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La 250ª Division Azul 
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Batalla de Krasny Bor

fecha 10 de febrero de 1943
lugar Krásni Bor, un arrabal de Leningrado, reultado Victoria táctica de la Wehrmacht
Mando español General Emilio Esteban Infantes
Mando ruso General Vladimir Petrovich Sviridov]]
Tropas españolas 5.900 soldados
Tropas rusas 44.000 soldados, 100 tanques, 800 cañones de 187, baterías rusas con piezas de 203 y 124 mm, 2 batallones de morteros y Katyusha de 156 mm
bajas españolas 1.000 muertos, 1.500 heridos, 200 capturados
bajas rusas 11.000 muertos, 5.000 heridos

El 10 de febrero de 1943 se produce en los arrabales de Leningrado la batalla de Krasny Bor. Fue el más sangriento enfrentamiento en el que intervino la División Azul, 250ª Unidad de voluntarios españoles de la Wehrmacht, en la cual 5.900 voluntarios españoles equipados con armamento manual hicieron frente a 44.000 infantes soviéticos (4 divisiones) apoyados por gran cantidad de artillería y tanques. Se producen casi 4.000 bajas entre los españoles, pero se consigue detener el avance haciendo fracasar la ofensiva soviética y causando 16.000 bajas al Ejército Rojo.

Despliegue en el cerco de Leningrado
El 19 de agosto de 1942, El General Agustín Muñoz Grandes recibe instrucciones de trasladar a la División Azul para reforzar el cerco de Leningrado. Se encuadra ahora a la División Azul en el XXIVº Cuerpo de Ejércitos Norte, dentro del XXXIIIº Ejército, bajo el mando directo del Generaloberst Lindemann, desplegándose en un principio en los alrededores de Vyriza para reponer las bajas de los diezmados batallones. El 1 de septiembre de 1942 son trasladados a la línea del frente, y el 7 de septiembre relevan a la 121ª División, ocupando sus búnkers y posiciones a lo largo de 17 km en una línea que va desde Alexandrovka a Krasny Bor, a lo largo del ferrocarril Moscú a Leningrado.

El general Muñoz Grandes instala su puesto de mando en un palacete en Pokroskaia y revisa cuidadosamente su sector. Una llanura pantanosa que cruzan los ríos Slavianka e Ishora que van a desembocar al Neva; un tupido bosque que rodea las poblaciones ocupadas ahora por los soldados españoles. Un total de 14.600 voluntarios españoles quedan desplegados en el frente de Leningrado, aproximadamente un tercio del total de la División Azul es destinada a este frente.

Decide fortificar sus posiciones dada la proximidad del enemigo. El 2 de octubre, el general Muñoz Grande recibe la visita de Lindemann y Von Manstein, que le informan del retraso en el asalto a Leningrado «hasta nueva orden del Führer». Noche tras noche arrecian los bombardeos de la Luftwaffe sobre la ciudad. El 12 de diciembre, Muñoz Grandes recibe la comunicación oficial de su ascenso a Teniente General y con ella, la orden de entregar el mando de la División al General Emilio Esteban Infantes.

Los rusos inician la Operación Estrella Polar para poder dominar tanto la carretera como el ferrocarril que comunican Moscú con Leningrado pretenden quebrar el frente en el sector de unión entre españoles y alemanes, avanzando la 43ª División sobre la línea férrea, barriendo a la División Azul y abriendo una brecha hasta Krásni Bor. La eliminación del grueso de las fuerzas españolas quedaba a cargo de las divisiones 63ª y la 45ª.

La 72ª División forma el ala más occidental del ataque, con el objetivo de alcanzar las alturas de Putrolovo para desde allí alcanzar el río Ishora por su ala izquierda, mientras que la derecha, una vez sobrepasada la carretera, giraría hacia Krasny Bor envolviendo la segunda línea española. Una vez eliminada la resistencia avanzarían hacia el sur evitando las impenetrables masas boscosas y girando luego hacia el este para así romper el cerco de Leningrado en la conocida como Operación Arco Iris. Para ello en la madrugada del 10 de febrero contaban con más de 44.000 hombres.

A las 6:40 de la mañana del 10 de febrero de 1943 comienza un nutrido ataque de artillería soviético, no menos de 700 piezas sobre un frente de 5 km contra las líneas de la Division Azul. El fuego de artillería duró más de dos horas, y fueron disparados decenas de miles de proyectiles de artillería, con una cadencia aproximada de un disparo cada 10 segundos por cada pieza. Al cesar la artillería, comenzaron las pasadas de la aviación soviética.

Tras la preparación artillera para el ataque, cuatro divisiones soviéticas de infantería (las 43ª, 45ª, 63ª y 72ª), con un total de 44.000 hombres, apoyadas por el 31º y 46º Regimientos acorazados que comprendían casi 100 carros de combate entre KV-1 y T-34, dos batallones de cañones anticarro con piezas ZIS de 76 mm, la 35ª Brigada Motorizada y las 34ª y 250ª Brigadas de Esquiadores se lanzan, escalonadamente, contra las ya maltrechas líneas españolas que defendían un total de 5900 soldados, castigadas por la intensa y densa barrera artillera.

Los soviéticos, esperaban que el bombardeo de artillería hubiese destruido las posiciones enemigas, avanzando de frente sobre el sector del cerco defendido por los voluntarios españoles. El avance se produjo por cuatro líneas de penetración con una división en cada una, topándose con serias dificultades. El ataque de artillería había derretido la nieve, convirtiendo el campo de batalla en un barrizal, quedando empantanados los blindados. Los españoles, abrumados por la superioridad soviética, salen de sus agujeros e intentan reagrupar los restos de las unidades supervivientes, fortificando posiciones en los cráteres que han producido los obuses para hacer frente al ataque soviético.

A media mañana, los soviéticos habían perforado el frente por tres sitios, pero las debilitadas compañías de voluntarios españoles seguían resistiendo a duras penas, sin que la 4ª División SS Volkspolizei, pudiera auxiliarlas, pues debía aguantar para hacer frente a una previsible embestida rusa. Los voluntarios luchan hasta el final, sufriendo los estragos hechos por los francotiradores soviéticos que se cobran la vida de más de 121 hombres.

Con el objetivo de evitar el envolvimiento del resto de la División, se establece una posición defensiva paralela al [[río Ishora]] con tres centros de resistencia una vez estabilizado el frente el día 21 de febrero. Para ello se cruza el río, estableciendo una cabeza de puente. Se logra ocupar ''Staraia Misa'' en plena noche, siendo recuperada tras un fuerte ataque soviético.

Mantener la orilla occidental del Ishora cuesta una 30 bajas diarias (mi padre cabo de ametralladoras me conto esto mil veces, desde la fabrica de papel vio y participo en esta batalla) El último asalto se registró el 19 de marzo y costó 80 bajas más. Desde entonces la actividad va disminuyendo hasta quedar reducida a escaramuzas sin importancia.

Después del fracasado asalto soviético, el frente sólo retrocede 3 km en algún sector, pero el cerco sobre Leningrado no se rompe. El mando soviético ordenó a sus fuerzas pasar a la defensiva y el frente queda estabilizado por un año, fracasando la Operación Estrella Polar.

Se producen 2252 bajas españolas (1125 muertos, 91 desaparecidos y 1036 heridos) en un solo día. Otras 1000 se sumaron en los días posteriores, pero se logra detener el avance haciendo fracasar la ofensiva soviética y produciendo unas 11.000 bajas al Ejército Rojo. Cerca de 300 españoles cayeron prisioneros.

Detalle de las acciones por sector
Sector Ferrocarril a Moscú
* La 63ª División de la Guardia Roja, avanza sobre el sector oriental, con los Regimientos 269°, 270° y 342° apoyados por 40 carros de combate.

* La 2ª Compañía de la División Azul ''Einheit spanischer Freiwilliger'' queda aislada por el ataque, la Compañía de Esquiadores que acude en su ayuda es destrozada por la artillería. Los restos se acogen a la 5ª División de Montaña alemana que se retira en su flanco derecho.

* La 1ª Compañía de la ''250ª División'' fue sacada de las trincheras con lanzallamas.

* Mueren todos los oficiales de la 3ª Compañía de la ''250ª División'', y su capitán Manuel Ruiz de Huidobro Alzurena, es propuesto para la Laureada de San Fernando. Al mando de la 3ª compañía del primer batallón del 262° regimiento, Medalla Militar individual en la guerra civil, mantiene su posición frente a un masivo asalto soviético durante la batalla de Krasny Bor. Causa enormes bajas al enemigo, llega a ordenar fuego de artillería sobre su propia posición, y muere de una ráfaga en el pecho mientras hace fuego sobre el enemigo.

* El Comandante Rubio defiende el puesto de mando, acoge a los fugitivos y se retira con ellos a Popovka.

Sector Krasny Bor
* Ataque de la 45ª División de Infantería soviética, con los Regimientos 65° y 708°, apoyada por 15 carros de combate.

* La 5ª Compañía resiste siendo atacada con aviones en vuelo rasante, acabadas las municiones y tras combate al arma blanca, a las cinco de la tarde el Capitan Teodoro Palacios Cueto, Teniente Castillo, 14 combatientes y 21 heridos caen prisioneros.

* La 6ª Compañía, envuelta por el sur por los carros de combate, es destruida.

* La 7ª Compañía de la retrocede junto con la 8ª Compañía de ametralladoras frenando con su resistencia la velocidad del ataque.

Sector Carretera Moscú-Leningrado
* Ataca la 72ª División de infantería soviética, con los Regimientos 14° y 133°, apoyada por carros de combate.

* La 3ª Compañía rechaza varios ataques, al tercero solo quedan 37 hombres y al anochecer el Caìtan Oroquieta y 13 hombres caen prisioneros.

* La 2ª Compañía es atacada por el centro pero logra replegarse al río Ishora, reforzada por la 1ª Compañía contraataca para recuperar la posición. Intenta un nuevo contraataque retirándose al puesto de mando del Grupo Antitanque [Federico de la Cruz Lacaci].

Radio Moscú y la Agencia de Telégrafos de la Unión Soviética anunciaron al mundo la toma de Krasny Bor. La BBC anunció la consecuencia lógica: la destrucción de la División Azul, presentándola al mundo como una derrota española. En Madrid, el gobierno cursó una petición de informes a la embajada. El 27 de febrero Radio Berlín relata la batalla.
A día de hoy, la acción heroica de la División Azul conforma la última gran hazaña del ejército español a lo largo de la Historia.

Despliegue de tropas en el Frente de Leningrado
Unión Soviética
'''55º Ejército Soviético''', 150 000 soldados — General V. P. Sviridov
* 43ª División de infantería
* 46ª División de infantería
* 56ª División de infantería
* 72ª División de infantería
** 14º Regimiento de infantería
** 133º Regimiento de infantería
** 141º Regimiento de infantería
** 9º Regimiento de artillería
* 131ª División de infantería
* 268ª División de infantería
* 45ª División de Guardias fusileros
* 63ª División de Guardias fusileros
* 56ª Brigada de fusiles
* 250ª Brigada de fusiles
* 122ª Brigada acorazada
* 31º Regimiento acorazado
* 34ª Brigada de esquiadores
* 35ª Brigada de esquiadores
* 187 baterías de artillería de todos los calibres en formaciones artilleras independientes
* 2 Batallones independientes de morteros y lanzacohetes
* 2 Batallones independientes contra carros equipados con cañones antitanque de 76,2 mm

Alemania
Cuerpo de Ejércitos Norte, XVIII Ejército
50º Cuerpo alemán — General Kleffel
* Elementos de la División Azul (''250ª División de Infantería''), 4500 soldados — General Emilio Esteban Infantes
** 250º Batallón de reemplazo
** 262º Regimiento (3 batallones)
*** Compañía de esquiadores
** 250º Batallón de Reconocimiento
** 1º Batallón de Artillería (3 baterías) con cañones de 10,5 cm
** Una batería del 3º Batallón de Artillería con cañones de 10,5 cm
** Una batería del 4º Batallón de Artillería con cañones de 10,5 cm
** 250º Batallón antitanque con cañones contracarro de 37 mm Pak36
** Grupo de zapadores de asalto
** Una compañía independiente de cañones antitanque con cañones contracarro de 75 mm [[Pak40]]
* 4° División SS Volkspolizei
* 212º Grupo de combate de la división de infantería
* 215º Grupo de combate de la división de infantería
* Grupos de combate de las 11ª, 21ª, 227ª divisiones de infantería
* Legión voluntaria de las SS ''Flandes'' (2 compañías)
* Legión voluntaria de las SS ''Lituania'' (2 compañías)

Bibliografía
* ''Lucharon en Krasny Bor (I)'', por Fernando Vadillo.
* ''Lucharon en Krasny Bor (II)'', por Fernando Vadillo.
* ''Arrabales de Leningrado (I)'', por Fernando Vadillo.
* ''Arrabales de Leningrado (II''), por Fernando Vadillo.
* ''Morir en Rusia'', por Carlos Caballero Jurado.
* ''Artillería en la División Azul (Krasny Bor)'', por el Capitán Antonio de Andrés y Andrés.


http://memoriablau.foros.ws/


2012 02 06, 12:27
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Formacion de los Españoles en Rusia.

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Evidentemente nuestros divisionarios cruzaron el Wolchov de diferente manera a la que lo hicieron
estos alemanes en el río Mosa en 1940

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Una foto muy poco usual, más que nada porque es muy difícil encontrar voluntarios españoles y franceses juntos. Cuando tan
siquiera coincidieron en el frente.
Esta tomada en Smolensko.
Los españoles pertenecen al contingente de personal sanitario español que debía constituir el Hospital de Evacuación español.
Como se suponia que la DA iba a tomar parte en el ataque a Moscu se había decidido ubicar el Hospital de Evacuacion alli.
El personal de este Hospital salió de España bastante después que el contingente de la DA y no coincidió en Grafenwohr con el
resto de los guripas. Cuando salieron hacia el sector de operaciones, se les envió por via ferrea hasta Smolensko (hacia donde
aun caminaba la DA). Pero como la DA fue finalmente a Novgorod, ese nucleo de personal español fue finalmente enviado desde
Smolensko hacia Porjov, primera ubicación del Hospital de Evacuación hispano.
En cuanto a sus compañeros de armas franceses, la Legion de Voluntarios Francesa, aunque en teoría debía haber alcanzado el
nivel de Regimiento reforzado (tres Batallones, las compañías independientes y un Grupo de artillería), en la practica estaba muy
por debajo: solo dos Batallones. Por ello pudo ser enviado tambien por ferrocarril hasta Smolensko (desde alli y hasta el frente
donde entraron en linea en diciembre, fueron a pie, en condiciones bastante temibles). Por eso los voluntarios franceses y los
sanitarios españoles coincidieron fugazmente en Smolensko, como nos muestra la foto.


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2012 02 07, 12:36
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Restos del II/269 a su vuelta en Enero de 1943 de los combates en el sector de Mga
(Posselok nº7 para ser exactos).

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A pesar de la dureza de las condiciones climáticas, estos soldados regresan del frente cantando.

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Quien sabe si era el padre de Carlos Arguiñano,
que consta que estuvo en la División,
el que preparaba este menú rico-rico.

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Diversidad de uniformes miméticos llevados por los españoles, muchos de ellos se asemejan a los
que llevaban los miembros de las Waffen SS.

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voluntarios heridos esperando ser trasladados al hospital.


2012 02 07, 2:13
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2012 02 07, 2:29
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La saga de la Compañía de Esquiadores en su esfuerzo por socorrer Vsvad figura entre los episodios heroicos que se han registrado en cualquiera de los bandos contendientes durante la Segunda Guerra Mundial. Solos, una isla española en un mar de extranjeros, estos bravos lucharon, murieron y ganaron un lugar inmortal en la historia.

A continuación se presenta la crónica resumida de los documentos aportados por el ex combatiente, periodista e historiador Fernando Vadillo y los profesores de Historia Gerald R. Kleinfeld y Lewis A. Tambs.


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En la guerra de invierno (enero-febrero) de 1942, las líneas del frente no se hallaban perfectamente delimitadas; incluso en algunos sectores se carecía de línea. Las unidades alemanas eran aisladas y rodeadas por las tropas soviéticas.

Una pequeña unidad alemana perteneciente a la 290.ª División defendía Vsvad, población situada en la desembocadura del río Lovat, al sur del lago Ilmen. El capitán Pröhl, jefe de la Sección de Cazadores Antitanques, estaba al mando de los 543 hombres que componían la guarnición, restos del 290.º Batallón Divisionario de Anticarros y de otras unidades que pudieron refugiarse en Vsvad al ser copados sus puestos por el avance enemigo.

La mañana del jueves 8 de enero de 1942, el destacamento de Vsvad lucha por sobrevivir sin que el X Cuerpo de Ejército alemán pueda enviar una expedición de socorro. La petición de ayuda se traslada al 16.º Ejército, embebidas sus fuerzas en la batalla de Staraia Russa. El alto mando alemán quiere encontrar una unidad disponible para enviarla a Vsvad y recuerda el reconocimiento español en el hielo del lago Ilmen.

En el Cuartel General de la 250.ª División (Spanische División 250, la División Española de Voluntarios), sito en Grigorovo, se estudian los mapas de la zona. Vsvad se sitúa a una treintena de kilómetros del límite meridional del sector adjudicado a la División Azul. La orden es clara: hay que liberar a la guarnición sitiada. El Cuerpo de Ejército carece de reservas, sólo queda lo que pueda disponer el mando español. En la Comandancia del Grupo de Exploración y Explotación 250, situada en Staraia Rakoma, la Plana Mayor intuye lo que se avecina.

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Patrullas y destacamentos enemigos, dotados de esquíes, patines y raquetas, venían atacando con frecuencia y por sorpresa a lo largo de la costa del Ilmen, numerosos puestos de vigilancia y posiciones aisladas españolas. Los soviéticos, envueltos en blancos blusones de camuflaje, surgían de las tinieblas de la noche deslizándose velozmente por la superficie helada del lago, disparaban sus naranjeros y sus ametralladoras Maxim, emplazadas en ligeros trineos de mano, y desaparecían cual fantasmas en dirección Este, dejando atrás unos cuantos cadáveres, unas isbas incendiadas o unos búnkeres volados.

Para repeler estos ataques e impedir la infiltración de fuerzas enemigas por las zonas desguarnecidas o desenfiladas del subsector, mandado por el comandante Ángel Sánchez del Águila, jefe de los exploradores, el general Muñoz Grandes ordenó la formación de la Compañía de Esquiadores al teniente José Otero de Arce. La Comandancia se estableció en el poblado de Babky y la misión de los esquiadores era la de patrullar continuamente por el borde del lago cubriendo un frente de ocho kilómetros, distancia comprendida entre el norte de Babky y el sur de Spasspiskopez. La División Azul iba a contar con una unidad móvil capaz de acudir con rapidez al lugar donde se la requiriera.

Los españoles tampoco cuentan con reservas; el Regimiento 269.º está muy mermado de efectivos, el 262.º defiende Novgorod y el 263.º se extiende por todo el frente que corresponde a la División.

Alguien sugiere que pueden disponer del grupo de esquiadores.

La Compañía de Esquiadores tiene su puesto de mando en Samokrazha, una fuerza mixta de aproximadamente dos centenares de hombres al mando del capitán José Manuel Ordás Rodríguez.

La fuerza recibe orden de trasladarse a Spasspiskopez.

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Un viento ululante que soplaba por la despejada amplitud del lago Ilmen y arrastraba la nieve en remolinos, envolvía la desvencijada isba (cabaña, vivienda rural de madera) que servía de caseta de radio a la Compañía de Esquiadores. El radio Varela escucha la voz que le indica: "La División al teléfono". Tras unas cuantas frases, Varela sale corriendo afuera y busca al comandante Sánchez del Águila; una vez de vuelta a la emisora, coge el receptor.

Finalizada la conversación despliega un mapa sobre la mesa de madera de abedul. En la parte superior, a la izquierda, figura la escala: 1:100.000; en el centro un nombre: Novgorod; a la derecha los cartógrafos de Estado Mayor han escrito: Blatt Nr. 0-36 VII Ost. El comandante localiza la posición de Vsvad, a treinta kilómetros en línea recta de donde se encuentra.

El general Agustín Muñoz Grandes había depositado su confianza en la Compañía de Esquiadores, dijo a sus oficiales. Debían disponerse a partir a la mañana siguiente, en diagonal atravesando el lago, lo más rápido que el tiempo y la orografía permitieran. El cálculo del capitán era de ocho horas de origen a destino, no obstante consideró llevar provisiones para tres días. Nueve fusiles automáticos proporcionarían una potencia de fuego extra. Todos los reunidos comprendieron que se trataba de una gesta heroica (así figura en la Hoja de Campaña, del 17 de febrero de 1942, p. 2).

Spasspiskopez era una aldea batida por el viento gélido del Ilmen de día, con 30º bajo cero si luce el Sol, y de noche, con 55.

El sábado 10 de enero el termómetro se mantenía en los 32 grados negativos. Era el sábado 10 de enero cuando los 206 hombres de la Compañía formaron con su indumentaria blanca de camuflaje. El viento, incesante y mordedor, les arroja nieve a la cara.

La columna de hombres, caballos, carruajes y el trineo ambulancia estaba dispuesta para partir. Los soldados, españoles, y los conductores, rusos aldeanos que acompañaban a sus cabalgaduras y enseres, habían cargado la impedimenta, las cajas de munición, las granadas de mano, las mantas, los sacos de víveres, los trípodes antiaéreos para fusil individual y ametrallador. A cada Pelotón se le había asignado un trineo y los trineos transportaban los cinco fusiles ametralladores procedentes del Batallón de Depósito 250, el famoso, heroico y diezmado Batallón de la Tía Bernarda; así como las bengalas de paracaídas de seda y el resto de la dotación. Dadas las condiciones climáticas y la orografía, nadie creía que la distancia fuera a cubrirse en las posibles ocho horas que se barajaban.

De la Comandancia sale el capitán Ordás a quien el teniente Otero de Arce, al frente de sus 154 esquiadores da la novedad.

Forman seis Secciones de la Compañía Divisionaria de Esquiadores 250, mandadas por los tenientes Vicente Castañer Enseñat, Antonio García Porta y Jacinto del Val, y los alféreces Germán Bernabéu del Amo, Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. Forma el personal de la Plana Mayor del teniente José Otero de Arce, jefe de la Compañía, compuesto de un sargento, tres cabos y doce soldados. A estas tropas se habían agregado tres tenientes, un sargento y tres guripas del Grupo de Exploración; los tenientes eran Bernardino Domínguez Díaz, jefe de la unidad, Pedro Sánchez Bejarano, médico, y el intérprete Constantino Alejandrovich, un ruso blanco que había combatido en La Legión durante la pasada guerra española y que había cruzado el Ilmen anteriormente en misiones de enlace, y los también intérpretes Willie Klein y Michael Schumacher, de la Wehrmacht. Otras fuerzas agregadas eran las del Batallón de Depósito 250: un cabo y once soldados, y las del Grupo de Veterinaria: siete soldados. Más los dos sargentos, los dos cabos y los cinco guripas de la Plana Mayor de la 5.ª Compañía Divisionaria de Antitanques cuyo jefe, el capitán Ordás —considerado un héroe entre sus hombres por sus méritos en las contiendas del protectorado marroquí y en la reciente guerra civil— se trajo consigo al hacerse cargo del mando de la agrupación de fuerzas que se dispone a partir hacia Vsvad.

Muñoz Grandes había enviado a su ayudante, el capitán de Corbeta Manuel Mora Figueroa, a desearles buen viaje. "Vais a liberar a un batallón de camaradas alemanes", dijo Mora Figueroa. "Cruzaréis el lago. La marcha será corta pero dura. Os enfrentaréis a fuerzas soviéticas superiores en número. Si alguno de vosotros está enfermo que lo diga ahora."

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El capitán Ordás dio la orden de partida. Los guías que señalaban la dirección de marcha, Miguel Piernavieja y Marcos García, comprueban que al llegar a la orilla del lago la temperatura es de 56º bajo cero.

Las penalidades eran continuas. El trineo ambulancia ya no puede acoger más congelados y exhaustos. El capitán Ordás cuenta las bajas y ordena que de se habilite otro trineo para el transporte a origen de los heridos y agonizantes.

"Cortando por ahí —señala con su bastón— alcanzaréis la costa entre las aldeas de Jerunovo y Jamok, junto a la desembocadura del río Veriasha. Debemos estar a su altura, poco más o menos. De allí subiréis por tierra hasta Spasspiskopez. ¡Ah, y decid a los nuestros que seguimos adelante!

La Compañía de Esquiadores prosigue la penosísima marcha. El teniente Castañer y el sargento Cayetano Montaña animan a la tropa: "¡Vamos, chavales, que esto es una juerga!"

El lago es una llanura tortuosa y abrupta en el centro, con altos acantilados cerrando el paso de la columna, con anchas fisuras obstruyendo la marcha de hombres, caballos y trineos. Tampoco era una losa compacta; debajo de la plancha de hielo se movían las aguas atrapadas y la presión de su oculta corriente era la que había resquebrajado la losa de vidrio, abriendo las grietas y elevando barricadas de acceso imposible. En los ventisqueros, los caballos se sumergen en la nieve por encima de los corvejones y los guripas se hunden hasta la cintura. La nieve errante, zarandeada por el viento, se acumula en los hoyos y las quebraduras.

El teniente médico del Grupo de Exploración y Explotación250, Pedro Sánchez Bejarano, recorría la columna recomendando a los soldados que procuraran respirar solamente por la nariz.

El sargento telegrafista informa al capitán Ordás que se ha estropeado la radio.

A la vanguardia de la columna sigue la 1.ª Sección de la Compañía de Esquiadores, mandada por el teniente Otero de Arce. El plan previsto al comenzar la marcha fue que las Secciones se relevaran cada cierto tiempo en la cabeza; pero al tropezar con las primeras barreras y fisuras, la línea recta que hasta entonces formaba la columna se hizo un ovillo, y la necesidad de bordear los obstáculos en busca de accesos acabó por desorganizar el orden inicial del avance.

El teniente Castañer dice: "Ya falta poco, muchachos." Los oficiales mienten a sabiendas. Y añaden: "¡Esto es una juerga para nosotros!"

El viento cargado de nieve pincha como agujas y empuja y derriba.

La radio ha vuelto a funcionar. A mediodía el Sol consigue rasgar la niebla pero no luce ni calienta.

Los taludes del lago alcanzan una altura de dos metros, las grietas se ensanchan y las simas son más negras y profundas.

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El capitán Ordás ordena al sargento de Transmisiones que cada media hora comunique con el Cuartel General de Grigorovo. Pero el aparato TSH falla de nuevo. No hay manera de arreglarlo. "Tome el trineo y regrese a Spasspiskopez", ordena el capitán Ordás al sargento Varela. "Que le den un aparato nuevo y regrese inmediatamente."

Otras cinco bajas por congelación que son subidas a un trineo y puestas en camino de regreso.

El movimiento de la columna se entorpece, han de extremarse las precauciones y las medidas de seguridad. Se camina a rito de un kilómetro por hora y no se puede alzar la voz para evitar aludes y porque el enemigo puede estar al acecho.

Sobreviene el crepúsculo. Los sanitarios no dan abasto entablillando brazos y piernas, aplicando compresas de algodón hidrófilo, repartiendo sorbos de brandy, friccionando pies, manos y orejas y cargando en los trineos los cuerpos atacados por las dentelladas del frío. Las caballerías sufren como las personas.

A las cinco de la tarde es noche cerrada. No se ve más allá del hombre que va delante; si no fuese por el hilacho de luz rojiza de las linternas de los sargentos cualquiera creería estar solo en mitad del lago. Una sima se traga un trineo, incluido el caballo y la carga.

Los soldados pierden la noción del tiempo y el espacio; se insensibilizan los cerebros, se adormecen las ideas, se endurecen los pies, se acorchan las manos. Hasta que un grito despierta del falso sueño: "¡Alto! ¿Quién vive?" Es la voz del centinela de retaguardia. Responde el retornado: "¡España! ¡El sargento de Transmisiones!

El capitán Ordás ordena la comunicación con la División y ahora es posible.

10 de enero. Nueve y media de la noche. Muñoz Grandes a Ordás: "La guarnición de Vsvad se sostiene valientemente. Es absolutamente necesario socorrerlos. El honor de España y el espíritu de la fraternidad de nuestro pueblo lo exigen. Todos estamos pendientes de los heroicos soldados de Ordás. Ánimo, tenéis la gloria en vuestras manos. Atacad resueltamente. ¡Arriba España!"

Respuesta: "Capitán Ordás a general Muñoz Grandes. Atacaremos. ¡Arriba España!"

La brújula ha vuelto a estropearse. La columna avanza sin rumbo y es muy probable que éste derive equivocado durante las últimas horas. Por lo que la columna que progresa trazando enormes curvas y hasta círculos en su afán de hallar accesos entre los altos taludes de hielo, corre el riesgo de ir a parar a territorio enemigo.

Los soldados españoles deben seguir avanzando entre riscos y barrancales de cristal, dunas y ventisqueros. Aún deberán marchar horas y más horas con la nieve a la cintura, tropezando con nuevos parapetos de hielo que tienen que bordear, soslayando además gruesos troncos de abedul arrastrados desde la orilla y apresados entre brazadas de maleza, arbustos, lianas y tierra de aluvión. Siguen perdiéndose trineos y caballos succionados en las quebraduras del hielo y arrastrados por la corriente interior. Y continúan desertando los conductores de los carruajes al embozo de las tinieblas.

El teniente Otero de Arce da orden de alto; ordena a su asistente, Ángel Marcos Rivero, que enlace deprisa con la 1.º Sección: "Dile al teniente Castañer que envío un par de patrullas para explorar el terreno y establecer contacto con el enemigo."

El teniente Castañer los ve partir hacia el Sur; seis hombres por un lado, cuatro por el otro. El primer grupo va encabezado por Mariano Sánchez Covisa; el segundo, Ramón Valentí Abadía.

Sánchez Covisa emprende la descubierta en solitario una vez llegado su grupo cerca de la orilla; gana la altura y se arrastra unos metros en lo que ya se supone tierra firme, aunque todo es hielo y nieve. Ve unas isbas y hacia ellas se dirige reptando. Percibe voces humanas, hablando en alemán. Puede ser una trampa. Pero tiene que actuar; empuña una granada de mano y carga contra la puerta que cede con estrépito. Da el alto en alemán y observa con máxima tensión el terror reflejado en los rostros de los tres ocupantes que ha provocado su inesperada irrupción.

Pronuncia con urgencia: "Kameraden." Baja el brazo que sostiene la granada y continúa: "¡Spanien, Spanien! ¡Spanien, Kameraden! ¡Blaue Division!"

Los tres soldados alemanes creen ver visiones. Se aproximan a Covisa con recelo: "¿Spanien?"

No dan crédito a sus ojos. Piensan que ha llegado un fantasma.

Son elementos de la 81.ª División.

El asistente Marcos García García informa al teniente Castañer que han contactado con soldados alemanes destacados en la aldea de la orilla, Ustrika se llama. Eso significa que la columna se ha desviado considerablemente de la ruta prevista. Brumas, ventisca, acantilados, fisuras, ventisqueros y el fallo de las brújulas hacían sospechar este resultado.

Hay que seguir, ordena el capitán Ordás. Y cada hombre carga la atrocidad de cuarenta y cinco kilos para compensar las bajas y las pérdidas; a la espalda y al hombro, arrastrando los pies, encorvados, soportan el peso del macuto, el fusil, el municionamiento y los bultos compartidos.

"¡Hale, hale, muchachos, que ya estamos llegando!"

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La columna penosamente llega a Ustrika, guarnecida por elementos de la 290.ª División Motorizada del Norte de Alemania. Ha finalizado la travesía del lago. Ahora hay que ir a Vsvad a socorrer a los cercados.

Un descaso para la tropa en Ustrika. El capitán Ordás y el teniente Otero de Arce dictan al sargento de Transmisiones un mensaje: "11-1-1942. 10'10 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes. Después de atravesar seis enormes barreras de hielo y grietas con agua a la cintura hemos llegado a Ustrika. A causa del frío, radio y brújulas averiadas. Tenemos ciento dos congelados, de ellos dieciocho muy graves. En las simas del lago hemos perdido varios trineos. Espíritu elevadísimo."

Respuesta: "11-1-1942. 10'30 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás. Conozco vuestro esfuerzo durante la penosísima marcha que habéis realizado. Si la suerte no os acompañó en el logro total de vuestro propósito no fue vuestra culpa. La guarnición de Vsvad sigue defendiéndose valientemente y hay que socorrerla cueste lo que cueste, aunque queden todos los nuestros sobre el hielo, aunque sólo sobrevivan unos pocos, incluso tú solo. Seguid adelante hasta morir. Todo por el heroísmo de los defensores de Vsvad. O se les salva o hay que morir con ellos. En nombre de la Patria, gracias; y no desfalleced. Confío en vosotros".

La Compañía de Esquiadores queda temporalmente adscrita, sin perder su autonomía ni su dependencia superior a la División Azul, al Grupo Lüer de la 290.ª División de la Wehrmacht.

Tras el breve reposo en Ustrika, los españoles prosiguen su avance por la orilla del congelado Ilmen hacia Vsvad, queriendo despejar el camino por el que habrán de volver con los liberados alemanes, ocupando en primer lugar la aldea de Sadneie Pole: "¡Adelante, muchachos. Estamos llegando!"

Mensaje al Cuartel General español: "Hemos ocupado Sadneie Pole y han salido patrullas de reconocimiento en dirección a Pagost Ushin y Dubrovo."

Los españoles han progresado seis kilómetros por tierra firme; les quedan catorce para enlazar con los alemanes de Vsvad.

El día 14, miércoles y nevando, los españoles abandonaban Sadneie Pole con otras veintiocho bajas en el recuento de efectivos desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen por heridas y congelaciones. La unidad quedaba limitada a setenta y seis hombres, un tercio de los iniciales.

Comunica el capitán Ordás por radio: "Empujamos para liberar Vsvad."

El objetivo era la ocupación de Dubrovo y Pagost Ushin, dos aldeas de pescadores, manteniendo ambas posiciones hasta nueva orden. A las diez de la mañana se ocupaba la primera localidad y una hora después entraban en la segunda.

Al anochecer, el capitán Ordás preguntó al sargento médico Santiago Cifuentes Langa por el número de hombres útiles: "Cincuenta y ocho, mi capitán." Había sido una jornada muy dura.

El frío acuchillaba las insuficientemente arropadas carnes de los centinelas españoles apostados en los pozos de tirador, abiertos a golpes de pico y pala junto a las isbas extremas del poblado de Schischimorovo. La exigua tropa, que era el segundo grupo que partía de Sadneie Pole, hubo de recorrer a paso de carga los seis kilómetros entre la citada población y Schischimorovo, el destino de la jornada; cuatro horas de marcha terrible con la nieve a la cintura, cuarenta grados bajo cero y cuarenta y cinco kilos de impedimenta a la espalda.

A las 13 horas reporta Ordás: "Hemos tomado Shishimorovo. Nuestra guarnición de allí... reforzada por alemanes y letones."

Un paseo que sumaba la ocupación de media docena de aldeas: Borissovo, Novoie Borissovo, Volkovizy, Vereskovo, Penikovo y Schischimorovo, el cruce del cauce congelado de dos ríos y la toma de un molino de viento.

Los centinelas —Emiliano Rodríguez Cecilia uno de ellos— avistaron unas siluetas de blanco camuflaje y abrieron fuego, respondido inmediatamente.

"¡Duro con ellos!" Por primera vez desde la llegada de los divisionarios españoles a la orilla meridional del Ilmen tronaba el viejo grito de combate: "¡Arriba España!"

A las once y media de la noche el enemigo se retiraba a sus posiciones de partida, deslizándose sobre sus esquíes.

14-1-1942. 23'30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Guarnición de Schischimorovo ha sido atacada por esquiadores soviéticos, que se han retirado después de pequeño combate. Prisioneros cogidos declaran que en el sector comprendido entre Bolshoye Utschno y Maloye Utschno se encuentran tres mil esquiadores siberianos."

Nevaba en Grigorovo, sede del Cuartel General de la División Española de Voluntarios cuando se recibió el siguiente parte.

15-1-1942. 5'45 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Llamado urgentemente por el jefe del sector, éste me comunica haber recibido la orden de liberar Vsvad. Posteriormente, por orden expresa del Führer, queda sin efecto la primera, siendo la propia guarnición de Vsvad la que deberá la que deberá romper el cerco y retirarse en la dirección más favorable. Apoyándome en la buena disposición de mis fuerzas y su elevadísima moral, rogué se me concediera el honor de ayudar a Vsvad. Consultado el general alemán, aceptó el ruego."

El general Muñoz Grandes dictó la respuesta a las 8'40 horas. "General a capitán Ordás: Confío en vuestra pericia, en vuestro valor y en Dios. ¡Arriba España!"

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16-1-1942. 18'50 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Mañana avanzaremos."

A las diez de la mañana del 17 de enero el teniente García Porta ordena: "¡Atención! ¡Firmes!"

Aparecía una débil luminosidad por la parte del río Polisti cuando el teniente Otero de Arce se ajustó las manoplas, alzó el brazo y exclamó: "¡Arreando!"

Los supervivientes de la Compañía de Esquiadores 250, una cuarta parte de sus efectivos iniciales, se pusieron en movimiento hacia el Sureste. Con ellos iba un refuerzo de 40 soldados letones pertenecientes a la 81.ª División de Infantería de la Wehrmacht.

A los tres kilómetros de dura marcha, como la de días precedentes desde la llegada a la ribera meridional del Ilmen, tres aviones soviéticos en formación de cuña sobrevolaron la columna en dirección a Vsvad, que había rebasado las aldeas de Novoye Ushin, Krassnaya Niva y enfilaban la de Starayi Ushin. El destino era Maloye Utschno.

"¡Hala, muchachos, de prisa!", animan los oficiales.

Los guripas tropezaban entre sí, resbalaban en los montículos barridos de nieve por la ventisca y en los surcos trazados por los patines de los trineos que les precedían. Resbalaban, caían y se incorporaban mascullando imprecaciones. Y seguían andando, paso a paso, maquinalmente, ajenos ya al tronar de la Artillería, al silbido fluctuante de los obuses y a los resplandores que brotaban al fondo de la tundra.

La columna penetra en Maloye Utschno sobre cuya única calleja, formada por una doble hilera de cabañas, confluyen dos caminos carreteros; uno se alarga en dirección Suroeste, hacia Vereskovo, y otro se prolonga hacia el Sur, siguiendo la marcha de la tropa.

Continúa la marcha y al mediodía, a medio kilómetro de Maloye Utschno, la columna atraviesa la aldea de Bolshoye Utschno, donde convergen otros dos caminos vecinales.

El camino de marcha desciende hasta el fondo de una suave vaguada. La columna cruza un puente de rollizos sobre el lecho cristalizado del río Tschernez. Después, a trescientos metros, y aunque la ventisca emborrona el paisaje, está la aldea de Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce dispone que sus oficiales adopten las precauciones oportunas para evitar un ataque por sorpresa. O un recibimiento con música, como acostumbran decir los guripas, con la sarcástica fatalidad que les caracteriza.

La música de ametralladoras y granadas empezó a sonar en cuanto a los treinta y seis españoles que formaban la vanguardia asomaron sus cabezas por encima del ribazo derecho del Tschernez.

—¡Desplegarse! ¡Desplegarse! —ordenaba el teniente Otero de Arce a la vez que disparaba su pistola ametralladora-. ¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!

Tabletea el fusil ametrallador de 7'92, de largo alcance y cadencia de 300 disparos por minuto, del sargento Cayetano Montaña y del cabo Manuel Muñoz Simón.

—¡Al asalto, muchachos! —vocifera el teniente Otero de Arce.

El enemigo es superior en hombres y armas y está ventajosamente situado sobre la loma y a resguardo de las isbas.

—¡Al asalto! ¡Duro con ellos! ¡Arriba España!

Los guripas, entre ellos el sargento José Sánchez Escudero, de la 6.ª Sección, y los soldados Ángel Gonzalvo González y José Martín Martín, se despliegan en abanico para atenazar la aldea por sus extremos.

—¡Al asalto! ¡Armad las bayonetas!

Entre el fuego y los aludes de nieve y tierra, los españoles avanzan lanzando su famoso grito de guerra: ¡Arriba España!, al que los soviéticos replican con su escalofriante y triple exclamación: ¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

Blandiendo sus fusiles, lanzando las granadas, los españoles desalojan a los soviéticos de las chozas y ocupan Shiloy Tschernez.

—¡Duro con ellos! ¡Perseguidles!

El enemigo se retira hacia el Sur, arrastrando a sus heridos y abandonando a sus muertos.

Pero no todos los heridos fueron acompañados a retaguardia. El soldado Antonio Moya descubrió a cuatro en una de las viviendas situadas a la salida de la aldea.

—¡Alto! —chilló.

Los cuerpos tendidos en el suelo sobre unos haces de paja alzaron los brazos por encima de sus rostros espantados.

—¡Ranieiye! ¡Niet komunisty! —explica uno de ellos.

Curados en primera instancia en la misma choza —Spasiba— fueron trasladados con los heridos españoles a los trineos-ambulancia.

—¿Ubiósh meñá?

—Nosotros no rematamos a los heridos.

No tardó en llegar el contraataque, avanzando la tropa de asalto en medio del temporal de nieve.

—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

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Los esquiadores rechazaban el contraataque soviético a Shiloy Tschernez. El teniente Otero de Arce ordena que dos escuadras de fusileros salgan en persecución del enemigo por la carretera que conduce a Penikovo.

Ahí van José Sánchez Escudero, Joaquín Escosa, Jorge Hernández Bravo y Virgilio Hernández Rivadulla, entre los doce, con el teniente jefe de la 1.ª Sección Vicente Castañer. Pronto caerá la noche y han de establecer contacto con los esquiadores soviéticos apostados en la aldea de Penikovo y desalojarlos.

—¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!

Tableteaban las ametralladoras de 7'62 milímetros de la defensa soviética.

—¡Cubrirse, muchachos! ¡Fuego, fuego, fuego!

Carreras, caídas, disparos sueltos.

—¡Desplegarse! ¡Desplegarse!

Los españoles corrían, saltaban lateralmente apartándose del camino vecinal enfilado por las ametralladoras ligeras Degtyarev RPD y se arrojaban de bruces en la nieve.

El teniente reagrupó a sus hombres y ordenó el ataque. Había que aprovechar la ventaja de la sorpresa, impedir que el enemigo se rehiciera de ella y sacar partido del efecto psicológico antes de que tomaran conciencia los soviéticos que la tropa asaltante era mínima y agotada. Habían cubierto siete kilómetros y ocupado cinco aldeas esa jornada terrorífica; faltaba la sexta, Penikovo. Pero no pudo ser.

—¡Al asalto!

La ametralladora pesada emplazada en la torre de la ermita de Penikovo frenó a los españoles y dio tiempo no sólo a reorganizar a los huidos sino a ser reforzados con efectivos nuevos y abundantes que galopaban desde el invisible Sur.

Los españoles retrocedieron mal que bien hasta Shiloy Tschernez conteniendo como podían el embiste de los soviéticos.

Comienza un repliegue escalonado que ha de alcanzar, al Norte, la aldea de Bolshoye Utschno. Y allí es donde se dispone la defensa para permitir que los replegados encuentren un punto de descanso en la alocada carrera hacia la salvación.

Una lluvia de proyectiles rasga el aire vespertino. Los esquiadores soviéticos se aproximan peligrosamente con el fuego de sus naranjeros y la protección de carros T-26 que disparan granadas incendiarias.

Continúan llegando españoles huidos de las aldeas conquistadas apenas hace unas horas. Antonio Moya Garcés y Antonio Barbasán Larrea, otros de los escuadristas de la exploración, están llegando; y cerca les siguen Manuel Muñoz Simón y el sargento Cayetano Montaña.

Hay que proteger a los heridos montados en los trineos. Pero es una tarea imposible. Grupos de soldados soviéticos aparecen por todas partes disparando a discreción.

—¡Adelante, chavales, que esto es una juerga!

Uno de los trineos de heridos sirve como parapeto.

—¡Arriba España! ¡Duro con ellos, chavales!

La columna de fugitivos va dejando a su paso un macabro reguero de cadáveres; y de heridos que no pueden ser evacuados y que disparan desesperadamente desde la nieve hasta consumir la munición de las cartucheras o hasta que sus manos se inmovilizan crispadas en el fusil. Armas, carruajes, macutos, caballos, cascos de acero y botiquines de urgencia quedan esparcidos por la nieve. Los trineos volcados obstaculizan la marcha de los que forman la retaguardia.

Los supervivientes españoles retroceden sobre las dunas, los ventisqueros, los hoyos de los obuses, los matorrales y los meandros congelados. Retroceden rendidos de fatiga, de sueño, de hambre, de sed, con los rostros tiznados de humo y los ojos sanguinolentos y febriles.

—¡Adelante! ¡De prisa! —espolea el teniente Castañer.

Los españoles quieren alcanzar Maloye Utschno antes de que la noche se tienda sobre el desolado paisaje y el enemigo acabe con ellos; para ambas cosas falta muy poco.

El Pelotón de vanguardia con el que avanza el teniente Otero de Arce ha rebasado las isbas de Bolshoye Utschno, ha dejado atrás el lecho congelado del río y se dirige hacia el Norte.

—¡Alto! ¡Cuerpo a tierra! ¡Cubrirse!

Carreras, saltos, rafagazos, explosiones. Una patrulla de esquiadores soviéticos se ha infiltrado en el cruce de caminos; pero al ser sorprendidos desaparecen. Rugen los motores de los carros de combate en la cercanía. El enemigo realiza una maniobra de envolvimiento de las isbas, las tejavanas y el molino de viento de Maloye Utschno.

—¡Fuego, muchachos! ¡Duro con ellos!

El cabo Manuel Muñoz Simón y el soldado José Vera Encarnación quieren detener la progresión del primero de los seis T-26.

Asegurando la retirada hacia las posiciones en el Norte, el sargento Rufino Garay y los guripas Avelino Pascual Santos, Carlos Cenen Figueroa, Mariano Sánchez Covisa y Virgilio Hernández Rivadulla, recogen a los heridos rezagados. Prosigue la penosísima marcha hacia Staryi Ushin cruzándose con patrullas soviética que no entablan combate, que al ser advertidas escapan hacia una distancia de seguridad y luego vigilan el rastro.

Horas después, con la Luna apenas visible, el grupo de heridos y sus custodios llega a Staryi Ushin; pero no es el final de la horrorosa jornada del 17 de enero. Una Escuadra sale al paso para indicarles que sigan hasta Pagost Ushin.

17 de enero, 22 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "El enemigo contraatacó con dos batallones con cañones anticarro y seis carros medios, que rápidamente arrollaron a la vanguardia española. El destacamento rodeado se defendió heroicamente. De los 36 españoles de la vanguardia catorce murieron. El resto rompió el cerco y se unió a la compañía. Nos estamos atrincherando en Pagost Ushin y resistiremos el próximo ataque importante. A las 21'00 recibimos orden de establecer un puesto avanzado en Maloye Utschno."

En Pagost Ushin recibe el capitán Ordás a todos los que por sus propios medios o asistidos consiguen llegar. Y da una orden que le duele a él tanto como a los que han de cumplirla.

—Saldrán inmediatamente hacia Maloye Utschno los alféreces Joaquín García Lario y Alfonso López de Santiago. Dispondrán de una fuerza de veintitrés soldados españoles y diecinueve letones de la Sección que me ha sido enviada como refuerzo. Es de suponer que el enemigo se haya replegado a sus bases, por lo que el camino hasta Maloye Utschno estará despejado.

El teniente Otero de Arce siente una enorme preocupación por la suerte que puedan correr aquellos hombres lanzados a una ciega aventura, obligados a retroceder sobre sus pasos envueltos en la noche y a través de la tundra infestada de esquiadores soviéticos.

18 de enero de 1492. El cerco a la localidad-posición de Vsvad es total. La posición amiga más próxima está a doce kilómetros al Suroeste, y es la aldea de Maloye Utschno guarnecida por veintitrés soldados españoles y diecinueve letones, al mando de los dos alféreces citados.

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El termómetro ha descendido a 51º bajo cero durante la noche del 18 al 19 de enero.

La ventisca bate la tundra, borra los caminos y senderos, desgarra los matorrales crecidos a resguardo de los montículos, alisa las depresiones de la yerma planicie y, enfilando los lechos congelados de los ríos y meandros del Lovat, salta aullando por encima de la blanca llanura.

En su cuartel general de Voronovo, el general soviético Morosov decide aprovechar el frío y la ventisca de la noche para rastrillar el sector de Sur a Norte. Al Norte, a cinco kilómetros de Voronovo, está enclavado el islote español de Maloye Utschno.

Los guripas Juan Muñoz Cassini, Fernando Martínez Laredo hacían guardia en el confín oriental de Maloye Utschno; en el occidental y metido en un pozo de tirador, vigilaba Julián Martín Fabián; en el meridional estaban el cabo Feliciano Cañedo Águilas y el guripa Manuel Sanchís Sánchez; en la zona septentrional se situaba el cabo Julio Mariño Barrios. El intérprete del destacamento español era el sargento Michael Schumacher.

A las siete y cuarto de la mañana del 19 de enero se desató la ofensiva soviética contra la aldea y su exigua guarnición.

—¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!

—¡Fuego a discreción! ¡Fuego, muchachos, fuego!

—¡Tanques! ¡Vienen los tanques!

—¡Fuego, muchachos! ¡Arriba España!

—¡Armad las bayonetas!

A las siete y media de la mañana Maloye Utschno ha dejado de existir como posición española.

La guarnición de Pagost Ushin, desde la que se escucha el estruendo de la desigual batalla, permanece en estado de alerta.

Una Sección al mando del teniente Otero de Arce sale de Pagost Ushin en dirección a Maloye Utschno. Son las diez y media de la mañana y hay 52º grados negativos en el ambiente. La diminuta columna de exploración y rescate la forman ocho españoles seguidos de dos trineos y por detrás un Panzer alemán de 24 toneladas y dos Secciones alemanas de la 81.ª División.

Los esquiadores españoles han de contraatacar con lo que tienen la aldea de Maloye Utschno y socorrer a los compatriotas allí destacados. Los expedicionarios temen lo peor; dudan que alguien haya sobrevivido al ataque.

Los refuerzos alemanes se retrasan, como si no les venciera la prisa que empuja a los españoles que no esperan el reagrupamiento.

—¡Alto!

Unas sombras se mueven hacia los expedicionarios; parecen cuerpos tambaleándose.

—¡Alto! ¿Quién vive?

—¡Españoles! ¡Somos españoles!

Son cinco españoles y un letón; el número de supervivientes del ataque a la posición de Maloye Utschno.

Aprieta el frío. A unos trescientos metros hacia el Sur se distinguen las ruinas de Maloye Utschno. De allí brota el fuego de ametralladoras, antitanques y carros de combate contra la mínima fuerza española que sigue aproximándose cumpliendo la orden recibida.

—¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!

Un cazabombardero soviético se suma al ataque; una, dos pasadas ametrallando.

Desaparece el avión y entonces el teniente Otero de Arce manda reemprender la marcha. Pero vuelve el cazabombardero y por tercera vez los rocía de balas. Hasta que nuevamente se pierde, esta vez hacia el Este.

—¡Arriba, muchachos! ¡Adelante!

El silencio impera ahora en la llanada. El teniente estudia mentalmente al silencio enemigo y la posibilidad del asalto a la aldea con los efectivos que le restan. Pero cuando la unidad se encuentra a un centenar de metros aparece por la retaguardia un trineo conducido por un soldado español.

—Mi teniente, el capitán le ordena el regreso a la base. Dice que suspende la operación, ya que los tanques enemigos están dentro de Maloye Utschno.

A punto de regresar el guripa Manuel Herrero Granados advierte un ligero movimiento en la nieve, cerca. Es un herido; un sargento letón que todavía ha podido escapar del infierno matutino. Lo recogen y lo embarcan en el trineo. El rescate del malherido ha podido costar la congelación de los salvadores a quienes se les fricciona fuertemente con nieve, sobre la marcha, sin dejar de retroceder hacia Pagost Ushin, acompañados por las explosiones de los proyectiles antitanques que les envían de Maloye Utschno.

19 de enero, 13'30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "A las siete de hoy el enemigo ha lanzado un ataque en masa sobre Maloye Utschno suprimiendo la guarnición de veinticinco españoles y diecinueve alemanes. El ataque fue apoyado por carros. La compañía se desplegó y logró rescatar a cinco españoles heridos y dos letones. La enorme concentración enemiga nos impidió reconquistar el puesto. La guarnición no capituló. Murieron con las armas en la mano. Observamos una gran masa enemiga concentrándose en Maloye Utschno y Bolshoye Utschno. Esperamos el ataque. Sabremos morir como españoles."

19 de enero, 23'00 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Habláis como sólo los héroes lo harían. Así y sólo así se construye un imperio. Ánimo. Vuestra conducta es el orgullo de esta brava División. Pese a todo venceréis. Hay un Dios y Él os concederá la victoria porque sois los hijos más valientes de España. Un abrazo que no será el último."

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Los españoles se aprestan a fortificar algunos puntos estratégicos de Pagost Ushin.

El capitán Ordás comunicó telefónicamente con el capitán Lüer, cuya Comandancia continuaba situada en Borissovo, siete kilómetros al Suroeste de Pagost Ushin.

Dijo: "Me quedan solamente veinte hombres en situación de combatir. El resto de mi Compañía ha causado baja. Solicito el envío inmediato de refuerzos.

Pero los refuerzos no llegaron aquel día y sí los cazabombarderos soviéticos, dispuestos a aniquilar al grupo de supervivientes españoles.

—¡Cubrirse todo el mundo!

De noche volvieron a pasar y repasar la aldea de pescadores.

—¡Sanitarios!

Los sanitarios recogieron a seis guripas heridos.

—¡Los puestos de escucha deben ser reforzados!

¿Con qué tropa?, se preguntan oficiales y soldados.

Suponiendo que el enemigo intentaría el cerco, se ordena quemar los almiares para que evitar que dificulten la visión de los defensores. Ángel Santos Conejo y otro guripa se ofrecen para la misión que les aleja unos metros de la posición defensiva avanzada.

Poco después los soviéticos comenzaban a atacar con sus tanques; pero al cabo, desconociendo los españoles el motivo, queda abortado el ataque y se retiran a sus bases.

20 de enero, 14'30 horas. Capitán Ordás a general Muñoz Grandes: "Anoche nos bombardearon tres aviones rusos. Al atardecer, grandes masas enemigas avanzaron contra nuestras posiciones. Han salido varios voluntarios para incendiar los carros enemigos (con cócteles Molotov). El movimiento de penetración del ataque ha sido contenido y el enemigo se retira. Dios existe."

16 horas: "El jefe de la 81.ª División nos felicita y concede condecoraciones."

En el ocaso del día 20 de enero, el teniente Otero de Arce recibió instrucciones para intentar el enlace con los alemanes sitiados en Vsvad.

Dijo el capitán Ordás: "Los alemanes abandonarán Vsvad esta misma noche. Saldrán hacia el lago por el golfo de Tuleblisky, y siguiendo una línea horizontal procurarán acercarse a nosotros bordeando la costa. Puede usted disponer de los dos sargentos y los quince soldados que nos quedan. Le deseo mucha suerte, teniente."

Los españoles avanzaron en orden de despliegue. Cuando observaran señales de bengalas en el interior del lago, que era la señal convenida con los alemanes en repliegue, debían proceder disparando las que portaban en una secuencia rápida de blancas-verdes-blancas. Pero no advirtieron bengala alguna y sí fuego de ametralladoras proveniente de la orilla derecha que les apuntaba.

A las dos de la madrugada del día 21 callaron las ametralladoras y el teniente ordenó retroceder. A las 3'30 entraban en Pagost Ushin, ateridos de frío y sin contacto con los alemanes de Vsvad que se supone hacía tres horas habían abandonado la posición y comenzado a cubrir los quince kilómetros de distancia en dirección Oeste hasta la Comandancia española.

A las 4'45 de la madrugada del 21 de enero, el teniente Otero de Arce, un sargento y cinco soldados, retomaron el camino del lago. A las 5'30 percibieron sonidos, voces, relinchos y crujir de pasos, y el teniente ordenó disparar las bengalas según la secuencia prevista. Al cabo, aunque pareció una eternidad, la secuencia de bengalas obtuvo respuesta; a su resplandor distinguieron los españoles las manchas difusas de una columna en marcha.

Oyen gritos en la oscuridad: "¡Kameraden! ¡Kameraden! ¡Kameraden! Y relinchos y chirriar de patines.

—¡Adelante, muchachos! —ordena el teniente a su tropa.

Las siluetas de los soldados alemanes se perfilan en la plateada oscuridad, se acercan, se agigantan. Se alzan brazos blandiendo fusiles, surgen gritos de júbilo y risas nerviosas. Los alemanes son muchos y vienen enfundados en gruesos capotes y blusones de camuflaje; detrás de la vanguardia se deslizan varios trineos.

El teniente Otero de Arce y el capitán Pröhl se estrechan la mano antes de abrazarse.

—Danke schön.

Los soldados alemanes abrazan a los españoles, que son pocos pero tremendamente animosos y que ahora los preceden, habiendo cumplido por fin la misión, camino de Pagost Ushin.

Cuando las fuerzas conjuntas hacen su entrada en Pagost Ushin una Escuadrilla de cazabombarderos soviéticos ataca la columna. Los aviones ametrallan y cañonean la calleja del poblado. Los soldados corren por entre las isbas, se arrojan al interior de las zanjas y de los hoyos, se parapetan detrás de los brocales de los pozos y se escurren bajo las techumbres de los corrales y los graneros que todavía no han sido pulverizados por las explosiones.

El capitán Ordás abraza al teniente Otero de Arce, al capitán Pröhl y al resto de oficiales alemanes.

El teniente Otero de Arce requirió de asistencia médica.

21 de enero, 09,45 horas. Capitán Ordás a Muñoz Grandes: "Un destacamento salió esta mañana de Maloye Utchno para Vsvad. La guarnición de Vsvad, que hizo una salida anoche, abrazó a nuestros hombres (sobre el lago helado) siete kilómetros al este de Uzhin. Vuestras órdenes han sido cumplidas por entero."

Aquella mañana del 21 de enero se recibió en la Comandancia de Pagost Ushin un mensaje emitido por radio desde el Cuartel General de la División española en Grigorovo.

21-1-1942. 11'40 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: "Envíe por correo urgente relación nominal de los que salisteis, bajas habidas y los que quedan, y por radio relación numérica."

Fueron repasados los estadillos de altas y bajas. Los sanitarios reconocieron a los heridos y congelados hospitalizados en Borissovo, dieron el alta a los menos graves y, a las cuatro de la tarde, el capitán Ordás transmitía la respuesta al Cuartel General de la División Azul: "Salimos 206 hombres. Quedamos 34."

Siguieron dos días de descanso, limpieza de armamento y recuperación de las energías físicas; aunque el aderezo de las pasadas de la aviación, con el consiguiente rastro de bombas e incendio, era frecuente, ya familiar. Volvieron a oírse cantos españoles, como este que voceaba Tomás Archeli Fernández: "Dicen los rojos que tienen / que tienen mucho armamento / pero no tienen cojones / para luchar con los del Tercio."

Atardecía el día 23 cuando los centinelas españoles apostados en Pagost Ushin vieron aproximarse por el camino vecinal de Borissovo a una columna de soldados. Eran alemanes de la 81.ª División de Infantería.

A las siete de la mañana del 24, sábado, dieciséis soldados españoles, con el teniente Otero de Arce al frente, se preparaban para una operación de despliegue para recuperar las posiciones perdidas en las jornadas precedentes, soportando una cruel ventisca que barre la tundra. Un Panzer IV abre la marcha, los españoles detrás y un contingente de un centenar de alemanes a la espalda flanqueándolos.

Al poco les recibe el fuego nutrido de las ametralladoras PD.

—¡A tierra! ¡Cuerpo a tierra!

El cañón del 7'5 del carro responde. Los heridos son evacuados a Pagost Ushin.

La vanguardia española logra alcanzar y penetrar en Maloye Utschno; la única calle está cubierta de escombros y cadáveres y salpicada de cráteres. Los soviéticos han huido.

En el difícil reconocimiento de cadáveres los españoles descubren a algunos de los suyos: el alférez Joaquín García Lario, Juan Muñoz Cassini, Julio Marino barrios, el sargento intérprete Schumacher. Van siendo identificados los dieciocho cadáveres que son agrupados a la izquierda de la entrada de la aldea, junto a la casa de baños donde se habían replegado para establecer el último núcleo de resistencia; una resistencia tan inútil como desesperada pero heroica.

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El termómetro señala 58º bajo cero; han dejado de funcionar los cerrojos de los fusiles.

—¡Preparad las granas de mano!

Están a la vista de Bolshoye Utschno. El tanque en cabeza desciende dando tumbos la leve vaguada que se abre entre Maloye Utschno y Bolshoye Utschno.

—¡Adelante, muchachos, adelante!

El teniente Otero de Arce anima a sus hombres en el avance. El enemigo comienza a disparar parapetado en las isbas.

—¡A por ellos! ¡Arriba España!

Los españoles saltan sorteando escollos y trepan la ladera soltando con rabia sus granadas de mano. Tabalean las ametralladoras y los naranjeros de la defensa soviética. El estruendo es infernal. Estallan los proyectiles del 7'5 del carro del Panzer IV. La batalla apenas dura diez minutos; el enemigo se repliega hacia el Sur, camino de Shiloy Tschernez, la última de las aldeas que han de recuperar los españoles antes de que concluya la jornada.

—¡Duro con ellos!

Surtidores de nieve, hielo y fango. Estallidos, fogonazos, llamaradas. La ventisca arrecia, el cielo se cierne plomizo y el suelo se estremece bajo las explosiones.

—¡Alto!

Algunos soviéticos se rinden, agotados también por los días de lucha continua y el intensísimo frío.

Shiloy Tschernez cayó en manos de los españoles sin que el enemigo opusiera una tenaz resistencia.

—¡Alto el fuego!

Los esquiadores soviéticos se retiraban hacia la vecina aldea de Penikovo.

Transcurrida media hora de la entrada de los españoles en Shiloy Tschernez hicieron su aparición las vanguardias alemanas de la 81.ª División, que se suponía debían avanzar conjuntamente flanqueándolos. En definitiva, los que se habían batido el cobre eran los dieciséis españoles con la ayuda del Panzer IV.

—¡Atrás! ¡Regresamos a casa, muchachos!

El teniente había cumplido la misión reconquistando los tres pueblos perdidos siete días antes; esos mismos tres pueblos que ahora volvían a abandonar escalonadamente.

25-1-1942. 1'42 horas. General Muñoz Grandes a capitán Ordás: Dime cuántos valientes quedáis."

18'45 horas. Respuesta del capitán Ordás: "Quedamos doce combatientes."

El general Agustín Muñoz Grandes escribe: "Sobre las aguas heladas del Ilmen, y gracias a la bravura y espíritu de sacrificio con que lo atravesasteis para liberar a los héroes de Vsvad, ha rugido el león español. En nombre del Caudillo os concedo, a ti, capitán Ordás, la Medalla Militar individual, y a todos los valientes que te acompañaron, la Medalla Militar colectiva. Por la Patria agradecida os abraza, Muñoz Grandes." Ordena que transmitan el mensaje inmediatamente.

El 27 de enero, el jefe del 16.º Ejército Norte, capitán general Ernst Busch, enviaba una carta al general Muñoz Grandes. "En el día de su cumpleaños, le expreso mis mejores y más sinceras felicitaciones y le deseo obtenga nuevos triunfos al frente de su soberbia División en nuestra lucha común. Aprovecho la oportunidad para expresarle también mi especial reconocimiento hacia los bravos componentes de su División que, para liberar la posición de Vsvad, avanzaron sobre el lago Ilmen y luego, unidos con fiel espíritu de camaradería con las tropas de la 81.ª División realizaron, tanto en la defensiva como en el ataque, gestas tan excepcionales. Esta empresa, de auténtica hermandad, encuentra en todo el Ejército las mayores alabanzas y justifica sienta usted y toda su División la máxima de las satisfacciones. Deseándole a usted, mi general, y a su brava División mucha suerte y nuevas victorias, quedo de usted muy respetuosamente, Busch."

El diez de febrero se recibía en el Cuartel General de la División Azul un mensaje firmado cinco días antes por el general Schopper, jefe de la 81.ª División de Infantería alemana. "En el momento en que cesan de estar a mis órdenes los valientes soldados de su Compañía de Esquiadores, es para mí un deber ineludible expresarle a usted mi agradecimiento y mi admiración por el arrojo temerario y heroico de sus soldados. Ha sido para mí un honor tener bajo mi mando a estas excelentes tropas, y motivo de especial satisfacción que, con la concesión de treinta y dos Cruces de Hierro a la Compañía, haya cristalizado en forma palpable el reconocimiento de los mandos superiores."

Sólo una docena de españoles podía enorgullecerse en vida de aquella gesta y de sus bien ganadas condecoraciones, de las alabanzas, el prestigio, el respeto de los aliados y, andando el tiempo, también de sus adversarios. Sólo una docena de los doscientos seis que iniciaron la misión podían levantarse para recibir la recompensa a su heroísmo.


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http://hispanismo.org/historiografia-y- ... grado.html


2012 02 28, 10:42
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CABO DE INFANTERÍA GENEROSO RAMOS VAZQUEZ.

El 14 de diciembre de 1941 el Cabo Ramos,con un grupo de siete hombres,guarnecía una avanzadilla,contra la cual lanzó el enemigo,súbitamente,considerab​le masa de tropas.Por haber caído muertos o heridos todos los componentes del grupo y ser materialmente imposible el nevío de refuerzos durante el día,el cabo citado continuó solo hasta el anochecer,rechazando con granadas de mano al adversario,al que causó numerosas bajas.Reforzada la avanzadilla en la noche,el enemigo reiteró en la jornada siguiente sus violentos ataques,con el propósito de conquistar el terreno tan tenazmente defendido,sin que llegase a conseguirlo,gracias a la actuación de sus defensores.De nuevo se enviaron refuerzos a la avanzadilla,y su Jefe,a pesar de hallarse enfermo y ser aconsejado por los subordinados que permaneciese en el refugio,volvió a hacer gala de su gran éspiritu militar en los combates sufridos los días 6 y 7,lanzándose el primero fuera de la posición,y animando a sus hombres con un arrojo sin limites,muriendo al fin gloriosamente en la segunda de las citadas fechas.


2012 08 14, 1:32
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CABO DE INFANTERÍA D.JOSÉ PÉREZ CASTRO.

Este Cabo que por su elevado espíritu militar y valor extraordinario,puesto de relieve en cuantas operaciones tomó parte,había sido designado por el Capitán de su compañia para mandar un grupo de siet
e hombres que constituían la reserva de aquella Unidad,recibió la orden de ir a reforzar con dicho grupo una de las avanzadillas de la misma,atacada con gran energía por el adversario,establecido a 60 metros de distancia.El Cabo Pérez Castro,al frente de sus hombres,contraataco haciendo 9 prisioneros y más de 40 muertos,poniendo en fuga al resto de los enemigos y capturando dos ametralladoras,cuatro lanzallamas,armas automaticas y ligeras y granadas de mano,al propio tiempo que ocupaba la base de partida de aquellos.Durante la jornada siguiente deshizo numerosos intentos contrarios efectuados para recuperar la posición perdida,dando ejemplo con su arrojo personal de absoluto desprecio de la vida.Atacada de nuevo en las primeras horas de la noche del 6 de diciembre de 1941,el Cabo Pérez Castro,despues de defenderla hasta la madrugada con el tesón y heroismo de siempre,sucumbió gloriosamente con toda su pequeña guarnición,a exceción de un soldado que poco antes había sido evacuado por estar herido.


2012 08 14, 1:34
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ALFÉREZ DE INFANTERÍA D.JOSÉ RUBIO MOSCOSO.

El 27 de diciembre de 1941,fuerzas del ejército soviético,con manifiesta superioridad de medios,desencadenaron un fuerte ataque sobre el Centro de Resistencia,guarnecido por el 2º Batallón del Regimiento nº 269,de la División Española de Voluntarios,en el sector de Urdenik.El Alférez Moscoso mandaba la "Posición Intermedia",punto clave del despliegue defensivo,cuya conservación se estimaba necesaria a toda costa.la guarnición de la referida posición,constituida por 20 hombres,fue atacada por fuerza abrumadoramente superior del enemigo,que ejerció sobre ella su maximo esfuerzo.La "Posición Intermedia" ofreció tenaz y heroica resistencia a los continuos ataques enemigos.Durante la lucha el Alférez Rubio Moscoso,telefoneó a su Comandante expresandole su decisión de mantener fuertemente la posición en la que moririan todos sus defensores antes de retroceder un paso.Continuó la resistencia con extraordinaria
dureza,no obstante las bajas que continuamente iban disminuyendo el numero de defensores,y minutos antes de morir,cuando ya eran 18 el numero de bajas,el Alférez rubio expone por radio al General de la División su defensa sin vacilaciones,exaltando el heroismo de su gente y haciendo constar su decisión de continuar hasta el fin.Poco después y en un cuerpo a cuerpo muere el Alférez con los ultimos y escasos hombres que quedaban con vida a sus òrdenes,peor en la acción dejó más de 200 muertos al enemigo que como represalia,clavó en el suelo los cadáveres de los heroicos defensores.El heroismo del Alférez y su elevado espíritu militar,que supo inculcar a sus hombres.llegando todos a morir,antes que entregar la posición,tuvo influencia decisiva en el éxito final del combate,consiguiendo con su sacrificio dificultar la progresión del ataque enemigo,dando tiempo al Mando de la División para concentrar fuerzas y realizar el contraataque con exito.


2012 08 16, 6:52
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2012 08 16, 6:55
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División Azul. Frente del río Wolchow
El 12 de Octubre de 1941, Día de la Raza y festividad de la Virgen del Pilar, la División Azul entra en línea en el frente del río Wolchow, en el Sector de N...



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Programa completo de Alfonso Arteseros dedicado a la División azul, analizando sus actuaciones en el frente del Este así como sus combates mas destacados, cuenta con Entrevistas a divisionarios supervivientes e imágenes de la contienta bélica.

Este importante documental nos trasportara a aquellos momentos para ver lo que aquellos héroes vivieron a orillas del Volkov.



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DIVISION AZUL. EMBAJADORES EN EL INFIERNO.


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Esta gran reproduccion basada en el libro homónimo del Capitán Palacios y con epílogo de Torcuato Luca de Tena.,
sobre la division azul de voluntarios y especialmente al gran capitan palacios,basada en el cautiverio en los campos de
exterminio comunistas.


2012 08 16, 6:59
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JAIME GALIANA GARMILLA.TENIENTE DE CABALLERÍA.

Encomendado el mando de la Sección de Asalto del Regimiento de Granaderos 269 al Teniente de Caballería D.Jaime Galiana Garmilla,inicia su actuación el 12 de octubre de 1941,el mismo día en que su división entra en línea,efectuando pequeños reconocimientos a vanguardia e imtentando diversos golopes de mano.El 18 del citado mes,hacia las dos horas,cruza al frente de su Unidad embarcada en botes neumaticos,el rio Wolchoou.Descubierto por el enemigo,tras tomar las oportunas medidas de seguridad para la triopa a sus órdenes,acuerda llevar a efecto,personalmente,la misión recibida,para lo cual,acompañado solamente del Cabo Mariano Diez de las Moras,logra infiltrarse en las posiciones enemigas,volando con una carga de explosivos un refugio,causanso gran número de bajas al enemigo.Al emprender el regreso bajo el fuego de las armas enemigas,les sale al paso un adversario que al intentar apresarles y no conseguirlo,les arroja una granada de mano,cuya explosión causa la muerte de este y secciona el pie izquierdo del Cabo que queda en tierra sin sentido.El Teniente Galiana milagrosamente ileso,carga con el Cabo no obstante creerle muerto y llega hasta el lugar donde se encuentra la sección con la que regresa a nuestras líneas,haciendose constar que mientras que el Cabo era fuerte y corpulento,el Teniente Galiana era de complexión fisica debil.Después de una serie de actuaciones en golpes de mano reconocidas,estas culminan con su actuación en el hecho de armas llevado a cabo el 22 del aludido mes,en que para proseguir el avance ya niniciado se ordena la ocupación de los pueblos de Russa y Sitno.Iniciada la progresión,unos nidos de ametralladoras enterrados en el saliente de un bosque,impide todo avance por el numero de bajas que ocasiona en nuestras filas,por lo que el Teniente Galiana solicita reiteradamente el homor de asaltarlos;concedido,se lanza al frente de su seccion,que queda casi aniquilada,contra las posiciones ocupadas por dichas armas,de las que se apodera despues de una valiente lucha cuerpo a cuerpo,y en la que encuentra gloriosa muerte,logrando con su accion la reanudacion del avance del Regimiento y con ello la ocupacion de los objetivos señalados.


2012 08 17, 5:16
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2012 08 26, 9:06
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El bautismo de fuego de la División Azul

Santo y legítimo orgullo llena hoy los pechos españoles. La noticia oficial de un gran hecho de armas de la División Azul de voluntarios encuentra eco y preeminente cita entre los numerosos actos de heroísmo que se registran en el frente del Este Europeo, donde se libran combates de proporciones asombrosas como jamás anotó la Historia. Allí, entre las soberbias divisiones alemanas, modelos de organización, frutos de una escuela tenaz y un espíritu por encima de toda ponderación elogiosa, los soldados españoles se baten y cubren servicios de riesgo y gloria frente a un enemigo potente.

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Bandera rojigualda y soldados españoles en la nieve rusa. ¡Se fundirá la nieve al avanzar, mi Capitán!

Dura lucha, misiones de extraordinario riesgo —como el paso de un río, que en el orden táctico es la operación más audaz— han sido confiadas por el Alto Mando Alemán a los soldados españoles en su primer contacto con el enemigo. Esta misión, con su seria importancia, revela el concepto que los soldados españoles merecen. En efecto, ¿qué contingencia guerrera puede ser ajena a los soldados del Jarama, de Brunete, de Teruel y el Ebro? ¿Qué paisaje, por hosco y frío, por cenagoso o por ardiente, ha de sorprender a los veteranos de la guerra de liberación española, escuela de heroísmo? Fríos de Rusia, como en Teruel, barrizales como en los campos encharcados por las lluvias de Andalucía y Extremadura, armas rusas —bien conocidas en España—, cuanto puede surgir en la trágica grandeza de la guerra en el Este es bien conocido por los soldados voluntarios que han ido a continuar su propia historia considerados como veteranos por el alto Estado Mayor Alemán, al atribuirles nada menos que el cruce de un río y el establecimiento de una cabeza de puente, operaciones arduas para las que se requieren arrojo, pericia y temple.

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El General Español Muñoz Grandes y el General Alemán von Roques planean la ofensiva que llevará a la División Azul hacia el este. El OKH ha dispuesto que la División Azul atraviese el Río Volchov (Voljov). Al norte, la 126ª División Alemana deberá hacer otro tanto en Kuzino. Ambas unidades deberán reunirse en la orilla oriental y, conjuntamente, profundizar hasta las colinas Valdai.
La intervención de los españoles se alaba por lo sustantivo del hecho y no necesita el adjetivo que salta a los labios como expresión de entusiasmo puramente cordial. Reflexivamente considerado el gran hecho de armas en su importancia táctica, nos da por sí mismo el alto elogio de los soldados de la División Azul. Los soldados del Caudillo, los que éste supo forjar en los campos de batalla españoles figuran hoy junto a los formidables guerreros alemanes. Éste es el juicio exacto, incuestionable, que llena de orgullo a toda España y más si se considera que los voluntarios de la heroica y ya laureada División Azul cumplen una misión de altísimo valor político. Defienden la civilización y cooperan a labrar la nueva y auténtica Europa.

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Zona de despliegue de la División Azul. 40 kilómetros de frente están a su cargo. El sector sur se encuentra guarnecido por dos batallones del 262º Regimiento, el sector central por el 263º y el norte por el 269º. La artillería ha quedado organizada en tres agrupaciones de apoyo -una por sector- y una de acción de conjunto, en reserva. La reserva de infantería la conforman cuatro unidades, también divididas por sectores: el sur lo guarnece el 1º Batallón del 262º y el de Zapadores; el central, el Grupo de Antitanques; y el norte, el Batallón de Reserva Móvil. La milenaria Novgorod es la capital departamental e importante núcleo de comunicaciones. Prácticamente destruida por los combates, mantiene en pie el Kremlin, con importantes fondos artísticos. Grigorovo, a menos de un kilómetro, es un pequeño poblado donde se ha situado el puesto de mando de la División y el de la Agrupación von Roques, del que depende. Frente a la División Azul, al otro lado del Volchov, se encuentra la 3ª División de Tanques Soviética, la 305ª de Fusileros y el 848º Regimiento. Se trata de fuerzas mal armadas, reducidas a nivel de artillería y faltas de carros de combate; parapetadas detrás de una compleja red de fortificaciones que sigue el trazado del Río Volchov.

El bautismo de fuego de los soldados de la División Azul de voluntarios españoles en el frente oriental se ha registrado en el transcurso de una operación en la que ha conseguido establecer una cabeza de puente al este del río Volchov. Todos los desesperados esfuerzos llevados a cabo por los bolcheviques para recuperar las posiciones perdidas han fracasado ante la tenaz resistencia de los españoles, que han conseguido ocasionar hajas extraordinariamente importantes a su adversario, muy superior en número. Los escasos caminos que atraviesan el paisaje donde se han desarrollado estos combates se encuentran convertidos en lodazales pantanosos y las carreteras que en los planos soviéticos figuran con las características de caminos de primera categoría son en realidad rutas sin acondicionar donde el soldado se hunde hasta la rodilla en el barro. Los soldados españoles han conducido largas filas de prisioneros en cuyos rostros se podía leer la fiebre del combate reciente, y los colores nacionales de España—rojo-amarillo-rojo— se destacan sobre los uniformes de los voluntarios de la División Azul, todos cubiertos de barro medio seco.

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El cruce del Volchov por parte de la División Azul. Su primera acción de guerra ha transcurrido de la siguiente manera: El pasado 17 de octubre concluyó la entrada en línea de fuego de las unidades divisionarias; todas estaban ya en posición de combate. Ese día, algunas patrullas cruzaron en botes de goma por primera vez el Río Volchov, pero ante la intensidad del fuego enemigo, se retiraron. Al mismo tiempo, otras patrullas llevaron a cabo una batida contra francotiradores que, agazapados entre los árboles, hostigaban sin cesar. El 18, al tiempo que la artillería y los morteros barrían el frente divisionario, fracasaron nuevos intentos de cruce del Volchov. Pero el 19, una sección de 36 hombres del 2º Batallón del 269º Regimiento al mando del Teniente José Escobedo, cruzó el río sin apoyo artillero y ocupó la curva cerrada situada al norte de Smeisko. El 20 cruzó el Volchov el Batallón al completo con otras unidades de apoyo, avanzó sin resistencia en dirección sur y ocupó Smeisko. El avance prosiguió: el 21 los españoles dominaron ya una estrecha franja, de tres a cinco kilómetros de ancho y 10 de largo, entre el río y los bosques, y el 22 ocuparon Sitno. Según cómputos propios, la División perdió 48 hombres y las fuerzas soviéticas 247 como mínimo. El mando alemán premió la acción nominando a Muñoz Grandes y a varios de sus hombres para la Cruz de Hierro de Primera Clase. Estabilizada la cabeza de puente y con dos localidades en poder de sus fuerzas avanzadas, el éxito parecía sonreír a la División Azul. El 23 el General Alemán von Roques calificó por escrito su actuación de admirable en la Orden del Día. Aquella noche tres batallones enemigos atacaron Sitno y sólo pudieron ser rechazados tras el combate cuerpo a cuerpo, con arma blanca. El 269º Regimiento perdió a 80 hombres y los bolcheviques dejaron 250 muertos e igual número de prisioneros. El 24, un comunicado del OKW informó de estas hazañas, y fue reproducido al día siguiente en el Völkischer Beobächter. Tras unos días de relativa tranquilidad, en el día de hoy, 27 de octubre, Sitno a vuelto a ser escenario de cruentos combates: tres ataques han sido rechazados al precio de 8 muertos y 54 heridos, pero con un botín humano de 126 prisioneros.

Casi todos los voluntarios españoles son hombres jóvenes en cuyos rostros puede verse la alegría de los que regresan de un combate victorioso y que hace todavía unos momentos se encontraban en plena lucha, resistiendo el empuje de sucesivas olas de soldados bolcheviques, valientemente esperadas.

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El Teniente José Escobedo, héroe del cruce del Volchov, luce su Cruz de Hierro, herido pero radiante.

El botín de cañones y ametralladoras recogidos a los bolcheviques ha sido enorme y se cuentan por centenares los muertos que los soviéticos han dejado sobre el campo de batalla ante las fuerzas españolas. Los soldados de España han dado pruebas de un enfrentamiento y de un espíritu de ofensiva verdaderamente temerario en el transcurso de la resistencia, superior a todos los elogios, que han ofrecido ante el empuje de los rojos.

Los soldados alemanes estrecharon la mano de los españoles con orgullo de camaradas de armas. Cabe destacar el caso del Teniente español que hace unos días atravesó a nado un río para aproximarse y hacer volar una casa ocupada por los rusos. Al día siguiente atravesó el río con su destacamento y avanzó contra cuatro nidos de ametralladoras, tres de los cuales fueron destruidos tras cortos combates. Otro Teniente español se ha distinguido al mando de su unidad de cazadores de tanques y ha rechazado los intentos de ataque de las tropas soviéticas con ayuda de las armas de su sección. En los demás puntos, los intentos soviéticos de romper la resistencia española acabaron en completo fracaso, quedando diezmados dos batallones bolcheviques. Ciertamente la División Azul puede estar orgullosa de este primer episodio de grandes combates.


http://doctrinans.blogspot.com.es/2012/ ... vazul.html


2012 08 27, 9:10
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BATALLA DE KRASNI BOR

Cuando los rusos buscaron el arma secreta española

5.900 soldados españoles frenaron el avance de un cuerpo de Ejército ruso de 44.000 hombres, 100 tanquesy 1.000 cañones. Pese a su inferioridad, causaron a los soviéticos 12.500 bajas y sólo sufrieron 1.127.

Febrero de 1943. La ofensiva rusa sobre la División 250 –la División Azul–, integrada por voluntarios españoles alistados para luchar contra el comunismo en el corazón de la URSS, se ha convertido en un episodio bélico que, 70 años después, sigue estudiándose en todas las academias militares del mundo. No por la preparación y actuación del Ejército soviético, que movilizó efectivos suficientes para arrasar a cualquier ejército –44.000 soldados, 1.000 cañones y más de 100 tanques–, sino por la heroica actuación de los españoles, considerada como tal por el mismísimo alto mando del Ejército de Stalin.
Hasta tal punto sorprendió la valentía y la disciplina en combate, que los duros interrogadores del Ejército ruso preguntaban sorprendidos a los prisioneros españoles sobre su arma secreta. Así lo señaló en su informe para las autoridades españolas el capitán Teodoro Palacios, uno de los héroes del choque. Así lo publicó LA GACETA en su colección de “Documentos Inéditos”.
En efecto, para el alto mando militar soviético, y para el general ruso Gueorgui Zhúkov que se encontraba al frente de la ofensiva, en particular, era imposible que menos de 6.000 soldados, armados con fusiles, ametralladoras y granadas de mano, frenasen durante 24 horas la apisonadora soviética.
La actuación de los voluntarios de la División Azul permitió que los comunistas tuvieran que conformarse con avanzar en el frente 3 kilómetros y pasasen a la defensiva, retrasando un año la recuperación de Leningrado, objetivo real de la Operación Estrella Polar.
El sacrificio en vidas humanas que pagaron los españoles fue elevado, 1.127 muertos, 1.035 heridos y más de 300 prisioneros, muchos de los cuales acabaron en los campos de concentración hasta su regreso a España en 1954.
Por acciones como esta los soldados españoles obtuvieron numerosos reconocimientos, militares y personales. En total recibieron dos cruces de caballero, dos cruces de oro, 138 cruces de hierro de primera clase y 2.359 de segunda clase fueron otorgadas por la Wehrmacht a los divisionarios.
Poco describe de manera tan clara la actitud de los españoles ante los alemanes como las palabras del general Jürgens: “Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él, es un héroe, es un español”.

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El epílogo de la Guerra Civil en la Unión Soviética

Poco podía imaginarse Ramón Serrano Suñer que su discurso del 23 de junio de 1941 iba a traer consigo una movilización que acabaría escribiendo una de las páginas más heroica de la Historia militar española. La masiva afluencia de voluntarios que acudieron a su grito de “Rusia es culpable”, obligó a realizar varios reemplazos para el envío de tropas a luchar contra el comunismo en Rusia, en su casa.
Esos voluntarios dieron muestras de su valor extremo y señalaron, como dijo Dionisio Ridruejo –uno de esos miles de combatientes– que “más se entregará un soldado a la causa por la que lucha, cuanto mayor sea la unión de sus ideales con la causa por la que está dispuesto a morir”. Y murieron, más de 8.000 entre fallecidos y desaparecidos, sin contar con los 10.600 heridos y los 572 prisioneros.
Tras su paso por el frente oriental, la Historia militar española no se puede separar de nombres como el lago Ilmen, Novgorod, Podvereje o Krasni Bor.
Fue en esta última batalla en la que quedó claro el espíritu castrense de los españoles. A las siete de la mañana del 10 de febrero de 1943, las posiciones defendidas por los voluntarios españoles empezaron a sufrir un intenso bombardeo, procedente de los 1.000 cañones rusos. La primera línea defensiva de los españoles tuvo que retrasarse unos metros para ponerse a refugio en el interior de los búnkeres. Tras dos horas, cuando los soviéticos pensaban que habían allanado el terreno, llegó el rugido de los 100 tanques tras los que avanzaba la Infantería del Ejército Rojo.
La falta de previsión de los mandos militares comunistas no tuvo en cuenta que los blindados debían detenerse 200 metros antes de los nidos de ametralladoras de los hombres de la División 250. Se tuvieron que limitar a cubrir el avance de los soldados a los que cubrieron con sus cañones.
Los españoles, con escasos morteros, fusiles, ametralladoras y armas cortas rechazaron las oleadas enemigas, una detrás de otra, hasta siete. Se quedaron sin municiones y defendieron la posición con armas blancas.
Al mediodía del 11 de febrero, los últimos puestos aislados defendidos por los españoles caían, sin rendirse, en manos enemigas.
Tras más de 24 horas de defensa numantina, la Infantería de Stalin pasaba por encima de las posiciones españolas. Pero habían fracasado en su intención de recuperar Leningrado. Penetraron tres kilómetros en la zona controlada por Alemania y se fortificaron pasando a la defensiva.


http://www.intereconomia.com/noticias-g ... a-20130130


2013 01 30, 2:47
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Placas de excombatientes de la División Azul llegan al Archivo Militar

Un total de 173 placas de identificación y otros objetos de combatientes de la División Azul, recuperadas de cementerios rusos, se encuentran desde hoy en el Archivo General Militar de Ávila, según informa el Ejército de Tierra. La Dirección de Asistencia al Personal del Ejército de Tierra ha entregado las 173 placas y una botella que contiene el expediente médico de un teniente, pertenecientes a componentes de la 250 División Española de Voluntarios, conocida como División Azul, al Instituto de Historia y Cultura Militar.
A su vez, todo este material ha sido entregado al Archivo General Militar de Ávila, donde se conserva la documentación referente a los voluntarios españoles que lucharon en el frente ruso durante la II Guerra Mundial. La recuperación de estos efectos ha sido posible gracias al convenio que el Ministerio de Defensa tiene suscrito con la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra (Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge), una asociación humanitaria encargada del mantenimiento de las tumbas en los cementerios de los caídos de guerra alemanes en todo el mundo.
Uno de estos camposantos es el de la ciudad rusa de Nóvgorod -cerca de San Petersburgo-, donde en 1997 se inauguró una parcela para los caídos españoles en ambos bandos. A causa de una expropiación de terrenos en el cementerio, que afectaba a parte de la parcela española, los restos que allí reposaban fueron exhumados. Durante esa operación se retiraron 164 placas de identificación con nombres y apellidos y otras nueve sin identificación. Estas son las que han llegado hoy al Archivo Militar de Ávila. La División Azul fue integrada por unos 46.500 españoles hasta que concluyó la misión en otoño de 1943, de los que se estima que 5.000 perdieron la vida a causa del combate y de las duras condiciones meteorológicas del invierno ruso.


http://www.intereconomia.com/noticias-g ... r-20120614


2013 01 30, 2:50
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Capitán Huidobro: ¡que somos españoles!


Capitán Manuel Ruíz de Huidobro Alzurena

El capitán obtuvo la Cruz Laureada de San Fernando ese miércoles negro, 10 de febrero de 1943, al frente de la tercera compañía del 262 Regimiento de la División Azul. El capitán Ruíz de Huidobro cubría, con 120 hombres, un frente de dos kilómetros. La artillería soviética bombardeaba durante horas las posiciones españolas. El oficial corría de un lado a otro alentando a los guripas. Al observar el avance de tanques rusos situó como reserva móvil a 10 hombres de antitanques. En el observatorio radicó su puesto de mando y comunicó por radio: "El enemigo ataca en grandes masas. Barrera de artillería delante de la posición y sobre el bosque."

Los dos primeros ataques comunistas fueron rechazados. Usando los temidos lanzallamas, en el tercer asalto, los soviéticos salieron del bosque. El capitán Huidobro, sereno, recorría los puestos divisionarios, arengando a la tropa y reagrupando los restos de otra compañía diezmada por el ingente asalto estalinista. El capitán Huidobro reorganizaba. Vio su flanco derecho al descubierto. Subió a lo alto de la trinchera, despreciando el intenso fuego enemigo, y fue dando órdenes. Desde esa peligrosa posición animó a los voluntarios: "¡Que somos españoles! ¡Esto no es nada!". El alférez Duque, de antitanques, consiguió bajar al capitán del parapeto. Ordenaba Huidobro: prohibido disparar más que sobre blanco seguro. El capitán radió su último parte: "El enemigo continúa atacando en grandes masas; barrera de artillería delante de la posición. Moral elevada. Sin novedad." El capitán Manuel Ruíz de Huidobro y Alzurena cayó en combate, fuego y plomo. Agonizó alentando a sus guripas a continuar la defensa.

El capitán había empezado su carrera como falangista voluntario en las milicias de Primera Línea de Falange Española, en Valladolid. En septiembre de 1936, en el Frente de Ávila, fue propuesto dos veces para la concesión de la Medalla Militar Individual que obtuvo por su heroísmo en el Alto del León. Pasó a ser alférez provisional y luego, teniente provisional. Asistió en Tauima al curso para el ascenso a capitán provisional.


2013 02 08, 3:41
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13 de julio de 1942. Alfredo Anguita fotografió el cementerio de Grigorowo, en Novgorod, y, en primer plano,
la tumba de Armando Hernando Hortelano que, según me dice Rodrigo de la Quadra-Salcedo, pertenecía a la
10ª Compañía del Regimiento 263. Cayó el 20 de diciembre de 1941.
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Soldados de la Division Azul con soldados anti comunistas Franceses
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Soldados de la Division Azul en una comida antes de partir 1942


2013 02 08, 3:46
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Julio Saenz de Magarola, teniente de la Division Azul (1941)
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Imagen datada en 1942, voluntario negro procedente de la Legión. Estuvo a las órdenes del sargento
Miguel Mate Casado. Destinado como conductor en el grupo de transportes de la División Azul.

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2013 02 08, 3:52
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¡Salvad el hospital!

Antonio Ponte Anido era un joven guripa gallego, encuadrado en la tercera compañía de Zapadores de la División Española de Voluntarios. Era el enlace del entonces capitán Aramburu Topete. Tenía Toñín 21 años.


En esos días de febrero de fuego y plomo el cabo Ponte cruzó bajo el fuego una y otra vez llevando mensajes y órdenes. Cayó herido. Entonces, uno de los pesados carros de combate soviéticos T-34, en Krasny Bor, rompía las líneas españolas. Los divisionarios carecían de material antitanque para detener su cruel avance. El vehículo rojo rodó hacia el hospital, el lazareto, repleto de heridos, disparando todas sus armas contra los españoles inermes.

Antonio Ponte Anido, atravesado por las balas, cogió una mina del arsenal cercano y corrió como pudo hacia el blindado ruso. Con esa mina se arrojó contra el carro enemigo, desapareciendo con él en la explosión. Había salvado la vida de muchos voluntarios, médicos y enfermeras. Son las tres y cuarto de la tarde del 10 de febrero de 1943.

El 17 de febrero de 1944, un año después, el general Asensio, ministro del Ejército, concedía, a título póstumo, la Cruz Laureada de San Fernando al cabo Antonio Ponte Anido por su heroísmo durante la batalla de Krasny Bor, al cumplir con las condiciones del artículo 73 del Reglamento de la Orden.


2013 02 08, 3:54
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Capitán Urbano, destructor de tanques
Urbano Gómez García era camisa vieja de León. Sirvió en la Legión como teniente y capitán.

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El capitán luce dos emblemas de destrucción individual de carros,
dos Cruces de Hierro,
el emblema de herido en combate y el de la Legión española.

Se alistó a la División Azul en octubre de 1942, pasando a mandar la primera compañía del Regimiento 263. Su madrina de guerra fue Pilar Primo de Rivera, que le obsequió con un banderín rojo y negro. Su unidad partió al frente de Leningrado. Allí participó en la batalla de Krasny Bor.


El capitán Urbano recibió instrucciones para presentarse en Rakkelevo. El general Esteban Infantes le ordenó que su compañía tomara posiciones para romper el avance soviético y se reforzara con soldados españoles de unidades diezmadas. Las tropas del capitán Urbano cubren un frente de un kilómetro y medio al norte de Rakkelevo.

A la caída de la tarde del día 11 de febrero, en las proximidades de Staraya Mysa, aldea ocupada por el Ejército Rojo, el capitán Urbano ve avanzar un grupo de carros de combate. El oficial legionario ordena cubrirse a sus hombres, él avanza agazapado en la nieve. Se levanta, cruza una cerca de madera y corre hasta el primero de los carros de combate con la estrella roja, mientras silban sobre su cabeza los disparos de los guripas que cubren su audacia. El capitán se arroja tras un pequeño ventisquero hasta tener cerca un tanque ruso, salta de su refugio, se apoya en el eje de una de las ruedas de la oruga de la mole de acero, se iza, abre la escotilla de la torreta y arroja dentro el racimo de granadas. Sale de allí raudo iluminado por un relámpago azul. La explosión hace vibrar el aire, levanta la nieve y distribuye metralla. Pero aquí no concluye la proeza del capitán. Inmediatamente después incendia otro carro. Está herido pero, a la luz de las llamaradas, ve girar y replegarse el resto de los mastodontes rusos. El capitán Urbano es hospitalizado y pide volver al frente.

Al disolverse la División Azul, se alistó a la Legión Azul como capitán de infantería ayudante del coronel Antonio García Navarro. Combatió a las hordas de Stalin hasta mayo de 1944, cuando fue repatriado a España donde se dedicó a la agricultura.


2013 02 09, 7:51
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Mensaje sin leer Re: La 250ª Division Azul
Compartimos este interesante enlace ruso con interesantes fotografías, alguna desconocida, sobre la División Azul.

http://fotki.yandex.ru/users/viktor3951/album/151985


2013 11 23, 3:14
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Mensaje sin leer Re: La 250ª Division Azul
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Emblema Divisionario y placa de piloto Alemán, que perteneció a un piloto de las Escuadrilla Azules.


2014 06 27, 11:24
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