y quiero explotarlos, y él me va a dar Abarrán».

No había más que hablar y acto seguido comentaron las fuerzas que iban a participar en la operación, confirmando Silvestre que se llevaría también la batería, según palabras de Dávila. Según otras fuentes, en cambio, Silvestre dijo después que no había autorizado dicha batería. Una cuestión polémica que tendría una importancia crucial y que haría correr ríos de tinta por el uso que el enemigo hizo de las piezas una vez perdida la posición. Pero la decisión estaba tomada. Y Silvestre la hizo suya como general. Abarrán a Silvestre no le parecía nada dramático, y Villar, su comandante de la Policía y hombre de confianza, le «echó huevos».
Después de la reunión, aquel 29 de mayo de 1921 Villar se iría al frente, y a las 17.42 horas diría desde el sector del Kert:

«Indígenas desean avance a Abarrán; ruego autorización de V. E. para efectuarlo miércoles próximo; lo creo conveniente, pudiendo efectuarlo en forma convenida sección de campaña».

Aquel telegrama no era del todo honesto. Pues si bien era cierto que los notables de Tensamán animaban a Villar a realizar la operación, estos también sabían de la evolución de la harka. Por lo que si, por una parte, Villar recibía estos ánimos de los harqueños, otros también le advierten de «que el lugar que le había indicado no era el propicio porque carecía de agua, porque era un terreno movido y sin piedras para hacer un buen parapeto y que, además, tenía noticias de que había harka numerosa que se ocultaba en las cercanías». Pero Villar decide seguir adelante.

* En Marruecos el avance en la conquista se centraba en las tropas indígenas,
ya fuera la Policía, la harka amiga o los Regulares. Con ello se limitaban mucho
las bajas de soldados europeos, minimizando los posibles conflictos sociales en
España.

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2016 02 02, 12:24
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

En la falda del monte existía un bosque llamado Ahessab u Megar («El bosque del jefe»), y en el barranco próximo, Vad el Qala, había estado situada una fortificación o un lugar al que la población se retiraba con sus pertenencias más valiosas en caso de ataque. En ese bosque se encontraba la tumba de Sidi Smaar o Smail,13 considerado un santo del Rif y del cual se dice:

«Se fijó en el lugar llamado Tazarut, que depende del país de los beniilsi, que es donde se encuentra la tumba, en un cementerio situado junto a la mezquita que hay allí al lado de la fortaleza. Este es un reducto de acceso difícil en el que los beniilsi se escudaban cuando las tribus se arrancaban contra ellos. Entonces les bloqueaban por el lado del cementerio, sus enemigos los mataban y los capturaban como querían, pero cuando permanecían dentro de su zona, al ser atacados los beniilsi les infligían entonces las mismas pérdidas. Cuando los contingentes llegados eran numerosos y deseaban conquistar la fortaleza para seguir allí su dominio, al límite que llegaban era el cementerio y al alcanzarlo eran derrotados. A veces en este momento pronunciaban el takbir y decían “¡Oh, baraka de nuestro señor Ibrahim!”»

El Telegrama del Rif. Noticia impresa el 18 de junio de 1921.

LA JORNADA DE ABARRÁN Y LA PRENSA

En los primeros momentos siguientes al combate librado en las alturas de Abarrán, la prensa se limitó a llevar a sus columnas los informes oficiales, que se acomodaban en un todo a la realidad de los hechos. La sinceridad de las autoridades militares de África y del gobierno, nada ocultó en los comunicados, que fueron reflejo fiel de lo sucedido, a la vez que valoraban y determinaban su verdadera
entidad y significación.
Los periódicos, decimos, se abstuvieron de exageraciones, y aun de comentarios, con un proceder digno de loa, porque era el más conveniente a los intereses nacionales; pero a medida que el tiempo pasa, la fantasía viene adornando el relato que en los partes se hiciera, con detalles casi siempre hijos de ella, a la vez que se emiten juicios reñidos con la verdad de las cosas y altamente perjudiciales, puesto que pueden contribuir a originar una depresión de ánimos, precisamente en estos momentos en que la empresa de Marruecos cuenta, no cabe dudarlo, con voluntad de país.
En otros tiempos, echábamos de menos una opinión, firme apoyo de los gobiernos; hoy esa opinión existe y hasta los grupos políticos
que nunca mostraron simpatías hacia la obra africana han rectificado, como sabe el lector. Las plumas deben ser guiadas por la prudencia; los que acerca de las operaciones militares escriben, será preciso que reparen en la trascendencia de las ideas que al papel llevan, porque este papel no solo
pasa las fronteras, sino que llega a los rebeldes combatientes, los cuales pueden encontrar ánimos en las propias palabras de los españoles.
En momento oportuno, bien enterados nosotros, como todo aquel que tuviera fe en las noticias oficiales, que repetimos eran exactas y completas, del verdadero valor de la jornada de Abarrán, hubimos de considerar el hecho, sin más trascendencia que la de un caso aislado, sin enlaces de ninguna clase, cuya causa estuvo en la defección de unos combatientes auxiliares, sin carácter alguno militar. Nos atrevimos a asegurar que tal hecho no tendría repercusión ni influencia en las operaciones militares, y así sucede, ciertamente.
Esas operaciones se desarrollan en un terreno extremadamente difícil y como él es sostén de enemigo numeroso y bien armado, toda impaciencia podría ser muy dañosa. Hace falta, pues, que teniendo esto en cuenta, se dé a la obra el tiempo de que tiene necesidad. La opinión española hará bien en reconocerlo así y en esperar serena el término definitivo de una acción que ha de verse concluida de todas suertes, muy pronto.
La acción política y la armada marchan aquí de la mano, con una dosificación que las circunstancias señalan en cada caso y hemos de esperar con fe inquebrantable que la rebeldía ha de verse dominada pronto, lo mismo en esta zona que en las otras deMarruecos donde todavía alienta.
En este sentido, quisiéramos ver discurrir a nuestros colegas de la península, los cuales no pueden ignorar, no ignoran seguramente,
que, como el vizconde de Eza* recordaba, en todas las guerras coloniales se han sufrido defecciones, no como la de Abarrán, sino de mucha mayor transcendencia. Ese accidente, aparte de doloroso por las vidas que sesgó, ningún efecto serio ha de producir. En cambio, podrían derivarse consecuencias funestas si nos empeñáramos en exagerar el hecho a los ojos de los marroquíes, que nos miran atentos y que no dejan de pulsar la opinión española.

El Telegrama del Rif no publicaría los hechos de Abarrán hasta casi una semana después. La razón principal que alega en la cabecera es que las noticias eran confusas y que el resultado aconsejaba reserva. Según documentos oficiales, la columna mandada por el comandante Villar estaría compuesta por 1.461 hombres y 485 cabezas de ganado. Y en vanguardia irían tres mías de Policía.* Al comandante del cañonero Laya se le ordenó:

«T. O. al comandante cañonero Laya, 31 mayo de 1921. Mañana,día 1 de junio se efectuará una operación cuyo objetivo es ocupar
las alturas de Abarrán en la divisoria del cabo Quilates. A fin de fijar al enemigo que intentare concurrir al frente para oponerse a
este propósito, efectuará Vd. con el cañonero de su digno mando un crucero hacia la bahía de Alhucemas con acción demostrativa sobre
el territorio comprendido entre la citada divisoria y el río Nekor, sin intervenir por el fuego salvo en caso que viera grupos enemigos en
dirección a la citada que en consecuencia de haber establecido combates zona que medios fuerzas pudieran con su intervención
impedir ya aquellos a reforzar al contrario.
Me situaré con mi cuartel general en Annual, adonde podrá comunicarme cuantas noticias juzgue necesario poner en mi conocimiento
utilizando la estación de radio.
Deberá hacerse a la mar con tiempo suficiente para hallarse frente al lugar que le señalaré, a las cinco horas».

La columna de Villar partió a la una de la madrugada desde Buimeyán.**Pese a que la distancia en línea recta era de apenas siete kilómetros, la distancia real del recorrido superaría los quince y, dependiendo de las fuentes, llegaría casi a diecisiete. Diecisiete kilómetros
en un terreno imposible, repleto de cortados, abrupto, en cumbre, pedregoso y de extrema dureza, a lo que había que sumar la oscuridad de la noche, hicieron de aquel avance algo así como lo contrario a un paseo militar, en que los malos pasos y la realidad de una operación de este tipo constituyó el mayor escollo de la conquista. El camino de montaña obligó a realizar el avance en fila de a uno, lo que ocasionó una distancia y, por lo tanto, un tiempo más que destacable entre la cabeza y la cola. Pero la cima se conquistó sin novedad a eso de las cinco y media. Y así se transmitió por heliógrafo.
Nada más llegar, comienzan los trabajos de fortificación. Abarrán, como tantas otras, es una posición sin agua, de terreno movido y sin piedras. Los parapetos parecen imposibles de trabajar. «La posición quedó establecida en un espacio de 65 por 12 metros. Según el policía Kaddur-Dreus, el parapeto llegaría al vientre de un hombre de regular estatura, y estaba hecho con sacos, muchos de los cuales, por estar medio podridos, se desfondaban. Aunque la declaración del comandante Villar desmentía en parte ese informe, es lo cierto que la defensa de Abarrán era ilusoria.»
«La alambrada se veía desde la posición y estaba constituida, según el policía Kaddur, por solo dos filas de estacas clavadas en el terreno, muy suelto por algunas partes; agregando que el terreno que rodeaba a la posición en su cercanía era tan pendiente, que desde el frente de artillería y el
de retaguardia, o sur, donde después se hizo una trinchera, solo se veía la alambrada que estaba colocada en el borde de la cima donde se asentó la posición. Entre la alambrada y el parapeto, como al exterior, había bastante maleza, jara y monte bajo, que permitían acercarse sin ser visto.»
Lo más complejo fue el asentamiento de la artillería, y para ello fueron a Abarrán dos tenientes, Flomesta y Fernando Gómez López. Y, con arreglo a lo dispuesto, allí se quedó uno de ellos, Diego Flomesta Moya.
En Annual Silvestre se dirige al coronel Morales, y le dice que a pesar de su opinión Abarrán se ha ocupado sin resistencia, a lo que Morales responde «que aun cuando celebraría equivocarse ya se vería lo que pasaría después».

* Eza era el ministro de Defensa de la época, denominado en esos tiempos
ministro de la Guerra. Su nombre era Luis de Marichalar y Monreal.

* Tres mías de Policía en vanguardia, dos secciones de Regulares, dos compañías
de ametralladoras del Ceriñola, dos compañías de zapadores, una batería de montaña,
cargas de municiones, ambulancia, compañía de intendencia, secciónde Regulares y
dos compañías y un escuadrón de estas fuerzas; un total de 1.461
hombres y 485 cabezas de ganado. Todas las notas de unidades por lo general salen
de los apuntes y el libro del coronel Repollés.

** El marqués de Miravalles señala en su diario, inédito, que la columna salió de Buimeyán;
es decir, un poco más avanzada que Annual. Algunos documentos señalan Annual de manera
errónea.

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Pero el comandante general se muestra animado, quiere ir físicamente a saludar y a felicitar a sus victoriosos soldados, como acostumbraba a hacer siempre.Aquel protocolo era el habitual y tenía como fin alentar a sus tropas. Pero no fue así, ya que su Estado Mayor le aconsejaba que no lo hiciera.

Morales le dijo que no disponía de guías, puesto que todos los rifeños se habían ido con el comandante Villar. Pero Silvestre insistió:

«Vamos de todas maneras, porque desde aquí vemos la posición».
Entonces Dávila replicó: «Mi general, no debemos ir». Silvestre lo miró y dijo: «A ver, que me diga Dávila por qué no debemos ir».
«En la operación de Abarrán el éxito estaba en la sorpresa; se ha conseguido llegar allí por sorpresa y no ha habido que disparar un
solo tiro; pero la columna necesita volver inmediatamente sin dar tiempo para que la harka se entere y venga a combatirnos.
Si nosotros vamos a Abarrán, cuando queramos llegar será cerca de las dos; seguramente a las tres, ya habrá tiempo para que los moros
vengan y, por consiguiente, tendremos combate, y combate duro, en malas condiciones.»

Y después de eso el general entró en razones. No había tiempo para aquel protocolo, además:
«vimos que el resto de la columna regresaba sin ser hostilizada, por lo cual decidió regresar a Izummar para almorzar y emprender el
regreso a las 2.15 horas de la tarde».

La columna al mando de Villar se repliega a las once de la mañana sobre Buimeyán por una ruta distinta a la de la subida. Y en la posición queda la fuerza que debe guarnecerla. Los trabajos de fortificación son bastante mejorables, aunque desde Annual las fortificaciones se veían perfectamente levantadas. Abarrán quedará guarnecida con una compañía de Regulares, una mía, la batería de montaña y la estación óptica.
Cuando el repliegue ya había empezado, Silvestre mandó a Villar que dejara la compañía de ametralladoras en la posición, pero la orden fue imposible de cumplir ya que dicha compañía ya cruzaba el río. En Abarrán no quedaron armas automáticas, aunque el general no se enteraría del hecho hasta su llegada a Melilla. En ese instante empezaron a oírse ya los primeros cañonazos y algunos disparos sueltos contra la columna que se replegaba. Al parecer, todo indicaba que provenían de la harka amiga de Tensamán. Pero a esas horas el general ya estaba de regreso. Hicieron alto en Dar Drius e
intentaron ponerse en contacto con Annual sin ningún éxito. Dávila le dijo a Silvestre que se fuera tranquilo, que él se quedaba en la posición hasta que recibiera las novedades que debía transmitirle el coronel Morales a las cinco de la tarde. Sin novedad.

«Continué el regreso y llegado a la plaza subí al despacho de S. E.,dándole cuenta de lo manifestado por el coronel Morales, bajando seguidamente al despacho, donde Capablanca me entregó tres telegramas, siendo uno de ellos del jefe de la circunscripción de Annual y participando apreciaba ser atacada Abarrán y que la artillería disparaba con espoleta cero, no pudiendo comunicar con la posición por causas de las nubes, esperando a la noche para restablecer la comunicación. En el acto se recibe otro telegrama.»

El Telegrama del Rif. Noticia impresa el 7 de junio de 1921.

Aye a las cinco de la tarde tuvo lugar desde el hospital, la conducción al cementerio de la Purísima Concepción del cadáver del
heroico cabo del regimiento mixto de artillería, Manuel González Iglesias, que resultó gravísimamente herido durante el asalto de la
posición de Abarrán por los contingentes rebeldes, en cuya jornada, como otros valientes, supo sacrificar su vida en holocausto de la
patria.
El féretro iba envuelto con la bandera española, viéndose muchas y artísticas coronas, recuerdo de sus jefes y compañeros del regimiento
mixto de artillería. Llevaban a hombros el féretro, los cabos de artillería, compañeros del heroico Manuel González Iglesias.
El fúnebre acto constituyó una imponente manifestación de duelo, concurriendo muchos jefes, oficiales y soldados de artillería y otros
cuerpos francos de servicio, sumándose también el pueblo a la sentida manifestación de pesar.
Presidieron el coronel de artillería don Francisco Masaller y otros jefes.
También figuraba en el fúnebre cortejo la banda del regimiento Melilla.
Descanse en paz este nuevo héroe de la patria

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«Quedaron en Abarrán cuatro piezas de montaña con 28 hombres, cien Regulares mandados por el capitán Salafranca,27 cien policías
con el capitán Huelva y algunos más soldados;29 en total 250 hombres,de los que 200 eran moros. Y para la defensa, a pesar de la gran
distancia y de la dificultad de comunicaciones, les quedó un repuesto de 40 cajas de cartuchos Mauser, cuatro cajas de Remington y 360
disparos para la batería, más el material sanitario, tres tiendas cónicas y ocho cargas de víveres, lo que hacía preciso pronto convoy de
repuesto.»

A tenor de los hechos, a las trece horas parece que la cosa no va bien, ya que el capitán Salafranca se pone en contacto vía heliógrafo con Annual e informa de que un grupo de kabileños tiene rodeada la posición y que el fuego es inminente. En el transcurso de la operación el cañonero Laya hará fuego sobre la zona costera (bahía de Alhucemas) al observar cómo avanzaba el enemigo y creyendo que con esta acción podría frenarlo en parte. La columna de Villar se siente observada pero sigue su repliegue. Y empiezan a oír una fuerte descarga de fusilería en dirección a la posición conquistada,
pero continúan la marcha al mismo tiempo que los combates suben de intensidad; nunca darían la vuelta.* Además, el jeque El Hach Haddir Boaxa ha conseguido enlazar con él a la altura del río Amekrán, para pedirle auxilio para su casa y para la posición. Villar le dijo que no podía y que consultaría con Morales en Buimeyán. Pero cuando el jeque llegó a su vivienda, ya «la habían quemado y raziado.
Desde Annual, los oficiales pueden ver con los prismáticos cómo empieza a torcerse algo que se daba por ganado. Más aún, cuando el sonido alerta a los oficiales de artillería, alguien dice:
«Tiran a cero»:**
Desde Annual se observa cómo caen las tiendas cónicas de Abarrán. «Un cañonazo suena como el último estertor agónico de un titán ... después ... en el campamento de Annual vibra el toque de llamada».El revuelo en Annual es lógico, la visión de aquello y de sus consecuencias pone a todo el mundo en alerta. Se ordena a la tropa que se recluya en las tiendas y se intenta por todos los medios que aquella visión no afecte a un campamento cuya composición se basa en tropas indígenas, 750 hombres. Pero la medida no hace sino incrementar el desánimo.
La columna de Villar ha abandonado Abarrán, mientras que los soldados al mando de los capitanes Salafranca, de Regulares, Huelva,* de la Policía, y Flomesta, el teniente de artillería, siguen afanados en poner la posición en una defensa adecuada. Están pensando en ponerse a comer y hablan de ello, pero nunca lo harán. Se oyen disparos muy a lo lejos, en lo que debería ser el frente enemigo, y en ese momento «se montó el servicio de vigilancia y los capitanes designaron los frentes que tenían que cubrir sus unidades».
Más tarde, Huelva fue a ver a Flomesta, ya que había que terminar con esa amenaza, y le «ordenó al teniente hacer fuego de 2.600 a 2.800 metros
a dichos grupos». Hicieron unos 20 o 25 disparos, pero después pararon. Parecía que se había acabado con esa amenaza, sin embargo al rato surgieron nuevos grupos y el cañón de artillería volvió a retumbar corrigiendo la distancia, cada vez más corta. Minutos después empezaron a aparecer los primeros heridos y los capitanes ordenaron que todos fueran a los sitios asignados. El volumen de disparos se intensifica. Los oficiales están en el parapeto,con sus soldados, animándolos a todos para que apunten y disparen bien, sin malgastar munición y solo cuando realmente vean al enemigo. El combate se dilata, la harka va en aumento y ha comenzado a llover. Poco a poco el enemigo se acerca, ya ha conseguido llegar hasta la altura de las alambradas. Y la artillería dispara a cero. Los hombres de Huelva y de Salafranca reciben un aluvión de piedras y de balas y el griterío enemigo ya es ensordecedor.
El enemigo está encima. Antes el capitán Huelva ha ordenado mover unas piezas, Flomesta percibe lo que está pasando y continúa la lucha; «esto va mal»,dice. Y al poco las municiones de la artillería se han agotado. Solo se oye fusilería. El fuego es muy intenso, el capitán Huelva grita «¡bandidos!», al observar que la harka amiga se ha pasado al enemigo, lucha contra ellos y al poco cae a plomo, de un balazo en el pecho.38 El alférez Fernández va hacia él y le coloca una chilaba debajo de la cabeza. Huelva ha muerto, su alférez da la noticia al tiempo que el combate continúa con la misma intensidad,
una vorágine de disparos y un diluvio de pedruscos que continúa. La lucha persiste, el siguiente en caer será Fernández, que se encuentra sentado, herido aún, han pasado ya 15 minutos desde que ha fallecido su capitán y cuando se mueve debe hacerlo a gatas, se dirige a los suyos y les dice:

«Sed valientes y portaos como hombres, seguid tirando; ya están muertos y de ahí no pasarán».

Pero el frente va a desmoronarse por la zona de la artillería, ya que por allí aparecen «una cantidad enorme de rifeños que venían como hormigas y que gritaban implorando la ayuda de Dios al tiempo que disparaban. El capitán Salafranca ha ordenado calar bayonetas y grita:

«¡Que los más valientes vayan al frente de Artillería!»,

al tiempo que les alienta a

«¡no tirar al aire, portaos como hombres, apuntad bien al enemigo, pues de vosotros depende la salvación de todos!».

En ese preciso instante Salafranca recibe un disparo en el hombro y vuelve a dirigirse a sus hombres en los mismos términos, añadiendo que nadie tuviera que decirles nada de ellos ni de su conducta. El sargento Vidal ha observado que le han dado a su capitán y corre a socorrerle. Salafranca le pide un papel, quiere escribir a su madre. Y lo hace sobre la espalda del sargento.
Todavía continúa su defensa, pero se desangra, hasta que otro disparo «le hace caer en brazos del sargento Ramiro Álvarez Astray, en los que fallece ordenando la resistencia».
Los harqueños ya se encuentran dentro de la posición. Y la artillería sin municiones. Flomesta ha gritado a los suyos «que se inutilicen las piezas y sálvese quien pueda», al tiempo que el oficial inutiliza una y el cabo Daniel Zárate se afana con una tercera, una vez dejada inservible la segunda. Quita el cierre y el seguro de inercia a la nueva. Solo quedan tres oficiales europeos, Flomesta, Reyes y Camino. Y Reyes, que ha recibido una pedrada, está medio inconsciente en el suelo. Flomesta también sangra a borbotones por la frente, pero se dirige hacia los hombres con paquetes de municiones y grita: «¡Viva los Regulares, viva España, sois valientes muchachos, a ellos!», al tiempo que le toca la espalda al askari Mohamed Ben Amar y le dice: «Así me gusta, muchacho, que seas valiente, tira».

* Villar decide, según declaraciones propias, no dar la vuelta porque se haría
de noche antes de alcanzar Abarrán y las fuerzas caerían emboscadas.

** Tirar a cero es disparar un cañón de artillería como si fuera un fusil, con
puntería directa, lo que con espoleta a tiempos se hace a cero segundos. Cuando se
dispara con «espoleta a cero» el sonido es muy característico, y lo siguiente es inutilizar
la pieza para defenderse luego con lo que haya. Por eso cuando una cosa así
sucedía en África era tan alarmante, porque era muestra de que el enemigo estaba
ya encima. El símil en la infantería sería calar bayoneta y el cuerpo a cuerpo

* Algo sobre Abarrán, pág. 13. El bravo capitán Huelva había interrumpido
su permiso en Sevilla para asistir a la operación al mando de la 13.ª mía, un número
al que bien podía ponerle cierto reparo un andaluz que, además, sabría de la
fama del monte. Pero Huelva era de temperamento recio, dicharachero y alegre.
Y si creía en supersticiones no por eso dejaría de portarse como un valiente.

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El soldado de Regulares ha observado que a Flomesta le han pegado un tiro en la cabeza y que, aunque hace esfuerzos por estar de pie, no puede, se tambalea, da dos o tres pasos y cae cerca de los cañones, mientras intenta seguir alentándolos. Pero no puede, su voz es débil y agoniza. Uno de los suyos le arrastra unos metros, pero considera que está muy débil y lo abandona a punto de morir. Los rifeños lo han invadido todo y en la huida de la posición se mezclan Regulares, policías y harqueños en una lucha cuerpo a cuerpo.
El oficial rifeño Haidra48 observa la escena, sabe lo que le pasará si lo cogen prisionero y no lo duda, emplea la última bala para quitarse la vida y dispara apoyando la pistola en la sien. Todos corren, Abarrán está perdida, ya no se puede hacer nada por la posición. El teniente Camino se retira con sus soldados y descresta pistola en mano junto al cabo Francisco Fernández Quiroga, al que le dice:
«Corre, Fernández, a ver si nos podemos salvar».
Ya están fuera de la posición, pero morirá pocos minutos después. Flomesta no ha muerto, sigue agonizando al lado de sus piezas y acabará siendo prisionero de los rifeños:
«Al principio de su cautiverio, le extraña lo solícitamente que le atienden y cuidan los moros, vendándole las heridas, hasta que un día indican que, en cuanto se lo permita su estado, les tendrá que instruir en el manejo de los cañones cogidos».

Al día siguiente todavía seguirán apareciendo algunos fugitivos de Regulares, impresionados por los hechos de Abarrán. Todos relatan lo sucedido, pero las versiones discrepan. Dirán que todos los oficiales han muerto, incluso Flomesta; el de artillería ha sido el último en caer, ha intentado reemplazar a los de infantería hasta que ha podido y en ocasiones ha tenido que sostenerse sobre el mástil de una pieza. Semanas después, otro prisionero, el teniente ErnestoNougués y Barrera, escribirá una carta fechada el 12 de julio de 1921.

«El teniente de artillería que estaba en la posición que se comieron [Abarrán], ha muerto en el cautiverio hace pocos días. El pobre ha debido pasar ratos horribles; fue el único oficial que cogieron vivo, y como era de artillería, intentaron curarle las dos heridas que tenía y utilizarle después para instruirles en el manejo de las piezas; él, que vio el horroroso porvenir que se le presentaba, se negó a tomar alimento, y ha muerto de hambre.
¡Un verdadero héroe, al que nadie conoce y del que nadie hablará!» Salafranca recibiría la Laureada, así como también Flomesta.
El teniente de artillería don Diego Flomesta Moya, perteneciente al regimiento mixto de artillería de Melilla, se encontraba en la defensa de la posición de Monte Abarrán. Después de agotar las municiones de las piezas que mandaba sostuvo la defensa del frente, y a pesar de estar herido fue atacado con preferencia por el enemigo, negándose a que lo curaran. Organizó la defensa de los demás frentes, por haber caído muertos o heridos de gravedad todos los demás oficiales, armando a los artilleros que quedaban útiles e imponiéndose a los indígenas que se resistían a cooperar. Cuando el enemigo
se disponía a asaltar la posición, inutilizó una pieza por sí mismo y ordenó que se inutilizaran las demás, y permaneció en el puesto de peligro inminente que su honor militar le señalaba, haciendo fuego con el fusil personalmente hasta que el enemigo acabó invadiendo la referida posición.

El rey se dignó concederle al teniente don Diego Flomesta Moya la Cruz de la Orden de San Fernando.

El Telegrama del Rif. Noticia impresa el 7 de junio de 1921.

«Los que habían llegado a Annual en las primeras horas de la noche del miércoles, muchos de ellos heridos y contusos, hicieron el relato de lo sucedido al cual se refiere el juicio acerca de sus causas que ya hemos dejado consignado.
El capitán Huelva fue uno de los primeros que fueron alcanzados por las balas de los rebeldes. Sereno y animoso, pese a encontrarse herido se mantuvo en el parapeto, del que solo se separó algunas veces, para aprovisionar de municiones a sus hombres, hasta que le mató una nueva bala.
Casi al mismo tiempo cuatro proyectiles enemigos hacían blanco en el jefe de la posición, el capitán Salafranca, quien, a pesar de su gravísimo estado, no cesaba de animar a sus fuerzas.
Momentos después, y sintiéndose desfallecer, llamó a un sargento de su compañía y le transmitió un encargo para su madre, a la que quiso escribir para decirle adiós. No consiguió llevarlo a cabo y, como en el caso del capitán Huelva, allí terminó también el sacrificio de su vida por la patria.
En otro lugar de la posición, el teniente de artillería Flomesta se batía con el mismo heroísmo que los infantes, y al frente de sus piezas agotó los medios de defensa. Continuó en su puesto, aunque se encontraba herido, y las balas también alcanzaron a varios de sus sirvientes. Pero los cañones quedaron inutilizados.
Los tenientes Camino y Reyes, el alférez Fernández y el oficial indígena de la Policía se batieron con denuedo y también fueron víctimas gloriosas de esa jornada.
Por lo que se refiere a la tropa, entre Policía, Regulares, artillería e ingenieros, los heridos y contusos alcanzaron los 72, de ellos solo 25 españoles y, entre estos, únicamente 3 graves. Unos ochenta europeos e indígenas consiguieron regresar ilesos a sus posiciones.
Uno de los heridos, un askari de la 15.ª mía, acabó en el hospital Indígena con dos balazos, uno en el brazo y otro en la pierna derecha.
Se presentó en Annual completamente desnudo, pues se despojó de sus ropas para fingirse muerto, y así consiguió ser testigo de gran parte de la sangrienta lucha, así como confirmar el heroísmo con el que se batieron los bravos oficiales que mandaban la tropa de Abarrán y sus hombres.
Cuarenta y cinco días después, Silvestre escribiría en su diario de operaciones: «La traición de la harka, que está plenamente probada, originó la pérdida de Abarrán, que, tomada sin un tiro y con fuerza de sobra para una larga defensa, con la muerte de los oficiales la tropa indígena quedó sin mando, dando lugar al hecho desgraciado».

Los harqueños obtienen un botín inédito, cañones de artillería, que aun inutilizados tres de los cuatro cumplen una tarea propagandística difícil de superar. Aquel trofeo se exhibiría por zocos y poblados. Y con él un discurso y la llamada a la guerra santa, una prueba irrefutable de la posibilidad de la victoria, un primer paso firme y la profecía cumplida, la maldición coránica contra los cristianos:
«Cuando los españoles lleguen al río Amekrán sus aguas se teñirán con su sangre».

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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco

Solo quedaba seguir predicando la rebelión y la conquista de la efímera República Independiente del Rif. Además, los cabecillas rifeños comenzaron a alcanzar un estatus proverbial. Y prueba de ello fueron sin duda las coplas y los romances que los rifeños escribirían, cantarían y vivirían incluso años después, como canciones clásicas y aún vivas en nuestros días, que hablan del Barranco del Lobo o de diferentes episodios de la guerra de África.
«La figura del chej Amar pasó a ser legendaria y pronto un vate local inspirado en su heroísmo lanzó una especie de romance que todavía se canta en las bodas y fiestas de importancia para que se celebre el clásico baile, el ahidus bereber. La copla es la siguiente»:

Oh, mira-Oh, mira-la señorita de la litera nupcial.
Oh, mira-Oh, mira-la señorita de la litera nupcial.
Combatieron los Beni Urriaguel,
combatieron con ellos los de Yebala,
los hombres de Habokuch,
con la gente de Tabuda.
Oh, capitán Huelva, tus soldados se han acabado.*
Oh, Chej Amar, «El León», en la puerta, allí murió.
Oh, el Monte Abarrán es la carcoma de los huesos,
el que en ti confía con el tiempo es engañado.
Te engañó Akarkach, El Hach Buiuzan.
(repetición del estribillo por dos veces)
Oh, el Monte Abarrán es la carcoma de los huesos.
Allí murió el jefe con el intérprete.
Allí murió el enemigo de Abderrahamán.

Mientras tanto, los muertos de Abarrán quedarían impávidos en la posición, pudriéndose sus cuerpos bajo el duro sol africano, y dándoseles después por desaparecidos.** Serían administrativamente unos privilegiados, ya que en aquel verano de 1921 se les consideró desaparecidos en acción de guerra y se les concedió los derechos de pensión a sus viudas de manera extraordinaria.*

El día 2 de junio, el coronel Morales, jefe de la Policía Indígena,le escribiría al teniente coronel Dávila:
«Amigo Dávila: oficiales capitán Huelva y alférez Luis Fernández de Policía, capitán Salafranca, tenientes Reyes y Camino y un moro de Regulares, y teniente Flomesta, de artillería, son los que quedaron en Abarrán: tengo aquí un total de 750 policías y unos 200 europeos, con lo que hay más que de sobra; de ganado tengo un exceso brutal, pues hay más de 300 cabezas. La posición quedó bien fortificada por tres partes, por la cuarta no, por considerar que, dado el terreno, no podía atacar por él el enemigo. Del relato de lo ocurrido nada le digo, porque ahí hay quien pueda dar todos los
detalles precisos. Es casi seguro que no hubo traición por parte de los Tensamán, ni hizo la razia de que han hablado, es decir, el intento de catar lo que estaba realizando la harka; esta ha arrastrado ya a la mayor parte de Tensamán, y a los Beni Tuzin, que han mandado gente para contribuir a ella: aquí había varios jefes de Beni Ulixek, de los que no espero nada mientras no nos vea más fuertes que la harka, y nada más le puedo decir, sino que se ve por todas partes mucho enemigo, y que aquí estamos animados del mejor espíritu.
Lo abraza su afectísimo amigo y compañero,Gabriel deMorales.»

Silvestre se encuentra en Melilla, son las seis de la tarde del día 1 de junio, acaba de llegar y no sabe nada de lo ocurrido. Y llama a Capablanca
para darle la enhorabuena por el feliz resultado de la operación.
Pero no está tranquilo, sabe que su orden de dejar las ametralladoras en Abarrán no se ha llevado a efecto. En ese momento Silvestre se retira y poco después Dávila se presenta a Capablanca, ya que ha llegado un primer telegrama en el que le informan de que se oye fuego intenso en Abarrán. Seguidamente, sin ni siquiera retirarse, llegó otro, el segundo, que leyó de inmediato y en el que se informaba de que el cañón de Abarrán disparaba a espoleta cero; es decir, sin utilizar los elementos de puntería propios de la artillería.* El desasosiego duró poco, pues recibieron un tercer telegrama «diciendo que estaban llegando algunos artilleros y soldados indígenas, algunos de ellos heridos procedentes de Abarrán, que había sido asaltada por el enemigo. Entonces exclamó el teniente coronel Dávila: “¡Se han comido la posición!”».
Había que informar al comandante general y al día siguiente lo harían ante Eza, resumiéndole todo lo sucedido.**

* Por norma, los soldados desaparecidos en combate hasta esa fecha no eran indemnizados para con ello evitar premiar a los desertores.
1º.- Los primeros desaparecidos y reconocidos en la indemnización fueron los pertenecientes a la circunscripción de Melilla. D. O. n.º 183, 19 de agosto de 1921.
2º.- Al personal del destacamento de Abarrán, se les hace el mismo reconocimiento aunque los hechos sucedieron un mes antes, en junio del 1921. Pero se le reconoció un año después. D. O n.º 167, de 30 de julio de 1922 y D. O. n.º 206; 11 de septiembre de 1922.
3º.- A partir de 1924, se hace extensivo a todas las demás reclamaciones que no pertenecían a la circunscripción de Melilla y se les había denegado. D. O. n.º 89; 8 de octubre de 1924.
4º.- Al final de la campaña, por Orden Circular, se ordena la revisión de todos los expedientes de pensiones denegados. O. C. 16-03-1929; D. O. n.º 61.

* Otras versiones de la canción dicen: «tus soldados se han dispersado».
** Solo se recuperarían dos: el de Salafranca, irreconocible, y el del cabo artillero Daniel Zárate.

* Por hablar claro, en espoleta a cero, como hemos dicho, el enemigo está tan cerca que se utiliza la artillería como si fuera un fusil. Evidentemente, al ir un proyectil de tanto calibre a ras de suelo el ruido es muy característico.

** El resumen de lo sucedido se enviaría desde Annual el día 2 a las 23.50 horas, y mediante un telegrama cifrado urgentísimo que llegaría hasta el ministro de la Guerra, el vizconde de Eza: «Personal y reservado. Ruego descifre V. E. Ampliando sus telegramas anteriores comandante general Melilla, me comunica desde Annual a las 23.50 de ayer lo siguiente: en posición Abarrán quedaron destacados capitán Salafranca, tenientes Reyes y Camino y un oficial moro de Regulares, capitán Huelva y alférez Fernández de la Policía, y teniente Flomesta de mixto de artillería.
Ataque a la posición fue iniciado a las 13.15, por crecido contingente apostado en las lomas situadas a unos mil seiscientos metros de occidente, y por el frente norte, haciendo el enemigo nutrido e interrumpido fuego y dos series de disparos de ametralladoras de unos cincuenta disparos cada una. Esta situación prolongándose hasta cerca de las diecisiete, en que el enemigo apareció rodeando la posición, presentándose súbitamente por frente oriental y lanzando olas de asalto que rechazó la artillería con espoleta cero, produciendo numerosas bajas que no fueron obstáculo a la reiteración del asalto por grupos que se renovaban seguidamente.
Muertos capitanes de la posición y mayoría oficiales habiendo logrado penetrar enemigo en posición; inutilizadas por artilleros tres piezas, evacuando
posición diseminados a causa falta mando por muerte oficialidad. Es cuanto de momento puedo informarle consecuente datos recogidos de personal presentado, faltando hasta ahora ocho artilleros, un soldado de ingenieros, y teniendo ocho heridos europeos y con contusiones otros doce europeos, aparte bajas indígenas.

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2016 02 02, 8:57
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco
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2016 02 02, 9:00
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Mensaje sin leer Re: " Morir en África " de Luis Miguel Francisco
Muy buen libro, sí señor.

Adquirí hace un par de semanas la edición digital y me está gustando bastante por su claridad y estructura cronológica.

Lo recomiendo al 100%


2016 07 28, 6:07
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